La marca italiana renuncia a desfilar en la alta costura de París.
Kate Hudson y Donatella Versace en la exposición del Met 2016. NIVIERE/SIPA / Cordon Press
L os desfiles de la alta costura de París que comienzan este próximo domingo lo hacen con una notable ausencia: la de Versace.
La firma italiana solía inaugurar esta pasarela, pero ha decidido no
volver a participar para centrarse en “eventos” y presentaciones
privadas “orientadas a los clientes” y acompañadas por “elegantes
cócteles y cenas”, según ha explicado su nuevo director ejecutivo,
Jonathan Akeroyd.
“Ahora
mismo hacemos seis desfiles al año [dos de hombre, dos de mujer y dos
de su línea más accesible, Versus Versace]. Ocho si contamos los de alta
costura, lo que me parece excesivo. Todos sabemos que el calendario
está cambiando mucho, así que por qué no aprovechar para probar algo
nuevo”, argumenta el directivo que llegó la pasada primavera a la marca
tras diez años en Alexander McQueen. Los rumores de que Versace estaría preparando su salida a
bolsa apoyarían la teoría de que esta decisión responde al deseo —o la
necesidad— de ahorrarse los altos costos de un desfile. Pero Akeroyd ha
asegurado a The New York Times que no se trata de un problema de presupuesto sino de estrés. “Tiene que ver con el tiempo y la intensidad que requiere un show. Nuestra inversión no ha cambiado y nuestro taller es igual de grande”, explica. La estrategia de la marca pasaría, según detalla en la nota
de prensa, por desarrollar un formato de presentación más parecido al
que se utilizaba en la época dorada de la alta costura, cuando las
clientas acudían a pases exclusivos y eran las protagonistas absolutas
de la cita. Una época sin top models, celebrities, influencers, ni stareditors (editores estrella).
Donatella Versace en su desfile del pasado 14 de enero en Milán. Victor BoykoGetty Images
Pero, además, como la firma destaca en el primer párrafo de
su comunicado, “la alta costura es hoy conocida en todo el mundo por los
extraordinarios vestidos que lucen las más famosas y bellas estrellas”.Y lo cierto es que la repercusión mediática que las marcas
obtienen por vestir a las cantantes y estrellas en las entregas de
premios es igual o mayor que la que les reporta cualquier desfile. Si,
además, la inversión necesaria es infinitamente menor, la pregunta se
formula sola: ¿qué modelo resulta más rentable?
Sea cual sea la respuesta de la casa italiana, su cambio de
estrategia alimenta un debate sobre el sentido de los desfiles
tradicionales en la era 3.0 que tiene muy entretenida a la industria de
la moda en los últimos meses. Cada vez son más las marcas que ensayan
nuevas formas de presentar y vender sus colecciones: Ralph Lauren apuesta por el see now/buy now (lo veo, lo compro); Burberry, Gucci y Calvin Klein, por fusionar sus desfiles de hombre y mujer, y ahora Donatella ha encontrado en el pasado la fórmula del futuro.
Las memorias de la cantante son un retrato íntimo y audaz de uno de los grandes iconos de la música pop.
Françoise Hardy, posando para la película de 'Grand Prix', en 1966. Mondadori PortfolioMondadori via Getty Images
Cuando apareció en Francia, la autobiografía de Françoise Hardy,Les désespoir des singes…et autres bagatelles
(Robert Laffont, 2008), título extenso y misterioso con referencias a
un parque próximo al domicilio de la cantante, la plana mayor de la
crítica se deshizo en elogios para lo que parecía de entrada otro
volumen cosido de trivialidades y lugares comunes de una intérprete de varietés,
ese término francés que sirve para etiquetar la música más ligera y
popular. Nada más lejos de la realidad. Las memorias de aquella
adolescente que encandiló a medio mundo a principios de los años sesenta
cantando al amanecer de los jóvenes, ofrecían un penetrante
autorretrato carente de pudor en una artista que siempre había mostrado
una imagen de discreción y elegancia. Al descubierto quedaban en el
texto sus heridas más dolorosas, así como las profundas cicatrices de
una vida vivida sin tapujos. Desde el amor fou e imposible que
sintió al lado de Jacques Dutronc a sus relaciones de amor-odio con su
madre, a la que ayudó a morir al practicarle la eutanasia. El libro,
todo un éxito, sobrepasó los 300.000 ejemplares. Las memorias llegan en español con el título de La desesperación de los simios… y otras bagatelas
a cargo de Expediciones Polares, en la traducción de Felipe Cabrerizo
—y con prólogo de Diego A. Manrique—. El resultado suma cerca de 400
páginas, en las que la cantante desvela los casi siempre desgarradores
pasajes de su vida, a veces con la precisión del bisturí de un
entomólogo y otras, haciendo gala de frialdad o, directamente,
indiferencia, como cuando narra desapasionadamente la pérdida de la
virginidad. Hija de un padre ausente y homosexual, que aparece
puntualmente como un fantasma, y de una madre posesiva, creció junto a
una hermana aquejada de una terrible esquizofrenia. La pequeña Hardy
encontró en la música un escape vital, que, con el tiempo, devendría en
profesión. Aquel oficio terminó convirtiéndose en una especie de prisión
dorada para una artista, como ella misma confiesa, que nunca se ha
sentido “animal escénico”. Retirada de las actuaciones desde finales de
los años sesenta, sigue componiendo y editando álbumes que la revelan
como una artista sensible y dúctil más allá de la ola ye-ye de sus primeros tiempos. Françoise Hardy fue también ese icono luminoso de la década de los
sesenta que sedujo a Bob Dylan. El cantautor colocó su disco, Tous les garçons et les filles, en la portada de su álbum Bringing It All Back Home junto a otros de sus elepés favoritos. Dylan también la hizo escuchar en primicia en su hotel de George V la canción Just Like a Woman.
Hardy también se revela en el libro como esa estrella pop
que se presenta en el cabaret del Hotel Savoy cada año como embajadora
de la moda francesa vestida por Courrèges y Paco Rabanne en medio de la
explosión del Swinging London. El relato autobiográfico está salpicado
de esas y otras sabrosas confidencias, como cuando relata una equívoca
cena en el domicilio de Brian Jones, miembro de Rolling Stones, y su
compañera en aquellos momentos, la actriz Anita Pallenberg. La noche
estuvo determinada por torpeza de la cantante, que no supo si el
encuentro responde a una invitación de carácter sexual. Hay también referencias a sus frustradas colaboraciones con
la industria del cine —se vio embarcada en una gran superproducción de
Hollywood, Gran Prix (John Frankenheimer, 1966) que pretendía lanzarla
como estrella cinematográfica— o reflexiones sobre la industria
discográfica, contemplada por una cantante que ha visto su evolución y
transformación a lo largo de este último medio siglo. Es esa misma
cantante que descubría en la radio las primeras voces del rock: Elvis
Presley, Eddie Cochran, Brenda Lee y el dúo The Everly Brothers. Años
después les rindió tributo junto a Etienne Daho con esa preciosa balada
titulada Sad Song. Al lado de los temas más personales o amorosos —de nuevo,
esa relación tempestuosa con Jacques Dutronc— la cantante desvela los
pormenores de muchas de sus grabaciones, sus encuentros más felices con
la brasileña Tuca, en el álbum La Question, o Michel Berger (Message Personnel)
o la aflicción que aún le provocan sus primeros discos. Lo que ofrece
el libro es una Hardy en su mejor retrato en blanco y negro, con el
permiso de los tomados por Jean-Marie Périer, su fotógrafo y pigmalión.
Iñaki Gabilondo y el historiador Yuval Noah Harari en la grabación de ‘Cuando ya no esté’.MOVISTAR +
Cuando fuimos a entrevistar a Iñaki Gabilondo, salía de su
despacho en la cadena SER su profesor de inglés; en su iPad hay un buen
número de webs científicas disponibles para satisfacer su ansia de
saber. Hoy reinicia en #0, canal de Movistar +, su serie de
conversaciones Cuando ya no esté, en las que explora qué nos espera. A sus 74 años, el periodista no para de aprender. Para contar. Pregunta. ¿Por qué ese empeño en seguir aprendiendo? Respuesta. Curiosidad por lo que pasa. Las
curiosidades habituales las tengo bastante satisfechas. Todo está muy
quemado. Siempre he tenido interés por saber qué es lo que viene. ¿Ves
este iPad? Ahí, en esta web de ciencia, hay un índice de mis
curiosidades. No entiendo muchas cosas; por eso pregunto.
P. ¿Por qué la ciencia? R. Porque todo el mundo sabe que en la
genética, en la robótica, en la astrofísica, en la inteligencia
artificial se están produciendo novedades que van a poner patas arriba
todo lo que conocemos y van a cambiar el mundo por completo. P. Sus programas de Cuando ya no esté tratan de averiguar el futuro. Pero su futuro no es como el de su nieto... R. Les dije a los de Movistar que estaba
harto de hacer las entrevistas de siempre, que quería preguntar sobre lo
que pasaría cuando ya no esté, y agarraron la frase al galope. Hemos
marcado una línea optimista, de 20 años, para preguntarnos cómo va a ser
entonces . He estado, entre otros, con Nicholas Negroponte, he hablado
en Columbia sobre el cerebro, sobre física cuántica en Alemania, con
Foster sobre la arquitectura... Y ahora continúo preguntando, para
saber. P. Hoy habla con Yuval Noah Hariri, el autor de Sapiens, el libro recomendado por el presidente de Facebook para saber qué pasa...
Iñaki Gabilondo y el historiador Yuval Noah Harari en la grabación de ‘Cuando ya no esté’.MOVISTAR +
. R. Él defiende la teoría de que con la inteligencia artificial y la robótica el hombre concluye su desarrollo como Homo sapiens y comienza lo que llama Homo deus. P. Usted ha vivido varias glaciaciones... R....como los diplodocus. P. ... y sabe que siempre se ha dicho que
el mundo iba a ser mejor. ¿Siempre le parece que va a ser mejor cuando
escucha a sus entrevistados? R. Hasta los más los más optimistas sobre
que la ciencia y la tecnología van a solucionar casi todos los problemas
que tiene la humanidad añaden que lo que nos llena de optimismo en
cuanto a ese desarrollo futuro nos llena de tristeza en cuanto a la
relación humana del hombre. Que es cada día peor.
P. ¿Eso le dicen? R. Mira lo que me dijo Negroponte, el más
reconocido apóstol del futuro: cuando le pregunto cómo va a ser el mundo
dentro de 20 años él me añade: “Si el mundo existe entonces”. Antes de
decirme que el mundo va a ser estupendo, quiere anticiparme sus
reservas, porque el mundo es capaz, a pesar de todas estas
posibilidades, de naufragar, de meterse en grandes follones, de llegar a
catástrofes extraordinarias, porque por ahí no avanza. P. ¿Qué sintió al escucharlo? R. Me impresionó. Se lo escuché a otros.
¿La tecnología va a resolver un montón de cosas, pero va a ser en
beneficio de las empresas puramente privadas? ¿La sociedad va a poder
aprovecharse de estas ventajas o va a ser a mayor beneficio de la
especulación? ¿Cómo se gestionarán las grandes conquistas? Y, según iban
hablando, todos me ofrecían su inquietud sobre el cambio climático, los
refugiados, la desigualdad... El mundo da mucho miedo. P. Inquietante. R. Pavoroso. Y he vuelto de todas esas
entrevistas sorprendido de que España esté tan desaparecida con respecto
a lo que está pasando por ahí. P. Estudiamos poco. R. ¡Y la facilidad con la que reducimos los
presupuestos de educación, de ciencia, la falta de conciencia de que en
la innovación, en la tecnología, se está jugando el futuro! P. ¿Qué es lo menos moderno que hacemos ahora? R. La resistencia en entender que tenemos
que cambiar. Hay una especie de instinto de resistencia. Que España no
se dé cuenta de que es muy peligroso que no haya más que bares (y yo
adoro los bares) y que España termine siendo en el futuro el bar
España.
Rincones de la capital danesa que ayudan a entender la particular forma de entender la vida de sus habitantes
La calle de Værnedamsvej, en Copenhague. Ty Stange
Copenhague
tiene uno de los niveles de vida más altos del mundo, pero el bienestar
en este país no se exhibe de forma ostentosa ni se traduce en objetos
de lujo, sino que se respira una agradable sensación de confort y
felicidad basada en saber disfrutar de la vida a base de planes
sencillos y relajados, en soledad o buena compañía. Los daneses lo
llaman hygge (se pronuncia “juga”), término de difícil
traducción al castellano. Meik Wiking, director del Instituto de la
Búsqueda de la Felicidad de Copenhague, asegura en su libro Hygge, la felicidad en las pequeñas cosas
que el secreto del estilo de vida danés está en la calma y la calidez
de lo hogareño. Un estilo de vida “sencillo”, “barato” y que se puede
aplicar a “cualquier aspecto” de la vida cotidiana como la luz, la ropa,
la comida, el hogar o las relaciones sociales, y que se puede descubrir
fácilmente paseando por Copenhague. Se podría decir que el hygge es esa agradable sensación que
se respira cuando los daneses se reúnen en grupos de dos o más personas. Dichas personas no tienen por qué ser amigas –de hecho, puede que ni
siquiera se conozcan-, pero cuando se entabla conversación
(preferiblemente, para que fluya bien, evitando temas polémicos, como la
política) en un tono afable y se brinda a la vera del fuego o, en su
defecto, a la luz de las velas, el hygge comienza a impregnar el ambiente. Algunos de los mejores escenarios de la ciudad para experimentar este hygge a la vieja usanza son el parque del Tivoli, el pub Bankerat, el local hipster Dyrehaven y en el salón de té La Glace. Pero también podemos respirar un hyggemás contemporáneo en restaurantes como Manfreds on Vin, Ol & Brod, Ved Stranden o Lidkoeb, presentes en esta ruta hyggelig por Copengahue para descubrir esta forma de entender la vida y ser felices. Atardecer en Nyhavn, en Copenhague. Adria Cowo
01 Nyhavn (Puerto Nuevo)
Disfrutar contemplando a la gente
Nyhavn es un canal que se construyó en el siglo XVII para unir el
puerto con la ciudad. Está bordeado por casas de estilo holandés en
colores distintos como una postal. Esta fue una parte sórdida de la
ciudad, con sus marineros pendencieros y sus “mujeres de vida alegre”. Hoy en día, se puede visitar cualquiera de sus muchos restaurantes para
tomar arenque en escabeche y aguardiente. Si no es lo tuyo, y si hace
buen tiempo, haz como los nativos: compra unas cervezas en una tienda,
siéntate en el baluarte y observa el movimiento de la ciudad.
Nyhavn es la visita imprescindible de cualquier viaje a Copenhague y
hay que partir de aquí para descubrir no solo la ciudad y sus calles,
sino también su “alma hyggelig”: al norte se halla el barrio de
Frederiksstaden, sede del palacio de Amalienborg, de la suntuosa
Marmorkirken y del Designuseum Danmark. Frederiksstaden se extiende
hasta el Kastellet y la famosa figura de La sirenita. Pastelería La Glace, en Copenhague
02 La Glace
Té caliente y tarta de nueces
La Glace es la konditori (pastelería) más antigua de Dinamarca: lleva deleitando a sus clientes desde 1870. Es imposible resistirse a un trozo de valnoddekage –un pecado en forma de tarta de nueces caramelizadas, nata montada y glaseado de moca–, y lo mismo se puede decir del sportskage, que lleva turrón, nata y profiteroles. En su libro hyggelig, Meik Wiking nos invita a visitar La Glace con estas palabras: "si existiera 'El Camino' de las tartas, La Glace sería la catedral de Santiago de Compostela”. El parque de atracciones de Tívoli, en Copanehague.
03 Los jardines del Tivoli
Ampliar fotoLa calle de Værnedamsvej, en Copenhague. Ty Stange
Copenhague
tiene uno de los niveles de vida más altos del mundo, pero el bienestar
en este país no se exhibe de forma ostentosa ni se traduce en objetos
de lujo, sino que se respira una agradable sensación de confort y
felicidad basada en saber disfrutar de la vida a base de planes
sencillos y relajados, en soledad o buena compañía. Los daneses lo
llaman hygge (se pronuncia “juga”), término de difícil
traducción al castellano. Meik Wiking, director del Instituto de la
Búsqueda de la Felicidad de Copenhague, asegura en su libro Hygge, la felicidad en las pequeñas cosas
que el secreto del estilo de vida danés está en la calma y la calidez
de lo hogareño. Un estilo de vida “sencillo”, “barato” y que se puede
aplicar a “cualquier aspecto” de la vida cotidiana como la luz, la ropa,
la comida, el hogar o las relaciones sociales, y que se puede descubrir
fácilmente paseando por Copenhague.
Se podría decir que el hygge
es esa agradable sensación que se respira cuando los daneses se reúnen
en grupos de dos o más personas. Dichas personas no tienen por qué ser
amigas –de hecho, puede que ni siquiera se conozcan-, pero cuando se
entabla conversación (preferiblemente, para que fluya bien, evitando
temas polémicos, como la política) en un tono afable y se brinda a la
vera del fuego o, en su defecto, a la luz de las velas, el hygge comienza a impregnar el ambiente.
Algunos de los mejores escenarios de la ciudad para experimentar este hygge a la vieja usanza son el parque del Tivoli, el pub Bankerat, el local hipster Dyrehaven y en el salón de té La Glace. Pero también podemos respirar un hyggemás contemporáneo en restaurantes como Manfreds on Vin, Ol & Brod, Ved Stranden o Lidkoeb, presentes en esta ruta hyggelig por Copengahue para descubrir esta forma de entender la vida y ser felices.
ampliar fotoAtardecer en Nyhavn, en Copenhague. Adria Cowo
01 Nyhavn (Puerto Nuevo)
Disfrutar contemplando a la gente
Nyhavn es un canal que se construyó en el siglo XVII para unir el
puerto con la ciudad. Está bordeado por casas de estilo holandés en
colores distintos como una postal. Esta fue una parte sórdida de la
ciudad, con sus marineros pendencieros y sus “mujeres de vida alegre”.
Hoy en día, se puede visitar cualquiera de sus muchos restaurantes para
tomar arenque en escabeche y aguardiente. Si no es lo tuyo, y si hace
buen tiempo, haz como los nativos: compra unas cervezas en una tienda,
siéntate en el baluarte y observa el movimiento de la ciudad.
Nyhavn es la visita imprescindible de cualquier viaje a Copenhague y
hay que partir de aquí para descubrir no solo la ciudad y sus calles,
sino también su “alma hyggelig”: al norte se halla el barrio de
Frederiksstaden, sede del palacio de Amalienborg, de la suntuosa
Marmorkirken y del Designuseum Danmark. Frederiksstaden se extiende
hasta el Kastellet y la famosa figura de La sirenita.
La Glace es la konditori (pastelería) más antigua de Dinamarca: lleva deleitando a sus clientes desde 1870. Es imposible resistirse a un trozo de valnoddekage –un pecado en forma de tarta de nueces caramelizadas, nata montada y glaseado de moca–, y lo mismo se puede decir del sportskage, que lleva turrón, nata y profiteroles. En su libro hyggelig, Meik Wiking nos invita a visitar La Glace con estas palabras: "si existiera 'El Camino' de las tartas, La Glace sería la catedral de Santiago de Compostela”.
ampliar fotoEl parque de atracciones de Tívoli, en Copanehague.
03 Los jardines del Tivoli
'Hygge' para niños y adultos
Este parque de atracciones es el segundo más antiguo del mundo y uno
de los lugares más turístico del país. Mezcla de atracciones de feria,
luces y magia, capaz de levantar el ánimo a cualquiera, los jardines del Tívoli
fueron fundados en 1843 y son una atracción clásica de Copenhague; de
hecho, muchos daneses compran pases anuales. Aunque gran parte de ellos
los visitan durante el verano, el mejor momento para el hygge es cuando el Tívoli se viste de gala para Navidad
y Fin de Año (por lo general desde mediados de noviembre hasta enero). Es toda una celebración de la luz: cientos de miles de luces convierten
los jardines en un lugar mágico en medio de la oscuridad del invierno, y
se puede disfrutar de un gløgg cerca de una de las hogueras en el
jardín o calentarse junto a la chimenea del bar Nimb.
Canal en el barrio de Christianshavn, en Copenhague. Dave G. KellyGETTY IMAGE
04 Christianshavn
Un paseo en barca
Christianshavn forma parte del centro de la ciudad de Copenhague,
pero está separado del resto por el puerto interior. Está dominado por
canales y puede recordar un poco a Ámsterdam. La mejor manera de visitar
esta parte de la ciudad es alquilar una barca y remar por sus canales, y
para que el momento sea hyggelig total, conviene llevar mantas, vino y una cesta de picnic. Se puede redondeat con un kanelsnegle
(caracola de canela) de la panadería Lagkagehuset, o almorzando junto
al puerto en alguno de sus restaurantes. Los canales, las curiosas
iglesias y las murallas verdes de Christianshavn hacen de este barrio
uno de los más bonitos de la ciudad. Se trata de una zona residencial
donde conviven artistas, ejecutivos que quieren parecer bohemios y una
gran comunidad de groenlandeses. Y en medio de la isla, como un hippie atrapado en el tiempo, se halla la llamativa comuna de Christiania. En la isla están también tres de los mejores restaurantes de la ciudad (Noma, Kadeau o Kalanen) Terraza en la plaza de Grabrodretorv, en Copenhague.
05 Grabrodretorv
Una plaza muy 'hyggelige'
Es un lugar que, al estar rodeado de casas antiguas, te transporta fácilmente unos siglos atrás. Esta plaza hyggelige
recibe su nombre del monasterio de los Hermanos Grises (Grå brødre),
establecido en 1238. Está llena de restaurantes acogedores, como Peder Oxe, donde se puede comer el clásico smørrebrød
danés y disfrutar al calor de la lumbre. Incluso una de las peluquerías
de la plaza tiene chimenea (y un bulldog francés que dormirá
plácidamente en tu regazo mientras te cortan el pelo). Hygge total. El restaurante Granola, en Copenhague. Ty Stan
Ampliar fotoLa calle de Værnedamsvej, en Copenhague. Ty Stange
Copenhague
tiene uno de los niveles de vida más altos del mundo, pero el bienestar
en este país no se exhibe de forma ostentosa ni se traduce en objetos
de lujo, sino que se respira una agradable sensación de confort y
felicidad basada en saber disfrutar de la vida a base de planes
sencillos y relajados, en soledad o buena compañía. Los daneses lo
llaman hygge (se pronuncia “juga”), término de difícil
traducción al castellano. Meik Wiking, director del Instituto de la
Búsqueda de la Felicidad de Copenhague, asegura en su libro Hygge, la felicidad en las pequeñas cosas
que el secreto del estilo de vida danés está en la calma y la calidez
de lo hogareño. Un estilo de vida “sencillo”, “barato” y que se puede
aplicar a “cualquier aspecto” de la vida cotidiana como la luz, la ropa,
la comida, el hogar o las relaciones sociales, y que se puede descubrir
fácilmente paseando por Copenhague.
Se podría decir que el hygge
es esa agradable sensación que se respira cuando los daneses se reúnen
en grupos de dos o más personas. Dichas personas no tienen por qué ser
amigas –de hecho, puede que ni siquiera se conozcan-, pero cuando se
entabla conversación (preferiblemente, para que fluya bien, evitando
temas polémicos, como la política) en un tono afable y se brinda a la
vera del fuego o, en su defecto, a la luz de las velas, el hygge comienza a impregnar el ambiente.
Algunos de los mejores escenarios de la ciudad para experimentar este hygge a la vieja usanza son el parque del Tivoli, el pub Bankerat, el local hipster Dyrehaven y en el salón de té La Glace. Pero también podemos respirar un hyggemás contemporáneo en restaurantes como Manfreds on Vin, Ol & Brod, Ved Stranden o Lidkoeb, presentes en esta ruta hyggelig por Copengahue para descubrir esta forma de entender la vida y ser felices.
ampliar fotoAtardecer en Nyhavn, en Copenhague. Adria Cowo
01 Nyhavn (Puerto Nuevo)
Disfrutar contemplando a la gente
Nyhavn es un canal que se construyó en el siglo XVII para unir el
puerto con la ciudad. Está bordeado por casas de estilo holandés en
colores distintos como una postal. Esta fue una parte sórdida de la
ciudad, con sus marineros pendencieros y sus “mujeres de vida alegre”.
Hoy en día, se puede visitar cualquiera de sus muchos restaurantes para
tomar arenque en escabeche y aguardiente. Si no es lo tuyo, y si hace
buen tiempo, haz como los nativos: compra unas cervezas en una tienda,
siéntate en el baluarte y observa el movimiento de la ciudad.
Nyhavn es la visita imprescindible de cualquier viaje a Copenhague y
hay que partir de aquí para descubrir no solo la ciudad y sus calles,
sino también su “alma hyggelig”: al norte se halla el barrio de
Frederiksstaden, sede del palacio de Amalienborg, de la suntuosa
Marmorkirken y del Designuseum Danmark. Frederiksstaden se extiende
hasta el Kastellet y la famosa figura de La sirenita.
La Glace es la konditori (pastelería) más antigua de Dinamarca: lleva deleitando a sus clientes desde 1870. Es imposible resistirse a un trozo de valnoddekage –un pecado en forma de tarta de nueces caramelizadas, nata montada y glaseado de moca–, y lo mismo se puede decir del sportskage, que lleva turrón, nata y profiteroles. En su libro hyggelig, Meik Wiking nos invita a visitar La Glace con estas palabras: "si existiera 'El Camino' de las tartas, La Glace sería la catedral de Santiago de Compostela”.
ampliar fotoEl parque de atracciones de Tívoli, en Copanehague.
03 Los jardines del Tivoli
'Hygge' para niños y adultos
Este parque de atracciones es el segundo más antiguo del mundo y uno
de los lugares más turístico del país. Mezcla de atracciones de feria,
luces y magia, capaz de levantar el ánimo a cualquiera, los jardines del Tívoli
fueron fundados en 1843 y son una atracción clásica de Copenhague; de
hecho, muchos daneses compran pases anuales. Aunque gran parte de ellos
los visitan durante el verano, el mejor momento para el hygge es cuando el Tívoli se viste de gala para Navidad
y Fin de Año (por lo general desde mediados de noviembre hasta enero).
Es toda una celebración de la luz: cientos de miles de luces convierten
los jardines en un lugar mágico en medio de la oscuridad del invierno, y
se puede disfrutar de un gløgg cerca de una de las hogueras en el
jardín o calentarse junto a la chimenea del bar Nimb.
ampliar fotoCanal en el barrio de Christianshavn, en Copenhague. Dave G. KellyGETTY IMAGES
04 Christianshavn
Un paseo en barca
Christianshavn forma parte del centro de la ciudad de Copenhague,
pero está separado del resto por el puerto interior. Está dominado por
canales y puede recordar un poco a Ámsterdam. La mejor manera de visitar
esta parte de la ciudad es alquilar una barca y remar por sus canales, y
para que el momento sea hyggelig total, conviene llevar mantas, vino y una cesta de picnic. Se puede redondeat con un kanelsnegle
(caracola de canela) de la panadería Lagkagehuset, o almorzando junto
al puerto en alguno de sus restaurantes. Los canales, las curiosas
iglesias y las murallas verdes de Christianshavn hacen de este barrio
uno de los más bonitos de la ciudad. Se trata de una zona residencial
donde conviven artistas, ejecutivos que quieren parecer bohemios y una
gran comunidad de groenlandeses. Y en medio de la isla, como un hippie atrapado en el tiempo, se halla la llamativa comuna de Christiania. En la isla están también tres de los mejores restaurantes de la ciudad (Noma, Kadeau o Kalanen)
ampliar fotoTerraza en la plaza de Grabrodretorv, en Copenhague.
05 Grabrodretorv
Una plaza muy 'hyggelige'
Es un lugar que, al estar rodeado de casas antiguas, te transporta fácilmente unos siglos atrás. Esta plaza hyggelige
recibe su nombre del monasterio de los Hermanos Grises (Grå brødre),
establecido en 1238. Está llena de restaurantes acogedores, como Peder Oxe, donde se puede comer el clásico smørrebrød
danés y disfrutar al calor de la lumbre. Incluso una de las peluquerías
de la plaza tiene chimenea (y un bulldog francés que dormirá
plácidamente en tu regazo mientras te cortan el pelo). Hygge total.
ampliar fotoEl restaurante Granola, en Copenhague. Ty Stange
06 Vaernedamsvej
Relax en Vesterbro
Los habitantes de Copenhague sienten especial debilidad por Vaernedamsvej,
una callecita a la que se compara con Paris. Nadie puede negar que es
de las más atrayentes de Vesterbro gracias a sus tiendas, cafeterías,
bistrós y, sobre todo, a que se respira un ambiente muy auténtico que
los viajeros aprecian especialmente. Como algunos comercios cierran los
fines de semana, conviene ir de lunes a viernes para disfrutar al máximo
de la experiencia. En Vaernedamsvej los coches van esquivando ciclistas y peatones que
pasean tranquilamente disfrutando de aromas a flores o a café.
Floristerías, cafeterías, bares y tiendas de interiorismo hacen de esta
calle un lugar estupendo para pasar una tarde de relax y hyggelig. Aquí está por ejemplo Granola, un lugar que recuerda a una tienda antigua y que se llena a la hora del desayuno y durante el brunch los fines de semana. O Falernum,
donde las sillas antiguas, los suelos de madera gastada, las
estanterías de botellas y las melodías tan relajantes lo convierten en
un lugar exquisito. Aparte de los más de 40 vinos que se sirven en copa,
tienen cervezas artesanales, café y varios platos para compartir. Smorrebrod en el restaurante Aamanns Deli & Take Away de Copenhague.
07 Smørrebrød
Un ritual gastronómico
Hay pocas cosas más danesas que el smørrebrød, una palabara que
significa, literalmente, pan con mantequilla. Se trata de un bocadillo
abierto de pan de centeno que a los daneses les encanta y suele ser una
de las primeras cosas que echan de menos cuando viven en el extranjero. Sin embargo, algunos extranjeros que viven en Dinamarca lo denominan
“las sandalias del diablo” por su dificultad para masticarlo y su
peculiar sabor. A pesar de ello, hay que probarlo: el smørrebrød es, en todos los
sentidos, una experiencia auténtica de almuerzo danés y puede llevar un
número casi ilimitado de ingredientes, desde arenque hasta buey crudo,
huevos y marisco; algunos tienen nombres tan pintorescos como “la comida
nocturna del veterinario”. El smørrebrød se sirve acompañado,
generalmente, con cerveza y aguardiente. En Copenhague hay infinidad de
establecimientos de smørrebrød tradicionales y tomarlo como almuerzo,
según dicen los daneses, te dá hygge para mucho rato.
Barra de Library Bar. Aurelien Censier
08 Library Bar
Oasis urbano con aires de club
En el Hotel Plaza, cerca de la estación central de tren, se encuentra el Library Bar, que abrió sus puertas en 1914. Ha sido escogido recientemente como uno de los cinco mejores “oasis para gentlemen”
en el mundo, con sus estanterías de madera llenas de libros antiguos
encuadernados en piel (algunos de ellos primeras ediciones), sus sofás,
los paneles de madera y una iluminación muy hyggelig. El bar
ofrece música en vivo de vez en cuando, pero en una noche tranquila es
perfecto para una conversación relajada y profunda. Si estás de visita
para Navidad, verás un árbol de Navidad colgando boca abajo del techo.
Interior del restaurante Bankerat, en Copenhague.
09 Bankerat
Irreverente y artístico
Lo moderno también puede ser hygge. Es el caso de Bankerat,
un cautivador pub de Norreport, desenfadado y extravagante, decorado
con orinales irreverentes y animales disecados tan insólitos como un
carnero vestido de época. Todo es obra del artista local Phillip Jensen,
que también diseñó los orinales con forma de boca. La pregunta es:
¿esto es relmente arte? Un buen tema de discusión mientras se disfruta
de una Calsberg.
Terraza del restaurante Dyrehaven, en Copenhague.
10 Dyrehaven
Cuando lo obrero se hace hípster
Lo antiguo se pone de moda en este local tan hípster de Vesterbro. En su día, el Dyrehaven
era un bar de obreros que no destacaba precisamente por su atractivo. Sin embargo, con los años se ha convertido en el lugar favorito de los
jóvenes bohemios de este barrio. Se respira un aire cordial, la bebida
sale bien de precio y sirven platos sencillos: el más clásico es el
kartoffelmad, una tostada de patata con huevo, mayonesa y chalotes.
Interior del restaurante Manfreds og Vin, en Copenhague.
11 Manfreds og Vin
Lo eco también es 'hygge'
Este restaurante acogedor con platos y vinos excepcionales es un
bistró a la última que ofrece el ambiente más agradable. Mucha gente
toma un vino aquí al salir de la oficina. La procedencia de los
productos del día se indica en un mapa de Dinamarca y los camareros
derrochan pasión por su trabajo. En Manfreds
se apuesta por la sencillez y por los ingredientes ecológicos en platos
tan sensacionales como las espinacas salteadas con pan frito y huevo
escalfado o el brócoli crujiente con queso, cebolla y bulgur tostado.
Mesas en el restaurante Ol & Brod, en Copenhague.
12 Ol & Brod
Para comer de diseño
El diseño, la comida, la cerveza y la hospitalidad de siempre se
mezclan en este local con un toque moderno. Los muebles de estilo
modernista danés, la cristalería de Arne Jacobsen y una decoración con
tonos grises y verdes generan el ambiente perfecto para disfrutar
del smørrebrød contemporáneo. Ol & Brod
ofrece menús de cinco o siete platos –este último, con cerveza
artesanal incluida–- que aportan reinvenciones tan elegantes como la
pechuga ahumada de ganso con huevo pasado por agua, maíz hervido y
perifollo. Además, dicen que tienen la mayor colección de akvavit y snaps de Dinamarca.
Vinos en Ved Stranden, en Copenhague.
13 Ved Stranden 10
''Hygge' con un buen vino
Los enófilos más versados lo tienen claro a la hora de disfrutar del mejor vino: visitar el Ved Stranden 10,
donde ofrecen una buena selección de añejos europeos y vinos
biodinámicos. El local, con espacios agradables y un servicio muy
considerado, presume de un diseño modernista danés y de estar atendido
por el personal más experto. Tiene varias salas perfectas para charlar
tranquilamente mientras el vino se marida con queso y carne ahumada.
Rincón del Lidkoeb Cocktail Bar, en Copenhague.
14 Lidkoeb
La seducción de las velas
Llegar a Lidkoeb
es como jugar al escondite: hay que seguir los letreros hasta el segundo
patio, el de las luces. El premio por encontrarlo son sus fantásticos
cócteles. Las sillas de Borge Mogersen garantizan comodidad para brindar
por el talento y el buen gusto danés con bebidas nórdicas como el
Koldskal, un cóctel de vodka que le da un toque innovador al famoso
postre nacional, elaborado a base de suero de mantequilla. Además,
arriba ofrece más de 100 referencias de whisky.