Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

11 may. 2020

La peste, de Camus

La covid-19 ha avivado el interés por La peste, de Camus. En este texto anterior, inédito en castellano, el escritor daba recomendaciones a los médicos para enfrentarse a aquella pandemia.
Los buenos escritores ignoran si la peste es contagiosa.
 Pero suponen que sí. Y por eso, señores, opinan que ustedes deberían mandar abrir las ventanas del cuarto en el que visiten a un enfermo. 
Solo hay que recordar que la peste bien puede encontrarse en las calles e infectarlos de todos modos, estén o no las ventanas abiertas.
Los mismos escritores también les aconsejan que utilicen una máscara con gafas y se coloquen un paño mojado en vinagre bajo la nariz.
 Lleven una bolsita con todos los extractos recomendados en los libros: melisa, mejorana, menta, salvia, romero, azahar, albahaca, tomillo, serpol, lavanda, hoja de laurel, corteza de limonero y peladura de membrillo.
 Sería deseable que vistieran por completo de hule. Aun así, pueden hacerse ajustes. 
Pero no hay ajustes posibles en las indicaciones sobre las que están de acuerdo los buenos y los malos escritores.
 La primera es no tomarle el pulso a un enfermo sin antes mojarse los dedos en vinagre.
 Adivinarán el motivo. Pero acaso lo mejor sería abstenerse de hacerlo. 
Pues si el paciente tiene peste, no se le quitará con esa ceremonia. Y si ha salido indemne, no los habrá llamado. 
En tiempos de epidemia, cada cual se cuida el hígado solo, para evitar confusiones.
 La segunda indicación es nunca mirar al enfermo a la cara, a fin de no ponerse en la trayectoria de su aliento.
 Por eso mismo, si, aun dudando de la utilidad del procedimiento, han abierto la ventana, sería bueno que no se pusieran en la corriente de aire, que puede acarrear al mismo tiempo el estertor del apestado.


Tampoco visiten a los pacientes estando en ayunas.
 No lo resistirían. Sin embargo, no coman de más.
 Perderían el ánimo. Y si, a pesar de todas las precauciones, les cae en la boca una gota de veneno, pues para ello no hay remedio, a menos que no traguen saliva durante toda la visita.
 Esta es la indicación más difícil de seguir.
Una vez observado, mal que bien, todo lo anterior, no deben creerse a salvo. Pues existen otras medidas muy necesarias para la protección del cuerpo, aun cuando atañen más bien a la disposición del alma. 
“Ningún individuo”, dice un autor antiguo, “puede permitirse tocar nada contaminado en un país donde reine la peste”. 
Eso está bien dicho. Y no existe rincón que no debamos purificar en nosotros, incluso en lo más secreto de nuestro corazón, para poner de nuestra parte las pocas oportunidades que queden.
 Eso es especialmente cierto en el caso de los médicos como ustedes, que están más cerca, si cabe, de la enfermedad, y resultan por ello aún más sospechosos.
 Tienen que predicar con el ejemplo.

Fotografía de Albert Camus realizada por Cecil Beaton.
Fotografía de Albert Camus realizada por Cecil Beaton. Getty Images
Para empezar, nunca deben tener miedo.
 Se sabe de gente que llevó a cabo muy bien su oficio de soldado con miedo a los cañones.
 Pero lo cierto es que las balas matan por igual a valientes y medrosos. El azar incide en la guerra, pero muy poco en la peste. 
El miedo infecta la sangre y calienta los humores: lo dicen todos los libros. 
Así pues, predispone a quedar bajo la influencia de la enfermedad; y para que el cuerpo venza la infección, el alma tiene que ser fuerte. Por cierto, no hay peor miedo que el miedo al final postrero, pues el dolor es temporal.
 De ahí que ustedes, los médicos de la peste, deban plantar cara a la idea de la muerte y reconciliarse con ella, antes de entrar en el reino que la peste les prepara. 
Si salen vencedores en esto, lo serán en todo, y los verán sonreír en medio del terror.
 En conclusión, les hará falta una filosofía.

También tendrán que ser discretos en todo, lo que no quiere decir en absoluto ser castos, otra forma de exceso. 
Cultiven una alegría razonable a fin de que la pena no altere la fluidez de la sangre y la prepare para la descomposición. En este sentido, no hay nada como usar el vino en buena cantidad, para aligerar un poco el aire de pesadumbre que les llegue de la ciudad apestada.
Y asestaba sus terribles golpes a los hombres solo cuando estos se habían entregado al desorden y el desenfreno. 
La peste procede del exceso. Es en sí misma un exceso e ignora la contención. 
Ténganlo presente si quieren combatirla con clarividencia. No le den la razón a Tucídides, que habla de la peste en Atenas y dice que los médicos no eran de ninguna ayuda porque, en principio, abordaban el mal sin conocerlo.
 La epidemia adora los cuchitriles secretos. 
Acérquenle la luz de la inteligencia y la equidad. En la práctica, verán que es más fácil que no tragarse la saliva. Por último, tienen que ser capaces de controlarse.
 Y, por ejemplo, hacer que se respeten las normas que hayan elegido, como el bloqueo y la cuarentena. 
Un historiador de Provenza cuenta que, en el pasado, cuando un confinado lograba escapar, mandaban que le rompieran la cabeza. No desearán eso.  

Pero tampoco pasarán por alto el interés general. No harán excepciones a las normas durante todo el tiempo que estas sean útiles, ni siquiera cuando el corazón los apremie. 
Se les pide que olviden un poco quiénes son, sin olvidar jamás lo que se deben a ustedes mismos. Esa es la regla de un honor tranquilo.
‘Exhortación a los médicos de la peste’ de Albert Camus
Armados con estos remedios y virtudes, solo les restará hacer frente al cansancio y conservar la imaginación viva. 
No deben nunca, pero nunca, acostumbrarse a ver a los hombres morir como moscas, según ocurre en nuestras calles hoy, y según ha venido ocurriendo siempre, desde que la peste recibió su nombre en Atenas
No dejarán de conmoverse al ver las gargantas negras de las que habla Tucídides, que supuran un sudor sangriento y de las que la tos ronca arranca a duras penas escupitajos aislados, pequeños, salados y de color azafrán. 
No se moverán con familiaridad entre los cadáveres de los que se apartan incluso las aves de rapiña para huir de la infección.
 Y seguirán rebelándose contra la terrible confusión en la que perecen en soledad quienes niegan sus cuidados a los demás, mientras que mueren amontonados quienes se sacrifican; en la que el goce ya no recibe su aprobación natural, ni el mérito su orden; en la que se baila al borde de las tumbas; en la que el enamorado rechaza a la amada para no contagiarle su mal; en la que no carga con el peso del delito el delincuente, sino el animal expiatorio que se elige en pleno desconcierto de una hora de espanto. 

El alma sosegada es la más firme. Ustedes se mantendrán firmes ante esa extraña tiranía.
 No servirán a una religión tan vieja como los cultos más antiguos. Esa mató a Pericles, que no quería más gloria que la de no causar el luto de ningún ciudadano, y no ha cesado de diezmar a los hombres y exigir el sacrificio de los niños desde aquel ilustre asesinato hasta el día en que descendió sobre nuestra ciudad inocente. 
 Aunque esa religión procediera del cielo, deberíamos afirmar que el cielo es injusto. 
Si llegan ustedes a ese punto, no verán en ello motivo alguno de orgullo. Al contrario, deberán pensar con frecuencia en la propia ignorancia, para estar seguros de observar la mesura, única señora de las epidemias.
Ni que decir tiene, nada de esto es fácil. 
A pesar de las máscaras y las bolsitas, el vinagre y el hule; a pesar de la placidez del coraje y los firmes esfuerzos, llegará el día en que no soportarán la ciudad llena de moribundos, el gentío dando vueltas en las calles recalentadas y polvorientas, los gritos, la angustia sin futuro.
 Llegará el día en que querrán gritar de asco ante el miedo y el dolor de todos. 
Ese día, no podré hablarles de ningún remedio salvo la compasión, que es pariente de la ignorancia.



Sobre el texto

Publicado junto con otro texto en abril de 1947 en Les Cahiers de la Pléiade, con el título ‘Los archivos de La peste’,
 ‘Exhortación a los médicos de la peste’ probablemente fue escrito por Albert Camus en 1941, seis años antes de la aparición de La peste, de la que es uno de los textos preliminares.
 Aunque hoy en día la gran novela de Camus se lee y relee en todo el mundo, en numerosos idiomas, la colección Tracts, con la amable autorización de los herederos de Albert Camus, propone a los lectores descubrir este texto poco conocido, pero de candente actualidad, en que el escritor hace recomendaciones a los médicos para su lucha diaria contra la epidemia.
En términos generales, observen la mesura, primer enemigo de la peste y regla natural de la humanidad. 
Némesis no era, como les contaron en el colegio, la diosa de la venganza, sino de la mesura.

9 may. 2020

‘Ghost’ y el escándalo Merlos

Hasta Whoopi Golberg ha hablado de ello al creer ver al fantasma Swayze cruzando el salón como reportera de ‘Socialité’


Alfonso Merlos y Marta López en un evento en Madrid en noviembre de 2019.
Alfonso Merlos y Marta López en un evento en Madrid en noviembre de 2019.Daniel Gonzalez / GTRES

 Pero tanto disgusto si esta mujer es carne de cañón si políticos futbolistas........esta claro que no juega a las casitas.

En La vida de los otros, la obra maestra de Florian Henckel von Donnersmarck, un oficial de la Stasi que tiene bajo vigilancia a una pareja de artistas, decide reventar la relación forzando al marido a comprobar una supuesta infidelidad de su amante. 
Lo hace, el oficial, con una frase: “Ha llegado el momento de las amargas verdades”, que muestra que el Estado no sólo dictamina quién es quién, chantajea sexualmente a sus divas y hace partícipe de su paranoia a los ciudadanos, sino que asalta el amor, despojándolo del secreto y exhibiendo sus costuras.

Alfonso Merlos interviene por videoconferencia en el canal ‘El Estado de Alarma’, en el momento en que una mujer, que resultó ser una reportera del programa 'Socialité', se cruza en ropa interior.
Alfonso Merlos interviene por videoconferencia en el canal ‘El Estado de Alarma’, en el momento en que una mujer, que resultó ser una reportera del programa 'Socialité', se cruza en ropa interior.
Porque, y aquí llega el objeto de la observación, el amor y el despecho espontáneos (si queda algo espontáneo en la telerrealidad, una wrestlemanía de sábanas) del primer fin de semana, rentabilizados en una audiencia millonaria, se ha dirigido rápidamente a los contratos.
 El momento de las dulces verdades.
 Para una, su vida privada da audiencia y cuesta dinero; para otro, su exposición en estos programas pone en peligro contratos que no desearía perder. 
Es, pasado el vendaval, la hora de mirar la caja; todo acaba en el mismo sitio. “El amor mueve el mundo”, dice un personaje de David Mamet; “el amor al dinero”, corrige otro. 


No he pensado ni una sola vez en La vida de los otros ante el culebrón Merlos, el tertuliano político que fue pillado, en una conexión en directo, con una pareja distinta a la suya cruzándose por detrás.
 Todo el drama resultante está siendo conmovedoramente desmenuzado por Mediaset en espectáculos tremebundos que remiten a algo tan español como la astracanada, territorio natural de la extrema derecha española, de donde proceden varios de los protagonistas del culebrón.
 Pueden disfrutarse esos programas incluso desde una perspectiva desacomplejada para quienes tienen que hacer abdominales ideológicos, izquierdistas en su caso, hasta en el entretenimiento: los personajes cuentan su vida para ganársela.

Porque, y aquí llega el objeto de la observación, el amor y el despecho espontáneos (si queda algo espontáneo en la telerrealidad, una wrestlemanía de sábanas) del primer fin de semana, rentabilizados en una audiencia millonaria, se ha dirigido rápidamente a los contratos.
 El momento de las dulces verdades. Para una, su vida privada da audiencia y cuesta dinero; para otro, su exposición en estos programas pone en peligro contratos que no desearía perder.
 Es, pasado el vendaval, la hora de mirar la caja; todo acaba en el mismo sitio.
 “El amor mueve el mundo”, dice un personaje de David Mamet; “el amor al dinero”, corrige otro.
 Medir sacrificios, rebuscar intimidades que puedan “funcionar”, verbo fulminante que ha corrido de los platós cuché a las redacciones de grandes medios. 
Esto funciona, esto no. ¿Tira o no tira?
Cuando a Umbral le pedían un artículo por un dinero que no le hacía justicia, prefería hacerlo gratis para no perder caché. 
No vales por lo que callas sino por lo que juraste callar. Esta burbuja Merlos, tan internacional que ha salido hablando de ella Whoopi Goldberg al verlo como remake de Ghost con el fantasma Swayze cruzando el salón como reportera de Socialité, es en realidad un escándalo de pueblo que ha puesto el foco en la zona de copas de los consultores de Madrid.
 Merecía un cómic de Frank Miller porque Deluxe era demasiado obvio. 
 O una visita al Savoy de Alvite, en cuyos baños encontró el maestro la pintada que resume el estado de bienestar:
–Te querré toda la vida.
–¿De cuánto dinero estamos hablando?

Margarita de Inglaterra y Antony Armstrong-Jones, 60 años de un matrimonio que nunca debió ser

La hermana de Isabel II se casó con el fotógrafo después de que la reina le prohibiera unirse al capitán Peter Townsend, que estaba divorciado.



Margarita y Lord Snowdon, antes de casarse, en un retrato en Windsor en 1960.
Margarita y Lord Snowdon, antes de casarse, en un retrato en Windsor en 1960.TopFoto / Cordon Press

 

6 may. 2020

Los 65 años de Pedro Piqueras, el rostro más discreto de los informativos

El periodista de Albacete , que celebra su cumpleaños, es un gran amante de la arquitectura y militó en un grupo de canción protesta.

Pedor Piqueras, en una entrega de premios en Madrid en diciembre de 2018
Pedor Piqueras, en una entrega de premios en Madrid en diciembre de 2018GJB / GTRES

María PorceL

Pedro Piqueras es un hombre singular. Desde hace tres décadas se ha convertido en uno de los personajes más conocidos y desconocidos del país. 
Media España se sienta cada noche a las nueve para verle resumir la jornada ante el televisor. 
Pero esa misma media (y la otra media también) no sabe nada de él. El presentador ha querido y ha sabido mantener su imagen de cercanía y discreción.
 Este 6 de mayo cumple 65 años y, sin redes sociales públicas, de nuevo media España se preguntará cómo lo va a celebrar.
 Aunque probablemente muchos ni sepan que es su aniversario.
Durante las cuatro décadas que lleva trabajando, en distintos formatos y cadenas, Piqueras ha sabido forjarse un nombre sin necesitar de un personaje en el que escudarse. 
De ahí que a mediados de marzo, al principio de la cuarentena, muchos se asustaran al no verle presentar su espacio habitual, el informativo de la noche de Telecinco.
 “Pedro Piqueras no presenta esta semana por el plan de contingencia de Mediaset para proteger a su personal”, tuvo que explicar en sus redes sociales su compañera Isabel Jiménez, descartando enfermedades o problemas personales.
 No había nada que ocultar. Él, simplemente, estaba siendo discreto. Como siempre.
Piqueras nació en Albacete. “Era una vivienda pequeña, de adobe, con gallinero y gorrinera

 “Era una vivienda pequeña, de adobe, con gallinero y gorrinera. Y un gran patio alrededor", la describía.

 "Estaba en un pequeño pueblo al lado de Albacete que hoy es parte del extrarradio de la ciudad”, contaba en la revista Nuevo Estilo

 Los Piqueras tenían también una tienda de alpargatas. En ella, clasificando y poniendo precios, trabajaba los veranos.

 Durante el curso era buen estudiante, le gustaba escribir relatos, algo que sus padres empujaron y apoyaron. Los Piqueras eran conocidos en el barrio porque, en aquella España franquista y escasamente tecnológica, fueron los primeros en hacerse con una televisión. 

En blanco y negro, claro, veían el fútbol, los toros, e invitaban a los vecinos a disfrutar en común.

Sin tener muy claro su destino el de Albacete se marchó a Madrid; su padre no quería que siguiera con el negocio familiar .
“Mi padre, que era muy listo, siempre me decía: ‘Lo importante son los idiomas y estudiar’. 
Con una beca me vine a Madrid”, recordaba hace unos años.
 Se decantó por estudiar Periodismo en la Universidad Complutense, para después hacer prácticas en la radio.
 Era 1977. No dudó en ofrecerse para hacer turnos de noche en Radio Exterior de España hasta que logró un contrato. 
Pasó una década en la emisora pública y llegó a dirigir el boletín de las dos de la tarde de Radio Nacional de España.

Pedro Piqueras y Esther Barriga en una corrida de toros en Brihuega, Guadalajara, en 2008.
Pedro Piqueras y Esther Barriga en una corrida de toros en Brihuega, Guadalajara, en 2008.© JOSE LUIS CUESTA / © JOSE LUIS CUESTA /CORDON PRESS /Cordon Press
En esa época fue cuando se casó con su entonces esposa, Ana, y tuvo a su hijo, Curro. 
En 1988 el pequeño tenía tres años y estaban veraneando cuando Piqueras recibió una llamada que le cambiaría la vida. Jesús Hermida le requería de forma urgente en Madrid. 
El icónico periodista le quiso hacer una entrevista... y la emitió en directo, haciéndole hablar de sí mismo y leer un boletín en directo. “Mientras tanto”, cuentan las crónicas de la época, “en los despachos de los más altos directivos de TVE el monitor estaba encendido y había orden a las secretarias de no pasar llamadas. Pilar Miró se había reservado la carta de Piqueras, frente a la presión de algunos de sus colaboradores, que defendían la idea de recuperar a Rosa María Mateo como nueva conductora del telediario”.
 Entonces, Pedro Piqueras desembarcó en la televisión, presentando y también dirigiendo el informativo de la cadena pública.

Su trayectoria le depararía más cambios, como su vida personal. Cinco años después se iría a Antena 3 para volver, en 2004 y durante dos años, a su añorada Radio Nacional de España, para dirigirla. 
 Ya no regresaría. Desde 2006 se convertiría en el director de informativos Telecinco, haciendo su informativo líder. 
Algo que le ha valido reconocimientos como un premio Ondas, que recibió en 2013 (ex aequo con El Gran Wyoming). "Soy un periodista que hace un informativo y tiene la suerte de poderlo presentar, pero estos premios no son nunca para uno solo aunque lleven su nombre”, dijo entonces, en su sencilla tónica.
Desde hace años, Piqueras mantiene una relación con la veterinaria Esther Barriga.
 No se esconden, pero tampoco es habitual verles juntos en actos multitudinarios.
 Tampoco aparece con su hijo, Curro, de 35 años, publicista. Tras unos años en Milán, ahora trabaja en Londres, en la multinacional McCann."
 Yo no quería que fuera periodista", contaba en una entrevista en El Mundo. “Y él menos, porque veía que esta es una profesión muy esclava, de muchas horas. 
Se metió en publicidad y ahora, cuando salgo de aquí y le llamo, está trabajando todavía”, reía.
Uno de sus méritos en la cadena de Vasile fue fichar a Sara Carbonero
 Mantienen buena relación y, cuando la presentadora regresa de Oporto, cenan juntos en la casa que Piqueras tiene en la sierra de Madrid. 
Es un apasionado de la arquitectura, y no dudó en mostrar su casa, sencilla y funcional pero llena de detalles de diseño, en las páginas de Nuevo Estilo
 “Ya saqué provecho de la ciudad todo lo que uno podría desear en cuanto a cines, teatros, copas y vida nocturna, y en estos momentos quiero tranquilidad por encima de cualquier cosa.

 Además, le he tomado afición a eso de respirar aire puro”, contaba sobre su casa de la sierra, que él mismo gestó y a la que dio forma el arquitecto Otto Medem. 
Deportista, le gusta el mar y navegar, y por eso también tiene residencia en Altea, Alicante.
 También veranea en ocasiones en Ibiza, donde ha coincidido con Raphael y Natalia Figueroa, buenos amigos.
El cantante Raphael, Natalia Figueroa con Jacobo Martos y Pedro Piqueras en Ibiza en verano de 2018.
El cantante Raphael, Natalia Figueroa con Jacobo Martos y Pedro Piqueras en Ibiza en verano de 2018.USG / GTRES
Una de las facetas más desconocidas de Piqueras es su pasión por la música, en concreto por el folk y la canción protesta. 
De joven tuvo un grupo y llegó a grabar con el tema Salamanca La Blanca con Nuevo Mester Juglaría. 
Hace unos años contaba a este diario que aquella época y aquella música nacieron de un momento histórico distinto. 
"Ahora, el punto de partida [de los jóvenes] es el desencanto; antes era la represión”, decía. Sobre la banda en la que él militó, explicaba: “Fue muy interesante [...]. Fue un movimiento que se fraguó en la universidad, sobre todo para recuperar el folclore tradicional, que estaba asociado a la sección femenina, al franquismo.
 También había mucha canción social, que luego aprovechó la política”
No solo la música: Piqueras también es apasionado de la literatura. En 2006 se atrevió con una novela de corte histórico, Colón a los ojos de Beatriz
 Vendió 50.000 ejemplares. Y ha escrito otra sobre su infancia y juventud. Pero esa, dada su discreción, se quedará guardada en un cajón.
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