Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

30 dic. 2019

“No veía el lado agotador de Hollywood."

“No veía el lado agotador de Hollywood. Paré y me di cuenta de que tenía que cuidarme”

“No veía el lado agotador de Hollywood. Paré y me di cuenta de que tenía que cuidarme”

 Pasó seis años alejada de los focos. Ahora, a los 50, esta oscarizada actriz opta al Globo de Oro por su papel de Judy Garland en la película sobre sus últimos años de vida que se estrena en España a principios del nuevo año

. ¿Será capaz de abandonar la larga sombra de Bridget Jones?

EN ALGÚN MOMENTO empezaremos la entrevista”, le insistí a Renée Zellweger.
“No, no”, respondió ella.
Era mediados de agosto, y yo había ido al hotel Beverly Wilshire de Los Ángeles (California, EE UU) para preguntar a Zell­weger por su nueva película, Judy.
 En el filme, que se estrena en enero en España, ella interpreta el papel de la cantante y actriz Judy Garland en el último año de su vida, cuando se encontraba en la más absoluta miseria.
 Se trata de un papel de transformación interpretado con tanta entrega que será difícil que Zellweger —que ahora tiene 50 años— resulte derrotada en la competición por el Oscar a la mejor actriz de este año. 
 Teniendo en cuenta que acaba de pasar seis años alejada de la pantalla, lograrlo sería toda una hazaña.

Para llegar hasta aquí, primero hubo que convencer a la actriz de que por lo menos dejase que le hiciese la entrevista.
 Mientras un relaciones públicas no dejaba de mandarme correos electrónicos retrasando la llegada de Zellweger, nuestra cita para comer se acercaba cada vez más a la hora de la merienda.
 Después de dos horas apareció Zellweger, pequeña y discreta con su ropa deportiva y el cabello rubio recogido bajo una gorra gastada de los Texas Longhorns. 
“Gracias por esperar”, dijo con timidez. “Tengo un lío tremendo”.

Me contó que tenía que recuperar la costumbre de la agenda del estrellato con sus sesiones fotográficas, sus inacabables pruebas de vestuario, sus apariciones en festivales de cine y nuestra entrevista. Si Judy conquista el final de la temporada de galardones, la actriz va a tener que hablar mucho de sí misma. 
Lo cual está bien, supone. ¿Pero no sería más divertido hablar de otras cosas?
Cuando por fin se rindió a la entrevista, empezó a disfrutar de ella. Con Judy le pasó algo muy parecido.
 El director, Rupert Goold, la fue animando cautelosamente para que aceptara el proyecto a base de persuasión, consciente de que una oferta precipitada podría resultar abrumadora.
 Le mandaron el guion en 2017. “Al principio no entendía por qué pensaron en mí para el papel”, recuerda. 
En la película había muchas canciones en directo, porque la historia sigue los pasos de una Garland casi en la indigencia después de aceptar un contrato de cinco semanas para cantar en un local nocturno de Londres. 
A pesar de haber sido candidata al Oscar por el musical Chicago, Zellweger no se considera a sí misma una gran vocalista.

Pero Goold pensaba que la vulnerabilidad que la actriz había mostrado en Jerry Maguire y el descaro que le granjeó un premio de la Academia de Hollywood por Cold Mountain la convertían en la opción perfecta para el papel.

“Garland tenía una inmediatez emocional increíble”, me explicó el director por teléfono.
 “Uno tiene la sensación de encontrarse ante un espíritu que poseía una inocencia y un optimismo innatos, y yo quería a alguien que tuviese esa clase de fragilidad”. 
También me explicó que la experiencia de Zellweger en Hollywood, que había atraído la curiosidad por sus relaciones sentimentales y la especulación de la prensa sensacionalista sobre hipotéticas operaciones de cirugía estética, podría servirle para construir una protagonista que se ve obligada a luchar constantemente contra los rumores dañinos.
Así que Zellweger se puso a investigar.
 Como Goold insistió en que no quería playback, la intérprete reservó varias horas en un estudio y contrató a un profesor de canto para comprobar si el estilo vocal característico de Garland estaba a su alcance.
 Trabajó con un coreógrafo y un diseñador de vestuario a fin de reproducir la postura encorvada e indolente de Garland. 
Y leyó hasta la última de las biografías, vio todos los vídeos antiguos y escudriñó los foros de los admiradores de la estrella en busca de cualquier detalle que fuese de utilidad.
Desde 2010, la actriz pasó seis años alejada de la maquinaria de Hollywood.
Desde 2010, la actriz pasó seis años alejada de la maquinaria de Hollywood.

Pero cada vez que la actriz se sorprendía a sí misma extendiéndose demasiado en sus explicaciones, afloraba la timidez. 
“Menudo trabajo. ¡De lo más divertido!”, repetía una y otra vez.
Las secuencias más trágicas de Judy son las que muestran cómo la intérprete es obligada a cantar a pesar de que su voz está devastada por el tiempo y las adicciones.
 Goold se apoyó en ese suspense: “Le dije a Renée que iba a estructurar el guion de manera que no se desarrollase solo en torno a la pregunta de si Judy Garland podía ofrecer lo que se le pedía en ese momento, sino si Renée Zellweger podía hacerlo”.
 La actriz interpretó las canciones en directo delante de una audiencia, y ahora recuerda las escenas con la emoción de alguien que ha practicado la caída libre y ha sobrevivido.
 “Estaba eufórica. Me parecía estar flotando.
 Me refiero a hacer cosas que nunca había hecho.
 No me permití pensar demasiado en ello. 
Por suerte, fue como un torbellino y no tuve tiempo de pararme a pensar que preferiría no tener que hacerlo”.
Con todo, Zellweger ha aprendido a recelar de los proyectos que le exigen demasiada responsabilidad sin darle tiempo para digerirlo todo como correspondería.
 Garland fue víctima de la explotación de la máquina de Hollywood, que rara vez le concedía tiempo para descansar, y Zellweger afirma que sabe lo que es llegar “a un punto en el que ya no sabes si vas a poder aguantar y tener que hacerlo de todas maneras”.
En 2010, después de haber trabajado casi sin interrupción durante toda su carrera, Zellweger se apartó de Hollywood durante un paréntesis que duró seis años, hasta que reapareció en la secuela El bebé de Bridget Jones
 “Me mentía a mí misma, y no sé por qué”, confiesa. “No veía el lado agotador de aquello, y llegó un momento en el que paré y me di cuenta de que tenía que cuidarme”.
No se arrepiente de haber aceptado varios grandes proyectos al año, pero el tiempo que pasó retirada la ayudó a establecer un orden de prioridades.
“En lugar de pensar que ojalá pudiese preparar una fiesta como las que se preparan para alguien especial, tuve que decirme a mí misma que era yo la que iba a ir a la fiesta. 
Y no me sentí como si el derecho a tomar esa decisión fuese un privilegio de esta profesión”, explica Zellweger.
Liberada de esa obligación, la actriz empezó una terapia, viajó, asistió a clases en la Universidad de California en Los Ángeles e incluso escribió un proyecto piloto para Lifetime (al final, el canal no lo aprobó):
 “Me había retirado por un tiempo, así que no me dediqué a rumiar las viejas experiencias emocionales de siempre para contar historias.
 Estaba viviendo experiencias nuevas, y en ellas todo es instructivo”.
Sin esta perspectiva no habría podido interpretar a Judy Garland. “El papel me permitió valorar la poca experiencia que pueda tener de cómo sortear un personaje público que era un lastre para mi vida”, remata.
Al cabo de unas semanas tras aquel encuentro, asistí a la fiesta que siguió a la presentación de Judy en el Festival Internacional de Cine de Toronto. 
La película, que se había proyectado por primera vez esa misma noche, había puesto al público en pie e inspirado apasionados tuits. Cuando Zellweger salió al escenario, rompió a llorar.
En la fiesta, que se celebró en un lugar cercano a la sala de proyección, todo el mundo estaba deseando felicitar a la actriz, pero una hora más tarde la abarrotada reunión seguía esperando a su estrella. 
 “¿Dónde está Renée?”, oí que preguntaba un relaciones públicas. “¿Alguien la ha visto?”. Por fin, alguien confirmó que Zellweger estaba a punto de entrar en el edificio. La vi subiendo pausadamente las escaleras con un vestido azul cielo y unos zapatos blancos con unos tacones vertiginosos. 
Acompañada por dos representantes, iba absorta en su concentración, como preparada para entrar en la primera de las muchas fiestas de esta temporada en las que sería el centro de atención.
Después de todo lo que había trabajado en su papel y solo le dedicaron una ovación de tres minutos con el público en pie. ¿Cómo se sintió?
“No sé cómo tomármelo”, dijo por fin.


¿Cómo tomarse qué? ¿Esa adoración?
“Pues sí”, respondió arrugando el gesto. 
“¿Qué se puede decir a eso? Felicidades por ser afortunada”. 



 

La civilización del estupor........................Rosa Montero

Debería crearse una nueva asignatura que enseñara a los niños a discriminar las falsedades y a desarrollar espíritu crítico.



Debería crearse una nueva asignatura que enseñara a los niños a discriminar las falsedades y a desarrollar espíritu crítico
EL ÚLTIMO informe Pisa nos ha dejado bastante atribulados, y con razón, por el hecho de que los alumnos españoles hayan empeorado sus resultados en ciencias y matemáticas: es un varapalo. 
Pero creo que no le hemos prestado suficiente atención a otro dato del informe que me parece espeluznante: sólo el 8,7% de los chavales de la muestra total, es decir, menos de 1 de cada 10, es capaz de diferenciar entre lo que es un dato y lo que es una opinión.
Recordemos aquí, para agobiarnos un poco más, que PISA ha evaluado a 600.000 estudiantes de 15 años procedentes de 79 países. 
Lo que significa que a casi 550.000 de esos adolescentes, tiernos brotes del futuro, savia nueva de la OCDE y demás topicazos, les parece lo mismo e igual de creíble decir que en 2018 murieron 47 mujeres en España asesinadas por sus parejas o exparejas, que sostener, pongamos, que muchas de las denuncias por malos tratos son mentiras inventadas por féminas perversas.
Puede que una buena parte de esos estudiantes ya haya perdido la virginidad; algunos fumarán y beberán, y, en suma, se creerán mayores y muy listos, con esa tontería propia de la edad que todos conocimos; pero lo cierto es que son incapaces de interpretar y valorar la información más básica. 
Van ciegos y perdidos bajo el diluvio de datos en el que vivimos, un guirigay gritón y confuso que aturde al más templado y que puede desarbolar por completo a quienes están tan mal preparados como ellos.
 Eso sí que es un fracaso educativo. 
Un fracaso que se veía venir, porque estamos hablando de los quinceañeros, pero hay muchos adultos con la cabeza igualmente llena de serrín.
 No sólo debería crearse una nueva asignatura en los colegios que enseñara a los niños a discriminar las falsedades, a desarrollar espíritu crítico y moverse por la selva de fake news, sino que también habría que poner clases nocturnas de repesca para mayores.

Rosa Montero


La formidable Nuria Oliver, de la Real Academia de Ingeniería y una autoridad mundial en inteligencia artificial (le acaban de nombrar directora de una unidad de investigación Ellis), viene a decir en un capítulo del libro colectivo Los nativos digitales no existen (Deusto Ediciones) que las multitareas, como por ejemplo “chatear o navegar por Internet mientras se ve la televisión o se escucha música”, nos están fosfatinando literalmente el cerebro. Cita investigaciones internacionales que demuestran cosas alucinantes, como una que midió el impacto de las interrupciones en el trabajo de oficina: al parecer se necesitan al menos 25 minutos para recuperarse de una llamada o un e-mail y volver a ser igual de productivos que antes. 
Pero sobre todo menciona dos estudios que me dejaron pasmada. Uno fue hecho en 2014 en el University College de Londres sobre la influencia de la multitarea en la estructura del cerebro. Descubrieron que juguetear con el maldito móvil mientras se hace otra cosa nos afecta físicamente la sesera; y, así, cuanto más tiempo pasas chateando y viendo la tele,, por ejemplo, menor densidad de materia gris tienes en el córtex del cíngulo anterior, un rincón del cerebro de nombre complicado pero máxima importancia, porque ese córtex es esencial en el procesamiento de la información, así como en la detección de errores y conflictos.
 Lo cual me temo que resulta muy coherente con los resultados del informe PISA y con el desparrame mental que mostramos los humanos últimamente, más proclives que nunca, se diría, a tragarnos sin dificultad cualquier embuste (yo creía que la edad me estaba reduciendo las entendederas, pero ahora veo que es el móvil el que se está comiendo mi cerebro: esa parte casi es un alivio).
El otro estudio al que me refería no deja de tener su horripilante gracia.
 Lo hicieron en la Universidad de Londres y encontraron que las personas distraídas por la tecnología experimentaban una disminución de su coeficiente intelectual superior a si hubieran consumido marihuana. 
 Bueno, supongo que depende de la cantidad de hierba que te metas, pero de todas formas los que hemos vivido los años de la psicodelia sabemos de qué abismos de modorrez estamos hablando. Bienvenidos a la civilización del estupor, amigos. 

 

Mis vecinos de otro tiempo............................Javier Marías

Aún rondan por estas plazas y calles las sombras de mis vecinos de otro tiempo, admirables y dignos de remembranza.

SE CUMPLEN veinticinco años de vivir donde vivo la mayor parte del tiempo, en el Madrid de los Austrias, así que llevo ya largo rato paseando por sus calles. 
Esta capital y sus nefastos Ayuntamientos (pronto tocará un repaso al actual, a la bajura de los anteriores) se han caracterizado por destruir y demoler cuanto había, luego poco queda con antigüedad. Uno de sus escasos aciertos fue la colocación de placas conmemorativas en los muros, a la manera londinense.
 La mayoría (no todos, ay) son romboidales y de color crema, y se distinguen bien.
 Pero, como poco no fue arrasado, lo más frecuente es que recen: “Aquí estuvo la casa en la que se alojó Alexandre Dumas en 1846” (poco después de sus Tres mosqueteros), o “Junto a este lugar se erigió la Casa del Tesoro, donde vivió Velázquez de 1652 a 1660 y tenía el obrador en el que pintó Las Meninas”, o “… el Palacio del Conde de Lemos, editor de la Segunda Parte del Quijote”.
 Bien está que se recuerden los edificios fantasmas, que habitaron mis vecinos de otro tiempo, admirables y dignos de remembranza. 

Así sabemos algo de ellos, y nos cabe imaginar que vieron cielos parecidos a los que vemos y respiraron los mismos aires (más puros pero más hediondos).
 La gente que pasa por estas zonas apenas se fija y les trae sin cuidado: no sólo las hordas turísticas, que no saben quién fue nadie, sino los propios españoles, cada día más voluntariamente ignorantes.
 Y sin embargo aquí, en estas calles y plazas, anduvieron algunos de los mejores individuos que han pasado por nuestra historia.
 En la Plaza de Oriente no sólo vivió Velázquez, sino también Verdi en 1863, cuando vino a presentar La forza del destino, y Giovanni Battista Sacchetti, principal arquitecto del Palacio Real, muerto en 1764, y Herrera Barnuevo, arquitecto y pintor de Felipe IV, muerto un siglo antes, en 1671. 
Mucho más tarde, en 1918, el notable poeta uruguayo Vicente Huidobro, y también el mítico tenor Gayarre, sobre cuya vida vi de niño una película interpretada por Alfredo Kraus, y siempre que pienso en uno u otro me acuerdo de una deliberada metedura de pata de mi abuelo Emilio, médico tan simpático como impertinente, que tras una actuación del segundo fue a felicitarlo con este comentario demente: 
“Qué bárbaro, Kraus, cómo canta; de lejos parece una gallina”. Muy cerca, en la calle de Santa Clara, vivió y se mató el joven Larra en 1837, y algo más acá, en la del Espejo, tuvo Goya su casa en 1777, que también la tuvo en el 6 de la calle Santiago, al lado, aunque ahí no hay placa.
 Sí la hay, en cambio, de George Borrow, “Don Jorgito el inglés” en el barrio entre 1836 y 1840, al que hoy casi nadie lee, pero que escribió un divertidísimo libro viajero, La Biblia en España
 En la prolongación, en Milaneses, tuvo sus juegos callejeros de infancia Lope de Vega, junto a otra iglesia desaparecida, San Miguel de los Octoes.
 Y casi enfrente, ya en Mayor, vivió y murió Calderón de la Barca, y paseó Boccherini.
 En Mayor esquina a Coloreros fue asesinado en 1622 Juan de Tassis, Conde de Villamediana, de vida audaz y pendenciera y poesía que merece ser leída, y en la esquina con Almudena emboscaron y despacharon a Juan Escobedo, secretario de Don Juan de Austria, el hermano bastardo de Felipe II, el Lunes de Pascua de 1578. 
Muy cerca estuvieron las mansiones de la Princesa de Éboli, conocida tal vez por las masas como “la del parche en el ojo”, y en ellas fue arrestada por orden del mismo Rey en 1579.


En la recóndita Plaza del Biombo, en la iglesia de San Nicolás, fue bautizado Ercilla en 1533.
 Tampoco él es hoy muy leído, pero fue autor del célebre poema épico La Araucana, quizá menos olvidado en Chile; y si uno cruza Mayor hasta Pretil de los Consejos, verá el lugar que albergó el Estudio de Humanidades que dirigió López de Hoyos y del que fue discípulo el joven Cervantes.
 En Arenal se encuentra la iglesia de San Ginés, que considera hijos suyos a Quevedo, Lope de Vega y al gran músico Tomás Luis de Victoria, al primero por haber sido bautizado, al segundo por haber casado allí, y al tercero porque en 1611 falleció “cabe su muro”.
 Al subir una bocacalle, Fuentes, uno se entera de que en una pensión se hospedó, en 1862 y 1863, un Pérez Galdós veinteañero. Me parece bien que, pese a los tiempos que corren, se recuerde al torero “Frascuelo”, muerto en 1898, y en otro lugar el sitio donde estuvo el Gran Oriente, sede de los masones mucho antes de que los persiguiera Franco. 
También me gusta la placa de alguien cuyo nombre desconocía, en memoria del maestro José Cubiles, cuyo piano sonó en la Plaza de Oriente entre 1928 y 1971: cuarenta y tres años de melodías bien merecen un homenaje. 
En la Costanilla de San Andrés se erigieron las casas de Ruy González de Clavijo, justamente recordado por haber sido embajador del Rey Enrique el Doliente en la Corte de Tamerlán el Grande, en la remota Transoxiana, entre 1403 y 1405. 
Y también anduvo por aquí mi madre: vivió en Mayor 11 y 13 cuando era muy jovencita.
Ya que los edificios no perviven apenas, que al menos se sepa que aún rondan por estas plazas y calles las sombras de mis vecinos más distinguidos de los últimos cinco o seis siglos. Extrañamente, hacen compañía.

29 dic. 2019

Tamara Falcó: “Hay gente que pensaba que era pija y tonta pero me daba igual”

La hija de Isabel Preysler y Carlos Falcó, reciente ganadora de 'MasterChef Celebrity', vive una ola de popularidad.

 Se declara feminista y preocupada por seguir con los pies en la tierra.

Tamara Falcó, como imagen de la ginebra Tanqueray Ten, en Madrid, el pasado 11 de diciembre. En vídeo, perfil de Tamara Falcó. Foto: B.P (EL PAÍS) | Vídeo: EPV

Tamara Falcó frente a frente no habla con la boca cerrada ni sesea como una niña pija

Su voz suena segura, alta y clara. 

Se parece más que nunca a su madre, Isabel Preysler: una piel cuidada y un maquillaje suave. 

Viste de negro, un traje diseñado por ella. Está feliz. Aunque han pasado ya varias semanas de su triunfo en MasterChef Celebrity todavía le dura la alegría.

 "Una amiga mía me dice: 'Anda que la que has liado solo con freír un par de huevos". 

Pero Tamara sabe que su triunfo no ha sido solo el logrado en un concurso televisivo. 

Se ha ganado a la calle. "La gente ahora me para. Me felicitan y me dicen que no pensaban que fuera así". Y es que sabía la imagen que proyectaba

"Hay gente que pensaba que era pija y tonta, pero me daba igual". Pero Tamara Falcó no tiene un pelo de tonta. 

Cuando decidió entrar en el concurso de Televisión Española, además de hacerlo porque era una buena oportunidad de trabajo, pensó que tenía la posibilidad de darse a conocer de otra manera: "Sé la imagen que muchos tenían de mí. Tantas horas de televisión permiten que se te conozca más. Creo que lo he conseguido". 

El camino no ha sido fácil. "Durante todo el concurso conté con la ayuda de un coach. 

 Nadie se imagina lo duro y exigente que es el concurso. A veces, cuando estaba agotada, me preguntaba: ¿qué hago aquí?". 

Pero la constancia es una virtud de Tamara Falcó, de 38 años, que en ocasiones se convierte en cabezonería.

Como no es tonta quiere aprovechar el tsunami que vive. 

La llaman más que nunca para eventos y recibe a este periódico en uno de la ginebra Tanqueray. Se mueve entre estilistas, maquilladores y cámaras con comodidad.

 Vive la fama como algo cotidiano. La conoce desde niña: "Siempre he tenido un fotógrafo cerca".

 No le molesta. "Solo cuando dicen algo de mí que no es cierto o tergiversan algo", admite. 

Isabel Preysler, Tamara Falcó, Mario Vargas Llosa y Xandra Falcó, tras la final de 'MasterChef Celebrity'.
Isabel Preysler, Tamara Falcó, Mario Vargas Llosa y Xandra Falcó, tras la final de 'MasterChef Celebrity'.
Estos días acapara más portadas que su madre, la reina del papel cuché, y muchos ven en ella a su sucesora.
 "Lo de mami es imposible de conseguir. Ella tiene una fama mundial".
 Se nota que está muy unida a ella, que es su referente.
- ¿A quién quiere más, a papá o a mamá?
- A los dos. Mi padre [Carlos Falcó, marqués de Griñón] ha estado en todos mis momentos importantes, pero yo he vivido siempre con mi madre.
Tamara Falcó se independizó, pero duró poco en su piso de soltera. Regresó pronto a Miraflores, la casa familiar de la urbanización madrileña de Puerta de Hierro.
 Allí convive, además de con su madre, con su abuela y con el escritor y pareja de Isabel Preysler, Mario Vargas Llosa
He tenido mucha suerte con todas las parejas de mi madre.
 Tío Julio [Iglesias] siempre cuenta conmigo y me dice que por poco no soy hija suya; con tío Miguel [Boyer] he crecido, él me educó.
 Ahora con Mario todo es muy fácil.
 Es tan inteligente. Me gusta hablar con él de política internacional. El otro día me estuvo explicando lo que sucede en Bolivia.
 La de España la sigo, aunque a veces es difícil entender algunas cosas". Todavía no ha leído el último libro de Vargas Llosa, Tiempos recios. 
Tiene otro entre manos.
 "Me ha dicho que si lo leo me lo regala. 
Y le he respondido: ¿Y si no, lo tengo que pagar?". 
Tamara Falcó junto a dos de sus hermanos, Enrique Iglesias y Ana Boyer, y la pareja de esta última, el tenista Fernando Verdasco, tras el concierto de Enrique en Madrid, a principios de diciembre.
Tamara Falcó junto a dos de sus hermanos, Enrique Iglesias y Ana Boyer, y la pareja de esta última, el tenista Fernando Verdasco, tras el concierto de Enrique en Madrid, a principios de diciembre.
Estudió Ciencias de la Información, pero dice que lo suyo es la moda.
 Quiere seguir diseñando, pero sin olvidar los fogones. "Alessandro Michele, director creativo de Gucci, es skater, por ejemplo. Yo puedo ser diseñadora y chef". 
Cree que no está en condiciones de abrir un restaurante, ni tan siquiera asociarse con nadie.
 Pero ha pensado algo:
 "Quiero lanzar unos vídeos de recetas de cocina sana. Algo que ayude a la gente".

Hace un par de años, Tamara Falcó engordó por un problema de tiroides. Su aumento de peso ocupó portadas.
¿No es excesivo el culto al cuerpo que impera en estos tiempos?
-Claro que sí. Todos se fijaban en mis kilos de más, pero yo no estaba gorda, estaba enferma.
 Ahora como más que nunca, pero como sano con ayuda de mi nutricionista.
 Cuanto mejor comes mejor te encuentras. 
Ahí están las Kardashian, que no son mi estilo, pero olé, se atreven con todo con las curvas que tienen.
-La gente está empeñada en buscarle pareja. ¿No le resulta incómodo?
-La vida es mejor compartida, pero soy de esas personas que no he tenido suerte.
 También creo que estar con alguien por estar con alguien no es lo que quiero.
 A los hombres también les pasa a cierta edad: si ese no se ha casado algo tiene que tener, se suele decir. Nos pasa a las chicas pero a ellos también.
-¿Qué piensa del feminismo?

-Si el feminismo es igualdad de oportunidades para hombres y mujeres, soy feminista
 Pero no creo que los hombres sean inferiores. 
En algunos deportes, por ejemplo, estamos en desventaja, pero no por ello somos inferiores nosotras; ellos tienen unos atributos y nosotras, otros.
-¿Ha seguido el movimiento Me Too?
- Si es verdad que hay tantas violaciones, tantos acosos como se han denunciado es un espanto. Si hay gente que está jugando con este tema me parece un horror.
Otra prueba de que no tiene un pelo de tonta es que está viendo cómo gestionar esta creciente fama y el dinero que está generando: "Tengo a mi hermana Ana, que es muy buena con los números, para que me ayude".


Roman Polanski: “Es aberrante y estúpido decir que me creo Dreyfus”

El director sostiene que "hace mucho tiempo" que es "víctima de mentiras". El 'caso Dreyfus' centra su nueva película, 'El oficial y el espía'.

 

Roman Polanski, en el estreno de gala en París el pasado 4 de noviembre de 'El oficial y el espía'. AFP

 

 

El director Roman Polanski (París, 1933) retrata en su nueva película, El oficial y el espía, que se estrena en España el miércoles 1 de enero, el caso Dreyfus, que marcó la historia de Francia a finales del siglo XIX.
 La injusta condena a Alfred Dreyfus, un oficial judío, por un espionaje del que era totalmente inocente dividió a la sociedad e impulsó uno de los textos fundacionales del periodismo moderno, Yo acuso, de Émile Zola. 
 Los ecos de aquel escándalo llegan hasta nosotros, como ha demostrado el éxito que ha tenido el filme en Francia, donde se estrenó en noviembre.
La película recibió el León de Plata en el Festival de Venecia y se suma a una de las filmografías más sólidas y sorprendentes del cine mundial. 
 Polanski es autor de títulos como El pianista, Tess, Chinatown, La semilla del diablo o El quimérico inquilino
Superviviente del Holocausto, gran parte de su familia fue masacrada en Auschwitz.
 En 1969, su esposa Sharon Tate fue asesinada de una forma atroz cuando estaba embarazada. 
En 1977, violó a una menor de 13 años, Samantha Geimer, un delito que ha reconocido y por el que no puede volver a Estados Unidos.
  El estreno francés de El oficial y el espía coincidió con una nueva acusación de violencia y abusos sexuales, en 1975, contra una joven de 18 años.
 El director casi no ha concedido entrevistas desde entonces.

Esta conversación tuvo lugar por teléfono hace 10 días y los agentes de Polanski pusieron dos condiciones: que durase 20 minutos y que se centrase en la película, sin preguntas concretas sobre las nuevas acusaciones contra él, que solo unos días antes en una entrevista con Paris Match calificó de “falsas” y “aberrantes”. 
Sin embargo, finalmente, sí aceptó ser preguntado sobre cómo todo esto afecta a su reputación y a su película.
R. Cuando rodábamos la secuencia del auto de fe contra Dreyfus y las escenas en las que la gente escribe eslóganes antisemitas en las vitrinas de las tiendas, justo en ese momento hicieron lo mismo a unas pocas calles del lugar donde trabajábamos.
 Escribieron jude en un restaurante. También pusieron cruces gamadas en retratos de Simone Veil.
P. Ha vuelto a trabajar con el escritor británico Robert Harris, que ya adaptó en El escritor
¿Eligió al personaje de Picquart, el militar que investiga el caso, como protagonista porque ya lo es en la novela en la que se basa el filme?
R. No ocurrió así.
 Llevaba mucho tiempo dándole vueltas a dirigir una película sobre el caso Dreyfus, pensaba que era un tema muy bueno para un filme.
 Creo que es un tema importante y que hacer películas sobre temas importantes siempre es más satisfactorio. 
Después de haber colaborado en El escritor, le propuse a Harris trabajar sobre Dreyfus. Nos pusimos a escribir, pero no funcionaba. 
Tratamos de contar la historia desde el punto de vista de su protagonista y nuestros primeros esfuerzos se centraban en Dreyfus. 
 Pero comprendimos que el problema era este, porque todo lo que resultaba interesante durante este caso tuvo lugar en París mientras que él se pudría en la isla del Diablo.
 ¿Qué podemos contar desde ese confinamiento? Le encadenaban por la noche, le liberaban por la mañana.
 Y a Robert Harris se le ocurrió adoptar el punto de vista de Picquart.
 Me pareció muy buena idea, pero yo hacía mucho tiempo que no trabajaba y le dije que tenía que hacer una película para ganarme el pan. Me dijo: 
‘Haz otra película y yo escribo el libro’.
 Es lo que hicimos.
 Rodé La venus de las pieles y él publicó El oficial y el espía
Harris suele escribir sobre acontecimientos históricos y realiza investigaciones a fondo


Pregunta. ¿Cree que el caso Dreyfus sigue siendo un asunto que habla del presente?
Respuesta. Mucho. En el fondo habla de la verdad y la forma de establecer la verdad. 
Si dejamos a un lado el problema del antisemitismo, eso es lo que queda, lo más importante en todo caso.
P. Usted vive en Francia, donde existe un gran problema de antisemitismo
¿Le trae los recuerdos más terribles de su infancia?
 Eso facilitó la reescritura del guion. Pero el libro lo escribió después del primer borrador.
Roman Polanski: “Es aberrante y estúpido decir que me creo Dreyfus”
P. Georges Picquart es un antisemita que no defiende a Dreyfus porque considere que es indignante que un inocente esté en prisión, sino para defender al Ejército. Acaba convertido en un héroe, pero, ¿cree que es un héroe por los motivos equivocados?

R. Es un héroe, es alguien que es justo porque su objetivo es defender la verdad. 
Me gusta mucho una de sus réplicas: “Hubiese preferido que fuese culpable porque la vida sería mucho más fácil”.
P. ¿Y cree que la verdad está en peligro en Europa en estos momentos?

R. Sin duda, absolutamente. 
No hay verdad, está lo que llamamos posverdad. Solo importan las emociones. 
La verdad histórica o científica no tiene ninguna importancia.
 Decimos que algo es la verdad porque nos viene bien. 
Es algo muy triste. No pienso que la verdad histórica o científica tenga una oportunidad en nuestras sociedades.
P. ¿Lo dice también por las acusaciones contra usted? ¿Se ha preguntado por qué casi nadie le cree?
R. Hace mucho tiempo que soy víctima de mentiras.
P. ¿Le preocupa que se piense que la película es una metáfora sobre su propio caso?
R. Es realmente aberrante y estúpido decir que me creo Dreyfus.
 Es otra mentira, otra forma de insultarme.
P. ¿Le preocupa que esto afecte la forma en que se ve la película y la forma en que se verán sus películas en el futuro?
R. Depende del espectador. No se puede generalizar. No se puede meter a todo el mundo en el mismo saco.
P. Dreyfus, que es la víctima sin duda, no es un personaje nada simpático.
R. Es otra razón por la que no funcionaba al principio, porque no era nada simpático. 
Era muy frío. Era otra de las razones fundamentales para contar esta historia desde un punto de vista exterior y no desde su propia mirada.
P. Hay un momento en que Picquart va a visitar a su antecesor en los servicios secretos y este le lanza un discurso sobre que no reconoce ya a Francia porque está llena de extranjeros. 
¿No le da la sensación de que estamos escuchando a alguien del Frente Nacional?
R. No solo los documentos que aparecen reproducidos en la película son exactos: todo es auténtico en este filme. La mayoría de los diálogos están, al menos, basados en diálogos auténticos.
 Como el caso pasó por diferentes procesos, todo fue estenografiado y se puede encontrar lo que se dijo. Reconstruimos diálogos que son verídicos.
P. ¿Piensa que hay alguien en Europa actualmente que tenga la fuerza moral que Émile Zola demostró en esta historia?
R. Yo mismo me lo pregunto, si alguien así pertenece más al pasado que al mundo de hoy. 
Sinceramente no puedo responder a esta pregunta, porque de vez en cuando nos vemos sorprendidos por el heroísmo de cierta gente.
R. Yo mismo me lo pregunto, si alguien así pertenece más al pasado que al mundo de hoy.
 Sinceramente no puedo responder a esta pregunta, porque de vez en cuando nos vemos sorprendidos por el heroísmo de cierta gente.
P. ¿Está trabajando en algo?
R. No, lo siento, no soy de esa clase de directores que puede pensar en otra película cuando estoy metido en una. Es algo que me ha ocurrido.
 Me absorben tanto los rodajes que no consigo concentrarme en ninguna otra cosa.
P. ¿Ha hecho un esfuerzo de divulgación en el planteamiento de la película?
 Si se lee Yo acuso en la actualidad el caso es tan complicado y enrevesado que resulta muy difícil de comprender.
R. Estudiamos muchísimo. 
Tengo muchos libros sobre Dreyfus, no todos, porque hay más de 500.
 Desde hace un siglo no han parado de escribirse ensayos sobre el caso. 
Comenzamos a trabajar en este asunto hace siete años. Simplificamos algunas cosas y nos concentramos en lo esencial.
P. ¿Cree que su película podrá verse en Estados Unidos?
R. No lo sé. Habrá que preguntar a otros.
 Hacemos películas para que la gente vaya a verlas y la esperanza de cualquier director es que multitudes vayan a ver su trabajo. 
No soy diferente de los demás.


28 dic. 2019

Muere Sue Lyon, la Lolita de Stanley Kubrick

El escritor de la novela original, Vladímir Nabokov, tenía claro que la actriz, fallecida este sábado a los 73 años, era la única que podía interpretar a la joven en la gran pantalla.

sue lyon lolita
La actriz Sue Lyon, que encarnó a Lolita en la película de Stanley Kubrick de 1962. Getty Images
Sue Lyon, quien a los 14 años dio vida a Lolita en el filme homónimo de Stanley Kubrick, ha muerto a los 73 años en Los Ángeles, Estados Unidos.
 Aunque la causa de su muerte no ha sido hecha pública, la salud de la actriz se había visto seriamente deteriorada durante los últimos años, tal y como ha revelado su amigo Phil Syracopoulos. 
A pesar de que su papel más recordado sea el de Lolita en 1962, la actriz estuvo en activo desde 1959, cuando debutó en la serie Letter to Loretta, hasta 1980, momento en el que dejó la interpretación tras aparecer en el filme televisivo Alligator: La bestia bajo el asfalto.
Su gran papel llegó en 1962, después de pasar un exhaustivo casting al que se presentaron más de 800 actrices. 
El escritor de la novela original, Vladímir Nabokov, tenía claro que ella era la única que podía interpretar a la joven en la gran pantalla. "La ninfa perfecta", fue el apelativo que el autor ruso nacionalizado estadounidense utilizó para referirse a ella.

Nacida en Davenport, Iowa, Lyon comenzó a actuar casi tan pronto como tuvo uso de razón.
 Antes de Lolita solo había participado en producciones para la pequeña pantalla, como la serie original de Daniel, el travieso.
 Tras su primera incursión en el cine, trabajó en La noche de la iguana, en 1964, bajo la dirección de John Huston, antes de volver al formato televisivo. 
Además de participar en algunas series como El virginiano, de 1970, o La isla de la fantasía, de 1978, Lyon protagonizó algunas cintas de terror de bajo presupuesto.
 Entre ellas, cabe destacar Crash!, de 1976, y El último día del mundo, donde compartió planos con el icono del género, Christopher Lee. 
A lo largo de su carrera tan solo fue reconocida con un Globo de Oro en 1963 bajo la categoría de "actriz revelación más prometedora".

 

Homine versus máquina.................................Boris Izaguirre.

Un robot como el succionador de clítoris convierte sus 18 orgasmos garantizados en una maquinaria que otorga más independencia.

La reina Isabel II, en su mensaje de Navidad grabado en el castillo de Windsor.
La reina Isabel II, en su mensaje de Navidad grabado en el castillo de Windsor. AP

Un maravilloso grupo de amigos nos invitaron a Rubén y a mí a una fiesta prenavideña con intercambio de regalos.
 Siempre egocéntrico, aporté un par de botellas del vino Glamour que lleva mi nombre.
 Pero una de ellas consiguió dejar mi ego por los suelos al triunfar con su especial presente, la sensación de estas fiestas, el mejor regalo de Reyes: un succionador de clítoris.
El aparato es la pera, el que regalaron se llama Satisfyer Pro
 Puede generar múltiples orgasmos en pocos instantes. 
“Nos vamos a quedar en los huesos”, tontearon entre ellas.
 “Seguro que lo escribes en tu columna”, alertaron.
 Homine versus máquina, pensé que la titularía.
 Una sonrió sosteniendo el aparato mientras lo acariciaba con la mirada. 
Allí descubrí el secreto del éxito de este vibrador 3.0. 
Y es que no parece un vibrador. “Tampoco lo es”, me aclaró rápidamente mi marido. 
“No requiere penetración. Simplemente lo acercas y él hace el resto.
 Su cercanía cambia para siempre la manera en que entendemos el sexo”, resumió mi marido, ante la atentísima mirada de todas las presentes. 
"¿No hay penetración?", reiteré. No, se trata de una manera de autoplacer sin utilizar las manos. 
Y el aparato tiene un curioso parecido a un minisecador de pelo. De hecho, algunos memes representan a señoras mayores creyendo que se trata de un inhalador.
 En la comida se escuchó decir aquello de “sigo prefiriendo la verdad, no un robotito que se puede usar bajo el agua”.
 Pero el robotito empezó a pasar de mano en mano generando más atención y más cariño. Fue un flechazo.
“Lo encuentro tan mono que hasta le pondría un nombre, lo que no sé si de mujer o de hombre”, bromearon.

La conversación siguió explorando puntos orgásmicos hasta que las mujeres preguntaron si los hombres teníamos clítoris. Claro que sí, respondí valiente.

 El ano, solo pocos se atreven a explorarlo a fondo, agregué. 

Es que los clítoris, la verdad, están en lugares de difícil acceso”. Me miraron un poco descreídas hasta que una de ellas aportó que existe una nueva afición entre gente más o menos heterosexual que es tomar sol por el ano. 

“Lo llaman el perineo, para hacerse más finos, pero aunque los médicos defiendan que no sirve de nada, los que lo practican, influencers de la pseudosalud, insisten en que es una terapia alternativa para la absorción anal de vitamina D”.

 No me quedó muy claro si me haré perineo en el 2020, abriéndome de piernas en la montaña, porque la verdad prefiero el diseño tan sofisticado y glamuroso del coqueto succionador, que se puede utilizar en el metro.

 En el avión. En el trabajo. 

Y, atentos, no es incompatible con el medio ambiente.

Un Satisfyer Pro 2.
Un Satisfyer Pro 2.
Puede ser que a punto de empezar unos nuevos años veinte en un siglo diferente, el sexo sea de las primeras cosas dominadas por la inteligencia artificial.
Muchos jóvenes tienen pavor a enamorarse para no repetir los mismos errores de sus padres. 
Las mujeres temen que rendirse al amor debilite su emancipación. Por eso un robot como el succionador de clítoris convierte sus 18 orgasmos garantizados en una maquinaria que otorga más independencia a la mujer.
 Mientras todo esto pasa por mi mente, observo el discurso del Rey, exigiendo total silencio a la familia que empieza a llegar por Nochebuena. 
Y, cuando termina, ponen un especial de Telepasión donde salgo cantando y bailando Y.M.C.A. junto a Màxim Huerta
 “¡Esto solo puede pasar en España!”, exclaman mis familiares. Imagino que se refieren a que pasamos de la solemnidad al petardeo con pasmosa velocidad, casi la misma que emplea silenciosamente el admirado Satisfyer.
 Es la magia de las navidades, puedes pasarte un poco de decibeles o de ideas. 
Incluso pedir por Reyes tanto un succionador de clítoris como un nuevo Gobierno.
El mismo día, la reina Isabel II de Inglaterra hizo su discurso. Como tiene más antigüedad, la reina lo es desde hace 67 años, está más repleto de verdades que se leen entre líneas. 
Desde hace casi siete décadas se analiza todo lo que se exhibe y pronuncia en ese discurso.
 Cuando exclamó que “el camino no siempre es fácil y este año puede, a veces, haber parecido turbulento”, muchos vimos reflejadas en sus palabras alusiones tanto al Brexit como a la crisis familiar y de imagen desatada por su hijo Andrés, duque de York. La palabra no proporcionó placer pero sí reflexión: turbulencias, hay que saber vivir con ellas.
 

 

Nancy Huston: “Mi generación debió haber sido como la de Greta Thunberg”

La escritora canadiense diserta en su obra sobre la identidad contemporánea, la liberación de las mujeres y la crisis medioambiental, de la que lleva años alertando.

 
 
La escritora Nancy Huston (Calgary, 1953) nunca ha formado parte de ningún clan. 
Ni de pequeña, sola en el patio del colegio por ser hija de un profesor que no dejó de mudarse por toda la geografía canadiense. Ni al llegar a París en los setenta, cuando fue discípula de Roland Barthes y se introdujo en los círculos feministas –publicó en la revista Sorcières con Marguerite Duras y Julia Kristeva–, aunque nunca perdiera la distancia crítica. 
En su país adoptivo, donde vivió con el semiólogo Tzvetan Todorov durante casi 40 años, Huston sigue siendo una pensadora imprevisible, una intelectual no alineada.

La autora de Marcas de nacimiento o La especie fabuladora diserta en su obra sobre la identidad contemporánea, la liberación de las mujeres (y sus paradojas) o la crisis medioambiental, de la que lleva años alertando.
En su nuevo libro, Labios de piedra (Galaxia Gutenberg), compara sus años de formación con los de Pol Pot, el jefe de los jemeres rojos, señalando a los intelectuales europeos como incómodos garantes del genocidio camboyano.
 En paralelo, Huston recuerda su propia juventud, marcada por el abandono de su madre, el descubrimiento de su sexualidad y el peligro de la prostitución, que vivió de cerca.
 En lugar de empatizar con las víctimas, Huston prefiere hacerlo con los verdugos.
PREGUNTA. ¿Usted cree que todos somos dictadores en potencia?
RESPUESTA. No conozco a mujeres dictadoras, lo que ya elimina a la mitad de la población.
 Pero, si las circunstancias se prestan a ello, casi cualquier persona que goce de buena salud puede convertirse en dictador.
 Todo depende de la educación recibida.
 La de Pol Pot no estuvo mal, en ese sentido: tanto el budismo de la escuela Theravada, que incita a no vivir en el mundo con afectos muy poderosos, como el hecho de haber tenido una infancia desdichada.
 Es el caso de Hitler, de otra manera.
P. ¿Es este su libro más incomprendido?
R. Es una dura crítica a mi generación, que supongo que se sintió atacada por lo que cuento: que participamos en la tragedia al apoyar el régimen de Pol Pot, igual que sostuvimos a los comunistas en Vietnam. 
En Francia, los intelectuales siguieron la línea oficial con un conformismo total. Y ahí me incluyo: yo también la seguí como una borrega…
P. ¿Qué salva usted del marxismo?

R. Su análisis sobre la emergencia del capitalismo y la opresión de la clase obrera es muy preciso. 
El problema es que en los países comunistas no tardó en emerger una jerarquía. 
Se reconstituyó el lugar del rey o del zar y, a su alrededor, surgieron cortesanos que gozaban de enormes privilegios.
 La única diferencia es que se les llamó “miembros del comité central”, en lugar de corte…
P. Su madre se fue de casa cuando era pequeña. ¿Cómo le marcó?
R. Me convirtió en escritora.
 Vivía tan lejos, en lugares como Londres, Madrid o Mallorca, que solo nos podíamos comunicar por carta desde mi Canadá natal.
 Yo procuraba que mi vida pareciera interesante y le escribía cartas palpitantes.
 Su acto fue muy valiente, fue una feminista antes de tiempo.
 Me costó años empezar a considerarlo inadmisible. Todo cambió cuando me convertí en madre. 
Cuando vi lo apegada a mí que estaba mi hija, entonces entendí que había sucedido algo muy violento.
P. Escribe en francés antes de autotraducirse al inglés. ¿Cuáles son las ventajas del bilingüismo?


R. Todo el mundo debería hablar una segunda lengua, porque con ella viene otra manera de entender el mundo y la identidad. Siempre he creído que te da ventaja en la vida familiar, donde tendemos a volvernos un poco salvajes. 
Hablar una lengua extranjera te civiliza.
P. ¿Le preocupa el estado de Europa?
R. Constato el renacimiento de tropismos nacionalistas y proteccionistas
 Estoy muy preocupada por lo que sucede con el Brexit, por lo que pasa en Hungría o en Italia. 
Pero es muy difícil predecir lo que va a suceder… Lo más importante en este momento es el cambio climático y el resto casi ha pasado a un segundo plano. 
Nos dirigimos hacia catástrofes de una amplitud inédita.
 Europa trata de protegerse contra los migrantes que llegan de los países de África y Oriente Medio, en parte, en respuesta a la catástrofe climática.
 Esa inmigración aumentará. 
Nadie puede predecir con exactitud qué aspecto tendrá el mundo en 20 o 30 años.

P. ¿Por qué hemos tardado tanto en tomar conciencia de esta crisis?
R. Con los primeros avisos de los científicos, allá por los setenta, hubo un esfuerzo concertado de los economistas y de ciertos políticos para desviar la atención. 
Lo importante era que los ricos se enriquecieran.
 
Yo soy la primera culpable de esa distracción, porque formo parte de las masas que debieron implicarse. 
Mi generación debió haber sido como la de Greta Thunberg. P. ¿Cree que es demasiado tarde?
R. Nos dirigimos hacia una gran mortalidad, pero eso no significa que vaya a ser el final del planeta. 
La Tierra sobrevivirá porque ya está curada de espanto.
 Ya ha visto aparecer y desaparecer otras especies. 
Antes, cuando leía a Schopenhauer decir que le daba igual si la especie humana desaparecía me parecía una barbaridad.
 Ahora me parece una posibilidad.
P. ¿La igualdad entre géneros es posible?
R. Lo que hay que saber articular es que la igualdad no excluye la diferencia y que la diferencia no excluye la igualdad.
 En Francia, como en todo el mundo occidental, existe una moda de una teoría de género que excluye esa diferencia.
 Lo que siempre cae en el olvido es la maternidad, que es un tema que siempre ha molestado tanto a los misóginos como a las feministas.
 Las feministas, a menudo, son muy misóginas.
 Por ejemplo, aunque hiciera mucho por la causa de las mujeres, podemos decir que Simone de Beauvoir fue misógina. 
No le gustaba lo que constituye la especificidad del sexo femenino en todas las especies mamíferas. 
A mí me parece que esa voluntad de que el ser humano sea pura conciencia racional forma parte de lo que nos está llevando al fin del mundo, a nivel ecológico.
 Deseamos dominar la vida de principio a fin, y es imposible hacer eso.
P. ¿En qué son distintas las mujeres?
R. Cuando una mujer se integra a un dominio este cambia.
 Por ejemplo, cuando un Gobierno es menos masculino siempre se transforma. 
Al principio, para que las mujeres fueran aceptadas como iguales tuvieron que demostrar que eran idénticas a los hombres.
 Una vez instaladas en el poder han logrado exhibir valores que tradicionalmente no han demostrado tener los hombres. 
Lo hemos visto con Angela Merkel respecto a Margaret Thatcher o Golda Meir.
P. Apoya el #MeToo y, a la vez, es crítica en algunos aspectos. ¿Qué no le convence?
R. El debate sobre el género ha tomado el lugar que en otro tiempo tuvo el marxismo. 
Igual que con el marxismo, se adoptan posturas ortodoxas.
 Para que las cosas cambien, los hombres deben liberarse tanto como las mujeres. 
Está muy bien luchar contra las agresiones sexuales, pero hay que ir más allá. 
Las mujeres somos corresponsables de la violencia masculina, porque seguimos esperando de los hombres que sean fuertes y que nos defiendan. 
Si queremos una sociedad igualitaria, ¿por qué no hay mujeres en el frente de guerra?

P. Fue una de las pocas intelectuales que criticaron a Charlie Hebdo tras el atentado islamista de 2015.
 Para usted, ¿la libertad de expresión tiene límites?
R. El atentado contra Charlie Hebdo fue horrible y nos desgarró una parte del alma, aunque yo no llevase a esa revista en mi corazón por razones feministas, precisamente… Siempre la he encontrado sexista y homófoba. 
Pero el problema de Charlie Hebdo no tuvo que ver con la libertad de expresión, me pareció un error insistir en eso.
. No se puede pedir a los terroristas que respeten la libertad de expresión.
 Se la debemos pedir a las leyes y a los gobiernos. Charlie Hebdo la tuvo y la utilizó, de una manera que yo desapruebo. Me impactaron mucho las caricaturas antiislamistas, que me parecen tan violentas como los dibujos antisemitas en la Alemania de los años treinta. Cuando nos dicen que Charlie Hebdo también se ríe de los católicos y los judíos, yo respondo que no es lo mismo reírse de una población oprimida que de quienes tienen el poder. No digo que esté bien y nunca diré algo tan atroz, pero hay que darse cuenta de que la palabra y el dibujo también son actos. P. ¿Lo que dice es que hay que saber usar bien esa libertad de expresión?
R. La cuestión que nunca nos planteamos es quién tiene derecho a ella.
 ¿Quién se expresa y quién tiene acceso a los medios que permiten expresarse? 
Por ejemplo, todos los órganos de prensa han estado en posesión de hombres desde hace siglos. 
Su libertad de expresión consistía en presentar a las mujeres como putas. 
Eso ha influido en las mentalidades y en la educación de los niños. Mi hijastro, cuando tenía 4 años, me preguntaba por qué las mujeres siempre se estaban desnudando, porque en los kioscos solo veía a mujeres ligeras de ropa.
 Con la población del Magreb o de Oriente Medio sucede lo mismo: su representación refuerza los prejuicios existentes.
P. De un tiempo a esta parte dice que ha dejado de creer en la utilidad de la ficción. ¿Por qué?
R. Estoy menos convencida sobre su utilidad política. 
Me sorprende su elitismo.
 La literatura no debe convertirse en el opio de la élite.
 Los escritores debemos salir de nuestros despachos y bajar a la calle. 
Estamos destinados a cambiar nuestro modo de vida en los próximos años.  
  Cada cual debe decidir qué proporción de su tiempo y energía consagra a una obra literaria, ya sea para leerla o para crearla, y qué parte dedica a su deber de ciudadano. P. Para usted, ¿el bien y el mal existen?
R. Nunca he creído en el bien y el mal. 
No sé lo que son. Hay que tener un espíritu un poco religioso para creer en ellos.
 El bien y el mal emanan de nuestros juicios, porque estamos obligados a tener un sistema de justicia con prohibiciones.
 Pero debo decir que casi nunca me sirvo de esos conceptos en mi vida personal…

 

‘Crónicas de los Cazalet’: comedia humana de la cotidianeidad

‘Todo cambia’, de Elizabeth Jane Howard, completa la pentalogía, una de las más seductoras series de novelas de la literatura inglesa.

 
 
La escritora Elizabeth Jane Howard, en Londres en 1962. 
La escritora Elizabeth Jane Howard, en Londres en 1962.  Evening Standard / Getty Images
Con la publicación este año del último volumen de las Crónicas de los Cazalet, Todo cambia, queda completa la publicación en castellano de una de las más poderosas y seductoras series de novelas concebidas en el seno de la literatura inglesa contemporánea. 
Su autora, Elizabeth Jane Howard (1923-2014), se inició en la literatura en 1947, tras unos primeros intentos de ser actriz y modelo.
 De su amplia obra, esta pentalogía es sin duda su obra maestra, que obtuvo un éxito extraordinario de público y cuyos dos primeros volúmenes fueron adaptados a la pequeña pantalla por la BBC.
Los Cazalet son una familia que se extiende a lo largo de tres generaciones.
 Los conocemos en 1937, cuando comienza el primer volumen, y se despiden en la Navidad de 1958.
 Lo que sucede entre esas fechas es una prodigiosa exposición del desarrollo de la sociedad inglesa a través del extenso vínculo familiar iniciado por una pareja, el Brigada y la Duquesita.
 La historia empieza significativamente en Home Place, la residencia de verano de la pareja fundadora con sus cuatro hijos, esposas y nietos: un reducto de intimidad y afecto donde se han empezado a superar las dolorosas consecuencias de la I Guerra Mundial en los adultos y donde comienza inocente y alegremente a vivir la primera generación de nietos.
 A lo largo de la serie iremos conociendo los cambios de mentalidad, sociales, personales y económicos, de todos los integrantes del clan y sus servidores, la dificultad de afrontar y entender las nuevas formas de vida y, sobre todo, el paso de un clan familiar a la búsqueda de la vida por parte de todos ellos,unidos por el afecto y disgregados por sus vidas personales y el signo de los tiempos.