Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 ago 2016

El otoño de las librerías..................................................................... Juan Tallón

Borges, Bolaño, Álvaro Pombo, Rosa Montero, Henning Mankell... Un repaso a los lanzamientos literarios de la nueva temporada.

Muchas historias empiezan al final del verano, cuando las librerías se llenan de novedades literarias, y el choque provoca reencuentros, grandes acontecimientos, y a veces inesperados hallazgos.
 Una de esas sorpresas será El tango (Lumen), de Jorge Luis Borges, que agrupa cuatro conferencias dictadas en 1965, y que un emigrante gallego con un magnetófono grabó sobre cintas que estuvieron perdidas durante muchos años. 
Sin abandonar Argentina, septiembre empuja el segundo volumen de Los diarios de Emilio Renzi (Anagrama), álter ego de Ricardo Piglia.
 Las entradas abarcan el período 1968-1975, en unos años en los que el escritor empieza a desarrollar su carrera, y se cuelan sus viajes, amores o proyectos literarios, así como la historia de su país.
Habrá que esperar hasta noviembre para conocer el último milagro obtenido de entre los documentos que a su muerte dejó Roberto Bolaño.
 Esta vez el inédito se titula El espíritu de la ciencia-ficción, y su manuscrito estaba fechado en 1984.
 Ambientado en el México D. F. de los años 70, muestra ya algunas de las señas de identidad del Bolaño maduro, con personajes en busca de la revolución y la verdad. La novela se acompaña con la reedición de Los detectives salvajes y 2666, después de la mudanza a Alfaguara.
Fiel a Anagrama, Luisgé Martín regresa con El amor del revés, una novela autobiográfica sobre la asunción de su sexualidad, y el largo camino que va de la adolescencia a la madurez, salpicado de heridas y felicidad. Otra vuelta esperada es la de Elvira Navarro con Los últimos días de Adelaida García Morales (Literatura Random House), donde indaga en la personalidad de la autora de libros como El sur, recreando desde la ficción, en forma de falso documental, las jornadas que precedieron a su muerte.
 Agosto se va y se acercan Ernesto Pérez Zúñiga con No cantaremos en tierra de extraños (Galaxia Gutenberg), Berta Vias con La mirada de los Mahuad (Lumen) y Álvaro Pombo con La casa del reloj (Destino).
 En La carne (Alfaguara), su décimo quinta novela, Rosa Montero desmiga el paso del tiempo y el miedo a la muerte a través de una mujer que se asoma a los sesenta años.
 Julio Fajardo, por contra, busca reivindicarse con su segunda obra, Asamblea ordinaria (Asteroide), ambientada en la España de hoy y narrada a tres voces de otros tantos treintañeros que se quedan en paro, y a través de los que autor habla de una generación entera.
 
Muchas historias empiezan al final del verano, cuando las librerías se llenan de novedades literarias, y el choque provoca reencuentros, grandes acontecimientos, y a veces inesperados hallazgos. 
Una de esas sorpresas será El tango (Lumen), de Jorge Luis Borges, que agrupa cuatro conferencias dictadas en 1965, y que un emigrante gallego con un magnetófono grabó sobre cintas que estuvieron perdidas durante muchos años. 
Sin abandonar Argentina, septiembre empuja el segundo volumen de Los diarios de Emilio Renzi (Anagrama), álter ego de Ricardo Piglia. Las entradas abarcan el período 1968-1975, en unos años en los que el escritor empieza a desarrollar su carrera, y se cuelan sus viajes, amores o proyectos literarios, así como la historia de su país.
Habrá que esperar hasta noviembre para conocer el último milagro obtenido de entre los documentos que a su muerte dejó Roberto Bolaño. Esta vez el inédito se titula El espíritu de la ciencia-ficción, y su manuscrito estaba fechado en 1984. Ambientado en el México D. F. de los años 70, muestra ya algunas de las señas de identidad del Bolaño maduro, con personajes en busca de la revolución y la verdad. La novela se acompaña con la reedición de Los detectives salvajes y 2666, después de la mudanza a Alfaguara.
Fiel a Anagrama, Luisgé Martín regresa con El amor del revés, una novela autobiográfica sobre la asunción de su sexualidad, y el largo camino que va de la adolescencia a la madurez, salpicado de heridas y felicidad. Otra vuelta esperada es la de Elvira Navarro con Los últimos días de Adelaida García Morales (Literatura Random House), donde indaga en la personalidad de la autora de libros como El sur, recreando desde la ficción, en forma de falso documental, las jornadas que precedieron a su muerte. 
Agosto se va y se acercan Ernesto Pérez Zúñiga con No cantaremos en tierra de extraños (Galaxia Gutenberg), Berta Vias con La mirada de los Mahuad (Lumen) y Álvaro Pombo con La casa del reloj (Destino). En La carne (Alfaguara), su décimo quinta novela, Rosa Montero desmiga el paso del tiempo y el miedo a la muerte a través de una mujer que se asoma a los sesenta años.
 Julio Fajardo, por contra, busca reivindicarse con su segunda obra, Asamblea ordinaria (Asteroide), ambientada en la España de hoy y narrada a tres voces de otros tantos treintañeros que se quedan en paro, y a través de los que autor habla de una generación entera.
 
Cuando llega la luz de Clara Sánchez, La hora de despertarnos juntos de Kirmen Uribe, Como los pájaros aman el aire de Martín Casariego, Los buenos amigos de Use Lahoz, o Patria de Fernando Aramburu son algunos de los títulos que enriquecerán la oferta de la ficción española.
La narrativa extranjera se expande en múltiples direcciones. Elizabeth Strout, que en 2009 había obtenido el Pulitzer por su novela Olive Kitteridge, retorna con Me llamo Lucy Barton (Duomo), un pulso narrativo en el que ahonda en los conflictos familiares desde la habitación de un hospital en la que madre e hija, tras muchos años sin verse, hablan sin descansado durante cinco días y cinco años, hurgando en las cicatrices. 
En un registro muy distinto, que le valió el Pulitzer de este año, William Finnegan da salida en Años salvajes (Asteroide) a su obsesión por el surf, escribiendo al mismo tiempo una novela de aventuras y aprendizaje, que lo lleva de las playas de California a las de Asia y Oceanía. La costa este de los EE.UU. forma parte de los escenarios de Las chicas (Anagrama), de Emma Cline, quien ahonda en los peligros de crecer a los que se enfrenta una adolescente a finales de los años 60, insatisfecha con su vida y ansiosa de libertad.
La novela francesa estará representada por Mathias Enard, autor de Brújula (Literatura Random House), con la que obtuvo el Premio Goncourt, y Emmanuel Carrère, del que Anagrama recupera Bravura, su segunda novela. 
Más al norte, Henning Mankell nos lega póstumamente Botas de lluvia suecas, donde su protagonista sobrevive al incendio de su casa, y a la vez que lo pierde casi todo, lo obtiene, adentrándose en una nueva vida en la que redescubre sentimientos que creía perdidos.

En Inglaterra, si el año pasado fue el turno Martin Amis, Ian McEwan y antes del verano de Julian Barnes, ahora le toca a Kazuo Ishiguro con El gigante enterrado (Anagrama). 
De vuelta a la literatura estadounidense, dos mentes lúcidas e inquietas como Margaret Atwood y Joyce Carol Oates agitarán el trimestre.
 La primera firma El corazón es lo último que se va (Salamandra), con la que otra vez lleva a la novela americana por senderos insospechados, a partir de la relación de una pareja obligada a tomar riegos para superar problemas económicos.Con más de cincuenta novelas, Oates propone en Rey de picas (Alfaguara) una obra sobre oscuros secretos, en este caso los de un autor que vende millones de ejemplares, y que un día decide escribir un libro inesperado, impropio de él, que amenaza con destruir su vida perfecta.

Cheryl Strayed urde en La vida que nos lleva (Roca) un relato también sobre existencias seguras y felices de pronto sacudidas por la adversidad, cuando a la protagonista le anuncian que le restan pocos días de vida y todo a su alrededor parece naufragar.
 Al borde del hundimiento están los dos protagonistas –un ex combatiente de la guerra de Irak y una inmigrante musulmana– de Preparación para la próxima vida (Sexto piso), de Atticus Lish, el hijo del mítico editor Gordon Lish.
 Es su primera novela, que aparecerá unas semanas antes de Aquí estoy (Seix Barral), de Jonathan Safran Foer, que acaba un silencio literario que duraba diez años.
En el apartado de los libro duros va a estar Tan poca vida, (Lumen) de la californiana Hanya Yanagihara.
 Bajo una novela sobre amigos neoyorquinos emerge una historia de maltrato sexual, que se erigió como finalista del Man Booker Prize y del National Book Award en 2015. Los medios estadounidenses la citaron como una de las mejores del año junto a Entre el mundo y yo de Ta-Nehesi Coates, que ahora recupera Seix Barral, y La invención de la naturaleza, la biografía de Alexander von Humboldt escrita por Andrea Wulf y publicada e Taurus.

En este género, los próximos meses dejarán títulos como Born to run (Literatura Random House), donde Bruce Springsteen se reivindica como narrador y viaja hasta los días en los que sintió el implacable deseo de ser músico.
 No estará solo. Patti Smith, que a menudo aseguro que nunca quiso ser cantante, sino escritora, publica M Train (Lumen). Chrissie Hynde, líder de Pretenders y expareja de Ray Davis, legendario cantante de los Kinks, ilumina en A todo riesgo (Malpaso) unas memorias del rock y las drogas.
 Distinto, pero musical, sonará Toca el piano, el último libro de James Rhodes (Blackie Books). Al fin se podrá leer Woody Allen, la biografía, de David Evanier (Turner).
 María Hesse, por su parte, desentraña la vida de Frida Khalo (Lumen). La editorial Alba alumbrará una de esas lecturas delicadas e íntimas con los Diarios completos de Sylvia Plath.
En el campo del ensayo, Gilles Lypovetsky volverá a posar su mirada sobre el presente, con De la ligereza (Anagrama). Círculo de Tiza apuesta por Félix de Azúa y sus Nuevas lecturas compulsivas. De la estupidez a la locura, de Umberto Eco, enjugará la ausencia del pensador italiano. 
En poesía, continúan las apuestas por voces jóvenes, como la de Espasa con Óscar García Sierra y su Houston, yo soy el problema, a la vez que se recuperan clásicos como Cuatro cuartetos (Lumen), de T.S. Eliot, o la poesía completa de José Lezama Lima (Sexto piso) o Alejandra Pizarnik (Lumen).
En el ámbito de la crónica, el lector se reencontrará con la premio Nobel Svetlana Alexiévich, que en Últimos testigos recoge los testimonios recabados en los años 80 entre los que fueron algunos de los miles de niños que sobrevivieron en Bielorrusia a la segunda guerra mundial.
 Malpaso recupera Masacre, de Mark Donner, un clásico de la crónica sobre la guerra sucia en El Salvador, cuando soldados nacionales entrenados por el ejército de Estados Unidos mataron a centenares de mujeres, hombres y niños. 
Las reporteras Noemí López Trujillo y Fanny Vasconcellos firman Volveremos (Libros del KO), una crónica sobre los emigrantes de la crisis.
El fin del verano trae consigo el nacimiento de nuevas editoriales. Wunderkammer se estrena recuperando Lo que dicen las mesas parlantes, de Víctor Hugo, y Los raros, de Rubén Darío, que retrata a sus poetas favoritos.
 Armaenia da continuidad a su proyecto con Una constelación de fenómenos vitales, de Anthony Marra, mientras que Hurtado y Ortega da voz a Paco Loco, músico y productor musical, y autor de Cómo no llevar un estudio de grabación.
 Rata Editorial inicia su andadura con La vegetariana, de la surcoreana Han Kang, premio Man Booker Internacional 2016.



 

¿Cuál es la mejor canción sobre el espacio?..........................................................Javier Bilbao

En días como estos, con los medios hablándonos del hallazgo de planetas parecidos al nuestro, qué inspiradoras y memorables siguen siendo aquellas palabras del alcalde de Sevilla: «Es fundamental que haya astronautas, porque qué sería de nosotros los astronautas si no nos dijeran los astrólogos o los astrónomos cómo son las cosas, qué es lo que nos podemos encontrar allí, en el más allá. 
O qué podríamos desarrollar nosotros los que estamos allí, los que nos pisamos el suelo de la realidad de las cosas
. Qué sería de nosotros si no existieran los astrónomos y los astrólogos».
 Tal vez pronunciadas en un momento en el que su mente viajaba muy rápido por el espacio-tiempo, solo cabe añadir que además de astronautas, astrónomos y astrólogos, no deberíamos dejar de mencionar a los músicos.
 Qué sería de nosotros sin todas aquellas canciones que nos hablan de viajes siderales, alienígenas y planetas lejanos que prometen ser un segundo hogar.
 Así que allá va nuestra selección para que voten o la amplíen con los temas que prefieran.

«Echoes», de Pink Floyd
Existe el rumor de que Kubrick tanteó en su día a Pink Floyd para trabajar en la banda sonora de 2001
 Tres años después del estreno de la película la banda publicó «Echoes», y como su duración es similar al cuarto y último acto, «Júpiter y más allá del infinito», entonces hubo quienes ataron cabos y quisieron ver en ella una banda sonora no oficial.
 Juzguen ustedes si la música se adecúa tanto a cada escena como algunos dicen. 
En cualquier caso la letra habla de olas y cuevas de coral, pero a partir del minuto doce comprendemos que en realidad ese océano es de otro planeta, el nuestro no suena así.
«No Time For Caution», de Hans Zimmer
Al final Kubrick se decantó por la música clásica con un resultado sorprendentemente bueno. 
Tal vez sea el tipo de música ideal para evocar la armonía y eternidad que nos inspira una noche estrellada.
 Así que cuando a Hans Zimmer le encargaron la banda sonora de Interstellar tuvo la genial idea de ir al órgano de la iglesia del Temple en Londres; no se puede imaginar mejor instrumento para acompañar imágenes de agujeros negros y naves estallando en pedazos.
 De hecho también ha habido quien ha sincronizado esta música con el citado acto de 2001.

«La nave estelar», de Juan Perro
Si hablamos de Interstellar no podemos dejar pasar este tema de Santiago Auserón, que en contra de lo que pueda parecer no es que esté fuertemente inspirado en ella, pues se publicó tres años antes de su estreno.
 Y a su vez la película tampoco se basó en la canción pues su producción comenzó unos cuantos años antes. A veces simplemente las grandes mentes trabajan de forma simultánea.

«’39», de Queen
No queremos darles más la lata con esta película ¿pero qué podemos hacer si todas las canciones hablan de ella?
 Como recordarán, una parte fundamental de la trama aborda la dilatación del tiempo según el observador, una idea que nos resulta contraintuitiva pero que es fundamental en la teoría de la relatividad y hace posible que el padre llegue a ver a su hija como si fuera su abuela al regresar del viaje espacial. 
Eso es exactamente lo que se describía aquí: «For so many years have gone though I’m older but a year / Your mother’s eyes from your eyes cry to me».
 Teniendo en cuenta que el guitarrista Brian May es doctor en astrofísica sabían bien de lo que hablaban al componerla.

«Supernova», de Liz Phair
Bueno, solo una más.
 Si en Interstellar nos terminan colando que el amor es la quinta dimensión… ¿no funciona mucho mejor como metáfora una supernova, como propone Liz Phair?

«Calling Occupants of Interplanetary Craft», de Klaatu
Este grupo canadiense formado en los setenta se hizo llamar por el nombre del alienígena protagonista de Ultimátum a la Tierra, lo cual ya era un buen indicio de por dónde iban sus intereses.
 Por si alguien no lo tenía aún claro publicaron este tema sobre el contacto telepático con los extraterrestres, «we are your friends» les dicen.
 Viendo la clase de gente que más empeño pone en contactar con ellos final no es de extrañar que nos rehuyan, con tales emisarios los humanos debemos tener una fama malísima allá por el espacio.


«Intergalactic», de Beastie Boys
Por bien intencionados que sean esos mensajes no garantizan una respuesta equivalente, el espacio es también el lugar del que provienen la mayoría de las amenazas para la ciencia ficción.
 Es el caso de este enorme robot llegado de Urano para sembrar el terror en un vídeo magnífico, todo un homenaje a las películas japonesas de monstruos gigantes o Kaiju.


«Space Monkey», de Patti Smith
Hay bastante consenso en que aquí la madrina del punk, si habla del espacio, es de forma metafórica. Más que nada del mundo como un espacio a rebosar de violencia social. Pero es Patti Smith y en la canción salen monos y ovnis con forma de plátano brillante, no la podemos pasar.


«Space Oddity», de Chris Hadfield & David Bowie
Ya que incluir este tema era inevitable, permítannos al menos que sea en la versión del comandante Chris Hadfield
Se puede discutir si resulta mejor en el aspecto musical que la de Bowie, pero desde luego el lugar de grabación es insuperable…

http://www.jotdown.es/2016/08/la-mejor-cancion-espacio/
Para que puedas oir más y votar entra en esa página.

El último hallazgo de Kate Middleton................................................... María Contreras

Barbara Casasola ha conquistado a la duquesa de Cambridge, entre otras, con su estética minimalista y sensual.


La duquesa de Cambridge en el Museo de Historia Natural de Londres, el pasado 7 de julio. Getty Images
Cuando el pasado 6 de julio la duquesa de Cambridge acudió a una gala en el Museo de Historia Natural de Londres para entregar el premio de la organización Art Fund al mejor museo del año, su atrevida elección de atuendo, un vestido ceñido al cuerpo con detalle de finas rayas transparentes y hombros al descubierto, fue saludada por Vogue América como "el look más a la última que ha llevado nunca". 
La autora de la comentada pieza es una diseñadora brasileña afincada en Londres llamada Barbara Casasola.
 Y como ya es norma con cada prenda que luce Middleton —el fenómeno tiene hasta su propio título: el efecto Kate—, el vestido, de nombre Tribal, con un precio original de 1.850 euros y perteneciente a la colección de primavera-verano 2016 de la firma, ya no aparece disponible ni en su página web ni en ninguna de las boutiques multimarca en línea (entre ellas, Net-a-Porter o Moda Operandi), en las que Casasola comercializa sus diseños.
Con un estilo que ella misma ha definido como "discreto y sensual", y sus raíces brasileñas —de la arquitectura modernista a los paisajes o la historia del país— como principal motivo de inspiración, tras presentar apenas seis colecciones esta creadora, de 32 años, se ha convertido en una de las estrellas emergentes en la escena de la moda británica.
 Algo que, según ha explicado, tiene que agradecerle a su abuela, costurera de profesión, que sembró en ella la semilla de una vocación tan temprana que de niña ya cosía sus propios vestidos a las muñecas.
 A los 19 años, Casasola viajó a Londres para estudiar un curso en Central St. Martins, y de allí se trasladó a Milán, donde, años después, se graduaría primera de su promoción en el prestigioso Istituto Marangoni. 
Tras trabajar para Roberto Cavalli en Florencia o colaborar con firmas como Lanvin o See by Chloé en París, Casasola decidió regresar a Londres para lanzar desde allí su propia firma.
 En unos pocos meses ya desfilaba en su Semana de la Moda. 

La duquesa de Cambridge en el Museo de Historia Natural de Londres, el pasado 7 de julio. Getty Images

La diseñadora Barbara Casasola. Getty Images
Su marca, que se ubica en el segmento del lujo discreto y tiene como seña de identidad una estética depurada que no renuncia a la feminidad, se caracteriza por el uso de materiales de calidad y la confección artesana de las prendas.
 Sus colecciones se fabrican por entero en Italia siguiendo criterios éticos, y la creadora hace bandera de la transparencia en la industria de la moda garantizando la trazabilidad de todos sus proveedores.
Casasola fue finalista de los premios Who's on Next Italia en 2012, fue invitada a desfilar en la feria de moda de hombre Pitti Uomo en 2014, y recibió el premio a la mejor firma emergente en los premios WGJN en 2015.
 Además de esos reconocimientos, también ha contado con el apoyo de algunas de las figuras más influyentes de la moda; Anna Wintour visitó su showroom cuando acababa de lanzar su firma, y Carine Roitfeld incluyó algunas de sus primeras piezas en su revista CR Fashion Book.

 La duquesa de Cambridge (o, más probablemente, su asistente personal reconvertida en estilista, Natasha Archer) no es la única celebridad que ha puesto sus ojos sobre las deseables piezas de la brasileña.

 En 2013 otro miembro de la familia real inglesa, Lady Helen Taylor, impactó con un diseño suyo en las carreras de Ascot. 

La actriz ganadora del Oscar Alicia Vikander ha vestido de Casasola en multitud de ocasiones, y Gwyneth Paltrow, Rita Ora, Toni Garnn o Solange Knowles también se cuentan entre sus admiradoras.

 Todas ellas se ajustan a la perfección al tipo de mujer "moderna e internacional", a quien la creadora afirma dirigirse. 

Y puede que el próximo 17 de septiembre, cuando Casasola presente sobre la pasarela londinense su colección de primavera-verano 2017, alguna esté eligiendo desde la primera fila el próximo vestido de sus sueños.

El respeto debido a los que acabaron con ETA......................................................... Juan Cruz

España vivió también medio siglo de ignominia, y al final el Estado derrotó al terrorismo.

Atentado de ETA a los almacenes Hipercor, en Barcelona en 1987.
El mundo entero celebra, con generosidad y justicia, la paz que se abre paso en Colombia, tras la firma del acuerdo entre las FARC y el Gobierno de Santos, zaherido por los que esperan tacharlo en el referéndum de octubre. 
Pase lo que pase en ese momento histórico, fuerzas sociales y políticas colombianas y del resto del universo ya se han felicitado por la voluntad de diálogo que el Estado colombiano ha mostrado frente a la mayor amenaza que para la libertad y la vida ha ocurrido nunca allí.
 Medio siglo de pérdidas humanas, de desplazamientos, de extorsión, está detrás de ese acuerdo que ha abierto el camino de la paz.
En otras circunstancias, España vivió también medio siglo de ignominia terrorista, y al final el Estado ganó la partida, derrotando a ETA y obligándola a cerrar esa compuerta de sangre y de sufrimiento con la que decía defender la libertad del pueblo al que sojuzgaba con el terror. 
Fue sobre todo el ejercicio democrático de la política el que al fin puso a la organización terrorista cara a su propia desvergüenza: enarbolaba la bandera de la libertad para su pueblo, pero iba contra su pueblo.
 Quedan aún flecos del pasado de ETA, pero ya no existe sino en la sugestión de quienes querrían menos democracia.
En este tiempo en que se celebra, con justicia, el final del proceso colombiano, y que se ensalza lo que ha hecho el Estado de ese país para recuperar la paz, hay que llamar la atención sobre la poca consideración que se ha tenido en España por aquellos que consiguieron al fin que aquí se acabara con ETA. 
Se ha silenciado tanto ese mérito que parecería que esta anomalía antidemocrática de nuestra historia desapareció como por ensalmo. Y fue el Gobierno de Zapatero, su presidente y su ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, los que emprendieron, en medio de la incomprensión y la ingratitud de los que habían intentado lo mismo sin éxito, ese episodio final.
 Extraña, en este país tan conmemorativo, que ni siquiera en los momentos en que esto resulta adecuado se recuerde que, en efecto, fue el Estado, y fueron esos representantes elegidos del Estado, los que hicieron posible que este país, Euskadi y toda España, viviera en paz, con la libertad que garantiza la democracia.
Como decía un título bien adecuado de Julio Cortázar, “no se culpe a nadie” de este olvido, pero téngase en cuenta. 
A Rubalcaba —y a Zapatero— le culparon de todo los que han tenido cuidado de pasar de puntillas por estos méritos. 
En concreto, el que fue ministro del Interior, quizá el más insultado de los políticos de la democracia, volvió a su puesto en la Universidad Complutense, sigue enseñando química orgánica y todavía no tiene ni un átomo del reconocimiento que le alivie de los denuestos que le lanzaron.
 Es justo hacer que esta memoria no sea tan solo el regocijo que Zapatero, Rubalcaba y su equipo deben sentir, legítimamente, por el deber de servicio público cumplido.