Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

21 ago 2016

La razón de ser un «Viva la Virgen»

Así se llamaba al marinero más torpe que, al formar, cerraba el recuento de las guardias con este grito.

 

ABC
 
Cualquiera que se haya enfrentado a la ardua tarea de explicar a un extranjero que aprende nuestro idioma por qué se dice de alguien despreocupado que es un «Viva la Virgen» habrá apreciado cómo su rostro muda de la curiosidad a la total incomprensión. 
Porque no resulta fácil de entender si no se conoce la historia de esta popular frase hecha que ha pasado a acuñarse en un solo término "vivalavirgen" en el diccionario de la Real Academia.
«Llámase a bordo ¡Viva la Virgen! al marinero conceptuado más torpe de la tripulación», contaba Fernando Villamil en su Viaje de circunnavegación de la corbeta "Nautilus"» (1895). 
El ilustre marino explicaba que el nombre provenía «de que, antiguamente, al formar la marinería para cantar el número de las guardias, uno, dos, tres, cuatro, etc, el que tenía el último número, en vez de contarlo, cerraba la cuenta con un "¡viva la Virgen!».
«El comandante de la Armada y escritor folklorista José Gella Iturriaga me ha comprobado esta versión como verdadera», aseguraba José María Iribarren en «El porqué de los dichos» antes de añadir que «efectivamente, el último en la formación decía ¡Viva la Virgen! y se aplicó luego este apodo al descuidado, al que siempre llegaba tarde a formar, al último en acudir a la llamada».

¿Aviso de ataques piratas?

Existe, sin embargo, otra explicación del origen de este dicho que lo data de la época en que los españoles tuvieron que armar a los indígenas en América para defenderse de los ataques de los piratas ingleses y holandeses, según explica Iribarren, que le otorga sin embargo poco crédito. El grito de ¡Viva la Virgen! era la señal convenida para alertar de las incursiones piratas, pero como no eran frecuentes, los indios se pasaban meses en sus puestos de vigilancia tumbados a la bartola y pasaron a ser llamados los ¡Viva la Virgen! y por extensión se aplicó después el calificativo a los indolentes.
Miguel Fernández Garmón lo explica así en «Con la cruz y los faroles. Orígenes y picaresca del dicho religioso» (1986): «Endilgamos este singular sambenito al hombre indolente y tranquilón a quien le da los mismo un roto que un descosido; no se inmuta por nada.
 Eso era, más o menos, lo que les pasaba a los indios motilones que los españoles tuvieron que improvisar como soldados para defender las tierras conquistadas de la piratería inglesa. "Viva la Virgen" era el grito de guerra con que los indios debían alertar de la presencia enemiga a la población.
 Pero como a aquellos indios les daba lo mismo que les saqueara España que la pérfida Albión, hacían las imaginarias dormidos bajo los cocoteros como angelotes de retablo; y cuando querían darse cuenta y gritaban el santo y seña, ya los piratas habían entrado como por viña vendimiada y se habían llevado el oro y el moro».
Ser un vivalavirgen tenía antiguamente un significado muy distinto.
 Se llamaba así al hombre sencillo y candoroso, al tonto. «Nació quizá el modismo de que un inocente exclamaría a cada paso, viniese o no a cuento: ¡Viva la Virgen!», apunta Luis Montoto en «Un paquete de cartas».

""Por los cerros de Úbeda como excusa"" Dichos populares

Una leyenda cuenta que así respondió Alvar Fáñez «El mozo» al Rey cuando éste le preguntó dónde había estado en lugar de acudir a rendir la ciudad.

Juan de la Cruz Moreno Balboa/Turismo de úbeda
 

 

¿Por qué de todos los parajes en los que uno puede perderse son los cerros de Úbeda los escogidos para divagar o extraviarse?
 Quizá porque, como decía Antonio Machado, «cerca de Úbeda la grande, cuyos cerros nadie verá, me va siguiendo la luna, sobre el olivar».
No hay quien visite esta ciudad de Jaén declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2003 sin preguntar por sus famosos «cerros», cuando éstos no son más que una «engañosa ironía andaluza que hace "picar" al más docto», según aseguraba Manuel Barrios
El autor de «Modismos y coplas de ida y vuelta» (1982) aclaraba que «Úbeda no tiene cerros».
Fuentes de Turismo del Ayuntamiento de la ciudad replican que «Úbeda está en un cerro y hay cerros en sus alrededores
. Lo de los cerros es verdad», aunque desde el Archivo Histórico Municipal precisan que «es imposible perderse en ellos porque es una zona muy alomada y Úbeda se ve desde 60 kilómetros de distancia».
Imposible o no, a estos cerros cuentan que se refirió Alvar Fáñez, «el Mozo» cuando hubo que responder ante Alfonso VIII. 
El rey castellano se disponía a apoderarse de Úbeda, animado por la victoria lograda en las Navas de Tolosa
 Había cercado la ciudad y encomendado a este caballero la vigilancia del flanco sur. Alvar Fáñez, que quizá fuera descendiente del famoso compañero de El Cid, se distrajo de sus funciones con una bella mora faltando a su deber.
 Cuando el Rey le reprochó su ausencia y le preguntó dónde había estado, la respuesta del caballero fue: «Por esos cerros, señor». «Sin dar en la cuenta de que ellos no existían», añadía el historiador Rafael Gallego Díaz en 1959.

Refranes y dichos " Salga el sol por Antequera"............................................mónica arrizabalaga

La leyenda de Santa Eufemia ha acompañado desde 1410 a este dicho cuyo origen hay quien data en la posterior toma de Granada.

Salga el sol por Antequera -«y póngase por donde quiera», como se completa el dicho- es tanto como decir que a uno le da igual una cosa que otra, o que uno está determinado a llevar a cabo su plan, aunque suceda lo imposible, como que el sol aparezca por el oeste. Porque Antequera se encuentra al poniente de Granada, donde acampaban las tropas de los Reyes Católicos en los últimos meses de 1491.
En este momento de la Reconquista, durante la toma de Granada, ubica el origen de la expresión Luis de Granada en la revista «Alrededor del mundo» en 1899 y recoge José María Iribarren en «El porqué de los dichos». «La frase es, pues, irónica, y equivale a: 'Salga el sol por donde quiera'», concluía el académico de la RAE y de la Real Academia de la Historia.
Una leyenda se remonta aún más en la Reconquista, hasta el 16 de septiembre de 1410, fecha en la que don Fernando «el de Antequera» conquistó la ciudad a los musulmanes. Antonio J. Guerrero Clavijo contaba en un artículo que recoge la web de la Diócesis de Málaga cómo era costumbre cristiana celebrar una Eucaristía al conquistar una localidad y, dentro de ella, elegir al patrón, al alcaide y su escudo de armas.
 «Se invocó al Espíritu Santo y se introdujeron en una urna los nombres de los santos que la Iglesia celebra el día 16 de septiembre» y «salió por designio divino, por tres veces consecutivas, el nombre de Santa Eufemia», relata Guerrero Clavijo. 

Fue entonces cuando Don Fernando desveló que se trataba de la joven que «se me apareció el 10 de abril de 1410 en mi campamento en Córdoba, cuando no sabía qué tierra conquistar, y se me apareció ella, rodeada de leones y ángeles y me dijo: "No temáis que nos salga el sol por Antequera y sea lo que Dios quiera"», según recogen las crónicas de Juan II.
Don Fernando dudaba desde su campamento en Córdoba sobre si conquistar Gibraltar, con lo que cerraría su entrada a posibles refuerzos procedentes de África; Xébar, una importante fortaleza en el camino a Málaga; o Antequera, centro neurálgico de las vías que llevaban de Sevilla a Granada, de Córdoba a Málaga, explica Ángel Guerrero en El Sol de Antequera.
Tras la aparición de la virgen y mártir de Calcedonia, el monarca castellano dirigió sus tropas al alba contra la ciudad, que conquistó antes de que se pusiera el sol el 16 de septiembre de 1410.
Fuera por esta leyenda o por la ironía posterior durante la toma de Granada, lo cierto es que Antequera figura desde la Reconquista en el mapa de los refranes.
 En el geográfico se encuentra a 45 kilómetros de Málaga por carretera y a sólo 13 kilómetros del singular paraje del Torcal, un impresionante fenómeno de erosión de roca caliza.

 

Pequeña preocupación estética........................................................................ Boris Izaguirre


Ben Affleck en el estreno de 'Escuadrón Suicida' en Londres. Cordon press
 
Estoy casi más preocupado por la operación estética de Ben Affleck que por la fecha del debate de investidura. Creo que no va a resultar bien.
 En política no hay nada fácil, en una operación estética masculina, tampoco.
 Al parecer, la barba contribuye a esa dificultad porque es como una segunda piel.
 Cuando estiras, el vello facial es como una posidonia (ese alga que crece en Baleares y le da ese color tan especial al mar) que entorpece la acción del bisturí. 
Por ello, a los caballeros los tensan más por los pómulos que por el lateral. Es sorprendente porque, generalmente, a los varones-varones, como Affleck o Matt McConaughey, no siempre les queda bien: la barba no coopera.
La testosterona tampoco colabora, como Rajoy que ninguneó el ofertón de Rivera pero terminó aceptándolo. ¿Estuvo bien pensárselo tanto, Mariano?
 Más vale pájaro en mano que ciento volando. Ahora bien, no hay que gritar catástrofe porque eso es de pésima educación y falta de deportividad ante una mala operación. Porque lo que puede salvar eso es otra intervención más adelante.
 Yo, como todo el mundo estos días, apelo al patriotismo y le digo a Affleck que tiene que venir a España a operarse, donde hay estilo, experiencia y en este momento buenas ofertas.

Era niño cuando Elvis Presley, a sus cuarenta años, dio un buen estirón. 
Elvis nunca se recuperó del abandono de Priscilla por su entrenador de kárate, de hecho en sus últimas actuaciones podía estar 15 minutos haciendo confusos movimientos marciales mientras su orquesta seguía y seguía tocando. En tal estado se convenció en la década de los setenta que tenía que estirarse para recuperar su imagen de los años cincuenta, uno de los errores más comunes a la hora de cambiarte el rostro.
 Hay que aprender que la cirugía no te va a hacer joven sino que va a aportar el rostro que tendrás hasta la próxima cirugía.
El hombre es difícil de educar.
 También se nota que el Marqués de Griñón podría haberse sometido a una intervención.
 Como la ha hecho en España, ha salido mejor parado que Affleck.
 Aparte de aristócrata, es una persona más prudente que el astro hollywoodense.
 Cada vez compruebo más que los tratamientos e intervenciones estéticas funcionan mejor en la gente con más sentido del humor.
 A algunos les ocurre eso que Bibiana Fernández explicó: “La cirugía plástica puede sacar a relucir la persona que realmente eres”.
Los Juegos Olímpicos de Río intentaron ser un lifting para Brasil y al final han sido una revalidación para EE UU como potencia olímpica y televisiva.
 La NBC, encargada de retransmitir los Juegos en el país campeón, jamás coloca sus cámaras delante de deportistas de otras delegaciones, las entregas de medallas solo existen en el momento que los atletas estadunidenses reciben su oro y crees que el único himno que existe en el mundo es el suyo.
 Tanto es el protagonismo de los americanos, que una mala borrachera de sus nadadores, que hicieran pasar por asalto, puede convertirse en una crisis internacional.
 
Río es muy inseguro.
 Pero un atleta olímpico convertido en estrella, también. Y quizás más. Sino miren cómo Bruce Jenner terminó siendo Caitlyn. La NBC ha convertido los Juegos en un reality como la vida de las Campos en Tele 5. 
Todos los atletas tienen una historia personal intensa, que a los realities es lo mismo que sangre para los vampiros.
 En cada disciplina, todos aportan su historia repleta de sufrimientos, padres alcoholizados, madres maltratadoras, paso por las drogas, vida en las calles.
 ¡No sabes qué hace llorar más, lo que se cuenta del atleta o su triunfo olímpico! 
 Mi primer ídolo olímpico, Nadia Comanecci, tuvo una historia personal aparte de sus triunfos olímpicos, presuntamente obligada a ser "novia" del hijo del dictador Ceacescu y luego escapar a pie de Rumanía.
 No podíamos imaginar nada de eso cuando, de niños, la veíamos, niña también, dar vueltas y vueltas en las pruebas de gimnasia. 
Nadia se dio una vuelta por Caracas y fui a entregarle un oso de peluche en nombre de mi colegio. 
Decían que los amaba. Fui emocionado y ella recogió el peluche sin verlo, pasándoselo a una persona con olor a ensalada de patatas.
 En su biografía contó que esos regalos eran incinerados u olvidados en hoteles. Siempre que la veo pienso: "Nadia, devuélveme mi oso de peluche". 
En estos Juegos Olímpicos, que ya me pillan mayor, me tranquiliza verla en las gradas, convertida en una mujer rica, con un leve gesto de horror marcado en su rostro, la huella de todo lo que le costó ser niña prodigio y campeona olímpica pero con su toquecito de bótox bien administrado en los Estados Unidos.
 Por un momento entendí a Ben Affleck.