Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

25 nov 2019

Carolina Herrera, sobre las ‘influencers’: “No son el estilo de la moda. Son el estilo del dinero”

La diseñadora venezolana critica a las blogueras y su volatilidad en el mundo del diseño: "Se ponen lo que les den para el 'show' en ese momento".

Carolina Herrera, en octubre de 2019 en Madrid.
Carolina Herrera, en octubre de 2019 en Madrid. GTRESONLINE
Con muchos años de experiencia y una posición de reconocimiento en el mundo de la moda, Carolina Herrera se ha convertido en una figura de referencia. 
La diseñadora venezolana, instalada en Estados Unidos, ha abordado la irrupción de las influencers en el mundo de la moda durante la Latin American Fashion Summit, una cumbre sobre moda que se ha celebrado en Cartagena de Indias (Colombia).
 Y el sector no ha salido nada bien parado.
"Las influencers son algo que parece muy importante.
 Yo no lo entiendo mucho y voy a explicar por qué", explica Herrera durante uno de los coloquios organizados en este evento. "Para mí, no son el estilo de la moda.
 Son el estilo del dinero", ha apuntado, señalando que "ellas no tienen su estilo.
 Ellas se ponen lo que les den para un show".
Herrera, que en enero cumplirá 81 años, arrancaba su discurso con humor. 
"Yo les pregunto '¿Dime qué hora es?' y me dicen '¿Por qué me preguntas?' y digo '¿Es que por qué todas estas niñas están vestidas de noche?'
 Todas vestidas de tul, como con una tiara de brillantes, otra con un vestido largo... y son las diez de la mañana. 
Bien. Perfecto", decía Herrera ante las risas de la entrevistadora y el aplauso generalizado del público, vítores incluidos.
 "Estas supuestamente son las influencers que te van a ayudar a vender tus colecciones", reflexiona la modista. 
"Esas influencers salen del show y se cambian [de ropa] inmediatamente para meterse al show de Michael Kors, o de quien sea, y se van cambiando.
 No tienen su estilo. 
Se ponen lo que les den para el show en ese momento", explica Herrera, provocando de nuevo una gran ovación en la sala del teatro Adolfo Mejía de la ciudad caribeña. 
Carolina Herrera es una de las pocas firmas que no se ha sumado a esta tendencias de las influencers, sino que ha apostado por continuar su negocio de la manera tradicional, contratando a modelos para sus campañas.
La diseñadora decidió bajarse del que ha sido su negocio durante 37 años en febrero de 2018. 
"No me retiro, solo es un paso adelante. La decisión la he tomado yo sola", decía entonces la modista sobre su anuncio. Efectivamente:
 la casa sigue llevando su nombre y ella sigue inmersa en la industria de la moda, como se ha podido comprobar en estas jornadas, en las que ha demostrado su vitalidad y que sabe bien de los tejemanejes de la industria.
 Eso sí, su firma ahora la comanda Wes Gordon, con resultados espectaculares en ventas y popularidad y siguiendo de forma clara la línea marcada por la maestra.


 

Pacino y De Niro, dos octogenarios en plena forma en el trabajo y el amor

Los actores deslumbran en la última película de Scorsese mientras sus vidas siguen tan agitadas como en su juventud. Compiten en lista de conquistas tanto como en nominaciones a los Oscar: 16 entre los dos.

Al Pacino y Robert De Niro, en la película 'El irlandés'.
Al Pacino y Robert De Niro, en la película 'El irlandés'. Cordon Press

 

Podría parecer que es 1974 con Al Pacino y Robert De Niro acaparando todos los elogios de los críticas cinematográficos de todo el mundo, como ocurrió entonces con el estreno de El Padrino II, en la que compartían cartel. 
Cuarenta y cinco años después, ambos vuelven a ser los protagonistas de una de las películas más aclamadas del momento, El irlandés, de Martin Scorsese, donde sus interpretaciones han deslumbrado de forma unánime una vez más.
 Algo sí ha cambiado en todo este tiempo.
 Pacino tiene 79 años y De Niro 76, y sus vidas y trayectorias han pasado por todo tipo de circunstancias. 
Sin embargo, lejos de haberse aposentado en la tranquilidad que muchos esperarían a su edad, los dos actores más importantes de su generación han escrito en sus vidas personales un guion tan lleno de giros como los de sus trabajos más emblemáticos.
 De Niro vive una batalla judicial con su esposa, de la que se está separando por segunda vez, mientras Pacino disfruta desde hace un año de la última de una larga lista de relaciones amorosas, una israelí 29 años más joven que él.
Amigos, aunque también rivales, en cierto modo han tenido vidas paralelas. 
Los dos nacieron en Nueva York y vivieron una infancia y adolescencia difíciles. 
Alfredo James Pacino, hijo de emigrantes sicilianos, vivió el divorcio de sus padres siendo muy pequeño, y creció en una familia con serias dificultades económicas.
 Robert Anthony De Niro Jr., tuvo un modelo familiar que le marcó profundamente.
 Su padre fue un pintor homosexual al que el actor homenajeó en un documental hace unos años, y su madre, poeta y pintora, vivía abiertamente su bisexualidad
Su progenitor les abandonó cuando el actor tenía 12 años, y nunca le habló de su sexualidad. 

Una vez alcanzado el estrellato, los dos italoamericanos entraron en una espiral de excesos.
 Pacino ha hablado de ello en más de una ocasión, tras dejar el alcohol y las drogas hace 30 años
 “Mi vida cambió y de un día para otro tuve que readaptarme al mundo y a la gente”, confesó. 
Una biografía no autorizada de De Niro asegura que durante muchos años fue adicto al sexo y a la cocaína, y un compañero habitual de juergas de John Belushi.
Comparten también una fama de mujeriegos empedernidos y compiten en lista de conquistas tanto como en nominaciones a los Oscar (16 entre los dos). De Niro, cuya debilidad siempre han sido las mujeres negras, se casó por primera vez en 1976 con la actriz Diahnne Abbott, con la que tiene dos hijos: 
Raphael, de 48 años y primogénito del actor, y Drena, hija de Abbott de una relación anterior y que el intérprete de Toro Salvaje adoptó como suya.
 Curiosamente ha terminado siendo la niña de sus ojos.
 Es actriz y han trabajado juntos en alguna película. 
12 años después De Niro se divorció. Un año antes de separarse, en 1987, había conocido a Grace Hightower, su relación más duradera. Pero no se casaron.
 Se cruzó en su camino la modelo Toukie Smith, y con ella tuvo a los gemelos Julian y Aaron, de 24 años. Se reencontró y terminó pasando por el altar con Hightower en 1997, y con ella ha estado 21 años, hasta el año pasado.
 Hubo una primera separación dos años después de la boda. Ella le acusó entonces de abusar del alcohol y las drogas y de serle infiel reiteradamente, pero en 2004 se reconciliaron y renovaron sus votos.
 Entre boda y boda estuvo seis años con Naomi Campbell, que llegó a decir de él que ha sido el amor de su vida.
 Con Grace Hightower ha tenido dos hijos más, Eliot y Helen Grace, de 21 y 7 años. 
 Hace tres años el actor reveló que el mayor sufre de autismo, e inició una importante campaña de concienciación sobre este trastorno.
Pacino no cumplió con la tradición que marca su ascendencia católica y nunca se ha casado, pero ha tenido muchos romances, la mayoría compañeras de profesión.  
Diane Keaton, su mujer en El Padrino, Penelope Ann Miller, Debra Winger, Martha Keller o Kathleen Quinlan. 
Tuvo a su hija Julie Marie con Jan Tarrant, una profesora de interpretación, aunque una de sus relaciones más largas fue con Beverly D’ Angelo, también actriz, con la que rompió en 2001 justo después de tener a los dos mellizos Anton James y Olivia Rose, los dos últimos descendientes del ganador del Oscar por Esencia de Mujer
Su siguiente pareja fue la intérprete argentina Lucila Sola, 40 años más joven. 
Se separó de ella en 2018, al tiempo que De Niro de su esposa, y empezó a salir con Meital Dohan, de 49 años, veintinueve menos que él.
Aunque Pacino disfruta del amor a punto de cumplir los 80 mientras De Niro vive inmerso en un duro divorcio desde hace nueve meses, ambos siguen haciendo gala de un espíritu inquieto y de una rebeldía incorregible.
 Grace Hightower reclama al protagonista de Casino la mitad de su fortuna, que se estima en unos 500 millones.
 Empresario de éxito fuera de las pantallas, Robert De Niro ha hecho fuertes inversiones multimillonarias, tiene una cadena de restaurantes y su propia productora, Tribeca. 
Dicen que a él el dinero le da igual, y que su prioridad es compartir la custodia de su hija pequeña.
 El principal rasgo común entre ellos hoy es su forma de afrontar la vejez, uno de los temas principales que trata El irlandés. 
 No piensan en ello, y no se plantean parar.
 Pacino lo dejaba claro hace poco: “No puedo ni siquiera plantearme mi vida sin la interpretación”.

 

El traje rosa que llevó Jackie Kennedy en el asesinato de su marido, guardado como tesoro nacional hasta 2103

Los Archivos Nacionales de EE UU custodian el conjunto que llevó la primera dama el día en Dallas en 1963, pero la familia esperará al siglo XXII para decidir qué hacer con él.

Jackie Kennedy y  John F. Kennedy en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963.
Jackie Kennedy y John F. Kennedy en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963. REUTERS/CORDON PRESS

 

Hay prendas que quedan asociadas para siempre a un momento, a una situación, ya sea en el ámbito personal o, en el caso de los personajes públicos, en el histórico.
 Es el caso de Jacquie Kennedy, quien fuera primera dama de Estados Unidos en los años sesenta.
 Su imagen estará irremediablemente unida a un traje dos piezas de falda y chaqueta rosa con un sombrero a juego. 
Era lo que llevaba el día que mataron a su marido, John Fitzgerald Kennedy, presidente de Estados Unidos.
 Sin embargo, esa icónica prenda, que decidió no quitarse hasta regresar a Washington, está guardada y puede que no vea la luz nunca más.
El traje pertenece ahora a los fondos de los Archivos Nacionales de EE UU, y se conserva como un tesoro nacional que marcó un momento y toda una época. 
El dos piezas de lana rosa está oculto en unas instalaciones específicas en Maryland, al noroeste del país.
 Allí está guardado en una caja hecha específicamente para él, fabricada sin ácidos y con control de temperatura y humedad, dentro de un contenedor creado para su conservación.
Según explican ahora desde los Archivos Nacionales a la revista People, si el traje llegara a exponerse ante el público en algún momento sería ya en el próximo siglo, en concreto en el año 2103. Será entonces cuando la familia Kennedy, los descencientes de John y Jacquie, decidan qué tipo de tratamiento y de acceso quieren darle a esa icónica prenda, si prefieren guardarla durante más tiempo o incluso no volver a exponerla.
 Caroline Kennedy, hija del matrimonio presidencial y que ahora tiene 61 años, decidió donarlo a dichos Archivos en el año 2003. Entonces, Caroline fijó como condición que no se expusiera al público para no "deshonrar la memoria" de sus padres y para "no causar dolor ni sufrimiento a los miembros de la familia".

El momento del tiroteo contra John F. Kennedy en Dallas, Texas, en 1963. 
El momento del tiroteo contra John F. Kennedy en Dallas, Texas, en 1963. CORDON PRESS
En 2103 se cumplirán 150 años del asesinato de Kennedy en Dallas (Texas) y por tanto del momento en el que ese conjunto pasó a la historia. 
"Dejad que vean lo que han hecho", dijo Jacquie cuando le sugirieron, en varias ocasiones, que debía cambiarse el traje en el vuelo de vuelta a casa y ponerse otra ropa que no estuviera manchada de la sangre de su esposo.
A menudo se ha dicho que el traje de Jacquie Kennedy era de Chanel, pero en realidad era una copia realizada por Chez Ninon, una tienda de modas neoyorquina que copiaba diseños de casas de diseño europeas con la autorización de estas, algo relativamente habitual en los años sesenta. 
Entonces la exportación de ropas y complementos de diseño no era tan común y por ello había sucursales en otros países que se dedicaban a hacer réplicas. 
El traje de Jacquie, que vistió en numerosas ocasiones antes del atentado presidencial de Dallas, parte de un original que Coco Chanel mostró en un desfile de París para la colección otoño/invierno de 1961-1962. 
Según People, el ya mítico dos piezas rosa era uno de los favoritos del presidente Kennedy.
 

La princesa belga ‘desaparecida’ vive en un remoto pueblo de Estados Unidos

Marie-Christine, tía del actual rey Felipe de Bélgica, rompió con la familia real hace décadas entre acusaciones de violación y problemas con el juego y el alcohol.

La princesa Marie-Christine de Bélgica en el lago Tahoe (Nevada, EE UU), en diciembre de 1994.
La princesa Marie-Christine de Bélgica en el lago Tahoe (Nevada, EE UU), en diciembre de 1994. Paris Match via Getty Images

 

Marie-Christine de Bélgica y el pianista Paul Drake en junio de 1981. 
Marie-Christine de Bélgica y el pianista Paul Drake en junio de 1981. Toronto Star via Getty Images
 
Sin apenas dinero, se gana la vida como puede, incluso desfilando en ropa interior en bares de mala muerte. 
Su hermanastro, el rey Balduino, se apiada de ella y decide ayudarla económicamente.
 Como ella misma admite, utilizará parte de los fondos para pagar el coste de un aborto, una práctica que el monarca reprueba, como demostraría tiempo después al negarse a firmar la ley que lo despenalizaba en Bélgica.
En su deambular por América, la princesa comenzará poco después una relación con el cocinero francés Jean-Paul Gourgues, con el que se casa y vive en Los Ángeles (California).
 Tras una inversión fallida en un restaurante, se trasladan a Las Vegas (Nevada).
 Y en la ciudad del juego su suerte no cambiará a mejor. Tras dilapidar parte de sus ahorros en los casinos, otro de sus hermanastros, el rey Alberto II, convencerá a la madre de esta, Lilian, de permitir un nuevo rescate económico para sacarla de la ruina, pero el cheque irá acompañado de una carta repleta de reproches que sellará su ruptura con la familia real belga. 
Marie-Christine ni siquiera acudirá a los funerales de sus padres y hermanos, y rompe el último cordón que la une a su pasado al dejar de hablar con su hermana, Esmeralda de Bélgica.
"Mi problema es que no estoy hecha para trabajar", lamentaba en una entrevista recogida en el libro Crónicas reales, un siglo de indiscreciones, del periodista Thomas de Bergeyck. 
Ahora, tras una vida impensable en alguien de su posición, la princesa criada en el castillo de Laeken parece haber sentado la cabeza rodeada de lavandas en una fría localidad costera de los confines de Estados Unidos.