La relación entre Courtney Love y el vocalista
de Nirvana, Kurt Cobain, forma parte de la historia de la música, pero
sus inicios no fueron tan románticos como se esperaría. En los años
noventa Love salía con Billy Corgan, el cantante de The Smashing
Pumpkins. La banda compartía escenario entonces con Nirvana y durante
las visitas a su pareja, la artista compartía tiempo con Cobain. De
hecho, su hija Frances Bean Cobain fue concebida en una visita que Love
le hacía a Corgan, tal como confesó Love en una entrevista para el libro
‘I Want My MTV: The Uncensored Story of the Music Video Revolution’. Finalmente, Love y Cobain se casaron en 1992 y meses después la cantante
dio a luz a su hija. Dos años después, el vocalista de Nirvana se quitó
la vida.
El príncipe Carlos y Camila Parker Bowles se
conocieron en una fiesta en los años setenta. Años después ella se
comprometía con Andrew Parker Bowles y el heredero al trono se casaba
con Diana Spencer. Tras el nacimiento de sus dos hijos, Guillermo y
Enrique, Carlos comenzó una aventura con Camila que duraría años. En
1992 el heredero al trono y Lady Di se separaron y finalizaron su
divorcio en 1996. Un año antes Camila había hecho lo mismo por lo que
los rumores de la relación con el heredero al trono se acrecentaron. Tras la muerte de la princesa Diana en un accidente en 1997, la pareja
controló su exposición pública durante un tiempo y finalmente
contrajeron matrimonio en 2005.
Una década atrás Kristen Stewart y Robert
Pattinson estaban en la ola de su fama adolescente Juntos habían
protagonizado la saga Crepúsculo y su relación fuera de la pantalla
había cumplido la fantasía de millones de seguidoras. Por eso la
sorpresa fue enorme cuando los tabloides estadounidenses publicaron
fotografías en las que Stewart se encontraba besando al director de su
nueva película ‘Blancanieves y el cazador’ —quien, a su vez, estaba
casado con la modelo Liberty Ross—. Los protagonistas del amorío
emitieron disculpas públicas, pero su aventura terminó por quebrar sus
respectivas relaciones. Stewart y Pattinson regresaron poco antes del
estreno de la última parte de la saga, para cortar nuevamente meses
después. Sanders y Ross se divorciaron.
Quizás este es el triángulo amoroso más
conocido de Hollywood. Brad Pitt y Jennifer Aniston eran la pareja de
oro de la meca del cine y por eso fue toda una sorpresa cuando
anunciaron su separación en 2005. En ese momento Pitt estaba trabajando
con Angelina Jolie en la película ‘Sr. y Sra. Smith’, lo cual despertó
todas las alarmas de una posible infidelidad. Poco después Pitt y Jolie
confirmaron su relación y en 2014 contrajeron matrimonio. Solo dos años
después, la actriz solicitó el divorcio y actualmente se encuentran en
una batalla legal por la custodia de sus seis hijos.
Taylor Swift es conocida por escribir canciones
sobre sus amores y rupturas, y una de las parejas que le dio más para
hablar fue Joe Jonas, el vocalista de la banda Jonas Brothers. La pareja
se conoció en 2008 y salieron juntos un par de meses hasta que Jonas
rompió con la cantante a través de una llamada telefónica de 25 segundos
(Swift lo reveló en una entrevista con Ellen DeGeneres). La razón de la
ruptura apunta a Camilla Belle, una actriz californiana que estuvo
saliendo con el músico poco después. Swift incluso escribió una canción
que parece hablar de Belle: ‘Better tan revenge’.
Woddy Allen y Mia Farrow se conocieron a
finales de los años setenta y rápidamente iniciaron una relación
amorosa. Una década después la pareja se separaba a causa de otra mujer
que además era la hija adoptiva de Farrow, Soon-Yi Previn. A partir de
entonces la actriz se enfrascó en una pelea mediática contra el
cineasta, al que acusa de haber abusado sexualmente de una de sus hijas. Una disputa que continúa a día de hoy a través de sus hijos, quienes se
posicionan de un lado y de otro.
Después de tres hijos —Chabeli, Julio José y
Enrique— Isabel Preysler le pidió el divorcio a Julio Iglesias en medio
de rumores de romance del cantante con diversas mujeres. La socialité no
tardó mucho en volver a casarse. Lo hizo con Carlos Falcó, marqués de
Griñón. De su matrimonio nació Tamara. Pero la unión tampoco duró mucho
porque Preysler se enamoró de Miguel Boyer, que en ese momento era
ministro de Hacienda del Gobierno socialista presidido por Felipe
González.
Se cumple un año de la muerte del menor. El caso supuso un punto de inflexión en la cobertura de las desapariciones.
Primera imagen difundida de Gabriel Cruz. En vídeo, el resumen del caso.Vídeo: Atlas
La primera noticia sobre Gabriel Cruz,
un niño almeriense de ocho años, llegó en forma de imagen: la de su
rostro con una simpática sonrisa, enmarcado con las palabras rojo en
"Urgente" y "Menor desaparecido". Era la primera fotografía que encontró
su madre, Patricia Ramírez, en su teléfono móvil, cuando denunciaron su
desaparición el 27 de febrero de 2018. Correspondía al fin de semana
anterior. Habían estado de excursión en la sierra; y después,
aprovechando el puente del día de Andalucía (28 de febrero), se había
ido con su padre y su abuela a Las Hortichuelas, una pequeña pedanía de
Níjar inmersa en el Parque Natural del Cabo de Gata de Almería. Gabriel llevaba un pañuelo azul al cuello, el mismo que llevaría
después Patricia Ramírez anudado a su garganta durante los 12 días que
duró la búsqueda del menor. El mismo fular que le regalaría ella al
ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, y que este llevaría atado a
su mano el día del funeral del pequeño. Finalmente, Zoido, con quien
creó un vínculo amistoso, se lo devolvería porque "sentía que no podía
aceptar una cosa así".
La sonrisa de Gabriel conquistó a cientos de miles de españoles que siguieron en directo, con equipos de televisión adosados a bomberos, guardias civiles,
agentes de protección civil, o buceadores, los pormenores de una
búsqueda que ha marcado un punto de inflexión en la cobertura de las
desapariciones y de la que se derivan algunas enseñanzas. Un sospechoso perfecto. El caso de Gabriel demostró
que, muchas veces, los medios de comunicación quieren ir más rápido que
los investigadores. Uno de los primeros sospechosos de la muerte del
menor fue un hombre de 42 años de Antas, un pequeño pueblo al este de la
provincia de Almería, que había acosado durante dos años a la madre de Gabriel. En cuestión de días, el acosador se convirtió en acosado. Decenas de
medios de comunicación hicieron guardia a la puerta de su casa (la de
sus padres), escrutaron su pasado, desvelaron sus manías y le dejaron
marcado para siempre. Mientras, los investigadores, que le interrogaron
durante dos días, iban desatando los cabos que lo soltaban. Una pulsera que llevaba por tener una orden de alejamiento
de la madre del menor despistó a los agentes y demostró, también, que
ese sistema de alerta sufre bastantes imperfecciones. El hombre no tuvo
nada que ver con la desaparición de Gabriel.
La respuesta humana. Cientos de personas acudieron
voluntariamente en esos primeros días para participar en las labores de
búsqueda del niño. La sociedad civil, conmovida por la imagen viral del
niño, se movilizaba ante la desesperación de unos padres. Al punto de
coordinación establecido por la Guardia Civil en Las Negras, a escasos
kilómetros de Las Hortichuelas, acudía gente de otros pueblos, pero también de otras provincias dispuestos a peinar la zona
y a acompañar a esos padres echados al monte en su angustiosa búsqueda. En un mundo poco acostumbrado a la humanidad, comenzaba a crearse la
"marea de buena gente" que haría flotar al pescaíto, en palabras de su madre, cuya expresión de dolor y bondad conmocionaron a la sociedad.
Una noticia viral. Todo lo que tenía que ver con Gabriel hacía subir los índices de audiencia
hasta niveles casi desconocidos. Las televisiones, las radios, los
periódicos, entrevistaban a familiares, amigos, vecinos, amigos que no
eran amigos..., y dedicaban varios espacios diarios a un tema que había
tocado la fibra sensible de España. La pequeña pedanía de Las
Hortichuelas, el último lugar en el que se vio al niño, se llenó de
focos y cámaras de televisión hasta que ese genuino entorno natural
almeriense, donde apenas había cobertura para los móviles, se convirtió
en una suerte de improvisado plató, desde el que se hacían conexiones en
directo varias veces al día por medios diversos. Los escasos 100 metros
de camino que separaban la casa de la abuela de Gabriel de la de sus
tíos, adonde supuestamente se dirigía el niño después de comer la tarde
que desapareció, fueron inspeccionados casi al milímetro, tanto por los
investigadores como por los periodistas. Una investigación interferida. A medida que pasaban
los días y avanzaban las pesquisas y la investigación —liderada por la
Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil y el grupo de
homicidios de la comandancia de Almería— se centraba en el entorno más próximo al menor,
esa casa familiar de Las Hortichuelas se quedaba cada vez más pequeña,
casi encajonada entre coches de la Guardia Civil y vehículos de medios
de comunicación. Los investigadores, que aún confiaban en encontrar a
Gabriel con vida, necesitaban investigar los movimientos de quien era ya la principal sospechosa, Ana Julia Quezada,
la compañera sentimental del padre de Gabriel, separado hacía unos años
de su madre, aunque mantenía con esta una buena relación. Sin embargo,
la presencia de cámaras desnaturalizaba el contexto y condicionaba los
movimientos de la sospechosa, que hacía declaraciones, hablaba y lloraba
con periodistas y que se terminó de poner en el punto de mira al encontrar durante una de las batidas una camiseta del niño. Con el avance de la investigación, y a la espera de que ella diera
algún paso en falso, los agentes tuvieron que despistar a los medios de
comunicación para permitir que ella se sintiera más libre y les
condujera, como así fue, hasta el lugar donde estaba el niño. Tocar el Mal o la peor "bruja" de todos los cuentos.
Nadie quería creérselo.
Todos habían estado a su lado. Su pareja, el
padre de Gabriel, dormía con ella cada noche. Patricia Ramírez, madre
del niño, se había dejado acompañar por ella en las labores de búsqueda.
La abuela del menor la hospedaba en su casa.
Los periodistas tenían su
teléfono móvil, hablaban con ella, la consolaban...
Los investigadores,
mientras descubrían el turbio pasado de la sospechosa en Burgos
(una hija de cuatro años supuestamente se le tiró por la ventana), no
habían logrado recuperar su teléfono móvil (dos veces dijo haberlo
perdido), ni que declarara porque supuestamente le había dado un ataque
de ansiedad.
Ana Julia se convirtió
así en la encarnación del Mal, del cinismo y la perversión máximos, en
la "bruja mala del cuento", como se refirió a ella la madre del pequeño
tras el funeral, capaz de matar a un niño por celos y por el temor a
perder el control de su padre.
Las lágrimas del Comandante Reina. La expectación pública provocó la celebración de una rueda de prensa posterior a la resolución del caso, también retransmitida en directo,
y que puso de manifiesto que los investigadores de homicidios y
desaparecidos no son de piedra. Pese a toparse habitualmente con los
peores sentimientos humanos, el caso de Gabriel trastocó las emociones
de los agentes implicados. Hasta el final mantuvieron la esperanza de poder encontrarlo con vida
porque Ana Julia Quezada, en las conversaciones que mantenía con los
familiares dentro de la casa, siempre les animaba a pedir un rescate. El
fatal desenlace, junto a los enormes esfuerzos realizados durante casi
dos semanas sin descanso, hicieron brotar las lágrimas del comandante Reina, al frente de la operación, ante los ojos de todo un país, que seguía su comparecencia por televisión. Lecciones de una madre. Patricia Ramírez, rota por el dolor de haber perdido a su único hijo, fue capaz de apelar a los buenos sentimientos de las personas, convirtió la canción de Los Girasoles de Rozalén —que habla de la gente buena y que le gustaba a su hijo— en una suerte de himno unido al nombre de Gabriel, pidió que no se extendiera la rabia,
provocó un recuerdo de su hijo que no estuviese manchado por el de "la
bruja", y no profirió ni la más mínima expresión de odio ante un
desgarro salvaje. Se erigió así en una especie de encarnación de la
bondad frente a la máxima expresión del mal, en un momento en el que muchas personas sentían justificado el linchamiento de la presunta asesina. Con pocas palabras, esa mujer acostumbrada a guiar como speaker
a los corredores en las carreras de fondo, guio a la masa, de manera
que los mejores sentimientos humanos se impusieron a los peores. El luto compartido: "Todos somos Gabriel". Cientos
de personas y de autoridades, políticos nacionales, andaluces y
almerienses, miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad, acompañaron a los padres de Gabriel Cruz en el funeral celebrado en la catedral de Almería. Decenas de famosos mostraron su pesar en las redes sociales. Padres y niños inundaron plazas públicas y muros de Facebook con dibujos de peces que recordaban al pescaíto. España estuvo embargada por el luto. En Almería se construyó
posteriormente el parque de la Ballena dedicado a Gabriel. Casi un año
más tarde España escuchaba un grito similar: "Todos somos Laura", tras
el hallazgo del cuerpo de la joven Laura Luelmo.
Una estela de discreción. Los meses posteriores a la
muerte de Gabriel Cruz han estado marcados por la discreción de su
familia, que —frente a lo ocurrido en casos como los padres de Diana
Quer o Mariluz— ha eludido cámaras y ha mantenido un escrupuloso control
del procedimiento judicial abierto, evitando injerencias que pudiesen
desvirtuarlo, hasta el punto de que Patricia Ramírez llegó a pedir la retirada de dos acusaciones populares
para evitar más circo mediático. La instrucción está a punto de
concluir, después de que este martes los abogados de Ana Julia Quezada
renunciaran a su comparecencia. Quezada, que envió alguna carta desde la
cárcel a algún medio de comunicación, será juzgada por un jurado
popular (pendiente de conformarse aún) y se enfrenta a la prisión permanente revisable.
La película 'Una cuestión de género' debería ser de visionado obligatorio como mínimo en todas las Facultades de Derecho.
Hay películas que han de verse más allá de sus valores
cinematográficos. Por lo que enseñan, por lo que emocionan, por lo que
vuelven visible. Una cuestión de género es una de esas
películas que, sin ser más que un buen producto norteamericano,
academicista y poco innovador, incluso con alguna trampa narrativa,
debería ser de visionado obligatorio como mínimo en todas las Facultades
de Derecho, además de en Colegios de la Abogacía y demás instancias en
las que todavía cuesta tanto reconocer que el Derecho también tiene
género.
La abogada Ruth Bader Ginsburg.Asociación de Justicia del Tribunal Supremo de Estados Unidos
Lo más interesante de Una cuestión de género,
que no creo que sea casual que esté dirigida por una mujer, Mimi Leder,
reside en mostrarnos con evidencias, es decir, en probarnos como
habitualmente tiene que hacerse ante un tribunal, que nuestro mundo ha
sido históricamente construido a partir de un reparto jerárquico de roles entre hombres y mujeres.
Y que eso que el feminismo
ha llamado contrato sexual, sobre el que a su vez se negocia el pacto
social, ha condicionado, y todavía lo sigue haciendo, la igualdad real y
efectiva de los seres humanos en función de su sexo. Lo que, desde el
Derecho, y otras instancias de poder patriarcales, se ha concebido como
un orden natural no ha sido sino una construcción cultural y política
que ha mantenido a las mujeres en un lugar subordinado. Como ciudadanas
de segunda clase. Este reparto desigual de poder
ha sido y es confirmado por las estructuras jurídicas y por quienes
históricamente las han administrado. Esos hombres omnipotentes y
dominantes que, como vemos en la película, monopolizaron Harvard, los
tribunales y los parlamentos.
Como dice en su alegato fina la abogada, encarnada con entusiasmo y emoción por Felicity Jones,
el Derecho no solo no ha de ir por demás de una sociedad que ya
entonces, los años 70 (tercera ola feminista), sino que también ha de
ser un instrumento que posibilite un avance en derechos
y, por tanto, en justicia social y democracia. Un Derecho que, como
bien nos revela la pantalla, es una instancia de poder —una de las más
firmes y cómplices con las que cuenta el patriarcado— y que por tanto
tiene la capacidad no solo de establecer reglas del juego sino también
configurar subjetividades. Es decir, de crear y reproducir género, esa
palabra que tanto pavor suele provocar en quienes ven tambalear sus púlpitos ante las reclamaciones de más de la mitad de la ciudadanía.
Al mismo tiempo, la historia de la lucha de Ruth, que en la
actualidad es jueza del Supremo, nos evidencia que las conquistas de
igualdad han sido siempre el resultado de las luchas de mujeres,
de muchas mujeres, que han desafiado el orden establecido y que incluso
poniendo en riesgo sus propias vidas se han lanzado a la tarea de
remover los obstáculos que las convertían en menores de edad
permanentes. Una lucha que es necesariamente intergeneracional, como lo
demuestra en la película la relación de la protagonista con la abogada
veterana y con su propia hija, y en la que también es necesario contar con los apoyos de hombres comprometidos. El marido que de manera admirable se convierte en cómplice de Ruth,
encarnado con la compostura propia de un galán clásico por el atractivo
Armie Hammer, y tal vez construido como un personaje excesivamente
amable y sin aristas, es también un buen ejemplo de cómo a nosotros nos
corresponde la a veces compleja tarea de apoyar sin asumir el
protagonismo. Y, sobre todo, es una historia que me gustaría que todos mis alumnos y
todas mis alumnas, tan ensimismadas en sus brillantes carreras de
futuros depredadoras, digirieran para que, al fin, asumieran la parte de
responsabilidad que tienen en superar un mundo en el que el modelo de
correcto comportamiento se sigue identificado con el buen padre de familia.
En fin, Una cuestión de género, que es una de esas películas que hacen que salgas del cine con el ánimo lleno de argumentos para seguir batallando al día siguiente, debería ser vista por todos esos políticos que cuestionan tan alegremente la perspectiva de género
y las leyes que en los últimos años han hecho avanzar la democracia,
por tantos juristas que siguen atrapados por la formalidad de la
igualdad liberal y por una ciudadanía que, con frecuencia, no es
consciente de cómo el Derecho nos limita pero también nos refuerza como
seres autónomos.
El actor contraerá matrimonio la próxima primavera en un castillo de Francia.
Jude Law, en Londres, el pasado noviembre.cordon pressUno de los eternos galanes dentro y fuera de la pantalla, Jude Law se casa. Según The Sun,
el actor ha contado sus planes a su familia y a sus amigos más íntimos. Law, de 46 años, ha decidido dar el paso de contraer matrimonio la
próxima primavera con la psicóloga Phillipa Coan, de 32, con la que
lleva casi cuatro años de relación. El escenario elegido es un castillo
de Francia y el padrino el mayor de los cinco hijos del intérprete, Rafferty, de 22 años. En sus últimas entrevistas, el actor ha dicho que con Phillipa ha
encontrado "el amor y la paz" que no había conseguido antes en otras
relaciones de pareja. Law estuvo casado con Sadie Frost, con la que tuvo tres hijos,
Rafferty, Iris, de 15, y Rudy, de 13, e incluso se responsabilizó del
cuidado del hijo mayor de Sadie, Finlay, de 24 años. Se comprometió con
la actriz Siena Miller con quien rompió tras tener un romance con la
niñera, pero volvieron a intentarlo una segunda vez, sin éxito. Tras su
ruptura tuvo una relación con la modelo Samantha Burke,
con la que tiene una hija, Sophia, de 9 años. Tiempo después empezó su
relación con la que ahora será su mujer, Phillipa Coan. Durante una
pausa en su noviazgo, Jude tuvo otra hija con Catherine Harding. En su carrera profesional hay de todo. Fue candidato al Oscar en dos ocasiones (Cold Mountain y El talento de Mr. Ripley), pero el sueño frustrado de Law ha sido no protagonizar a James Bond,
algo que considera “casi una religión para cualquier británico”. Su
nombre estuvo entre los que se rumorearon antes de que Daniel Craig
fuera elegido. Pero Law asegura que nunca existió una audición. “En
casos así simplemente te llaman”, advierte. Aficionado al fútbol sigue
al Tottenham Hotspurs, pero también le gusta y la pintura. “Me gustaría
aprender a tocar un instrumento pero siempre digo lo mismo”, apostilla. Sobre sus hijos reflexiona: “No sé lo que serán de mayor pero una cosa
te digo, no veo a los nuevos Laws de astrólogos, científicos o
matemáticos. Nos atraen las artes”.