Antiguos
compañeros de televisión se hacen ministros. Los gobiernos se parecen a
los 'realities' y los 'realities' se convierten en series.
El ministro de Cultura y Deportes, Màxim Huerta, en el primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno celebrado en Moncloa.ULY MARTIN / atlasEn el momento que se anunció la composición del nuevo Gobierno,
mi móvil colapsó debido a la histérica cantidad de mensajes y memes
diciendo: "Màxim Huerta, ministro de Cultura y Boris Izaguirre, de
Festejos". Ya lo dijo hace días Antonio Caño: "Todos somos presa en
estos tiempo de un clima emocional que lo distorsiona todo". Al
principio me dio risa hasta que luego pensé que esa no era manera de
darle la enhorabuena al señor Huerta. "Cualquiera puede ser ministro de
Cultura", escuché decir en el andén de la estación de tren de León. "Imagínense, Pedro Duque,Màxim Huerta y Marlaska", dijo otro viajero, "eso mas que un gobierno parece Masterchef Celebrity".
Y todos lo celebraron con una carcajada.
Sí,
las noticias reflejan en exceso el clima emocional de mi realidad. Antiguos compañeros de televisión se hacen ministros. Los gobiernos se
parecen a los realities y los realities se convierten
en series. Mientras me afeitaba con el cacareo de la radio al fondo,
llegué a la conclusión de que Màxim Huerta debe saber mucho de política
porque su primer trabajo en televisión fue dar noticias acerca de ella y
luego, en sus largos años junto a Ana Rosa Quintana, entrevistó y
analizó a todos los políticos de diferentes gobiernos y partidos y
también a Bibiana Fernández,
que es tan fuerte como la oposición que promete hacer el PP. Quizás sea
atrevido de mi parte, pero así como a cocinar se aprende escuchando y
mirando, creo que con la política sucede lo mismo. Aparte de eso, muchos
otros miembros del nuevo gobierno tienen en común que llegan al
servicio público a través de sus méritos, como bien lo puntualizó, con
una voz más aterciopelada que de costumbre, Pepa Bueno desde la radio de
la cocina. Y Màxim tiene buena voz y un as en la manga de su traje
nuevo: modificar el impuesto del cruel 21% de IVA con el que el gobierno anterior castigó a la industria cultural.
Miss America 2018, Cara Mund, en Nueva York en septiembre de 2017.Mary AltafferAP
El nuevo Gobierno nos enfrenta al cambio y se suma a Ana Botín en su
declaración de que Europa “tiene que cambiar y tiene que hacerlo
rápido”. Pues el cambio ya está aquí. Y ese cambio te da alas y trae
novedades. Como el anuncio de que en Miss América se acabó para siempre el desfile en bañador,
quizás uno de los resquicios rijosos más anquilosados de occidente. Reconozco que cuando me tocó presentarlo en el certamen de Miss
Venezuela sentí bochorno al repetir, candidata tras candidata, sus
medidas siempre perfectas y verlas avanzar con coloridas y diminutas
fantasías textiles robadas a la natación sincronizada.Después de recitar aquellas medidas, que eran el resultado de la suma
del alto rendimiento deportivo y del avance tecnológico, tenías que
agregar sus estudios académicos, su currículum como "experta en el
estudio del planctón marino" o "experta en comunicación social". Chirriaba y celebro que su final sea producto del movimiento Me Too y en la misma semana que el Tribunal Supremo de ese país exculpa a un pastelero que se negó a hacer una tarta
para un matrimonio gay por razones religiosas. Las religiones han
estado detrás de muchas guerras, ojalá este sea el comienzo de la
batalla definitiva contra el azúcar y la cursilería. Cambiemos el menú
de las bodas en los matrimonios gais. En vez de pastel nupcial,
recuperar la gelatina, la macedonia o una espuma como alternativas. Desde que el cambio llegó, rezo por el bolso Loewe de 2.000 euros
que Soraya Sáenz de Santamaría usó en su último día como vicepresidenta
y que ocupó el escaño del presidente Mariano Rajoy durante su ya mítica
ausencia. Temo por que Soraya le coja manía y lo relegue al fondo de un
armario. O intente una reventa en los comercios vintage online. Ese bolso tiene que ir al Museo del Congreso después de salir orgulloso
de su armario. Comprendí a Soraya porque muchas veces también he
guardado un puesto o dos en bodas caraqueñas, que no son con asientos
asignados, y al llegar las señoras colocan su bolso en el sitio que
territorializan. Por eso la imagen de Soraya al lado de su bolso me
enterneció, porque la reconocí provinciana como yo. En el fondo es una
tradición que necesitaba un cambio. Pero Soraya, mi amor, no la pagues
con ese bolso, porque vendrá de perlas para cruzar cualquier puerta
giratoria o para dar una entrevista pícara y divertida cuando todo esto
vuelva a cambiar.
Desde hace
ocho años, las herederas del creador de la lujosa urbanización La Finca
mantienen un enfrentamiento por un patrimonio valorado en 1.000
millones.
Las hermanas Susana y Yolanda Garcia-Cereceda en 2013 y 2015.EUROPA PRESS/GETTY
La de las García-Cereceda no será una excepción en las batallas de
sagas familiares. Desde que la crisis económica empezó a menguar van
saliendo a la luz cada vez más noticias de conflictos en las otrora
discretas y calladas salas de juntas. Del rutinario, aséptico y frío
vocabulario de las notas de las decisiones de los consejos de
administración estamos pasando a declaraciones poco amistosas, versiones
contradictorias y puntualizaciones procedentes de despachos de
abogados. Muchos consejos ahora son sillas calientes. Y no digamos si la
propiedad está repartida entre herederos porque el fundador ya no está
entre nosotros. Entonces es la guerra.
Y
para guerra familiar, sin duda, las de las García-Cereceda. Son dos
hermanas. Mejor dicho, dos hermanas, Susana y Yolanda, una viuda,
Silvia, y una exesposa, Mercedes, madre de las hermanas. Entre las
cuatro estaba una buena parte del reparto de la fortuna que desde abajo,
como tantos otros, cosechó Luis García-Cereceda, empresario y promotor,
tan celoso de su privacidad que no existe más que una foto y ninguna
entrevista que ponga negro sobre blanco algo parecido a sus palabras. El García-Cereceda fundador logró llevar una vida alejada de los
focos y una posición social más que respetable con un círculo de
amistades privilegiado, entre los que se contaba políticos como Adolfo
Suárez, Felipe González o Ruiz-Gallardón, además de numerosos
empresarios de alcurnia o de dinero. Cereceda fue un visionario en su
tiempo y promotor de urbanizaciones cuidadas para el descanso de las
élites en los alrededores de Madrid cuando nadie pensó que la gente con
dinero se pudiera plantear residir en el extrarradio de la capital. Su gran obra es La Finca, la urbanización por excelencia, conocida no tanto porque vivan en su interior vecinos de gran patrimonio sino por ser el domicilio
de los grandes futbolistas del momento como Cristiano Ronaldo. Anécdotas aparte, la sociedad o sociedades que administran la herencia
que dejó García-Cereceda tienen más enjundia que esas hectáreas cuidadas
y esas edificaciones lujosas entre sus 17 lagos. Tanto que el
patrimonio global se valora en cifras estimativas que superan los 1.000
millones de euros.
Entrada de la urbanización La Finca.KIKE PARRA
García-Cereceda falleció en 2010. Y, nada más morir, desapareció la discreción de su entorno. El mismo día de su entierro, a la vista de algunos ilustres que
acudieron al sepelio, se destapó el drama que ha llegado hasta nuestros
días en varios capítulos y cuya secuela durará algún tiempo. Ya en el
sepelio una de las hijas, Yolanda, quiso introducir una carta en el
ataúd y provocó un momento espeluznante cuando, en el forcejeo
consiguiente, cayó en uno de los lagos. No hubo demasiados testigos del suceso, pero sí muchos más observaron
que dos diferentes esquelas recordaban en la prensa la memoria del
padre. Una, elegante, breve, sentida, firmada por Silvia Gómez Cuétara,
viuda del empresario, en nombre de la familia, incluidas las hijas y la
primera mujer, Mercedes: “Un maestro nunca ajeno a nada humano. Un
hombre, simplemente irreemplazable”. Y, otra, muy diferente (“Mi
queridísimo emperador, creador de máxima belleza. Falleció en la
altísima torre y mazmorra de su imperio de piedra”), firmada por su hija
Yolanda, en nombre de Mercedes, primera mujer del fallecido y madre de
las dos hijas.
A los tres meses, Susana pidió y obtuvo en los juzgados la
incapacitación de su hermana Yolanda, que perdió la custodia de sus tres
hijos y el poder de decisión sobre su paquete accionarial en las
sociedades del grupo, incapacitación que le ha costado revertir unos
años (2016) y varias sentencias después. Desde entonces hasta ahora, la
actividad de la sociedad empresarial se ha visto agitada por todo tipo
de conflictos. Entre ellos la intervención de la Agencia Tributaria para
sancionar a socios que se aprovechaban de préstamos multimillonarios
que se concedían a sí mismos para evitar el pago de impuestos y vivir la
vida a lo grande sin tener ingresos o incluso siendo merecedores de
devoluciones de Hacienda. Como ha sucedido en los últimos tiempos, el
asunto se resolvió pagando la correspondiente multa para evitar la
cárcel. Durante todo este tiempo, Susana ha pretendido mantener su poder decisorio y el control
de las sociedades neutralizando a Yolanda. Para mantener ese estatus no
dudó en contratar servicios de expertos poco recomendables para saberlo
todo de la vida privada de su hermana y poder seguir manteniéndola al
margen. Lo que se ha descubierto hace unas semanas, es que el experto
contratado era el comisario jubilado José Manuel Villarejo a través de
una de sus empresas, imputado en diversas causas y hombre que se movía
como nadie en las cloacas del Estado.
Villarejo trabajó, grabó e hizo quién sabe cuántas cosas para dar
material inflamable a Susana contra Yolanda. Ese trabajo salió a relucir
en una investigación sobre el comisario que lleva Asuntos Internos de
la Policía. Consecuencia de ello, sucedió lo impensable: según
aterrizaba en Madrid Susana de un viaje a Sudáfrica fue detenida,
enviada a la Audiencia Nacional y registrado su domicilio. El juez Diego
de Egea les imputa a ella y a otras dos personas por haber encargado al
polémico policía el informe Land sobre su hermana y otros familiares. El sumario es todavía secreto. La guerra de las Cereceda no ha hecho más que arreciar.
El
ex embajador norteamericano James Costos quiso festejar a su pareja, el
decorador Michael Smith, por su cumpleaños. Y qué mejor que convocar a
sus amistades
Isabel Preysler, un de las invitadas, en una imagen de archivo. (Gtres)El ex embajador norteamericano James Costos quiso festejar a su pareja, el decorador Michael Smith,
por su cumpleaños. Y qué mejor que convocar a sus amistades de Madrid
en una cena muy especial y original. Eligieron Deserte City, un jardín
botánico de cinco mil metros cuadrados donde se cultivan más de
cuatrocientas especies de cactus. La idea era sorprender a los ciento
cuarenta invitados en este gran vivero de San Sebastián de los Reyes
(Madrid), desconocido para la mayoría de los amigos por no decir todos.La carta con el menú.En
una de las zonas acristaladas del vivero se habilitó la cena de
cumpleaños. La decoración, como no podía ser de otra manera, corrió a
cargo de Michael Smith. Eligio una mesa imperial que
adornó con pequeños búcaros de rosas en diferentes tonalidades que iban
del rojo al amarillo haciendo juego con los farolillos dispuestos es el
techo de color naranja y blanco. Completaba la puesta en escena varios
recipientes de cristal con velas. La decoración de las mesas era espléndida.Los
Costos, que así se les conoce, recibían con champán. Una vez que el
grueso de los invitados había llegado se sirvió la cena compuesta por
ensalada César, lomo de res a la parrilla con patatas y ensalada de
pimientos asados. De postre, pastel de coco con helado de limón. Un menú sencillo, que no complicaba la elaboración en un lugar donde no se suelen organizar cenas de estas características.
El ex embajador norteamericano James Costos quiso festejar a su pareja, el decorador Michael Smith,
por su cumpleaños. Y qué mejor que convocar a sus amistades de Madrid
en una cena muy especial y original. Eligieron Deserte City, un jardín
botánico de cinco mil metros cuadrados donde se cultivan más de
cuatrocientas especies de cactus. La idea era sorprender a los ciento
cuarenta invitados en este gran vivero de San Sebastián de los Reyes
(Madrid), desconocido para la mayoría de los amigos por no decir todos.
James Costos y su marido fueron los anfitriones. (Gtres)
En
una de las zonas acristaladas del vivero se habilitó la cena de
cumpleaños. La decoración, como no podía ser de otra manera, corrió a
cargo de Michael Smith. Eligio una mesa imperial que
adornó con pequeños búcaros de rosas en diferentes tonalidades que iban
del rojo al amarillo haciendo juego con los farolillos dispuestos es el
techo de color naranja y blanco. Completaba la puesta en escena varios
recipientes de cristal con velas.
La decoración de las mesas era espléndida.
Los
Costos, que así se les conoce, recibían con champán. Una vez que el
grueso de los invitados había llegado se sirvió la cena compuesta por
ensalada César, lomo de res a la parrilla con patatas y ensalada de
pimientos asados. De postre, pastel de coco con helado de limón. Un menú sencillo, que no complicaba la elaboración en un lugar donde no se suelen organizar cenas de estas características.
El
ex embajador y su pareja viven entre Madrid, Nueva York y en verano en
Palma, donde compraron una casa después de años de vivir de alquiler. Llegaron a la isla de la mano de la familia Arango. "Estábamos en su
casa y nos mostró unas fotos increíbles. Al preguntarle dónde se
encontraba ese paraíso, nos dio las coordenadas. En cuanto tuvimos
tiempo, vinimos y ya nos quedamos”, contaba. Cuando llegó Donald Trump
a la presidencia de Estados Unidos James Costos dejó su puesto, pero no
su vida en Madrid, una ciudad en la que él y su marido están totalmente
integrados. Una de las grandes contribuciones de anfitrión fue
convertir la embajada en un lugar de puertas abiertas con una actividad
social importante aparte de la institucional.
El próximo recorrido de la pareja
aún está sin cerrar. Él tiene intención de volver al monasterio de Leyre
en Navarra, repitiendo la experiencia de la que disfrutó el año pasado.
Preysler y Vargas Llosa en una imagen de archivo. (Gtres)
¿Dónde se esconden Preysler y Vargas Llosa? La última salida pública y documentada de la pareja fue al estadio Santiago Bernabéu para animar al Real Madrid
en los cuartos de final de la Champions. Aquello fue en el mes de
abril. Después, desaparecieron del circuito social. El nobel se dedicó a
la gira promocional de su último libro y a sus conferencias. Isabel solo le acompañaba si le gustaba la plaza y otras no. Si se quedaba en Madrid, se suponía que permanecía en su mansión de Puerta de Hierro compartiendo Netflix con la dulce Tamara. Oficialmente, este era el calendario de la pareja en estos últimos meses de invisibilidad. Poco o nada se ha sabido de ellos a través de la prensa rosa, que ha
sido el soporte gráfico desde que se hizo pública su relación hace ya
tres años. La única irrupción mediática ha sido la del escritor gracias al Instagram de la graduación de su nieta Adriana que subió su hija Morgana.
En esas imágenes aparece el escritor en Boston, rodeado de su familia
y, por primera vez desde su inesperado divorcio, al lado de su exmujer
Patricia. Aquello sucedió el 21 de mayo y en la foto no había rastro de
Preysler, que prefirió no participar en esa reunión después del lío que
se organizó por un posado de ella con las nietas de Mario y Tamara que
apareció en la revista '¡Hola!'. Preysler y Vargas Llosa en una imagen de archivo. (Gtres)Esas fotos desencadenaron lo que más tarde se bautizaría como 'la guerra de los comunicados'. Algunos de los protagonistas (Gonzalo, Álvaro, Mario) intercambiaron
mensajes públicos que demostraban el mal rollo que existía entre la
primera familia del nobel y la que ha adoptado por amor. Lo más llamativo es que, después de estas apariciones, Mario Vargas Llosa y Preysler no han paseado públicamente su amor,
pero Vanitatis conoce su hoja de ruta. El 2 6 de mayo, Isabel acudió en
solitario a la cena organizada por el exembajador de Estados Unidos, James Costos,
a su pareja, Michael Smith, con motivo de su cumpleaños. Disfrutó de la
noche y, según testigos presenciales, bailó con uno de los invitados. Nada que hiciera sospechar una posible ruptura. El caballero parecía
mucho mayor que el nobel, que cumplió 82 años el pasado marzo.
¿Dónde se esconden Preysler y Vargas Llosa? La última salida pública y documentada de la pareja fue al estadio Santiago Bernabéu para animar al Real Madrid
en los cuartos de final de la Champions. Aquello fue en el mes de
abril. Después, desaparecieron del circuito social. El nobel se dedicó a
la gira promocional de su último libro y a sus conferencias. Isabel solo le acompañaba si le gustaba la plaza y otras no. Si se quedaba en Madrid, se suponía que permanecía en su mansión de Puerta de Hierro compartiendo Netflix con la dulce Tamara.
Oficialmente, este era el calendario de la pareja en estos últimos meses de invisibilidad.
Poco o nada se ha sabido de ellos a través de la prensa rosa, que ha
sido el soporte gráfico desde que se hizo pública su relación hace ya
tres años.
La única irrupción mediática ha sido la del escritor gracias al Instagram de la graduación de su nieta Adriana que subió su hija Morgana.
En esas imágenes aparece el escritor en Boston, rodeado de su familia
y, por primera vez desde su inesperado divorcio, al lado de su exmujer
Patricia. Aquello sucedió el 21 de mayo y en la foto no había rastro de
Preysler, que prefirió no participar en esa reunión después del lío que
se organizó por un posado de ella con las nietas de Mario y Tamara que
apareció en la revista '¡Hola!'.
Preysler y Vargas Llosa en una imagen de archivo. (Gtres)
Esas fotos desencadenaron lo que más tarde se bautizaría como 'la guerra de los comunicados'. Algunos de los protagonistas (Gonzalo, Álvaro, Mario) intercambiaron
mensajes públicos que demostraban el mal rollo que existía entre la
primera familia del nobel y la que ha adoptado por amor.
Lo más llamativo es que, después de estas apariciones, Mario Vargas Llosa y Preysler no han paseado públicamente su amor,
pero Vanitatis conoce su hoja de ruta. El 26 de mayo, Isabel acudió en
solitario a la cena organizada por el exembajador de Estados Unidos, James Costos,
a su pareja, Michael Smith, con motivo de su cumpleaños. Disfrutó de la
noche y, según testigos presenciales, bailó con uno de los invitados.
Nada que hiciera sospechar una posible ruptura. El caballero parecía
mucho mayor que el nobel, que cumplió 82 años el pasado marzo.
Otro
de los últimos destinos compartidos por la pareja fue el fin de semana
en San Sebastián por un tema laboral del escritor. Después se
desplazaron hasta Biarritz y volvieron a Madrid. Antes de este viaje,
ambos pensaron viajar a París para coincidir con Ana Boyer. Verdasco participaba en el Roland Garros, pero al ser eliminado, cambiaron de itinerario. El próximo recorrido de la pareja aún está sin cerrar. Mario Vargas Llosa tiene intención de volver al monasterio de Leyre en Navarra,
repitiendo la experiencia de la que disfrutó en noviembre del año
pasado. Según explicaba a sus amistades y a la propia Isabel, la semana
que pasó con los frailes fue muy gratificante y enriquecedora. Esta vez,
hasta podría acompañarlo su novia, aunque en su caso tendría que dormir
en la hospedería ya que las reglas de Leyre no permiten pernoctar a
mujeres aunque esta sea la mismísima Isabel Preysler