Siempre entre las nubes hay esos huequitos de Sol que te dan valor.
Un Blues
Del material conque están hechos los sueños
9 jun 2018
El nuevo gobierno.......................................... Boris Izaguirre
Antiguos
compañeros de televisión se hacen ministros. Los gobiernos se parecen a
los 'realities' y los 'realities' se convierten en series.
El ministro de Cultura y Deportes, Màxim Huerta, en el primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno celebrado en Moncloa.ULY MARTIN / atlasEn el momento que se anunció la composición del nuevo Gobierno,
mi móvil colapsó debido a la histérica cantidad de mensajes y memes
diciendo: "Màxim Huerta, ministro de Cultura y Boris Izaguirre, de
Festejos". Ya lo dijo hace días Antonio Caño: "Todos somos presa en
estos tiempo de un clima emocional que lo distorsiona todo". Al
principio me dio risa hasta que luego pensé que esa no era manera de
darle la enhorabuena al señor Huerta. "Cualquiera puede ser ministro de
Cultura", escuché decir en el andén de la estación de tren de León. "Imagínense, Pedro Duque,Màxim Huerta y Marlaska", dijo otro viajero, "eso mas que un gobierno parece Masterchef Celebrity".
Y todos lo celebraron con una carcajada.
Sí,
las noticias reflejan en exceso el clima emocional de mi realidad. Antiguos compañeros de televisión se hacen ministros. Los gobiernos se
parecen a los realities y los realities se convierten
en series. Mientras me afeitaba con el cacareo de la radio al fondo,
llegué a la conclusión de que Màxim Huerta debe saber mucho de política
porque su primer trabajo en televisión fue dar noticias acerca de ella y
luego, en sus largos años junto a Ana Rosa Quintana, entrevistó y
analizó a todos los políticos de diferentes gobiernos y partidos y
también a Bibiana Fernández,
que es tan fuerte como la oposición que promete hacer el PP. Quizás sea
atrevido de mi parte, pero así como a cocinar se aprende escuchando y
mirando, creo que con la política sucede lo mismo. Aparte de eso, muchos
otros miembros del nuevo gobierno tienen en común que llegan al
servicio público a través de sus méritos, como bien lo puntualizó, con
una voz más aterciopelada que de costumbre, Pepa Bueno desde la radio de
la cocina. Y Màxim tiene buena voz y un as en la manga de su traje
nuevo: modificar el impuesto del cruel 21% de IVA con el que el gobierno anterior castigó a la industria cultural.
Miss America 2018, Cara Mund, en Nueva York en septiembre de 2017.Mary AltafferAP
El nuevo Gobierno nos enfrenta al cambio y se suma a Ana Botín en su
declaración de que Europa “tiene que cambiar y tiene que hacerlo
rápido”. Pues el cambio ya está aquí. Y ese cambio te da alas y trae
novedades. Como el anuncio de que en Miss América se acabó para siempre el desfile en bañador,
quizás uno de los resquicios rijosos más anquilosados de occidente. Reconozco que cuando me tocó presentarlo en el certamen de Miss
Venezuela sentí bochorno al repetir, candidata tras candidata, sus
medidas siempre perfectas y verlas avanzar con coloridas y diminutas
fantasías textiles robadas a la natación sincronizada.Después de recitar aquellas medidas, que eran el resultado de la suma
del alto rendimiento deportivo y del avance tecnológico, tenías que
agregar sus estudios académicos, su currículum como "experta en el
estudio del planctón marino" o "experta en comunicación social". Chirriaba y celebro que su final sea producto del movimiento Me Too y en la misma semana que el Tribunal Supremo de ese país exculpa a un pastelero que se negó a hacer una tarta
para un matrimonio gay por razones religiosas. Las religiones han
estado detrás de muchas guerras, ojalá este sea el comienzo de la
batalla definitiva contra el azúcar y la cursilería. Cambiemos el menú
de las bodas en los matrimonios gais. En vez de pastel nupcial,
recuperar la gelatina, la macedonia o una espuma como alternativas. Desde que el cambio llegó, rezo por el bolso Loewe de 2.000 euros
que Soraya Sáenz de Santamaría usó en su último día como vicepresidenta
y que ocupó el escaño del presidente Mariano Rajoy durante su ya mítica
ausencia. Temo por que Soraya le coja manía y lo relegue al fondo de un
armario. O intente una reventa en los comercios vintage online. Ese bolso tiene que ir al Museo del Congreso después de salir orgulloso
de su armario. Comprendí a Soraya porque muchas veces también he
guardado un puesto o dos en bodas caraqueñas, que no son con asientos
asignados, y al llegar las señoras colocan su bolso en el sitio que
territorializan. Por eso la imagen de Soraya al lado de su bolso me
enterneció, porque la reconocí provinciana como yo. En el fondo es una
tradición que necesitaba un cambio. Pero Soraya, mi amor, no la pagues
con ese bolso, porque vendrá de perlas para cruzar cualquier puerta
giratoria o para dar una entrevista pícara y divertida cuando todo esto
vuelva a cambiar.
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