Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

12 jul 2017

La desconocida marca que quiere plantar cara a Zara en EEUU

Modern Citizen es considerada por la prensa internacional como una de las nuevas firmas con posibilidades de enfrentarse a Inditex. Básicos alejados de las tendencias a precios asequibles son las claves de su éxito.



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Foto: Modern Citizen

“Zara es una gran corporación pero no está demasiado centrada en la calidad, y cuando compras allí, te sientes como una más.
 Además genera éxitos muy rápido mientras que algunos compradores quieren algo un poco más lento, con una elección más cuidada”.
 Contra la limitada calidad y el ritmo frenético de las grandes cadenas de moda pronta quiere luchar Jessica Lee, la joven de 31 años de edad que está detrás de Modern Citizen. 
 La firma, que probablemente aún no suene demasiado en España, se postula como una de las marcas asequibles más interesantes y capitanea, según medios especializados como Racked o Business of Fashion, la nueva hornada de compedidores de Zara. 
Al menos en Estados Unidos.
Ya se sabe que las comparaciones son odiosas y muchas veces exageradas. 
Puede que Modern Citizen esté a años luz de embolsarse los 654 millones de euros netos que ganó Inditex en el primer trimestre de este año. 
Pero eso no resta solidez a su propuesta.
 Lee, al igual que Amancio Ortega allá por lo años 70, ha creado de la nada una firma con propuestas contemporáneas y muy buena relación calidad-precio. 
Ni rondas de inversión ni el respaldo de grandes compañías. Impulsada por su experiencia previa trabajando en GAP, esta joven recaudó 250.000 dólares con la ayuda de familiares y amigos para crear su propio negocio.
  Una aventura empresarial que comenzó digitalmente en 2014 y que ya cuenta con su primera tienda física en San Francisco. 
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La firma apuesta por prendas minimalistas con buena relación calidad-precio. Foto: Modern Citizen
Modern Citizen se aleja bastante de la apuesta por la última tendencia para centrarse en básicos y prendas, principalmente lisas, para el día a día. 
No esperen encontrar en su catálogo el último clon de Vetements ni referencias a las chicas nerd de Gucci.
 La firma defiende como fórmula de éxito ofrecer prendas básicas de calidad aceptable y precio asumible. 
La misma receta que llevó a Everlane, otra enseña estadounidense que viene pisando fuerte, a convertir unos sencillos pantalones negros en objeto de deseo para 12.000 mujeres.
 El precio medio de sus creaciones ronda los 65 euros (hay que tener en cuenta que los precios de Zara son más altos fuera de España) e incluye un buen surtido de vestidos lisos de distintos cortes y longitudes, discretos tops con alguna concesión a los volantes y otros tantos pantalones y faldas perfectos para ir a la oficina.
 Tampoco faltan accesorios, productos de belleza y una línea de decoración como mandan las reglas actuales de la diversificación. 
Lo más llamativo de su propuesta es que defienden el ‘Made in China’ por bandera. 
 Cuando muchas marcas mantienen en segundo plano que producen en países asiáticos, llega Modern Citizen para gritarlo a los cuatro vientos. La explicación es sencilla: fabrican en China, sí, pero con unas condiciones de trabajo reguladas y en la mismas fábricas que producen para diseñadores como 3.1 Phillip Lim. Tal y como explica la fundadora a Racked, produce en fábricas de Hong Kong y quiere “humanizar” la fabricación en el país asiático, de donde proviene su familia. “Nunca entendí la idea de la mala calidad asociada con China, probablemente debido a mi herencia china, pero creo que es un sesgo cultural, una percepción que espero pueda ser cambiada. El país ha estado fabricando ropa para todo el mundo durante los últimos 100 años. 
Pensar en un país entero como ‘de mala calidad’ me parece realmente torpe, teniendo en cuenta que algunos de los mejores productos del mundo se hacen allí”, defiende. 
 

11 jul 2017

"Intento utilizar la cabeza, pero al final siempre puede más el corazón"

El exclusivo relato de la vida de Isabel en primera persona: detalles de sus matrimonios y divorcios y pinceladas de una vida de la que queda mucho por contar. 

Son las nueve de la noche, acabamos de terminar la sesión de fotos y estamos sentados en el porche de Isabel Preysler con un zumo de pomelo y un sándwich frío de pollo, marca de la casa. 
Isabel es, en muchos sentidos, lo que uno se imagina después de años y portadas en los que no se han resentido ni la curiosidad que despierta en los lectores ni la rentabilidad que sigue garantizando a las marcas que la mantienen en sus campañas temporada tras temporada.
Contenida, disciplinada, cuidadosa hasta el extremo con todo lo que tenga que ver con su imagen, desde el escote de un estilismo hasta el matiz de una declaración.
 Isabel Preysler mide cada centímetro de piel y de alma que deja ver con el rigor de un físico cuántico. Una fórmula por la que pagaría cualquier asesor de imagen, con la que se ha mantenido como una marca impoluta y blanca, y a la vez como una mujer que conserva un interés continuo durante más de cuarenta años.

Tiene que ver, suponemos, con algo tan intangible como una vida en muchos momentos trepidante pasada por el férreo filtro de las buenas maneras. 
Y también con algo mucho más sencillo: que Isabel Preysler resulta una compañía divertida y esponjosa igual que su famoso pastel de melocotón.
Con un sentido del humor que uno nunca imaginaría detrás de la sonrisa de sus fotos.
 Esta noche empieza la conversación imitando a uno de nuestros personajes de portada y arrancándonos una carcajada. Es amable y firme en las respuestas, un sí es un sí y un no es un no. Seguramente, la misma firmeza con la que ha tomado muchas decisiones complicadas en su vida y que debieron resultar muy arriesgadas en el rígido entorno social que siempre ha sido su ambiente.
No sabemos si estos últimos años han sido los peores de su existencia, pero seguro que han resultado muy duros.
 Hablamos con calma de estos y otros muchos momentos. No es una entrevista al uso, sino un repaso por épocas y por imágenes que nos han parecido puntos y aparte en su vida.

Quizá por eso lo cuenta con más valentía que nunca. Un relato que hemos mantenido casi tal cual, en primera persona, lleno de detalles, de sentimientos, de contradicciones asumidas y de absoluta sinceridad. ¿Una confesión? Sí.
 Y una larga reflexión que la aleja por completo de los mitos y prejuicios del cuché. Si esto fuera una novela por entregas, el personaje no estaría agotado. 
Ni mucho menos.
 

Los 64 de Isabel

MILF’s: ¿fantasía masculina o liberación sexual de la mujer madura?

La mujer mayor con ganas de saciar sus apetitos sexuales no siempre lo tiene fácil en una sociedad hecha por y para el hombre. 

Una nueva corriente literaria pone el foco en el sexo en la menopausia.




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Susan Sarandon como Bette Davies en 'Feud'. Foto: Cordon Press
Años atrás, literariamente hablando, la mujer que estaba de moda era la treintañera soltera que, pese a ser una mujer atractiva, independiente y con éxito en su carrera profesional no tenía pareja y sus encontronazos con el amor o el sexo eran cómicos, dramáticos, tristes o surrealistas.
 Todo menos placenteros.
 El diario de Bridget Jones, escrito por Helen Fielding y publicado en 2001, es el máximo exponente de esta corriente literaria que explotaba el mito de la entonces “nueva solterona”, y que contaba con autoras como Marian Keyes, Sophie Kinselle, Lauren Weisberger –El diablo viste de Prada– o Candace Bushnell autora de Sex and the City, en el que se inspiró la serie de televisión. Corriente que algunos bautizaron como novela Chick lit.
El mensaje que traslucían estas lecturas creadas por y para mujeres era que vivir sola y sin amor era el precio que muchas tenían que pagar por ser independientes, listas y con pocas ganas de aguantar a nadie que no estuviera a su altura; ya que muchos homo sapiens, en su versión masculina, se negaban a cambiar –como habían hecho las féminas- y se aferraban a los antiguos y machistas roles de género.
 
Es posible que estemos en una nueva corriente literaria que centra su foco en las MILFs o mujeres maduras que, llegadas a una edad –a veces coincidente con la menopausia–, sufren una crisis vital que cambia sus vidas y las de sus allegados.
 Si se piensa bien, la situación puede dar para muchas páginas. Mujeres que han roto tabúes misóginos pero que han convivido con otros sin darles demasiada importancia hasta ahora –por ejemplo, la brecha salarial–. 
Mujeres que ven que han llegado a una edad sin conseguir muchas de las cosas que se habían propuesto, a la vez que sienten que se les acaba el tiempo.
 Mujeres que quieren exprimir al máximo su sexualidad –con fecha de caducidad– mientras su pareja entra, lentamente, en la filosofía contraria.
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 Susan Sarandon y Julianne Moore en el pasado festival de Cannes. Foto: Getty

 El libro Love and Trouble: A Midlife Reckoning de Claire Dederer, aborda esa temática, ya que la novela trata de una madre en sus cuarenta, felizmente casada, que de repente deja de ocuparse en satisfacer las necesidades de sus hijos y marido para pasar a centrarse en los suyas.
 Alguien que empieza a desatar sus deseos sexuales y a actuar como un hombre.
 La protagonista se va de vacaciones con sus mejores amigas, en vez de hacerlo con su esposo, y le pone los cuernos a éste con un escritor de California.
 Como comentaba un artículo de The Cut sobre el libro, “si fuera un hombre, se diría que está pasando la típica crisis de la mediana edad, de los 40. 
Algo de lo que ya se han ocupado sobradamente autores como Philip Roth, Richard Ford, James Salter o Junot Díaz, entre otros muchos.
 Estaría actuando como Bill Clinton, Tony Soprano o Don Draper”. Sin embargo, algo oscuro ronda la figura de la mujer madura hambrienta de sexo.
 La propia Dederer reconocía a The Cut “es curioso como a pesar de que la sociedad ya ha asumido que a una mujer joven puede gustarle mucho el sexo sin ser una fulana, esta aceptación no es tan segura cuando se trata de una mujer de cierta edad, casada y con familia.
 ¿Es posible que las mujeres mayores y con hijos puedan tener ganas de sexo?”, se preguntaba.
 Los finales felices que exige Hollywood hicieron que el ama de casa de Los puentes de Madison (1995), renunciara al amor de su vida por la familia. 
¿Qué hubiera ocurrido si decidiera dejarlo todo para seguir al fotógrafo del National Geographic?, ¿son las MILFs una simple fantasía sexual a la medida del hombre o conllevan una cierta reivindicación de que las maduras pueden, no solo seguir teniendo deseo, sino vivir su plenitud sexual pasados los 50?
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¿Qué hubiera ocurrido si Streep lo hubiese dejado todo para seguir al fotógrafo del National Geographic? Foto: Cordon Press

¿Quién envejece mejor sexualmente: ellas o ellos?
 La respuesta no es fácil, aunque tendamos a pensar que ellos lo llevan peor porque izar un estandarte parece, a priori, más complicado que acondicionar un habitáculo para que algo quepa dentro. 
“A veces, las mujeres lo único que necesitan es un poco de lubricante; pero los hombres tienen que echar mano de la Viagra”. Una frase que he oído muchas veces pero que reduce la sexualidad a un mero hecho mecánico, a parte de darle al lubricante un súper poder, que poco tiene que ver con el deseo, la excitación y el disfrute. 
El hecho es que en una sexualidad activa y placentera intervienen otros factores –además de los meramente fisiológicos–, como psicológicos o afectivos.
Pero, para empezar con la maquinaria, Francisca Molero, sexóloga, ginecóloga, directora del Institut Clinic de Sexología de Barcelona, del Instituto Iberoamericano de Sexología y presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología, apunta que “los cánceres dejan graves secuelas en ambos sexos.
 Los de próstata dejan al hombre sin eyaculación y los de ovario o endometrio afectan a la respuesta sexual de la mujer. Luego, están las enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes o el síndrome metabólico (un grupo de condiciones que aumentan el riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca, como tensión alta, colesterol, obesidad etc).
Sabemos que en el hombre estas condiciones pueden producir problemas de erección, pero nunca se habían estudiado en la mujer.
 Ahora se están llevando a cabo investigaciones que apuntan que también podría afectarles a ellas en la fase de excitación y en la calidad del orgasmo”.
 Suponiendo que uno llegue a la madurez sin ninguno de estos problemas anteriores y con una buena salud, entonces la actitud vital y psicológica son aspectos claves para poder disfrutar del sexo. 
Además de tener pareja o la posibilidad de que se produzcan encuentros sexuales. 
Según Molero, “mucha gente entra en la etapa madura con un sentimiento de derrota, de que la juventud, o lo bueno de la vida, ya se ha acabado. 
 Pero si se afronta este cambio como el inicio de una nueva fase y no como el fin de otra, las cosas pueden ir mejor.
 En la mujer, la menopausia es un momento crítico, ya que es un periodo de confusión, cambio, rebeldía. 
Sexualmente, algunas mujeres ven como su deseo disminuye; mientras otras experimentan todo lo contrario. 
Se sienten liberadas de la tarea del control de natalidad y quieren experimentar cosas nuevas porque ven que tienen ya menos tiempo para hacerlo. 
En estos casos, el acompañamiento de la pareja o la posibilidad de tener relaciones es crucial, porque sino se sentirán frustradas.
 A menudo hay uniones en las que la mujer vive esta necesidad sexual pero el hombre no le acompaña, lo que puede producir la ruptura. 
Aunque también veo muchos casos en los que ellos hacen todo lo posible por complacerlas y ellas no les brindan la oportunidad”.






Sara Carbonero, más éxito como empresaria que como periodista

Slow Love, la web de moda que fundó junto sus compañeras Isabel Jiménez y Mayra del Pilar, facturó 1,5 millones de euros en 2016 y consolida su éxito.

Las periodistas Isabel Jiménez y Sara Carbonero, dos de las socias de la web de moda, decoración y belleza Slow Love.
Las periodistas Isabel Jiménez y Sara Carbonero, dos de las socias de la web de moda, decoración y belleza Slow Love. GTRESOLINE

 

 
 Ya lo dice el refranero, lo mejor es no tener todos los huevos en la misma cesta y a Sara Carbonero le ha ido bien, muy bien, seguir esta máxima.
 Quien empezó a ser conocida como periodista de deportes de Telecinco, pasó a ser la novia y mujer de Iker Casillas, entonces portero estrella del Real Madrid, mutó en imagen de éxito para las marcas más diversas y probó después suerte como empresaria, consolida su proyecto de moda.
 Slow Love, la idea que se fraguó en el comedor de la cadena de televisión en la que Sara Carbonero e Isabel Jiménez trabajaban como periodistas y Mayra del Pilar como estilista,ya se puede considerar una empresa que triunfa.
 La página web de moda multimarca, a la que se unieron poco después de su nacimiento hace dos años diseños propios bajo la marca Slow Love Brand, ha facturado millón y medio de euros en el ejercicio de 2016 partiendo de una inversión inicial total de 40.000 euros y sin realizar ningún desembolso en marketing o publicidad.
Un sueño, un hobby y ahora un éxito en el que según sus fundadoras tiene mucho que ver la confianza que existe entre ellas y que cada una tiene claras sus funciones: Carbonero se encarga de la comunicación y relaciones públicas, Jiménez ostenta la dirección ejecutiva y Del Pilar se hace cargo de la dirección creativa.
 Las tres socias apostaron por un crecimiento tranquilo, en el que no han querido abusar del poder mediático de las dos periodistas, y lo han conseguido. 
En el éxito de su empresa también tiene mucho que ver el empaquetado de los pedidos, que llegan a sus clientes en cajas serigrafiadas, perfumadas y con una tarjeta que se renueva cada año.
Un sueño, un hobby y ahora un éxito en el que según sus fundadoras tiene mucho que ver la confianza que existe entre ellas y que cada una tiene claras sus funciones: Carbonero se encarga de la comunicación y relaciones públicas, Jiménez ostenta la dirección ejecutiva y Del Pilar se hace cargo de la dirección creativa. 
Las tres socias apostaron por un crecimiento tranquilo, en el que no han querido abusar del poder mediático de las dos periodistas, y lo han conseguido. 
En el éxito de su empresa también tiene mucho que ver el empaquetado de los pedidos, que llegan a sus clientes en cajas serigrafiadas, perfumadas y con una tarjeta que se renueva cada año.
Algo que no ocurrió con el último proyecto televisivo presentado por Sara Carbonero, que se pusó al frente de Quiero ser –concurso de talentos de moda que se estrenó en Telecinco y pasó rápidamente al canal Divinity–, con mucha ilusión pero no tuvo la audiencia que se esperaba y no contó con Carbonero en su segunda temporada.
Los rumores de que Casillas acabará su carrera en Estados Unidos abrirían un nuevo mercado profesional a Sara Carbonero tanto en televisión como en sus negocios de moda. 
Pero, de momento, Oporto seguirá siendo la residencia familiar al menos hasta 2018 y, mientras, Slow Love continuará su camino.


Sara Carbonero e Iker Casillas en 2016 durante la cena de gala ofrecida en Portugal en honor a los Reyes de España.
Sara Carbonero e Iker Casillas en 2016 durante la cena de gala ofrecida en Portugal en honor a los Reyes de España. Cordon Press
Uno de los escollos que han tenido que aprender a soslayar ha sido trabajar desde la distancia. Cuando el proyecto ya estaba en marcha, Sara Carbonero pidió una excedencia de dos años a Mediaset España y se trasladó a Oporto (Portugal) siguiendo a su marido Iker Casillas, portero del equipo portugués F.C. Porto desde la temporada 2015. El futuro de la pareja, que tiene dos hijos –Martín de tres años y Lucas de uno– estaba en el aire cuando empezaron las vacaciones de verano del deportista. Hoy las cosas están más claras: Iker Casillas ha renovado por un año con el Oporto, y Sara ha hecho lo mismo con su excedencia laboral que ha ampliado otros dos años, aunque sigue vinculada a la cadena de televisión. Por tanto el proyecto de moda que mantiene con sus dos amigas y compañeras podrá continuar su curso igual que lo ha hecho hasta ahora pero con la tranquilidad de saber que funciona.