Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

26 jun 2017

50 años del drama de Françoise Dorleac, hermana de Catherine Deneuve

La vertiginosa carrera de la actriz con Truffaut y Polanski se truncó al morir en un accidente.

La actriz Françoise Dorleac, durante el rodaje de 'Cul-de-sac' (1966).
La actriz Françoise Dorleac, durante el rodaje de 'Cul-de-sac' (1966).
“Personalidad fuerte, a veces autoritaria, que contrastaba con un físico frágil y romántico como un alga marina o lebrel”. 
El director François Truffaut tributaba un homenaje a la actriz Françoise Dorléac (1942-1967) en la revista Cahiers du Cinema con motivo de su trágica desaparición.
 Director e intérprete habían coincido por primera vez -y última- en la película La piel suave, una obra mal acogida en su presentación en el Festival de Cannes de 1964 donde triunfa Los paraguas de Cherburgo (Jacques Demy) lanzando al estrellato internacional a su hermana, Catherine Deneuve.
 Truffaut intuye la fuerza y el magnetismo de la joven actriz para la pantalla bajo ese rostro delicado y de cierto misterio.
Truffaut intuye la fuerza y el magnetismo de la joven actriz para la pantalla bajo ese rostro delicado y de cierto misterio. 
Una intérprete en opinión del realizador “insuficientemente valorada, que habría encontrado a los treinta años el verdadero contacto con el gran público, que la habría adorado como la adoraron todas las personas que tuvieron oportunidad de trabajar con ella”. 
La promesa del director de reunirse cada seis años en las próximas décadas queda truncada. A cambio, Truffaut encontrará en su hermana, Catherine Deneuve, la heroína de dos de sus producciones más recordadas, La sirena del Misisipi y El último metro.

La mañana del 26 de junio de 1967, camino del aeropuerto de Niza, la actriz sufre un accidente incendiándose el coche que conduce.
 Su desaparición, acababa de cumplir veinticinco años, conmociona una Francia que baila y canta con las canciones de Las señoritas de Rochefort, el musical que acaba de estrenar junto con su hermana a las órdenes de Jacques Demy.
 Como recordará la propia Catherine Deneuve en el documental Elle s’appelait Françoise (Anne Andreu & Mathias Ledoux, 1996) rompiendo un silencio de tres décadas desde la muerte de su hermana, 
“la película nos permitió volvernos a reencontrarnos como si estuviéramos viviendo una segunda infancia”.
 ” Nuestras carreras profesionales habían comenzado muy pronto y casi no habíamos tenido tiempo de disfrutar de esa etapa de la vida que es la adolescencia, así que el rodaje nos proporcionó muchos momentos de felicidad, como si fuéramos dos adolescentes en total libertad”.
 Hijas de los actores de teatro Maurice Dorléac y Renée Simonit, las dos hermanas, Françoise Dorleac y Catherine Deneuve, crecen en un ambiente familiar señalado por las noches de estreno y los primeros trabajos profesionales junto con su padre, director de doblaje de la Paramount en Francia. 
La primera gran oportunidad para Françoise Dorleac se presenta con la obra teatral Gigi, adaptación de la célebre novela de la escritora Colette que ha triunfado en Broadway interpretada por Audrey Hepburn y en la pantalla, en versión musical, con la actriz Leslie Caron.
 Como su hermana Catherine, no tarda en ser reclamada por la pantalla, a las órdenes de una generación de directores, Jean-Gabriel Albicocco, Michel Deville, Eduard Molinaro, a medio camino entre la vieja generación de cineastas y la nueva representada por la Nouvelle Vague.
Una comedia de aventuras junto a un inolvidable y elástico Jean-Paul Belmondo, El hombre de Río (Philippe de Broca, 1964) le ofrece su primer gran éxito popular y proyección internacional. La actriz encadena una serie de producciones, del péplum (Gengis Khan, Henry Levin, 1965) a la intriga de espías y agentes secretos (¿Donde están los espías?, Val Guest, 1965) junto a estrellas como Omar Sharif, Stephen Boyd y David Niven. Desde el nuevo cine de autor, el director Roman Polanski, después de haber probado sin suerte con las actrices Alexandra Stewart y una jovencísima Charlotte Rampling, la embarca en el rodaje de Cul-de-sac en un reparto extravagante junto a los actores Donald Pleasence y Lionel Stander y en medio de una producción salpicada de toda clase de incidentes como recordará en sus memorias Polanski.
 Como había sucedido con Repulsión y la presencia de Catherine Deneuve, la participación de Françoise Dorléac acaba convirtiéndose en el principal reclamo de la película que recorre con éxito diferentes festivales internacionales. Su breve carrera se cierra con dos títulos más, Un cerebro de un billón de dólares, con el debut de Ken Russell como director y Michael Caine en la tercera entrega del mesurado inspector Harry Palmer, y el musical Las señoritas de Rochefort de Jacques Demy.
 El realizador reúne a las dos hermanas, Catherine Deneuve y Françoise en una fantasía de música y baile rodada en la ciudad normanda de Cherburgo donde vuelca su homenaje al musical americano -las figuras de Gene Kelly y George Chakiris- y su propia creación, en una nueva vuelta de tuerca, el musical europeo, ahora con la presencia de Catherine Deneuve y Françoise Dorléac como mellizas y bailarinas. 
La banda sonora y las canciones de Michel Legrand rubrican con lirismo y aires jazzísticos el cuento de hadas bañado de colorido pop. 

Tres días después de la muerte de Françoise Dorléac, el 29 de junio, desaparecía en otro accidente automovilístico la ex sex symbol Jayne Mansfield.
 El coche, un Buick Electra 225, donde viajaban la actriz, su compañero, Sam Brody, el chófer, sus tres hijos, Zoltan, Miklos y Maria, y una troupe de perros chihuahua, se empotra violentamente contra un camión en la carretera nacional 90 dirección Nueva Orleans.
 Según la mitología popular la cabeza –y peluca oxigenada– de la actriz habrían saltado por los aires en la noche estrellada del sureño y profundo Misisipi.
 

 

 

El grupo de Zara adelanta también un día las rebajas para avanzarse a la operación salida

Inditex anuncia que sus tiendas comenzarán las Rebajas de verano 2017 el viernes 30 de junio.

Rebajas de verano 2017
Un escaparate de Zara en Madrid. REUTERS
El grupo Inditex adelanta sus Rebajas de verano 2017 al viernes 30 de junio.
 Lo hace un día después de que El Corte Inglés anunciase lo propio, aunque fuentes de la compañía aseguran que es una decisión que ya estaba tomada. 
¿La razón? Sortear la operación salida de julio y que los clientes puedan aprovechar los descuentos antes de empezar sus vacaciones. Inditex, que cuenta con las marcas Zara, Bershka, Stradivarius, Massimo Dutti, Oysho, Zara Home, Uterqüe y Lefties, inicia por ello este año sus promociones un día antes de lo habitual.
El efecto calendario es lo que ha provocado el cambio de fecha de rebajas en los dos grandes del textil en España.
 El día 1 de julio, fecha tradicional del inicio de estas promociones, cae este año en sábado.
 Un día propicio para las compras, pero coincide además con el primer día de vacaciones para muchos españoles.
 Es decir, será el fin de semana de la operación salida en los grandes núcleos urbanos.
 De ahí el adelanto de 24 horas de las promociones en el grupo de Zara.
Los descuentos serán de hasta el 50% en una amplia selección de artículos de moda, hogar, ocio y accesorios, incluyendo productos de alta gama.
 Además, en algunos casos podrán alcanzar el 70% con el paso de los días, como ya ha ocurrido en años previos.
Además, en las tiendas online de Inditex también arrancará la campaña de descuentos el día 30 de junio, desde la medianoche del jueves al viernes.
 Algo similar a lo que hará El Corte Ingles, aunque en su caso será unas horas antes, a las diez de la noche del jueves, justo al cierre de las tiendas físicas.
Con esta decisión de Inditex y El Corte Inglés, dos grupos reticentes a modificar las fechas de rebajas desde la liberalización de estas promociones en julio de 2012, provocarán que el resto de firmas adelanten también sus rebajas.
 De hecho, muchas ya lo habían anunciado y las iniciaron la última semana.
 Es el caso de Sfera, la marca de moda de El Corte Inglés, Cortefiel, Bimba y Lola, Women's Secret, Springfield o H&M ya tienen descuentos que rondan el 50%.
Mango también ha arrancado sus promociones de verano con la invitación a clientes habituales de descuentos del 30%.
 Esta promoción estará disponible hasta el miércoles 28 de junio. Mango realiza este envío a sus clientes registrados por mensajes directos y correos electrónicos.


 

Puritanismo, dame el nombre exacto de las cosas............ Juan Cruz.

Qué atrevido Javier Marías, arañar nombres de los recientes santorales.

Gloria Fuertes, en una imagen de archivo. Gloria Fuertes, en una imagen de archivo.

Es saludable que se atreva uno a decir “no me gusta”, en el tiempo del “me gusta”, porque de ese modo se rompe el árbol de la complacencia.  
Javier Marías suele cumplir esa función, entre nosotros. 
Entre los ingleses tenían a Christopher Hitchens: se establecía una corriente, él iba por el otro lado.
 Aquí ha habido otros contradictorios, pero en este momento Marías, a juzgar por lo que es atacado, debe ser el adalid de los que se atreven a llevar la contraria. 
 En un libro de Guillermo Cabrera Infante, que fue amigo de Marías, por cierto, se habla de una tribu, probablemente norteamericana, que se llama Los Contradictorios, que hasta se sientan al revés, para darle la razón a su denominación y a su origen.
Pero antes de hablar de lo que trae aquí a Javier Marías y a los contradictorios, déjenme que vaya al Parlamento y a la ya extinta Moción de Censura.
 Recuerden ustedes que en ella hubo un rifirrafe, que ahora se llama así el debate, entre el líder de Podemos, Pablo Iglesias, y la diputada de Coalición Canaria Ana Oramas.
 Aquel la señaló a ésta con el dedo (acusador, por supuesto) y terminó llamándola tránsfuga. 
Y Ana Oramas lo llamó a él machista.
 Se pegaron, pues, lo normal.
 A pesar de que ella había introducido versos, sarcásticos, en su respuesta, así como cierta retranca canaria, la diputada Irene Montero optó por deducir que la oponente de su compañero estaba irritada y buscó en seguida, en el baúl de los recuerdos de uno de los suyos, una razón para explicar la irritación supuesta de Ana Oramas.

Llevada por ese ánimo justiciero, Montero reprodujo en Twitter la razón por la que, según ella, Ana Oramas estaba irritada. 

Era porque in illo tempore (in illo tempore ahora puede ser anteayer, o la semana pasada, o la última contienda electoral) el diputado podemita tinerfeño Alberto Rodríguez había contado en una reunión ante los suyos que la abuela de Ana Oramas, rica de La Laguna, había tenido a su propia abuela, la de Alberto Rodríguez, cosiendo y martirizada, mal pagada y humillada.

 Y exhibía Irene Montero, tan segura de sí misma como en el debate, esa pieza de documentación en la que se ve a su compañero narrando, con su correspondiente suspense, episodio tan ilustrativo.

No hubo reproches a Irene Montero por sacar tal documento para desmejorar, con una historia de antepasados, a la diputada presente, sólo con el deseo de dañar su reputación en función de la supuesta reputación de su abuela; no hubo compasión (por decir esta horrible palabra) con Ana Oramas.
 Las alusiones, machistas, sin duda, de Rafael Hernando, a la propia Montero en ese mismo debate, tuvieron un recorrido inmenso por las redes, pero a la diputada canaria nadie la salvó de la agresión, primero en el Parlamento y después en las dichosas redes sociales. Por otra parte, cualquier referencia a la identidad de las amistades propias de la diputada de Podemos alcanzan niveles de enorme agitación tuitera, pues el machismo irrita, y con razón, pero cuando la agitada es una persona que no tiene el aval de la ideología más dominante en Twitter, por ejemplo, el decibelio se queda a cero. Y eso tampoco es justo.
Pues, a lo que iba.
 Ahora se ha atrevido Javier Marías a tocar el árbol del me gusta y no me gusta y ha dicho algo que resulta muy normal decir, pues el gusto literario es el menos obligatorio de los gustos, y de los disgustos. 
Y ha dicho que Gloria Fuertes no es para tanto
Para que fue aquello. ¡Y además lo ha dicho en EL PAÍS! Pues leña al mono. 
Te puede disgustar Hemingway, e incluso Camus, o incluso te puede disgustar, cómo no, Javier Marías. 
Pero tocas las nuevas santidades y acabas chamuscado. 
Y Gloria Fuertes está entre las glorias intocables de este momento histórico.
 Qué atrevido Marías, arañar nombres de los recientes santorales. Ha chocado contra el renovado puritanismo, que apunta con letras de oro lo que siempre estuvo en la división de bronce de la muy vapuleada historia de la literatura menor española.
 Y tendrá su merecido en las redes sociales, que ahora ya lo están tratando de quemar en las hogueras en las que se quema a aquellos que desafían la corriente.

 Un día el nuevo puritanismo hará una lista de los intocables, para que Marías y otros desviados se fijen en ella.

No sé como se las arregla usted Juan Cruz, que hasta para criticar a Marías, cosa que yo hice tb. no me gusta eso de tener una lista de intocables porque a mi solo me gusta Marias en alguna columna si hace referencia a Pérez Reverte. bueno su última novela si me gustó un poco.

pero Juan usted para meterse con Marías utiliza eso de pasa por Valladolid para meterse con su gran enemigo Pablo Iglesias y sale en defensa de esa señoritinga de La Laguna que no tiene credibilidad y si que es ella muchos adjetivos de la derecha, pero claro defienden a la podemita y de su Anita no dicen nada....Ay!!! Juan que en Canarias nos conocemos todos en el barrizal político.....claro que a mi no me lee nadie y a usted lo leo yo.

 

25 jun 2017

La falsa bailarina española que sedujo a un rey........... Jacinto Antón

Cristina Morató revive la increíble aventura vital de la legendaria Lola Montes.

Un retrato de Lola Montes.
Un retrato de Lola Montes.
Ni se llamaba Lola Montes (o Montez) ni era española, y, pretendida bailarina, bailaba que era un disparate. 
Pero hay que ver qué gran aventura la vida de esa valiente impostora de armas tomar que se puso por montera las convenciones de su época, convirtiéndose en símbolo de escándalo, desenfreno, fatalidad, lujo y audacia. 
Max Ophlus la inmortalizó en el cine con el rostro de Martine Carol (Lola Montes, 1955).
Irlandesa y de verdadero nombre Elizabeth Rosanna Gilbert, Lola Montes (Grange, 1821-Nueva York, 1861) es un personaje más que singular. 
 Viajó de punta a punta del globo, incluida Australia, prefiguró un siglo antes que la Bella Dorita el baile de La Pulga (en su caso, la Danza de la Araña), golpeó en la cara con su fusta a un oficial prusiano, fue bígama, enamoró a príncipes, sedujo a Franz Liszt, trabó amistad con Alejandro Dumas y George Sand, y llegó a convertirse en la amante oficial de un rey, 
Luis I de Baviera (el abuelo de Luis II, “el rey loco” de Sissi, Wagner y Visconti), obligándolo a que le inventara un título de condesa y hasta propiciando, con su descarado comportamiento, la Revolución de 1848 en Múnich.
Añádase a todo esto que fumaba (lo que en una mujer entonces era una inmoralidad), que escribió el que se tiene por el primer libro de la historia de secretos de belleza, que acabó dando conferencias sobre sí misma y que fue propietaria de un oso grizzly —al que terminó vendiendo a través de un anuncio en la Prensa— y se compondrá la imagen de un personaje en verdad sensacional. 
Uno de sus fans más inesperados fue Hitler, que tenía su retrato en el despacho: debía ser por la conexión bávara y porque el líder nazi también tuvo líos en Múnich. 

La escritora Cristina Morató, que de aventureras y viajeras sabe un rato, ha recreado la asombrosa historia de la que conocemos como Lola Montes en un libro de corte biográfico que hace honor a la desmesura y pasión de su existencia y que se lee, y en este caso no es ninguna frase hecha, como una novela.
 Lo más sorprendente de Divina Lola (Plaza & Janés), visto todo lo que cuenta, es que está sólidamente basado en los hechos y minuciosamente documentado (con, entre otras cosas, las cartas de la propia Montes que se guardan en el archivo estatal de Baviera), aunque Morató se haya permitido la licencia de imaginar algunas escenas como si hubiera estado allí y de inventarse diálogos. 
 Nada, si se piensa, que no hiciera antes Emil Ludwig.
 
Cristina Morató, junto al retrato de Lola Montes en el Nymphenburg de Múnich.
Cristina Morató, junto al retrato de Lola Montes en el Nymphenburg de Múnich.
¿Por qué Lola? “Se cruzó en mi camino”, explica Morató durante una visita a los lugares que frecuentó la aventurera durante su explosiva estancia de dos años en Múnich, incluidos el rutilante Hotel Bayerischer Hof, la Residenz (palacio real), el Nymphenburg (el palacio de verano, donde cuelga un retrato de la Montes) y, en los jardines, el café Palmenhaus que era uno de sus rincones favoritos. 
“Fue al escribir mi libro sobre viajeras intrépidas: descubrí que Lola había cruzado la selva de Panamá, que había hecho una gira por la Australia profunda, que había vivido en el Lejano Oeste como una pionera, y me llamó mucho la atención el personaje.
 Esa faceta de viajera, y la de impostora: se hacía pasar por española, sevillana de rancio abolengo, pero era irlandesa.
 Si hubiera sido solo una cortesana, una de tantas no hubiera sido tan interesante para mí”.
En todo caso, el romance con Luis I fue de los que hacen época. Él, ya madurito, perdió la cabeza del todo, y hasta alguna vez el sentido del ridículo, por la bailarina. ¿Hubo mucho sexo?, le pregunto a la escritora paseando por los palacios de los Wittelsbach, donde observamos pensativamente varias camas regias. “Bueno, no era nada platónico, tenemos documentado oficialmente que se acostaron al menos dos veces. 
Ella tenía la saludad delicada (contrajo de joven la malaria en la India) y aducía eso y jaquecas para no mantener relaciones sexuales tan a menudo como Luis, que la llamaba ‘mi Lolita’, hubiese deseado”.
 Él era “un gran fetichista”. La autora explica en su libro que el rey poseía un modelo en mármol del pie de la bailarina y lo besaba y manoseaba a menudo.
 También le pidió a ella que le entregara piezas de ropa interior –i.e. las bragas de la época-, “obsequios íntimos que excitaban su imaginación y le inspiraban poemas cargados de erotismo”. Morató matiza que lo de la Montes “no era 50 sombras de Lola, a ella no le iba el sado y eso. 
Veía en Luis, al que siempre estimó mucho y cuya enorme cultura valoraba inmensamente, una figura paterna, el padre que no tuvo”.
En todo caso, Lola, de 27 años, que combinaba al rey, de 60, con otros amantes más jóvenes, se aprovechó desmedidamente del interés del monarca y, mantenida por él, residió en Baviera con un tren de vida principesco y derrochador que provocó gran escándalo y rabia en el reino.
 “No se contentaba con su papel marginal y cada vez exigía más, hasta acarició la idea de convertirse en reina; la perdieron su ambición y su carácter”.
 Daba lecciones al rey y hasta cuestionaba la valía de sus coraceros, que ya es meterte en donde no te llaman.
 Morató no deja de reivindicar en Múnich la memoria de la falsa española de ojos azules y melena azabache (“a ver si le dedican una calle”), menos conocida, dice, de lo que sería de esperar (a pesar de Hitler) y de la que se han inventado muchas cosas, lo que es lógico porque ella misma lo hacía, incluido lo de que trabajó en un circo, probablemente de las pocas cosas que nunca hizo. 

Lola Montes bailando en el filme de Ophüls.
Lola Montes bailando en el filme de Ophüls.
“Era una superviviente nata, una mujer fuerte, fogosa, independiente, emprendedora y subversiva”, subraya la autora con indisimulada admiración mientras observa el famoso retrato de Lola en la Galería de las Bellezas en el Nymphenburg, en el que va ataviada como el rey la vio por primera vez, en 1846.
 Lo que no era, sin duda, es una gran bailarina.
 “No, le echaba mucha jeta pero no tenía talento”. Su éxito residía en el morbo de verla y el punto erótico. “Pero no era una bailarina de estriptis, ni enseñaba el trasero, eso se ha dicho para desprestigiarla; la liga sí que la enseñaba. 
Y tenía un gran orgullo, cuando alguien le pitaba o se reía de ella en escena (lo que sucedía a menudo), se le encaraba”. En cambio, fue una muy buena actriz. 
“Su mejor papel fue el de Lola Montes, dentro y fuera de los escenarios, en los que acabó representando su propia vida, el espectáculo Lola en Baviera, con mucho éxito”.
La escritora afirma que ha intentado comprenderla, no juzgarla, aunque ve en ella algunas cosas que le desagradan como su capacidad de manipulación y su ambición, su temperamento caprichoso, violento y voluble.
 “Comparto en cambio su rebeldía, su pasión por los viajes, el sentido del humor y la determinación”, afirma. De Múnich, Lola salió por piernas (y valga la frase) y tuvo que reinventarse, una y otra vez. 
Siempre vivió a contracorriente y por encima de sus posibilidades. Se hizo detestar por sus aires y entusiasmó por eso mismo. Nunca fue muy afortunada en amores. 
Su gran amado murió en un duelo.
 Maridos y amantes (que le abrieron muchas puertas) le duraban poco. “No creo que fuera feminista, pero el ejemplo de su propia vida lo es”, concluye Morató.
Al preguntarle porqué escribe solo de mujeres, la autora responde lanzando una larga mirada al cuadro de su divina Lola: “Escribo de mujeres porque los hombres ya escriben de sí mismos”.