Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

12 feb 2017

Johnny Depp y la ruina de ser famoso.............................. Irene Crespo......

El actor es solo el último de una larga lista de artistas, raperos y deportistas en bancarrota por su descontrolado ritmo de vida.

De izquierda a derecha, los actores Johnny Depp, Nicolas Cage y Pamela Anderson.

 

Cuanto más tienes, más quieres. 
Y más necesitas. Esa parece ser la máxima por la que se rigen algunas estrellas de Hollywood y algunas de las fortunas de la industria del entretenimiento.
 El último en sufrir por su propio tren de vida ha sido Johnny Depp. El que fuera uno de los actores más taquilleros es, desde hace un par de años, uno de los menos rentables, pero, según sus exasesores financieros, ni los fracasos en taquilla ni su caro y mediático divorcio le invitaron a reducir gastos.
 Al contrario, Depp mantuvo unos dispendios repartidos entre sus múltiples propiedades y caprichos de 1,8 millones de euros mensuales.
Aunque aún no se ha declarado oficialmente en bancarrota, ver cómo se deshace de algunas de sus 14 propiedades e incluso ha despedido a su mánager de los últimos 30 años por las altas comisiones que le pagaba, hace pensar que Depp va a seguir el camino de otros actores, como David Hasselhoff recientemente; o Nicolas Cage, quien en 2009 estuvo a punto de la quiebra después de que Hacienda le reclamara más de seis millones en impuestos.

De izquierda a derecha, los actores Johnny Depp, Nicolas Cage y Pamela Anderson.


El actor Johnny Depp. AFP
Lo mismo le ocurrió a Pamela Anderson o a Wesley Snipes. El fisco fue a por ellos y tuvieron que declararse en bancarrota.
 La diferencia es que el último llegó a pasar por la cárcel por la alta cantidad de impuestos que debía (más de 12 millones).
Como le ha pasado a Depp, cuando aquella deuda se hizo pública salió a flote el extravagante ritmo de gasto de Cage: siete millones de dólares en islas, 20 millones en yates, casi cuatro en una casa encantada, otros tantos en un antiguo burdel y hasta más de 600.000 dólares en una cabeza de tiranosaurio Rex que le ganó a DiCaprio en una subasta y tuvo que acabar devolviendo porque era robada.
 Sin entrar a valorar su calidad como actor, por algo Nicolas Cage se ha dedicado a hacer películas a destajo en los últimos siete años: demasiadas deudas y muchos caprichos que mantener.
Mike Tyson fue otro de los casos más sonados a principios del siglo XXI. Después de haber ganado más de 400 millones de dólares a lo largo de su carrera, en 2003 el boxeador reconoció estar arruinado y tener una deuda de más de 23 millones entre impuestos que debía y su caro divorcio. Porque, al parecer, este no es solo un problema entre las celebrities del cine, sino que es un clásico en el mundo del deporte. Estrellas que se han embolsado millones mientras estaban en activo al poco de retirarse se declaran en bancarrota. Según un estudio de Sports Illustrated de 2016, les ocurre a un 78% de los jugadores de fútbol americano profesional.

Contadores biológicos de la luz........................Juan José Millás..

COLUMNISTAS-REDONDOS_JUANJOSEMILLAS
AHÍ LOS VEMOS, tan cándidos, perfectamente alineados, fieles a pautas de comportamiento que se aprecian también en el reino animal.
 Son los contadores inteligentes de la luz. Se sujetan a las paredes como las garrapatas a la piel y son insaciables como las sanguijuelas. 
Si los arrancas de golpe, sus patas se quedan alojadas en el cuadro y a partir de ellas se vuelven a reproducir. 
A las garrapatas, para que salgan enteras, conviene aplicarles aceite y mucha paciencia, además de humo de tabaco. 
Para desprenderse de las sanguijuelas, hay tutoriales en Internet, consúltenlos.
 En todo caso, deben tener en cuenta que este bicho puede chupar sangre hasta aumentar 10 veces el tamaño de su cuerpo. 
Si se le agarran 20 o 30 sanguijuelas a las piernas, quizá necesite usted una transfusión. 

Electric meters of an apartment building are seen in Barcelona 
Los contadores de la luz, que tienen algo de escarabajos maléficos, están de momento conectados a nuestros electrodomésticos, pero no tardarán (tal es la previsión) en enchufarlos directamente a nuestros cuerpos para chuparnos la sangre sin necesidad de intermediarios
. Si usted elige una tarifa nocturna, se la extraerán mientras duerme, para que le duela menos. Las compañías eléctricas, que disponen de excelentes departamentos comerciales, ya están dándole vueltas a las distintas tarifas que nos ofrecerán en función de que nos desangren del lado izquierdo o derecho del cuerpo, de las arterias principales o de las secundarias. 
Significa que lo que hemos visto hasta ahora es un juego de niños comparado con lo que viene. 
 Y es que el contador inteligente está a punto de dar paso al biológico.

Verdaderos padres.....................................Rosa Montero

Sólo un permiso exactamente igual para hombres y mujeres en el momento de tener hijos nos haría más libres, más completos y más felices.
COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO
A VECES, COMO HOY, siento un cansancio infinito cuando me pongo a pensar en el tema del sexismo. 
Llevo toda la vida teniendo que pelearme contra los estereotipos de género, los del entorno y los que yo misma arrastro, puesto que todos hemos sido educados en el machismo.
 Me recuerdo con 19 años buscando trabajo como periodista al final del franquismo y recibiendo la desfachatada respuesta de que no contrataban mujeres (por entonces hacer eso no era ilegal).
 Hasta mayo de 1970, la mujer casada en España no podía abrir una cuenta en un banco, comprarse un coche, sacarse el pasaporte o empezar a trabajar sin el permiso del marido, que además podía cobrar el salario de su esposa.
 Esta legislación brutal nos educó a muchas españolas en el aborrecimiento del matrimonio.
 La situación ha mejorado mucho, desde luego.
 A veces, durante la batalla de todos estos años, he sentido momentos de exaltación: dos o tres generaciones de hombres y mujeres estábamos acabando con una discriminación de milenios. Hay razones para sentirse satisfechos.
 Pero también hay miles de datos para horrorizarse: el maltrato, la tortura, el asesinato constante de las mujeres en el mundo por razones supuestamente religiosas o políticas, pero en el fondo por puro y aberrante machismo. 
Y la absoluta falta de atención que las instituciones democráticas le prestan a esta constante carnicería.
 Todavía estoy esperando que la comunidad internacional decrete algún embargo económico (como se hizo, por ejemplo, contra el apartheid de Sudáfrica) para luchar contra la multitud de niñas mutiladas genitalmente, de mujeres esclavizadas por el integrismo islámico, de jóvenes asesinadas por supuestos delitos de honor.
Pero es que además las cosas parecen ir a peor.
 En menos de una semana he podido ver en la prensa noticias tan reveladoras como la de Trump, apresurándose a firmar en sus primerísimos días de mandato un decreto contra la financiación a grupos de apoyo al aborto, o la de Rusia, que acaba de despenalizar la violencia doméstica con el fin de apoyar la autoridad paterna. Por cierto que en Rusia muere asesinada una mujer cada 40 minutos y otras 36.000 son golpeadas diariamente por sus maridos. 
Por no hablar de esa mujer empalada y violada en Colombia, un feminicidio más entre miles.
 Sí, a veces agota esta pelea desesperada por la supervivencia. A veces me siento como Sherezade, la de Las mil y una noches, que tiene que encontrar la manera de convencer día tras día al rey para que no la mate al amanecer. 
¿Cómo apaciguar esa ferocidad de tantos hombres, cómo curarles de su miedo y su odio a la mujer, de su violencia? Y sin ejercerla nosotras, por instinto nos saldría hacerlo, pero ellos parece que no saben controlarse.

Pues quizá cambiando la educación y las costumbres. 
Y en concreto hay un cambio social que nos estamos jugando estos días y que puede suponer un verdadero avance igualitario. Hablo de los nuevos permisos de paternidad. Nos dicen que la propuesta de Ciudadanos es un avance: ocho semanas intransferibles y pagadas para hombres y mujeres, y diez semanas más de libre distribución a repartir entre ambos.
(Sin Paga Extra, naturalmente) Pero, como sostiene la feminista Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles para Nacimiento y Adopción (PPIINA), en realidad es una trampa.
 Numerosos datos internacionales demuestran que los hombres solo se toman aquellos permisos de paternidad que son intransferibles y pagados: ni siquiera funciona que les incentiven.
 O sea, que las mujeres seguirían asumiendo más del doble del tiempo.
 Sólo un permiso exactamente igual para hombres y mujeres permitiría que el empleo femenino no se resintiera por la maternidad; que las mujeres no fueran vistas (por el entorno y por ellas mismas) como las inevitables y únicas cuidadoras familiares; que los hombres aprendieran a hacerse cargo de sus hijos en soledad, cosa que contribuye a disminuir la violencia familiar, según varios estudios.
 Es una medida posible, está a nuestro alcance y cambiaría la realidad de forma notable. Sí, a veces te acomete un cansancio infinito. Pero también sientes esperanza, como ahora.
 Con un pequeño paso, hombres y mujeres podemos ser más libres, más completos y más felices.
 Porque el rey de Las mil y una noches que degollaba todas las madrugadas a sus amantes era un pobre enfermo desesperado y solo.de pobre nada, incapacitado para vivencias de otro tipo si.

Obras y alardes.........................................Javier Marías......

Si se me anuncia un clásico, Shakespeare de nuevo, confío en que el montaje no lo tome como mero pretexto para lucimientos diversos.
Javier Marías
NO SÉ si fue así, me lo han contado: al parecer, según el programa de la SER de Gemma Nierga, hace unas semanas se me instó a “aclarar las palabras” de mi columna Ese idiota de Shakespeare ­(22-1-17) en presencia de la excelente actriz Blanca Portillo, y “mi equipo” declinó la invitación. 
Como no se refirieran al Real Madrid, ignoro de qué “equipo” hablaban, pues no tengo de eso. 
Nadie me llamó en todo caso, ni a nadie a mí cercano. 
Vaya este preámbulo para que Blanca Portillo no me crea tan descortés con ella como desabrida ha sido ella conmigo. 
Otras colegas suyas han sido agresivas o groseras, soliviantadas ante dicha columna. 
No sé si vale la pena explicar algo, dado cómo lee hoy mucha gente, o cómo decide leer, y atribuirle a uno lo que no ha escrito en absoluto. 
 Pero que por mí no quede.
Numerosas veces he protestado del IVA punitivo con que este Gobierno grava el teatro y de los sueldos de las mujeres
Dije que hacía años que no iba al teatro para no exponerme a sobresaltos.
 Eso no significa que no haya ido mucho ni que no pueda regresar mañana.
 Numerosas veces he protestado del IVA punitivo con que lo grava este Gobierno, y en cuanto a los sueldos de las mujeres, véase mi artículo Trabajo equitativo, talento azaroso, de no hace ni tres meses, para saber mi postura ante esa injusticia.
 De lo que hablé fue de un tipo de teatro, que abunda desde hace ya lustros, en el que el texto es lo secundario.
 Soy un espectador –y un lector– a la vez ingenuo y resabiado. Resabiado porque he visto y leído no poco, y sobre todo porque me dedico a escribir ficciones y el primer obstáculo con que me encuentro es que en principio me cuesta vencer mi incredulidad ante lo que invento y narro. 
Así que me exijo (seguramente no lo bastante). Fue el poeta y crítico Coleridge quien en 1817 acuñó la expresión “voluntaria suspensión de la incredulidad”, que desde entonces se ha aplicado a lo que todos necesitamos para adentrarnos en casi cualquier obra ficticia, sea fantástica o realista.
 Cuando uno va al teatro, sabe que está en el teatro; no ha olvidado que viene de la calle y que ha dejado a los niños con la canguro. Cuando la función empieza –y aquí entra el espectador ingenuo que soy–, uno precisa algo de ayuda por parte de quienes la llevan a cabo, no lo contrario.
 Si uno se propone contemplar una obra, claro está, y no un “alarde” escénico, interpretativo o circense.
 Hay quienes van a ver esto último precisamente, y son muy dueños. 
Pero si a mí se me anuncia un clásico, Shakespeare de nuevo, confío en que el montaje no vaya contra él, o que no lo tome como mero pretexto para lucimientos diversos. 

Si Glenda Jackson hace de Rey Lear, dije, me resulta imposible creérmelo: estaré viendo a Jackson todo el rato, por magnífica que sea su interpretación, lo que no pongo en duda.
 Mencioné un montaje inglés de Julio César en una cárcel de mujeres y con elenco exclusivamente femenino, y añadí: “La verdad, para mí no, gracias”.
 No sostuve que eso no debiera hacerse ni critiqué a los que van a verlo. Allá cada cual, faltaría más que no pudiéramos elegir espectáculo. 
Ahora se da esta moda, pero la contraria me impide suspender mi incredulidad igualmente, y por eso me referí a la Celestina del admirable José Luis Gómez.
 Hace décadas Ismael Merlo interpretó a Bernarda Alba, y lo lamento, no podía dejar de reconocer a Merlo, esforzándose.
 Si a Laurence Olivier se le hubiera antojado encarnar a la Reina Gertrudis en vez de a Hamlet, por bien que hubiera hecho su trabajo, habría visto a Olivier haciendo un alarde y no me habría creído su personaje.
 Como si a John Wayne le hubiera dado por hacer de Pocahontas o Clark Gable se hubiera empeñado en ser Escarlata O’Hara, afeitado el bigote y cuanto ustedes quieran.
A quienes escribimos ficciones nos acechan las inverosimilitudes por todas partes.
 Dejó de interesarme la celebrada House of Cards cuando el Vicepresidente estadounidense (Kevin Spacey) mata con sus propias manos a una periodista en el metro … y nadie lo ve, ni lo capta una cámara.
 Lo siento, pero un Vicepresidente no está para esos menesteres. 
Se los encarga a un sicario, a través de intermediarios; como mínimo, a su esbirro de mayor confianza.
 Uno recobra la incredulidad muy fácilmente, por un detalle o una vuelta forzada del argumento, por falta de ayuda.
 Hablé de la costumbre de convertir en nazis o gangsters a los personajes shakespeareanos.
 Aparte de vetusta (el primero en vestirlos como a Goebbels fue Orson Welles hacia 1940), se hace arduo situar en esas épocas a un Macbeth que cree en profecías de brujas.
 Es lícito “recrear” o “reinterpretar” a los clásicos, pero prefiero que se me advierta que voy a contemplar algo “inspirado” en ellos, y no Fuenteovejuna de Lope o Enrique V de Shakespeare. 
Hablo por mí –hay que insistir, cielo santo–, como espectador resabiado e ingenuo. 
Se me ha reprochado, por último, opinar lo que opiné desde EL PAÍS y siendo miembro de la Real Academia, una “irresponsabilidad”.
 Veamos, ¿por escribir en este diario debo limitar mi libertad de opinión? ¿Por pertenecer a la RAE debo inhibirme y domesticarme? Pues ni lo sueñen. Menuda ganancia.
Y entrando en una opinión muy personal, pero sin justificarme, tanto Blanca Portillo como Glenda Jakjson, son mujeres feas, muy buenas actrices, buenisimas pero feas. ¿No hay actrices guapas que no sea Penelópe Cruz ,por ejemplo que hagan de Hombre?. Yo vi otra Casa de Bernarda Alba por ese actor más bien bailarín de zapateado y cada vez que pienso en la obra me sale él bailando.......no nos confundamos, ni los feos son buenos actores ni los guapos Malos malisimos. Dejemos a Nuria Spert para otro momento , que se me clavó una banderilla en su peli:A las cinco de la tarde".Tb recuerdo a un Terenci Moix que realizó, ya no me acuerdo que obra, es posible que fuera Macbhet? en catalá en el claustro de Sant Cugat:"BUfa la tramontana", creo que era Hamlet, su novio por aquel entonces.Pues sonaba muy raro, la verdad.