Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

21 ago 2016

La secretaria de Goebbels: “No sabíamos nada, todo era secreto”.................................. Enrique Müller

El documental 'Una vida alemana' , presentado en el festival de Múnich, recoge varias horas de entrevista a Brunhilde Pomsel, que convivió con el ministro de Propaganda nazi.


Brunhilde Pomsel en un fotograma del documental 'A german life'.
Brunhilde Pomsel tiene 105 años pero conserva una memoria prodigiosa que le ha ayudado en su vida, a alimentar una leyenda en torno a su persona
. Ella fue la secretaria personal de Joseph Goebbels, el fanático y brillante ministro de Propaganda de Hitler.
 Pomsel se ha convertido en personaje público tras dejarse entrevistar durante 30 horas por tres realizadores alemanes que presentaron el documental Una vida alemana en el festival de cine de Múnich.
 La cinta aún no ha llegado a las salas de cine, ni a las televisiones alemanas, pero el testimonio ha llenado varias páginas en la prensa a causa de una confesión que hace ante las cámaras.
 “No sabíamos nada, todo era secreto”, dice al referirse al mayor crimen cometido por los nazis: la exterminación de la población judía que vivía en Europa.
En la entrevista, Pomsel no pide perdón, pero deja entrever que su aparente ignorancia ante los crímenes cometidos por el régimen era una complicidad disfrazada, compartida por toda la población del país, que prefirió mirar hacia otro lado.
 Pomsel comenzó a trabajar como secretaria de Goebbels en 1942 y cuando terminó la guerra, fue hecha prisionera por el Ejército Rojo. “Lo pasé muy mal”, dice, al referirse a los cinco años como prisionera de los soviéticos.
 Cuando recuperó la libertad, trabajó 20 años en la televisión pública alemana y cuando cumplió 100 años se atrevió a hacer un pequeño ajuste de cuentas con su exjefe. 
“Fue un cobarde, porque tomó el camino fácil”, señaló al referirse a su decisión de suicidarse. 

Alcohol en el ministerio


En el documental, se explaya sobre su vida en las oficinas de uno de los hombres más poderosos del Tercer Reich.
 Confiesa que se bebía mucho alcohol en el ministerio para olvidar la realidad y que su jefe era un “actor sobresaliente”
 “Pasaba de ser una persona civilizada a convertirse en un bravucón vociferante y delirante. En la oficina tenía una elegancia noble, pero se podía convertir en un enano furioso. 
No puede haber un contraste mayor”.
En la película, la mujer asegura que se afilió al Partido Nazi porque todo el mundo lo hacía y, añade con ingenuidad, sus compatriotas y ella misma creían que a los judíos se los llevaban a los campos de concentración para “reeducarlos”. 
“No me considero culpable, a no ser que se culpe a todos los alemanes por hacer posible que ese Gobierno llegara al poder”.

 

La razón de ser un «Viva la Virgen»

Así se llamaba al marinero más torpe que, al formar, cerraba el recuento de las guardias con este grito.

 

ABC
 
Cualquiera que se haya enfrentado a la ardua tarea de explicar a un extranjero que aprende nuestro idioma por qué se dice de alguien despreocupado que es un «Viva la Virgen» habrá apreciado cómo su rostro muda de la curiosidad a la total incomprensión. 
Porque no resulta fácil de entender si no se conoce la historia de esta popular frase hecha que ha pasado a acuñarse en un solo término "vivalavirgen" en el diccionario de la Real Academia.
«Llámase a bordo ¡Viva la Virgen! al marinero conceptuado más torpe de la tripulación», contaba Fernando Villamil en su Viaje de circunnavegación de la corbeta "Nautilus"» (1895). 
El ilustre marino explicaba que el nombre provenía «de que, antiguamente, al formar la marinería para cantar el número de las guardias, uno, dos, tres, cuatro, etc, el que tenía el último número, en vez de contarlo, cerraba la cuenta con un "¡viva la Virgen!».
«El comandante de la Armada y escritor folklorista José Gella Iturriaga me ha comprobado esta versión como verdadera», aseguraba José María Iribarren en «El porqué de los dichos» antes de añadir que «efectivamente, el último en la formación decía ¡Viva la Virgen! y se aplicó luego este apodo al descuidado, al que siempre llegaba tarde a formar, al último en acudir a la llamada».

¿Aviso de ataques piratas?

Existe, sin embargo, otra explicación del origen de este dicho que lo data de la época en que los españoles tuvieron que armar a los indígenas en América para defenderse de los ataques de los piratas ingleses y holandeses, según explica Iribarren, que le otorga sin embargo poco crédito. El grito de ¡Viva la Virgen! era la señal convenida para alertar de las incursiones piratas, pero como no eran frecuentes, los indios se pasaban meses en sus puestos de vigilancia tumbados a la bartola y pasaron a ser llamados los ¡Viva la Virgen! y por extensión se aplicó después el calificativo a los indolentes.
Miguel Fernández Garmón lo explica así en «Con la cruz y los faroles. Orígenes y picaresca del dicho religioso» (1986): «Endilgamos este singular sambenito al hombre indolente y tranquilón a quien le da los mismo un roto que un descosido; no se inmuta por nada.
 Eso era, más o menos, lo que les pasaba a los indios motilones que los españoles tuvieron que improvisar como soldados para defender las tierras conquistadas de la piratería inglesa. "Viva la Virgen" era el grito de guerra con que los indios debían alertar de la presencia enemiga a la población.
 Pero como a aquellos indios les daba lo mismo que les saqueara España que la pérfida Albión, hacían las imaginarias dormidos bajo los cocoteros como angelotes de retablo; y cuando querían darse cuenta y gritaban el santo y seña, ya los piratas habían entrado como por viña vendimiada y se habían llevado el oro y el moro».
Ser un vivalavirgen tenía antiguamente un significado muy distinto.
 Se llamaba así al hombre sencillo y candoroso, al tonto. «Nació quizá el modismo de que un inocente exclamaría a cada paso, viniese o no a cuento: ¡Viva la Virgen!», apunta Luis Montoto en «Un paquete de cartas».

""Por los cerros de Úbeda como excusa"" Dichos populares

Una leyenda cuenta que así respondió Alvar Fáñez «El mozo» al Rey cuando éste le preguntó dónde había estado en lugar de acudir a rendir la ciudad.

Juan de la Cruz Moreno Balboa/Turismo de úbeda
 

 

¿Por qué de todos los parajes en los que uno puede perderse son los cerros de Úbeda los escogidos para divagar o extraviarse?
 Quizá porque, como decía Antonio Machado, «cerca de Úbeda la grande, cuyos cerros nadie verá, me va siguiendo la luna, sobre el olivar».
No hay quien visite esta ciudad de Jaén declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2003 sin preguntar por sus famosos «cerros», cuando éstos no son más que una «engañosa ironía andaluza que hace "picar" al más docto», según aseguraba Manuel Barrios
El autor de «Modismos y coplas de ida y vuelta» (1982) aclaraba que «Úbeda no tiene cerros».
Fuentes de Turismo del Ayuntamiento de la ciudad replican que «Úbeda está en un cerro y hay cerros en sus alrededores
. Lo de los cerros es verdad», aunque desde el Archivo Histórico Municipal precisan que «es imposible perderse en ellos porque es una zona muy alomada y Úbeda se ve desde 60 kilómetros de distancia».
Imposible o no, a estos cerros cuentan que se refirió Alvar Fáñez, «el Mozo» cuando hubo que responder ante Alfonso VIII. 
El rey castellano se disponía a apoderarse de Úbeda, animado por la victoria lograda en las Navas de Tolosa
 Había cercado la ciudad y encomendado a este caballero la vigilancia del flanco sur. Alvar Fáñez, que quizá fuera descendiente del famoso compañero de El Cid, se distrajo de sus funciones con una bella mora faltando a su deber.
 Cuando el Rey le reprochó su ausencia y le preguntó dónde había estado, la respuesta del caballero fue: «Por esos cerros, señor». «Sin dar en la cuenta de que ellos no existían», añadía el historiador Rafael Gallego Díaz en 1959.

Refranes y dichos " Salga el sol por Antequera"............................................mónica arrizabalaga

La leyenda de Santa Eufemia ha acompañado desde 1410 a este dicho cuyo origen hay quien data en la posterior toma de Granada.

Salga el sol por Antequera -«y póngase por donde quiera», como se completa el dicho- es tanto como decir que a uno le da igual una cosa que otra, o que uno está determinado a llevar a cabo su plan, aunque suceda lo imposible, como que el sol aparezca por el oeste. Porque Antequera se encuentra al poniente de Granada, donde acampaban las tropas de los Reyes Católicos en los últimos meses de 1491.
En este momento de la Reconquista, durante la toma de Granada, ubica el origen de la expresión Luis de Granada en la revista «Alrededor del mundo» en 1899 y recoge José María Iribarren en «El porqué de los dichos». «La frase es, pues, irónica, y equivale a: 'Salga el sol por donde quiera'», concluía el académico de la RAE y de la Real Academia de la Historia.
Una leyenda se remonta aún más en la Reconquista, hasta el 16 de septiembre de 1410, fecha en la que don Fernando «el de Antequera» conquistó la ciudad a los musulmanes. Antonio J. Guerrero Clavijo contaba en un artículo que recoge la web de la Diócesis de Málaga cómo era costumbre cristiana celebrar una Eucaristía al conquistar una localidad y, dentro de ella, elegir al patrón, al alcaide y su escudo de armas.
 «Se invocó al Espíritu Santo y se introdujeron en una urna los nombres de los santos que la Iglesia celebra el día 16 de septiembre» y «salió por designio divino, por tres veces consecutivas, el nombre de Santa Eufemia», relata Guerrero Clavijo. 

Fue entonces cuando Don Fernando desveló que se trataba de la joven que «se me apareció el 10 de abril de 1410 en mi campamento en Córdoba, cuando no sabía qué tierra conquistar, y se me apareció ella, rodeada de leones y ángeles y me dijo: "No temáis que nos salga el sol por Antequera y sea lo que Dios quiera"», según recogen las crónicas de Juan II.
Don Fernando dudaba desde su campamento en Córdoba sobre si conquistar Gibraltar, con lo que cerraría su entrada a posibles refuerzos procedentes de África; Xébar, una importante fortaleza en el camino a Málaga; o Antequera, centro neurálgico de las vías que llevaban de Sevilla a Granada, de Córdoba a Málaga, explica Ángel Guerrero en El Sol de Antequera.
Tras la aparición de la virgen y mártir de Calcedonia, el monarca castellano dirigió sus tropas al alba contra la ciudad, que conquistó antes de que se pusiera el sol el 16 de septiembre de 1410.
Fuera por esta leyenda o por la ironía posterior durante la toma de Granada, lo cierto es que Antequera figura desde la Reconquista en el mapa de los refranes.
 En el geográfico se encuentra a 45 kilómetros de Málaga por carretera y a sólo 13 kilómetros del singular paraje del Torcal, un impresionante fenómeno de erosión de roca caliza.