Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

26 jul 2016

Los premios Ortega reconocen el periodismo valiente......................................... Rocío García

El Rey destaca cómo EL PAÍS afronta la transformación digital sin renunciar a sus principios de “calidad, modernidad y excelencia”.

 
El rey Felipe VI junto al presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián.
EL PAÍS ha celebrado este jueves de manera solemne sus 40 años al servicio de la democracia, de la libertad y de sus millones de lectores en todo el mundo.
 El marco fue la entrega de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo, en su 33ª edición, durante una emotiva ceremonia presidida por los Reyes en la que resaltó sobre todo el compromiso del diario con la modernización de España a lo largo de estas cuatro décadas. El Rey entregó los premios a los galardonados —Joseph Zárate, Lilia Saúl, Ginna Morelo, Samuel Aranda y Adam Michnik—, junto a doña Letizia y Juan Luis Cebrián, primer director de EL PAÍS y actual presidente del diario y del grupo PRISA. Felipe VI destacó que el rotativo ha sido “testigo y altavoz de los grandes acontecimientos y las transformaciones experimentadas por nuestra sociedad en los últimos decenios”.
 El Rey, quien evocó las figuras de los fundadores del periódico (José Ortega Spottorno, Jesús Polanco y Juan Luis Cebrián), agradeció la labor jugada por este diario en su empeño por impulsar el proyecto “con todo el compromiso profesional, intelectual y social que merece y que lo caracteriza”.
En su discurso, el Rey se refirió a EL PAÍS como “cronista, pero también protagonista” de la transformación experimentada por la sociedad española tras la decisión de vivir en un régimen democrático “integrado en Europa y con voz propia en el mundo”.
 El Monarca destacó la “sólida defensa en las páginas de EL PAÍS” de las reglas de convivencia por las que se ha regido España desde hace 40 años, la clara vocación por Latinoamérica, donde se ha convertido en un referente, y su apuesta internacional.
Al acto, convertido en una fiesta del periodismo libre e independiente, asistieron unos 400 invitados, entre ellos destacadas personalidades de la política, la economía y la cultura, junto a la cúpula directiva de EL PAÍS y de PRISA
. Es la primera vez que don Felipe y doña Letizia asisten a la entrega de los Ortega, un acto que en 2001, con motivo del 25º aniversario del periódico, contó con la presencia de los entonces reyes Juan Carlos y Sofía.

Entre los asistentes a la fiesta, que coincidía con los 40 años de un periódico que nació en el regreso de la democracia tras una larga dictadura y ha acompañado a los españoles en un viaje histórico, figuraron la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría; la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena; el presidente del Congreso, Patxi López; los ministros de Economía, Interior, Fomento, Sanidad y Exteriores, Luis de Guindos, Jorge Fernández Díaz, Ana Pastor, Alfonso Alonso y José Manuel García-Margallo, respectivamente, además de los líderes del PSOE, Pedro Sánchez; Podemos, Pablo Iglesias; Ciudadanos, Albert Rivera, e Izquierda Unida,Alberto Garzón. A ellos se sumaron otros representantes de comunidades autónomas y múltiples instituciones.

La Constitución

Cebrián recordó en su discurso de bienvenida cuando, en 1976, un grupo reducido de personas coincidió en la iniciativa de fundar un periódico que “recuperara la gran tradición de la prensa española, agostada por la dictadura durante cuatro décadas”
. Una aventura promovida por José Ortega Spottorno y secundada “vigorosamente” por Jesús Polanco, que coincidió con el inicio de un nuevo régimen bajo el marco de la monarquía parlamentaria.
La Constitución fue uno de los ejes del discurso de Cebrián, quien recalcó que, pese a los defectos coyunturales, supone una garantía jurídica y política de la libertad de los ciudadanos
. “Desde su nacimiento, EL PAÍS contribuyó, incluso acaloradamente, al debate sobre esta Carta Magna de nuestra convivencia, y cuantas veces se ha visto amenazada por la violencia sectaria e irracional del golpismo o del terrorismo, nuestro periódico no ha dudado en alinearse con la defensa de los valores por ella representados, irrenunciables para nosotros”, abundó.

Tras repasar los compromisos que durante estos años han presidido la línea editorial del diario, el presidente de EL PAÍS profundizó en el permanente desafío y los retos a los que se enfrenta el oficio de periodista
. Al referirse a los premiados, Cebrián destacó a los reporteros que, contra viento y marea, “arriesgando su vida, su hacienda y su libertad muchas veces, ejercen su cometido conscientes de su responsabilidad y del servicio que prestan a las sociedades a las que se dirigen”.
“Los premios Ortega son un reconocimiento a la excelencia profesional puesta al servicio de los valores democráticos.
 Esos mismos principios alumbraron el nacimiento de nuestro diario hace 40 años y han de iluminar su andadura en el futuro”, continuó.
La solemnidad del acto, celebrado en el Palacio de Cibeles de Madrid y que contó con la actriz Cayetana Guillén Cuervo como maestra de ceremonias, quedó acompasada por el periodismo de la resistencia, el drama y el coraje que representan los trabajos galardonados en esta edición, firmados por comprometidos reporteros que han pisado la calle para contar al mundo una realidad muchas veces invisible.
 La tragedia de los refugiados en Europa que huyen de la guerra en Siria, la investigación sobre los 50.000 desaparecidos forzados en México y Colombia en los últimos años o la historia de la lucha de una campesina peruana contra una poderosa empresa minera han merecido el reconocimiento del jurado, que también ha valorado la trayectoria y honestidad del periodista polaco Adam Michnik, fundador y director de Gazeta Wyborcza, en su defensa de la democracia y la libertad de expresión en su país.
“Los Ortega y Gasset simbolizan los más altos valores de la cultura europea. EL PAÍS es, a la vez, hijo y cofundador de la democracia española.
Por eso, recibir estos premios supone un gran honor para todos y cada uno de nosotros”, aseguró Michnik en nombre de todos los galardonados.
 Este defensor de los valores supremos de la verdad y la libertad resaltó su compromiso con la defensa del Estado de derecho, la separación de poderes, la dignidad de las personas, el humanismo y la tolerancia.
 La música de Sílvia Pérez Cruz cerró un cumpleaños, impregnado por el pensamiento de Ortega. Felipe VI recordó así al filósofo: “Su propuesta intelectual, fundamentada en las virtudes de la democracia, la mirada a Europa, la mejora de la educación y la extensión de la cultura y la justicia social, ha inspirado sin duda el progreso español de los últimos 40 años
. Releer a Ortega es siempre un ejercicio enriquecedor y fructífero”.

 

El periodista y escritor canario recuerda su dilatada trayectoria en EL PAÍS Juan Cruz


40 años en primera línea


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El periodista y escritor Juan Cruz, durante la presentación de su libro ‘Especies en extinción’, en el Círculo de Bellas Artes, Madrid. / GORKA LEJARCEGI

Juan Cruz es uno de los fundadores de EL PAÍS. Ahí estaba desde su salida el 4 de mayo de 1976. Y hasta ahora

En estos 40 años lo ha sido casi todo en este diario: empezó como corresponsal en Londres, luego redactor jefe de Cultura, de Opinión… Y hoy es adjunto a la dirección del periódico

En su larga trayectoria también ha habido algún paréntesis para dedicarse a otras facetas, como la de editor durante seis años en el Grupo Santillana, y escritor de una veintena de títulos. Con Crónica de la nada hecha pedazos (Taller de Ediciones Josefina Betancor) se estrenó como novelista en 1973.

Cruz (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1948) ha publicado, además, otros en los que se refleja su intensa vida profesional, como Egos revueltos. La vida literaria: una memoria personal (Tusquets, 2009) con el que obtuvo el Premio Comillas
. Por este libro, lleno de anécdotas jugosas, desfilan autores como Jorge Luis Borges, Guillermo Cabrera Infante, Jorge Semprún, Susan Sontag, Günter Grass…
 y otros muchos con sus ambiciones y obsesiones.

“Me fijo en la parte
más íntima de
lo cotidiano”

Ha recibido también el Premio Nacional de Periodismo Cultural.
 Reconoce que a la hora de ponerse a escribir lo que más le inspira son los detalles y acceder al mundo privado de los personajes para verlos en su entorno, cosa en él nada difícil por su condición de periodista y editor. “Me fijo en la parte más íntima de lo cotidiano”, explica.
“Las personas tenemos algunas virtudes, enormes defectos, pero algunas cosas nos igualan a todos: el dolor, la felicidad, las pequeñas alegrías que si no se cuentan no completan el espejo de la vida que es el periodismo”.
Comenzó a escribir desde “muy chico”, afirma.
“Desde que aprendí a leer, sobre los ocho años, porque aprendí tarde, escribía las cartas a los emigrantes de mi barrio que estaban en Venezuela.
 Venían sus mujeres o sus madres y yo les redactaba las cartas. Luego, a los trece años, envié mi primera crónica a un periódico. Una crónica de fútbol”.

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El periodista y escritor Juan Cruz, en una imagen de archivo.
Ese texto de cuando era un muchacho le marcó su vida, entre otras cosas, porque de alguna manera su madre estaba por ahí. “Los chicos se reunieron en el barrio a leer en voz alta esa crónica.
 Y mi madre la guardó tan secretamente, en un sótano, que al final se la comieron los ratones
. Sin ese suceso callejero de mi crónica no sé qué hubiera pasado.
Quizá estaría jubilado de una empresa de repuestos de automóviles, que era lo que hacía entonces”.

La figura materna también aparece en una de las anécdotas que rememora con alegría a propósito de su trabajo.
“Cuando mi madre me compró una ropa, con corbata, para ir a hacer la entrevista más importante de mi vida hasta entonces; el entrevistado era Julio Caro Baroja.
Yo era un adolescente aún”.
Con una acreditada buena memoria recuerda la primera columna que escribió para este diario. ¿Decimos una? “Fueron tres”, precisa.
 “En el primer número del periódico. La que recuerdo (la que me han recordado) es una noticia relativa a la visita del presidente de Brasil a Inglaterra”.
 Luego vendrían cientos, miles.
Y entre unas y otras, él y su trabajo han evolucionado: “Creo que me he hecho más consciente de mis limitaciones y más alegre en la escritura”, opina.
Pero también ha habido algún que otro disgusto en el camino.
Pero también ha habido algún que otro disgusto en el camino. Dice que serán “muchos, supongo”, los que se habrán enfadado al leer su nombre en alguna de las columnas de este diario firmadas por él.
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Juan Cruz junto al periodista Joaquín Estefanía. / ARCHIVO
“Recuerdo uno que se molestó, un político canario conservador, porque mi mención podía herir a sus hijos.
 Él había apoyado a un presidente autonómico que se gastó su dinero público en ir a ver a una novia en Canarias.
 Y yo se lo afeé, aunque juro que con buenos modos”.
 Pero también le han llamado otros, “aunque no sea muy común”, para agradecerle que le mencionara.
 “Hay algunas personas que se alegran, y lo dicen, si los tratas con consideración y respeto”.


Entre sus columnas predilectas figura una que se titula El niño es el mundo entero, sobre la muerte en una playa de Turquía de un niño procedente de Siria. “En ese niño vi el sufrimiento de todos los niños”.
El autor se considera un hombre abierto a cualquier opinión diferente a la suya.
 “Tengo algunas opiniones, en realidad algunas son pasiones, como mi creencia en la vigencia del periodismo o algunas convicciones más íntimas, pero ninguna de mis opiniones es incompatible con las que otras personas, a mi juicio con buena voluntad, quieran expresar”, confiesa este escritor que cita entre sus maestros a Domingo Pérez Minik, crítico, ensayista, autor teatral y canario como él; al filósofo Emilio Lledó; los periodistas Jesús de la Serna y Manu Leguineche; el escritor Manuel Vázquez Montalbán, el guionista Rafael Azcona, su madre…

 


. Javier Marías: “Nunca pensé que sería escritor”..................................................... Javier Rodríguez Marcoss Javier Marías: “Nunca pensé que sería escritor”



Javier Marías: “Nunca pensé que sería escritor”


Publicar a los 19 años le ha llevado a convertirse en “el joven Marías” hasta casi los 65 que tiene ahora.

 Novelas como ‘Corazón tan blanco’ y ‘Tu rostro mañana’ lo han convertido en uno de los autores españoles con mayor proyección internacional.
“Muchas veces, en el extranjero, he recorrido los quioscos buscando EL PAÍS.
 Cuando no lo leo es como si me faltara el desayuno”, cuenta Javier Marías (Madrid, 1951). “He sido lector del periódico desde el primer día.
 En 1976, cuando salió, yo vivía con mi padre [el fi lósofo Julián Marías], y él lo recibía en casa”.
 No recuerda la primera vez que el diario habló de un libro suyo, pero sí el primer artículo que publicó: “Fue en 1978. Se titulaba ‘Cuestión de formas’ y era una defensa de los que se abstuvieron en el referéndum de la Constitución, entre los que estaba yo”. Desde 2003 la última página de EL PAÍS SEMANAL lleva su firma.
 
Javier Rodríguez Marcos

Javier Marías: “Nunca pensé que sería escritor”




¿Cuando en 1971 publicó su primera novela pensó que alguna vez viviría de escribir?

No. Tenía 19 años, estaba en la facultad y no me planteaba nada de nada.
 Ni siquiera sabía si sería escritor. Había escrito Los dominios del lobo porque tenía costumbre de escribir cosas desde los 12 años
. La dejé ver a algunos amigos y llegó a Juan Benet, al que le hizo gracia.
 Él hizo unos trámites y se acabó publicando.
 Pero nunca pensé que sería escritor. Ni siquiera sabía si iba a escribir otra novela.
Hace poco escribió sobre las formas actuales de censura. Su libro tuvo que pasar la franquista.
Un estudioso me pasó el informe del censor.
 La novela pasa en Estados Unidos y no la consideraron peligrosa.
 Eso sí, el informe decía algo así: “No hay ataques al Régimen ni a la religión pero es una imbecilidad de novela”
. Había escenas eróticas y violencia, pero eso nunca molestó demasiado a los censores franquistas. Aunque a Benet, y eso que sus novelas son bastante abstractas, le oí contar que le habían sugerido que quitara la palabra muslo.


¿Qué es lo que ha cambiado en estos años en el mundo literario?
Hoy es probable que ningún editor tenga la paciencia que se tuvo conmigo.
 Publiqué cuatro novelas antes de que la quinta tuviera algo de fortuna comercial. La sexta tuvo más y más aún la séptima,
Corazón tan blanco. Ahora los editores esperan resultados casi inmediatos.
¿La edición es ahora menos literaria?
No se puede generalizar, porque hay editoriales pequeñas que siguen ocupándose de la parte más artística de la literatura y no están sujetas a la exigencia de resultados inmediatos
. Pero las editoriales grandes tienen mucha menos paciencia para sostener a un autor en el que creen. Si los resultados no llegan en dos, tres libros, es normal que lo dejen caer.
Hoy publicar por primera vez es más fácil, lo difícil es mantenerse si uno no da resultados pronto
Pero ahora hay más lectores.
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El escritor Javier Marías. / Carlos Rosillo
Ha habido fases. Hubo un periodo, de mediados de los 80 a mediados de los 90, en que la gente hizo un esfuerzo por leer cosas que no fueran baratas.
 Si uno mira las listas de libros más vendidos entre 1985 y 1995 se encuentra con autores de calidad: Yourcenar, Milan Kundera, Duras, Eco…
 A partir de los años 90, coincidiendo con los gobiernos de Aznar, se produce un retroceso enorme.
 Se volvió a la ignorancia satisfecha y se dio rienda suelta a los gustos más bajos en la televisión y en el cine. Y parcialmente en la literatura.
¿La literatura está condenada a ser minoritaria?
Es que en comparación con la población total hasta García Márquez es minoritario. Siempre se conservan bolsas de lectores de calidad, pero hoy son incomparablemente más exiguas.
Los escritores de su generación tuvieron desde muy pronto el favor del público…
Es cierto
. En los 80 se dio cierta comunión entre lo que escribíamos y lo que interesaba al público.
 No siempre fue así. Escritores indiscutibles como Marsé, Benet o García Hortelano tenían prestigio, pero vendían poco
. El cambio en los lectores nos favoreció a mí y a autores como Muñoz Molina, Millás, Rosa Montero, Eduardo Mendoza…
Tengo la impresión de que hoy es más difícil y que vuelve a pasar como antes: el público va por un lado y el prestigio, por otro.

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libros que tu hijo adolescente debe leer (aunque tú desearías que no)................................. Elena Horrillo

Hay que asumirlo: nuestro hijo se acerca a la edad adulta. Aunque nos pese, estas lecturas le enfrentarán a dilemas que le ayudarán a formarse.

Robert Downey Jr. (recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov. O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.

Robert Downey Jr. (recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov.
  O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.
Lo que sigue, seguramente, sea una mirada martirizada al calendario, preguntándose en qué momento esa sangre de tu sangre aparcó los libros en los que había más viñetas que palabras y, después, una pequeña punzada de alegría porque pertenece a esa comunidad de jóvenes que se interesan por la lectura
. En ese punto es en el que surge el dilema: ¿a qué edad se debe leer a Kerouac?
Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos casos
La mala noticia es que no hay respuestas absolutas.
 “La cuestión no es tanto la edad sino el grado de madurez”, asegura Marisol Salazar Ego-Aguirre, jefa del departamento de Lengua y Literatura del Colegio Lourdes (FUHEM) de Madrid
. Hay que tener en cuenta el bagaje lector y el desarrollo del menor
. Hay libros que pueden leerse con 16 años, pero que se disfrutan y aprecian mucho más cuando se es un poco más adulto.
Hay otros que habría que leer y releer.
 Otra cuestión a tener en cuenta es la confianza que exista en casa.
 “Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos casos”, reflexiona Jesús Casals, director de contenidos de la librería
 La Central de Callao, Madrid.

Y lo mejor de todo es que, si ya vas advertido, no te costará una serie de microinfartos cada vez que lo veas sumergido en sus páginas.
1. Menos que cero, de Easton Ellis. Sí, Easton Ellis es también el escritor del desasosegante American Psycho
. Y sí, es un representante de la llamada Generación X
. Y también “describe la sociedad rica estadounidense y su decadencia moral, trufado con drogas, alcohol y perversiones sexuales”, explica la especialista Marisol Salazar
. Nada de eso es tranquilizador pero, seamos sinceros, pocas de estas cosas van a impresionar a un adolescente del siglo XXI con acceso a Snapchat e Instagram.
 Es posible que les aporte un punto diferente para observar esos excesos.
 
Robert Downey Jr. (recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov. O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.
Lo que sigue, seguramente, sea una mirada martirizada al calendario, preguntándose en qué momento esa sangre de tu sangre aparcó los libros en los que había más viñetas que palabras y, después, una pequeña punzada de alegría porque pertenece a esa comunidad de jóvenes que se interesan por la lectura. En ese punto es en el que surge el dilema: ¿a qué edad se debe leer a Kerouac?
Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos casos
La mala noticia es que no hay respuestas absolutas. “La cuestión no es tanto la edad sino el grado de madurez”, asegura Marisol Salazar Ego-Aguirre, jefa del departamento de Lengua y Literatura del Colegio Lourdes (FUHEM) de Madrid. Hay que tener en cuenta el bagaje lector y el desarrollo del menor. Hay libros que pueden leerse con 16 años, pero que se disfrutan y aprecian mucho más cuando se es un poco más adulto.
Hay otros que habría que leer y releer. Otra cuestión a tener en cuenta es la confianza que exista en casa. “Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos casos”, reflexiona Jesús Casals, director de contenidos de la librería La Central de Callao, Madrid.
Hemos preguntado a padres, profesores, críticos y vendedores y hemos recopilado 15 libros que servirán a tus hijos para dar el salto a la edad adulta, literariamente hablando, que puedes recomendarle o regalarle (siempre que parezca un accidente). Y lo mejor de todo es que, si ya vas advertido, no te costará una serie de microinfartos cada vez que lo veas sumergido en sus páginas.
1. Menos que cero, de Easton Ellis. Sí, Easton Ellis es también el escritor del desasosegante American Psycho. Y sí, es un representante de la llamada Generación X. Y también “describe la sociedad rica estadounidense y su decadencia moral, trufado con drogas, alcohol y perversiones sexuales”, explica la especialista Marisol Salazar. Nada de eso es tranquilizador pero, seamos sinceros, pocas de estas cosas van a impresionar a un adolescente del siglo XXI con acceso a Snapchat e Instagram. Es posible que les aporte un punto diferente para observar esos excesos.
2. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. No, no tiene absolutamente nada que ver con las archiconocidas sombras de Christian Grey -nótese la vocal diferenciadora-.
 El libro de E.L. James solo debería caer en las manos de tu descendencia como un magnífico ejemplo del rumbo de control y poder que jamás debe alcanzar una relación.
 Y no, no nos referimos al sexo
. Si quieres aportar algo mucho más beneficioso a tus hijos y, en palabras de Casals, quieres que empiecen “a comprender que no se va a ser joven toda la vida”, pon en sus manos este clásico de Wilde.
3. El país de las últimas cosas, de Paul Auster. “La descripción de un futuro oscuro, un mundo que desaparece, nos invita a reflexionar sobre nuestras acciones y nos presenta un terrible porvenir”, explica Mercedes Hernández, responsable del departamento de Libros de Fnac España.
 Jugando con la distopía, el autor estadounidense Paul Auster, premio Príncipe de Asturias, nos conduce al lugar que alumbra la pesadilla de la sociedad de consumo; sin valores, ni sentimientos y en una constante búsqueda de la muerte.

Robert Downey Jr. (recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov. O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.
Lo que sigue, seguramente, sea una mirada martirizada al calendario, preguntándose en qué momento esa sangre de tu sangre aparcó los libros en los que había más viñetas que palabras y, después, una pequeña punzada de alegría porque pertenece a esa comunidad de jóvenes que se interesan por la lectura. En ese punto es en el que surge el dilema: ¿a qué edad se debe leer a Kerouac?
Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos casos
La mala noticia es que no hay respuestas absolutas. “La cuestión no es tanto la edad sino el grado de madurez”, asegura Marisol Salazar Ego-Aguirre, jefa del departamento de Lengua y Literatura del Colegio Lourdes (FUHEM) de Madrid. Hay que tener en cuenta el bagaje lector y el desarrollo del menor. Hay libros que pueden leerse con 16 años, pero que se disfrutan y aprecian mucho más cuando se es un poco más adulto.
Hay otros que habría que leer y releer. Otra cuestión a tener en cuenta es la confianza que exista en casa. “Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos casos”, reflexiona Jesús Casals, director de contenidos de la librería La Central de Callao, Madrid.
Hemos preguntado a padres, profesores, críticos y vendedores y hemos recopilado 15 libros que servirán a tus hijos para dar el salto a la edad adulta, literariamente hablando, que puedes recomendarle o regalarle (siempre que parezca un accidente). Y lo mejor de todo es que, si ya vas advertido, no te costará una serie de microinfartos cada vez que lo veas sumergido en sus páginas.
1. Menos que cero, de Easton Ellis. Sí, Easton Ellis es también el escritor del desasosegante American Psycho. Y sí, es un representante de la llamada Generación X. Y también “describe la sociedad rica estadounidense y su decadencia moral, trufado con drogas, alcohol y perversiones sexuales”, explica la especialista Marisol Salazar. Nada de eso es tranquilizador pero, seamos sinceros, pocas de estas cosas van a impresionar a un adolescente del siglo XXI con acceso a Snapchat e Instagram. Es posible que les aporte un punto diferente para observar esos excesos.
2. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. No, no tiene absolutamente nada que ver con las archiconocidas sombras de Christian Grey -nótese la vocal diferenciadora-.
 El libro de E.L. James solo debería caer en las manos de tu descendencia como un magnífico ejemplo del rumbo de control y poder que jamás debe alcanzar una relación.
Y no, no nos referimos al sexo
. Si quieres aportar algo mucho más beneficioso a tus hijos y, en palabras de Casals, quieres que empiecen “a comprender que no se va a ser joven toda la vida”, pon en sus manos este clásico de Wilde.
3. El país de las últimas cosas, de Paul Auster. “La descripción de un futuro oscuro, un mundo que desaparece, nos invita a reflexionar sobre nuestras acciones y nos presenta un terrible porvenir”, explica Mercedes Hernández, responsable del departamento de Libros de Fnac España
. Jugando con la distopía, el autor estadounidense Paul Auster, premio Príncipe de Asturias, nos conduce al lugar que alumbra la pesadilla de la sociedad de consumo; sin valores, ni sentimientos y en una constante búsqueda de la muerte.
4. El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger. En sus páginas aparecen temas como el alcohol, el sexo o la prostitución.
 La circunstancia de que el asesino de John Lennon, Mark Chapman, llevara un ejemplar cuando ejecutó al beatle encumbró esta novela, para bien y para mal, prohibiéndose en algunas escuelas y haciéndose obligatoria en otras.
 Para Casals, la historia -narrada en primera persona- del joven Holden Caulfield es “toda una novela de iniciación a la vida adulta”.
 El libro se mueve tanto en el límite como su protagonista, que debe decidir si crecer o no. Todo un dilema.
5. Tokio Blues (Norwegian wood), de Haruki Murakami. El eterno aspirante a Nobel de Literatura hilvana un triángulo amoroso -o varios- engarzando muerte, cultura, sexo e inseguridades adolescentes.
 Es una novela intimista, llena de carga emocional y a veces tortuosa. ¿Por qué leerla?
 “Para entender que uno no es el único joven torturado en este mundo”, asegura Jesús Casals, director de contenidos de la librería La Central.
6. Crezco, de Ben Brooks. “Una manera gamberra contemporánea de dar el salto”.
 Así define Casals este libro editado en 2011 por un Ben Brooks que, en el momento de su publicación, contaba con 19 años y aseguraba que el texto -el quinto de su carrera- lo había terminado tres años antes
. La historia se centra en Jasper, un joven inglés y su nihilista recorrido hacia la edad adulta. Todo tintado con un humor fresco y sin pretensiones forzadas.
 Su protagonista ha sido denominado ya como un Holden Caulfield (protagonista de El guardián entre el centeno) en los tiempos de Facebook y del ciberacoso.
7. El extranjero, de Albert Camus. Un síntoma común de la adolescencia es sentirse fuera de sitio e intentar buscar un lugar en el que encajar.
 Para Meursault, el protagonista de Camus, la realidad es extraña, absurda e inabarcable. Se encuentra privado de un sentimiento de pertenencia y la apatía le desborda
. Por ese punto trágico y “por encarnar la idea de la persona que se siente ajena a todo” lo recomienda Jorge de Cominges, escritor y crítico de libros.
 
Robert Downey Jr. (recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov. O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.
Lo que sigue, seguramente, sea una mirada martirizada al calendario, preguntándose en qué momento esa sangre de tu sangre aparcó los libros en los que había más viñetas que palabras y, después, una pequeña punzada de alegría porque pertenece a esa comunidad de jóvenes que se interesan por la lectura. En ese punto es en el que surge el dilema: ¿a qué edad se debe leer a Kerouac?
Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos casos
La mala noticia es que no hay respuestas absolutas. “La cuestión no es tanto la edad sino el grado de madurez”, asegura Marisol Salazar Ego-Aguirre, jefa del departamento de Lengua y Literatura del Colegio Lourdes (FUHEM) de Madrid. Hay que tener en cuenta el bagaje lector y el desarrollo del menor. Hay libros que pueden leerse con 16 años, pero que se disfrutan y aprecian mucho más cuando se es un poco más adulto.
Hay otros que habría que leer y releer
. Otra cuestión a tener en cuenta es la confianza que exista en casa
. “Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos casos”, reflexiona Jesús Casals, director de contenidos de la librería La Central de Callao, Madrid.
Hemos preguntado a padres, profesores, críticos y vendedores y hemos recopilado 15 libros que servirán a tus hijos para dar el salto a la edad adulta, literariamente hablando, que puedes recomendarle o regalarle (siempre que parezca un accidente).
 Y lo mejor de todo es que, si ya vas advertido, no te costará una serie de microinfartos cada vez que lo veas sumergido en sus páginas.
1. Menos que cero, de Easton Ellis. Sí, Easton Ellis es también el escritor del desasosegante American Psycho. Y sí, es un representante de la llamada Generación X. Y también “describe la sociedad rica estadounidense y su decadencia moral, trufado con drogas, alcohol y perversiones sexuales”, explica la especialista Marisol Salazar.
Nada de eso es tranquilizador pero, seamos sinceros, pocas de estas cosas van a impresionar a un adolescente del siglo XXI con acceso a Snapchat e Instagram. Es posible que les aporte un punto diferente para observar esos excesos.

2. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. No, no tiene absolutamente nada que ver con las archiconocidas sombras de Christian Grey -nótese la vocal diferenciadora-. El libro de E.L. James solo debería caer en las manos de tu descendencia como un magnífico ejemplo del rumbo de control y poder que jamás debe alcanzar una relación. Y no, no nos referimos al sexo. Si quieres aportar algo mucho más beneficioso a tus hijos y, en palabras de Casals, quieres que empiecen “a comprender que no se va a ser joven toda la vida”, pon en sus manos este clásico de Wilde.
3. El país de las últimas cosas, de Paul Auster. “La descripción de un futuro oscuro, un mundo que desaparece, nos invita a reflexionar sobre nuestras acciones y nos presenta un terrible porvenir”, explica Mercedes Hernández, responsable del departamento de Libros de Fnac España. Jugando con la distopía, el autor estadounidense Paul Auster, premio Príncipe de Asturias, nos conduce al lugar que alumbra la pesadilla de la sociedad de consumo; sin valores, ni sentimientos y en una constante búsqueda de la muerte.

4. El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger. En sus páginas aparecen temas como el alcohol, el sexo o la prostitución. La circunstancia de que el asesino de John Lennon, Mark Chapman, llevara un ejemplar cuando ejecutó al beatle encumbró esta novela, para bien y para mal, prohibiéndose en algunas escuelas y haciéndose obligatoria en otras. Para Casals, la historia -narrada en primera persona- del joven Holden Caulfield es “toda una novela de iniciación a la vida adulta”. El libro se mueve tanto en el límite como su protagonista, que debe decidir si crecer o no. Todo un dilema.
5. Tokio Blues (Norwegian wood), de Haruki Murakami. El eterno aspirante a Nobel de Literatura hilvana un triángulo amoroso -o varios- engarzando muerte, cultura, sexo e inseguridades adolescentes. Es una novela intimista, llena de carga emocional y a veces tortuosa. ¿Por qué leerla? “Para entender que uno no es el único joven torturado en este mundo”, asegura Jesús Casals, director de contenidos de la librería La Central.
8. El Gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald. Sabemos que hay película y que está protagonizada, nada menos, que por el -por fin- oscarizado Leonardo DiCaprio.
 Pero las algo más de 200 páginas de Scott Fitzgerald retratan minuciosamente la sociedad ficticia, sobrepasada y llena de excesos que caracterizaba los años 20 estadounidenses.
 Una época llena de esperanza y vitalidad que no veía aún su nefasto horizonte final en la forma del crash del 29.
 Para De Cominges, es una recomendación segura por “su tono desencantado y el tema de hacer realidad las ilusiones”.
9. Relatos, de Julio Cortázar. “Cuando lees por primera vez a Cortázar se abre una nueva dimensión en el lenguaje, su narración puede descubrir un universo paralelo en una mente receptiva”, afirma Mercedes Hernández, responsable del departamento de Libros de Fnac España.
Si después de leer este libro tus hijos acaban encantados, siempre puedes ir a la biblioteca y alcanzarles otra obra maestra de Cortázar, Rayuela.
10. Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil. Se trata, para el escritor y crítico Jorge de Cominges, de “la novela de aprendizaje por excelencia”.
 Narra el paso a la edad adulta, y en un instituto militar, del joven Törless, que se irá tropezando con la crueldad, la moralidad o la sexualidad de sus compañeros y la suya propia.
 Fue escrita en 1906, a escasos años del comienzo de la Primera Guerra Mundial, pero algunos de sus patrones se arrastran desde el imperio Austro-Hungaro.
11. La metamorfosis, de Franz Kafka. Ingrediente habitual de toda buena lista literaria que se precie, el clásico de Kafka atrae e inquieta a adolescentes desde hace décadas, el mismo tiempo que lleva arrastrando teorías sobre su interpretación
. Por ello, para Casals es “una buena manera de distinguir realidad y ficción” así como para Salazar es “una historia desasosegante que los adolescentes tienen que conocer”.
Lo bueno es que es tan corta que, una década después, puede releerse y uno de podrá sorprender de nuevo.
12. Historias del Kronen, J.A. Mañas. Esta novela ha sido llamada la hermana española de Menos que cero.
 Sus páginas, mucho más explícitas que la película del mismo nombre, han sido incluidas por Salazar por tratar los eternas temas protagonizados por adolescentes como son el abuso de drogas, alcohol, la amistad, el sexo y la búsqueda de pertenencia a un grupo, a veces sea el que sea.
13. Maus, de Art Spiegelman. Esta crónica de gatos -nazis- y ratones -judíos- que rememora la historia de un superviviente del exterminio nazi fue la primera novela gráfica en hacerse con un premio Pulitzer.
No solo evoca la historia del holocausto sino que también se centra en la difícil convivencia entre generaciones tras el horror sufrido.
 Para Hernández es, sin duda, “la mejor forma de aterrizar en la novela gráfica: por la propia historia y por cómo está narrada”.
14. Arrancad las semillas, fusilad a los niños, de Kenzaburo Oé. No abandonamos la temática de la Segunda Guerra Mundial, aunque acercándonos a la cultura japonesa de la época.
 "A pesar de ser premio Nobel y mundialmente conocido, el estilo de Kenzaburo Oé siempre es una sorpresa”, asegura la experta Mercedes Hernández.
 El japonés dibuja un escenario inicial similar al de El señor de las moscas, con un grupo de jóvenes obligados a la supervivencia, pero que no desemboca en caos sino en la organización colectiva.
 Y son precisamente los adultos quienes rompen el hechizo.
15. Héroes, de Ray Loriga. Tiene todos los componentes armándose como un poliedro en la mente de un adolescente. Rock, alcohol, amigos, “chicas bonitas” y un sinfín de frases que antes se subrayaban o se anotaban en los diarios y ahora se comparten, sobre un fondo limpio y negro, en las redes sociales de turno.