El rey Felipe VI junto al presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián. ULY MARTÍN
EL PAÍS ha celebrado este jueves de manera solemne sus 40 años al
servicio de la democracia, de la libertad y de sus millones de lectores
en todo el mundo.
El marco fue la entrega de los Premios Ortega y Gasset de Periodismo,
en su 33ª edición, durante una emotiva ceremonia presidida por los
Reyes en la que resaltó sobre todo el compromiso del diario con la
modernización de España a lo largo de estas cuatro décadas. El Rey
entregó los premios a los galardonados —Joseph Zárate, Lilia Saúl, Ginna Morelo, Samuel Aranda y Adam Michnik—, junto a doña Letizia y Juan Luis Cebrián,
primer director de EL PAÍS y actual presidente del diario y del grupo
PRISA. Felipe VI destacó que el rotativo ha sido “testigo y altavoz de
los grandes acontecimientos y las transformaciones experimentadas por
nuestra sociedad en los últimos decenios”.
El Rey, quien evocó las
figuras de los fundadores del periódico (José Ortega Spottorno, Jesús Polanco
y Juan Luis Cebrián), agradeció la labor jugada por este diario en su
empeño por impulsar el proyecto “con todo el compromiso profesional,
intelectual y social que merece y que lo caracteriza”.
En su discurso, el Rey se refirió a EL PAÍS como “cronista, pero
también protagonista” de la transformación experimentada por la sociedad
española tras la decisión de vivir en un régimen democrático “integrado
en Europa y con voz propia en el mundo”.
El Monarca destacó la “sólida
defensa en las páginas de EL PAÍS” de las reglas de convivencia por las
que se ha regido España desde hace 40 años, la clara vocación por
Latinoamérica, donde se ha convertido en un referente, y su apuesta
internacional.
Al acto, convertido en una fiesta del periodismo libre e
independiente, asistieron unos 400 invitados, entre ellos destacadas
personalidades de la política, la economía y la cultura, junto a la
cúpula directiva de EL PAÍS y de PRISA
. Es la primera vez que don Felipe
y doña Letizia asisten a la entrega de los Ortega, un acto que en 2001,
con motivo del 25º aniversario del periódico, contó con la presencia de los entonces reyes Juan Carlos y Sofía.
Entre los asistentes a la fiesta, que coincidía con los 40 años de un
periódico que nació en el regreso de la democracia tras una larga
dictadura y ha acompañado a los españoles en un viaje histórico,
figuraron la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de
Santamaría; la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena; el presidente del
Congreso, Patxi López; los ministros de Economía, Interior, Fomento,
Sanidad y Exteriores, Luis de Guindos, Jorge Fernández Díaz, Ana Pastor,
Alfonso Alonso y José Manuel García-Margallo, respectivamente, además
de los líderes del PSOE, Pedro Sánchez; Podemos, Pablo Iglesias;
Ciudadanos, Albert Rivera, e Izquierda Unida,Alberto Garzón. A ellos se sumaron otros representantes de comunidades autónomas y múltiples instituciones.
La Constitución
Cebrián recordó en su discurso de bienvenida cuando, en 1976, un
grupo reducido de personas coincidió en la iniciativa de fundar un
periódico que “recuperara la gran tradición de la prensa española,
agostada por la dictadura durante cuatro décadas”
. Una aventura
promovida por José Ortega Spottorno y secundada “vigorosamente” por
Jesús Polanco, que coincidió con el inicio de un nuevo régimen bajo el
marco de la monarquía parlamentaria.
La Constitución fue uno de los ejes del discurso de Cebrián, quien
recalcó que, pese a los defectos coyunturales, supone una garantía
jurídica y política de la libertad de los ciudadanos
. “Desde su
nacimiento, EL PAÍS contribuyó, incluso acaloradamente, al debate sobre
esta Carta Magna de nuestra convivencia, y cuantas veces se ha visto
amenazada por la violencia sectaria e irracional del golpismo o del
terrorismo, nuestro periódico no ha dudado en alinearse con la defensa
de los valores por ella representados, irrenunciables para nosotros”,
abundó.
Tras repasar los compromisos que durante estos años han presidido la
línea editorial del diario, el presidente de EL PAÍS profundizó en el
permanente desafío y los retos a los que se enfrenta el oficio de
periodista
. Al referirse a los premiados, Cebrián destacó a los
reporteros que, contra viento y marea, “arriesgando su vida, su hacienda
y su libertad muchas veces, ejercen su cometido conscientes de su
responsabilidad y del servicio que prestan a las sociedades a las que se
dirigen”.
“Los premios Ortega son un reconocimiento a la excelencia
profesional puesta al servicio de los valores democráticos.
Esos mismos
principios alumbraron el nacimiento de nuestro diario hace 40 años y han
de iluminar su andadura en el futuro”, continuó.
La solemnidad del acto, celebrado en el Palacio de Cibeles de Madrid y que contó con la actriz Cayetana Guillén Cuervo como maestra de ceremonias,
quedó acompasada por el periodismo de la resistencia, el drama y el
coraje que representan los trabajos galardonados en esta edición,
firmados por comprometidos reporteros que han pisado la calle para
contar al mundo una realidad muchas veces invisible.
La tragedia de los
refugiados en Europa que huyen de la guerra en Siria, la investigación
sobre los 50.000 desaparecidos forzados en México y Colombia en los
últimos años o la historia de la lucha de una campesina peruana contra
una poderosa empresa minera han merecido el reconocimiento del jurado,
que también ha valorado la trayectoria y honestidad del periodista
polaco Adam Michnik, fundador y director de Gazeta Wyborcza, en su defensa de la democracia y la libertad de expresión en su país.
“Los Ortega y Gasset simbolizan los más altos valores de la cultura
europea. EL PAÍS es, a la vez, hijo y cofundador de la democracia
española.
Por eso, recibir estos premios supone un gran honor para todos
y cada uno de nosotros”, aseguró Michnik en nombre de todos los
galardonados.
Este defensor de los valores supremos de la verdad y la
libertad resaltó su compromiso con la defensa del Estado de derecho, la
separación de poderes, la dignidad de las personas, el humanismo y la
tolerancia.
La música de Sílvia Pérez Cruz
cerró un cumpleaños, impregnado por el pensamiento de Ortega. Felipe VI
recordó así al filósofo: “Su propuesta intelectual, fundamentada en las
virtudes de la democracia, la mirada a Europa, la mejora de la
educación y la extensión de la cultura y la justicia social, ha
inspirado sin duda el progreso español de los últimos 40 años
. Releer a
Ortega es siempre un ejercicio enriquecedor y fructífero”.
El
periodista y escritor Juan Cruz, durante la presentación de su libro
‘Especies en extinción’, en el Círculo de Bellas Artes, Madrid. / GORKA
LEJARCEGI
Juan Cruz es uno de los fundadores de EL PAÍS. Ahí estaba desde su salida el 4 de mayo de 1976. Y hasta ahora
En estos 40 años lo ha sido casi todo en este diario: empezó como corresponsal en Londres, luego redactor jefe de Cultura, de Opinión… Y hoy es adjunto a la dirección del periódico.
Cruz (Puerto de la Cruz, Tenerife, 1948) ha publicado, además, otros en los que se refleja su intensa vida profesional, como Egos revueltos. La vida literaria: una memoria personal(Tusquets, 2009) con el que obtuvo el Premio Comillas
.
Por este libro, lleno de anécdotas jugosas, desfilan autores como Jorge
Luis Borges, Guillermo Cabrera Infante, Jorge Semprún, Susan Sontag,
Günter Grass…
y otros muchos con sus ambiciones y obsesiones.
“Me fijo en la parte
más íntima de
lo cotidiano”
Ha recibido también el Premio Nacional de Periodismo Cultural.
Reconoce que a la hora de ponerse a escribir lo que más le inspira son los detalles y acceder al mundo privado de los personajes
para verlos en su entorno, cosa en él nada difícil por su condición de
periodista y editor. “Me fijo en la parte más íntima de lo cotidiano”,
explica.
“Las personas tenemos algunas virtudes, enormes defectos,
pero algunas cosas nos igualan a todos: el dolor, la felicidad, las
pequeñas alegrías que si no se cuentan no completan el espejo de la vida
que es el periodismo”. Comenzó a escribir desde “muy chico”,
afirma.
“Desde que aprendí a leer, sobre los ocho años, porque aprendí
tarde, escribía las cartas a los emigrantes de mi barrio que estaban en
Venezuela.
Venían sus mujeres o sus madres y yo les redactaba las
cartas. Luego, a los trece años, envié mi primera crónica a un periódico. Una crónica de fútbol”.
El periodista y escritor Juan Cruz, en una imagen de archivo.
Ese texto de cuando era un muchacho le marcó su vida, entre otras
cosas, porque de alguna manera su madre estaba por ahí. “Los chicos se
reunieron en el barrio a leer en voz alta esa crónica.
Y mi madre la
guardó tan secretamente, en un sótano, que al final se la comieron los
ratones
. Sin ese suceso callejero de mi crónica no sé qué hubiera
pasado.
Quizá estaría jubilado de una empresa de repuestos de
automóviles, que era lo que hacía entonces”.
La figura materna también aparece en una de las anécdotas que
rememora con alegría a propósito de su trabajo.
“Cuando mi madre me
compró una ropa, con corbata, para ir a hacer la entrevista más importante de mi vida hasta entonces; el entrevistado era Julio Caro Baroja.
Yo era un adolescente aún”.
Con una acreditada buena memoria recuerda la primera columna que
escribió para este diario. ¿Decimos una? “Fueron tres”, precisa.
“En el
primer número del periódico. La que recuerdo (la que me han recordado)es una noticia relativa a la visita del presidente de Brasil a Inglaterra”.
Luego vendrían cientos, miles.
Y entre unas y otras, él y su trabajo han evolucionado: “Creo que me he hecho más consciente de mis limitaciones y más alegre en la escritura”, opina.
Pero también ha habido algún que otro disgusto en el camino.
Pero también ha habido algún que otro disgusto en el camino. Dice que
serán “muchos, supongo”, los que se habrán enfadado al leer su nombre
en alguna de las columnas de este diario firmadas por él. Juan Cruz junto al periodista Joaquín Estefanía. / ARCHIVO
“Recuerdo uno que se molestó, un político canario conservador, porque
mi mención podía herir a sus hijos.
Él había apoyado a un presidente
autonómico que se gastó su dinero público en ir a ver a una novia en
Canarias.
Y yo se lo afeé, aunque juro que con buenos modos”.
Pero
también le han llamado otros, “aunque no sea muy común”,
para agradecerle que le mencionara.
“Hay algunas personas que se
alegran, y lo dicen, si los tratas con consideración y respeto”.
Entre sus columnas predilectas figura una que se titula El niño es el mundo entero, sobre la muerte en una playa de Turquía de un niño procedente de Siria. “En ese niño vi el sufrimiento de todos los niños”.
El autor se considera un hombre abierto a cualquier opinión diferente
a la suya.
“Tengo algunas opiniones, en realidad algunas son pasiones, como mi creencia en la vigencia del periodismo
o algunas convicciones más íntimas, pero ninguna de mis opiniones es
incompatible con las que otras personas, a mi juicio con buena voluntad,
quieran expresar”, confiesa este escritor que cita entre sus maestros a
Domingo Pérez Minik, crítico, ensayista, autor teatral y canario como
él; al filósofo Emilio Lledó; los periodistas Jesús de la Serna y Manu
Leguineche; el escritor Manuel Vázquez Montalbán, el guionista
Rafael Azcona, su madre…
Publicar a los 19 años le ha llevado a convertirse en “el joven Marías”
hasta casi los 65 que tiene ahora. Novelas como ‘Corazón tan blanco’ y
‘Tu rostro mañana’ lo han convertido en uno de los autores españoles con
mayor proyección internacional. “Muchas veces, en el extranjero, he recorrido los quioscos buscando
EL PAÍS. Cuando no lo leo es como si me faltara el desayuno”, cuenta
Javier Marías (Madrid, 1951). “He sido lector del periódico desde el
primer día. En 1976, cuando salió, yo vivía con mi padre [el fi lósofo
Julián Marías], y él lo recibía en casa”. No recuerda la primera vez que
el diario habló de un libro suyo, pero sí el primer artículo que
publicó: “Fue en 1978. Se titulaba ‘Cuestión de formas’ y era una
defensa de los que se abstuvieron en el referéndum de la Constitución,
entre los que estaba yo”. Desde 2003 la última página de EL PAÍS SEMANAL
lleva su firma.
Javier Rodríguez Marcos
Javier Marías: “Nunca pensé que sería escritor”
¿Cuando en 1971 publicó su primera novela pensó que alguna vez viviría de escribir?
No. Tenía 19 años, estaba en la facultad y no me planteaba nada de nada.
Ni siquiera sabía si sería escritor. Había escrito Los dominios del lobo
porque tenía costumbre de escribir cosas desde los 12 años
. La dejé ver
a algunos amigos y llegó a Juan Benet, al que le hizo gracia.
Él hizo
unos trámites y se acabó publicando.
Pero nunca pensé que sería
escritor. Ni siquiera sabía si iba a escribir otra novela. Hace poco escribió sobre las formas actuales de censura. Su libro tuvo que pasar la franquista.
Un estudioso me pasó el informe del censor.
La novela pasa en Estados
Unidos y no la consideraron peligrosa.
Eso sí, el informe decía algo
así: “No hay ataques al Régimen ni a la religión pero es una imbecilidad
de novela”
. Había escenas eróticas y violencia, pero eso nunca molestó
demasiado a los censores franquistas. Aunque a Benet, y eso que sus
novelas son bastante abstractas, le oí contar que le habían sugerido que
quitara la palabra muslo.
¿Qué es lo que ha cambiado en estos años en el mundo literario?
Hoy es probable que ningún editor tenga la paciencia que se tuvo
conmigo.
Publiqué cuatro novelas antes de que la quinta tuviera algo de
fortuna comercial. La sexta tuvo más y más aún la séptima,
Corazón tan blanco. Ahora los editores esperan resultados casi inmediatos. ¿La edición es ahora menos literaria?
No se puede generalizar, porque hay editoriales pequeñas que siguen
ocupándose de la parte más artística de la literatura y no están sujetas
a la exigencia de resultados inmediatos
. Pero las editoriales grandes
tienen mucha menos paciencia para sostener a un autor en el que creen.
Si los resultados no llegan en dos, tres libros, es normal que lo dejen
caer.
Hoy publicar por primera vez es más fácil, lo difícil es
mantenerse si uno no da resultados pronto Pero ahora hay más lectores. El escritor Javier Marías. / Carlos Rosillo
Ha habido fases. Hubo un periodo, de mediados de los 80 a mediados de
los 90, en que la gente hizo un esfuerzo por leer cosas que no fueran
baratas.
Si uno mira las listas de libros más vendidos entre 1985 y 1995
se encuentra con autores de calidad: Yourcenar, Milan Kundera, Duras,
Eco…
A partir de los años 90, coincidiendo con los gobiernos de Aznar,
se produce un retroceso enorme.
Se volvió a la ignorancia satisfecha y
se dio rienda suelta a los gustos más bajos en la televisión y en el
cine. Y parcialmente en la literatura. ¿La literatura está condenada a ser minoritaria?
Es que en comparación con la población total hasta García Márquez es
minoritario. Siempre se conservan bolsas de lectores de calidad, pero
hoy son incomparablemente más exiguas. Los escritores de su generación tuvieron desde muy pronto el favor del público…
Es cierto
. En los 80 se dio cierta comunión entre lo que escribíamos y
lo que interesaba al público.
No siempre fue así. Escritores
indiscutibles como Marsé, Benet o García Hortelano tenían prestigio,
pero vendían poco
. El cambio en los lectores nos favoreció a mí y a
autores como Muñoz Molina, Millás, Rosa Montero, Eduardo Mendoza…
Tengo
la impresión de que hoy es más difícil y que vuelve a pasar como antes:
el público va por un lado y el prestigio, por otro.
Hay que
asumirlo: nuestro hijo se acerca a la edad adulta. Aunque nos pese,
estas lecturas le enfrentarán a dilemas que le ayudarán a formarse.
Robert Downey Jr.
(recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la
adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que
cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov.
O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que
acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un
ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.
Robert Downey Jr.
(recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la
adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que
cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov.
O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que
acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un
ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.
Lo que sigue, seguramente, sea una mirada martirizada al calendario,
preguntándose en qué momento esa sangre de tu sangre aparcó los libros
en los que había más viñetas que palabras y, después, una pequeña
punzada de alegría porque pertenece a esa comunidad de jóvenes que se
interesan por la lectura
. En ese punto es en el que surge el dilema: ¿a
qué edad se debe leer a Kerouac?
Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el
sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de
libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a
seguir en algunos casos
La mala noticia es que no hay respuestas absolutas.
“La cuestión no
es tanto la edad sino el grado de madurez”, asegura Marisol Salazar
Ego-Aguirre, jefa del departamento de Lengua y Literatura del Colegio
Lourdes (FUHEM) de Madrid
. Hay que tener en cuenta el bagaje lector y el
desarrollo del menor
. Hay libros que pueden leerse con 16 años, pero
que se disfrutan y aprecian mucho más cuando se es un poco más adulto.
Hay otros que habría que leer y releer.
Otra cuestión a tener en
cuenta es la confianza que exista en casa.
“Estaría bien que padres e
hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las
complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser
asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos
casos”, reflexiona Jesús Casals, director de contenidos de la librería
La Central de Callao, Madrid.
Y lo mejor de todo es que,
si ya vas advertido, no te costará una serie de microinfartos cada vez
que lo veas sumergido en sus páginas. 1. Menos que cero, de Easton Ellis. Sí, Easton Ellis es también el escritor del desasosegante American Psycho
.
Y sí, es un representante de la llamada Generación X
. Y también
“describe la sociedad rica estadounidense y su decadencia moral, trufado
con drogas, alcohol y perversiones sexuales”, explica la especialista
Marisol Salazar
. Nada de eso es tranquilizador pero, seamos sinceros,
pocas de estas cosas van a impresionar a un adolescente del siglo XXI
con acceso a Snapchat e Instagram.
Es posible que les aporte un punto
diferente para observar esos excesos.
Robert Downey Jr.
(recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la
adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que
cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov.
O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que
acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un
ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.
Lo que sigue, seguramente, sea una mirada martirizada al calendario,
preguntándose en qué momento esa sangre de tu sangre aparcó los libros
en los que había más viñetas que palabras y, después, una pequeña
punzada de alegría porque pertenece a esa comunidad de jóvenes que se
interesan por la lectura. En ese punto es en el que surge el dilema: ¿a
qué edad se debe leer a Kerouac?
Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el
sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de
libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a
seguir en algunos casos
La mala noticia es que no hay respuestas absolutas. “La cuestión no
es tanto la edad sino el grado de madurez”, asegura Marisol Salazar
Ego-Aguirre, jefa del departamento de Lengua y Literatura del Colegio
Lourdes (FUHEM) de Madrid. Hay que tener en cuenta el bagaje lector y el
desarrollo del menor. Hay libros que pueden leerse con 16 años, pero
que se disfrutan y aprecian mucho más cuando se es un poco más adulto.
Hay otros que habría que leer y releer. Otra cuestión a tener en
cuenta es la confianza que exista en casa. “Estaría bien que padres e
hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las
complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser
asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos
casos”, reflexiona Jesús Casals, director de contenidos de la librería
La Central de Callao, Madrid.
Hemos preguntado a padres, profesores, críticos y vendedores y hemos
recopilado 15 libros que servirán a tus hijos para dar el salto a la
edad adulta, literariamente hablando, que puedes recomendarle o
regalarle (siempre que parezca un accidente). Y lo mejor de todo es que,
si ya vas advertido, no te costará una serie de microinfartos cada vez
que lo veas sumergido en sus páginas. 1. Menos que cero, de Easton Ellis. Sí, Easton Ellis es también el escritor del desasosegante American Psycho.
Y sí, es un representante de la llamada Generación X. Y también
“describe la sociedad rica estadounidense y su decadencia moral, trufado
con drogas, alcohol y perversiones sexuales”, explica la especialista
Marisol Salazar. Nada de eso es tranquilizador pero, seamos sinceros,
pocas de estas cosas van a impresionar a un adolescente del siglo XXI
con acceso a Snapchat e Instagram. Es posible que les aporte un punto
diferente para observar esos excesos.
2. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
No, no tiene absolutamente nada que ver con las archiconocidas sombras
de Christian Grey -nótese la vocal diferenciadora-.
El libro de E.L.
James solo debería caer en las manos de tu descendencia como un
magnífico ejemplo del rumbo de control y poder que jamás debe alcanzar
una relación.
Y no, no nos referimos al sexo
. Si quieres aportar algo
mucho más beneficioso a tus hijos y, en palabras de Casals, quieres que
empiecen “a comprender que no se va a ser joven toda la vida”, pon en
sus manos este clásico de Wilde. 3. El país de las últimas cosas, de Paul Auster.
“La descripción de un futuro oscuro, un mundo que desaparece, nos
invita a reflexionar sobre nuestras acciones y nos presenta un terrible
porvenir”, explica Mercedes Hernández, responsable del departamento de
Libros de Fnac España.
Jugando con la distopía, el autor estadounidense Paul Auster, premio Príncipe de Asturias,
nos conduce al lugar que alumbra la pesadilla de la sociedad de
consumo; sin valores, ni sentimientos y en una constante búsqueda de la
muerte.
Robert Downey Jr.
(recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la
adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que
cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov.
O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que
acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un
ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.
Lo que sigue, seguramente, sea una mirada martirizada al calendario,
preguntándose en qué momento esa sangre de tu sangre aparcó los libros
en los que había más viñetas que palabras y, después, una pequeña
punzada de alegría porque pertenece a esa comunidad de jóvenes que se
interesan por la lectura. En ese punto es en el que surge el dilema: ¿a
qué edad se debe leer a Kerouac?
Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el
sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de
libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a
seguir en algunos casos
La mala noticia es que no hay respuestas absolutas. “La cuestión no
es tanto la edad sino el grado de madurez”, asegura Marisol Salazar
Ego-Aguirre, jefa del departamento de Lengua y Literatura del Colegio
Lourdes (FUHEM) de Madrid. Hay que tener en cuenta el bagaje lector y el
desarrollo del menor. Hay libros que pueden leerse con 16 años, pero
que se disfrutan y aprecian mucho más cuando se es un poco más adulto.
Hay otros que habría que leer y releer. Otra cuestión a tener en
cuenta es la confianza que exista en casa. “Estaría bien que padres e
hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las
complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser
asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos
casos”, reflexiona Jesús Casals, director de contenidos de la librería
La Central de Callao, Madrid.
Hemos preguntado a padres, profesores, críticos y vendedores y hemos
recopilado 15 libros que servirán a tus hijos para dar el salto a la
edad adulta, literariamente hablando, que puedes recomendarle o
regalarle (siempre que parezca un accidente). Y lo mejor de todo es que,
si ya vas advertido, no te costará una serie de microinfartos cada vez
que lo veas sumergido en sus páginas. 1. Menos que cero, de Easton Ellis. Sí, Easton Ellis es también el escritor del desasosegante American Psycho.
Y sí, es un representante de la llamada Generación X. Y también
“describe la sociedad rica estadounidense y su decadencia moral, trufado
con drogas, alcohol y perversiones sexuales”, explica la especialista
Marisol Salazar. Nada de eso es tranquilizador pero, seamos sinceros,
pocas de estas cosas van a impresionar a un adolescente del siglo XXI
con acceso a Snapchat e Instagram. Es posible que les aporte un punto
diferente para observar esos excesos.
2. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
No, no tiene absolutamente nada que ver con las archiconocidas sombras
de Christian Grey -nótese la vocal diferenciadora-.
El libro de E.L.
James solo debería caer en las manos de tu descendencia como un
magnífico ejemplo del rumbo de control y poder que jamás debe alcanzar
una relación.
Y no, no nos referimos al sexo
. Si quieres aportar algo
mucho más beneficioso a tus hijos y, en palabras de Casals, quieres que
empiecen “a comprender que no se va a ser joven toda la vida”, pon en
sus manos este clásico de Wilde. 3. El país de las últimas cosas, de Paul Auster.
“La descripción de un futuro oscuro, un mundo que desaparece, nos
invita a reflexionar sobre nuestras acciones y nos presenta un terrible
porvenir”, explica Mercedes Hernández, responsable del departamento de
Libros de Fnac España
. Jugando con la distopía, el autor estadounidense Paul Auster, premio Príncipe de Asturias,
nos conduce al lugar que alumbra la pesadilla de la sociedad de
consumo; sin valores, ni sentimientos y en una constante búsqueda de la
muerte.
4. El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger. En sus páginas aparecen temas como el alcohol, el sexo o la prostitución.
La circunstancia de que el asesino de John Lennon, Mark Chapman, llevara un ejemplar cuando ejecutó al beatle
encumbró esta novela, para bien y para mal, prohibiéndose en algunas
escuelas y haciéndose obligatoria en otras.
Para Casals, la historia
-narrada en primera persona- del joven Holden Caulfield es “toda una
novela de iniciación a la vida adulta”.
El libro se mueve tanto en el
límite como su protagonista, que debe decidir si crecer o no. Todo un
dilema. 5. Tokio Blues (Norwegian wood), de Haruki Murakami.
El eterno aspirante a Nobel de Literatura hilvana un triángulo amoroso
-o varios- engarzando muerte, cultura, sexo e inseguridades
adolescentes.
Es una novela intimista, llena de carga emocional y a
veces tortuosa. ¿Por qué leerla?
“Para entender que uno no es el único
joven torturado en este mundo”, asegura Jesús Casals, director de contenidos de la librería La Central.
6. Crezco, de Ben Brooks. “Una manera
gamberra contemporánea de dar el salto”.
Así define Casals este libro
editado en 2011 por un Ben Brooks que, en el momento de su publicación,
contaba con 19 años y aseguraba que el texto -el quinto de su carrera-
lo había terminado tres años antes
. La historia se centra en Jasper, un
joven inglés y su nihilista recorrido hacia la edad adulta. Todo tintado
con un humor fresco y sin pretensiones forzadas.
Su protagonista ha
sido denominado ya como un Holden Caulfield (protagonista de El guardián entre el centeno) en los tiempos de Facebook y del ciberacoso. 7. El extranjero, de Albert Camus. Un
síntoma común de la adolescencia es sentirse fuera de sitio e intentar
buscar un lugar en el que encajar.
Para Meursault, el protagonista de
Camus, la realidad es extraña, absurda e inabarcable. Se encuentra
privado de un sentimiento de pertenencia y la apatía le desborda
. Por
ese punto trágico y “por encarnar la idea de la persona que se siente
ajena a todo” lo recomienda Jorge de Cominges, escritor y crítico de
libros.
Robert Downey Jr.
(recién estrenada su mayoría de edad) y Andrew McCarthy, en la
adaptación cinematográfica de la novela de Bret Easton Ellis 'Menos que
cero'. Se llamó 'Golpe al sueño americano' y se estrenó en 1987.
Es posible que la pesadilla de unos padres cualquiera venga representada por la visión de su hija adolescente leyendo el controvertido Lolita, de Nabokov.
O quizás se parezca más a ese instante, eterno y torturador, que
acompaña la petición de tu vástago, aún menor de edad, de hacerse con un
ejemplar del transgresor Mujeres, de Bukowski.
Lo que sigue, seguramente, sea una mirada martirizada al calendario,
preguntándose en qué momento esa sangre de tu sangre aparcó los libros
en los que había más viñetas que palabras y, después, una pequeña
punzada de alegría porque pertenece a esa comunidad de jóvenes que se
interesan por la lectura. En ese punto es en el que surge el dilema: ¿a
qué edad se debe leer a Kerouac?
Estaría bien que padres e hijos hablaran antes sobre temas como el
sexo, las drogas o las complejas relaciones humanas, porque este tipo de
libros deben ser asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a
seguir en algunos casos
La mala noticia es que no hay respuestas absolutas. “La cuestión no
es tanto la edad sino el grado de madurez”, asegura Marisol Salazar
Ego-Aguirre, jefa del departamento de Lengua y Literatura del Colegio
Lourdes (FUHEM) de Madrid. Hay que tener en cuenta el bagaje lector y el
desarrollo del menor. Hay libros que pueden leerse con 16 años, pero
que se disfrutan y aprecian mucho más cuando se es un poco más adulto.
Hay otros que habría que leer y releer
. Otra cuestión a tener en
cuenta es la confianza que exista en casa
. “Estaría bien que padres e
hijos hablaran antes sobre temas como el sexo, las drogas o las
complejas relaciones humanas, porque este tipo de libros deben ser
asumidos como parte de la ficción, no como ejemplos a seguir en algunos
casos”, reflexiona Jesús Casals, director de contenidos de la librería
La Central de Callao, Madrid.
Hemos preguntado a padres, profesores, críticos y vendedores y hemos
recopilado 15 libros que servirán a tus hijos para dar el salto a la
edad adulta, literariamente hablando, que puedes recomendarle o
regalarle (siempre que parezca un accidente).
Y lo mejor de todo es que,
si ya vas advertido, no te costará una serie de microinfartos cada vez
que lo veas sumergido en sus páginas. 1. Menos que cero, de Easton Ellis. Sí, Easton Ellis es también el escritor del desasosegante American Psycho.
Y sí, es un representante de la llamada Generación X. Y también
“describe la sociedad rica estadounidense y su decadencia moral, trufado
con drogas, alcohol y perversiones sexuales”, explica la especialista
Marisol Salazar.
Nada de eso es tranquilizador pero, seamos sinceros,
pocas de estas cosas van a impresionar a un adolescente del siglo XXI
con acceso a Snapchat e Instagram. Es posible que les aporte un punto
diferente para observar esos excesos.
2. El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde.
No, no tiene absolutamente nada que ver con las archiconocidas sombras
de Christian Grey -nótese la vocal diferenciadora-. El libro de E.L.
James solo debería caer en las manos de tu descendencia como un
magnífico ejemplo del rumbo de control y poder que jamás debe alcanzar
una relación. Y no, no nos referimos al sexo. Si quieres aportar algo
mucho más beneficioso a tus hijos y, en palabras de Casals, quieres que
empiecen “a comprender que no se va a ser joven toda la vida”, pon en
sus manos este clásico de Wilde. 3. El país de las últimas cosas, de Paul Auster.
“La descripción de un futuro oscuro, un mundo que desaparece, nos
invita a reflexionar sobre nuestras acciones y nos presenta un terrible
porvenir”, explica Mercedes Hernández, responsable del departamento de
Libros de Fnac España. Jugando con la distopía, el autor estadounidense Paul Auster, premio Príncipe de Asturias,
nos conduce al lugar que alumbra la pesadilla de la sociedad de
consumo; sin valores, ni sentimientos y en una constante búsqueda de la
muerte.
4. El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger. En sus páginas aparecen temas como el alcohol, el sexo o la prostitución. La circunstancia de que el asesino de John Lennon, Mark Chapman, llevara un ejemplar cuando ejecutó al beatle
encumbró esta novela, para bien y para mal, prohibiéndose en algunas
escuelas y haciéndose obligatoria en otras. Para Casals, la historia
-narrada en primera persona- del joven Holden Caulfield es “toda una
novela de iniciación a la vida adulta”. El libro se mueve tanto en el
límite como su protagonista, que debe decidir si crecer o no. Todo un
dilema. 5. Tokio Blues (Norwegian wood), de Haruki Murakami.
El eterno aspirante a Nobel de Literatura hilvana un triángulo amoroso
-o varios- engarzando muerte, cultura, sexo e inseguridades
adolescentes. Es una novela intimista, llena de carga emocional y a
veces tortuosa. ¿Por qué leerla? “Para entender que uno no es el único
joven torturado en este mundo”, asegura Jesús Casals, director de contenidos de la librería La Central. 8. El Gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald. Sabemos que hay película y que está protagonizada, nada menos, que por el -por fin- oscarizado Leonardo DiCaprio.
Pero las algo más de 200 páginas de Scott Fitzgerald retratan
minuciosamente la sociedad ficticia, sobrepasada y llena de excesos que
caracterizaba los años 20 estadounidenses.
Una época llena de esperanza y
vitalidad que no veía aún su nefasto horizonte final en la forma del crash del 29.
Para De Cominges, es una recomendación segura por “su tono desencantado y el tema de hacer realidad las ilusiones”. 9. Relatos, de Julio Cortázar. “Cuando lees
por primera vez a Cortázar se abre una nueva dimensión en el lenguaje,
su narración puede descubrir un universo paralelo en una mente
receptiva”, afirma Mercedes Hernández, responsable del departamento de
Libros de Fnac España.
Si después de leer este libro tus hijos acaban
encantados, siempre puedes ir a la biblioteca y alcanzarles otra obra maestra de Cortázar, Rayuela. 10. Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil.
Se trata, para el escritor y crítico Jorge de Cominges, de “la novela
de aprendizaje por excelencia”.
Narra el paso a la edad adulta, y en un
instituto militar, del joven Törless, que se irá tropezando con la
crueldad, la moralidad o la sexualidad de sus compañeros y la suya
propia.
Fue escrita en 1906, a escasos años del comienzo de la Primera
Guerra Mundial, pero algunos de sus patrones se arrastran desde el
imperio Austro-Hungaro.
11. La metamorfosis, de Franz Kafka.
Ingrediente habitual de toda buena lista literaria que se precie, el
clásico de Kafka atrae e inquieta a adolescentes desde hace décadas, el
mismo tiempo que lleva arrastrando teorías sobre su interpretación
. Por
ello, para Casals es “una buena manera de distinguir realidad y ficción”
así como para Salazar es “una historia desasosegante que los
adolescentes tienen que conocer”.
Lo bueno es que es tan corta que, una
década después, puede releerse y uno de podrá sorprender de nuevo. 12. Historias del Kronen, J.A. Mañas. Esta novela ha sido llamada la hermana española de Menos que cero.
Sus páginas, mucho más explícitas que la película del mismo nombre, han
sido incluidas por Salazar por tratar los eternas temas protagonizados
por adolescentes como son el abuso de drogas, alcohol, la amistad, el
sexo y la búsqueda de pertenencia a un grupo, a veces sea el que sea. 13. Maus, de Art Spiegelman. Esta crónica
de gatos -nazis- y ratones -judíos- que rememora la historia de un
superviviente del exterminio nazi fue la primera novela gráfica en
hacerse con un premio Pulitzer.
No solo evoca la historia del holocausto
sino que también se centra en la difícil convivencia entre generaciones
tras el horror sufrido.
Para Hernández es, sin duda, “la mejor forma de
aterrizar en la novela gráfica: por la propia historia y por cómo está
narrada”.
14. Arrancad las semillas, fusilad a los niños, de Kenzaburo Oé.
No abandonamos la temática de la Segunda Guerra Mundial, aunque
acercándonos a la cultura japonesa de la época.
"A pesar de ser premio
Nobel y mundialmente conocido, el estilo de Kenzaburo Oé siempre es una
sorpresa”, asegura la experta Mercedes Hernández.
El japonés dibuja un
escenario inicial similar al de El señor de las moscas, con un
grupo de jóvenes obligados a la supervivencia, pero que no desemboca en
caos sino en la organización colectiva.
Y son precisamente los adultos
quienes rompen el hechizo. 15. Héroes, de Ray Loriga. Tiene todos los
componentes armándose como un poliedro en la mente de un adolescente.
Rock, alcohol, amigos, “chicas bonitas” y un sinfín de frases que antes
se subrayaban o se anotaban en los diarios y ahora se comparten, sobre
un fondo limpio y negro, en las redes sociales de turno.