Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

3 nov 2015

Mujeres maduras que tienen claro lo quieren

Siete mujeres con más de 50 años visten su edad con la elegancia y el carácter que dan la experiencia y una gran relación consigo mismas.

Mujeres maduras que tienen claro lo quieren

Siete mujeres con más de 50 años visten su edad con la elegancia y el carácter que dan la experiencia y una gran relación consigo mismas

Mujeres estupendas con 50 años
Marisa Paredes, actriz

«En mi trayectoria profesional, siempre me ha preocupado más la búsqueda de un estilo que seguir los dictados de la moda, como una imposición de tendencias que se renuevan cada temporada.
 Me gustan las mujeres dinámicas, activas y sobre todo pensantes.
 El vestir como una actitud frente a la vida, que define el carácter, imprimiendo la propia personalidad.
Sin olvidar el aspecto lúdico, que permite mostrarse con una cierta flexibilidad, jugando con las distintas facetas de cada una
. Para mí, el verdadero atractivo radica en el autoconocimiento, que por lo general es consecuencia directa de los años y de “haberse vivido”
. Eso hace que, más allá de la frescura de la piel, la madurez se esté convirtiendo en un valor en alza.
 Una apuesta por una mujer real, por encima de agresivas campañas de marketing, estereotipos y el culto a la eterna juventud. Un profundo proceso de aceptación, reconciliación y de fidelidad propio.
 Un saber elegir, porque previamente una lo ha hecho consigo misma.
 Hoy en día, la barrera de la edad se desdibuja, y encontramos a mujeres de 50 años estupendas, ya no solo por lo bien conservadas que están, sino por lo que nos transmiten; ya que no se trata únicamente de ser joven, sino de sentirse joven para soñar, vivenciar y dejar claro todo lo que aún queda por decir. Tienen voz, son como el buen vino».
MARISA PAREDES
«Me estoy dando el gustazo de descansar, que me hacía falta
. Voy al cine, al teatro, veo a los amigos, leo... Y, entre tanto y tanto, viajo a algún sitio (normalmente a Francia) y recojo un premio», nos cuenta la actriz sobre su día a día. Su nivel de exigencia ha aumentado.
 Le da más importancia a su vida y disfruta de su gente. «Si no me ofrecen algo que me estimule mucho, no lo hago.Me apetecería hacer más comedia, lo he dicho mil veces, pero no me hacen caso. Siempre hay sobre mí un prejuicio muy claro». Su imagen de mujer elegante se ha convertido en una especie de sambenito.
 A ella le habría gustado ser la Irene de Carmen Maura en Volver. «Lo que sucede es que, en el caso de Carmen, ella nunca ha sido la gran dama 
. Nunca ha tenido la elegancia por bandera ni ha sido vista con esos atributos. Es una gran actriz, pero más orientada a la comedia».
 Paredes recuerda Motín de brujas, la obra de teatro en la que hacía de limpiadora de oficinas. «Es cuando más me he sentido de otra manera. Y en Entre tinieblas. Pero fue al principio. Después me llegó el glamour, y de eso no me he librado». En la vida diaria, la gente también espera encontrarla siempre impecable. «Me gusta ir al mercado con la cara lavada y un vaquero».
 Y así acude a la sesión. Para ella, la clave para acertar con el estilo a su edad es llevar los años con dignidad, encontrar lo que te sienta bien y no tratar de ser lo que no eres. «Me encantan los trajes sastre y los abrigos clásicos, es lo que llevaría toda la vida».
 No se libra de la típica pregunta sobre cómo envejecer en la industria del cine: «Los prejuicios vienen de Hollywood. ¿Que la imperfección no se pueda considerar belleza? Bueno... depende».


Mujeres estupendas con 50 años
Gádor de Carvajal, arquitecta

GÁDOR DE CARVAJAL
Esta reconocida arquitecta conforma la mitad de Carvajal + Casariego, un estudio con oficinas en España y en Chile.
Hija del ex presidente del Senado José Federico de Carvajal, a mediados de los años 80 fue definida como una de las modelos más prestigiosas de nuestro país (algo que casi nadie conoce hoy en su entorno profesional). Gádor vivió en primera persona el despegue de la moda española, cuando desfilaba para Pedro del Hierro, Jesús del Pozo o Manuel Piña.
 Según confiesa, la moda la ayudó a ser arquitecta, y no precisamente para pagarse los estudios. «Tenía muchas dudas con la carrera, y desfilar me permitió tomar distancia y relativizar».
Su interesante dicotomía profesional nos hace preguntarle por cómo se siente siendo mujer en el terreno en el que se mueve, tradicionalmente de hombres.
 «Es innegable que existe una cierta incomodidad masculina, y hay tensiones añadidas que tienen que ver con el género.
 Una especie de lucha de vanidades».
Sobre su forma de vestir, reconoce que no ha habido transformaciones bruscas:
 «Ha cambiado con mi edad, con mi posicionamiento, pero siempre ha estado definida por mi temperamento. Hay un hilo conductor que domina».
 La moda le sigue gustando: «Me produce un poco de rechazo que haya colecciones tan a menudo. Me interesan los materiales, las cosas bien hechas».
 Tiene claras las claves para ser elegante a cualquier edad: «No es tan importante tener estilo. Uno solo tiene que verse bien y comportarse tal y como es».

Sí, la edad ha cambiado el modo de enfocar su trabajo: «Hasta mi forma de ver». El cuerpo, según la fotógrafa, es un pretexto para conocer al ser humano. ¿Pero lo es también su estética? «Sin duda. La moda es un arte. Lo creo.
 Aunque también pienso que a veces llevamos máscaras. Las personas más elegantes que yo he conocido pertenecían a pueblos primitivos
. En 2000, en Etiopía, me encontré con tribus que no conocían la luz ni la Coca-Cola. Cubrían su cuerpo con cosas tan sencillas como hojas... Era increíble. Aunque parecían desnudos, estaban mucho más vestidos que yo, y con muchísima libertad. La moda es creatividad, pero depende de cómo te la tomes y la cuentes. Si te da felicidad y seguridad, adelante. Ahora, ¿el estilo? Para mí es genético.
 La elegancia viene de los sentimientos, aunque luego se puedan aprender cosas. No depende de que lleves un Prada o un Zara. No es cultural».
 Y se marcha con un sencillo vestido negro, su color fetiche. «Me gusta pasar desapercibida. Aunque también es pura comodidad».
Hay una distinción en su forma de moverse, hablar y mirar; como en esas elegantes mujeres senegalesas que tanto admira. Y sí, tiene razón, la dignidad del ser humano es maravillosa.



Mujeres maduras que tienen claro lo quieren


«Me estoy dando el gustazo de descansar, que me hacía falta. Voy al cine, al teatro, veo a los amigos, leo... Y, entre tanto y tanto, viajo a algún sitio (normalmente a Francia) y recojo un premio», nos cuenta la actriz sobre su día a día. Su nivel de exigencia ha aumentado. Le da más importancia a su vida y disfruta de su gente. «Si no me ofrecen algo que me estimule mucho, no lo hago. Me apetecería hacer más comedia, lo he dicho mil veces, pero no me hacen caso. Siempre hay sobre mí un prejuicio muy claro». Su imagen de mujer elegante se ha convertido en una especie de sambenito. A ella le habría gustado ser la Irene de Carmen Maura en Volver. «Lo que sucede es que, en el caso de Carmen, ella nunca ha sido la gran dama. Nunca ha tenido la elegancia por bandera ni ha sido vista con esos atributos. Es una gran actriz, pero más orientada a la comedia». Paredes recuerda Motín de brujas, la obra de teatro en la que hacía de limpiadora de oficinas. «Es cuando más me he sentido de otra manera. Y en Entre tinieblas. Pero fue al principio. Después me llegó el glamour, y de eso no me he librado».
En la vida diaria, la gente también espera encontrarla siempre impecable. «Me gusta ir al mercado con la cara lavada y un vaquero». Y así acude a la sesión. Para ella, la clave para acertar con el estilo a su edad es llevar los años con dignidad, encontrar lo que te sienta bien y no tratar de ser lo que no eres. «Me encantan los trajes sastre y los abrigos clásicos, es lo que llevaría toda la vida». No se libra de la típica pregunta sobre cómo envejecer en la industria del cine: «Los prejuicios vienen de Hollywood. ¿Que la imperfección no se pueda considerar belleza? Bueno... depende».
Mujeres estupendas con 50 años
Gádor de Carvajal, arquitecta
Foto: Xevi Muntané
GÁDOR DE CARVAJAL
Esta reconocida arquitecta conforma la mitad de Carvajal + Casariego, un estudio con oficinas en España y en Chile. Hija del ex presidente del Senado José Federico de Carvajal, a mediados de los años 80 fue definida como una de las modelos más prestigiosas de nuestro país (algo que casi nadie conoce hoy en su entorno profesional). Gádor vivió en primera persona el despegue de la moda española, cuando desfilaba para Pedro del Hierro, Jesús del Pozo o Manuel Piña. Según confiesa, la moda la ayudó a ser arquitecta, y no precisamente para pagarse los estudios. «Tenía muchas dudas con la carrera, y desfilar me permitió tomar distancia y relativizar».
Su interesante dicotomía profesional nos hace preguntarle por cómo se siente siendo mujer en el terreno en el que se mueve, tradicionalmente de hombres. «Es innegable que existe una cierta incomodidad masculina, y hay tensiones añadidas que tienen que ver con el género. Una especie de lucha de vanidades». Sobre su forma de vestir, reconoce que no ha habido transformaciones bruscas: «Ha cambiado con mi edad, con mi posicionamiento, pero siempre ha estado definida por mi temperamento. Hay un hilo conductor que domina». La moda le sigue gustando: «Me produce un poco de rechazo que haya colecciones tan a menudo. Me interesan los materiales, las cosas bien hechas». Tiene claras las claves para ser elegante a cualquier edad: «No es tan importante tener estilo. Uno solo tiene que verse bien y comportarse tal y como es».
Mujeres estupendas con 50 años
Lydia Delgado, diseñadora
Foto: Xevi Muntané
LYDIA DELGADO
«Tengo menos tiempo para mí», cuenta la diseñadora al hablar sobre su maternidad (tiene un niño adoptado de ocho años). «Pero intento vivir la vida de manera que me siente bien. La experiencia me ha ayudado a entender lo de “quererte a ti misma”. Intento hacer el trabajo de no preocuparme por cosas que en realidad son bastante absurdas, lo cual es muy fácil que pase». Esta actitud vital ha afectado a su forma de crear: «Diseñar es raro, implica estar entre tú y los demás. Ahora procuro hacer más lo que me gusta». En ese enfoque mental se enmarca su nueva pasión, la ilustración (en este momento se pueden ver sus dibujos en la Gerhardt Braun Gallery de Palma de Mallorca).
La explicación: «El dibujo es un mundo mágico, puro, infantil». Un optimismo que enlaza con su opinión sobre cómo debe vestirse una mujer entrada en la madurez. «Es un tema curioso. En otros países hay señoras con una edad que son muy creativas; aquí parece que hay que pasar inadvertida. ¡Tampoco es eso! Hay que lucirse con una cierta alegría, porque la indumentaria es una expresión de ti, de tu mundo interior. Si no dejas que pase nada, ¿qué sucede por dentro? Está bien tener un poco de luz y de creatividad. Hay cosas que te quedan peor (hay que ser realista), pero me gusta más una señora como las de Advanced Style –tan extravagantes, tan maravillosas– que una aburrida. Algunas de las mujeres más topísimas del mundo tienen mi edad».
Mujeres estupendas con 50 años
Isabel Muñoz, fotógrafa
Foto: Xevi Muntané
ISABEL MUÑOZ
Le gusta sentirse sobre unos tacones, aunque hace tiempo que no lo hacía. Isabel es una artesana visual, con dos World Press Photo y obras en museos de Madrid, París o Nueva York, que no pide ver su retrato al acabar la sesión. Simplemente confía. «He disfrutado con los estilistas; son dos artistas porque saben cómo hacerte sentir bien. Y no es lo mismo vestir a una niña de 16 años que a una mujer de 64». No es una fotógrafa de poses. Tiene una importante trayectoria dedicada «a la búsqueda del ser humano» por todo el planeta. Y en esas andaba cuando se implicó en sus últimos trabajos: Álbum de familia, un proyecto sobre los derechos del universo que retrata a varias familias de simios (en la galería Blanca Berlín a partir del 16 de diciembre), y la impactante Mujeres del Congo hacia la esperanza (en Casa de África, en enero), que denuncia el uso de las féminas como arma de guerra. «Yo busco siempre la luz y la esperanza. Creo que luchando se puede conseguir. No hago nada que no me emocione».
Sí, la edad ha cambiado el modo de enfocar su trabajo: «Hasta mi forma de ver». El cuerpo, según la fotógrafa, es un pretexto para conocer al ser humano. ¿Pero lo es también su estética? «Sin duda. La moda es un arte. Lo creo. Aunque también pienso que a veces llevamos máscaras. Las personas más elegantes que yo he conocido pertenecían a pueblos primitivos. En 2000, en Etiopía, me encontré con tribus que no conocían la luz ni la Coca-Cola. Cubrían su cuerpo con cosas tan sencillas como hojas... Era increíble. Aunque parecían desnudos, estaban mucho más vestidos que yo, y con muchísima libertad. La moda es creatividad, pero depende de cómo te la tomes y la cuentes. Si te da felicidad y seguridad, adelante. Ahora, ¿el estilo? Para mí es genético. La elegancia viene de los sentimientos, aunque luego se puedan aprender cosas. No depende de que lleves un Prada o un Zara. No es cultural». Y se marcha con un sencillo vestido negro, su color fetiche. «Me gusta pasar desapercibida. Aunque también es pura comodidad». Hay una distinción en su forma de moverse, hablar y mirar; como en esas elegantes mujeres senegalesas que tanto admira. Y sí, tiene razón, la dignidad del ser humano es maravillosa.
Mujeres estupendas con 50 años






 

Así se crea un imperio vendiendo camisas de cuadros.................................................Brenda Otero

¿Qué tiene la marca Rails para crecer un 300% cada año? Analizamos las lecciones de una firma que ha revolucionado el mercado de un básico en menos de una década.

cover
Beyoncé, Charlize Theron o Gisele Bündchen también se apuntan al imperio de las camisas de cuadros de Rails
 Siete años atrás Jeff Abrams trabajaba en el departamento de marketing de un estudio de animación, concediendo licencias de las imágenes de Tarta de Fresa. Hoy este treintañero de Los Ángeles es el dueño de Rails, una marca de camisas que ha cautivado a famosas como Cara Delevingne, Jessica Alba, Kate Moss, Beyoncé, Olivia Palermo o Kate Hudson, entre muchísimas otras. Se calcula que ha vendido unas 350.000 camisas de cuadros y tiene alrededor de 1000 puntos de venta por todo el mundo. La revista Forbes le ha dedicado un reportaje que presenta a la empresa como una de las superventas en moda contemporánea y apunta a que ha experimentado un crecimiento del 300% año tras año. ¿Cómo lo ha hecho? Estas son algunas de las claves que hicieron de Rails un imperio de la moda básica.

Hay que tener amigos famosos hasta en el infierno


Abrams empezó estampando el logo de la empresa en gorras de lo más sencillitas. Se pateó tiendas y tiendas de Los Ángeles sin éxito. Hasta que a través de conocidos comunes logró que Jessica Alba se cubriera su linda cabeza con una. A partir de ese momento empezó a vender. El empresario mantiene que nunca ha pagado a ningún famoso para que llevase sus artículos, pero no desmiente que haya hecho llegar unos cuantos regalos a celebs y blogueras. Según Abrams el éxito entre influencers se debe a la suerte. Empezó en un buen momento: justo cuando las reputadas publicaciones de moda empezaron a dedicar espacio a los famosos y arrancaba el fenómeno blogger.

 No hay que desanimarse ante los contratiempos


Un novato Abrams envió una tanda de sudaderas para imprimirlas en un taller, pero volvieron mal acabadas y con la tela retorcida. Otro las hubiera descartado, él las puso a la venta. La estrategia funcionó. El actor Matthew Mcconaughey compró una para él y 9 para regalar a sus amigos.

 

La falta de experiencia puede ser una ventaja

El empresario se tiró a la piscina sin saber nada sobre moda ni la industria textil. Su falta de experiencia le animó a lanzarse sin tener ni idea sobre las trabas y dificultades comunes en el sector.

Lo pequeño es hermoso
En una industria cada vez más rápida y atomizada en la que las colecciones abandonan las tiendas en pocas semanas, se agradece saber que temporada tras temporada podemos recurrir a una marca para nuestros artículos favoritos. La estrategia de Rails se centró en hacer bien una sola cosa.  Empezó en pequeño y le ha dado resultados.

Piensa cómo ofrecer la mejor version de cualquier producto
Rails no ha inventado la rueda.
 Pero sus artículos no son cualquier básico amontonado en una cadena de moda pronta. Abrams se dio cuenta que la mayoría de las camisas de leñador estaban fabricadas con algodón rígido, y para su producto desarrolló una mezcla única de tencel y rayon que es suave al tacto y se adapta mejor al cuerpo
. En los detalles está la diferencia.
El 'do it yourself' te hace más sabio

En los inicios Abrams se recorría los Estados Unidos en coche para visitar a las tiendas y comprobar cómo marchaban las ventas en cada estado.
 Estos interminables road trips le otorgaron conocimiento de primera mano sobre el mercado al que se dirigía. “A veces, sobre todo cuando empiezas hay que hacer locuras, ir más allá de lo que hace la gente normal” ha declarado el empresario.

Deja que la gente lleve tus prendas a su manera

Aunque la ropa de Rails vende sin complejos el estilo de vida californiano, su dueño tiene en cuenta que no todo el mundo quiere ir igual.
Abrams vivió en Italia y viajó por Europa con el Interraíl. En su etapa en el continente observó que los europeos vestían de manera distinta a los estadounidenses. Por eso ha diseñado un producto versátil.
 Las californianas llevan la camisa de manera casual y en París las abrochan hasta el último botón y ponen un jersey de cashemere encima.
 Las chicas preppy como Olivia Palermo las combinan con una falda estampada, bolso caro y zapatos masculinos.
El precio ha de ser justo
Las camisas de Abrams cuestan unos 125 euro
s. No están tiradas pero tampoco son tan caras como las de Equipment, otra marca dirigida a los obsesivos de las camisas. No es demasiado exclusivo para la gente de la calle ni demasiado barato para los VIP. Rails ha encontrado un hueco en el mercado que le permite contar con todo tipo de clientes.

El agua vuelve a la Fontana de Trevi tras año y medio............................................. María Salas Oraá

La fuente tendrá una nueva iluminación artística y un nuevo sistema que permitirá que el agua discurra sobre los mármoles sin deteriorarlos.

 

Vista de la Fontana de Trevi tras su restauración. / a. di meo (efe) | reuters-live!

Después de 17 meses de obras de restauración, el agua vuelve hoy a la Fontana de Trevi, la fuente más famosa de Roma y una de las más bellas del mundo.
 Ha estado casi un año y medio cerrada, cubierta de andamios y sin agua para restaurar los desperfectos que han provocado los turistas y el paso del tiempo.
Esta tarde quedará descubierta y la Fontana recobrará el esplendor que tuvo en La dolce vita, de Federico Fellini, película en la que fue escenario del sensual baño de la actriz sueca Anita Ekberg.
Lo hace gracias la casa de moda Fendi, que decidió financiar las obras de restauración con 2,2 millones de euros para ofrecer así un tributo a la belleza y el arte de Italia.
El trabajo de los 26 restauradores que han participado ha consistido en eliminar los restos de calcio, limpiar las estatuas, arreglar las fugas, instalar nuevas bombas de agua y colocar barreras para mantener alejadas a las palomas.
 Además, habrá una nueva iluminación artística y un nuevo sistema que permitirá que el agua discurra sobre los mármoles sin deteriorarlos.
Aunque a lo largo de todo este tiempo ha habido un recipiente disponible para cumplir la tradición de tirar una moneda, a partir de hoy los visitantes podrán pedir sus deseos rodeados de una belleza que no se veía, al menos, desde su última restauración, hace 25 años.

Cinco pistas sobre Pasolini.......................................................... Javier Rodríguez Marcos

Cuarenta años sin el cineasta: personaje divino, desagradable, imposible y futbolero.

El cineasta y escritor Pier Paolo Pasolini (segundo por la izquierda) antes de jugar un partido de fútbol.

Personaje. La madrugada del 2 de noviembre de 1975 Pier Paolo Pasolini fue asesinado en la playa de Ostia, no lejos de Roma. Tenía 53 años
. Si esa muerte es el detonante de la novela de José María García López Pasolini o la noche de las luciérnagas (Nocturna), las últimas horas del cineasta y escritor ocupan la reciente película de Abel Ferrara en la que el flaco Willem Dafoe encarna al autor de Porcile (y habla, ay, en inglés con su madre)
. En el filme de Ferrara asistimos, por cierto, a la última entrevista concedida por PPP. Se publicó póstuma.
 En castellano puede leerse en el volumen Demasiada libertad sexual os convertirá en terroristas (Errata Naturae).
 “Mientras nosotros estamos aquí hablando puede que haya alguien en el bar planeando liquidarnos”, dice en esa charla. Dejó inconclusa la novela Petróleo (Seix Barral). "Contiene todo lo que sé. Será mi última obra", había dicho de ella.
Desagradable. En otra entrevista, esta de 1969, Pasolini cuenta que está escribiendo poesía “desagradable, desapacible”.
 Este año el poeta Martín López-Vega ha publicado una estupenda antología de los poemas del autor boloñés: La religión de mi tiempo (Nórdica). Otro poeta, Juan Carlos Abril, en colaboración con Stéphanie Amerie, es el autor de la traducción de su poemario más famoso: Las cenizas de Gramsci (Visor).
Imposible. Cuando Pasolini dice poesía dice también películas
: “Haré cine cada vez más difícil, más árido, más complicado, y quizá incluso más provocador, para que sea lo menos consumible posible”.
 El consumismo fue una de sus obsesiones. Consiguió, decía, lo que no llegó a conseguir el fascismo: propiciar el individualismo, generar conformismo y despolitizar a los ciudadanos.
 Lo explica perfectamente en los artículos reunidos en Escritos corsarios (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo). Ni que decir tiene que no han perdido vigencia.
Divino. Pasolini decía que la suya era una obra religiosa.
En cierto sentido, está llena de ángeles y demonios (Teorema), pajarito y pajarracos, pícaros e inocentes.
 Empezando por la primera Accattone.
 Como reconoció siempre, la rodó sin tener ni idea de técnica cinematográfica. Fue en 1961.
 Tres años más tarde estrenó El Evangelio según san Mateo, algo así como la película que habría hecho Caravaggio si hubiera vivido en el siglo XX
. En esa película, por cierto, el español Enrique Irazoqui hace de Jesucristo y la madre del propio director, de madre del mesías.
 Por su parte, el entonces joven filósofo Giorgio Agamben, que tanto ha escrito sobre la relación entre economía y religión, hace el papel de apóstol Felipe.
Futbolero. Pues sí, al poeta le gustaba el fútbol
. El 16 de marzo de 1975, año de su muerte, tuvo lugar en Parma un partido entre el equipo que rodaba con Pasolini Saló o los 120 días de Sodoma, su última película, y el que trabajaba con Bernardo Bertolucci en Novecento.
 “El fútbol es el único gran rito que queda en nuestra época”, solía decir el primero, que reconocía el carácter de opio y evasión del espectáculo de masas que había sustituido al teatro -y casi a la misa- como representación sagrada.
 Algo que, sostenía, no había conseguido hacer el cine
. La editorial Contra ha recogido este año enSobre el deporte algunos de los artículos que el incómodo intelectual italiano dedicó al ciclismo, el boxeo y, por supuesto, el fútbol.