Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

25 ene 2015

San Francisco, California
. El detective privado Samuel Spade investiga una serie de asesinatos cometidos tras el robo de un valioso objeto con forma de Halcón.
Monumental obra maestra, de la que nació el cine negro
. Concebida por el escritor Dashiell Hammet y su novela homónima, y adaptada con gran maestría por el cineasta debutante y desde entonces eminente, John Huston, quien por este trabajo se llevaría dos premios Oscar, mejor guión y mejor dirección.
Desde su inicio, la opera prima de Huston expone las usuales e invariables claves del film-noir, el detective, siempre confiado en sus instintos y en recibir una buena paga; las misteriosas muertes de quien se acerque al meollo del asunto; la enigmática y bella mujer, que terminará amando, pero también vacilando de su implicación en el complot; y una tonalidad tanto fotográfica como narrativa, que desprende un aire de fatalismo y derrota. 
Inmensa es sin duda la contribución de Humphrey Bogart al film, el alter ego de Huston, quien encarna con su usual talento al cínico y audaz Sam Spade en su búsqueda por el preciado objeto medieval. Tras el eterno antihéroe se encuentran también los magníficos Sydney Greenstreet, Mary Astor, y el siempre carismático Peter Lorre.
Llevada en su mayoría por extensos y elaborados diálogos, de los que se podrían citar incontables frases memorables, "El Halcón Maltes" es una cinta hecha de la materia con la que se hacen los sueños
. Una joya magistral e imperecedera.

Un figura procedente de la época de los Templarios que representa un halcón de color negro es el lucrativo objeto de deseo de una organización dirigida por Kasper Gutman, más conocido por el apodo de "El Gordo" (Sydney Greenstreet). Sam Spade (Humphrey Bogart) y su socio Miles Archer (Jerome Cowan) serán contratados en este maremágnum de asesinatos y amoríos.
Primera película como director de John Huston, quien también se encargó de escribir el guión para desarrollar una complicada trama criminal que se convirtió en epítome del cine negro 
 Warner con una interpretación de Humphrey Bogart en un papel ofrecido inicialmente a George Raft. 
 Diálogos:
 Escena entre Kasper Gutman (Sydney Greenstreet) y Joel Cairo (Peter Lorre):

— Ese tipo me pone nervioso.
— ¿Por qué?
— Me ponen nervioso todos los tipos a los que no les interesa el dinero.
Al final de la película, un personaje pregunta:
— ¿De que está hecho [el halcón]?







Y responde Samuel Spade (Humphrey Bogart):
— Del material con el que se fabrican los sueños.
La frase es de Shakespeare ("La tempestad").

Mundo antipatiquísimo.............................................................................. Javier Marías

Lo que tiene gracia y es amable, lo grato, también eso hay que “erradicarlo”.

 Qué mundo antipático y hosco se nos quiere colocar.

 Hace unas semanas Ángeles Carmona, Presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica y de Género (pomposo título, vive Dios), declaró con seriedad talibánica que habría que “erradicar el piropo” porque “nadie tiene derecho a hacer en público un comentario sobre el aspecto físico de la mujer, aunque sea bonito y agradable”.

 Supongo que para cuando se publique este artículo ya habrán leído decenas de ellos sobre la cuestión, pues es vistosa y socorrida para los columnistas. 

Pero quizá se haya pasado por alto lo que a mí más me choca del razonamiento de Carmona: esa afirmación tajante de que “nadie tiene derecho a …” La jefa de ese Observatorio parece desconocer la existencia de algo llamado libertad de expresión. Es posible que nadie tenga derecho a insultar porque sí, ni a soltarle obscenidades a nadie, sea mujer o varón, por mucho que el tono sea admirativo.

 Pero ella lo ha dejado claro: “… aunque sea bonito y agradable”. Es decir, para ella nadie tiene derecho a hacerle a nadie un comentario sobre su apariencia, del tipo que sea, eso siempre equivale a “machismo”, “hostigamiento o acoso verbal”.

 Yo me pregunto si, según su criterio, alguien tendría “derecho” a censurar el trabajo de nadie, o sus modales, o su actitud. 

Tal vez cualquier observación sobre el comportamiento o la falta de aseo de una persona (no sólo sobre su físico) resulte para ella una falta de respeto, una impertinencia, una intromisión, un menoscabo de esa persona, un atentado a su integridad.

 Puede que los escritores, cineastas, artistas en general, nos sintamos “intimidados”, “vejados” o “violentados” cuando recibimos una opinión negativa sobre lo que hemos hecho, que para algunos es tan “íntimo” como lo que más.

 Pero sucede que estamos en el mundo y que hemos hecho pública nuestra obra; que no la hemos guardado en un cajón; que cualquiera se permite juzgarla y nos tenemos que aguantar. Algo parecido nos ocurre con nuestra pinta cuando decidimos salir a la calle.

 Las calles están llenas de gentes a las que nos mostramos. 

Es frecuente que para transitar por ellas nos arreglemos, nos afeitemos o maquillemos, que no aparezcamos de la misma guisa que cuando estamos solos en casa.

 Si no lo hiciéramos así, y saliéramos en pijama y zapatillas, o sin peinarnos, o con ropa sucia de una semana, es probable que algunos transeúntes nos soltaran al pasar: “Se te ha olvidado traerte la cama”, o “Te voy a regalar una navaja de barbero”. Según Carmona, tampoco esos individuos tendrían “derecho” a hacernos llegar semejantes ofensas, porque cada uno es como es y va como le da la gana sin que nadie haya de opinar “en público” ni llamarnos la atención.

 Y otro tanto se daría en el trabajo: ¿a santo de qué el jefe se va a permitir felicitarnos por la tarea bien hecha o criticar la mal hecha?

 También nos hiere que se valoren nuestras aptitudes, no digamos que nos indiquen con qué clase de atuendo nos debemos presentar en una oficina, o –más allá– en una recepción, una boda o un funeral. 

¿Quién es nadie para comentarnos nada? A este paso desembocaremos en eso, tan delicada y fina se ha hecho la piel de la actual humanidad.
La imitación y copia de las represiones estadounidenses está acabando con toda espontaneidad y está llevando a que todo esté regulado, cuando no directamente prohibido, como en el Estado Islámico.

 A lo largo de los siglos la gente se ha manejado en la vida sin necesidad de recurrir para todo a la autoridad y a la justicia. Ante un requiebro simpático o inofensivo las mujeres han sabido fingir que no lo oían, o dar las gracias, o sonreír sin más, o incluso dar un corte, a su elección.

Conozco todavía a muchas a las que un piropo amable les alegra la jornada y les sube la autoestima, y lo mismo en lo que se refiere a varones, que también apreciamos un elogio o nos sentimos halagados por él.

 Hace ya treinta años, estando en Estados Unidos, observé que los piropos, no siempre bien vistos, resultaban admisibles si lo alabado era la ropa que alguien llevaba.

 Se juzgaba mal encomiar las piernas, pero no la falda. “Bonita blusa” venía a ser una forma de decirle a una mujer que le favorecía el busto o que estaba guapa con ella. 

Una vez, en un ascensor, una colega de la Universidad me preguntó qué colonia llevaba, porque olía muy bien. Me imagino que para Carmona eso fue vejatorio, y yo debería haberme sentido intimidado y violentado.

 Y no, me quedé más contento que unas pascuas, pensando que había acertado con la fragancia desconocida (Jordache, me acuerdo) que había escogido al azar. La gente anda escandalizada por un vídeo en el que, se dice, a una joven le sueltan barbaridades mientras camina por Nueva York.

 Lo he visto, y la interpretación es falsa: con la excepción de un par de sujetos que acompasan su paso al suyo y se ponen algo pesados (“¿No quieres hablar conmigo? ¿Demasiado feo para ti?”, es lo más “agresivo” que sale de sus bocas), casi todos los comentarios que la chica recibe son inocuos o incluso amables: “Que tengas un buen día, guapa”, o “Caray”.

 Es un ejemplo más (hablé de ello hace unos meses) de cómo se convence a la gente de que ve algo distinto de lo que ve.

Total Javier, que uste es como Pérez Reverte, Arturo, comentarios machistas sobre el machismo en los piropos que critica la Jueza Carmona. Ahora entiendo ese filin especial que tiene con Arturito, . Hay que saber que las mujeres no somos objetivos a lapidar por exacbructos masculinos, y no es lo mismo que puedan decirte que elegante va usted, porque la elegancia es innata, o decirte Mary Mary ¿quieres que te lleve el Bolso?....por ejemplo, un hombre a otro hombre preguntarle por el perfume que usa, no se engañe Sr. Marias es buscar otro tipo de conversación.

Y mire no, no estoy para aguantar nada, y entre ello que se vea normal que un Hombre piropee a una mujer, antes eran obreros, cuando habia trabajo a mi me daba miedo pasar debajo de donde estaba unido el Proletariado, porque no te decían precisamente Un Fantasma recorre el mundo...." NO, y te preguntabas......como a esos obreros le ibas hablar de la Dialéctica si te tomaban por una muñeca del PIM PAM PUM, y no eso Sr. Maria aunque su amigo Arturo ande ahora muy atareado con su Alatriste televisivo, que no pide permiso para darte un morreo y sin piropos por medio, eso si la espada está muy afilada, yo hice esgrima en la Universidad pero mi profesor jamás me hizo un requiebro con la espada, ni me morreó, vaya que si que fue un caballero y no como esos que denuncia la Jueza Carmona.....
Porque un beso de amor solo se lo doy a Marcello....


El arte de la entrevista........................................................................Rosa Montero

Rosa Montero ha sido, como también lo fue la recordada Sol Alameda, autora de algunas de las entrevistas memorables de 'El País Semanal'.

En este texto, la escritora evoca sus encuentros y desencuentros con los protagonistas de episodios cruciales de la historia reciente.

 ¿La entrevista más entrañable? Quizá la de Paul McCartney, porque de niña yo fui beatlemana apasionada y a los 14 años estaba enamorada de él. De modo que cuando lo entrevisté, en 1989, fue como asomarse al espejo de la madrastra de Blancanieves, es decir, al vértigo del tiempo. 

Ahora me asombra comprobar que en 1989 McCartney sólo tenía 47 años: porque recuerdo que lo juzgué viejísimo. Claro que, más que envejecer, Paul parecía haberse derretido como un cirio.

 Pero, aparte de ese rostro blando y desplomado, lo cierto es que la entrevista fue preciosa.

 El encuentro tuvo lugar en su granja de Sussex, en el granero reconvertido en estudio de grabación, con su banda de formidables músicos ensayando un disco y con Linda, su mujer, aún ajena al cáncer que la esperaba, sirviendo sandwichitos y té.

 Y luego, tras pasar allí medio día increíble viéndole tocar casi para mí sola, habló con serenidad, con humildad, con tanta veracidad.

 Por dentro seguía estando muy vivo y muy sólido.

 A veces se producen momentos extraños y extraordinarios en las entrevistas.

 Por ejemplo, en una con Martin Amis en 2004, el escritor “cayó en la cuenta”, por vez primera de forma consciente, de que su obsesión narrativa por los suicidios podía venir del hecho de que era probable que su madre, muerta oficialmente de una sobredosis de píldoras, en realidad se hubiera suicidado. A Amis se le redondearon los ojos y se quedó unos segundos mudo cuando asumió, en ese mismo instante, esa enormidad que hasta entonces se las había arreglado para mantener bajo el nivel de flotación de la conciencia

. Otro momento especial fue cuando Lou Reed empezó a contarme que una voz le había hablado desde el asiento trasero de su coche vacío y que esa voz fue la que logró convencerle de que dejara la droga.

 Lo decía de manera literal y yo le creí, es decir, creí que él lo creía, e intenté sinceramente comprender cómo era vivir en un mundo en el que los asientos vacíos de los coches te salvaban la vida

. Lou Reed también ha muerto: este texto se me está llenando de cadáveres.

 

7-5-1989. “No respondía. Sólo soltaba consignas”.
El personaje que más me ha gustado? Probablemente Muhamad Yunus, el economista bengalí inventor del microcrédito, a quien concedieron un Nobel de la Paz (muy injusto: tendrían que haberle dado el de Economía), y que me pareció un ser luminoso, generoso, inteligente, sensato, modesto, colosal en su humanidad. 
Si con Arafat creí estar ante uno de los grandes tiranos de la historia, con Yunus me sentí ante uno de sus grandes benefactores. Un Mandela, un Gandhi.
¿Y el más fastidioso? Quizá Orhan Pamuk, ese gran escritor turco, con quien me encontré en Estambul poco antes de que le concedieran el Nobel.
 Fue una de las entrevistas más disparatadas de mi vida; verán, es posible que Pamuk sea un hombre proclive a los sentimientos persecutorios, y resulta que por entonces era verdad que lo perseguía media Turquía, lo cual debía de tenerlo, con toda la razón, bastante angustiado.
 No era un asunto baladí: las amenazas eran ciertas, peligrosas, desoladoras. 
De manera que creo que lo pillé con los nervios de punta. 
Estuvo impertinente, irritante, respondón e incómodo.
 Y, a pesar de ello, me cayó muy bien.
 Siempre he tenido debilidad por los tipos raros.
Dije antes que El País Semanal ha ido recogiendo y reflejando los cambios sociales. 
Y cuánto, cuantísimo han cambiado España y el mundo en estas décadas. 
Recuerdo ahora, por ejemplo, la entrevista de 2006 con el juez Fernando Marlaska, en la que habló con generosa y valiente naturalidad de su matrimonio con Gorka Arotz, su marido.
 El primer número de El País Semanal, del 3 de octubre de 1976, llevaba en portada un reportaje titulado Abortar en Londres, porque por entonces las españolas que necesitaban interrumpir su embarazo se veían obligadas a salir al extranjero o bien a exponer su vida en una carnicería sin anestesia efectuada sobre una mesa de cocina.
 Y no sólo estaba prohibido el aborto: también el divorcio, y los homosexuales seguían siendo condenados por la Ley de Peligrosidad Social.
 De aquellos tiempos oscuros a los derechos democráticos de Marlaska hay un largo trayecto.
 Pero el paso del tiempo no ha sido siempre igual de favorable: la última entrevista que voy a citar, que además fue la última que he hecho para El País Semanal, nos habla por desgracia del ruido y la furia de la actualidad mundial.
 Me refiero a la charla que mantuve hace poco más de un año con Malala, la niña a la que los talibanes metieron una bala en la cabeza tan sólo por querer estudiar.
 Entre esas dos mujeres, aquella Ana Belén que era la musa de la libertad y la Transición y esta monumental Malala que es la heroína de la resistencia contra el delirio criminal de los fanáticos, han pasado casi cuarenta años.
 Muchos días, muchos muertos, tanta vida.

Laura Rivas Martínez ...................................................................... Victoria Abril


Puente entre Francia y España

 

Victoria Abril
Nunca se creyó lo de ser una 'sex symbol', ni que era buena actriz
. De hecho, Victoria Abril (Madrid, 1959) habla con total ho­nes­ti­dad de su síndrome del impostor, ese temor a que se descubra de repente que uno vale mucho menos de lo que todo el mundo piensa.
“La llegada de mis dos hijos (en 1990 y 1992) acabó de golpe con esa angustia vital”. Los noventa fueron su década.
En 1994, tras 'Átame' (1989), 'Tacones lejanos' (1991) y 'Kika' (1993), salió en la portada de esta revista, entrevistada por Pedro Almodóvar.
 Era su musa.
 Poco después, cuando Abril se mudó a Francia –agobiada por los paparazis españoles–, se convirtió en su “actriz-traductora” en aquel país. “Las películas que hice con él no caducan”.
 Y aunque hoy el contacto entre ambos se mantenga solo por e-mail, afirma que sigue siendo su embajadora en Francia
. En 1995 ganó el Goya y la Concha de Plata. Pero el año siguiente, cuando estrenó Libertarias, su relación con España ya era “puramente profesional”.
 Aquella película fue para ella “un saludo de admiración a todas las mujeres valientes que participaron en aquella utopía y un orgulloso homenaje a mi abuela”.
 'Sin noticias de Dios' (2001) –“¡Cine, música y baile, mis tres pasiones en un solo aliento!”– marcó un estancamiento de dos años en el cine, pero le abrió las puertas de la música.
 Grabó' Putcheros do Brasil' (2005) y 'Olala!' (2007). “Gracias a la gente y a la música conseguí pasar la cuarentena sin crisis.
 Mi única pena fue no poder compartir esa felicidad con el público español”
. Apunta que la televisión en 2014 le dio mejores papeles que el cin
e. En Francia, con 'Clem', y en España, en 'Sin identidad' (Antena 3). “Trece rodajes en un año son muchos para el cuerpo.
Pero no pude renunciar a Fernanda (su personaje en la serie española). Las madres robadas tienen ya muchos años.
 Si he podido arrancarles una sonrisa, ¡me doy por contenta!”.
  • Foto:Manuel Vázquez