8 jun 2013
Fobia en el país de la fraternidad
La ley de bodas homosexuales cataliza los odios de la ultraderecha francesa.
Qué le pasa a Francia? Ella que fue Liberté Fraternité Igualité, ella que puso el Gobierno en una Comuna, y naturalmente la que hizo la Revolución Francesa, cantó la Marsellesa y quitó a La Monarquía, porque solo servía para Gastar, y no para reinar y gobernar.
Ella que hizo hasta la revolución de las semanas los meses Ella que iba quitando de enmedio desde Saint Just hasta Danton, pasando por Robespierre, no sale a luchar contra la crisis sino que le ha dado la mania de ir contra las bodas de Homexuales.
Y si hay un pais con mas esquinas y avenidas o Parques Gays es La France.
Los Franceses no dicen "me gusta" sino "amo2 yo amo el chocolate, son muy muy mariquitas para su cocina francesa o sus pasos por el Sena, hasta los clochard , no es igual un sin techo que un clochard.
La bebida ese vino francés y sus qusos son tb muy mariquitas, de lujo en lujo. Claro que los ricos son tipo glamour y muy de Chanel, el que lo lleva ahora es tan delicado en sus colores gays que no parece la reivindicativa Coco.
Pues nada que se casen los que quieran peras y manzanas aquí en España somos más bastos, como lo es La Botella y sus símiles.
No hay cosas para preocuparse, y entonces nos metemos con los gays que han dicho "Oui", mon amour.
Ah1 y cuanto más de derechas más hay no deben aparentar .
Aparentar que no lo son, que tortura Monsieur Le Guillotin!!!
7 jun 2013
142 inocentes pasaron por el corredor de la muerte Por: Mónica Ceberio | 07 de junio de 2013
España no tiene ninguna asociación dedicada a defender a presos inocentes.
Cada uno de los reclusos que pide la revisión de su pena lo hace por su cuenta y con su propio abogado. De tanto en tanto, casos como los de Rafael Ricardi -preso durante 13 años por una violación que jamás cometió- o Ahmed Tommouhi -interno durante 15 años tras una investigación plagada de irregularidades- muestran que no todos los condenados por graves delitos eran culpables.
Pero no hay ninguna ONG dedicada a prestar asistencia jurídica a reclusos que cumplen pena en España ante casos de este tipo.
En EE UU sí existe una organización de estas características.
Se llama Innocence Project, y sus estadísticas son espeluznantes: 307 personas han salido hasta el momento de prisión gracias a ellos y a pruebas de ADN que acreditaban sin ningún género de duda que los jueces, los fiscales y/o la policía, se equivocaron al detenerlos y condenarlos.
Pero todos ellos pasaron tiempo privados de libertad y casi perdieron la esperanza de que se hiciera justicia. Algunos llevaban 10 o 20 años en prisión.
Otros esperaban su ejecución en el corredor de la muerte.
El Death Penalty Information Center acredita, por otro lado, que 142 personas han sido liberadas desde 1973 después de ser condenadas a la pena capital.
Innocence Project, que funciona desde 1992, solo acepta casos en los que pueda haber restos de ADN para analizar.
Aparte de tratar cada caso concreto para ver los fallos y tratar de probar la inocencia del preso, estudian sus propias estadísticas para sacar conclusiones.
¿Qué lleva a condenar a un inocente? ¿Qué fallo provoca que un sistema haya encarcelado a 307 personas inocentes
? Una de las respuestas más relevantes es que más del 80% de estas condenas injustas tienen como base reconocimientos erróneos de los sospechosos por parte de víctimas y testigos del delito.
No es que estos últimos mientan; más bien, se equivocan sin querer.
Pero lo verdaderamente peligroso es que muchas veces lo hacen por malas técnicas de los investigadores como preparar reconocimientos en rueda con cebos que apenas se parecen al sospechoso o "sugerir" quién es el culpable en un álbum policial. Una vez que al testigo se le ha metido esa cara en la cabeza y se ha convencido de que es el culpable, no hay nada que hacer, según los psicólogos del testimonio: será ese rostro el que recuerde de la noche del crimen aunque este lo haya cometido otra persona.
La organización ha propuesto que se establezcan legislativamente reglas en la investigación que impedirían, o al menos minimizarían, prácticas que llevan inexorablemente a la condena de inocentes.
Pero solo algunos Estados de EE UU las han adoptado.
Mientras tanto, y aparte de muchos otros argumentos en contra de la pena de muerte, uno de los que utilizan los reclusos del corredor de la muerte es la imposibilidad de que la justicia corrija este tipo de errores.
Ningún consuelo se puede dar ya al que ha sido ejecutado.
La próxima semana, precisamente, se celebra en Madrid el V Congreso mundial contra la pena de muerte. "¿Por qué debe lucharse contra esta condena en un país en el que no existe?", se preguntaba ayer en un acto en el Consejo General de la Abogacía Española Joaquín José Martínez, español condenado a muerte en Florida (EE UU) que abandonó el corredor de la muerte el 6 de junio de 2001.
Lo hizo tras tres años de angustia y gracias a que logró que se celebrara un nuevo juicio en el que resultó absuelto del doble asesinato por el que había sido antes condenado.
"Debemos pelear por lo que dijo mi padre en 1997: Yo hoy tengo a un hijo condenado.
Mañana puede ser el vuestro.
Mientras se imponga en cualquier país del mundo, nadie está exento de sufrirla, ni siquiera un inocente".
Cuando él salió del corredor, hace 12 años, había cinco españoles condenados a muerte en todo el mundo. Ya solo queda uno, Pablo Ibar, en EE UU. Lleva 13 años en el corredor y seis más encarcelado por un triple asesinato. Su padre, Cándido, acompañaba ayer a Joaquín José Martínez.
El suyo es otro caso lleno de irregularidades en el que el acusado reivindica un nuevo juicio.
El abogado que defendió a Ibar en el primer proceso admitió poco después que su defensa había sido pésima y la única prueba en su contra fue un video borroso.
Su supuesto compinche en el crimen, Seth Peñalver, ha quedado en libertad después de que se repitiera su juicio: se trata, precisamente, del liberado número 142.
Ha sido el último en salir, según los datos del Death penalty Information Center.
"Lo de mi hijo han sido muchos años de lucha, mucha tristeza", relataba ayer Cándido Ibar. "Lo único que pedimos es que tenga un juicio justo, como al final lo ha tenido Peñalver".
Foto: Pablo Ibar en el corredor de la muerte de una cárcel de Florida (EE UU)
Se llama Innocence Project, y sus estadísticas son espeluznantes: 307 personas han salido hasta el momento de prisión gracias a ellos y a pruebas de ADN que acreditaban sin ningún género de duda que los jueces, los fiscales y/o la policía, se equivocaron al detenerlos y condenarlos.
Pero todos ellos pasaron tiempo privados de libertad y casi perdieron la esperanza de que se hiciera justicia. Algunos llevaban 10 o 20 años en prisión.
Otros esperaban su ejecución en el corredor de la muerte.
El Death Penalty Information Center acredita, por otro lado, que 142 personas han sido liberadas desde 1973 después de ser condenadas a la pena capital.
Innocence Project, que funciona desde 1992, solo acepta casos en los que pueda haber restos de ADN para analizar.
Aparte de tratar cada caso concreto para ver los fallos y tratar de probar la inocencia del preso, estudian sus propias estadísticas para sacar conclusiones.
¿Qué lleva a condenar a un inocente? ¿Qué fallo provoca que un sistema haya encarcelado a 307 personas inocentes
? Una de las respuestas más relevantes es que más del 80% de estas condenas injustas tienen como base reconocimientos erróneos de los sospechosos por parte de víctimas y testigos del delito.
No es que estos últimos mientan; más bien, se equivocan sin querer.
Pero lo verdaderamente peligroso es que muchas veces lo hacen por malas técnicas de los investigadores como preparar reconocimientos en rueda con cebos que apenas se parecen al sospechoso o "sugerir" quién es el culpable en un álbum policial. Una vez que al testigo se le ha metido esa cara en la cabeza y se ha convencido de que es el culpable, no hay nada que hacer, según los psicólogos del testimonio: será ese rostro el que recuerde de la noche del crimen aunque este lo haya cometido otra persona.
La organización ha propuesto que se establezcan legislativamente reglas en la investigación que impedirían, o al menos minimizarían, prácticas que llevan inexorablemente a la condena de inocentes.
Pero solo algunos Estados de EE UU las han adoptado.
Mientras tanto, y aparte de muchos otros argumentos en contra de la pena de muerte, uno de los que utilizan los reclusos del corredor de la muerte es la imposibilidad de que la justicia corrija este tipo de errores.
Ningún consuelo se puede dar ya al que ha sido ejecutado.
La próxima semana, precisamente, se celebra en Madrid el V Congreso mundial contra la pena de muerte. "¿Por qué debe lucharse contra esta condena en un país en el que no existe?", se preguntaba ayer en un acto en el Consejo General de la Abogacía Española Joaquín José Martínez, español condenado a muerte en Florida (EE UU) que abandonó el corredor de la muerte el 6 de junio de 2001.
Lo hizo tras tres años de angustia y gracias a que logró que se celebrara un nuevo juicio en el que resultó absuelto del doble asesinato por el que había sido antes condenado.
"Debemos pelear por lo que dijo mi padre en 1997: Yo hoy tengo a un hijo condenado.
Mañana puede ser el vuestro.
Mientras se imponga en cualquier país del mundo, nadie está exento de sufrirla, ni siquiera un inocente".
Cuando él salió del corredor, hace 12 años, había cinco españoles condenados a muerte en todo el mundo. Ya solo queda uno, Pablo Ibar, en EE UU. Lleva 13 años en el corredor y seis más encarcelado por un triple asesinato. Su padre, Cándido, acompañaba ayer a Joaquín José Martínez.
El suyo es otro caso lleno de irregularidades en el que el acusado reivindica un nuevo juicio.
El abogado que defendió a Ibar en el primer proceso admitió poco después que su defensa había sido pésima y la única prueba en su contra fue un video borroso.
Su supuesto compinche en el crimen, Seth Peñalver, ha quedado en libertad después de que se repitiera su juicio: se trata, precisamente, del liberado número 142.
Ha sido el último en salir, según los datos del Death penalty Information Center.
"Lo de mi hijo han sido muchos años de lucha, mucha tristeza", relataba ayer Cándido Ibar. "Lo único que pedimos es que tenga un juicio justo, como al final lo ha tenido Peñalver".
Foto: Pablo Ibar en el corredor de la muerte de una cárcel de Florida (EE UU)
Elogio de la literatura
Parecen lo mismo, pero no lo son.
No es lo mismo tragar agua que
beber una copa de buen vino, no es lo mismo engullir una hamburguesa que
paladear despacio un morteruelo hecho a mano, no es lo mismo pasar
cinco minutos en una cabina de rayos UVA que disfrutar de una tarde de
pereza en una playa desierta.
No es lo mismo.
Un año más, comienza la Feria del Libro de Madrid.
Lo que siempre ha sido difícil, este año parece insuperable.
El
empobrecimiento de las clases medias, vivero tradicional de los buenos
lectores españoles; la asquerosa competencia de los piratas que campan a
sus anchas en la impunidad que les ha garantizado la cobardía de
sucesivos Gobiernos; la depresión general que induce a la gente a no
salir de casa, a no gastar, a guardar sus pocas reservas por si les toca
el próximo ERE…
Siempre ha sido difícil, pero esa es también la buena
noticia. Si hemos salido de otras, saldremos de esta, y un libro puede
ser la mejor munición, una sólida trinchera donde resistir. Por eso es
importante aclarar que no todos los libros son iguales.
Todo el mundo tiene derecho a
escribir, a publicar lo que escribe
. Desde luego, pues no faltaría más.
Todo el mundo tiene derecho a planear una historia, a contarla con
palabras y a decir que ha escrito una novela.
Por supuesto que también,
nadie puede arrogarse el título de juez supremo que decide qué es una
novela y qué no lo es. Pero existe un plano más profundo, una vocación
que desafía a las etiquetas y subyace bajo las estrategias de marketing
de las editoriales
. Una ambición, una pasión, un oficio. La voluntad de
mirar el mundo y contarlo desde la propia mirada. La necesidad de
formular preguntas sin buscar ni ofrecer respuestas. La aventura de
inventar una isla desierta, un minúsculo punto capaz de modificar los
mapas conocidos para invocar el amoroso naufragio de los lectores. Y
eso, sólo eso, es ser novelista.
Hablo de mis semejantes, mis
hermanos.
Exigentes, perfeccionistas, obsesivos, capaces de dejarse
arrebatar por una ficción originada en ellos mismos, de vivir dentro y
fuera de su propia vida durante años, persiguiendo una imagen, una idea,
el exacto significado de una palabra.
No salen en la televisión, no son
famosos, no tienen más presencia pública que las fotos de las solapas
de sus libros. Pero son los guardianes del tesoro, los depositarios de
una herencia ancestral, los héroes de estos tiempos de chichinabo, donde
cada día más necios confunden valor y precio.
Y encima, tienen que
aguantar que tantos famosos de medio pelo, periodistas, estrellas de la
televisión, seudoaristócratas y demás aparezcan en los telediarios
exhibiendo esos libros que, dicen ellos, son sus novelas.
No se dejen engañar, escojan la
literatura.
Atrévanse a dejarse seducir por los autores que se juegan
la vida en lo que escriben, acepten esa apuesta preciosa, solemne, y no
caigan en la trampa de lo que parece igual pero es distinto
. Este año
tengo la suerte de poder recomendar con el corazón en la mano, sin
trampa ni cartón, tres novelas escritas por mujeres. Nada se opone a la noche, de Delphine du Vigan; Las poseídas, de Betina González; Daniela Astor y la caja negra,
de Marta Sanz. Tres miradas diferentes, desde París, desde Buenos
Aires, desde Madrid, sobre el universo de las mujeres erróneas, esas que
nunca acertamos a ser lo que se espera de nosotras.
Tres desgarradores
relatos sobre la amistad, la relación entre madres e hijas, y la
confusión compartida, amores dolorosos, muy diferentes entre sí, pero
capaces de inspirar libros espléndidos.
No olvidemos a los hombres. Insisto en Lobisón,
de Ginés Sánchez, una asombrosa historia de hombres-lobo situada en la
España contemporánea, una primera novela valiente, conmovedora,
originalísima. Intemperie, la ópera prima de Jesús Carrasco, ha
logrado la proeza de dar que hablar en un territorio, el de la
información cultural de ahora mismo, tan hostil como el escenario donde
sitúa a su desvalido protagonista. Tenemos además la ocasión de celebrar
el retorno a la narrativa de un escritor extraordinario, Felipe Benítez
Reyes, que acaba de publicar un excelente libro de relatos, Cada cual y lo extraño.
La literatura es el sudario que
la reina Penélope teje de día y desteje de noche desde hace muchos
siglos. Desde que ella ideó esa estratagema, mucho antes de que se
inventara la televisión, muchos hombres y mujeres han consagrado sus
vidas a continuar su labor, tejiendo y destejiendo un relato universal,
imprescindible.
Ese tejido está ahora en sus manos.
Por favor, no corten los hilos.
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