Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

24 feb 2013

Retrato de un golpista: encuentro inesperado con el general Armada Por: Jesús Rodríguez | 24 de febrero de 2013

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Treinta y dos años después, el golpe del 23 de febrero de 1981 se mantiene como una delicia periodística. Tiene todos los elementos que provocan y construyen una gran historia. De las que décadas después continúan coleando. Y hace que nuevas generaciones de periodistas vuelvan a la carga. Como uno esos grandes documentales que te encuentras invariablemente en la televisión de los hoteles de Europa o Estados Unidos: el asesinato de JFK; los colaboracionistas en la Francia ocupada por los nazis; la guerra sucia en Italia entre el Partido Comunista y la Democracia Cristiana durante los años de plomo, la represión prosoviética en la Alemania de Este o la ambidiestra Revolución de los claveles, en Portugal, cuyo única víctima fue un soldado que murió en la cama.
El interés del 23-f sigue estando presente. Está cercano en el tiempo; algunos de sus protagonistas viven; es un acontecimiento irrepetible, transcurrió en un escenario teatral (el Congreso de los Diputados); provocó disparos aún visibles en el techo del hemiciclo, pudo provocar muertes inocentes; pudo provocar una guerra civil; el entonces joven Rey fue el héroe que se enfrentó a los golpistas, algunos de los cuales eran sus colaboradores desde niño y, al abortar la intentona, obtuvo su consagración como monarca democrático, un talismán que mantiene hasta hoy. Al golpe le siguió un juicio mediático transmitido en directo. Hubo grandes penas de cárcel; hubo muchos libros; corrió la tinta en los medios escritos (aún no había televisión privada). En el casting del drama (la mayoría de cuyos actores, todos hombres, maduros, de uniforme, armados, cargados de testosterona cuartelera y con aroma en muchos casos a sacristía, se sentían por encima del bien y del mal), había aristócratas, agentes secretos, espadones con apellido compuesto, fascistas de pistolón y franquistas resentidos, que secuestraron a tres centenares de diputados indefensos hasta rozar la tragedia. Y entre los buenos, como estrellas estelares que ya figuran en las páginas de la historia, tres que le echaron mucho valor a esas 14 horas: el joven y desclasado presidente Adolfo Suárez, el viejo vicepresidente militar franquista reconvertido en demócrata, Manuel Gutiérrez Mellado, y el carismático líder comunista, Santiago Carrillo. Y un cuarto, Sabino Fernández Campo, otro militar atípico proviniente del régimen anterior, pero que sirvió de lazarillo al monarca para indicarle por dónde iban los tiros y que no errara en ningún momento en su elección del bando adecuado.
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Primeros minutos del Golpe. Abajo, en jarras, Gutiérrrez Mellado.
El golpe me obsesionaba. Cada vez que me entrevistaba para otro reportaje con alguien que lo hubiera vivido, especialmente con militares, intentaba conseguir información, testimonios, alguna clave. Pequeños retazos que me podían ayudar a reconstruir un puzzle a través del cual fui deduciendo que el Ejército, cuyo sector más conservador lo dominaba claramente desde el asesinato de Carrero por ETA en diciembre de 1973, estaba como un bloque por el golpe. En especial, si el Rey, su compañero de armas, uno de los suyos, el heredero designado por Franco, estaba detrás. Tenían terror por el divorcio, el aborto y la ruptura de España. ¿les suena? En esa línea, los militares más destacados estaban por un golpe institucional ("blando") apoyado por la derecha política, económica, mediática y religiosa del país, que buscaba institucionalizar una democracia vigilada, con el Ejército como árbitro, el Rey maniatado, las autonomías domesticadas y un general monárquico al frente. El 23 de septiembre de 1979, el diario ABC le daba al teniente general Jaime Milans del Bosch (durante el golpe el cabecilla militar de más alto rango, el monárquico más conspicuo y el hombre que echó los carros de combate a las calles de Valencia la noche del 23 de febrero) su portada dominical y él, un militar en activo (de un Estado constitucional europeo), se despachaba contra la democracia con sentencias filogolpistas ante el arrobo de la derecha: "El balance de la transición no ofrece un saldo positivo: terrorismo, inseguridad, inflación, crisis económica, paro, pornografía y, sobre todo, crisis de autoridad. Los militares hemos contemplado esa situación con actitud expectante y serena pero con profunda preocupación". Menos mal que ante ese panorama estaba él, Don Jaime, y sus amigos para solucionarlo. Sobre todo, Alfonso Armada: un general adinerado,integrista católico, con una mentalidad anterior a la Revolución francesa, refinado ultraderechista, que conocía bien el juego político y tenía una ambición sin límites. De los golpistas de febrero de 1981, Javier Fernández López, un teniente coronel demócrata y profesor universitario, más tarde delegado del Gobierno en Aragón en las dos legislaturas de Rodríguez Zapatero, me diría: "Se creían dioses; eran prepotentes y fanáticos; estaban excesivamente ideologizados y tenían una soberbia increíble. Eran muy aficionados a las conjuras de barra de bar. Y cuando vieron que aquel golpe se convertía en el camarote de los hermanos Marx, muchos se hubieran bajado en marcha, pero ya no pudieron. Eso sí, si el Rey hubiera dicho adelante, la mayoría se hubiera echado a la calle encantada"
En las décadas siguientes, la atracción periodística del último golpe de Estado de la historia de España, me animó a acercarme de oficio a algunos de sus protagonistas. A finales de 2000, el ex comandante Pardo Zancada (el superman del grupo de golpistas), me mandó literalmente a la mierda por teléfono. En 2001 logré entrevistar al coronel José Luis Cortina Prieto, el agente 007 del Cesid, absuelto en abril de 1983 de todos sus cargos y del que siempre hubo dudas de si se trataba de un caballo de Troya de los golpistas en los servicios secretos, o un topo-provocador de los servicios secretos entre los golpistas. Si era un héroe de la democracia o un filogolpista camuflado. Cortina no me lo aclaró. Nos reunimos en un hotel madrileño grande y anodino y ambientado con música de ascensor. Él se puso de cara a la puerta de la cafetería ("para prevenir un atentado"); me dio a entender que el Estado sabía todo del golpe antes de que se produjera porque el Cesid se lo había dicho. Nadie hizo nada. El resto fue una conversación circular, sin principio ni fin. Hoy, Cortina, retirado del Ejército sin pena ni gloria, dirige una próspera empresa editorial y de servicios de seguridad, donde ha logrado tener a sus órdenes a algunos de los más importantes generales de los últimos tiempos. Cuando los oficiales se retiran, su jubilación suele ser muy magra. Siempre han tenido que ampararse en el pluriempleo aunque el dinero venga de un ex agente de los servicios de inteligencia al que en su día crucificaron.
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El Rey y el general Milans del Bosch durante unas maniobras en 1977.
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Alfonso Armada un par de años antes del golpe. 
Por fin, en la navidad de 2011 surgió la oportunidad de hablar con el ex general Alfonso Armada, el cerebro político de golpe. El hombre que tenía que ser el nuevo presidente del Gobierno de esa democracia descafeinada. Condenado a 30 años de reclusión por un delito de Rebelión Militar, de los que sólo cumpliría ocho antes de ser indultado por motivos de salud. El hombre que perdería sus preciadas estrellas de general. Era el hombre del Rey, junto al que había pasado más de 20 años a su servicio, desde que llegó como su mero ayudante hasta convertirse en su secretario para todo y en poderoso secretario general de la Casa del Rey tras la muerte de Franco y ser apartado de su lado a finales de 1976 por el presidente Suárez, que olfateaba como nadie sus veleidades golpistas. Armada nunca perdonó ese desplante del Rey por persona interpuesta. El pretexto para hablar con el viejo marqués fue un reportaje en el que yo estaba trabajando titulado "Todos los hombres del Rey", en el que se explicaba la estructura de la Zarzuela desde el franquismo hasta el ascenso al trono de Don Juan Carlos y en el que se hacía un recorrido por las personas que habían trabajado a su lado desde 1954 hasta la actualidad. Lógicamente, en primera fila (y con vida) estaba Alfonso Armada.
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El general Armada acompañado por un escoltra junto al Congreso en la madrugada del 24-f.
Armada ya había cumplido 90 años. Vivía entre su acomodado domicilio del centro de Madrid y su pazo gallego (hórreo, capilla y ciprés) que da nombre a su marquesado (Santa Cruz de Rivadulla), donde se dedicaba como todo un gentleman farmer británico al cultivo de las camelias. Hablamos por teléfono. Estaba con gripe. Pensé que era un pretexto. Sin embargo, una semana más tarde accedió a entrevistarse conmigo. Solo me hizo dos observaciones. La primera: "Tengo en torno a una hora para estar con usted; luego me iré a misa con mi hija". La segunda: "Si miente no le volveré a recibir y le puedo contar muchas cosas que en ese caso se perdería".
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Madrugada del 24-f. Pardo Zancada llega al Congreso con 113 hombres.
Mi primera sorpresa fue que Armada vivía puerta con puerta con su compañero de golpe y enemigo mortal, el ex teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, que evitó que Armada se propusiera como candidato a la Presidencia a los diputados secuestrados (porque le pareció demasiado tibio con la izquierda) y con el que también compartía un amor a España de manual del Frente de Juventudes y un catolicismo preconciliar. La segunda es que el integrismo de Armada era muy superior al que había imaginado. Es difícil entender cómo el Rey aguantó durante tantos años un tipo tan ultraconservador a su lado. Tras acompañarme con ceremonia una sirvienta extranjera de uniforme a su presencia, el ex general, vestido impecable de jubilado acomodado (chaqueta azul de punto, corbata de lana, pantalón gris de franela y zapatos anatómicos de retirado), aseado y con un sonotone en el oído izquierdo -"he pegado muchos cañonazos en mi vida"-), me recibió con estas palabras en un tono agudo de timbre pero enérgico en el tono: "Yo soy católico, español y monárquico. Las dos primeras son para mí inseparables. En cuanto a monárquico, así me lo inculcaron en mi familia generación tras generación porque la monarquía es consustancial a España y es la institución que mejor la sirve y le da continuidad. Piense que mi padre de niño ya jugaba con Alfonso XIII. Éramos una familia muy católica (yo tengo tres hijos sacerdotes), muy considerada en sociedad y muy formal. Éramos monárquicos pero también creíamos en Franco. Y Franco nos tenía mucho aprecio. Y Franco le quería mucho al Príncipe (Juan Carlos). Le daba todo lo que le pedía. Que me digan ahora que el Príncipe no era franquista, ja ja, me muero de risa".
-¿Cuál fue su papel el 23-f?
-Nada, nada, nada de lo que se ha dicho. Mi familia está enfadadísima. Yo solo cumplí órdenes. Hice lo que me mandaron. Y salvé la cabeza a los diputados y nadie me lo agradeció. Me jugué el cuello. Me ofrecí para cualquier gestión para que Tejero dejara libres a los diputados y eso es lo que hice, dejarlos libres. El rey mantuvo la democracia y yo liberé a los diputados. Nunca he entendido porqué mi jefe (el teniente general Gabeiras Montero) fue un héroe y yo estuve todo ese día a sus órdenes y a mí me condenaron.
-Quizá porque usted era mucho más ambicioso y se le vio demasiado el plumero...
-¿Ambicioso? ¡Nada! Dios me ha dado mucho más de lo que merezco. Una familia fantástica con decenas de nietos, una fortuna considerable y una salud que ya ve usted. Tengo un agradecimiento enorme a Dios.
-Usted estaba en la conspiración...
-Eso son cuentos de viejas.
-¿No se considera usted culpable?
_Nada. Culpable de nada. De cumplir con mi obligación.
-Cómo recuerda los primeros tiempos con el Príncipe?
-Yo le monté todo. Toda la Zarzuela. Me ocupaba hasta de la seguridad. Hice todo. Sin dinero, de prestado. No teníamos ni coche oficial, yo iba con el mío.
-Tenía mucha influencia en el futuro Rey.
-Hombre él era un muchacho... Yo le escribí un código de conducta. Tenía que ser un católico de una pieza. Su vida personal tenía que ser impecable, no tener amigos particulares, no hacer chistes, no chismorrear, vivir con la máxima sobriedad y ser muy moderado con la bebida.
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MIlans del Bosch en 1977 cuando mandaba la División Acorazada.

Un escenario llamado Internet


Corre el año 2007, y en algún lugar de Barcelona se enciende una bombilla. Lo que alumbra es un convencimiento: existe una comunidad con una decidida propensión al riesgo y la innovación, savia nueva para el arte, cuyo trabajo permanece oculto entre las sombras. Así que Rubén Ramos, el que encendió el interruptor, decide apuntar el foco hacia ellos, y da forma el año siguiente a Teatron, una plataforma online, multidisciplinar y transmedia con raíces en las artes escénicas underground. Nada menos. El objetivo en el horizonte era construir un espacio virtual en el que los usuarios, de manera libre y colectiva, generen nuevas formas de hacer teatro. Y performance, danza, arte visual o sonoro, música... o todas y ninguna a la vez.
Primer paso: crear una granja de blogs alojada en su web, que arranca con la intención de ser el germen de un “YouTube de las artes escénicas”. Segundo paso: montar su propia televisión en la Red, TVtron, a través de la que se retransmiten eventos en directo, y abrir una sección paralela con listas de reproducción de vídeo comisariadas por diferentes artistas, críticos o teóricos. De los 6 usuarios iniciales, en poco tiempo dan el salto a los actuales 500 registrados (300 en activo) y las 160.000 visitas anuales, no solo desde España, sino también de Europa y América Latina. Pero hasta el año pasado, había algo que faltaba: “Estábamos esperando que llegara gente como PlayDramaturgia, gente joven, más joven que nosotros, con ideas frescas”.
El matiz es sutil, pero muy significativo: de retransmitir eventos en directo, la tuerca gira un grado hacia la producción de eventos específicos para ser retransmitidos en directo
¿Y qué traían bajo el brazo los PlayDramaturgia? Recién licenciados y con lo aprendido aún bullendo en la cabeza, Alejandro G. Ruffoni, Fernando Gandasegui, Juanlu Gomá y Javier Cruz compartían con Teatron –y siguen haciéndolo- la certeza de que hay un talento joven que no encuentra su lugar ni entre las instituciones, ni los medios, ni el público general. Durante el verano pasado moldearon el concepto de Escenarios del Streaming, que fue apadrinado poco después por el laboratorio de proyectos experimentales de Matadero de Madrid, Intermediae, y armaron varias propuestas en torno a su espíritu vocacional: la producción de piezas escénicas concebidas expresamente para ser mostradas en streaming. El matiz es sutil, pero muy significativo: de retransmitir eventos en directo, la tuerca gira un grado hacia la producción de eventos específicos para ser retransmitidos en directo.
Otras compañías y dramaturgos como Beatriz Cabur con Interteatro o e instituciones como el CCCB de Barcelona también están experimentando en España con la utilización de las retransmisiones en vivo en la Red como medio (y por ello también mensaje, que diría el filósofo de la comunicación Marshall McLuhan) escénico. Iniciativas como la que llevó a cabo en 2010 David Espinosa, Felicidad.es, un espectáculo en el que el público acudía a la sala a ver una proyección en streaming desde la casa del artista, ya abrieron las puertas a esta forma de trabajo. “Al principio pensamos que era un medio que podía dar de sí”, explica Ruffoni, “pero luego nos dimos cuenta de que lo que queda en primer plano es que existe ese talento brutal de nuestra generación silenciada”.
Taller de Play Dramaturgia.
Mientras que los miembros de PlayDramaturgia adoptan y reivindican el rol del dramaturgista, esto es, hacen de teóricos, productores y facilitadores en general, los creadores les remiten sus obras, que desarrollan en conjunto
. Hasta la fecha, y con la ayuda de su “líder espiritual”, Teatron, que les cede el canal de TVtron, y del Medialab del museo del Prado, han llevado a cabo diversos proyectos. Empezaron con unas lecturas poéticas (con el colectivo Ocupación Poética), y después han impartido varios talleres sobre la retransmisión en directo por Internet, han generado un festival teórico, Théa, y han producido tres funciones pensadas para el streaming: Room Ofelia, emitida desde un piso a través de un móvil; Mateo Morral (un suceso extraordinario), que se proyectó en vivo en Matadero, con dos pantallas que mostraban sendos recorridos por Madrid que una pareja de actores iba comentando en tiempo real en el centro cultural (el espectador, desde casa, se enfrentaba así a dos niveles de pantallas, la de su ordenador y las que estaban en Matadero); y Todo da mucha puta risa, que se pasó desde una iglesia de Barcelona, con el audio de la misa e imágenes en mosaico que los artistas invitados El conde de Torrefiel y David Mallols iban seleccionando.
Con el “presupuesto cero” con el que cuenta PlayDramaturgia (Teatron sí recibe unas “pequeñas ayudas” de la Generalitat catalana y del Ayuntamiento de Barcelona, así como algunos ingresos por publicidad en su web, que han utilizado en parte para apoyarlos), la calidad de la retransmisiones, a veces desde un móvil, a veces con cámaras, dista mucho de la de una superproducción, por no decir la de una producción a secas. “Pero esa es en parte la gracia”, subraya Ramos, “a veces hay cortes, partes pixeladas, ruido de fondo... y eso también juega a favor, porque intensifica la idea de que todo está ocurriendo en directo”.
Como claves, destacan la idea de la ubicuidad (puede haber miembros de los equipos artístico y técnico en distintos puntos geográficos, lo mismo que los espectadores), el uso de escenarios abiertos y no estáticos (cualquier lugar es válido en ese sentido, y se puede seguir a los actores con la cámara, crear diferentes planos...), la visibilidad para los artistas emergentes, la inmediatez y también la participación del público, que tiene la posibilidad de aportar valor con sus comentarios a través del chat de la página o por Twitter y también, en caso de que esté previsto, modificar el curso del espectáculo con ideas para el desarrollo de la trama en tiempo real.
 “El factor riesgo es intrínseco al proyecto”, añade Ruffoni. “Lo que hacemos es una ‘dramaturgia a puñetazos’. Se trata de hacer cosas a toda costa, porque tenemos muchas ganas y no podemos esperar a que nos abran las puertas”.
 Para este marzo, ya tienen preparados más espectáculos en streaming, que editarán y colgarán para poder verlos también grabados, y que seguirán aumentando en paralelo a su labor teórica.
Antes que ellos, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el CCCB, ya comenzó a investigar sobre las posibilidades que pueden surgir del streaming, no solo en lo que respecta a las artes escénicas, sino a todo tipo de disciplinas.
 A través de sus programa Anilla cultural, han conectado vía Internet centros o instituciones dispersos en el espacio para realizar actividades que van desde compartir conferencias hasta otras más complejas, como la realización de un mural de graffiti hecho por tres personas en tres lugares diferentes, cuyos trabajos se fusionaban en la pantalla.
 En el campo de lo escénico, han preparado iniciativas relacionadas con la danza y la performance, como una realizada entre España, Chile, Brasil y Colombia, en la que músicos, bailarines, videoartistas y artistas preformativos se iban sucediendo los unos a los otros según un guion para pergeñar una pieza en común. “El streaming es algo que utilizamos siempre para difundir”, apunta Alejandra Martínez, responsable de medios audiovisuales de la institución, “y es que es algo que se debería hacer: no te cuesta tanto, y multiplicas las oportunidades, porque mucha gente puede ver actividades a las que no podría asistir de otro modo, y porque además se puede participar”.
Usamos la tecnología del streaming para mejorar la experiencia del espectador en la sala”, señala, “porque creo que la experiencia teatral en tu casa se reduce muchísmo”.
 En un hotel de Nueva York, está teniendo actualmente lugar otra experiencia teatral en streaming, Long Distance Affair, promovida por el colectivo Pop Up Theatrics.
Cinco decenas de dramaturgos, actores y directores internacionales, agrupados en equipos de tres, han producido monólogos de 9 minutos que se pueden ver en tiempo real por Skype.
 El espectador llega al hotel, paga su entrada y se conecta a uno de los ordenadores dispuestos en una sala. Se coloca sus cascos, llama al actor, que se encuentra en su casa, en algún lugar del mundo, y solo frente a la pantalla, presencia la representación desde la distancia. “Antes, durante un mes y medio, actor director y dramaturgo estuvimos ensayando a través de Internet”, cuenta Lucía R. Miranda, directora de la compañía The Cross Border Project, que ha participado como directora de una de las piezas, Sophia, y que se estrenaba en el uso de las tecnologías para estos fines. “Ha sido un gran reto, porque tienes que trabajar con la cámara del ordenador como si fuera una cámara de cine, moviéndola, ajustando el enfoque...”, señala. “Pero también muy positiva en el sentido de que ha sido un trabajo internacional, en el que trabajas con gente que no llegas a conocer en persona, pero que te metes en su casa y conoces su vida a través de la pantalla”.

Un oasis entre estaciones........Roberto Torreta

El diseñador, que ha participado en la Madrid Fashion Week, disfruta de las primaveras en el Botánico, de los inviernos en Torrelodones y de las noches de verano en alguna plaza.

 

Roberto Torretta cerca de la plaza de la Villa de París junto a su perra Pepa. / ÁLVARO GARCÍA

1. Plaza de la Villa de París. Es mi plaza, la estampa que veo cada mañana por el balcón de casa. Todos los días paseo a mi perra Pepa por este oasis al lado de la Castellana. En verano busco el frescor de sus árboles para leer el periódico. Por las noches recomiendo las vistas de la cúpula iluminada de la iglesia de Santa Bárbara.
2. Calle del Almirante. Le tengo un gran cariño porque en el número 10 se encuentra la boutique Berlín, que mi mujer abrió hace casi 30 años y donde nació el proyecto de nuestra propia marca de ropa
. Además, estábamos rodeados del ambiente embriagador de las calles donde surgió la movida madrileña.
3. La Manduca de Azagra. Me encanta la carne de buey con patatas y, por supuesto, las verduras que preparan en este restaurante de comida navarra.
 Siempre que voy le pido a Juan Miguel, el dueño, la mesa redonda de la entrada para poder controlar quién entra y sale.
 Repito: magnífica carta de verduras traídas del pueblo navarro de Azagra (Sagasta, 14).
4. Torrelodones-Colonia. En esta zona residencial se encuentra mi refugio, una casa antigua de piedra en la que disfruto del jardín en verano y de la chimenea en invierno.
 Allí he celebrado las comuniones de mis hijos y aún recuerdo el asado argentino que preparamos para mi 50º cumpleaños
. Es uno de los pueblos más bonitos que hay en la sierra de Madrid.
5. Jo Malone. Me pierden las fragancias de esta glamurosa perfumería en la que puedes encontrar velas, aceites, perfumes y objetos del hogar que te adentran en un universo aromático del que no querrás salir.
Mi última adquisición fue un aceite corporal de mandarina (Lagasca, 32).

Destino Madrid

A principios de los setenta, Roberto Torretta (Buenos Aires, 1950) cruzó el charco para recorrer Europa. En 1974 llegó a España, se enamoró de una asturiana y no compró billete de vuelta. Desde entonces, el diseñador vive en Madrid.
6. El Jardín Botánico (en primavera). Espero el paso del invierno para visitar este oasis en medio de la ciudad. Me apasiona el florecer de la naturaleza esa época del año. Perderse por los rosales del Botánico esos días es una gozada (plaza de Bravo Murillo, 2).
7. Showroom. Da gusto trabajar entre los 100 metros cuadrados de mi taller, un multiespacio de diseño y confección en el que también tenemos una tienda y donde celebramos diferentes eventos. Diseñado por nuestra amiga la arquitecta Patricia Urquiola, es como una gran caja blanca por la diafanidad de sus paredes y sus amplias cristaleras (Fereluz, 17).
8. Calle de Alfonso XII. Me encanta perderme por los aledaños del parque del Retiro cada vez que salgo a correr o a dar un paseo. En esta calle se respira belleza y tranquilidad. Sus edificios señoriales me recuerdan al barrio de la Recoleta en Buenos Aires.
9. No. Me encantan las hamburguesas de este restaurante. El local es una antigua casa (aún conserva las vigas) con diferentes niveles por los que entra mucha luz. Sin duda, uno de los sitios de moda del barrio de Salamanca donde es fácil encontrarse con amigos (Puigcerdá, 8).
10. Harit Ayurveda Spa. Los masajes a cuatro manos en este centro de salud y bienestar, basado en la filosofía hindú del Ayurveda, me dejan como nuevo. Recomiendo también el tratamiento Shirodhara. Es un placer sentir el chorro de aceite en la frente mientras escuchas música relajante de fondo (Orense, 9).

 

Oscar tira la casa por la ventana



Preparativos para la entrega esta noche de los Oscar. / FREDERIC J. BROWN (AFP)

Mientras las sonrisas congeladas de los candidatos suenan a “¡quiero un Oscar!”, los preparativos de la 85 edición de la ceremonia huelen a desesperación, con la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas a la búsqueda de aumentar su audiencia en un mercado cada vez más reacio a estos despliegues de cine, moda y, para algunos, autobombo.
 La pasada edición convocó a 39,3 millones de estadounidenses que siguieron la entrega de los Oscar por televisión. Este año se espera al menos un millón más desde su cobertura en las redes sociales.
Hasta la bandera. Con un aforo de unas 3.300 butacas, la Academia no dejará asiento vacío en el teatro Dolby ni para sus propios miembros (que solo obtienen entradas por sorteo y previo pago de entre 150 a 750 euros) con la lista de presentadores que se gasta.
 Hay para todos los gustos. Veteranos como Jane Fonda, Michael Douglas o Dustin Hoffman; los de siempre, como Nicole Kidman, Halle Berry, Sandra Bullock o John Travolta; los anteriores ganadores Meryl Streep, Christopher Plummer, Jean Dujardin y Octavia Spencer; los superhéroes de Los Vengadores Robert Downey Jr., Samuel L. Jackson, Chris Evans, Jeremy Renner y Mark Ruffalo; el toque hispano de Salma Hayek Pinault, los modernitos en plan Kristen Stewart, Paul Rudd, Jamie Foxx y Melissa MaCarthy, y los nominados.
Y Jack, de vuelta a su butaca en la primera fila. Y Ted, el oso de peluche con el que Seth McFarlane nos hizo reír.
Factor Seth. No confundir con el Sith o las fuerzas del mal de La guerra de las galaxias aunque este humorista, animador, guionista, padre de Padre de familia y a veces cantante se las puede gastar con igual mala leche.
 Irreverente le dicen y el resultado puede ser tan inesperado como su anuncio como maestro de ceremonias de los Oscar.
 La Academia buscó a alguien capaz de conectar con una audiencia más joven colgada de las redes sociales más que de estas retransmisiones que, prometan lo que prometan, siempre superan las tres horas
. Y Seth McFarlane tuitea, cuenta en este momento con una aceptación similar a la de Matt Damon y se encuentra solo un punto por debajo de Leonardo DiCaprio, según una reciente encuesta de popularidad.
Música, más música y alguna chica Bond. Aunque la Academia quiere guardar el secreto de su ceremonia hasta el último minuto (nada de poner en Facebook la credencial, el programa o los ensayos sin recibir una expulsión inmediata) lo que han dejado claro los productores de esta edición, Neil Meron y Craig Zagan, es que será una velada muy musical. Barbra Streisand vuelve al escenario de los Oscar por primera vez desde 1977 (dicen que tras un tratamiento de belleza de 21 días y con varios modelos de los que escoger y un estilista a su lado 24/7) lo mismo que todo el reparto de Chicago, Jennifer Hudson en nombre de Dreamgirls y los actores principales de Los Miserables en una celebración de los musicales de la última década (afortunadamente no hay mención ni referencias de Burlesque o Nine).
 Un homenaje al que hay que sumar el que la Academia ofrecerá a los 50 años de James Bond con la presencia de Adele y de Shirley Bassey, la voz detrás del inolvidable tema de Goldfinger. Y ese número musical entre McFarlane y Kristin Chenoweth con el que concluirá la ceremonia,
Paco Delgado, por el vestuario de 'Los miserables', es el único español nominado
Viva la tortilla española. Esta podría ser la forma de Paco Delgado de agradecer el Oscar por mejor vestuario con su trabajo en Los Miserables si le cae la breva. Es el único español candidato este año y no vería tampoco ningún problema en dedicárselo a la virgen del pueblo. “No he preparado nada. Hay que ser emocionante en la vida”, declaró a las puertas de los Oscar sin esperanzas confesas de ganar, acostumbrado a perder dice quien se llevó el Goya por el vestuario de Blancanieves, pero también acostumbrado a consolar a los que le rodean. En este caso podría ser a Naomi Watts, española de corazón aunque sin hablar palabra de castellano y protagonista de la película de Juan Antonio Bayona Lo imposible. Tampoco espera ganar nada, pero al menos quiere coincidir de nuevo con Michael Haneke, candidato como mejor director por Amor y que también la maltrató lo suyo “aunque de otra forma” cuando trabajaron juntos en el remake estadounidense de su estremecedora Funny Games.
Los dinerillos del Oscar. Las cuentas están claras. La Academia ganó el pasado año cerca de 68 millones de euros gracias a la 84ª edición de los Oscar. Pero como entra, sale.
 Y es que la última edición de los premios les costó 29 millones de euros, 2,2 millones de euros más que el 2011. Lo más gravoso, la puesta en escena, donde se les fueron 16,5 millones entre el set (un millón de euros por lo menos), presentadores (alguien como Seth McFarlane está muy por encima del mínimo de los 11.300 euros que marca el sindicato), estatuillas (a unos 700 euros la pieza), alfombra roja (a 12,5 euros el metro cuadrado). Y todo esto sin contar las proyecciones o las recepciones que se realizan durante el año. O incluso el famoso Baile del Gobernador, ya una fiesta en si misma cuya celebración está valorada en 1,3 millones de euros.
Teniendo en cuenta que la mayor parte de los ingresos le vienen de los derechos de la retransmisión (57 millones de euros) más le vale a los Oscar que sigan encontrando a su público.