19 ene 2013
Lo habitual debería ser ver el libro,
adorarlo, y luego ver la adaptación televisiva para ver como han
convertido en imágenes lo que tú has leído con entusiasmo.
Eso debería
ser lo habitual, aunque lo común muchas veces es hacerlo en el sentido
inverso.
Fue lo que sucedió con Pétalo carmesí, flor blanca, un libro bastante difícil de conseguir en las librerías españolas
(me llevé el último ejemplar que quedaba en la Casa del Libro de Gran
Vía, en Madrid, después de peregrinar por la Fnac y por otras cuantas
librerías).
Pétalo carmesí, flor blanca es
genial por una razón básica: el autor ha dejado que sus personajes vivan
y digan todo lo que quieren decir, sin importarle que el resultado sea
un tomo inmensamente grande e inmensamente pesado, un libro de los que
lleva leer su tiempo por muy rápido que se lea.
Por eso sólo, ya un
bravo inmenso para su autor.
Y también es genial por una razón básica: Faber ha escrito un folletín moderno, con todos los giros de trama necesarios, la loca en la azotea, la chica sin fortuna
y todos los requisitos básicos para tener un texto con esa
denominación.
Como recogen en la contraportada del libro y dijo algún
crítico que ahora no recuerdo, el resultado es lo que Dickens hubiese
escrito si hubiese podidido decir todo lo que siempre quiso escribir.
La protagonista de Pétalo carmesí, flor blanca
es una prostituta, Sugar, en el 1870 y algo, a la que su madre, una
madama de un prostíbulo cutre, obligó a prostituirse por primera vez a
los 13 años.
Cuando el libro arranca tiene 19 y consigue obsesionar al
heredero de una fábrica de jabones y perfumes bastante holgazán, casado
con una mujer de historia desgraciada, que empieza a necesitar tanto a
Sugar que decide comprársela a su madre.
La historia, insisto,
es folletinesca, pero moderna.
Es decir, Sugar es una prostituta de vida
desgraciada, sí, pero no la protagonista de La dama de las camelias.
El autor se ha documentado hasta el extremo y todo es todo lo realista y todo lo descarnado que hubiese sido.
La trama que arranca con una historia de
hombre salvador (¿salvador?, eso merecería un debate) es mucho más
compleja que esto (son más de 1.000 páginas, no lo olvidemos).
El
personaje de la esposa del heredero es uno de los más logrados y es la
tercera protagonista de esta historia.
La esposa del heredero es de
entrada el prototipo de ángel del hogar: dulce, elegante, hermosa,
obediente… Todo lo que esperaba la sociedad victoriana de una buena
esposa.
Pero su vida es un desastre.
La maternidad la ha abrumado (nadie
jamás le había hablado de las cosas de la vida…), así como el que la
hayan obligado de niña a renunciar a su religión (porque no era
socialmente aceptable) y que se haya visto arrastrada a ser una adulta.
La esposa es otro de los tipos de mujer desgraciada y no siempre
tratadas como deberían, con toda su complejidad, por los folletines.
Pétalo carmesí, flor blanca es un tomo
amplísimo, en el que el autor no deja nada al azar (todos los cabos de
esta historia inmensa están estupendamente bien atados) y en el
que el autor retrata con toda la crudeza necesaria a sus protagonistas.
El único problema en este libro podría ser su traducción: el texto está
escrito en segunda persona, con un narrador que se dirige todo el
tiempo al tú lector.
En inglés posiblemente no chirríe en ningún
momento, pero adaptar algunas de esas fórmulas inglesas al castellano es
bastante complicado y en la traducción que yo he leído no siempre
estaban bien acabadas.
La adaptación a la televisión la firma la BBC (que posiblemente sea la mejor televisión pública de todo el mundo…) y es estupenda.
El guión ha adaptado la historia de una forma completamente fiel al
texto y ha conseguido transmitir en imágenes todas las caras de este
folletín.
La esposa es la única que sale perjudicada en esta adaptación,
porque su personaje es simplificado ligeramente.
*Pétalo carmesí, flor blanca está
editado por Anagrama en castellano, pero posiblemente sea más fácil
leerlo echando mano de la versión original y de Amazon.
La maldición de ser hija de Victor Hugo
La maldición de ser hija de Victor Hugo
Victor Hugo tiene un muy interesante
museo (y gratuito, de ahí que yo estuviese en múltiples ocasiones
durante mi año Erasmus) en la parisina plaza des Vosges
. Es una plaza
preciosa, la más antigua de París,
con un parque y jardines en medio.
Y el museo de Victor Hugo en un
lado. En ese museo fue donde aprendí que ser hija del escritor…era una
especie de maldición.
Las más conocida de sus hijas fue, hasta
que el cine no lo remedió, Léopoldine Hugo, que se enamoró y que, cuando
después de un tiempo consiguió el permiso para casarse, se murió ahogada.
Su padre le dedicó un emotivo poema. Léopoldine
se convirtió en una especie de personaje romántico, trágico… aunque la
realmente romántica y trágica era su hermana Adèle.
Adèle se
enamoró -ella sí que locamente – perdió la razón – completamente – y
vagó por el mundo persiguiendo al hombre del que estaba enamorada sin
ser correspondida. François Truffaut le dedicó una película en los 70 y
la historia de la hija loca de amor del escritor empezó a ser conocida.
Adèle era la quinta hija de Victor Hugo, llamada como su madre Adèle.
Adèle conoció durante el exilio en
Guernesey (su padre, que estaba en contra del régimen de Napoleón III,
se exilió primero en Bruselas y luego en la isla del canal de la Mancha)
a un oficial británico, Albert Pinson. Se enamoró de él, aunque no
llegó a casarse con su enamorado.
A su familia les hizo creer que se
había llegado a realizar un enlace, pero en verdad nunca sucedió nada
así.
Sin embargo sí desarrolló una pasión enfermiza por él, que le llevó a perseguirlo por medio mundo.
Primero lo siguió a Halifax, luego a las Barbados.
Persiguiendo a
Pinson perdió la salud mental por completo y diez años de su vida
. Al
final, fue una mujer del lugar, Mine Celine Alvarez Baa, quien se puso
en contacto con su familia y quien la llevó de vuelta a Francia.
Era mediados de la década de 1870. Adèle Hugo vivió hasta 1915 en un hospital mental, donde murió en plena I Guerra Mundial. The New York Times
publicó entonces una curiosa necrológica: “la triste y trágica historia
de Adèle Hugo hace años que le ganó la simpatía de todo el mundo”.
Según la versión del periódico estadounidense, un oficial británico la
había secuestrado en Guernesey y ella acabó apareciendo, con la razón
perdida, en Nueva York, donde únicamente dijo que era la hija de Victor
Hugo lo que permitió identificarla y salvarla.
Lo más interesante es que, como su padre, Adèle escribía:
dejó un vasto diario (lo he estado buscando y es difícil de encontrar)
en el que fue contando su triste y apasionada historia de amor.
*La curiosa necrológica de The New York Times
tiene plus.
Con gran esfuerzo puede leerse esta crónica de 1909
escrita por un “veterano diplomático”. La vida de Adèle es incluso más
desgraciada en este reportaje.
*La foto de Adèle, que por su antigüedad ya ha caído en dominio público, está sacada de….¡¡una página de láminas y pósters!!!
Cualquiera puede tener ahora a la desgraciada Adèle Hugo en su salón.
*La foto sale, por cierto, en L’Histoire de Adèle H., la película de Truffaut sobre la triste vida de Adèle.
Misterios, locura y años 30
Misterios, locura y años 30
Nellie Bly ya hablaba de
las mujeres que acababan en instituciones mentales por una razón o por
otra y a las que estar allí acababa por volver más locas.
O locas. En
esta novela, un personaje descubre que en los años 30 cualquier hombre podía internar en un psiquiátrico a su mujer sólo con que un médico cualquiera firmase un papel.
Más barato que el divorcio.
La extraña desaparición de Esme Lennox, de
Maggie O’Farrell, cuenta la historia de Iris, una mujer en la
actualidad que recibe la llamada de un centro psiquiátrico.
Van a cerrar
y ella tiene que ir a hacerse cargo de su tía abuela, Esme Lennox, que
lleva 70 años internada en el lugar
. Iris, como era de esperar, no sabía
nada de su tía loca y perdida, sobre la que su abuela, ahora enferma de
alzheimer, nunca le había hablado.
La novela es una interesante
aproximación a los secretos de familia pero sobre todo a la condena que
podía suponer un diagnóstico psiquiátrico en los años 30
. En la
página 52, Iris descubre que en la ficha médica se justifica el ingreso
de Esme con un “se empeña en llevar el pelo largo” y con un día en el
que fue descubierta bailando ante el espejo con la ropa de su madre
puesta.
Los personajes están muy bien construidos. La novela no es muy larga.
Una lectura muy recomendable.
En castellano está en Salamandra
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