Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

30 may 2012

Isleño de Jose Miguel Junco Ezquerra

ISLEÑO

Yo vengo de un lugar premeditado,

de allí donde germinan los afectos,
y el pan es pan, sin más, y suficiente,
el hombre y la mujer desencadenan.

No es fácil referir su geografía,

los múltiples matices de sus valles,
la extraña sensación de sus montañas,
el modo en que la hierba resucita.

Yo vengo de un lugar donde la noche
es confraternizar con las estrellas,
pasar las horas en los ventanales,
hacer con las palabras un prodigio.

No es fácil describir cómo es la noche,
a veces una lluvia esperanzada,
a veces un remar de incertidumbre,
a veces una asombro junto al fuego.

Yo vengo de un lugar donde la aurora
hace que se despierten al unísono
mares que están envueltos en sus ramas
y pájaros que nadan cual espuma.

No es fácil describir cómo es la aurora,
a veces tenues rayos que se encuentran,
a veces el gemido de las plantas,
a veces la canción desde la orilla.

Yo vengo de un lugar tan sorprendente
que cuando digo vengo, sin pensarlo,
preparo la maleta y me dispongo
para marchar, sin dilación, muy lejos.

No es fácil describir cómo es muy lejos,
a veces sólo una encantada sombra,
a veces un rumor que no reclama,
a veces un dolor en la cintura,
y siempre una zozobra en mar bravío.

Non Plus Ultra

NON PLUS ULTRA
Un poquito de Gibraltar, que Alfonso Merlos, en La Razón, dice que por fin se ha mostrado una diplomacia “rocosa” – ¿captan el chiste de Merlos?- con la visita del ministro de Exteriores español a Londres, del bracete del brillante embajador Federico Trillo. Dejemos que le conteste El Mundo: "Margallo reconoció tras el encuentro que solo consensuaron una resolución por la que ‘los gobiernos de Reino Unido y España animan a las partes -Ejecutivo gibraltareño y pescadores de La Línea y Algeciras- a encontrar un acuerdo satisfactorio que permita a nuestros barcos faenar donde lo han hecho toda la vida’. 
Para este viaje no hacían falta estas alforjas, o lo que es lo mismo, no tiene sentido que nuestro ministro se desplazara a Londres si William Hague no tenía voluntad de hablar en serio del conflicto”.  Ellos mismos.
¿Y ya nos hemos cansado del IBI y la Iglesia? Pues no. (Bueno. Más exactamente, yo sí. Pero ellos, no) Algunas muestras. Pablo Molina, Libertad Digital:
 “A los socialistas no les basta con haber arruinado a varias generaciones de españoles, condenando al hambre a muchos de miles de ellos. No es suficiente. 
Quieren también machacar a los que les dan de comer, en un gesto de crueldad excesivo incluso para el partido socialista, que no se ha caracterizado precisamente en ningún momento de su historia por la compasión hacia los más pobres.
 Su exigencia de que la Iglesia pague los impuestos que se perdonan a las organizaciones ‘de mucho progreso’ es puro ensañamiento, un agravante tipificado como tal en cualquier legislación”.
 Y luego dice eso de que “las sedes de los partidos políticos no pagan el IBI”. Da igual los recibos que se les muestren. Con no mirarlos…
Y en La Gaceta algo escribe el inefable Josep Maria Francàs: “A estas alturas del debate miserable, en el profundo sentido de mezquino, propuesto por algunos miembros -destacados, sin duda-, del PSOE acerca del pago del IBI por parte de la Iglesia Católica (esa entidad que mantiene Cáritas, Manos Unidas, Hospitales, Ambulatorios, Centros de reeducación y orfanatos, ahorrando al Estado unos 30.000 millones de euros anualmente), no hace falta abundar en muchos datos para entender lo demagógico y ruin de la propuesta”. Pues eso. En Abc Antonio Burgos nos deja el chascarrillo: “Mucho meterse con la Iglesia, pero no hay co… ranes para cobrar el IBI a las mezquitas”.
Y solo por animar nuestra galería de frikis, repetimos con Javier Montilla, de La Gaceta, que nos informa de la falta de libertad en la prensa catalana, tal que si allí estuvieran prohibidos Abc, La Razón, El Mundo o, mismamente, La Gaceta. En fin…  
“La función del periodismo en Cataluña no se limita a controlar al poder, sino todo lo contrario. Se somete a él y se convierte en un juguete roto del nacionalismo.
 Eso sí, un juguete costosísimo para el bolsillo de los contribuyentes.
 Porque la Generalitat de Cataluña subvenciona con cuantiosos millones de euros a nuestros medios para que editorialice, satirice, desautorice y ponga en la picota a todo aquel que sea molesto para la oligarquía nacionalista. 
Es el silencio infecto de unos medios que respaldan por acción u omisión a una casta política que se vanagloria de ser insumisa con las leyes y trazar líneas rojas, comprando el silencio chequera en mano (…) En definitiva, es la penosa realidad de una Cataluña en la que el clientelismo ha enterrado a la libertad y al sentido común para beneficiar a las oligarquías mientras se pisotean los derechos individuales de los ciudadanos”.

Esa vergonzosa mordaza

Esa vergonzosa mordaza

Por: José María Izquierdo
No se entiende muy bien, que diría un contertulio engolado, el porqué del cerrojazo del PP a la comisión de investigación de Bankia y el portazo para evitar que comparezca Miguel Ángel Fernández Ordóñez.
Pero este catavenenos, miren por dónde, ni es contertulio, ni es engolado ni, aún menos, políticamente correcto. Así que dice que se entiende perfectamente. Con una claridad meridiana.
 Porque el PPEsperanza Aguirre mediante, pero no solo- ha hecho con la Caja de Madrid mangas y capirotes. Ha puesto, ha quitado, ha gastado, ha nombrado decenas de paniaguados, y grandes prohombres del partido, con el nimbado Rodrigo Rato a la cabeza, han llevado a la ruina a la entidad.
Un desastre, una calamidad, una vergüenza. Desde el PP insultan a Mafo pero no le dejan que hable.
Otra vergüenza. La policía que no detectó a una pandilla de asesinos es culpable de no haberlos detectado.
Pero los asesinos son los culpables de la muerte de la víctima.
 Y si hay que sentar en el banquillo a alguien, dicho sea en sentido figurado –por el momento- es, lógicamente a quien hincó la navaja para llevarse el bolso y las joyas y el dinero que contenía. Lo hemos dicho muchas veces: ¿Y tiene que comparecer Mafo? Pues naturalmente, faltaría más.
Pero a la policía se la llama por otras acusaciones. Y los cómplices necesarios, sean políticos, jurisconsultos, sindicalistas o palafreneros, que también pasen a declarar. Por supuesto. Pero una vez más: después y para responder por encubrimiento; que el de la navaja debe hacerlo por asesinato.
Ya saben que Javier Krahe anda por los juzgados por un vídeo –de ¡1978!- que se titula “Cómo cocinar un cristo”. Propongo actualización: “Cómo cocinar a un ejecutivo de Bankia que se lleva 14 millones de euros”.
 Dificultad de la receta: Escasa, una vez atada la pieza a asar. Rico, rico.
Ya saben ustedes que La Razón tiene una visión muy curiosa de la realidad.
Es fantástica, como Alicia, pero en chocarrero. Por eso pueden titular en primera página, como ven en las fachadas, “Mafo, KO”, El Gobierno saca a Ordóñez…” para luego decir esto en un editorial: “Miguel Ángel Fernández Ordóñez adelantará un mes su cese como gobernador del Banco de España, decisión a la que no es ajena la opinión del Gobierno. Aunque funcionalmente carezca de relevancia…”. Bueno.
Y luego vienen los pecados: “El gobernador, nombrado por el PSOE sin el consenso necesario, no atajó los riesgos de la burbuja inmobiliaria, fue incapaz de embridar el sistema bancario y no supo pilotar la transformación de las cajas de ahorro. Las consecuencias, a la vista están, empezando por Bankia”.

Libros peligrosos

Observando la comitiva de royalsy autoridades en la inauguración de la Feria del Libro pensé en las épocas en que los poderes establecidos no sOlo no hacían nada para estimular los hábitos de lectura de la población sino que los desalentaban o reprimían; todo lo contrario de lo que sucede hoy, cuando la lectura se ha convertido en poco menos que deber cívico promovido incansablemente desde Estado, Escuela y medios de comunicación.
Resulta paradójico: nunca como ahora se ha hablado tanto de “la muerte del libro”, aunque a menudo el aserto venga matizado por la apostilla "tal como lo conocemos".
Y, a la vez, nunca han existido tantas posibilidades de lectura al alcance de la inmensa mayoría: hoy parece claro que, desde la popularización de Internet (hace menos de dos décadas), la lectura ha recibido un vigoroso impulso universal. Ahora hasta los apocalípticos reconocen —con tal de que se eleven un instante sobre sus propios intereses o preferencias— que el libro no muere, sino que se reinventa, trascendiendo, como ha hecho siempre, sus sucesivas materializaciones.
Cambia el libro, cambian sus soportes: el rollo, el códice, el volumen, la tableta electrónica, son los últimos avatares de un proceso que se inició en el Neolítico.
 Pero cambian, también, los modos de enfrentarse a lo escrito. Nada tiene que ver la lectura intensiva practicada cuando el libro era escaso y caro —antes de que Gutenberg iniciara el camino de su conversión en mercancía de masas— y la gente leía una y otra vez las mismas obras, con la lectura extensiva y sincopada que hoy se practica, y en la que la avalancha de novedades y la multiplicidad de los estímulos no invitan precisamente a la relectura.
Nada tiene que ver, tampoco, la lectura en voz alta, practicada durante la edad media en los refectorios monásticos (y prolongada hasta el siglo XX por ciertas asociaciones obreras en los lugares de trabajo), con la lectura privada e individualista que tantas veces se refleja en la pintura de la Ilustración, o con la de la joven viajera de metro absorta en la luminosa página incorpórea de su tableta electrónica.
El libro, decía al principio, también ha sido visto como peligro.
 La caída en desuso, en la pintura religiosa de principios del siglo XVI, del tradicional motivo de la Virgen María leyendo, anunciaba un periodo en que la lectura, sobre todo la de la mujer, llegó a suponerse instrumento del diablo.
 Especialmente la frecuentación de las novelas —hoy convertidas en el género rey en las preferencias de los lectores— fue considerada vicio o pérdida de tiempo: reblandecían el cerebro, como le sucedió al Hidalgo (no así a Teresa de Jesús, que confesó su afición juvenil a las de caballerías), o distraía del trabajo productivo, como le ocurría a Julián Sorel, al que su cazurro padre propinaba buenos mandobles cuando le encontraba enfrascado en sus “malditos libros” (Rojo y negro, I, IV).
La Feria del Retiro tiene mucho de fiesta y celebración del libro "tal como lo conocemos".
 Autores, editores, libreros y público se encuentran en un escenario en el que reina la letra, al menos la impresa sobre papel.
 Pero ostenta para mí, a la vez, un aire vagamente anacrónico, algo que en los últimos años se ha visto reforzado por el empeño de sus responsables en dar ostensiblemente la espalda al último avatar del libro
. No pretendo —sería absurdo— que en las casetas vendan e-books, pero me resulta sospechoso el mutismo casi sideral en torno a ellos. Por no haber, ni siquiera se ha conseguido habilitar una zona wifi en la que la gente pueda navegar, inquirir y, eventualmente, hasta leer “otros” libros.
 Esa actitud de hacer caso omiso a lo que ha llegado —y cómo— para quedarse, me recuerda la de aquel testarudo labriego que, cabalgando su mula entre las vías mientras se acercaba el tren pidiendo paso, replicaba ufano: “Chifla, chifla, que como no te apartes tú...”