Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

21 nov 2009

Audrey Hepburn



La casa Sotheby's va a subastar el próximo 8 de diciembre en Londres una colección que puede entusiasmar tanto a adictos a la moda como a cinéfilos y mitómanos: más de 30 modelos de alta costura pertenecientes a la actriz Audrey Hepburn, incluido el vestido de novia que las hermanas Fontana le diseñaron en 1952 para su enlace con James Hanson, que finalmente no se produjo (tras cancelarse el compromiso, Hepburn decidió donarlo a una niña italiana sin recursos, Amabile Altobella, que lo conservó toda su vida).




En la última década sólo tres vestidos de Audrey Hepburn se han puesto a la venta, por lo que la expectación es grande.
Con precios previstos que oscilan entre 150 y 20.000 libras (entre 166 y 22.199 euros), junto a los vestidos se subastarán sombreros y complementos que la protagonista de Desayuno con diamantes lució entre 1953 y la década de los sesenta, además de varios telegramas y cartas personales. "Es difícil calcular el valor total, porque en 2006 dos prendas de la actriz alcanzaron el millón de dólares (673.000 euros) en una venta", señala la responsable de la venta, Kerry Taylor.

Entre las prendas, salidas del armario de una amiga íntima de Hepburn, Tanja Star Busmann, a quien la actriz solía regalar algunos de sus elegantes trajes, se encuentran modelos para todo tipo de ocasiones firmados por Valentino, Elizabeth Arden o su diseñador preferido, Hubert de Givenchy.
Destacan un vestido de cóctel negro con encajes de Givenchy que vistió en Cómo robar un millón y..., otro givenchy turquesa en seda con el que promocionó la película Dos en la carretera y otro del mismo diseñador que la actriz lució durante una de las presentaciones del filme Encuentro en París.

Junto a ellos se podrá pujar también por varias cartas que la actriz escribió a la propietaria de la colección entre 1950 y 1958, así como telegramas que Hepburn intercambió con Hanson durante los preparativos de su boda. "Estas cartas muestran a una Audrey Hepburn en los inicios de su carrera, cuando todavía su autoestima no era muy alta y se emocionaba con el éxito de sus películas e interpretaciones, o cuando colocaron la primera estrella en la puerta de su camerino", explica Taylor.

Antes de ser trasladadas a Londres, las piezas se exponen estos días en Nueva York y la semana próxima lo harán en París. La mitad de la cifra recaudada con la venta, que se calcula superior a las 100.000 libras (unos 110.000 euros), se destinará a la fundación que lleva el nombre de la actriz y que vela por brindar una buena calidad de vida a niños de todo el mundo.

19 nov 2009

MARUJA TORRES . Toma Sushi

Desde la perspectiva del atún, este maldito embrollo de los pescadores y de los piratas siempre tiene el mismo final. En sushi o a la plancha, encebollado o con tomate, en tacos o enlatado.
Otro cantar resulta para los humanos gobiernos de los países pescantes o pesqueros. El mundo con el que tienen que enfrentarse se complica por momentos. En general, para Occidente, hace tiempo que el mundo se ha convertido en un maldito embrollo.


El caso de la piratería somalí ilustra la paradoja de la encrucijada occidental. Pues los piratas lo mismo dificultan el paso de cargueros con armas destinadas a destrozar países, que el de navíos que transportan bienes humanitarios designados para paliar el daño producido previamente.
Asimismo, amenazan y secuestran a los pescadores que se atreven a llegar hasta sus costas para hacerse con la ración de atún que los ciudadanos, espectadores de todo y partícipes de nada, estamos esperando, cuchillo y tenedor en mano, y relamiéndonos de gusto.

Saturados de buques de pesca el Atlántico y el Pacífico, el océano Índico ofrece un amplio horizonte, en especial en las cercanías de un territorio que es la quinta esencia ejemplar de cómo se puede destruir un país por las armas, con la colaboración exterior y el más entusiasta de los ardores propios. Somalia, sin instituciones, sin gobierno que controle, fuera de la ley, presenta grandes oportunidades pesqueras.
Es su anarquía lo que facilita la pesca, la anarquía que permite campar a los piratas. Los rescates que pagamos entre todos -y en buena hora, pues esos hombres de la mar tienen que volver a casa- no son sino el importe de una especie de justicia poética de carácter siniestro. Ya que carecen de Estado, al menos los somalíes podrán presumir de una organización mafiosa bien pertrechada.

Está rico el sushi.

GUTI ES ESCRITOR....mmmm

Aunque no lo parezca, y yo no vea futbol, como todo cuando se repite y oyes acabas de saber algunas cosas, más bien algunos nombres, como el De Maradona, que va unido a su destrucción, creo que me enteré antes de sus excess que de su profesión.
Sé el nombre de jugadores y sus vidas de color de "rosa" porque así nos lo venden.
Iker Casillas , muchacho guapo normal y buen portero. Eso de ser portero de futbol que de ti depende que los otros no metan la pelota debe ser terrible, la soledad, los nervios, moverte lo justo y Parar para que no ga el narrador de ese cuento Goll goll si es España claro.
Ahora hay un Cristiano Ronaldo, nombre que jamás se me ocurriría decir si no lo oigo y leo todos los dias, me ocurrió con Beckam, guapo si que es pero nunca supe si era un buen jugador, se vestía con sus mejores galas para jugar, dos enormes brillantes en sus orejas. , luego una Limusina y su santa esposa de compras todo el dia, eso lo veo yo como más deseable para mi.
Estuvieron un grupito de Ronaldo y Ronaldiños que ni siquiera sé si jugaban en el mismo equipo, pero uno un dia aburrido se compró un castillo de nada.
Caprichitos de niños que nunca tendrían ni play mobiles ni consolas , solo un balón para jugar y mira por dónde con un balón se hicieron ricos y famosos.
Todos tatuados , festeros, y fiestas con señoritas de compañía que luego lo contaban en la tele.
Pero hay uno, uno que me llama la atención, un muchachito jovencito padre de familia y juguetón.
Guti es escritor



Una mañana soleada del mes de octubre Guti se presentó en la portada del Marca con un tatuaje gigantesco en el brazo, de elegancia señorial, y un titular muy zen: «Soy un Guti más humano, futbolero y cristiano».
Unas semanas después mandó a tomar por el culo al entrenador y se debió de estar cagando en Dios tantas veces seguidas por el campo que en Madrid ya hay quien dice que Kaká, esta temporada, es irrecuperable.

Guti arrastra fama cansina de genio incomprendido, un cliché que suele acabar con la carrera de quien se lo cree.
El primer deber de un entrenador al ver llegar a un adolescente genial y atormentado es mandarlo a hacer la pretemporada sirviendo coñacs en la taberna de su barrio.
Sin embargo a Guti se le ha perdonado hasta la histeria, como si fuese Maradona.
En 1998 vino a Pontevedra a jugar con la sub 21 un partido contra Suecia. Se mamó después del partido, como es natural, pero lo que poca gente sabe es que se mamó también la noche antes y acabó la fiesta con una pontevedresa que le presentó un amigo mío. Casi doce años después todavía hay quien anda por ahí pidiendo Guti selección.

El bar, templo del saber y refugio de viejos profetas, sentenció ya en los noventa lo que ahora citan los segurolas: «Las cosas de Guti».
Uno de los grandes fracasos del Madrid es haber soportado durante quince años a un futbolista con «cosas».
Hubo otros antes, como Me lo Merezco, pero al menos éste ganó cinco ligas seguidas antes de querer marcharse del campo porque le pitaban.
Guti, más sibilino, se ha hecho expulsar en los naufragios. Luego ha dado cierta luz y resuelto ciertos partidos, y descifrado pases sensacionales a cuentagotas, que es como se gana un mediapunta el favor de Las Gaunas, no el del Bernabéu.
En días plomizos, cuando la tarde no acompañaba, hacía un poco de viento y Guti no estaba para gestas, ha obsequiado partidos tan infames que una leyenda aseguraba que esos domingos era su mujer, Arancha de Benito, la que salía al campo a corretear con el 14.

Esta temporada se dijo que iba a explotar por fin. Probablemente no haya en toda la historia del fútbol nada más tremendo que escuchar que se acerca la temporada de madurez de un jugador de 33 años.
Pero él se puso a ello: se hizo dibujar algo parecido a la Capilla Sixtina en el brazo y abrió su alma en el Marca, que debe de ser como abjurar de Nietzsche en el Mercadona.
Ahora lleva un mes en la grada explotando. Le ha hecho unos coros a Sabina y acaba de decir que escribe «cuando estoy mal, cuando estoy triste, que creo que es cuando mejor escribo», así que uno de estos días se presenta con anteojos y foulard a llenar el vestuario de sonetos bajo la mirada alucinada de Cristiano Ronaldo.

RENGLONES DE PLAYA

Renglones de playa
Este pedazo de playa, que con el paso de los años va ganando arena y perdiendo lo que fuera su hosca alfombra de piedra, nos reserva todos los veranos un lugar. No necesariamente el mismo.
Aunque tan igual pese a su diversidad que nada se echa casi nunca de menos, sea donde fuere finalmente que extendemos esterillas, apoyamos espaldas y leemos. O miramos la mar.
Hasta donde alcanza su gravidez. Más allá posiblemente caiga en cascada sobre un mundo desconocido. O sea sólo una duplicación en otros ojos de este mismo paisaje que aquí vemos. Sobre ese borde incierto avanzan a menudo los mercantes camino del puerto, sobre el filo del océano. A esta hora de la tarde deja hoy la bajamar al descubierto una orilla de rocas, algas y llámpares. Y el trávelin de la mirada transcurre lento por las hojas que estaba leyendo y he posado unos instantes, por la arena gruesa, el pedrero, la mar en calma, los pocos bañistas, el barco lejano y el cielo limpio.
A mi lado conversa una familia francesa. Tienen un niño pequeño de cinco o seis años. Llega extasiado del agua. Dice haber visto peces.
Y mientras señala hacia el lugar donde supuestamente nadaba el cardumen, repara de pronto en que a lo lejos se impone el majestuoso perfil de un grand boiteau. Su padre lleva un sombrero color caqui de explorador. Lía un porro. A su lado, su mujer toma el sol. Tiene unos pechos blancos, maternales. Teme uno que se los queme esta luz casi violenta. A mis espaldas, me concentro ahora en lo que le dice un hombre joven a la chica que lo acompaña.
Emplea un tono monocorde. Sentencioso. Triste. No habla alto, pero tiene una voz grave que reverbera en el aire caliente. Qué molesta resulta esa cháchara impostada de quien habla sólo por escucharse. Y sin embargo, aun siendo esa mi queja, reparo en que algo hay de parecido en escribir por leerse. Lo que uno tantas veces hace. Vuelvo a las hojas que dejé antes.
He traido conmigo los apuntes de un viaje. De Avilés a Cádiz. De José Luís García Martín. Doce etapas que ha publicado en su bitácora. Hace un rato subrayé en el texto unas líneas: “Soy una persona que nunca deja de cumplir una obligación por un capricho.
Pero que he tenido la habilidad de ir consiguiendo poco a poco que mis obligaciones laborales coincidan casi exactamente con mis caprichos”. Envidiable. La confesión. Y el estilo. Pocos gozan de esa suerte. No siempre se alcanza la fortuna a golpe de voluntad. Pero no es menos cierto que a veces no se pone en la tarea el empeño preciso. ¿Fue esa mi debilidad acaso? ¿Me tuve poca confianza? Ciertamente, mi trabajo no es un capricho.
Aunque tenga algunas gracias no desdeñables. Entre las que no desprecio, por ejemplo, la de los respiros a media mañana cerca del puerto, a esa hora de los jubilados ociosos y de quien deja su despacho no por un café sino por un paseo. Y si me apuran, más incluso que por un paseo, por uno mismo, pues no hay mejor sitio para encontrarse que la soledad de un cabotaje.