Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 abr 2017

Palomo Linares no deja herencia que repartir............ Antonio Lorca

Tras vivir una época de esplendor como torero, terminó sus días sin patrimonio

y enfrentado a sus tres hijos.

FOTO: Sebastián Palomo Linares, con uno de sus cuadros..
Sebastian Palomo Linares, en una capea.
Sebastian Palomo Linares, en una capea. Cover/Getty Images
El torero se ha ido alejado de sus hijos y del entorno de amigos de la familia.
 Ni siquiera ha podido asistir a la inauguración de su última exposición de pintura, que abrió sus puertas el pasado día 21, en Boadilla del Monte, ni ha vuelto a la plaza de Las Ventas para recibir el último homenaje de la afición que un día de 1972 se sintió conmovida, emocionada y también dividida por los máximos trofeos que paseó en su arena el torero de Linares.
“He sido siempre radical y mal perdonador”, confesó el torero en mayo de 2015, cuando se descubrió en la plaza madrileña un azulejo que recordaba el rabo que cortara en ese ruedo.
 Ya en aquel acto se mostró como había sido siempre: un hombre de fuerte carácter y amor propio, avispado y rebelde, nada fácil, aparentemente, para los avatares de la convivencia. 
Algunos de sus amigos añaden algo más: fue un hombre generoso y manirroto también; un mal gestor de su patrimonio, que no acertó en sus inversiones empresariales y recibió con frecuencia los requerimientos de la Agencia Tributaria.
 Palomo Linares, exhibe el rabó que cortó al ejemplar de Atanasio Fernández en la feria de 1972. 
Palomo Linares, exhibe el rabó que cortó al ejemplar de Atanasio Fernández en la feria de 1972. © BOTAN
 
Solo así se puede entender que tuviera que vender su finca El Palomar a los hermanos Lozano (Pablo, José Luis y Eduardo), sus apoderados desde que comenzara su andadura en los ruedos y verdaderos padres adoptivos del torero, que lo han considerado como de su propia familia hasta el día de su muerte.
El Palomar, situada en el término de la localidad toledana de Seseña, de 72 hectáreas y una vivienda de 1.335 metros cuadrados, la compró Palomo en el año 1981, y fue adquirida en 1997 por Agrícola la Sagra, propiedad de Eduardo Lozano, para saldar una deuda con Hacienda que superaba los sesenta millones de pesetas de la época. 
 Se ha publicado que la venta ascendió a 211,4 millones de pesetas, y el acuerdo incluía que Palomo y su familia podían seguir viviendo en ella, como así ha ocurrido, lo que ofrece una muestra del ejemplar comportamiento de los Lozano con Palomo Linares.
El hijo del torero Palomo Linares, Miguel Linares, a su llegada al tanatorio La Paz de Alcobendas (Madrid), el pasado martes.
El hijo del torero Palomo Linares, Miguel Linares, a su llegada al tanatorio La Paz de Alcobendas (Madrid), el pasado martes. EFE
Lo que no está tan claro es cómo pudo el matrimonio dilapidar la fortuna que el torero ganó honestamente en los ruedos.
 Sus allegados se limitan a decir que el matrimonio “tenía un modo muy diferente de ver la vida”. 
La realidad es que parece que Palomo no contaba, siquiera, con liquidez para pagar la pensión compensatoria de 4.000 euros que debía abonar mensualmente a su exesposa (el torero intentó rebajarla sin éxito cuando Marina Danko inició una nueva relación sentimental), y 1.000 euros a su hijo menor, cantidades ambas que han abonado los hermanos Lozano.
El torero llegó a recibir requerimientos judiciales por impago de los gastos de comunidad de la vivienda donde vivían Marina Danko y su hijo Andrés, piso situado en la calle madrileña de Diego de León, y que está a nombre de Explotación Ganadera Hermanos Palomo SL, cuyo administrador único es su hijo Miguel.
Palomo Linares se ha ido de repente y ha dejado tras de sí una honrosa trayectoria taurina y una vida personal y familiar con luces y sombras. 
A fin de cuentas, no era más que un ser humano.

 

No hay comentarios: