La madre es una leyenda de la industria; la hija, la última sensación de la pasarela.
Juntas para S Moda celebran la fuerza de una individualidad sin miedo al color.
Anna lleva traje de
chaqueta (1.350 €), camisa (1.165 €) y pantalón de pana (580 €), todo de
TRUSSARDI; y Patt, con abrigo (1.200 €), camisa (790 €) y pantalón (450
€), todo de KENZO.
Foto: Greg Lotus
Gracia y desenvoltura, «marinadas» –como a Pat Cleveland le gusta
decir–con la libertad y la elegancia hedonista de quien sabe disfrutar
de cada paso sobre la pasarela, pero también en la vida. Maniquí y amiga
de Halston, Stephen Burrows, Karl Lagerfeld o Alber Elbaz, y musa de
genios extravagantes como Salvador Dalí. «Posar para un artista es la forma más elevada de creación visual»,
concede.
«No hay tecnología.
Solo pinceles, un lienzo, el pintor y la
modelo.
Es una relación íntima, como la de dos amantes».
Su historia de
amor con este oficio narra la crónica de la moda y de la sociedad
norteamericanas en las últimas cinco décadas.
De la lucha del movimiento
por los derechos civiles en Estados Unidos a la decadencia de la era
disco.
Libre como un pájaro, las performances
semicoreografiadas de Pat alimentaron la leyenda de una belleza exótica
con ancestros afroamericanos, suecos e irlandeses, pero también
nativoamericanos, de sangre cherokee.
Con ella, el glamour estadounidense midió sus fuerzas con el chic
francés en la mítica Batalla de Versalles de 1973.
Aquel desfile de 11
modelos negras escenificó los cambios que, desde finales de los años 60,
se estaban gestando en la calle en materia política, social y cultural.
Pat lleva vestido de satén (1.645 €) y
pendientes de latón con cristales (1.690 €), todo de LANVIN; y medias
de WOLFORD (c. p. v.). Anna luce top de satén (2.350 €) y falda de
encaje (2.250 €), todo de LANVIN.
Foto: Greg Lotus
Pat sigue creyendo en la fuerza de la moda como disciplina
de creación.
«Lo que sucede entre un diseñador y una modelo es algo privado», dice.
«El romance es un momento que se alarga en el tiempo. Un artista necesita tiempo para disfrutar del lujo y del sueño», cree.
«La moda se ha visto obligada a ampliar el negocio para sobrevivir. La ley de los nuevos tiempos económicos exige crecer y crecer.
Y a más gente, menos tiempo.
Las puntadas son más automáticas. Las sesiones de fitting son ahora distintas».
Algunas de las chicas que desfilan ni siquiera conocen al diseñador. No existe una relación personal entre maniquí y creador. «Cuando una pareja está enamorada, hay un brillo especial en sus ojos.
Cuando son dos desconocidos los que hablan, lo único que percibes es una mirada estática, distante», compara.
Pero ¿acaso no es eso lo que quiere hoy la gente? ¿Más y más rápido?
«Tenemos que ajustarnos a las nuevas necesidades».
Con las redes sociales todo es instantáneo.
«En lugar de tener un minuto; ahora dispones de un segundo para todo el mundo».
¿Dónde está la magia? ¿Dónde la fuerza y la personalidad? «Algunas modelos parecen lienzos en blanco. No quieren que las chicas destaquen», lamenta.
«Por suerte, todavía hay algunas estrellas que brillan con luz propia en el firmamento de la moda».

No volvió a América hasta 1974, el año en que la edición estadounidense de la revista Vogue publicó su primera portada con una modelo negra (Beverly Johnson).
La edición inglesa había roto esa barrera mucho antes, en 1966, con Donyale Luna.
«En Europa se celebra la diversidad», valora.
«Estados Unidos en los años 70 era un país joven, todavía por construir, no había información, ni jets para volar, solo la élite y la jet set tenían acceso a la cultura», cuenta.
Los tiempos han cambiado mucho.
También la pirámide de poderes que rige el funcionamiento de la moda.
Hoy parece que la fuerza se ha invertido.
«Tenemos a artistas de hip hop diseñando ropa; ¡y ese es un gran cambio!», apunta. Kanye West, Rihanna… Ellos lideran el último movimiento de empoderamiento afroamericano.
Son auténticos iconos mediáticos, saben cómo rentabilizar el fenómeno fan y multiplicar su repercusión en las redes.
Lecciones que han aprendido de la industria de la música.
«Si la gente quiere subirse al tren de la moda y probar suerte, ¡adelante!
Pero ahí seguirán las casas de alta costura, cuya sofisticación siempre será infinitamente superior.
¡Hay tantos niveles de la sociedad en los que el sector puede brillar! No somos quienes para juzgar.
Este oficio se ha convertido hoy, en muchos casos, en un ejercicio de entretenimiento», opina.
«Con todo, si hablamos de lujo, la calidad y la artesanía siguen siendo el corazón de la buena moda».
El hermetismo y el misterio que envolvían el universo de la
costura hoy parecen lejanos.
«Antes las mujeres eran mucho más celosas de su intimidad; ninguna desvelaba dónde había comprado un diseño», recuerda. «Hoy no hay secretos; todo se anuncia y se exhibe», dice. Curiosamente, cuando echa la vista atrás para rememorar su desfile más célebre, reconoce que este no tuvo lugar en un pequeño salón de París, ante un público reducido.
Todo lo contrario, fue en un estadio olímpico, con las gradas repletas, ante la mirada televisada de todo el planeta.
Fue en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.
Aquel día Pertegaz la vistió como Dama del Paraguas. «Yo estaba sola, en el escenario, con todos los atletas del mundo ante mí, cuando la antorcha hizo su entrada en el estadio».
No todos los capítulos de sus memorias son tan amables.
«Hay incidentes que a veces prefieres no recordar, pero me gusta pensar que cada obstáculo es una lección.
Las rosas necesitan espinas para crecer.
Los desafíos me han hecho florecer con más fuerza».
Todavía brilla. «La belleza es perenne. Aún tengo muchas historias que contar», advierte.
«Quizá por eso sigo caminando con las musas».
«Lo que sucede entre un diseñador y una modelo es algo privado», dice.
«El romance es un momento que se alarga en el tiempo. Un artista necesita tiempo para disfrutar del lujo y del sueño», cree.
«La moda se ha visto obligada a ampliar el negocio para sobrevivir. La ley de los nuevos tiempos económicos exige crecer y crecer.
Y a más gente, menos tiempo.
Las puntadas son más automáticas. Las sesiones de fitting son ahora distintas».
Algunas de las chicas que desfilan ni siquiera conocen al diseñador. No existe una relación personal entre maniquí y creador. «Cuando una pareja está enamorada, hay un brillo especial en sus ojos.
Cuando son dos desconocidos los que hablan, lo único que percibes es una mirada estática, distante», compara.
Pero ¿acaso no es eso lo que quiere hoy la gente? ¿Más y más rápido?
«Tenemos que ajustarnos a las nuevas necesidades».
Con las redes sociales todo es instantáneo.
«En lugar de tener un minuto; ahora dispones de un segundo para todo el mundo».
¿Dónde está la magia? ¿Dónde la fuerza y la personalidad? «Algunas modelos parecen lienzos en blanco. No quieren que las chicas destaquen», lamenta.
«Por suerte, todavía hay algunas estrellas que brillan con luz propia en el firmamento de la moda».
Abrigo de pelo de MARÍA ESCOTÉ (1.950 €), vestido de MIU MIU (c. p. v.), zapatos
de ante con plataforma de ELIE SAAB (c. p. v.), medias de rejilla de WOLFORD (35 €) y anillo de ANTÓN HEUNIS (140 €).
de ante con plataforma de ELIE SAAB (c. p. v.), medias de rejilla de WOLFORD (35 €) y anillo de ANTÓN HEUNIS (140 €).
Foto: Greg Lotus
Pat Cleveland nació en Nueva York en 1950. En 1970, decidió
instalarse en París. No volvió a América hasta 1974, el año en que la edición estadounidense de la revista Vogue publicó su primera portada con una modelo negra (Beverly Johnson).
La edición inglesa había roto esa barrera mucho antes, en 1966, con Donyale Luna.
«En Europa se celebra la diversidad», valora.
«Estados Unidos en los años 70 era un país joven, todavía por construir, no había información, ni jets para volar, solo la élite y la jet set tenían acceso a la cultura», cuenta.
Los tiempos han cambiado mucho.
También la pirámide de poderes que rige el funcionamiento de la moda.
Hoy parece que la fuerza se ha invertido.
«Tenemos a artistas de hip hop diseñando ropa; ¡y ese es un gran cambio!», apunta. Kanye West, Rihanna… Ellos lideran el último movimiento de empoderamiento afroamericano.
Son auténticos iconos mediáticos, saben cómo rentabilizar el fenómeno fan y multiplicar su repercusión en las redes.
Lecciones que han aprendido de la industria de la música.
«Si la gente quiere subirse al tren de la moda y probar suerte, ¡adelante!
Pero ahí seguirán las casas de alta costura, cuya sofisticación siempre será infinitamente superior.
¡Hay tantos niveles de la sociedad en los que el sector puede brillar! No somos quienes para juzgar.
Este oficio se ha convertido hoy, en muchos casos, en un ejercicio de entretenimiento», opina.
«Con todo, si hablamos de lujo, la calidad y la artesanía siguen siendo el corazón de la buena moda».
Abrigo
de pelo de BLUMARINE (c. p. v.), zapatos de terciopelo con lengüeta
estilo Luis XVI de BALMAIN (999 €) y medias de WOLFORD (39,90 €).
Foto: Greg Lotus
«Antes las mujeres eran mucho más celosas de su intimidad; ninguna desvelaba dónde había comprado un diseño», recuerda. «Hoy no hay secretos; todo se anuncia y se exhibe», dice. Curiosamente, cuando echa la vista atrás para rememorar su desfile más célebre, reconoce que este no tuvo lugar en un pequeño salón de París, ante un público reducido.
Todo lo contrario, fue en un estadio olímpico, con las gradas repletas, ante la mirada televisada de todo el planeta.
Fue en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.
Aquel día Pertegaz la vistió como Dama del Paraguas. «Yo estaba sola, en el escenario, con todos los atletas del mundo ante mí, cuando la antorcha hizo su entrada en el estadio».
No todos los capítulos de sus memorias son tan amables.
«Hay incidentes que a veces prefieres no recordar, pero me gusta pensar que cada obstáculo es una lección.
Las rosas necesitan espinas para crecer.
Los desafíos me han hecho florecer con más fuerza».
Todavía brilla. «La belleza es perenne. Aún tengo muchas historias que contar», advierte.
«Quizá por eso sigo caminando con las musas».
No hay comentarios:
Publicar un comentario