hace
77 años | Tras un ajustado escrutinio, ha logrado los 279 electores,
nueve más de los necesarios para ser el nuevo presidente | Kamala Harris
se convierte en la primera vicepresidenta de la historia | Trump no
acepta la victoria de su rival y anuncia que irá a los tribunales
Joe Biden ha derrotado a Donald Trump.
Cuatro días después de las elecciones y tras un Joe Biden ha derrotado a Donald Trump.
Cuatro días después de las elecciones y tras un escrutinio a
cuentagotas, el triunfo en Pensilvania por más de 30.000 votos, una
diferencia considerada irreversible a estas alturas del conteo en ese
Estado, convierte al que fuera vicepresidente de Barack Obama
en el próximo presidente de Estados Unidos. “No voy a ser el presidente
que divida, sino el que una. Nuestros oponentes no son nuestros
enemigos, son estadounidenses”, ha dicho Biden el sábado por la noche,
en el arranque de su primer discurso como presidente electo, en
Wilmington (Delaware), donde nació hace 77 años. El resultado ha
convertido, además, a Kamala Harris en la primera mujer en ocupar la
vicepresidencia en la historia del país. “Seré la primera, pero no seré
la última”, ha advertido Harris. La oficina de Donald Trump ha emitido
un comunicado en el que anuncia que, a partir del lunes, iniciará
acciones judiciales para asegurar que se proclame al “verdadero
ganador”. El resultado se ha definido voto a voto, con diferencias de
unos pocos miles a favor del demócrata en Estados clave. El mapa se tiñó
de azul en territorios que el voto presencial había dado en principio
al republicano. La clave estuvo en las papeletas por correo, que este
año fueron récord debido a las restricciones de movimiento por la
pandemia. Esos votos demorados fueron en su mayor parte a Biden y
terminaron por inclinar la balanza. Trump ha acusado desde el inicio del
escrutinio sin pruebas a Biden de intentar “robar” las elecciones con
los que consideró “votos ilegales”. La consagración definitiva de Biden
llegó con el resultado en Pensilvania, que otorga 20 electores.escrutinio a
cuentagotas, el triunfo en Pensilvania por más de 30.000 votos, una
diferencia considerada irreversible a estas alturas del conteo en ese
Estado, convierte al que fuera vicepresidente de Barack Obama
en el próximo presidente de Estados Unidos. “No voy a ser el presidente
que divida, sino el que una. Nuestros oponentes no son nuestros
enemigos, son estadounidenses”, ha dicho Biden el sábado por la noche,
en el arranque de su primer discurso como presidente electo, en
Wilmington (Delaware), donde nació hace 77 años. El resultado ha
convertido, además, a Kamala Harris en la primera mujer en ocupar la
vicepresidencia en la historia del país. “Seré la primera, pero no seré
la última”, ha advertido Harris. La oficina de Donald Trump ha emitido
un comunicado en el que anuncia que, a partir del lunes, iniciará
acciones judiciales para asegurar que se proclame al “verdadero
ganador”. El resultado se ha definido voto a voto, con diferencias de
unos pocos miles a favor del demócrata en Estados clave. El mapa se tiñó
de azul en territorios que el voto presencial había dado en principio
al republicano. La clave estuvo en las papeletas por correo, que este
año fueron récord debido a las restricciones de movimiento por la
pandemia. Esos votos demorados fueron en su mayor parte a Biden y
terminaron por inclinar la balanza. Trump ha acusado desde el inicio del
escrutinio sin pruebas a Biden de intentar “robar” las elecciones con
los que consideró “votos ilegales”. La consagración definitiva de Biden
llegó con el resultado en Pensilvania, que otorga 20 electores.
El presentador se
prepara para una nueva etapa profesional tras ‘Pasapalabra’ como
productor teatral de una obra sobre Chaplin mientras ultima otro
proyecto televisivo con Mediaset.
El presentador Christian Gálvez, en el acto 'Juntos brillamos más' de Ferrero Rocher en Madrid el miércoles.SERENDIPIA91 / Gregorio González /
Se ha cumplido un año desde que presentó su último programa de Pasapalabra, el concurso estrella de Mediaset que se despedía de la cadena de Paolo Vasile tras perder los derechos del formato por impago. Ahora se emite en Atresmedia y lo conduce Roberto Leal, pero Christian Gálvez (Madrid, 1980)
seguirá siendo para muchos espectadores la cara del programa. Razón no
les falta a aquellos que piensan que ha sido su gran escaparate para el
público, pues 11 años y 3.292 programas al frente del concurso famoso
por su rosco final y sus premios millonarios lo han convertido en uno de
los presentadores más longevos de un formato televisivo, amén de Jordi
Hurtado en Saber y Ganar.
Doce
meses después, Gálvez mira todo con perspectiva y también con mucho
cariño. Ha sido uno de los proyectos que más alegrías le ha dado, entre
ellas haber conocido a su esposa, la exgimnasta Almudena Cid, con quien
el pasado agosto cumplió diez años de matrimonio.
Reconoce que no sigue el programa, “ni ese ni ningún otro, porque
apenas veo la televisión”, pero no duda de que su nuevo conductor lo
haga bien porque “es un crack”, dice de Leal, a quien no conoce en persona pero con quien se mensajeó deseándole suerte en su primer día.
La noticia del fin del programa supuso para Christian Gálvez un gran
varapalo, pero no le impidió dormir por las noches. Que el consejero
delegado de Mediaset quisiera seguir apostando por él y buscaran juntos
un nuevo proyecto ayudó. También saber gestionar los problemas, algo que
Gálvez aprendió hace unos años gracias al psicólogo. Cuando le desbordó
el éxito tras sus primeras investigaciones sobre Leonardo Da Vinci comenzó a ir a terapia y las sesiones se intensificaron cuando llegaron las críticas. “Mi
progreso en la tele ha sido paulatino, en cambio con el caso de
Leonardo me vi de pronto dando conferencias en París o en California. Al
ser un éxito inesperado, ver que tanta gente me seguía fuera del
entorno audiovisual me impactó. Y eso fue a más al ver que había gente
que criticaba todo lo que hacía solo porque trabajaba en televisión.
Afortunadamente se puede decir cada vez con más libertad que uno puede
ir al psicólogo para tratar sus historias”, explica a EL PAÍS respecto a
la polémica que suscitó cuando en 2018 ejerció como comisario de una
exposición sobre Leonardo da Vinci y el Comité Español de Historia del
Arte le acusó de intrusismo laboral y poca rigurosidad.
Se ha cumplido un año desde que presentó su último programa de Pasapalabra, el concurso estrella de Mediaset que se despedía de la cadena de Paolo Vasile tras perder los derechos del formato por impago. Ahora se emite en Atresmedia y lo conduce Roberto Leal, pero Christian Gálvez (Madrid, 1980)
seguirá siendo para muchos espectadores la cara del programa. Razón no
les falta a aquellos que piensan que ha sido su gran escaparate para el
público, pues 11 años y 3.292 programas al frente del concurso famoso
por su rosco final y sus premios millonarios lo han convertido en uno de
los presentadores más longevos de un formato televisivo, amén de Jordi
Hurtado en Saber y Ganar.
Doce
meses después, Gálvez mira todo con perspectiva y también con mucho
cariño. Ha sido uno de los proyectos que más alegrías le ha dado, entre
ellas haber conocido a su esposa, la exgimnasta Almudena Cid, con quien
el pasado agosto cumplió diez años de matrimonio.
Reconoce que no sigue el programa, “ni ese ni ningún otro, porque
apenas veo la televisión”, pero no duda de que su nuevo conductor lo
haga bien porque “es un crack”, dice de Leal, a quien no conoce en persona pero con quien se mensajeó deseándole suerte en su primer día.
Lo cuenta sin avergonzarse y sin borrar su eterna sonrisa
después de haber vuelto a un plató de televisión para la presentación de
las candidaturas a mejor pueblo anfitrión de España que cada año
organizan los bombones Ferrero Rocher y que en esta ocasión cuenta con
la participación de cuatro embajadores, entre ellos el propio Gálvez. Él
representa a Manzanares el Real,
el municipio madrileño del que destaca “su patrimonio artístico y
natural, su pasión por las tradiciones y su pasado de cine”, en alusión a
las películas que allí se rodaron. El cinéfilo que Christian Gálvez
lleva dentro se lo debe a sus padres, quienes le inculcaron su amor por
la gran pantalla. Uno de sus próximos proyectos se centra precisamente
en la historia de un actor legendario: Charlie Chaplin.
El presentador se ha embarcado en una producción teatral sobre la vida y
obra de Chaplin, para el que cuenta con el beneplácito de la familia
del actor. Según confirma ahora, una “gran compañía” se ha interesado y
espera que el resultado se vea a finales de 2021 o principios de 2022.
No
es lo único que tiene entre manos. El que sigue siendo considerado una
de las caras estrella de Mediaset prepara para la cadena un nuevo
programa del que aún no puede confirmar la temática ni la fecha de
estreno. Solo adelanta que será un formato diferente en el que además de
entretener también enseñará cultura, por eso Gálvez cambiará el plató
por distintas localizaciones, “siempre que las condiciones
climatológicas y la pandemia lo permitan”, revela.
La
noticia del fin del programa supuso para Christian Gálvez un gran
varapalo, pero no le impidió dormir por las noches. Que el consejero
delegado de Mediaset quisiera seguir apostando por él y buscaran juntos
un nuevo proyecto ayudó. También saber gestionar los problemas, algo que
Gálvez aprendió hace unos años gracias al psicólogo. Cuando le desbordó
el éxito tras sus primeras investigaciones sobre Leonardo Da Vinci comenzó a ir a terapia y las sesiones se intensificaron cuando llegaron las críticas. “Mi
progreso en la tele ha sido paulatino, en cambio con el caso de
Leonardo me vi de pronto dando conferencias en París o en California. Al
ser un éxito inesperado, ver que tanta gente me seguía fuera del
entorno audiovisual me impactó. Y eso fue a más al ver que había gente
que criticaba todo lo que hacía solo porque trabajaba en televisión.
Afortunadamente se puede decir cada vez con más libertad que uno puede
ir al psicólogo para tratar sus historias”, explica a EL PAÍS respecto a
la polémica que suscitó cuando en 2018 ejerció como comisario de una
exposición sobre Leonardo da Vinci y el Comité Español de Historia del
Arte le acusó de intrusismo laboral y poca rigurosidad.
Christian
Gálvez, en la presentación de las candidaturas a mejor pueblo anfitrión
de España organizada por Ferrero Rocher el miércoles en Madrid.SERENDIPIA91 / Gregorio González
A nuestro alrededor hay
muchas cosas que no vemos pero que intuimos o sentimos de otras formas
diferentes a la vista. En el universo pasa igual, pero a gran escala.
Una aurora boreal en el cielo de Noruega. Deniz / Unsplash
La materia oscura existe sí o sí. Otra cosa es el exotismo de la materia oscura. La composición de nuestro universo, según el modelo más aceptado
por los científicos, requiere que más del 80% de la materia, es decir,
de todo aquello que tiene masa y ocupa un volumen, tiene que ser de
naturaleza diferente a la que conocemos. Sin embargo, los astrofísicos y
los físicos de partículas llevamos años intentando detectar
directamente esta materia exótica sin mucho éxito,
por lo que su existencia está empezando a ser puesta en duda. Para
defender la afirmación con la que abrimos este artículo hay que empezar
por explicar qué entendemos por materia oscura.
No
es exactamente lo que hoy tenemos en mente los astrofísicos cuando
hablamos de materia oscura, pero sí es la definición más básica: todo lo
que no vemos es materia oscura. ¿Por qué no vemos algo? Según la RAE, porque carece de luz o claridad.
Lo primero: ¿qué es ver? Y para explicar la visión hay que
ir a algo más básico, un concepto de los que más gustan a los físicos y
especialmente a los astrofísicos: la interacción de la luz con la
materia. Y seguimos diseccionando el tema: ¿qué es la luz? El
comportamiento de la luz se puede estudiar considerando que es un
conjunto de partículas, los llamados fotones, viajando a 300.000 kilómetros por segundo,
o es un campo eléctrico y magnético (electromagnético) que varía en el
tiempo periódicamente y se transmite por el espacio a la citada
velocidad.
Para explicar la interacción de la materia con la luz quizás
lo mejor es considerar esta como fotones.
La propiedad básica de un
fotón es su energía, que no depende de otra cosa nada más que de su
frecuencia, que sería la velocidad a la que varía el campo
electromagnético. También se suele hablar de fotones de una determinada
longitud de onda, relacionada con la frecuencia y que podríamos
considerar como una distancia característica de variación de la onda
electromagnética.Podemos
ver una cosa con nuestros ojos básicamente porque esa cosa emite
fotones o porque refleja los creados por otra cosa. La materia también
puede desviar fotones ligeramente sin llegar a reflejarlos como un
espejo, o puede absorberlos y hacerlos desaparecer. ¿Qué cosas emiten
fotones? Pues una bombilla, el Sol, las estrellas, la Tierra misma, o
Marte, tan bonito en estos días
que es visible durante toda la noche, emiten fotones, ¡y nosotros!,
todos emitimos fotones, ¡pero no los que vemos con nuestros ojos! La luz
que vemos de los planetas y de otras personas o cosas en la Tierra son
fotones reflejados, creados por el Sol o la iluminación artificial.
Aquí
está la otra parte del fenómeno de la visión: los fotones que nos
vienen de las cosas nosotros los detectamos con nuestra retina, que es
un detector de luz natural, análogo, aunque muchísimo peor, que los
detectores de luz de nuestras cámaras fotográficas
La retina es peor, entre otras cosas, porque solo es sensible a fotones
con energías específicas, los correspondientes a lo que se denomina
rango óptico. Nuestra retina es un detector de ondas de campo
electromagnético que varía del orden de 400 a 750 billones de veces por
segundo (o 400-750 terahercios). Si nos llega un campo electromagnético
que varía más rápido o más despacio, nuestro nervio óptico ni se entera
(salvo que podemos quemar los receptores). Si nos llega muy poca luz
tampoco nos enteramos, porque en realidad la retina solo detecta del
orden de dos de cada 100 fotones ópticos que recibe. Solo esos producen
una reacción química que se convierte en corriente eléctrica y que
provoca nuestra percepción visual.