Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

15 abr 2020

Otros tiempos, otra pandemia: las dos muertes de Albert Delègue, el gran ‘top model’ de los noventa

Otros tiempos, otra pandemia: las dos muertes de Albert Delègue, el gran ‘top model’ de los noventa.

Un 14 de abril de 1995, hace 25 años, fallecía uno de los modelos más célebres de su tiempo. 

La familia dijo que había sido un accidente de esquí.

 El mundo solo tardó una semana en conocer la verdad.

Albert Delègue se hizo popular gracias a la campaña de perfumes Armani, que protagonizó entre 1991 y 1995 y por la que se embolsó 760.000 euros.
Albert Delègue se hizo popular gracias a la campaña de perfumes Armani, que protagonizó entre 1991 y 1995 y por la que se embolsó 760.000 euros.
 
 
Hace veinticinco años murió uno de los hombres más bellos del mundo. 
Lo de su belleza es un dato más o menos objetivo: de hecho era tan bello que vivía de ser bello hasta que dejó de hacerlo (de vivir, se entiende).
 Se llamaba Albert Delègue. Y es importante recordar su nombre, como es importante recordar el motivo de su muerte, que fue la pandemia del sida.

Tantos siglos de arte y literatura para convencernos de que la muerte nos llega a todos por igual, y sin embargo la realidad se obstina en negarlo.
 Que nos llega a todos no vamos a discutirlo a estas alturas: es lo de por igual lo que chirría.
 Ni todas las muertes son iguales, ni lo son todas las pandemias. Tomemos por ejemplo esta que aún nos tiene sometidos: nunca una enfermedad había promovido tanto la exposición mediática como el COVID-19, y eso que estamos todos guardados en nuestras casas bajo siete llaves (para el ahí afuera de Instagram aún no hay restricción que valga). 
En el extremo opuesto, hay otra plaga que sigue perfectamente operativa sin que emerja el mismo deseo de airear su impacto individual.
 Pero es un impacto elevado, si consideramos que en todo el mundo hay unas cuarenta millones de personas viviendo con el VIH. 
Y, por mucho que afortunadamente hayan quedado atrás sus días de apogeo, el sida sigue matando unas 770.000 personas al año, según datos de ONUSIDA (Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida).
Albert Delègue (1963-1995) nació en Rambouillet, a unos 42 kilómetros de Paris, en una familia de clase media acomodada: madre ceramista, padre médico, dos hermanas mayores.
 Pero su infancia y juventud transcurrieron en el pueblecito pirenaico de Mérilheu, donde trabajó durante varios años como instructor de esquí.
 Muy deportista, disfrutaba por igual descendiendo por las pendientes de la estación de La Mongie que de deslizándose por los meandros del río Adur.
Su gran oportunidad se manifestó en París en 1989. 
Allí le echó el ojo Olivier Bertrand, director de la prestigiosa agencia de modelos Success.
 Los había presentado uno de los becarios de la agencia, que casualmente pertenecía al grupo de amigos de Delègue, y su apostura no le pasó desapercibida al avezado booker.
 “Me di cuenta de inmediato de que se convertiría en un top model”, declararía Bertrand a la revista OK Podium
“Dos días después de que lo ficháramos, ya conseguía un contrato muy importante”.
 Un spot para Parfums Bourgeois lo situaba en el mapa del modelaje a la edad de veintiséis años.
 Podría decirse por ello que Albert Delègue se presentaba a la carrera algo tarde, pero por otros motivos afirmaríamos que lo hacía en el momento justo. 
Porque su irrupción coincidía con los inicios de un fenómeno hasta entonces inédito y que apenas duraría una década: la profesión de maniquí jamás ha gozado de tanta divulgación y prestigio social como en aquellos años dorados, ni volvería a hacerlo.
 Por supuesto, y con gran diferencia, eran las mujeres las que en este asunto se llevaban la parte del león.
 Pero también hubo un pequeño grupo de supermodelos masculinos que se beneficiaron del boom: hoy solo a los más fanáticos les sonarán los nombres de Michael Bergin, Cameron Alborzian, Marcus Schenkenberg o Greg Hansen; con más nitidez recordamos a Mark Vanderloo.
 Junto a su amigo Alain Gossouin, Delègue formó parte de una avanzadilla de este advenimiento fashion desde las filas de Success.
En aquellas filas precisamente lo conoció un español que hoy está al frente de otra importante agencia, y que prefiere que no se cite su nombre.
 A principios de los noventa, con apenas veinte años, también él comenzaba una carrera como modelo que lo llevó de Madrid a París.
 Y una vez allí fue Delègue quien le abrió las puertas de Success. Literalmente, queremos decir: “En cuanto llegué a la ciudad, me presenté en la agencia y llamé a la puerta. Pues bien, fue Albert quien abrió. Incluso me ayudó con la maleta.
 Él aún no era tan conocido, pero nada más verlo alucinabas por lo guapísimo que era, además de tan educado.
 No muy alto, eso sí”.
“Señora, los hombres que hacen eso son unos cobardes”, dijo un colaborador televisivo sentado al lado de Albert Delègue, “y a veces maricones”. El público lo jalea mientras plano brevísimo muestra a Delègue sonriendo con cierta desazón
Poco importaba la estatura, ya que su fuerte no fueron las pasarelas sino la publicidad. 
Durante la primera mitad de la década, el rostro de Albert sirvió como reclamo para marcas como Calvin Klein, Valentino, Sonia Rykiel, Kenzo, Versace o la tan de aquella época Chevignon. 
Pero sobre todo fue requerido como imagen de los perfumes de Armani, un desempeño por el que entre 1991 y 1995 acumuló cinco millones de francos (al cambio, unos 760.000 euros).
 La suma, desde luego muy respetable, quedaba lejos de los honorarios de una Christy Turlington (que había firmado con Maybelline por una cantidad similar cada año) o una Claudia Schiffer (que solo en 1995 ganaba unos once millones de euros).

 

Pero el contrato lo hizo figurar poco menos que en toda revista vagamente aspiracional que en el mundo se imprimió durante aquel lustro, carteles y vallas publicitarias aparte.
 Y, cabe pensar que por lo armónico de unos rasgos que evocaban cierto clasicismo paneuropeo, estas fotos publicitarias fueron de inmediato reapropiadas para ilustrar incontables carpetas de colegiales/as.
 En fin, aquel era un mundo anterior al de la sobreabundancia de imaginería digital en el que ahora vivimos.
Las cosas eran, en efecto, muy distintas en aquel mundo de ayer que por tiempo no queda tan lejos del de hoy.
 Ofreceremos una prueba de ello, ya que incorpora a nuestro protagonista.
 En 1993, dos años antes de su muerte, Delègue acude a un programa del canal televisivo TF1 llamado Coucou c'est nous!, especie de antepasado galo de El hormiguero donde suceden todo tipo de cosas a un ritmo vertiginoso y sin que al invitado se le conceda un papel más relevante que el de simple coartada.
 Una de esas cosas que suceden consiste en un adivino mezcla de Carlos Jesús y druida Panorámix que aconseja a los oyentes sobre sus cuitas amorosas. 
A una mujer que se huele lo peor porque su última pareja hace tiempo que no le contesta al teléfono, el vidente le confirma que acaban de abandonarla. 
Interviene entonces el presentador, de nombre Christophe Dechevanne:  El público lo jalea. “Así que no se pierde usted nada”. 
Más jaleos del público. 
Un plano brevísimo muestra a Delègue sonriendo con toda su profesionalidad de top model internacional, y solo desde la perspectiva que nos da el mundo de hoy notaríamos que por esa sonrisa se filtra cierta desazón.
Albert Delègue en una campaña de Scapa que se hizo popular a comienzos de los noventa.
Albert Delègue en una campaña de Scapa que se hizo popular a comienzos de los noventa. Scapa
Delègue murió en Toulouse el 14 de abril de 1995, y la familia no tardó en informar de la causa: un accidente de moto acuática sucedido el anterior verano. 
Hubo que esperar hasta cinco días para que el diario L’Humanité publicara una breve nota informativa que rezaba: “El top model Albert Delègue ha fallecido de sida en el hospital Purpan de Toulouse, a la edad de 32 años”. 
El número de mayo de la revista gay Idol repetía la información, especificando que la verdadera causa del fallecimiento había sido una encefalitis consecuencia del VIH.
 EL PAÍS, en España, publicó la noticia el 23 de abril: "Albert Delègue (32 años), un modelo publicitario conocido por sus facciones angulosas, sus ojos claros y su sonrisa distante, falleció el viernes 14 de abril en Toulouse, Francia, víctima de una encefalitis desarrollada a consecuencia del virus del sida".
Sin embargo, se eliminó una intervención de Alain Gossuin en el programa televisivo Tout est possible que confirmaba la versión de la prensa. 
De nuevo, se apunta a la familia como responsable de la censura. “Ellos querían silenciar los verdaderos motivos de la muerte”, declararía en 2010 a la revista Playboy el colega de profesión y amigo de Delègue. 
“Pero yo pensé que mi intervención pondría de relieve una plaga que había alcanzado un alcance preocupante”.
Y no se equivocaba Gossuin. 
Ni respecto a la magnitud de la tragedia, ni respecto a lo acertado de sus intenciones.
 Si algo tenemos que agradecer a quienes han hablado públicamente de la pandemia durante estas larguísimas cuatro décadas que lleva acompañándonos es su contribución a que entendamos que el sida es un problema global, y que como tal a todos nos afecta.
 En realidad lo entendemos, y sin embargo ahí sigue el estigma, casi tan presente como el primer día. 
Los infectados pueden hablar de ello: ya lo hacen cuando les dejan, y lo harían aún más si el estigma no fuera aún una realidad, precisamente.
Pero cuando Delègue murió, no solo su familia trató de ocultar las causas: se dice que Karl Lagerfeld, amigo suyo, intentó comprar todos los ejemplares del número de Paris Match donde aparecía el obituario con el fin de preservar su intimidad.
 La historia cojea por la pata de la verosimilitud, pero si fuera cierta tampoco habría nada que reprocharle al káiser. 
Entre las motivaciones de todo lo que piensa y hace el ser humano siempre estarán presentes el clima social y el instinto de proteger a sus seres queridos.
Pero desde 1995 hemos aprendido muchas cosas, y una de ellas es que hay que seguir hablando de las epidemias, de todas las epidemias, y hay que seguir rememorando a las víctimas con sus nombres y apellidos.
 Hoy, rememorando justamente a una de esas víctimas, de nombre Albert Delègue, nos viene a la cabeza la frase de Platón que afirma (y perdonen por el símil bélico): 
“Solo los muertos han visto el final de la guerra”.


 

Retrato del escritor como un amigo....................... Juan Cruz

Richard Ford y Natalia Ginzburg firmaron sendos textos que se dan la mano, dos semblanzas excepcionales de dos grandes escritores del siglo XX: Raymond Carver y Cesare Pavese.

El escritor estadounidense Richard Ford, en una imagen de 2008.
El escritor estadounidense Richard Ford, en una imagen de 2008.

Es la lectura que sigue la que explica por qué aquel hombre, solitario, sobrio, modesto, generoso, desinteresado, trazó una línea en el suelo de su pueblo hasta el lugar, un hotel, en el que “quiso morir como un forastero”.

 Imaginó su muerte, la describió incluso.

Leer ahora ese texto de Natalia Ginzburg es como dar un abrazo a todos esos amigos a los que hemos perdido por el camino y en los que vimos, quizá, el aire que dejó tras de sí aquel hombre descrito por su amiga desde el herido silencio de la desgracia. El buen Cesare.

 

14 abr 2020

Joaquín Sabina; “Desde que salí del hospital estoy realmente incomunicado”

El cantante ha hablado con el periodista Jordi Évole desde su casa de Madrid donde está confinado después de ser operado de un hematoma craneal.

El cantante Joaquín Sabina.
El cantante Joaquín Sabina.PABLO PORCIUNCULA / AFP

 

Una entrevista para el programa de Jordi Évole, que se emitirá el próximo domingo 19 de abril, ha proporcionado las primeras declaraciones de Joaquín Sabina tras la aparatosa caída del escenario del WiZink Center de Madrid el pasado 12 de febrero.
 El cantautor, que tuvo que ser operado de un hematoma craneal a consecuencia del accidente, explica:
 “Desde que salí del hospital no he hablado con nadie realmente, excepto en alguna ocasión que vinieron mis hijas, pero una vez solo, estoy realmente incomunicado”, le aseguró al periodista que ha realizado un adelanto de lo que será su programa.
Sabina aparece en las imágenes con el brazo izquierdo en cabestrillo y da algún detalle más sobre su amigo Joan Manuel Serrat, quien le acompañaba en el concierto el día que un descuido al borde del escenario en el que estaban actuando, le hizo deslumbrarse con los focos y caer desde unos dos metros de altura. Ocurrió precisamente el mismo día en el que cumplía 71 años y Serrat ha sido uno de los pocos con los que también ha hablado en este tiempo.
 “Sí, he hablado un par de veces con él y además estuvo aquí, es de las pocas personas que han venido”, ha desvelado Sabina.
La charla se grabó el día de Jueves Santo, una fecha que hizo que Joaquín Sabina tuviera un emocionado recuerdo para sus familiares más queridos.
 “Toda mi educación, hasta que me largué a Inglaterra, fue muy ‘semanasantera’.
 Mi padre, mi hermano, los hijos... toda la familia salía en una procesión que debía salir mañana y quiero mandarles un abrazo grande, porque deben estar pasándolo muy mal sin Semana Santa”, comentó.
 “Que sepan todos mis parientes de Úbeda y mis amigos que hoy, Jueves Santo, los llevo en el corazón”, dijo emocionado.
 
El cantante no ha olvidado enviar un mensaje sobre las precauciones a tomar en esta crisis a causa del coronavirus para evitar los contagios.
 “Que no salga la gente de su casa, que parece que es lo único que está funcionando”, le dijo a Évole.
Joaquín Sabina abandonó el 23 de febrero el Hospital Ruber Internacional de Madrid, donde ingresó a causa de un traumatismo en el hombro izquierdo y en el tórax, además de un pequeño coágulo craneoencefálico del que fue operado con éxito.
 Pero no fue hasta el domingo 5 de abril cuando se le pudo ver por primera vez
. Ocurrió en el balcón de su casa, situada en la madrileña plaza de Tirso de Molina, donde como otros muchos españoles salió a aplaudir a los sanitarios que luchan en estos días contra el coronavirus.
 Con el brazo en cabestrillo y la parte de arriba del pijama, dio palmas como pudo.
 Junto a él estaba su pareja, Jimena Coronado, que es quien le acompaña en su confinamiento.

Tom Hanks reaparece tras superar el coronavirus

El actor, recuperado del Covid-19 un mes después de su diagnóstico, ha presentado desde su casa un episodio del programa de humor ‘Saturday Night Live’.

Tom Hanks, en 'Saturday Night Live'
Tom Hanks, en 'Saturday Night Live'SNL

 

Después de sus días de aislamiento por el coronavirus, Tom Hanks ha vuelto a la pantalla.
 En este caso, a la pequeña.
 El actor ha presentado un episodio especial del programa Saturday Night Life desde su propia casa, donde ha dejado ver que se encuentra bien tras pasar el virus y que ha recuperado el tono y el sentido del humor.
Hanks ha aparecido en medio de la cocina de su casa, vestido con traje oscuro y corbata marrón y con el pelo cortado al cero. 
“Soy yo, vuestro viejo amigo. No os asustéis, esta cabeza rapada era para una película.
 Ahora ya me está creciendo el pelo muy despacio”, explica, en referencia a un proyecto sobre Elvis Presley que estaba empezando a hacer en Australia junto al director Baz Luhrmann (Moulin Rouge, El gran Gatsby).
“Es genial estár aquí, aunque es muy raro estar aquí”, dice Hanks. “Presentar Saturday Night Live (SNL) desde casa.
 Son tiempos raros para intentarlo, para ser gracioso, pero intentar ser gracioso en SNL ya son palabras mayores. 
Así que pensamos, ¡qué leches! ¡Vamos a intentarlo!”, relata en su arranque, en un monólogo de casi cuatro minutos y medio.
 Él mismo explica que se trata de un programa “un poquito diferente” a los habituales.
 “Primero porque está rodado por todo el equipo en cuarentena en sus casas. 
Y después porque ya no hay sábados”, dice en referencia a la traducción del término saturday.
 “Es raro no ver grandes platós y trajes, sí, pero os haremos reír", prometía.
 De hecho, cumplía su palabra y jugaba a disfrazarse de Picasso o de vaquero mediante sombreros, gorras o efectos como un bigote pintado.
“¿Pero por qué yo como presentador?”, pregunta y se pregunta el actor de Naúfrago o Forrest Gump
“Bueno, para empezar porque he sido el canario en la mina en esto del coronavirus y, desde que me diagnosticaron, he sido más que nunca como el papá de América, porque nadie quiere estar demasiado tiempo conmigo y hago sentir incómoda a la gente”.
Cuenta Hanks en su intervención que fue diagnosticado de la enfermedad que asola el mundo en Australia, en marzo. 
“La gente de Australia es fantástica, del todo, pero usan grados Celsius en vez de Fahrenheit cuando te toman la temperatura. Así que vienen y te dicen ‘Tienes 36’, y a mí me parecía horrible, pero resulta que 36 está bien y 38 está mal.
 Y es así básicamente como Hollywood trata a sus actrices”.
Además, el actor habla acerca de cómo pasó la cuarentena con su esposa, Rita Wilson, y afirma que ahora los dos lo están llevando “muy bien”. 
“Estamos instalados, cómodos, como todos tendríamos que estarlo. De hecho, este traje es lo primero que llevo más allá de un chándal desde el 11 de marzo. 
Mi mujer me ha tenido que ayudar a ponérmelo”.
Fue la madrugada de ese 11 de marzo, hace algo más de un mes, cuando Hanks y Wilson, ambos de 64 años, anunciaron en sus redes sociales que habían dado positivo en el test del coronavirus. 
 "Nos sentíamos un poco cansados, como si estuviéramos resfriados, y teníamos dolores musculares. 
Rita tenía escalofríos que iban y venían. También algo de fiebre. Para hacer las cosas bien, como necesitamos ahora mismo, nos hicimos la prueba del coronavirus, y hemos dado positivo”, contaron. 
Se lo tomaron con humor y naturalidad y se convirtieron en los primeros rostros visibles entre los famosos en pasar la enfermedad y también en superarla y dar cuenta de su feliz alta médica.