La
exmodelo holandesa y madre de cinco hijos del cantante, da detalles de
su matrimonio, habla de la buena salud del artista y confirma que él
está escribiendo su autobiografía.
Julio Iglesias y Miranda Rijnsburger, en Marbella, en 2008.GtresonlineEn los cinco partos de Miranda Rijnsburger, Julio Iglesias
rezaba para que todo fuera bien y contaba los dedos de las manos y los
pies de sus hijos, asegurándose de que no les faltara ninguno. Es uno de
los detalles que desvela la propia Rijnsburger en una entrevista con Vanity Fair
este mes de diciembre, en la que se ha abierto más que nunca para
hablar de su matrimonio y sus casi 30 años al lado del artista español
afincado en Miami.
Nacida
en Holanda, Rijnsburger, de 54 años, es la mayor de dos hermanas que se
criaron en una casa flotante de Leimuiden, una localidad de 4.000
habitantes a unos 40 minutos en coche al sur de Ámsterdam. Allí estudió
primaria y cuando comenzó la secundaria, Miranda y su hermana, tres años
menor que ella, tenían que hacer 11 kilómetros en bicicleta para
asistir a clase. Cuando acabó el bachillerato, se matriculó en un curso
de secretariado ejecutivo y comenzó a trabajar en una compañía de
ordenadores y en otra relacionada con la moda, pero un accidente a los
19 años cambió sus planes. “Fui a esquiar por primera y última vez en mi
vida. El primer día tomé una clase, y al siguiente, me animé y subí a
una pista negra. Hacía mal tiempo y la pista estaba helada. Cuando salté
sin querer por un pequeño desnivel, me caí. Sentí un dolor horrible en
la espalda. Me fracturé una vértebra y también la nariz. Hubo mucha
sangre”, cuenta a la revista. La joven fue trasladada de inmediato al
hospital, donde estuvo ingresada durante un tiempo. “Con rehabilitación,
a los seis meses pude hacer vida normal. Tuve suerte”, agradece.
Un accidente que paradójicamente ya le unió al que unos años
después se convertiría en su marido. Julio Iglesias también tenía 19
años cuando el coche en el que viajaba se salió de la calzada en
Majadahonda (Madrid) cuando volvía de una fiesta en 1962. El impacto
casi lo deja paralítico y truncó su carrera como portero en el Real
Madrid, aunque supuso, en cambio, el comienzo de su trayectoria como
artista. 57 años después, el cantante sigue arrastrando algunas
secuelas, como los problemas de espalda que le han obligado a cantar sentado
en muchos conciertos de los últimos años y que han disparado las
alarmas por su estado de salud. Miranda llama a la calma y asegura que
está más en forma que nunca. “No hay ninguna preocupación por su salud. Hace deporte, se cuida mucho y está lleno de energía. Nunca se aburre
porque siempre está activo y es disciplinado”, detalla.
Julio Iglesias y Miranda Rijnsburger junto a sus hijas gemelas Victoria y Cristina, en 2003.gtresonline
Miranda conoció a Julio en un aeropuerto de Yakarta una mañana de
diciembre de 1990.
La holandesa se encontraba en la capital de Indonesia
para trabajar de modelo, una profesión a la que había llegado de
casualidad unos meses antes.
Ese mismo año había fallecido su padre, un
operador de grúas, a causa de un tumor cerebral a los 48 años.
Le afectó
tanto que decidió tomarse unas semanas de vacaciones de su empresa de
captación de personal en Rotterdam y se fue a la isla de Santa Lucía, en
el Caribe.
Allí un fotógrafo canadiense la convenció para que posase en
ropa de baño.
Tenía 24 años y aceptó, y desde entonces no cesaron las
ofertas. Estando en el aeropuerto de Yakarta un alboroto lejano llamó su
atención.
Era Julio Iglesias con su séquito. “Lo vi rodeado de mujeres y
pensé que alguna de ellas era su esposa.
Se acercó y me propuso que
fuese a verlo cantar esa noche. Me lo pensé y finalmente accedí”,
rememora.
Tras la actuación, el cantante le propuso que lo acompañara en su
gira por Kuala Lumpur, Singapur y Tokio, y volvió a aceptar. Él tenía 47
y ella 25.
Rijnsburger e Iglesias, durante unas vacaciones en Punta Cana, en 2006.gtresonline
Cuando volvió a Holanda por Navidad, las llamadas de Julio Iglesias
eran constantes.
“Me invitó al concierto de Año Nuevo que daba en Las
Vegas y, poco a poco, fue surgiendo todo.
La rapidez con la que se inició todo no molestó en su casa —su madre
era una admiradora del cantante español— y Miranda cuenta que la acogida
por parte de Enrique, Julio José y Chábeli, los hijos que Julio
Iglesias tuvo con Isabel Preysler, también fue positiva.
“Tengo una relación buena con ellos. Y me encanta que también la tengan nuestros hijos con sus hermanos”, admite.
Hace un par de semanas Enrique Iglesias actuó en Madrid, después de
varios años sin venir a España. El hijo de Julio Iglesias e Isabel
Preysler estuvo acompañado de su madre y la pareja de esta, el escritor
Mario Vargas Llosa, sus hermanas Tamara Falcó y Ana Boyer, y también
asistieron Victoria y Cristina, las hijas gemelas de Miranda y Julio. Ellas han alcanzado la mayoría de edad este año y, tras su primer
contacto con la alta sociedad cuando fueron invitadas a la gala del MET el pasado mayo, a comienzos de diciembre participaron en el clásico y exclusivo baile de debutantes de París. Las dos están instaladas en Nueva York y, siguiendo los pasos de su
padre, quieren labrarse una carrera en el mundo de la moda.
Victoria y Cristina Iglesias (derecha), en una imagen de su cuenta de Instagram.
“Nos encantaría protagonizar campañas para marcas, pero tenemos otras
ideas, como desarrollar aplicaciones móviles”, dice Cristina, la más
extrovertida de las dos, para Vanity Fair. “Quieren ser
emprendedoras”, apunta su madre. Las jóvenes son partidiarias de una
sistema educativo libre. Solo fueron al colegio de los 10 a los 14 años,
el resto del tiempo estudiaron en casa. No tienen novio y no les gusta salir de fiesta. Prefieren montar a caballo en la mansión que el matrimonio Iglesias
Rijnsburger posee en Ojén (Málaga) o en la finca de Connecticut que es
propiedad de Annete de la Renta, viuda del diseñador dominicano y amigo de la familia, Oscar de la Renta.
Las
gemelas Victoria y Cristina han sido las últimas en abandonar el hogar
familiar. El mayor, Miguel, de 21 años, el que guarda un mayor parecido
con Enrique Iglesias y sale desde hace unos años con la tenista Danielle Obolevitch, trabaja para la división inmobiliaria de Sotheby’s y se mudó hace tiempo de su casa. Rodrigo, de 20, está produciendo su propio disco de música indie
y se independizó hace tres años, con solo 17. Con Miranda y Julio ya
solo vive en su casa de Miami Guillermo, de 12 años, “un niño con mucho
talento para la música que ha aprendido a tocar el piano solo y también
la batería”, dice su madre a Vanity Fair.
Miranda Rijnsburger y su hijo Miguel con su novia Danielle Obolevitch, en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid, en julio.
gtresonline
El matrimonio vive la mayoría del año en su casa de Miami y, en
verano, al menos Miranda suele viajar a España con los niños,
instalándose en la finca de Ojén. El cantante los acompaña cuando puede. A sus 76 años dedica su tiempo a los conciertos, a recoger premios a su
trayectoria, a batallar en los tribunales contra Javier Santos, que
reclama ser su hijo —y la Justicia le ha dado la razón— y, desde hace unos meses, a preparar su autobiografía: “Julio tiene una memoria prodigiosa y ahora quiere contar sus vivencias”.
El
asistente personal del diseñador alemán revela detalles de los últimos
días del modisto, que falleció en febrero por un cáncer: "Nunca lo había
visto tan mal, tan preocupado".
Sébastien Jondeau y Karl Lagerfeld, en París, en octubre de 2015.Giancarlo GorassiniGTRESONLINE
Sebastien Jondeau, asistente personal del modisto alemán Karl Lagerfeld durante más de 20 años, ha hablado del que fue su jefe, que falleció el pasado 19 de febrero, a los 85 años. Diez meses después, el guardaespaldas del conocido como el kaiser
de la moda habla de lo duro que ha sido para él la desaparición de
Lagerfeld e incluso sus últimos años junto a él, pues Jondeau fue la
única persona —además de los médicos— que conocía que el diseñador
padecía cáncer: "Hasta el día de su muerte, ninguno de sus familiares lo
sabía". En una entrevista en la revista francesa Paris Match, Jondeau, de 44 años, explica que Lagerfeld no padecía cáncer de páncreas,
como se pensaba hasta ahora, sino que la enfermedad le afectaba a la
próstata. Fue en junio de 2015, estando maestro y alumno de vacaciones
en Saint-Tropez, en la Costa Azul, cuando el diseñador le advirtió a su persona de máxima confianza
que le costaba orinar. Jondeau no se lo pensó. Le acompañó al médico y
consiguió cita con dos expertos urólogos de París, que le ordenaron
hacerse una serie de pruebas. Algo que no gustó al modisto, que al
principio se resistió. "¡Ah, no! ¡No, enfermera!", recuerda el ayudante
que refería Lagerfeld cada vez que las especialistas le intentaban
realizar algún test. Sin embargo, tras conocer los resultados, el
diseñador se derrumbó. "Nunca lo había visto tan mal, tan preocupado",
admite Jondeau a la revista francesa. Para Jondeau, apoyar a Lagerfeld en sus momentos más
difíciles fue una experiencia bastante dura, más teniendo en cuenta que
el guardaespaldas era como "el hijo que le hubiera gustado tener en
algún momento de su vida". "Ya no dormía de noche. Era como una batalla
dentro de mí. Estábamos luchando para encontrar tratamientos. A veces
las noticias eran buenas, otras malas", cuenta. Cuando su gran amigo
empeoró y el pronóstico ya era fatla, Jondeau decidió instalarse tres
días en una habitación contigua a la del modisto. Sabía que era inevitable su destino,
pero reconoce que aguardó la esperanza hasta el último minuto de que
sobreviviera. Finalmente, Karl Lagerfeld falleció agarrado a la mano de
su compañero más leal.
La pérdida del diseñador supuso un duro golpe para
Jondeau. "Tengo ataques de ansiedad todas las tardes, cerca de las cinco
o seis de la tarde", reconoce. Sin duda, conocer al kaiser
marcó un antes y un después en su vida. Pasó de ser un simple
guardaespaldas que vivía en los suburbios de la capital francesa a ser
la persona más cercana al diseñador, al que califica de "hombre
extraordinario". "Él vivía solo. Fue su elección, pero a veces le
resultó difícil". Poco a poco se ganó su amistad y se hizo un hueco en
la industria de la moda. Hace seis años, empezó a ejercer como modelo
cuando los maniquíes profesionales no cumplían las expectativas del excéntrico y exigente Lagerfeld. Los medios de comunicación le denominaban El guapo y no era de extrañar que llegara a posar para alguna campaña de moda masculina masculina y a protagonizar un par de cortos para Chanel, firma para la que Lagerfeld diseñaba desde 1983. El año pasado estrenó su primera colección, Karl Lagerfeld Curated by Sebastien Jondeau, con el apoyo de la firma del influyente diseñador.
Sébastien Jondeau, en París, el pasado 12 de diciembre.Bertrand Rindoff PetroffGetty Images
Su vida profesional y personal junto a Lagerfeld fue "extraordinaria", pero también "una jaula de oro": "Durante veinte años, no me tomé vacaciones, ni cené como me hubiese
gustado con mis novias y amigos. [Lagerfeld] No tardaba ni dos horas en
mandarme un mensaje". Del diseñador dijo durante una entrevista a la revista Forbes en julio del 2018: "Karl es mi jefe, mi amigo y mi padre. He pasado más tiempo con él que
con mi familia. Tenemos una fuerte relación profesional y personal". A
lo que añadió el cambio que supuso para él conocer al modisto: "Me ha
abierto muchas puertas y nunca podré estar lo suficientemente
agradecido. Me ha ayudado a crecer, a ser mejor persona. (…) He tenido
acceso a cultura, a un nuevo nivel social, he aprendido a hablar con
gente sobre asuntos muy diferentes". Uno de los últimos proyectos de Jondeau ha sido junto Carine Roitfeld, exdirectora de la edición francesa de la revista Vogue, también amiga de Lagerfeld, al que le ha dedicado The White Shirt Project, una colección basada en a una de las piezas más emblemática del diseñador alemán: la camisa blanca. En este proyecto también han colaborado la modelo Kate Moss y las actrices Diane Kruger y Cara Delevigne, entre otras celebridades.
El marido
de la infanta Cristina va a unir el permiso a su salida de voluntariado
de cada martes y regresará a la cárcel de Brieva el sábado 28.
Iñaki Urdangarin, el pasado 12 de diciembre, en el Hogar Don Orione de Pozuelo de Alarcón (Madrid).Victor J BlancoGTRESONLINEIñaki Urdangarin pasará la Navidad en casa. El marido de la infanta Cristina, que solicitó su primer permiso carcelario
a finales de noviembre, finalmente saldrá de la prisión de Brieva
(Ávila) el 24 de diciembre, como han confirmado fuentes penitenciarias a
EL PAÍS. Como cada martes y jueves desde mediados de septiembre, el
martes 24 Urdangarin saldrá de la prisión para acudir al centro Don
Orione (Pozuelo de Alarcón, Madrid) para realizar tareas de voluntariado. Así, aprovechará la salida para arrancar sus cuatro días de permiso,
por lo que no tendrá que volver a dormir en la prisión hasta el sábado
28 de diciembre.
El jueves 28 de noviembre, el yerno del rey Juan Carlos cumplió el primer cuarto de su condena. Entonces llegaba el día 531 de los 2.125 (cinco años y diez meses) que tiene su condena. Por tanto, a partir de ese momento podía pedir
permisos para dormir fuera de prisión: hasta 36 días al año. Y eso hizo
al día siguiente. Él lo solicitó a la dirección del Centro
Penitenciario de Brieva, donde está recluido desde el 18 de junio de 2018,
y a principios de diciembre la Junta de Tratamiento se mostró
favorable, aunque él pidió salir durante siete días y le concedieron
cuatro. La decisión fue luego comunicada a la Fiscalía —que no se opuso—
y al juez de Vigilancia Penitenciaria 1 de Castilla y León, que
finalmente lo autorizó el 18 de diciembre. Si quisiera solicitar el tercer grado o semilibertad,
Urdangarin aún tendrá que esperar alrededor de mes y medio. Cada seis
meses las juntas de tratamiento de las prisiones revisan la
clasificación de los presos, y la de Urdangarin se revisó a finales de
julio, por lo que su caso volverá a verse a finales de enero. Además, es muy probable que, por motivos de seguridad, se le permita abandonar la prisión en vehículo. Algo que ya ocurre desde septiembre con sus salidas para el voluntariado.
Por tanto, lo más probable es que Iñaki Urdangarin se una a su familia y pase la Navidad en Vitoria. Su esposa, la infanta Cristina,se dejó ver en la ciudad alavesa en las fiestasjunto a la familia Urdangarin tanto
en 2017 —cuando la acompañó su hermana, Elena, y la hija de esta,
Victoria Federica— como en 2018. La Nochebuena pasada la infanta estuvo
en Madrid, en el palacio de la Zarzuela, junto a sus padres, los Reyes eméritos. Después, tanto a ella como a tres de sus cuatro hijos (Juan
Valentín, de 20 años; Pablo Nicolás, de 19; e Irene, de 14) se les vio
paseando por la ciudad y de compras junto a la madre de Urdangarin,
Claire Liebaert, y varios de sus primos. Una estampa que este año puede
repetirse con el propio Iñaki Urdangarin entre ellos; eso sí, en este
caso la opción de una cena en Zarzuela parece del todo descartada.
El
presentador se puso al frente de la final de Gran Hermano VIP y fue
recibido por una fuerte ovación del público en el plató: “No sabéis lo
que os he echado de menos”.
Jorge Javier Vázquez, en 'Gran Hermano VIP', en noviembre.gtresonline
Jorge Javier Vázquez ha cumplido su palabra y, después de ausentarse durante los últimos programas de Gran Hermano VIP porque el pasado 3 de diciembre tuvo que volver a pasar por quirófano tras el ictus que sufrió en marzo, ha acudido de nuevo a los platós de Telecinco. El presentador quiso ponerse al frente de la final de la séptima edición de GH VIP,
que para él ha sido muy especial como reconoció hace unos días. “Quiero
despedirme de una edición que para mí ha sido inolvidable por muchos
motivos”, dijo hace unos días en su blog personal que publica en Lecturas. Nada más comenzar el programa la noche del jueves, Jorge Javier Vázquez
era recibido con una fuerte ovación del público y colaboradores
presentes en el plató, que se puso de pie y le aplaudió durante unos
minutos.
“Muchas
gracias, muchísimas gracias por dejarme entrar en vuestras casas de
nuevo. No os imagináis lo que os he echado de menos”, agradecía el
presentador estrella de Mediaset, que ha reaparecido con muy buen
aspecto y ha recuperado su tono oscuro en el pelo, dejando atrás el
blanco platino que lució en los últimos programas antes de marcharse. El catalán, de 49 años, ha pasado los últimos días recuperándose de
su última intervención. El pasado 3 de diciembre volvió a pasar por
quirófano para sustituir uno de los stent que le habían colocado en la operación de urgencia a la que tuvo que someterse en marzo a causa de un ictus. La intervención fue un éxito, aunque como él mismo explicó a los pocos
días de salir del hospital, su paso por quirófano fue algo más complejo
de lo que inicialmente le dijeron los médicos. "Me tenían que colocar
solo un stent, pero me tuvieron que colocar uno más y ahora tengo cuatro en la cabeza", contó Vázquez en Lecturas, que explicó que le intervinieron a través de la ingle. Durante su recuperación, el presentador también ha revelado que el ictus le ha provocado una depresión
para la que ya se está medicando. Después de ser intervenido la primera
vez, Jorge Javier Vázquez atravesó una situación anímica complicada,
por lo que decidió acudir a la consulta de un psiquiatra y buscar ayuda. “Tengo ganas de que pase de una vez este año porque no me gusta
aprender a palos. Porque tengo ganas de chillar y rebelarme y no puedo
compartir con nadie este dolor tan hondo que me está invadiendo”,
escribió el también actor y productor en su blog de Lecturas antes de su última operación. Durante la ausencia de Vázquez, ha sido Carlos Sobera quien se ha puesto
al frente de GH VIP. Aunque Jorge Javier ha querido despedirse
personalmente de esta edición, su vuelta al plató no es definitiva. Ahora continuará con su recuperación mientras retoma también su
paulatino regreso a los escenarios, pues está trabajando en la obra de
teatro Desmontando a Séneca, que estrenará en marzo en Córdoba.