Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

30 nov 2019

Kate Middleton, trabajadora por dos días en una maternidad de Londres

Su estancia en el hospital de Kingston se suma al interés de la duquesa de Cambridge por causas como la salud infantil y la mental.

Kate Middleton
Kate Middleton, en Londres, el pasado 18 de noviembre.

"La duquesa de Cambridge, patrona de la Real Fundación del duque y la duquesa de Cambridge, ha completado hoy dos días [de trabajo] con la unidad de maternidad del hospital Kingston".
 Así de escueto ha sido el comunicado que ha publicado la Casa Real británica sobre las últimas actividades de Kate Middleton
Según varios medios británicos, la esposa de Guillermo de Inglaterra ha acudido a este centro sanitario al suroeste de Londres para conocer más de cerca su labor con los pacientes.
 Se trata de una de las unidades más prestigiosas de la capital británica, que en 2018 atendió casi 6.000 partos y que ofrece asistencia a aquellas mujeres que desean dar a luz en sus hogares.
A principios de noviembre, Middleton inauguró el hospicio de Nook, en Norwich, al sureste del Reino Unido, después de ayudar a recaudar 10 millones de libras para abrir el centro.
 Allí tuvo oportunidad de conocer a las familias que hacen uso de las instalaciones, como Stanley Harrold, un niño de tres años que padece el síndrome de Pallister-Killian, una enfermedad genética poco común, o a Isabella Alford, de diez, que sufre una enfermedad neurológica degenerativa. 
En la agenda de Middleton resultan habituales las actividades que giran en torno al bienestar de los más pequeños.
 En una ocasión, decidió cortarse la melena y acordó con su estilista Joey Wheeler donar el pelo sobrante —un mínimo de 20 centímetros— a una organización benéfica infantil que fabrica pelucas de pelo natural para niños con cáncer.
 Lo hizo bajo un nombre falso, pero la fundación Litlle Princess Trust hizo pública su identidad a través de su página web a principios de 2018. 
“Estamos muy agradecidos con todas las personas que amablemente nos apoyan de esta manera.

 Como la duquesa de Cambridge es tan conocida, esperamos que su gesto conmueva y aumente la conciencia de otras personas. 

Recibir una peluca de cabello real y gratuita tiene un impacto muy positivo en un niño o joven en un momento tan difícil”, aseguró Mónica Glass, gerente de la fundación.

Lo serio y lo divertido,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,, Boris Izaguirre

Lo serio y lo divertido.

José Bono presume de injerto, Tamara Falcó se gana al público y Antonio Banderas ha aprendido de Hollywood que lo divertido es algo muy serio.

 Antonio Banderas y su hija Stella del Carmen en los premios de la revista Vanity Fair, el pasado lunes.
Antonio Banderas y su hija Stella del Carmen en los premios de la revista Vanity Fair, el pasado lunes. GtresOnline

 

España es un país divertido y puedo asegurar que pocos países tienen esa suerte.
 Parte de esa diversión sucede porque es un país en el que continuamente pasan cosas, no todas igualmente divertidas pero que animan bastante. 
Y a veces hay incluso personas serias que dicen cosas divertidas como el exministro José Bono y que he leído esta semana: “Unas personas se maquillan, otras se ponen pendientes, pulseras… ¡Pues muy bien! 
Cada uno se pone lo que quiere: yo me puse pelo”. Es genial. 
La bravura de Bono. Como es vecino mío en Madrid, lo he visto varias veces curioseando en una selecta tienda de ropa. 
Y en alguna ocasión en compañía de otro exministro, Eduardo Zaplana. 
 Amigos pero distintos: Bono prefiere pelo y Zaplana, lo sé porque íbamos al mismo gimnasio, depilación.

Si algo te falta, pues te lo pones. Resuelves un problema y pasas a lo siguiente.
 Celebro ese tipo de actitud. Es cierto que el pelo nuevo es más evidente que el perdido pero hay que asumirlo.
 El dinero nuevo igual. Y no pasa nada. 
Ningún nuevo rico quiere dejar de ser adinerado, pues lo mismo con los injertos. 
Y es una lección magnífica asumirlo con humor peludo.
 Y al reconocer ese sentido como una parte esencial de nuestro ADN, podemos sortear obstáculos y malestares.



Este lunes me encontré marchando junto a centenas de mujeres defendiendo el día internacional contra la Violencia de Género al mismo tiempo que me dirigía a la fiesta de los premios que da la revista Vanity Fair.
 Para muchos puede resultar contradictorio o frívolo combinar ambas situaciones pero yo me lo tomé con la misma naturalidad que José Bono luce su nueva melena. 
Me encantó poder estar en ambas.
 Me tomé casi el mismo número de selfies en las dos, por distintas que fueran.
Tamara Falcó, ganadora de 'MasterChef Celebrity', en el hotel NH Eurobuilding de Madrid, el pasado jueves. 
Tamara Falcó, ganadora de 'MasterChef Celebrity', en el hotel NH Eurobuilding de Madrid, el pasado jueves.
En la marcha mucha gente me felicitó por mi buen hacer en MasterChef, agregando que les hacía pasar momentos muy divertidos y que no tengo un pelo de tonto. 
Yo intentaba explicarles mi punto de vista sobre el ser español y divertido y tuve poco éxito. 
“Eso es porque no eres de aquí”, insistieron. En la fiesta de Vanity Fair alguien me sugirió que “solo en los círculos que te mueves, la gente es divertida.
 El resto es más serio”. 
Pero mi interlocutor ya estaba obnubilado por el desfile de personalidades en la convocatoria del Vanity Fair español. En menos de un pestañeo vi desfilar a Esther Doña, Agatha Ruiz de la Prada e Isabel Preysler, cada una en su estilo y sin preocupaciones porque ya no hay tendencias, lo que importa es la naturalidad y la emoción. 
Lo interesante es que esto podía suponer un final para las alfombras rojas y, todo lo contrario, las ha hecho más intensas.
 Y esa noche del Hombre del Año me lo pasé bomba observándolo, tanto que me instalé al lado de Susi Caramelo, sin acreditación de prensa ni nada y la vi entera.
Antonio Banderas, el premiado, es impecable.
 ¡No hay nada como Hollywood para enseñarte que lo divertido es algo muy serio! 
Es edificante ver en acción todo ese conocimiento, cómo mira al entrevistador, cómo se planta antes que posar, la estela que deja su seguridad.
 Es tan fascinante que cuando lo tuve de frente solo pude decir: “Gracias”.
 Y él, concentradísimo, me preguntó por qué.
En la fiesta todo el mundo comentaba a Preysler lo bien que les caía su hija Tamara en MasterChef Celebrity. 
 Como madre, respondió que estaban todos muy felices por este éxito, aunque era un enigma cómo había conseguido ser tan querida.
 Aunque luego aprovechó que compartía mesa con el ministro de Cultura José Guirao y Eugenia Martínez de Irujo, ambas, sin pelos en la lengua, no dudaron en preguntar si habría gobierno
  El ministro en funciones pareció responder con un gesto enigmático que resultó divertido y serio al mismo tiempo.
 Entendí que Preysler quisiera desviar la atención hacia el gobierno para que no la acorralaran con querer confirmar que su hija era la ganadora de MasterChef Celebrity. 
 Todo el mundo sabe que el programa está grabado y también que existe una claúsula de confidencialidad pero no se puede controlar la diversión que genera reventar un secreto.
 Lo más divertido es cómo nada de eso afecta el contundente dato de audiencia que cosechó la final del programa.
 Se confirma que no hay nada más divertido que sufrir para triunfar.

 

La vida de Víctor Manuel alrededor de los fogones

"El gusto es mío’ está cruzado de experiencias asociadas a viajes, a gente que quiero, a la vida…”, dice el cantante sobre su libro, en el que incluye recetas de cocina.

Víctor Manuel, durante la presentación de su libro.
Víctor Manuel, durante la presentación de su libro. GTRES

 

De niño la güela María le decía, en su lengua asturiana: “Este niñu ta muy ruin”. 
Y es que entonces Víctor Manuel era “un niño de deshecho prácticamente, muy delgado, mal comedor; no me gustaba nada”. Pasó el tiempo y la vida, el disfrute de la comida, lo han hecho “demasiado gordín”, y aunque le gustaría estarlo menos, quiere tanto la cocina que le ha dedicado un libro, El gusto es mío (Aguilar), en el que combina las recetas con el placer de comer con otros.
 Su tiempo (nació en 1947, en Mieres) está marcado por las canciones que le dedicó al abuelo fusilado en la guerra y a la mina y al sabor de los primeros alimentos, y al miedo de posguerra. “Nada se movía. Las familias estaban asustadas por lo que les había tocado vivir…" ¿Y el hambre? 
“La sensación de hambre es cuando no tienes nada.
 Si puedes comer de lo que hay entonces no tienes hambre… Yo no he pasado hambre en mi vida.
 En mi familia se preocupaban de que hubiera lo básico”.
Lo básico eran “las sopas, los cocidos, las lentejas, la fabada, el pote…”.
 Excepcionalmente había pollo, como aquellos con cuyo olor se alimentaba Carpanta, “o unas almejas a la marinera, pero eso ya suponían fiestas absolutas. 
¡Desconocía que existiera el pulpo o el mejillón!... En los días de fiesta, además, mi padre me llevaba a un bar para tomar un vermú con aceituna. 
Yo volvía a casa un poco colocado, y allí nos encontrábamos pollo al horno o patatas a la importancia…
 El pollo era un lujo, pero es que mis padres se dedicaban a repartir pollos y huevos. 
Algo se iba quedando en casa y nos los comíamos.
No nos machacábamos pensando en alimentos excepcionales o en comidas irrealizables.
 Cuando tienes el estómago lleno y disfrutas de la comida con tu familia no piensas en más.
 Eso viene más adelante”. 


Y más adelante es lo que está en el recuento de memorias de recetas y comidas con otros que constituye el libro. 
Son también historias sentimentales que le pasan con la cocina como origen o pretexto. 
“Nunca habría tenido la osadía de hacer un libro de recetas. Hay cocineros fantásticos que las hacen.
 Las emociones que cuento ocurren en torno a cosas más domésticas, que vienen de saber que cuando mi abuela cocinaba estaba dando a la vez una lección de ética…
 Primero servía a todos los animales de la casa, perros, gatos, los que hubiese, y después servía a los demás. 
Esa secuencia me marcó para siempre”.
Víctor Manuel y Ana Belén.
Víctor Manuel y Ana Belén. GTRES
 
De niño la güela María le decía, en su lengua asturiana: “Este niñu ta muy ruin”. Y es que entonces Víctor Manuel era “un niño de deshecho prácticamente, muy delgado, mal comedor; no me gustaba nada”. Pasó el tiempo y la vida, el disfrute de la comida, lo han hecho “demasiado gordín”, y aunque le gustaría estarlo menos, quiere tanto la cocina que le ha dedicado un libro, El gusto es mío (Aguilar), en el que combina las recetas con el placer de comer con otros. Su tiempo (nació en 1947, en Mieres) está marcado por las canciones que le dedicó al abuelo fusilado en la guerra y a la mina y al sabor de los primeros alimentos, y al miedo de posguerra. “Nada se movía. Las familias estaban asustadas por lo que les había tocado vivir…" ¿Y el hambre? “La sensación de hambre es cuando no tienes nada. Si puedes comer de lo que hay entonces no tienes hambre… Yo no he pasado hambre en mi vida. En mi familia se preocupaban de que hubiera lo básico”.
Lo básico eran “las sopas, los cocidos, las lentejas, la fabada, el pote…”. Excepcionalmente había pollo, como aquellos con cuyo olor se alimentaba Carpanta, “o unas almejas a la marinera, pero eso ya suponían fiestas absolutas. ¡Desconocía que existiera el pulpo o el mejillón!... En los días de fiesta, además, mi padre me llevaba a un bar para tomar un vermú con aceituna. Yo volvía a casa un poco colocado, y allí nos encontrábamos pollo al horno o patatas a la importancia… El pollo era un lujo, pero es que mis padres se dedicaban a repartir pollos y huevos. Algo se iba quedando en casa y nos los comíamos. No nos machacábamos pensando en alimentos excepcionales o en comidas irrealizables. Cuando tienes el estómago lleno y disfrutas de la comida con tu familia no piensas en más. Eso viene más adelante”.
Y más adelante es lo que está en el recuento de memorias de recetas y comidas con otros que constituye el libro. Son también historias sentimentales que le pasan con la cocina como origen o pretexto. “Nunca habría tenido la osadía de hacer un libro de recetas. Hay cocineros fantásticos que las hacen. Las emociones que cuento ocurren en torno a cosas más domésticas, que vienen de saber que cuando mi abuela cocinaba estaba dando a la vez una lección de ética… Primero servía a todos los animales de la casa, perros, gatos, los que hubiese, y después servía a los demás. Esa secuencia me marcó para siempre”.
Víctor Manuel y Ana Belén.
Víctor Manuel y Ana Belén. GTRES
El gusto es mío “está cruzado de experiencias culinarias siempre asociadas a viajes, amigos, a gente que quiero, a la vida…
” Llegó a Madrid muy joven e iba al mercado de Olavide, donde da inicio al placer de cocinar.
 Ahora ya no iba al mercado a acompañar a su padre, sino a buscar para comer. 
“Desconocía miles de alimentos, que entonces viajaban con mucha más dificultad. 
¡En Asturias había visto los pulpos dibujados! Pero no tenía ni idea de a qué sabían, e igual me pasaba con los mejillones… Fui viajando, descubriendo sabores nuevos de los que no tenía idea hasta que tuve 18 o 20 años.
 En Canarias descubro el gofio, en Valencia entiendo que la paella no era lo que comíamos como tal en Asturias. En todas partes quise averiguar cómo estaban hechos los platos”.
El cantante Víctor Manuel.
El cantante Víctor Manuel. Penguin Random House
Al descubrimiento del pulpo, por cierto, le dedica algunas de las páginas del libro. 
Están experimentando para reproducirlo en cautividad. “Me apena muchísimo que deje de existir como comida, porque me encanta. Hay alimentos que ahora disfrutamos y se están acabando, como los percebes… La primera vez que los percebes aparecen en la literatura es en el siglo XIX, en una novela de Emilia Pardo Bazán. Recomendaba que no se sacaran a la mesa los percebes grandes porque a las jóvenes podrían suscitarles historias sexuales… Eso se está acabando.
Estamos asistiendo a la extinción de muchas especies. Se acaban porque nos las hemos comido y ya está, no hay más”.
Lo rodeaba en la niñez en que era un niñu ruinín la mina y la huerta, “y el cerdo, que en mi tierra tiene un monumento; un animal que quitó mucha hambre y que se administraba como un tesoro, durante mucho tiempo”. 
Luego vinieron otras cocinas. México es la reina de todas las que ha descubierto desde que se fue al mercado de Olavide a buscar alimentos para una chica que ya había en su casa, y que entonces y ahora se llama Ana Belén.
  Para ella sigue cocinando, y para cientos de amigos como los que aparecen en este libro. 
El gusto sigue siendo suyo.

Entre el caos y la desidia, la voluntad de Camilo Sesto queda en el olvido

Camilo Blanes, hijo y único heredero del cantante, no prosigue un juicio que su padre impulsó contra los asaltantes de su mansión. 

Mientras, su madre muestra preocupación por su comportamiento errático.

El hijo de Camilo Sesto, Camilo Blanes Ornelas, y Lourdes Ornelas el 10 de septiembre en Madrid.
El hijo de Camilo Sesto, Camilo Blanes Ornelas, y Lourdes Ornelas el 10 de septiembre en Madrid. Europa Press via Getty Images

La preservación del legado de Camilo Sesto peligra. 

Después de muchas especulaciones, su hijo, fruto de una relación con una fan, Lourdes Ornelas, quedó como heredero universal.

 En el testamento, al que ha tenido acceso este periódico, Sesto dispuso de tres puntos. 

En el primero legaba todos sus objetos y reconocimientos al museo que debe levantarse en su nombre en Alcoy, su pueblo. En el segundo, declaraba heredero a su hijo, y en el tercero, designaba albacea a Cristóbal Hueto, un trabajador de confianza.

Exteriores de la casa de Camilo Sesto. 
Exteriores de la casa de Camilo Sesto. KORPA
Sin embargo, el museo no avanza. Alrededor de la herencia solo hay parálisis.
 Las partes no se ponen de acuerdo sobre qué debe legarse al museo. 
¿Deben ir allí las zapatillas con las que actuó en el musical Jesucristo Superstar?
 La gente de su entorno dice que para localizar a Camilo hijo, que vivía en México hasta la muerte de su padre, se necesita entre siete y diez días (“es difícil de encontrar”).
 Su regreso a Madrid parece haberle trastocado.
 Ornelas, en declaraciones a la revista Corazón, ha contado que su hijo tiene “un problema”.
 “Está enfermo y necesita ayuda”, ha declarado después de que el chico fuese visto desorientado por las calles de Madrid hace unos días. 
Según la madre, llevaba tres días desaparecido y volvió a casa sin tarjeta de crédito, teléfono ni documentación.
El descuido del joven a la hora de interesarse en el proceso penal que supuso mucho para su padre —que le ha dejado unos derechos que devengan unos 200.000 euros al trimestre (solo una clínica dental ha pagado 30.000 euros por usar una canción en un anuncio) y tres propiedades— es otra prueba más de un proceder errático del heredero en la guarda y custodia del legado de un artista universal.
“Camilo luchó mucho por sentar en el banquillo al supuesto cerebro del robo.
 Quiso saber la verdad. Quería justicia, de corazón”, expone la abogada del cantante. “Era algo que le importaba.
 Se lo tomó como un asunto personal.
 Duele que se desentiendan del caso”, se suma Hueto.
Camilo Sesto no lo hubiera querido así.