Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 nov 2019

Constantes vitales........................................ Juan José Millás

Constantes vitales

 
 
A VECES ME pregunto cuántos difuntos hay en Madrid, no en el cementerio, claro, sino en sus propias casas.
 Quien dice Madrid dice Barcelona, Valencia, Bilbao, etcétera.
 Es mucha la gente que fallece en su domicilio sin que nadie lo advierta hasta pasados unos meses, incluso unos años. 
Guardo en la memoria el caso de una señora que se murió en el sofá del salón, viendo un programa de Tele 5 sin posibilidad alguna, lógicamente, de cambiar de canal.
 Así permaneció la pobre todo ese tiempo. Piensa uno que no es lo mismo, aunque estés difunto, tragarse la programación de un canal de pago, con su cine de calidad y tal, que la de uno generalista, con Belén Esteban a todo trapo.
 A lo mejor, el purgatorio consiste en pasar una temporada viendo Sálvame o Supervivientes por cruel que nos parezca. 
Pero mucho mal tendría que haber hecho en vida esa mujer para merecerse tal castigo. 
Quizá, en fin, no fuera más que un accidente.
 

Esas madres encerradas en sus cuartos ...............Rosa Montero

Esas madres encerradas en sus cuartos

EL VENTOSO Y desapacible domingo 10 de noviembre, día de elecciones, apareció en los medios una pequeña noticia que estoy segura de que pasó inadvertida, en primer lugar minimizada por el guirigay político, pero también porque este tipo de sucesos siempre son marginales, casi clandestinos.
 Son pequeñas tragedias sepultadas en las profundidades de lo doméstico.
 El hogar como infierno.
El crimen sucedió una semana antes en Foz (Lugo), pero fue el día 10 cuando se publicaron los datos de lo ocurrido. Un chico de 17 años asesinó a cuchilladas a su madre, Minaene, de 36; metió su cuerpo en una maleta que guardó en un armario y luego se pasó la noche viendo televisión.
 Minaene, residente en España pero de origen brasileño, se desvivía por su único hijo.
 En cuanto consiguió estabilidad económica se lo trajo aquí, y soñaba con darle una carrera.
 Pero el chico empezó a ponerse violento con ella. Minaene lloró ante las amigas, mostró unos cardenales: 
“Quiero poner un cerrojo en mi cuarto, el niño está muy raro”.

Hace tres o cuatro meses se puso en contacto conmigo X., una mujer desesperada.
 Tiene 70 años y un hijo de 50 que vive con ella y que ha tenido problemas de todo tipo; algunas mujeres le denunciaron por acoso, por ejemplo.
 Él es violento y ha agredido a su madre; ella pasa interminables noches de terror temiendo que la mate. 
Tiene pavor hasta de publicar su historia, y desde luego no quiere dar datos que los identifiquen. 
Y lo peor es que no hay nadie que la ayude. El sistema se desentiende por completo de estas mujeres; los psiquiátricos no se hacen cargo de los agresores, que a menudo tienen trastornos de personalidad de difícil evaluación y categorización.
 Así que no los internan, nadie puede forzarles a medicarse y las madres (casi siempre son las madres: los padres suelen borrarse cuando ven los problemas del hijo) están abandonadas e indefensas.
Pero denunciar tampoco parece ser la solución.
 El pasado mes de febrero la policía detuvo a un chico de 26 años en Madrid.
 En su casa encontraron el cuerpo de su madre, de 66 años, con la que vivía.
 La había troceado en fragmentos menudos que guardaba en táperes. Leí esta espeluznante historia en el digital Madridiario, que añadía con macabro mal gusto algo que, sin embargo, voy a reproducir porque quisiera que este artículo fuera un aldabonazo en las conciencias: “Con actitud fría, el joven confesó a los agentes que se había comido a la fallecida junto a su perro:
 ‘Nos la hemos ido comiendo”. Pues bien, al parecer este chico tenía una docena de antecedentes policiales, la mayoría por maltratos a su madre. ¿Y de qué sirvió?
Por otra parte me preocupa que estos casos terribles puedan engordar el prejuicio indiscriminado e ignorante que la sociedad mantiene contra las personas aquejadas por alguna enfermedad mental.
 Que conste que, según varios estudios, las personas mal llamadas “locas” muestran un porcentaje de violencia contra otras personas igual al de las llamadas “normales”. 
De hecho, es mucho más probable que ellos sean víctimas de la violencia a que la ejerzan. 
Y además el problema de este tipo de casos es que a menudo los hijos no muestran una patología clara; padecen psicopatías o conflictos de personalidad que la psiquiatría oficial no quiere y no sabe tratar.
 Pero no podemos seguir así, hay que hacer algo.
 Hay que crear unidades de apoyo específicas en los hospitales, hay que cambiar los protocolos e internar a los violentos.
 Hay que ayudar a esas madres (y a esos hijos).
 Ahora mismo hay muchas más mujeres sufriendo esta lenta, desgarradora tortura, esta pesadilla silenciosa. 
Pero no sabemos de ellas porque están encerradas en sus cuartos apenas protegidas por débiles pestillos.

Cuando uno ya no sabe por qué...........................Javier Marías

A veces pienso que, si hoy se preguntara a algunos de dónde viene el odio y la furia, no sabrían contestar, o no con coherencia.


Cuando uno ya no sabe por qué


VIAJÉ A CATALUÑA el día después de la sentencia del procés, y allí permanecí las siguientes tres semanas.
 Me acerqué a Barcelona sólo una vez, en medio de los fragores pero a horas de tregua, así que nada más vi sus efectos. 
Los incendios, las barricadas, las batallas campales, por televisión, como la mayoría de ustedes.
 Donde me encontraba había calma, aunque una especie de contaminación de enfado y enemistades se notaba en el aire.
 Una mañana bajé a echar basura a los contenedores, y una señora de normalísimo aspecto me reconoció y me dijo: “¿Por qué no escribe un artículo diciendo que en Cataluña no nos estamos matando los unos a los otros, ni nos comemos a los niños?”
 Le contesté que lo haría con gusto de darse el caso, pero que no había leído ni oído que nadie afirmara semejantes cosas.
 Sin apenas transición, me preguntó: “¿Ha visto los vídeos de la policía saqueando las tiendas durante los disturbios?” Le dije que no y que me parecía improbable:
 “Los policías y los mossos están muy controlados”. 
Se empeñó en mostrarme las imágenes.
Sacó su móvil y me enseñó a unos policías (creo, hacía sol y estábamos en la calle) en el interior de un comercio, trajinando. 
“Yo no veo que estén saqueando”, apunté; “pueden estar recogiendo, o verificando desperfectos, quién sabe”. 
Su respuesta fue tan tajante que el diálogo resultaba imposible, como si me hubiera espetado:
 “¿Va a dar más crédito a sus ojos que a los míos?” “Pues yo los veo saqueando”, concluyó.
 Me limité a añadir: “Qué quiere que le diga. Pero insisto en que me parece improbable; están muy controlados y ellos mismos graban con cámaras sus intervenciones”. 

Me quedé muy pensativo. 
Si esa señora (educada y tratable) había recibido el vídeo en su móvil con la falsedad de que los agentes estaban robando, no sólo la daba por buena y cierta, sino que veía lo que le habían indicado que viera, por más que no se viera y que las imágenes fueran neutras y nada elocuentes. 
Que corran por las redes todo tipo de montajes, falsificaciones, escenas sacadas de contexto y “explicadas” con mala fe, bueno, es lo propio de las redes, y con ocasión del referéndum del 1-O ya circularon fotos y vídeos que, para exagerar la bruta reacción del Ministro del Interior Zoido, no se correspondían con el lugar ni la fecha.
 Lo que me dejó meditabundo fue que la señora se creyera la consigna a pie juntillas y viera lo que le habían sugerido que viera. Estamos en un punto, pensé, en el que demasiados catalanes han perdido de vista por qué sucede lo que allí sucede. 
Hace pocos años era un sitio en el que se vivía comparativamente de maravilla (aún es así, pese a los denodados esfuerzos de los independentistas para arruinarlo):
 una de las regiones más prósperas de Europa, es decir, del mundo; dinámica y llena de atractivos, con el único peligro de morir de excesivo éxito a manos de los turistas; 
con un autogobierno que ni siquiera disfrutan los Länder de un país federal como Alemania; con sus propios Parlament y Govern y docenas de competencias transferidas; con su lengua y su cultura cuidadas y mimadas; un lugar plenamente libre, en el que se vota sin cortapisas desde hace cuarenta años y cuyos principales partidos han participado en la gobernación del Estado.
 La idea demente de que en realidad los catalanes viven oprimidos y expoliados ha sido inoculada por una cuadrilla de políticos sin escrúpulos y por sus medios serviles, que —eso dicen muchos catalanes— no tenían otra intención que crear una gigantesca cortina de humo que tapara la famosa corrupción conocida como “comisiones del 3%” (la cual, según esos catalanes, sería más bien del 4% o el 5%). 
Lo asombroso es que, si esa era la cuestión, lo hayan conseguido con creces: hace años que ya no se habla del 3%. 
Ni siquiera se habla de la monstruosa fortuna amasada y confesada por Jordi Pujol y su progenie. 
Ante la maniobra de diversión del procés, es como si nada de eso hubiera ocurrido, o como si no importara.
 
Yo no creo que los catalanes decentes sean tan indiferentes al latrocinio institucionalizado de sus líderes señoritiles. 
A veces pienso que, si hoy se preguntara a algunos de dónde viene el odio que expresaban los rostros de quienes insultaron, escupieron y golpearon a los invitados a los Premios Princesa de Girona; de dónde viene la furia de los que queman Barcelona y cortan el ferrocarril y las carreteras; de dónde la imperiosa necesidad de crear un Estado propio abocado a ser un Estado-paria, yéndoles las cosas tan objetivamente bien como les iban, esas personas no sabrían contestar, o no con coherencia y verosimilitud.
 Nadie en el mundo se siente afrentado por lo que pasó en 1714, sería tan ridículo como si los madrileños aún odiáramos a los franceses por la carga de los mamelucos y los fusilamientos de 1808, casi un siglo más cercanos.
 Cuando uno ya no sabe el porqué de sus odios, pasiones y acciones, cuando uno es incapaz de pararse a pensar si hay para tanto y si en verdad está esclavizado, o si solamente lo han persuadido de que lo está unos políticos egoístas, codiciosos y culpables de un fraude masivo… Si uno no es capaz de desenmascararlos y de salir del engaño y del ensalmo, sólo cabe que otros insistamos cuando haga falta y les digamos, al menos, que la mayoría de sus compatriotas no vemos lo que se los ha inducido a ver, desde hace ya siete largos años.

Cuando uno ya no sabe por qué

22 nov 2019

la cara oscura de JFK

Conexiones con la mafia, infidelidades, invención de su pasado: la cara oscura de JFK.

Hoy es el aniversario del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, el presidente número 35 de Estados Unidos. 

Un mito de la cultura popular que se ha ido resquebrajando según se conocían sus secretos.

El presidente John F. Kennedy fuma un cigarro durante una cena de recaudación de fondos demócrata en la Universidad de Boston.. En vídeo, José María Mulet explica el asesinato de Kennedy en un vídeo de EL PAÍS SEMANAL publicado el 8 de julio de 2019.
John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) ha pasado a la historia popular como el presidente que encarna el ideal americano. Joven, guapo, encantador, enérgico, firme en sus convicciones, pero dialogante y progresista. 
El primer católico que llegó al despacho oval, el líder que plantó cara a la URSS en la crisis de los misiles y cuya determinación llevó al hombre a la Luna
El hombre empeñado en renovar y rejuvenecer la democracia de su país que con su mujer, la bella e inteligente Jackie Kennedy, convirtió la Casa Blanca en un nuevo Camelot.
 Su asesinato, el 22 de noviembre de 1963, hace ahora 56 años en Dallas, por el disparo de Lee Harvey Oswald le ha convertido en un mártir de la cultura popular como el Che, Marilyn Monroe o James Dean.
Más aún, después de que las tesis conspirativas sobre su muerte, convertidas casi en certezas por Oliver Stone en la película JFK (1992), hicieran que todo el mundo conociera la teoría de la bala mágica.
 Aquel filme convirtió al fiscal Jim Garrison, interpretado por Kevin Costner, en el paradigma del incorruptible buscador de la verdad frente a un aparato del Estado corrupto. Kennedy era un rey bueno asesinado por las cloacas del Estado y la mafia, a la que, decían, se había enfrentado.
Pero con los años, el mito JFK ha mostrado sus debilidades y contradicciones. 
Un buen puñado de obras, desde memorias de colaboradores a sesudas investigaciones históricas han revelado esa cara oscura.
 Estos son algunos de esos descubrimientos.

Fue un producto de 'marketing'

JFK no salió de la nada.
 Para muchos era un producto creado por su padre, Joseph P. Kennedy, un magnate que desempeñó importantes cargos en la Administración estadounidense.
 El fundador del clan tiene una biografía llena de puntos oscuros, como reveló The Patriach, una monumental obra biográfica de 800 páginas firmada por David Nasaw y publicada en 2012.
Nacido en 1888 en una familia de inmigrantes católicos irlandeses, Joseph P. Kennedy fue, escribe Nasaw, "un hombre de talentos ilimitados, encanto magnético, energía implacable y ambición desenfrenada".
 Educado en Harvard, "luchó para abrir puertas que estaban cerradas para él [como católico irlandés] y después de forzar su entrada se negó a cumplir las reglas". 
Por ejemplo en Wall Street, donde ganó una fortuna antes de cumplir los 40, fortuna que allanó el camino de su hijo a la Casa Blanca.

¿El matrimonio perfecto? Años después de su muerte se desvelaron las continuas infidelidades de John Fitzgerald Kennedy a su esposa, Jackie Kennedy. En la imagen los dos llegan al aeropuerto de Dallas justo el día en que él murió tiroteado en 1963.
¿El matrimonio perfecto? Años después de su muerte se desvelaron las continuas infidelidades de John Fitzgerald Kennedy a su esposa, Jackie Kennedy. En la imagen los dos llegan al aeropuerto de Dallas justo el día en que él murió tiroteado en 1963. Getty Images
 
 
Como primer presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Roosevelt, se esforzó por regular el mercado para que otros no pudieran hacer uso de los mismos trucos y agujeros que él había aprovechado para enriquecerse.
 Cometió grandes errores de cálculo.
 Por ejemplo, estaba convencido de que la victoria nazi era inevitable, que la democracia en las islas británicas estaba acabada y que era necesario pactar con Hitler. 
Tras la muerte del primogénito en la Segunda Guerra Mundial, su obsesión fue llevar a su segundo hijo, John Fitzgerald, a la presidencia.

Compra de primarias e invitación a una menor a su habitación

En An unfinished life: John F. Kennedy, 1917-1963, publicado en 2001, el autor, Robert Dallek, reveló de forma detallada cómo John Fitzgerald Kennedy compró las primarias de West Virginia en 1960. 
Dallek presenta a un JFK que durante esa misma campaña de 1960 en la que su padre gastó millones, parecía no darle importancia al resultado. 
El autor subraya que se lo jugó todo invitando a una animadora menor de edad a su habitación de su hotel.
 

Ganó un Pulitzer por un libro que no escribió

En 1956, siendo senador por Massachusetts, Kennedy publicó Profiles in courage, un libro de perfiles de ocho senadores estadounidenses que ganó el Pulitzer a mejor biografía.
 En The Kennedy Imprisonment: A Meditation on Power (1982), Garry Wills sostiene que JFK no fue el auténtico autor y lo atribuye a Theodore Sorenson y Jules Davids (profesor de historia de Jackie Kennedy en Georgetown). También defiende que el libro fue pagado por Joe Kennedy, obsesionado en aumentar el prestigio intelectual de su vástago.

Falseó sus orígenes

Kennedy nació en una ciudad del Gran Boston, Brookline, Massachusets, en 1917 y fue senador por ese Estado desde 1952 hasta que fue elegido presidente en 1961. 
Los Kennedy siempre se vendieron como católicos irlandeses de Boston.
 Algo irreal, según el libro de Willis: “Los padres de Kennedy se mudaron de Brookline a Nueva York en 1926, cuando él tenía nueve años y creció y fue a la escuela allí. Cuando decidió presentarse para el Congreso en 1946, no había vivido en Boston en 20 años; tuvo que alquilar habitaciones en el Hotel Bellevue, que fue durante un tiempo su residencia oficial.
 Un amigo de Kennedy lo expresó de forma clara: 'Jack Kennedy era un extraño en Boston, había vivido de joven en Nueva York y en Hyannis Port, en Cape Cod”.

 

Joseph Kennedy (1888 - 1969) susurra algo al oido de a su nueva nuera Jacqueline Bouvier el día de su boda, mientras su esposo John F. Kennedy mira, sonrient. Fue en Newport, Rhode Island, el 12 de septiembre de 1953.
Joseph Kennedy (1888 - 1969) susurra algo al oido de a su nueva nuera Jacqueline Bouvier el día de su boda, mientras su esposo John F. Kennedy mira, sonrient. Fue en Newport, Rhode Island, el 12 de septiembre de 1953. Getty Images

Era un mujeriego y organizaba fiestas con prostitutas

Uno de los libros más polémicos sobre JFK es La cara oscura de Camelot, del periodista de investigación Seymour M. Hersh.
 En él cuatro agentes retirados del servicio secreto hablan de ligues presidenciales que se producían, dicen, casi a diario.
 Según el libro, prostitutas y amigas de JFK se divertían en fiestas en la piscina de la Casa Blanca mientras los agentes cuidaban de que Jacqueline Kennedy no estuviera cerca. 
Esa libido desaforada de JFK, asegura Hersh, le hizo víctima de enfermedades venéreas y ser blanco fácil de chantajes. Sin embargo, y a pesar de la creencia popular, no se ha podido demostrar que JFK o su hermano Robert tuvieran una relación con Marilyn Monroe.

Conexiones con la mafia

Seymour M. Hersh, que ganó el Pulitzer por un libro sobre la matanza de My Lai, asegura en el texto que en 1960, para empujar a su hijo hacia la Presidencia, Joseph P. Kennedy (el padre de JFK) celebró una reunión secreta con el mafioso de Chicago Sam Giancana. 
El patriarca de la familia presuntamente prometió una Casa Blanca que haría la vista gorda a sus actividades si los sindicatos dirigidos por la mafia proporcionaban fuerza y dinero para conseguir la candidatura de Kennedy. 
Ese acuerdo, afirma Hersh, inclinó la balanza por los decisivos votos electorales de Illinois.

Su papel en bahía de Cochinos

Kennedy presuntamente apoyó un plan de la CIA para matar a Fidel Castro justo antes de la invasión de Cuba en 1961 por una brigada de exiliados cubanos en bahía de Cochinos.
 Cuando el intento de asesinato fracasó, JFK decidió bloquear el apoyo aéreo que le había prometido a los exiliados cubanos y que era crucial para el éxito del desembarco. 
 Ellos, sin saberlo, continuaron con su objetivo.
 Hersh asegura que la decisión de JFK fue para ellos "una sentencia de muerte".

Estaba obsesionado con matar a Fidel Castro

Una última afirmación de Hersh. Kennedy y su hermano Robert, el fiscal general estadounidense, pidieron constantemente a la CIA que asesinara a Fidel Castro.
 Hersh cita a Samuel Halpern, un antiguo miembro de la CIA especializado en operaciones clandestinas: 
"No sabes lo que es la presión hasta que tienes a esos dos hijos de puta sobre ti. 
 Sentíamos que estábamos haciendo cosas en Cuba debido a una vendetta familiar y no por el bien de los Estados Unidos”.