La segunda
misión al satélite fue muy distinta de la primera en complejidad,
objetivos e incluso en la relación que mantenían entre sí sus
tripulantes.
El módulo lunar del 'Apolo 12' sobrevuela la Luna. En vídeo, así fue el segundo viaje a la Luna.NASA | epv
Tras el éxito del alunizaje delApolo 11, la NASA decidió programar el siguiente vuelo dentro del mismo año, siguiendo la consigna de Kennedy de alcanzar la Luna “antes de que termine el decenio”. Pero la misión del Apolo 12, que alunizaba hace hoy 50 años,
iba a ser muy distinta en complejidad, objetivos e incluso en la
relación que mantenían entre sí sus tripulantes. Armstrong y Aldrin se
habían tratado siempre con un respeto distante. Quizá imbuidos de la
trascendencia histórica de su viaje, en él no hubo lugar para bromas ni
comentarios relajados. El Apolo 11 fue un viaje de ingeniería, cuyo principal objetivo era demostrar que el descenso en la Luna (y posterior regreso) era posible. No importaba mucho la precisión de la maniobra, mientras ésta fuera
segura. Y el hecho de permanecer en la superficie sólo durante un par de
horas no dejaba mucho margen a hacer ciencia. Buena parte de él se
consumió en ceremonias protocolarias, desde el izado de bandera y
posterior conferencia telefónica con Nixon hasta el descubrimiento de la
placa conmemorativa. Después de su aventura, Armstrong, Aldrin y
Collins siguieron sus respectivos caminos, sin apenas volver a coincidir
salvo en las contadas ocasiones en que la NASA los convocaba para
alguna celebración. La tripulación del Apolo 12 (Pete Conrad, Richard Gordon y Alan
Bean) era otra cosa. Los tres eran aviadores navales y Conrad había
sido el instructor de Gordon y Bean en la escuela de pilotos de prueba
donde establecieron una buena amistad; en cuanto a experiencia en el espacio, Conrad había servido como copiloto en la Gemini 5 y volvió a volar en la Gemini 11,
llevando a su lado al mismo Gordon. Bean nunca había salido al espacio
pero Conrad tenía tan buena opinión de él que pidió expresamente que
fuera asignado a la tripulación del Apolo . Como piloto del módulo lunar, le correspondería bajar a la Luna junto con el comandante.
Desde el primer momento estaba claro que este sería un equipo muy
diferente. Dispuestos a realizar una misión impecable, los tres hombres
eran conscientes de que iba a ser el viaje de sus vidas e iban a
disfrutarlo. Pocas semanas antes del lanzamiento, Conrad tuvo un encuentro con
Oriana Fallaci, una periodista italiana escéptica de que la primera
frase de Armstrong (“El primer paso para un hombre...”) no hubiese sido
dictada por el departamento de Relaciones Públicas de la NASA. Conrad le
aseguró que tenían plena libertad para decir lo que quisiera y cruzó
una apuesta de quinientos dólares con ella. Cuando llegase a la Luna se
lo demostraría.
Cuando por fin pisó suelo lunar, la
primera fase de Conrad –nada épica, por cierto- fue una broma: “¡Yuuupi!
Este quizás fue un pequeño paso para Neil pero desde luego es uno bien
grande para mí”
De todo el equipo de astronautas, Conrad era el más bajito; Neil
Armstrong pasaba del metro ochenta. Cuando por fin pisó suelo lunar, su
primera fase –nada épica, por cierto- fue una broma: “¡Yuuupi! Este
quizás fue un pequeño paso para Neil pero desde luego es uno bien grande
para mí”. Fallaci nunca pagó la apuesta.
Pero no fue fácil llegar a ese momento. Las complicaciones
empezaron ya desde el lanzamiento, al que asistía el presidente de EE
UU como espectador de honor. Nixon había recibido a los astronautas del Apollo 11 a su llegada al portaaviones; ahora no quería perderse el espectáculo del despegue.
El módulo lunar del 'Apolo 12' sobrevuela la Luna. En vídeo, así fue el segundo viaje a la Luna.NASA | epv
Pero no fue fácil llegar a ese momento. Las complicaciones
empezaron ya desde el lanzamiento, al que asistía el presidente de EE
UU como espectador de honor.
En el Centro Kennedy
el tiempo era malísimo. Llovizna, nubes bajas y amenaza de tormenta
eléctrica. En esas condiciones las normas de seguridad aconsejaban
aplazar el lanzamiento. Pero –quizá por la presencia de Nixon–, se
decidió continuar de todas maneras. No había transcurrido un minuto de
vuelo cuando un rayo alcanzó el cohete. Diez segundos y otro más. En la atmósfera cargada de estática, el Saturn 5 se había
convertido en un pararrayos perfecto. No sólo por sus ciento diez metros
de metal sino por la cola de llamas que dejaba atrás. El plasma de los
escapes a altísima temperatura era un magnífico conductor que casi
llegaba al suelo. Desde la cápsula y recorriendo todo el cohete, dos
descargas de quizás 50.000 amperios se abrieron paso hasta tierra. Justo
cuando se aproximada a la zona de máxima presión aerodinámica.
La tripulación del 'Apolo 12': de izquierda a derecha, Conrad, Gordon y Bean.NASALos indicadores luminosos del panel de mandos se iluminaron como un
árbol de Navidad. Las tres células que suministraban energía eléctrica
se habían desconectado. Sin alimentación, la plataforma inercial perdió
todas sus referencias. La señal de alarma resonó en los cascos de los
tres pilotos. Y en Houston, los monitores de las consolas que seguían el
curso del cohete cambiaron para mostrar una serie de signos absurdos y
sin sentido. El encargado de monitorizar los sistemas eléctricos era John Aaron,
un ingeniero de 26 años que llevaba cuatro trabajando en Houston. Probablemente era el único en la sala que había visto ese mismo problema
antes, en el transcurso de una simulación. Sin alimentación, los
equipos que preparaban los datos de telemetría se habían apagado; de ahí
el caos que veía en su pantalla. Y sabía que existía una batería de
reserva.
El módulo lunar del 'Apolo 12' sobrevuela la Luna. En vídeo, así fue el segundo viaje a la Luna.NASA | epv
Tras el éxito del alunizaje delApolo 11, la NASA decidió programar el siguiente vuelo dentro del mismo año, siguiendo la consigna de Kennedy de alcanzar la Luna “antes de que termine el decenio”.
Pero la misión del Apolo 12,
que alunizaba hace hoy 50 años, iba a ser muy distinta en complejidad,
objetivos e incluso en la relación que mantenían entre sí sus
tripulantes. Armstrong y Aldrin se habían tratado siempre con un respeto
distante. Quizá imbuidos de la trascendencia histórica de su viaje, en
él no hubo lugar para bromas ni comentarios relajados. El Apolo 11 fue un viaje de ingeniería, cuyo principal objetivo era demostrar que el descenso en la Luna (y posterior regreso) era posible.
No importaba mucho la precisión de la maniobra, mientras ésta fuera
segura. Y el hecho de permanecer en la superficie sólo durante un par de
horas no dejaba mucho margen a hacer ciencia. Buena parte de él se
consumió en ceremonias protocolarias, desde el izado de bandera y
posterior conferencia telefónica con Nixon hasta el descubrimiento de la
placa conmemorativa. Después de su aventura, Armstrong, Aldrin y
Collins siguieron sus respectivos caminos, sin apenas volver a coincidir
salvo en las contadas ocasiones en que la NASA los convocaba para
alguna celebración.
Desde el primer momento estaba claro que
este sería un equipo muy diferente. Dispuestos a realizar una misión
impecable, los tres hombres eran conscientes de que iba a ser el viaje
de sus vidas e iban a disfrutarlo
La tripulación del Apolo 12 (Pete Conrad, Richard Gordon y
Alan Bean) era otra cosa. Los tres eran aviadores navales y Conrad había
sido el instructor de Gordon y Bean en la escuela de pilotos de prueba
donde establecieron una buena amistad; en cuanto a experiencia en el espacio, Conrad había servido como copiloto en la Gemini 5 y volvió a volar en la Gemini 11,
llevando a su lado al mismo Gordon. Bean nunca había salido al espacio
pero Conrad tenía tan buena opinión de él que pidió expresamente que
fuera asignado a la tripulación del Apolo. Como piloto del módulo lunar, le correspondería bajar a la Luna junto con el comandante.
Desde el primer momento estaba claro que este sería un equipo muy
diferente. Dispuestos a realizar una misión impecable, los tres hombres
eran conscientes de que iba a ser el viaje de sus vidas e iban a
disfrutarlo.
Pocas semanas antes del lanzamiento, Conrad tuvo un encuentro con
Oriana Fallaci, una periodista italiana escéptica de que la primera
frase de Armstrong (“El primer paso para un hombre...”) no hubiese sido
dictada por el departamento de Relaciones Públicas de la NASA. Conrad le
aseguró que tenían plena libertad para decir lo que quisiera y cruzó
una apuesta de quinientos dólares con ella. Cuando llegase a la Luna se
lo demostraría.
Cuando por fin pisó suelo lunar, la
primera fase de Conrad –nada épica, por cierto- fue una broma: “¡Yuuupi!
Este quizás fue un pequeño paso para Neil pero desde luego es uno bien
grande para mí”
De todo el equipo de astronautas, Conrad era el más bajito; Neil
Armstrong pasaba del metro ochenta. Cuando por fin pisó suelo lunar, su
primera fase –nada épica, por cierto- fue una broma: “¡Yuuupi! Este
quizás fue un pequeño paso para Neil pero desde luego es uno bien grande
para mí”. Fallaci nunca pagó la apuesta.
Pero no fue fácil llegar a ese momento. Las complicaciones
empezaron ya desde el lanzamiento, al que asistía el presidente de EE
UU como espectador de honor. Nixon había recibido a los astronautas del Apollo 11 a su llegada al portaaviones; ahora no quería perderse el espectáculo del despegue.
En el Centro Kennedy
el tiempo era malísimo. Llovizna, nubes bajas y amenaza de tormenta
eléctrica. En esas condiciones las normas de seguridad aconsejaban
aplazar el lanzamiento. Pero –quizá por la presencia de Nixon–, se
decidió continuar de todas maneras. No había transcurrido un minuto de
vuelo cuando un rayo alcanzó el cohete. Diez segundos y otro más.
En la atmósfera cargada de estática, el Saturn 5 se había
convertido en un pararrayos perfecto. No sólo por sus ciento diez metros
de metal sino por la cola de llamas que dejaba atrás. El plasma de los
escapes a altísima temperatura era un magnífico conductor que casi
llegaba al suelo. Desde la cápsula y recorriendo todo el cohete, dos
descargas de quizás 50.000 amperios se abrieron paso hasta tierra. Justo
cuando se aproximada a la zona de máxima presión aerodinámica.
La tripulación del 'Apolo 12': de izquierda a derecha, Conrad, Gordon y Bean.NASA
Los indicadores luminosos del panel de mandos se iluminaron como un
árbol de Navidad. Las tres células que suministraban energía eléctrica
se habían desconectado. Sin alimentación, la plataforma inercial perdió
todas sus referencias. La señal de alarma resonó en los cascos de los
tres pilotos. Y en Houston, los monitores de las consolas que seguían el
curso del cohete cambiaron para mostrar una serie de signos absurdos y
sin sentido.
El encargado de monitorizar los sistemas eléctricos era John Aaron,
un ingeniero de 26 años que llevaba cuatro trabajando en Houston.
Probablemente era el único en la sala que había visto ese mismo problema
antes, en el transcurso de una simulación. Sin alimentación, los
equipos que preparaban los datos de telemetría se habían apagado; de ahí
el caos que veía en su pantalla. Y sabía que existía una batería de
reserva.
“Probad SCE a AUX”
Nadie, ni siquiera el director de vuelo ni Conrad sabían de qué
estaba hablando cuando dijo “probad SCE a AUX”. SCE era un oscuro
conmutador en la nave, apenas utilizado. Frenéticamente, Alan Bean lo
buscó en su zona del panel, dio con él y lo accionó. Como por milagro,
todo volvió a la normalidad. El apagón sufrido por la nave no había
afectado al computador que guiaba la trayectoria del cohete, situado 20
metros más abajo. A bordo, toda la adrenalina acumulada se descargó en
forma de carcajadas. En Houston
también hubo suspiros de alivio, pero no del todo. Imposible saber si
las descargas habían dañado el sistema de apertura de paracaídas. En ese
caso, no había solución, así que mejor no comentar nada.
Una de las piezas del módulo lunar, silueteado contra la Tierra.NASA
El resto del viaje transcurrió sin incidentes. El Apolo 12
tenía por objetivo posarse en un punto concreto del Océano de las
Tormentas, en el hemisferio occidental de la Luna. Allí había ido a
parar, dos años y medio antes, la sonda Surveyor 3. Conrad y
Bean debían recuperar algunas piezas cuyo desgaste querían analizar los
ingenieros. Pero, para eso, tendrían que descender a no más de
trescientos metros de distancia. La autonomía de sus escafandras
aconsejaba no exceder ese límite.
Si la limpieza facial es el paso básico y clave para
una piel saludable y bonita, vale la pena esforzarse por encontrar el
producto que mejor cuide tu rostro.
Encuéntralo entre los cinco más
exitosos que ofrecen resultados reales..
Limpiar bien el rostro es la base para conseguir una piel bonita.
Foto: Cortesía de Glossier
Es el mejor truco de la tan envidiada belleza asiática y el paso básico para toda rutina facial
que se precie: por eso, a estas alturas de la película, las mujeres ya
tenemos clarísimo que tenemos que limpiarnos la cara al menos una vez al
día.
Según datos recogidos en uno de los últimos estudios realizados
por Birchbox, “el 89% de las españolas realizamos la limpieza
facial a diario para regenerar nuestra piel y prevenir los signos de
envejecimiento”.
De todas ellas, el 52% lo hace antes de irse a
dormir, el 17% por la mañana y un 31% de la forma más correcta.
Es
decir: tanto por la mañana al despertar como por la noche antes de
acostarnos.
Además, las búsquedas no engañan. Según los datos registrados en
Google Trends, en los últimos cinco años el interés por la limpieza
facial ha aumentado en más de un 80%. O sea que sí: la rutina de desmaquillado
y purificación de la piel ha sido, es y sigue siendo tendencia. Y por
eso no es de extrañar que los productos desarrollados para llevarla a
cabo sean de los más solicitados en tiendas especializadas y farmacias
y, en concreto los de marcas españolas, de los más buscados por las asiáticas.
Para elegir el tuyo (o los tuyos: este es el ritual en tres pasos que
recomienda la belleza coreana) es indispensable definir tu tipo de piel
y probar formatos y texturas hasta dar con el adecuado. Pero como
primer paso, quizá quieras decantarte por uno de los cinco limpiadores más vendidos en España. Son estos y están avalados por expertos y por sus usuarias: funcionan de verdad.
1. Hydro Boost de Neutrogena
¿Por qué funciona? Por su textura en gel no
comedogénica (que no obstruye los poros) que, al contacto con el agua,
libera todo su poder limpiador y elimina no solo impurezas sino también
el exceso de grasa. ¿Por qué es el más vendido? Porque está indicado
para pieles normales, mixtras y grasas: o sea, la gran mayoría de la
población. Y, sobre todo, porque además de limpieza, esta gama de
Neutrogena está especializada en proporcionar una hidratación duradera
gracias a su tecnología Barrier Care enriquecida con ácido hialurónico.
¿Por qué funciona? Porque está formulada a base de
ingredientes de origen natural sin alcohol, perfumes ni jabón y es apta
para todo tipo de pieles (incluidas las más sensibles). ¿Por qué es el más vendido? Porque no es solo un
agua micelar, sino que se trata de un formato cuatro en uno: además de
desmaquillar, limpia, tonifica e hidrata y está avalado por una marca de
referencia como Isdin. Es una de las más recomendadas por los
maquilladores.
¿Por qué funciona? Porque llega en textura bálsamo:
la más potente para disolver el maquillaje y que actúa como por arte de
magia haciéndolo desaparecer. Su textura aparentemente compacta se
transforma en un aceite fluido al contacto con la piel pero sin efecto
graso. ¿Por qué es el más vendido? Porque es un formato
innovador y una de las versiones más económicas en su categoría. Pero,
sobre todo, porque elimina el maquillaje inmediatamente -tanto del
rostro como de los ojos- y actúa también contra el más persistente. Es
adecuado para todos los tipos de piel.
¿Por qué funciona? Porque de nuevo nos encontramos
ante una novedosa textura en bálsamo que se transforma al calentarse con
las manos. Pero, por encima de todo, porque logra un desmaquillado
completo gracias al escualano: un lípido inodoro y parte esencial de la
película hidro-lípida de la piel que la deja suave, sedosa y sin
sensación grasa.
¿Por qué funciona? Porque es un gel que se convierte
en espuma y resulta mucho más suave y menos agresivo para la piel. También porque la marca CeraVe desarrolla sus productos con dermatólogos
y este limpiador contiene tres ceramidas esenciales y ácido
hialurónico. ¿Por qué es el más vendido? Porque es una de las
marcas de cosmética preferida de las celebrities y, desde que llegó a
España hace poco más de un año, está triunfando. Es apta para todo tipo
de pieles y elimina la grasa y las impurezas sin alterar la barrera
protectora de la piel. Además de en el rostro, puede aplicarse en el
cuerpo con iguales resultados.
¿Por qué es el más vendido? Porque The Ordinary
causa furor y su bálsamo viene en un cómodo formato tubo. Además, porque
hidrata y protege -los dos principios esenciales para una piel sana y
bonita según la AEDV– además de limpiar.
El exlíder
de Ciudadanos organizó una fiesta de cumpleaños en la casa que comparte
con la cantante, mientras las vidas profesionales de ambos se
encuentran paralizadas y sin un camino claro a corto plazo.
No hay nada previsto en el horizonte cercano de Malú
y Albert Rivera. Nada excepto dejar claro que su relación, esa de la
que ninguno de ellos habla abiertamente, continúa y lo hace con paso
firme. Después de la dimisión del exlíder de Ciudadanos tras los decepcionantes resultados de las elecciones del pasado 10 de noviembre
respecto a los resultados de solo seis meses antes, parece que el
político y la cantante han encontrado refugio el uno en el otro.
Inmediatamente después de que Rivera anunciara que abandonaba la política
para dedicar más tiempo a los suyos, sus padres, su hija, su pareja...,
ambos emprendieron una escapada rápida que los alejó durante unos días
del revuelo que la decisión dejaba en Madrid. Se les pudo ver en un bar
de carretera reponiendo fuerzas a temprana hora de la mañana del día
siguiente al anuncio, y así lo atestiguaron unas imágenes que captó otro
de los clientes del local. Pero cuando todo sonaba a retirada temporal del huracán mediático que la dimisión y su propia relación sentimental habían desencadenado,
la pareja volvió a Madrid después de solo tres días de desconexión para
celebrar el 40º cumpleaños de Rivera el pasado viernes. Lo hicieron en
la casa que comparten desde finales de verano en la urbanización de La
Florida, situada a unos 20 kilómetros del centro de Madrid en dirección a
la A-6. Un chalet que la artista compró en diciembre del año pasado y que durante el verano reformó para dejarlo a su gusto y compartirlo con su pareja.
Hasta allí se desplazaron familiares y amigos del político.
Una fiesta
que dejó claro que la cantante está integrada en la vida de Rivera,
porque a ella asistieron los padres del expolítico, Agustín Rivera y
María Jesús Díaz, y muchos compañeros de Ciudadanos entre los que se
pudo ver a Juan Carlos Girauta, Miguel Gutiérres, Marcos de Quinto —acompañado de su mujer, la soprano Angelica de la Riva—, Fernando de Páramo o María Castiella.
Tampoco faltó Begoña Villlacís, la actual vicealcaldesa de Madrid, que según ha publicado la revista Semana no paró de bailar y cantar durante la fiesta, que consistió en una comida que se prolongó hasta casi las 10 de la noche.
Al día siguiente de la fiesta Albert Rivera
publicaba una fotografía de una tarta en su cuenta de Instagram
acompañada de un texto que dejaba claro su intención de mirar al futuro: "Empiezo una nueva etapa en mi vida, con más libertad, más ganas
de vivir que nunca, la ilusión de empezar nuevos proyectos para volver a
soñar y la alegría de comprobar la maravillosa familia y los buenos
amigos que tengo . Gracias a todos por haberme hecho pasar ayer un día tan emotivo y divertido". Malú permaneció en silencio, como lleva haciendo durante meses; las dos últimas publicaciones en su cuenta de Instagram, con un millón de seguidores, se remontan a el 22 de octubre, cuando colgó una fotografía suya en blanco y negro
sin maquillaje y con un filtro a través del cual aparecía con cuernos
de demonio y ojos rojos; y un vídeo del 3 de noviembre en el que aparece
el que se supone es su gato, dormitando plácidamente en una postura muy cómica. Rivera ha dimitido, sí, pero lo ha hecho por un fracaso electoral que se puede atribuir a su toma de decisiones
al frente del partido que lideraba. Sin embargo Malú, sobre la que no
cesan rumores de embarazo que ninguna de las partes confirma, permanece
desaparecida desde hace meses. Primero, a principios de este año, tuvo
que anular su gira por un accidente que la obligó a operarse el tobillo y, después, porque su convalecencia ha coincidido con el afianzamiento de su relación con Albert Rivera y ha decidido permanecer en un segundo plano y dejarle el protagonismo a su pareja, para no entorpecer su camino político.
Begoña Villacís, en la entrada de la casa de Malú y Rivera, a la que acudió para celebrar el cumpleaños del político.GtresOnline
De problema es que casi nadie habla de que, según las encuestas, las parejas de los candidatos
prácticamente no repercuten en la decisión de voto de los españoles,
pero no ocurre lo mismo con algunos artistas. Tomar partido, aunque solo
sea en la faceta sentimental, por un personaje público significado
políticamente sí influye en la imagen que Malú puede tener a futuro, no
tanto en su faceta de cantante como en la de personaje famoso que puede
ser interesante para las marcas de cara a su publicidad. En ese sentido
los españoles sí se dejan influenciar por las relaciones sentimentales
de las personas a las que admiran y las marcas les siguen la corriente. Un parón profesional en el que también ha influido que la cantante no
renovara para formar parte del jurado de La Voz, programa en el que participó cinco temporadas en Telecinco,
y que a juicio de muchos expertos consiguió humanizar su imagen y que
esta fama televisiva repercutiera en sus conciertos, que eran siempre un
éxito.
Según una fuente cercana a la cantante está escuchando canciones pero no
hay gira, conciertos ni disco a la vista.
En el caso de Albert Rivera,
todo queda aún más abierto.
La vida a futuro de ambos se encuentra
mientras tanto en suspenso.
La diva
mexicana confiesa que nunca le gustó "estar en el redil" y que, a los 48
años, le encanta que la llamen tanto "la chica dorada" como "la mamá
de" sus hijos.
La cantante Paulina Rubio.B.P.Paulina Rubio está concediendo entrevistas en el salón de un hotelazo
de Madrid, con una pantalla con su videoclip en bucle de fondo. Beatriz
Matallana, peluquera de divas como Rubio, Shakira o Marta Sánchez, le
atusa la melena con la onda perfecta, el volumen perfecto y el flequillo
perfecto, y otra integrante de su equipo vigila al cámara para que la
enfoque con el encuadre perfecto. Perfecto según el criterio de la jefa,
claro. La jefa propiamente dicha viste botas de estampado de leopardo
hasta las rodillas y una minifalda roja hasta casi el borde y, aunque
parece cansada, me alaba el aspecto, me ofrece un refresco, se fija en
mi bolsa de una tienda de moda y me pregunta qué he comprado con ese
genuino interés de compradora omnívora que solo otra reconoce. La cosa
promete. Veremos.
Soy Paulina, una mujer que está viviendo su sueño, que es la música, muy afortunada, muy viva y con muchas ganas de más. ¿No se cansa nunca? Los domingos por la noche, sobre todo si vengo de gira o de concierto y estoy cuidando a mis dos hombrecitos preciosos. Ya. Esa sensación de depresión del domingo por la tarde. No, eso es una decisión. Estar deprimido, tener tiempo para
preocuparte en vez de ocuparte, se me hace un poco absurdo, Has usado
las palabras depresión y cansancio en la entrevista, y yo tengo
muchísima luz en la vida. Igual pensaba en alguien que tiene que madrugar los lunes.
Y yo sigo aquí
Paulina Susana Rubio Dosamantes (Ciudad de México, 48 años) lleva
expuesta al foco desde niña, con el grupo Timbiriche. La autora de
himnos como 'NI una sola palabra' y 'Yo sigo aquí', vuelve con 'Si
supieran', una canción donde ella manda. Cualquiera le tose.
Para mí los domingos tienen muy buen rollito: un asado, la familia,
la siesta o el concierto por la tarde. Ambas cosas me gustan. Es famosa desde adolescente. Preséntese a quien no la conozca. ¿No hay rutina en su vida? A veces. Si no estoy trabajando, la rutina es parte de la educación de mis niños. ¿Siguen llamándola “la chica dorada”? Llámame como quieras. Si lo haces con cariño, no me importa. Lo digo porque al ser padres, sueles pasar a ser “la mamá de” o “el papá de” en el cole de tus hijos. Sí, y me encanta. Es mi mejor sobrenombre, definitivamente: soy la mamá de mis niños.
¿Se lleva bien con el espejo? Me llevo muy bien con el espejo. Y con los lagos, como Narcisa. ¿Y consigo misma? Soy mi mejor amiga. Me quiero más que nada. Me gusta mucho estar conmigo. Estoy en paz. ¿Antes no lo estaba? No. Es algo que se aprende con el tiempo. El tiempo te enseña
muchísimas cosas. Soy muy leal a mí misma. Cuando termino un concierto, o
de hacer deporte, estoy en casa y es increíble estar conmigo misma. Mi
cama es mi refugio en cualquier parte del mundo. Porque estoy en paz
conmigo misma. ¿También es la jefa de la tribu en su casa? Claro, es algo que tienes que hacer, y tus hijos tienen que aprender
un poquito de eso. En la escuela cada vez les están educando para
entender que la tecnología es buena hasta cierto grado, como todo. Cualquier cosa usada compulsivamente es mala. Sobre todo si no te gusta
ser del corral, del redil, de todo lo mismo. ¿Nunca le gustó el redil? Jamás. ¿A quién le va a gustar eso? Bueno, hay gente a quien le gusta pertenecer a un grupo. Por el sentido de pertenencia. Soy muy respetuosa. Tengo amigas a las que les gusta hacer lo que
hace todo el mundo. No sé si es una falta de identidad. No me gusta que
manejen mi vida. Soy muy independiente. Tienes que tener tu propia
filosofía para que no te mueva el piso ningún partido político ni nadie
que quiera tener control sobre ti. Y eso es importante en un momento
como el que vivimos.
¿Cómo ve a las nuevas artistas latinas que vienen pisando fuerte? Me inspiran mucho. Cada generación se reivindica. Lo hizo mi madre,
mi abuela, mi bisabuela. Que se apoyen a sí mismas, que se liberen y nos
liberen. La sangre nueva tiene mucha garra. Son valientes, atrevidas,
talentosas. Todas las mujeres somos hermosas.
Cuando está sola, ¿tira mucho de móvil? Me imagino que como todo el mundo, pero también me gusta desconectar .
A veces, como jefa de la tribu, tienes que pedir que todos bajen sus
teléfonos y lo guarden un par de horas. Forma parte del código de una
sobremesa, de un código de etiqueta que se está perdiendo.
¿Le parece que las redes sociales, con su falta perfección, fomentan la frustración y la envidia? La envidia no tiene que ver con tener 20 o 40 años. Yo envidio a la
gente que sonríe mucho . Cuando tienes un legado detrás, el complejo del
tiempo es una estupidez. Lo que más vale es tu sonrisa. ¿Lleva siempre un ventilador en el bolso? [No le gusta la pregunta] No, bueno, quizá abstracto, seguramente lo llevo en mi cabeza. Si quieres te regalo uno. Lo decía como un halago. Forma parte de su iconografía. Mira, no creo que un elemento como un ventilador te de la imagen. También lo usa Beyoncé y no me creo con derecho a criticarla. Pero usted lo hizo antes. Ya, no sé, seguro que David Bowie lo hizo antes, y fue el icono del pop mucho antes. Tiene fama de tener mucho carácter. No siempre te dicen la verdad. No crean todo lo que se dice. ¿Le importa? Lo que se diga de usted, digo. Me tiene muy al margen. No me importa si no me conoces. Lo que piense la gente de mí no me quita el sueño ni me importa mucho. ¿Qué es el lujo para una diva? Mi máximo lujo es estar desnuda en una playa. De incógnito total. Definitivamente, eso es el lujo.