Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

19 nov 2019

Tres test que te dirán si tienes estrés, ansiedad o tristeza

La detección es fundamental para evitar graves problemas de salud.

 

estres

 

Coger atascos cada mañana, quedarte hasta tarde en el trabajo por costumbre, llegar a casa y no tener tiempo para tu familia son experiencias cotidianas que hacen que nuestros niveles de estrés y ansiedad se disparen. 
También pueden hundirnos en la tristeza.
 Y, metidos en esa vorágine de rutina, podemos acabar sufriendo un serio aumento de presión arterial, la depresión, diabetes y obesidad. La buena noticia es que son problemas fáciles de detectar y que tienen solución.
 El primer paso es hacer un sencillo test, como el que está disponible en la página web del Ministerio de Sanidad.
En el caso del estrés, se trata de una prueba de 14 preguntas confeccionada por la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, que valora cómo reaccionamos ante determinadas situaciones estresantes, así como la frecuencia o la intensidad con la que experimentamos un conjunto de síntomas.
 El resultado se obtiene utilizando la Escala de Estrés Percibido.
 Si tenemos más de 23 puntos, hemos tenido un nivel de estrés alto en el último mes.
 Si la puntuación es de 34 o mayor, el nivel es muy alto.
Para conocer nuestros niveles de ansiedad, debemos responder a 12 preguntas sobre la frecuencia con la que hemos tenido determinados síntomas cognitivos, fisiológicos y motores. 
Si la suma de nuestros resultados es 16 o mayor (en el caso de los hombres), o 19 o mayor (en el caso de las mujeres), el Ministerio recomienda buscar a un profesional para hacer una evaluación más exhaustiva.
El test de la tristeza consta de 15 preguntas y nos dará varios resultados relacionados con distintas emociones: tristeza, ánimo, ira, ansiedad, fatiga y el Índice General de Alteración Emocional (la suma de algunas de las anteriores). 
El Ministerio aporta una tabla con las distintas puntuaciones por las que se considera que estos sentimientos son altos o muy altos.
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‘Apolo 12’: 50 años del segundo viaje a la Luna

La segunda misión al satélite fue muy distinta de la primera en complejidad, objetivos e incluso en la relación que mantenían entre sí sus tripulantes.

El módulo lunar del 'Apolo 12' sobrevuela la Luna. En vídeo, así fue el segundo viaje a la Luna.
Tras el éxito del alunizaje del Apolo 11, la NASA decidió programar el siguiente vuelo dentro del mismo año, siguiendo la consigna de Kennedy de alcanzar la Luna “antes de que termine el decenio”.
Pero la misión del Apolo 12, que alunizaba hace hoy 50 años, iba a ser muy distinta en complejidad, objetivos e incluso en la relación que mantenían entre sí sus tripulantes. 
Armstrong y Aldrin se habían tratado siempre con un respeto distante.
 Quizá imbuidos de la trascendencia histórica de su viaje, en él no hubo lugar para bromas ni comentarios relajados. 
El Apolo 11 fue un viaje de ingeniería, cuyo principal objetivo era demostrar que el descenso en la Luna (y posterior regreso) era posible
 No importaba mucho la precisión de la maniobra, mientras ésta fuera segura.
 Y el hecho de permanecer en la superficie sólo durante un par de horas no dejaba mucho margen a hacer ciencia.
 Buena parte de él se consumió en ceremonias protocolarias, desde el izado de bandera y posterior conferencia telefónica con Nixon hasta el descubrimiento de la placa conmemorativa.
 Después de su aventura, Armstrong, Aldrin y Collins siguieron sus respectivos caminos, sin apenas volver a coincidir salvo en las contadas ocasiones en que la NASA los convocaba para alguna celebración.
La tripulación del Apolo 12 (Pete Conrad, Richard Gordon y Alan Bean) era otra cosa. 
Los tres eran aviadores navales y Conrad había sido el instructor de Gordon y Bean en la escuela de pilotos de prueba donde establecieron una buena amistad; en cuanto a experiencia en el espacio, Conrad había servido como copiloto en la Gemini 5 y volvió a volar en la Gemini 11, llevando a su lado al mismo Gordon. 
Bean nunca había salido al espacio pero Conrad tenía tan buena opinión de él que pidió expresamente que fuera asignado a la tripulación del Apolo 
. Como piloto del módulo lunar, le correspondería bajar a la Luna junto con el comandante. 

 

Desde el primer momento estaba claro que este sería un equipo muy diferente.
 Dispuestos a realizar una misión impecable, los tres hombres eran conscientes de que iba a ser el viaje de sus vidas e iban a disfrutarlo.
Pocas semanas antes del lanzamiento, Conrad tuvo un encuentro con Oriana Fallaci, una periodista italiana escéptica de que la primera frase de Armstrong (“El primer paso para un hombre...”) no hubiese sido dictada por el departamento de Relaciones Públicas de la NASA. 
Conrad le aseguró que tenían plena libertad para decir lo que quisiera y cruzó una apuesta de quinientos dólares con ella.
 Cuando llegase a la Luna se lo demostraría.
Cuando por fin pisó suelo lunar, la primera fase de Conrad –nada épica, por cierto- fue una broma: “¡Yuuupi! Este quizás fue un pequeño paso para Neil pero desde luego es uno bien grande para mí”
De todo el equipo de astronautas, Conrad era el más bajito;
 Neil Armstrong pasaba del metro ochenta. 
Cuando por fin pisó suelo lunar, su primera fase –nada épica, por cierto- fue una broma: “¡Yuuupi! Este quizás fue un pequeño paso para Neil pero desde luego es uno bien grande para mí”. Fallaci nunca pagó la apuesta.

Pero no fue fácil llegar a ese momento.
 Las complicaciones empezaron ya desde el lanzamiento, al que asistía el presidente de EE UU como espectador de honor. 
Nixon había recibido a los astronautas del Apollo 11 a su llegada al portaaviones; ahora no quería perderse el espectáculo del despegue.
 
El módulo lunar del 'Apolo 12' sobrevuela la Luna. En vídeo, así fue el segundo viaje a la Luna.


Pero no fue fácil llegar a ese momento.
 Las complicaciones empezaron ya desde el lanzamiento, al que asistía el presidente de EE UU como espectador de honor. 

En el Centro Kennedy el tiempo era malísimo. Llovizna, nubes bajas y amenaza de tormenta eléctrica.
 En esas condiciones las normas de seguridad aconsejaban aplazar el lanzamiento.
 Pero –quizá por la presencia de Nixon–, se decidió continuar de todas maneras.
 No había transcurrido un minuto de vuelo cuando un rayo alcanzó el cohete. Diez segundos y otro más.
En la atmósfera cargada de estática, el Saturn 5 se había convertido en un pararrayos perfecto. 
No sólo por sus ciento diez metros de metal sino por la cola de llamas que dejaba atrás. 
El plasma de los escapes a altísima temperatura era un magnífico conductor que casi llegaba al suelo. 
Desde la cápsula y recorriendo todo el cohete, dos descargas de quizás 50.000 amperios se abrieron paso hasta tierra. 
Justo cuando se aproximada a la zona de máxima presión aerodinámica.
La tripulación del 'Apolo 12': de izquierda a derecha, Conrad, Gordon y Bean.
La tripulación del 'Apolo 12': de izquierda a derecha, Conrad, Gordon y Bean.
Los indicadores luminosos del panel de mandos se iluminaron como un árbol de Navidad.
 Las tres células que suministraban energía eléctrica se habían desconectado. 
Sin alimentación, la plataforma inercial perdió todas sus referencias.
 La señal de alarma resonó en los cascos de los tres pilotos. Y en Houston, los monitores de las consolas que seguían el curso del cohete cambiaron para mostrar una serie de signos absurdos y sin sentido.
El encargado de monitorizar los sistemas eléctricos era John Aaron, un ingeniero de 26 años que llevaba cuatro trabajando en Houston. 
Probablemente era el único en la sala que había visto ese mismo problema antes, en el transcurso de una simulación. Sin alimentación, los equipos que preparaban los datos de telemetría se habían apagado; de ahí el caos que veía en su pantalla. 
Y sabía que existía una batería de reserva.

El módulo lunar del 'Apolo 12' sobrevuela la Luna. En vídeo, así fue el segundo viaje a la Luna.
Tras el éxito del alunizaje del Apolo 11, la NASA decidió programar el siguiente vuelo dentro del mismo año, siguiendo la consigna de Kennedy de alcanzar la Luna “antes de que termine el decenio”.
Pero la misión del Apolo 12, que alunizaba hace hoy 50 años, iba a ser muy distinta en complejidad, objetivos e incluso en la relación que mantenían entre sí sus tripulantes. Armstrong y Aldrin se habían tratado siempre con un respeto distante. Quizá imbuidos de la trascendencia histórica de su viaje, en él no hubo lugar para bromas ni comentarios relajados. El Apolo 11 fue un viaje de ingeniería, cuyo principal objetivo era demostrar que el descenso en la Luna (y posterior regreso) era posible. No importaba mucho la precisión de la maniobra, mientras ésta fuera segura. Y el hecho de permanecer en la superficie sólo durante un par de horas no dejaba mucho margen a hacer ciencia. Buena parte de él se consumió en ceremonias protocolarias, desde el izado de bandera y posterior conferencia telefónica con Nixon hasta el descubrimiento de la placa conmemorativa. Después de su aventura, Armstrong, Aldrin y Collins siguieron sus respectivos caminos, sin apenas volver a coincidir salvo en las contadas ocasiones en que la NASA los convocaba para alguna celebración.
Desde el primer momento estaba claro que este sería un equipo muy diferente. Dispuestos a realizar una misión impecable, los tres hombres eran conscientes de que iba a ser el viaje de sus vidas e iban a disfrutarlo
La tripulación del Apolo 12 (Pete Conrad, Richard Gordon y Alan Bean) era otra cosa. Los tres eran aviadores navales y Conrad había sido el instructor de Gordon y Bean en la escuela de pilotos de prueba donde establecieron una buena amistad; en cuanto a experiencia en el espacio, Conrad había servido como copiloto en la Gemini 5 y volvió a volar en la Gemini 11, llevando a su lado al mismo Gordon. Bean nunca había salido al espacio pero Conrad tenía tan buena opinión de él que pidió expresamente que fuera asignado a la tripulación del Apolo. Como piloto del módulo lunar, le correspondería bajar a la Luna junto con el comandante.
Desde el primer momento estaba claro que este sería un equipo muy diferente. Dispuestos a realizar una misión impecable, los tres hombres eran conscientes de que iba a ser el viaje de sus vidas e iban a disfrutarlo.
Pocas semanas antes del lanzamiento, Conrad tuvo un encuentro con Oriana Fallaci, una periodista italiana escéptica de que la primera frase de Armstrong (“El primer paso para un hombre...”) no hubiese sido dictada por el departamento de Relaciones Públicas de la NASA. Conrad le aseguró que tenían plena libertad para decir lo que quisiera y cruzó una apuesta de quinientos dólares con ella. Cuando llegase a la Luna se lo demostraría.
Cuando por fin pisó suelo lunar, la primera fase de Conrad –nada épica, por cierto- fue una broma: “¡Yuuupi! Este quizás fue un pequeño paso para Neil pero desde luego es uno bien grande para mí”
De todo el equipo de astronautas, Conrad era el más bajito; Neil Armstrong pasaba del metro ochenta. Cuando por fin pisó suelo lunar, su primera fase –nada épica, por cierto- fue una broma: “¡Yuuupi! Este quizás fue un pequeño paso para Neil pero desde luego es uno bien grande para mí”. Fallaci nunca pagó la apuesta.
Pero no fue fácil llegar a ese momento. Las complicaciones empezaron ya desde el lanzamiento, al que asistía el presidente de EE UU como espectador de honor. Nixon había recibido a los astronautas del Apollo 11 a su llegada al portaaviones; ahora no quería perderse el espectáculo del despegue.
En el Centro Kennedy el tiempo era malísimo. Llovizna, nubes bajas y amenaza de tormenta eléctrica. En esas condiciones las normas de seguridad aconsejaban aplazar el lanzamiento. Pero –quizá por la presencia de Nixon–, se decidió continuar de todas maneras. No había transcurrido un minuto de vuelo cuando un rayo alcanzó el cohete. Diez segundos y otro más.
En la atmósfera cargada de estática, el Saturn 5 se había convertido en un pararrayos perfecto. No sólo por sus ciento diez metros de metal sino por la cola de llamas que dejaba atrás. El plasma de los escapes a altísima temperatura era un magnífico conductor que casi llegaba al suelo. Desde la cápsula y recorriendo todo el cohete, dos descargas de quizás 50.000 amperios se abrieron paso hasta tierra. Justo cuando se aproximada a la zona de máxima presión aerodinámica.
La tripulación del 'Apolo 12': de izquierda a derecha, Conrad, Gordon y Bean.
La tripulación del 'Apolo 12': de izquierda a derecha, Conrad, Gordon y Bean.
Los indicadores luminosos del panel de mandos se iluminaron como un árbol de Navidad. Las tres células que suministraban energía eléctrica se habían desconectado. Sin alimentación, la plataforma inercial perdió todas sus referencias. La señal de alarma resonó en los cascos de los tres pilotos. Y en Houston, los monitores de las consolas que seguían el curso del cohete cambiaron para mostrar una serie de signos absurdos y sin sentido.
El encargado de monitorizar los sistemas eléctricos era John Aaron, un ingeniero de 26 años que llevaba cuatro trabajando en Houston. Probablemente era el único en la sala que había visto ese mismo problema antes, en el transcurso de una simulación. Sin alimentación, los equipos que preparaban los datos de telemetría se habían apagado; de ahí el caos que veía en su pantalla. Y sabía que existía una batería de reserva.

“Probad SCE a AUX”

Nadie, ni siquiera el director de vuelo ni Conrad sabían de qué estaba hablando cuando dijo “probad SCE a AUX”. SCE era un oscuro conmutador en la nave, apenas utilizado. 
Frenéticamente, Alan Bean lo buscó en su zona del panel, dio con él y lo accionó.
 Como por milagro, todo volvió a la normalidad.
 El apagón sufrido por la nave no había afectado al computador que guiaba la trayectoria del cohete, situado 20 metros más abajo. 
A bordo, toda la adrenalina acumulada se descargó en forma de carcajadas.
En Houston también hubo suspiros de alivio, pero no del todo. 
Imposible saber si las descargas habían dañado el sistema de apertura de paracaídas. 
En ese caso, no había solución, así que mejor no comentar nada.
Una de las piezas del módulo lunar, silueteado contra la Tierra.
Una de las piezas del módulo lunar, silueteado contra la Tierra.
El resto del viaje transcurrió sin incidentes. 
El Apolo 12 tenía por objetivo posarse en un punto concreto del Océano de las Tormentas, en el hemisferio occidental de la Luna.
 Allí había ido a parar, dos años y medio antes, la sonda Surveyor 3. Conrad y Bean debían recuperar algunas piezas cuyo desgaste querían analizar los ingenieros. 
Pero, para eso, tendrían que descender a no más de trescientos metros de distancia. 
La autonomía de sus escafandras aconsejaba no exceder ese límite.

18 nov 2019

Estos cinco limpiadores faciales funcionan de verdad (por eso son los más vendidos)

Si la limpieza facial es el paso básico y clave para una piel saludable y bonita, vale la pena esforzarse por encontrar el producto que mejor cuide tu rostro. 

Encuéntralo entre los cinco más exitosos que ofrecen resultados reales..

limpiador facial
Limpiar bien el rostro es la base para conseguir una piel bonita. Foto: Cortesía de Glossier

Es el mejor  truco de la tan envidiada belleza asiática y el paso básico para toda rutina facial que se precie: por eso, a estas alturas de la película, las mujeres ya tenemos clarísimo que tenemos que limpiarnos la cara al menos una vez al día.

 Según datos recogidos en uno de los últimos estudios realizados por Birchbox, “el 89% de las españolas realizamos la limpieza facial a diario para regenerar nuestra piel y prevenir los signos de envejecimiento”. 

De todas ellas, el 52% lo hace antes de irse a dormir, el 17% por la mañana y un 31% de la forma más correcta.

 Es decir: tanto por la mañana al despertar como por la noche antes de acostarnos. 

Además, las búsquedas no engañan.
 Según los datos registrados en Google Trends, en los últimos cinco años el interés por la limpieza facial ha aumentado en más de un 80%.
 O sea que sí: la rutina de desmaquillado y purificación de la piel ha sido, es y sigue siendo tendencia.
 Y por eso no es de extrañar que los productos desarrollados para llevarla a cabo sean de los más solicitados en tiendas especializadas y farmacias y, en concreto los de marcas españolas, de los más buscados por las asiáticas.

Para elegir el tuyo (o los tuyos: este es el ritual en tres pasos que recomienda la belleza coreana) es indispensable definir tu tipo de piel y probar formatos y texturas hasta dar con el adecuado.
 Pero como primer paso, quizá quieras decantarte por uno de los cinco limpiadores más vendidos en España. 
 Son estos y están avalados por expertos y por sus usuarias: funcionan de verdad.

1. Hydro Boost de Neutrogena

¿Por qué funciona? Por su textura en gel no comedogénica (que no obstruye los poros) que, al contacto con el agua, libera todo su poder limpiador y elimina no solo impurezas sino también el exceso de grasa.
¿Por qué es el más vendido? Porque está indicado para pieles normales, mixtras y grasas: o sea, la gran mayoría de la población. Y, sobre todo, porque además de limpieza, esta gama de Neutrogena está especializada en proporcionar una hidratación duradera gracias a su tecnología Barrier Care enriquecida con ácido hialurónico.
neutrogena hydro boost




2. Agua micelar 4 en 1 de Isdin

¿Por qué funciona? Porque está formulada a base de ingredientes de origen natural sin alcohol, perfumes ni jabón y es apta para todo tipo de pieles (incluidas las más sensibles).
¿Por qué es el más vendido? Porque no es solo un agua micelar, sino que se trata de un formato cuatro en uno: además de desmaquillar, limpia, tonifica e hidrata y está avalado por una marca de referencia como Isdin.
 Es una de las más recomendadas por los maquilladores.
 

3. Take the day off de Clinique

¿Por qué funciona? Porque llega en textura bálsamo: la más potente para disolver el maquillaje y que actúa como por arte de magia haciéndolo desaparecer. 
Su textura aparentemente compacta se transforma en un aceite fluido al contacto con la piel pero sin efecto graso.
¿Por qué es el más vendido? Porque es un formato innovador y una de las versiones más económicas en su categoría.
 Pero, sobre todo, porque elimina el maquillaje inmediatamente -tanto del rostro como de los ojos- y actúa también contra el más persistente. 
Es adecuado para todos los tipos de piel.

maquillaje clinique



4. Squalane Cleanser de The Ordinary

¿Por qué funciona? Porque de nuevo nos encontramos ante una novedosa textura en bálsamo que se transforma al calentarse con las manos. 
Pero, por encima de todo, porque logra un desmaquillado completo gracias al escualano: un lípido inodoro y parte esencial de la película hidro-lípida de la piel que la deja suave, sedosa y sin sensación grasa.
the ordinary

5. Foaming Cleanser de CeraVe

¿Por qué funciona? Porque es un gel que se convierte en espuma y resulta mucho más suave y menos agresivo para la piel. 
 También porque la marca CeraVe desarrolla sus productos con dermatólogos y este limpiador contiene tres ceramidas esenciales y ácido hialurónico.
¿Por qué es el más vendido? Porque es una de las marcas de cosmética preferida de las celebrities y, desde que llegó a España hace poco más de un año, está triunfando. 
Es apta para todo tipo de pieles y elimina la grasa y las impurezas sin alterar la barrera protectora de la piel.
 Además de en el rostro, puede aplicarse en el cuerpo con iguales resultados.


¿Por qué es el más vendido? Porque The Ordinary causa furor y su bálsamo viene en un cómodo formato tubo.
 Además, porque hidrata y protege -los dos principios esenciales para una piel sana y bonita según la AEDV– además de limpiar.


Malú y Albert Rivera, una celebración de cumpleaños y un futuro en suspenso


Albert Rivera y la cantante Malú.
Albert Rivera y la cantante Malú. GtresOnline

El exlíder de Ciudadanos organizó una fiesta de cumpleaños en la casa que comparte con la cantante, mientras las vidas profesionales de ambos se encuentran paralizadas y sin un camino claro a corto plazo.

No hay nada previsto en el horizonte cercano de Malú y Albert Rivera. 
Nada excepto dejar claro que su relación, esa de la que ninguno de ellos habla abiertamente, continúa y lo hace con paso firme. Después de la dimisión del exlíder de Ciudadanos tras los decepcionantes resultados de las elecciones del pasado 10 de noviembre respecto a los resultados de solo seis meses antes, parece que el político y la cantante han encontrado refugio el uno en el otro. Inmediatamente después de que Rivera anunciara que abandonaba la política para dedicar más tiempo a los suyos, sus padres, su hija, su pareja..., ambos emprendieron una escapada rápida que los alejó durante unos días del revuelo que la decisión dejaba en Madrid. 
Se les pudo ver en un bar de carretera reponiendo fuerzas a temprana hora de la mañana del día siguiente al anuncio, y así lo atestiguaron unas imágenes que captó otro de los clientes del local. 
Pero cuando todo sonaba a retirada temporal del huracán mediático que la dimisión y su propia relación sentimental habían desencadenado, la pareja volvió a Madrid después de solo tres días de desconexión para celebrar el 40º cumpleaños de Rivera el pasado viernes. 
Lo hicieron en la casa que comparten desde finales de verano en la urbanización de La Florida, situada a unos 20 kilómetros del centro de Madrid en dirección a la A-6.
 Un chalet que la artista compró en diciembre del año pasado y que durante el verano reformó para dejarlo a su gusto y compartirlo con su pareja.

Hasta allí se desplazaron familiares y amigos del político. 

Una fiesta que dejó claro que la cantante está integrada en la vida de Rivera, porque a ella asistieron los padres del expolítico, Agustín Rivera y María Jesús Díaz, y muchos compañeros de Ciudadanos entre los que se pudo ver a Juan Carlos Girauta, Miguel Gutiérres, Marcos de Quinto —acompañado de su mujer, la soprano Angelica de la Riva—, Fernando de Páramo o María Castiella.

 Tampoco faltó Begoña Villlacís, la actual vicealcaldesa de Madrid, que según ha publicado la revista Semana no paró de bailar y cantar durante la fiesta, que consistió en una comida que se prolongó hasta casi las 10 de la noche. 

Al día siguiente de la fiesta Albert Rivera publicaba una fotografía de una tarta en su cuenta de Instagram acompañada de un texto que dejaba claro su intención de mirar al futuro: 
 "Empiezo una nueva etapa en mi vida, con más libertad, más ganas de vivir que nunca, la ilusión de empezar nuevos proyectos para volver a soñar y la alegría de comprobar la maravillosa familia y los buenos amigos que tengo
Gracias a todos por haberme hecho pasar ayer un día tan emotivo y divertido". 
Malú permaneció en silencio, como lleva haciendo durante meses; las dos últimas publicaciones en su cuenta de Instagram, con un millón de seguidores, se remontan a el 22 de octubre, cuando colgó una fotografía suya en blanco y negro sin maquillaje y con un filtro a través del cual aparecía con cuernos de demonio y ojos rojos; y un vídeo del 3 de noviembre en el que aparece el que se supone es su gato, dormitando plácidamente en una postura muy cómica.
Rivera ha dimitido, sí, pero lo ha hecho por un fracaso electoral que se puede atribuir a su toma de decisiones al frente del partido que lideraba. 
Sin embargo Malú, sobre la que no cesan rumores de embarazo que ninguna de las partes confirma, permanece desaparecida desde hace meses.
 Primero, a principios de este año, tuvo que anular su gira por un accidente que la obligó a operarse el tobillo y, después, porque su convalecencia ha coincidido con el afianzamiento de su relación con Albert Rivera y ha decidido permanecer en un segundo plano y dejarle el protagonismo a su pareja, para no entorpecer su camino político.
Begoña Villacís, en la entrada de la casa de Malú y Rivera, a la que acudió para celebrar el cumpleaños del político.
Begoña Villacís, en la entrada de la casa de Malú y Rivera, a la que acudió para celebrar el cumpleaños del político. GtresOnline
De problema es que casi nadie habla de que, según las encuestas, las parejas de los candidatos prácticamente no repercuten en la decisión de voto de los españoles, pero no ocurre lo mismo con algunos artistas.
 Tomar partido, aunque solo sea en la faceta sentimental, por un personaje público significado políticamente sí influye en la imagen que Malú puede tener a futuro, no tanto en su faceta de cantante como en la de personaje famoso que puede ser interesante para las marcas de cara a su publicidad.
 En ese sentido los españoles sí se dejan influenciar por las relaciones sentimentales de las personas a las que admiran y las marcas les siguen la corriente. 
 Un parón profesional en el que también ha influido que la cantante no renovara para formar parte del jurado de La Voz, programa en el que participó cinco temporadas en Telecinco, y que a juicio de muchos expertos consiguió humanizar su imagen y que esta fama televisiva repercutiera en sus conciertos, que eran siempre un éxito.

Según una fuente cercana a la cantante está escuchando canciones pero no hay gira, conciertos ni disco a la vista.

 En el caso de Albert Rivera, todo queda aún más abierto.

 La vida a futuro de ambos se encuentra mientras tanto en suspenso.