La dieta
no es elegir colores, pero hay fitoquímicos beneficiosos para la salud
que pueden detectarse por la tonalidad que presentan las frutas y las
verduras.
Pocas veces nos paramos a contemplar el colorido del plato, y menos aún cuando nos gustan los alimentos
que vemos en él (la comida entra por los ojos). Pero quizá no sea una
mala idea detenerse, a la luz de una reciente investigación de la
Universidad Rush de Boston y el Centro de Investigación en Nutrición
Humana Tufts de Boston, cuyo objeto de estudio ha sido el color verde de
ciertos alimentos. Según el trabajo, publicado en la revista Neurology,
comer verduras y ensaladas no solo es una elección de interés
nutricional, sino que puede ayudar a preservar la memoria y las
habilidades mentales. Durante cinco años, los científicos estudiaron la
rutina de 960 adultos –de una media de edad de 91 años– para buscar la
relación entre el consumo de verduras de hoja verde y los resultados de
las pruebas cognitivas. La conclusión fue que añadir a la dieta
aproximadamente una ración diaria de verduras de este color puede ayudar
a frenar la pérdida de la memoria.
Sin
embargo, no es el verde en sí mismo el que hace de las hortalizas de
hoja una opción saludable, sino las sustancias presentes en alimentos
con esa tonalidad. "No podemos determinar la composición nutricional de
una fruta u hortaliza únicamente por su color", aclara Manuel Moñino,
presidente del comité científico de la Asociación para la Promoción de
Frutas, Verduras y Hortalizas '5 al día'. Lo que sí se puede conocer,
añade, es la predominancia de compuestos fitoquímicos
responsables del color, que las investigaciones más recientes atribuyen a
beneficios para la salud. Si bien no existen declaraciones
autorizadas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria sobre las
propiedades de estos elementos, desentrañar lo que encierra la gama
cromática de las frutas y las verduras puede ayudarnos a conocer algunas
de sus bondades nutricionales. Eso sí, de nada sirve basarse únicamente
en esto.
El dietista-nutricionista recuerda
que no existen alimentos ni colores mágicos, por eso no sirve de nada
basarse solo en los colores para elegir el menú, pero también está claro
que cuanto más variado sea el color del plato, mejor.
Verde para una vista duradera
El kiwi, la alcachofa, las acelgas, las espinacas y las lechugas son
algunas de las frutas y verduras verdes que deben su característico
color a la clorofila, y suelen ser alimentos ricos en luteína, un
potente antioxidante
que se asocia a la reducción del riesgo de la degeneración macular, una
afección que reduce la agudeza visual.
Aunque deberían estar siempre presentes en nuestra alimentación, debemos tener en cuenta que ni todo 'lo verde'
es igual, ni el color es excluyente.
Por ejemplo, los alimentos de la
familia de las crucíferas, como el brócoli y las coles de Bruselas, contienen sustancias como los glucosinolatos (relacionadas con un potencial efecto protector frente al cáncer), característica que comparten con la coliflor, su "prima" de color blanco.
Pocas veces nos paramos a contemplar el colorido del plato, y menos aún cuando nos gustan los alimentos
que vemos en él (la comida entra por los ojos). Pero quizá no sea una
mala idea detenerse, a la luz de una reciente investigación de la
Universidad Rush de Boston y el Centro de Investigación en Nutrición
Humana Tufts de Boston, cuyo objeto de estudio ha sido el color verde de
ciertos alimentos. Según el trabajo, publicado en la revista Neurology,
comer verduras y ensaladas no solo es una elección de interés
nutricional, sino que puede ayudar a preservar la memoria y las
habilidades mentales. Durante cinco años, los científicos estudiaron la
rutina de 960 adultos –de una media de edad de 91 años– para buscar la
relación entre el consumo de verduras de hoja verde y los resultados de
las pruebas cognitivas. La conclusión fue que añadir a la dieta
aproximadamente una ración diaria de verduras de este color puede ayudar
a frenar la pérdida de la memoria.
Sin
embargo, no es el verde en sí mismo el que hace de las hortalizas de
hoja una opción saludable, sino las sustancias presentes en alimentos
con esa tonalidad. "No podemos determinar la composición nutricional de
una fruta u hortaliza únicamente por su color", aclara Manuel Moñino,
presidente del comité científico de la Asociación para la Promoción de
Frutas, Verduras y Hortalizas '5 al día'. Lo que sí se puede conocer,
añade, es la predominancia de compuestos fitoquímicos
responsables del color, que las investigaciones más recientes atribuyen a
beneficios para la salud. Si bien no existen declaraciones
autorizadas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria sobre las
propiedades de estos elementos, desentrañar lo que encierra la gama
cromática de las frutas y las verduras puede ayudarnos a conocer algunas
de sus bondades nutricionales. Eso sí, de nada sirve basarse únicamente
en esto. El dietista-nutricionista recuerda que no existen alimentos ni
colores mágicos, por eso no sirve de nada basarse solo en los colores
para elegir el menú, pero también está claro que cuanto más variado sea
el color del plato, mejor.
Verde para una vista duradera
El kiwi, la alcachofa, las acelgas, las espinacas y las lechugas son
algunas de las frutas y verduras verdes que deben su característico
color a la clorofila, y suelen ser alimentos ricos en luteína, un
potente antioxidante
que se asocia a la reducción del riesgo de la degeneración macular, una
afección que reduce la agudeza visual. Además, las verduras de color
verde son por lo general ricas en vitamina K, fibra, magnesio y ácido fólico, esencial en procesos vitales como la gestación. Aunque deberían estar siempre presentes en nuestra alimentación, debemos tener en cuenta que ni todo 'lo verde'
es igual, ni el color es excluyente. Por ejemplo, los alimentos de la
familia de las crucíferas, como el brócoli y las coles de Bruselas, contienen sustancias como los glucosinolatos (relacionadas con un potencial efecto protector frente al cáncer), característica que comparten con la coliflor, su "prima" de color blanco.
La salud cardiovascular del blanco de la cebolla y el ajo
Dentro de esta gama de color se encuentran
el ajo, la cebolla, el rábano y el puerro.
Según detalla Moñino,
generalmente estos alimentos aportan fitoquímicos como los
indoles, que pueden influir en el proceso de proliferación celular, que
está relacionado con el desarrollo de tumores.
Además, algunos
ingredientes como el ajo y la cebolla contienen alicina y quercitina,
unas sustancias azufradas que les otorgan, además de su característico aroma, unas propiedades susceptibles de mejorar la salud cardiovascular.
Naranjas y amarillos, una pista hacia la vitamina A
Existe una creencia popular que sostiene que las zanahorias son
buenas para la vista y, en parte, es cierta. "El alimento en sí no es
beneficioso para la salud visual, pero sí lo es el betacaroteno, el
pigmento que da color a los alimentos de tonalidad naranja como las
calabazas, los mangos y las naranjas, el cual nuestro organismo
transforma en vitamina A", subraya el experto. Entre las bondades potenciales de la vitamina A también destaca la de contribuir al mantenimiento de la piel en condiciones normales y al fortalecimiento del sistema inmunitario.
Rojo licopeno, con tonos de antioxidante
Es uno de los colores más llamativos de la
paleta cromática y uno de los más sugerentes, también en nuestra cesta
de la compra.
El licopeno –un tipo de carotenoide– es el responsable de
esas tonalidades vivas en las frutas y verduras, y también es un
fitoquímico que ha sido objeto de estudio por sus cualidades
antioxidantes.
Moñino explica que algunas de las últimas investigaciones
apuntan a que podría proteger nuestro sistema cardiovascular y jugar un
papel protector frente a varios tipos de cáncer.
Fresas, sandías, pimientos, tomates… además de compartir color, por lo
general todos ellos se caracterizan por ser ricos en vitamina C.
Violeta, ¿un color de mujer?
Las uvas, las ciruelas, la col lombarda, los arándanos y las moras deben su color a un pigmento llamado antocianina,
un fitoquímico con efectos antioxidantes que pueden llegar a ser buenos
en la prevención de los problemas cardiovasculares.
La carrera musical de Camilo Sesto, entre 'Melina' y 'Mola mazo'.
El artista en la grabación del programa de fin de año de 1983 para TVE. En vídeo, el último adiós a Camilo Sesto en la SGAE.RICARDO GUTIÉRREZ | Vídeo:Atlas
Fue el gran cambio de guardia. Durante los años sesenta, en España se
impusieron los conjuntos. Más o menos autosuficientes, obligaron a que
la industria renunciara a muchos de sus hábitos: de repente, se quejaban
los veteranos, “mandaban los mocosos”. La venganza llegó a finales de
los sesenta, principios de los setenta: las discográficas recuperaron el
timón. Inventaron el concepto de la canción del verano pachanguera y,
sobre todo, apostaron por los baladistas, sobre los que controlaban su
repertorio, las producciones, los lanzamientos. Hablamos
de Juan Pardo (¡y Junior!), Nino Bravo, Juan Bau, Lorenzo Santamaría,
Daniel Velázquez. Pablo Abraira, Julián Granados, Juan Camacho, Miguel
Gallardo. Curiosamente, tenían callo: se habían pateado todo tipo de
escenarios cuando ejercían de vocalistas de grupos. Gente avispada que cambió las indumentarias a lo Carnaby
Street por los trajes de pata de elefante, con corbatones (podía ser
peor: también se pusieron de moda los petos). Colocaron a su servicio
una infraestructura de muy profesionales compositores y músicos de
estudio que, durante el reino de los conjuntos, habían basculado hacia
el casposo mundo de los festivales y que volvían a ser requeridos para
grabar y actuar.
Camilo Sesto
se situaba muy por encima de casi todos sus coetáneos en términos de
recursos vocales; además, había pegada en sus fondos instrumentales. Componía mucho de su repertorio, con títulos como Melina o Fresa salvaje
que sugerían un oído atento a la actualidad política y cultural. Camilo
también recurrió a la inspiración del incansable Juan Pardo y, para Amor… amar o Mi verdad,
a las letras de Lucía Bosé . Se agradecían tales ayudas ya que el
departamento de mercadotecnia del sello Ariola le exigía editar un par
de álbumes por año. Precisamente de la mano de Juan Pardo conoció las eficaces cadenas de
montaje de los estudios británicos, ya habituadas a trabajar para
artistas continentales. A los arreglos de Juan Carlos Calderón o
Alejandro Monroy, se sumaron las orquestaciones de Zack Laurence, Johnny
Arthey, Brian Bennett, Kenny Woodman o Tom Parker. En 1975, rompió la
rutina financiando y patrocinando el montaje del Jesucristo Superstar madrileño. Su expresividad, bien demostrada en los discos anteriores, le permitió superar el reto del moderno teatro musical. Pudo suponer una ruptura estética pero Camilo prefirió volver al
territorio ya conquistado, a una América hispana que entraba en la
luctuosa era de las dictaduras militares. No chocó con Pinochet y
compañía pero se planteó que era hora de ampliar mercados. Un paso en
falso fue Look in the Eye (1977), donde traducía al inglés
varios de sus éxitos, con producción de Fernando Árbex. Lo volvió a
intentar instalándose en Los Ángeles a principios de los ochenta. Camilo
(1982) contenía esencialmente material de autores estadounidenses,
incluyendo un melancólico dueto con Judy Collins. El disco tenía nivel
pero su impacto fue mínimo: resultó más rentable el Método Julio
Iglesias, que pasaba por convertirse en una presencia constante en el
circuito anglo, al borde de la parodia del latin lover pero siempre con una actitud risueña. Camilo mantuvo su impulso durante los años siguientes, aunque parecía
funcionar en piloto automático: aceptaba premios cutres, se presentaba
en actos benéficos de la alta sociedad, produjo a cantantes femeninas,
cumplía con la prensa del corazón. Si había detrás un proyecto artístico
personal, lo escondió a la hora de escribir su autobiografía. A finales de los ochenta, con su instalación en un chalet de
Torrelodones, bajó su productividad. Se fue convirtiendo, no hay otra
manera de describirlo, en una presencia fantasmal, dando lugar a
fantásticos rumores. Su Mola mazo, en 2002, fue un chispazo a lo Fangoria que no tuvo continuidad. Cierto
que cumplía con sus obligaciones promocionales cuando se publicaban
recopilaciones pero, en las conversaciones con la prensa, se hacía
evidente que no entendía el mundo musical contemporáneo ni sus
verdaderos méritos en una época particularmente dorada del pop romántico
español.
El sur de
Jalisco ha sido invadido de modo repentino por el cultivo de aguacates.
Las ganancias de vértigo que deja la producción en Michoacán explican el
fenómeno.
Un puesto de aguacates en México. I. EsquivelCuartoscuro
En agosto fui a visitar a Lucía Bosé
a su casa de Segovia. Siempre luminosa y ávida de comentar la
actualidad me recibió con una buena pregunta: “¿Quién está detrás de Rosalía?
Porque lo que hace es bueno. No se equivoca en nada”. Me dejó sin
respuesta, asombrado ante su curiosidad. Recordé que en la última
entrega de los premios ICON, de la que fui presentador, Pedro Almodóvar le entregó el premio revelación y ella abrazó al director de Todo sobre mi madre, con un candor maravilloso. “¿Entonces es Almodóvar?”, insistió Lucía. A estas alturas, tras conseguir el primer premio MTV para un cantante español
y tras una actuación donde se consagró ante el público global, Rosalía
ya es, más que una cantante, una escuela. Jóvenes artistas de su
generación quieren aprender de ella y, de momento, solo pueden imitarla. Confirmé este fenómeno cuando acompañé a María Isabel, la cantante que ganó Eurovisión Junior con aquel Antes muerta que sencilla, en la emisión de Lazos de Sangre dedicado a Marisol. María Isabel acudió un tanto forzada a hablar como exniña prodigio,
algo de lo que las niñas prodigio jamás quieren comentar. Lo hizo
enseñando unos labios pintados de naranja fluorescente, ropa superurbana
y esas larguísimas uñas que son santo y seña de Rosalía. “He cambiado
pero siempre he sido urbana”, reiteró María Isabel, dejando claro que
ese género musical es mucho mayor que Rosalía. No se lo discutí porque estaba pensando en Isa P (que se pronuncia Pi), antes más conocida como Chabelita, la hija de Isabel Pantoja,
que nos tiene en ascuas ante la inminente salida de su primer vídeo
musical. “Ahora estoy mejor”. Y es porque Isa P es ahora más deudora del
estilo de Rosalía que del de su progenitora. Aunque haga un esfuerzo enorme por no parecer una estrella del
Korean Pop, Isa P no puede evitar tampoco el influjo de la escuelita de
Rosalía. Ella lucha por gustar y enseña glúteos con alarmante apariencia
de estar retocados y más propios de Miss Venezuela que de Miss Corea. Pero clama y reclama que su madre debería acompañarla para su estreno
musical. Ahí donde Rosalía va sola con su talento, Isabel Pi necesita la
aceptación materna y en público.
Rosalía actúa sobre el escenario de los premios MTV Video Music Awards, el pasado 26 de agosto en New Jersey.Dimitrios KambourisGetty Esa llamativa necesidad de la presencia materna se está convirtiendo en un fenómeno propio de las actuales celebrities. Cayetano Martínez de Irujo también pertenece a esa estirpe y no duda en titular su exitoso libro de memorias De Cayetana a Cayetano. Sin adentrarse en la estética transgénero, me lo comentó abiertamente
antes de nuestra entrevista en la televisión pública. Lo encontré
genial, una mezcla peculiar, aunque no del todo insensata, de autoayuda y
egotrip. Cayetano como entrevistado es único, te involucra y
te hace sentir la transferencia: que solo tú recibes algo muy noticioso. Más que lazos de sangre, este libro de memorias apunta a convertirse en
charcos de sangre o en una serie de televisión para cualquier
plataforma digital interesada en lo cotidiano de los Grandes de España. Pero para que la historia funcione, tiene que haber una madre a gran
escala como fue Cayetana de Alba. ¡España es muy de madres! Y la prensa del corazón lo sabe, lo exprime
y lo refuerza. Muchas de las heroínas de esa industria son madres. Obregón, Preysler, Pantoja, Cervera, Mar Flores, Lucía Bosé, Belén Esteban,
adalides de lo que significa ser madre y española. Luchadoras y
supervivientes pero siempre mamás. Al igual que el éxito de Rosalía, se
trata de una fórmula irresistible. En España todos los caminos llevan a
la madre.
Cayetano escribe en sus memorias que su madre no estaba preparada para
serlo. Al final acepta, entiende, que es igual a ella. Hay transferencia
de Cayetana a Cayetano. Los hijos, mientras podemos, le echamos la
culpa de lo malo a nuestros padres, asumiendo que es una buena terapia
para encarrilar nuestra propia vida. Otra frase provocadora es cuando
Cayetano describe a la Infanta Elena
(que, oh sorpresa, ¡fueron novios por tres meses!) como
“superentrañable y supertodo”. Pienso que debe ser superdifícil ser
ambas cosas. Pero es que en un mundo donde lo súper es ser madre, todo
lo que se puede calificar de súper tiene menos contenido. Pienso que
deberíamos aplicarlo despreocupadamente. Por ejemplo, el panorama
político: supercomplicado y supertodo. Incluso para seguir celebrando los superéxitos de Rosalía, que es ahora la madre del cordero