Ve la luz
‘Rubberband’, álbum grabado por Miles Davis en 1985 y rechazado por
Warner.
Otro regalo inesperado: el rescate de una banda sonora de
Coltrane.
Miles Davis, en una actuación en Nueva York en 1985.Gary GershoffGetty
Puede que todo comenzara con Betty Mabry. Modelo y cantante, se movía
por los círculos neoyorquinos del rock y del soul. Fue casualidad que coincidiera con Miles Davis
y que entre ambos surgiera una relación abrasadora. En 1968, se
convirtió en la segunda esposa legal del trompetista y cambió tanto su
música como su look. Por entonces, Davis mantenía su rutina profesional, ante públicos decrecientes.
Miles Davis, en una actuación en Nueva York en 1985.Gary GershoffGetty
Puede que todo comenzara con Betty Mabry. Modelo y cantante, se movía
por los círculos neoyorquinos del rock y del soul. Fue casualidad que coincidiera con Miles Davis
y que entre ambos surgiera una relación abrasadora. En 1968, se
convirtió en la segunda esposa legal del trompetista y cambió tanto su
música como su look. Por entonces, Davis mantenía su rutina profesional, ante públicos decrecientes. Reconvertida
en Betty Davis, ella le hizo ver que estaba descolocado. El jazz
parecía aspirar al suicidio comercial, tras la eclosión del free;
Betty le llevó al territorio donde estaba la acción. Primero, renovó su
vestuario. Segundo, le sumergió en discos de Hendrix, Otis, Sly, Cream.
Poco a poco, Miles se fue electrificando. Hay indicios en Miles in The Sky (1968), pero se hace evidente al año siguiente, con In a Silent Way. Davis
controlaba su evolución con pulso firme; no ocurría lo mismo con su
matrimonio, envenenado de celos y violencia. Los temas dedicados a Betty
reflejan ese deterioro, del exquisito Mademoiselle Mabry al despectivo Back Seat Betty. Se divorciaron en 1969, sin romper el contacto. Con su apellido de casada, Betty se reinventó como lúbrica vocalista de funk-rock, sin lograr gran impacto. Miles se estableció en la emergente escena del jazz-rock, creando escuela con discos dobles como Bitches Brew y On the Corner. Sin embargo, tampoco logró entrar en el mainstream
de la música negra. No formaba parte de la dieta sonora del gueto: su
ámbito eran los palacios del rock, el circuito europeo del jazz, Japón.
Entre 1976 y 1980, Miles desapareció de la circulación, perdido entre
cocaína, dolorosos achaques y confusión íntima: se transformó en el
Príncipe de la Oscuridad, como decía su leyenda. Le salvó una
intervención familiar, encabezada por su hermana Dorothy y su futura
tercera esposa, la actriz Cicely Tyson. Reapareció en 1981 con una
balada que pegó en la radio: Time After Time, de Cindy Lauper. Todavía no había recuperado su pericia en la trompeta, pero lo
disimulaba con una banda que incluía bestias como el guitarrista Mike
Stern, el saxofonista Bill Evans y el bajista Marcus Miller.
Aunque hubo algunas recaídas en las drogas, aprovechando ausencias de
Cicely, todo funcionaba perfectamente hasta que dio un puñetazo encima
de la mesa: abandonó Columbia, su hogar desde 1955. Le molestó algún
gesto de tacañería, aunque la disquera le había mantenido durante sus
años de inactividad. Y le indignaba el asunto Wynton Marsalis:
la nueva estrella de la trompeta también grababa para Columbia y,
mientras ascendía a capo del jazz en Nueva York, no ocultaba su
antipatía por el Miles eléctrico. También había roto amarras con Teo
Macero, su productor en Columbia.
La modelo y cantante Betty Davis, segunda esposa de Miles Davis, en una imagen sin datar.
Sin avisar a esa compañía, en 1985 fichó con Warner. Decidió debutar con un disco que le estableciera como figura del funk. El álbum, que nunca se publicó y verá la luz el próximo 6 de septiembre
(mes en el que habrá otra operación de rescate en la sección de
leyendas del jazz con otra referencia olvidada de John Coltrane), tenía título, Rubberband, y los cómplices adecuados: chavales de Chicago a los que había conocido a través de su sobrino, el baterista Vince Wilburn Jr.
Ya habían trabajado con Miles y sabían de sus peculiaridades: les dejaba
solos en el estudio y, al final, él sumaba su trompeta. Aparte de
Vince, al proyecto Rubberband se unieron Randy Hall y Attala
Zane Giles, músicos y productores de soul contemporáneo. Nada de jazz:
Miles quería “el sonido de la calle”. Usaron Ameraycan, estudio del
guitarrista Ray Parker Jr., situado en North Hollywood (Los Ángeles). Hasta el ingeniero tenía pedigrí: Reggie Dozier era hermano de Lamont
Dozier, gran constructor del Sonido Motown. Soportaban los arrebatos de
Miles: insultos, golpes de boxeo, groserías varias. Dozier se quedó
aterrado al comprobar que podía tocar fuera de micro; intentaba, luego
lo explicaría, explorar los armónicos y asegurarse de que no
desafinaba. Terminaron contentos: Miles añadió su trompeta (y algo de
sintetizador) en 11 temas. Faltaba rematar uno e incorporar las voces de
Al Jarreau y Chaka Khan cuando cayó el mazazo: Tommy LiPuma,
responsable de jazz en Warner, decretó que aquello no se debía publicar.
¿Tan horrible era? No para los oídos de Miles: Rubberband, Carnival Time, Wrinkle y I Love What We Make Together sonaron en muchos conciertos; otras dos piezas fueron recicladas en Doo-Bop, su disco póstumo.
Con la publicación de Rubberband constatamos que no se
trataba de un disco radical. Aunque ahora se haya endulzado con las
gargantas de Ledisi y Lalah Hathaway, el moderno r&b estaba compensado con música trepidante a lo Miami Vice, algunas baladas y hasta un exotismo smooth jazz(Paradise).
Reconvertida
en Betty Davis, ella le hizo ver que estaba descolocado. El jazz
parecía aspirar al suicidio comercial, tras la eclosión del free;
Betty le llevó al territorio donde estaba la acción. Primero, renovó su
vestuario. Segundo, le sumergió en discos de Hendrix, Otis, Sly, Cream.
Poco a poco, Miles se fue electrificando. Hay indicios en Miles in The Sky (1968), pero se hace evidente al año siguiente, con In a Silent Way.
LiPuma prefería que Miles colaborara con Marcus Miller: tocaba
prácticamente todos los instrumentos, tenía olfato comercial, sus
producciones encajaban en el sonido esterilizado de los ochenta y… era
flexible a la hora de los créditos. Funcionó, hay que decirlo, con Tutu (1986) y Amandla
(1989). El truco: LiPuma exigía firmar como coproductor, multiplicando
su sueldo. Tampoco Miles está exento de culpa: no peleó por Rubberband.
Y cometió errores de primerizo: fiándose de David Franklin, abogado que
también guiaba la carrera de su esposa actriz, firmó sin advertir que
cedía sus derechos editoriales a Warner Chappell. Los adelantos tampoco
fueron generosos: recibía casi medio millón de dólares para gastos de
producción de cada disco… pero se gastaba mucho más, con lo que empezaba
endeudándose con Warner. Lamentablemente, el sello tampoco ha sido capaz de honrar la memoria de Miles. No ha llegado a materializar The Last Word,
la tantas veces anunciada panorámica de sus seis últimos años. Su único
lanzamiento comparable con las exhaustivas cajas de Columbia es The Complete Miles Davis at Montreux 1973-1991,
una iniciativa de Claude Nobs, fundador del festival suizo. Tampoco ha
logrado juntar en un disco las grabaciones confeccionadas por Prince
para el trompetista, reinventadas en giras y en un estudio alemán. No
esperen grandes revelaciones, pero todavía queda Miles por descubrir.
La reina Sofía también destacó el pasado domingo, tras visitarle por la mañana, su sentido del humor: "Nunca lo pierde".
Cristina parece más una hermana que una madre , son muy guapos sus hijos y sobre todo su hija
El
rey Felipe VI y la reina emérita salen de la clínica Quirón, en Madrid,
junto a una de los médicos de don Juan Carlos. Madre e hijo acudieron a
ver al Rey emérito el sábado, pocas horas después de la intervención
quirúrgica del monarca. Fueron los primeros de una larga serie de
visitas que han acudido al hospital.Victor J BlancoGTRES. Su madre de niño lo educó muy bie y más mayor recuerdo que iba a verlo a EE.UU. cuando seguía sus estudios.La infanta Elena con sus hijos Felipe Juan Froilán y Victoria Federica.
El jueves, el rey Felipe volvió a acudir a la
clínica Quirón de Pozuelo de Alarcón (Madrid) para visitar a su padre,
el rey Juan Carlos. Lo hizo acompañado de su hija, la infanta Sofía..
Maggiori y Casiraghi, en el despacho de los Encuentros Filosóficos de Mónaco, en el Barrio Latino de París.Ed AlcockCarlota Casiraghi
y Robert Maggiori son, a todas luces, una extraña pareja. Una tiene
sangre azul y el otro es hijo de inmigrantes italianos. Ella es nieta de
Grace Kelly
y octava en la línea de sucesión monegasca, mientras que él ejerce de
filósofo, especialista en Gramsci y Jankélévitch. Ella es un personaje
de papel cuché, cuando él oficia como crítico en Libération, el diario que fundó Sartre. Su pasión compartida por el pensamiento los llevó a fundar, en 2015, los Encuentros Filosóficos de Mónaco.
Bajo ese paraguas, este dúo improbable pilota varias actividades: un
coloquio anual que reúne a los mayores intelectuales del planeta, un
premio al mejor libro filosófico del año y un programa educativo de
iniciación a esta opaca disciplina en todas las escuelas del Principado.
“No aspiramos a que alumnos de primaria resuelvan cuestiones que han
preocupado a los pensadores durante 25 siglos. El objetivo es que,
cuando sean mayores, la filosofía no les resulte ajena”, afirma
Casiraghi, en blusa y deportivas, durante una tarde veraniega en París. Ed Alcock Por una vez, la heredera monegasca no ha venido a hablar de su vida privada, sino de su primer ensayo filosófico, Archipiélago de pasiones(Libros del Zorzal),
a punto de llegar a las librerías españolas. Casiraghi firma este
tratado sentimental con Maggiori, su antiguo profesor de Filosofía en el
instituto, inspirándose en sus conversaciones sobre asuntos como el
miedo, la arrogancia, la crueldad o el amor. Y así, hasta llegar a 40
emociones distintas. Igual que en los diálogos socráticos, pero
observando la sociedad actual y sus derivas. Insinuar que la iniciativa
aspira a reparar la imagen superficial de los Grimaldi sería una ofensa
para esta licenciada en Filosofía por La Sorbona y apasionada lectora de
Lou Andreas-Salomé, una de las primeras mujeres psicoanalistas, que se
codea con dos discípulos de Derrida, Joseph Cohen y Raphael Zagury-Orly,
cofundadores de una plataforma que aspira a democratizar el acceso a la
disciplina. Maggiori recuerda a Casiraghi como una alumna aplicada y escrupulosa,
perfeccionista hasta lo obsesivo. “Siempre entregaba los deberes tarde
porque quería que estuvieran lo mejor posible”, señala el profesor. En
realidad, siempre hubo más en su vida que cenas de gala y concursos
hípicos. “Desde pequeña me interesó la literatura, la poesía y, más
tarde, el pensamiento. Cuando iba de campamentos, me llevaba una libreta
para anotar mis reflexiones”, recuerda. Durante las clases de Maggiori,
entendió que lo suyo era vocacional. Y que el mundo de las ideas la
ayudaba a vivir mejor. “La filosofía fue un auxilio frente a la
intensidad de la vida. La conciencia de ser vulnerable me llevó por este
camino”, admite. Sin embargo, se niega a relacionarlo con su condición
de nieta de jefe de Estado acosada por los paparazis. “Hay factores en
mi historia que explican ciertas cosas, pero esa fragilidad es común a
todo ser humano”, zanja la hija de Carolina de Mónaco. En el libro, los autores recurren a Montaigne y Rousseau, a Nietzsche y María Zambrano,
a Alberto Moravia y Martha Nussbaum. Su misión es subrayar la
complejidad de lo que sentimos. La ira también puede ser positiva. La
alegría, melancólica. Y la tristeza, un motor de cambio. Una emoción no
existe sin sus zonas limítrofes. “Por eso lo llamamos archipiélago: son
pequeñas islas en un mismo mar, separadas por fronteras difusas”, resume
Casiraghi. ¿Abogan los autores por una filosofía práctica que resuelva
los conflictos de la vida diaria? “No es un libro de autoayuda, pero es
verdad que no hacemos filosofía para filósofos”, concede Maggiori,
partidario de combinar “el rigor intelectual con un lenguaje
inteligible”. Tampoco es el volumen de un maestro dando lecciones a su
discípula, sino un diálogo entre iguales. “Esta es una de las grandes
virtudes de Robert como profesor: contemplar la igualdad de las
inteligencias”, afirma ella. “El objetivo de un buen profesor es que su
discípulo acabe convertido en su maestro”, sonríe él. Dedican el libro a
sus muertos: al hermano de Maggiori y al padre de Casiraghi, fallecido
en un accidente náutico cuando ella tenía cuatro años. “Escribir es una manera de invocar a los ausentes”, responde con extremo
pudor esta princesa sin título nobiliario. Su antiguo profesor aportará
alguna pista más: “A veces vivimos cosas irreversibles que agitan
nuestro pensamiento. Y son esas experiencias las que nos hacen llegar
más lejos de lo que creímos en un comienzo”.
Un informe
encargado por el Ayuntamiento critica el conocimiento fragmentado de
policía y autoridades del escenario donde operan las redes criminales.
Estatua del filósofo Espinoza, en Ámsterdam.Alamy
Ámsterdam se ha convertido en un centro de tráfico de cocaína de
Europa, un negocio que mueve miles de millones de euros. El mercado está
en manos de una veintena de grupos, con cinco jefes como máximo. Así lo
afirma un durísimo informe encargado por el Ayuntamiento de la capital
holandesa, que critica “el conocimiento fragmentado por parte de policía
y autoridades de las redes criminales,
los barrios donde operan y los correos humanos que utilizan, de
consecuencias desastrosas para la ciudad”. Elaborado por Pieter Tops,
experto en Administración pública, y Jan Tromp, periodista de
investigación, añade que “la economía en la sombra creada por los
delincuentes permite el envío de cifras multimillonarias al extranjero,
sin supervisión bancaria alguna”. El trabajo iba a ser publicado el
viernes, pero el diario De Telegraaf lo ha filtrado forzando al Consistorio a hacerlo público. Si bien advierten de la falta de datos precisos, incluyen algunas
cifras llamativas, entre ellas, la del uso anual de cocaína en
Ámsterdam: suma al menos 75 millones de euros, según el análisis de las
aguas residuales urbanas. O bien el hecho de que, esta primavera, más de
la mitad de las 337 peticiones de licencia de apertura de locales del
sector de la restauración estudiadas por el Consistorio fueran avaladas
por fondos privados. Un 35% de estos financieros tenían antecedentes
penales. Añaden asimismo “el millón de transacciones consideradas
inusuales, reportado entre 2016 y 2018 a escala nacional, de las cuales,
un 32% provenía de la capital. “De estas últimas, 21.000 se tacharon de
sospechosas y abarcaban 8.300 millones de euros”. A la vista de la sorpresa creada por las conclusiones del informe,
Femke Halsema, la alcaldesa, ha señalado que “clarifica los peligros que
comportan los delitos derivados de la droga para la seguridad, el
mercado inmobiliario y la economía”. En una nota remitida al
Ayuntamiento, ha anunciado además su intención de “trabajar de forma más
estrecha con el Gobierno y otros Consistorios”. Halsema dice que habla
en nombre de la policía y los tribunales, una declaración de intenciones
que Jan Struijs, presidente del Sindicato Nacional de Policía ha
traducido a su modo. Este mediodía, ha propuesto “la creación de un FBI a
la holandesa”, porque en 2018 su sindicato ya señaló que el país “presentaba los rasgos de un narcoestado”. La afirmación aparecía en un estudio elevado entonces al Congreso, y
pidió “la contratación de 2.000 nuevos colegas”. Ahora solicita 500
investigadores especializados.
Titulado De achterkant van Amsterdam (algo así como
la fachada opuesta de Ámsterdam), el trabajo de los expertos Tops y
Tromp, indica que los agentes se centran en aclarar los asesinatos
callejeros entre bandas rivales, “y luego prima la sensación de que,
"bueno, las drogas, para qué combatirlas”, dice uno de sus pasajes. También reconoce la sobrecarga policial, “y el hecho de que no reciban
muchas denuncias relativas a la actividad de traficantes y correos de la
droga”. Ambos expertos han invertido seis meses en hablar con cincuenta
personas del entorno analizado, además de repasar otros trabajos, y
aseguran que el dinero obtenido por los criminales
juega un papel importante en la ciudad. “Lo blanquean en el mercado
inmobiliario, en comercios dudosos, emplean una violencia extrema y
utilizan a menores cada vez más pequeños para hacer recados. Hay un
ejército de jóvenes que vive a la sombra de una economía en la sombra”. Y
hay familias y comunidades enteras, “que han perdido la noción de lo
que es una sociedad ordenada”, aseguran. En este punto, ambos estudiosos se detienen en la denominada banca hawala,
un sistema oscuro de transferencia de fondos a través de
intermediarios. En el contexto holandés de las drogas, Ámsterdam es un
nudo importante de esta red, que escapa a los inspectores de Hacienda,
“pero sirve para blanquear millones”. En informe concluye advirtiendo al
Ayuntamiento de que “se necesitarán 10 o 15 años de trabajos para
recuperar el control de los bajos fondos”, y en la necesidad “de
reforzar la lucha contra las drogas, cuyo uso se ha asentado en la
sociedad".