Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

10 ago 2019

José Carlos Cataño: el imposible exterminio de una luz.....juan cruz ruiz

Era un escritor sin cesar, y era un poeta hasta cuando no escribía nada.

Dos grandes amigos de entonces venían a despertarme por las mañana al Barrio Nuevo de La Laguna, donde yo vivía en una casa terrera.
Venían a la hora de las antiguas lecheras, tocaban a la puerta con la confianza de encontrar adentro a alguien y cuando ya les abría lo que traían no era leche sino poesía.
Aquellos dos jóvenes heridos por la poesía y marcados por la alegría y la broma que anima a todos, a esas edades, a sentirnos inmortales, eran Andrés Doreste Zamora y José Carlos Cataño. Ellos consideraban que, porque yo trabaja ya, estaban despertando de un sueño demasiado largo a un burgués perezoso.
Yo les aguantaba de nueva gana esas bromas porque, a cambio, me regalaban imaginación y esa alegría de camaradas que entonces parecía gratis y eternamente duradera.
Ahora ha muerto, exactamente como del rayo, como aquel amigo de Miguel Hernández, el más joven de aquellos dos poetas de mis amaneceres. José Carlos Cataño, nacido en La Laguna en 1954, trasterrado, de buena gana, a Barcelona veintitrés años más tarde, murió en la madrugada de este viernes en su casa de allí.
 Primero parecía que estaba afectado por algo pasajero, y luego se le representó, como si matara su luz, el espectro voraz de un infarto.
 Deja a su mujer, Carmina, y a Vera, su hija, desconsoladas. Y deja en las estanterías muchos libros, el último de los cuales es una recopilación que Pre-Textos hizo de su poesía.
 En el telar cibernético, me dice su hija, había otros libros recién acabados.
 Era un escritor sin cesar, y era un poeta hasta cuando no escribía nada.

Ahora ha muerto, exactamente como del rayo, como aquel amigo de Miguel Hernández, el más joven de aquellos dos poetas de mis amaneceres. José Carlos Cataño, nacido en La Laguna en 1954, trasterrado, de buena gana, a Barcelona veintitrés años más tarde, murió en la madrugada de este viernes en su casa de allí. Primero parecía que estaba afectado por algo pasajero, y luego se le representó, como si matara su luz, el espectro voraz de un infarto. Deja a su mujer, Carmina, y a Vera, su hija, desconsoladas. Y deja en las estanterías muchos libros, el último de los cuales es una recopilación que Pre-Textos hizo de su poesía. En el telar cibernético, me dice su hija, había otros libros recién acabados. Era un escritor sin cesar, y era un poeta hasta cuando no escribía nada.
A aquella pareja Doreste-Cataño siguieron, para Cataño, otros dúos que estaban benéficamente heridos por la pasión poética. Con Carlos Eduardo Pinto escribió, con el seudónimo conjunto Pórfido Santos John, una novela que fue célebre y que quedó segunda en el mismo premio que entonces (1974) ganó Félix Francisco Casanova, un genio que desgraciadamente se fue de este mundo poco después de ese éxito, a los diecinueve años. Tanto la novela de Félix Francisco (El don de Vorace) como la de Pórfido Santos John fueron publicadas por el más benéfico de los editores (y poetas) canarios, Manuel Padorno, con su mujer, Josefina, en Taller de Ediciones JB.

Ese libro que escribieron Cataño y Pinto como pianistas bien conjuntados fue el inicio de la doble militancia de ambos en la narrativa y la poesía.
 Ya solo en la vida literaria, convertido en un escritor obsesivamente dedicado a defender con uñas y dientes la intimidad de la vida como la afirmación poética de la existencia, Cataño se hizo un diarista formidable, de carácter unamuniano, que escribía contra esto y aquello, con esperanza o sin ella, pero siempre con convencimiento.
 Esa autobiografía que constituyen sus diarios conocieron
En los que cruzan el mar (Pre-textos 2004) un caleidoscopio de resplandores, de vivos y de oscuros resplandores, porque él fue un poeta, un narrador, un ciudadano disconforme que abordaba la vida como si ésta fuera un risco irremediablemente resbaladizo.
Ahí, en ese libro, en su poesía, sobre todo en su poesía, Cataño se mostró siempre de cuerpo entero, nunca delegó su personalidad para ponerla a resguardo de la intemperie. Conoció el dolor e incluso la proximidad terrible de la muerte (una vez, en Taganana, donde un accidente al borde del mar pudo haberlo dejado ya sin el resplandor que luego siguió siendo su vida), pero no perdió ni en esos momentos, ni en las de la franca alegría, la elegancia.
Esa elegancia recordaba la de los años de esplendor de Luis Feria, su bigote recortado, sus zapatos de antigua moda y de muy elegante rescate, sus chaquetas de estilo inglés, sus gafas como de ave proustiana echada a volar en La Laguna o en Las Canteras o en el Café Gijón de Madrid.

Su generación, a la que pertenezco aunque él, y otros citados aquí, son muchísimo más jóvenes, estuvo transida por la luz del surrealismo que atravesó de cabo a rabo la identidad de la literatura canaria de aquellos años en que Andrés y José Carlos me despertaban con versos y narraciones de Julio Cortázar o de Rimbaud.
Recibí temprano, ante esta máquina de escribir, en un garaje del sur de Tenerife, la terrible noticia de su muerte.
En un garaje así recibí en enero de 1976 la noticia de la muerte de Félix Francisco Casanova.  
El azar movió aquel tiempo, y aquel tiempo no se acaba aunque el destino se empeñe en exterminar su luz.




Fallece el poeta canario José Carlos Cataño

El 9 de enero de 2009 ingresó como miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua.

 

 El poeta José Carlos Cataño, natural de La Laguna, murió durante la pasada madrugada de este viernes a los 64 años de edad. Nació el 30 en agosto de 1954, estudió Bellas Artes en Tenerife y se licenció en Filología Románica en la Universidad de Barcelona en 1977.

El 9 de enero de 2009 ingresó como miembro honorario de la Academia Canaria de la Lengua
."Para mí es un privilegio ingresar en esta institución" serán las primeras palabras con las que el autor isleño comenzó su discurso de aceptación. 
José Carlos Cataño, afincado en Barcelona desde hace más de treinta años, siempre tuvo presente su tierra y su juventud.
 En 2007 publicó "Aurora y exiliio", un recopilatorio de su labor ensayística entre los años 1980 y 2006.
 Una huella de escritura poética en torno a la "figura interiorizada de la insularidad", en palabras del propio poeta.
 Este trabajo podría definirse como una segunda entrega de "Escritos", obra de Cataño publicada en 1994, cuya escasa tirada hizo que pronto el libro se convirtiese en objeto de deseo para bibliófilos y coleccionistas por su difícil acceso.

Trayectoria

José Carlos Cataño (La Laguna, 1954) comenzó estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife. En 1974 se trasladó a Barcelona para estudiar la licenciatura en Filología Hispánica.
Ese mismo año obtiene el Premio Benito Pérez Armas de Novela con El exterminio de la luz. Después de Jules Rock-1973 publica su primer libro de poemas: Disparos en el paraíso (1982). Tres años después publicó una de las raras novelas sefardíes de la literatura hispánica: De tu boca a los cielos. Con posterioridad ha publicado títulos como Muerte sin ahí (1986), El cónsul del mar del Norte (1990), A las islas vacías (1997) o En tregua (2001).
La primera edición revisada y corregida de la totalidad de su obra poética apareció en 2006 con el título de "El amor lejano. Poesía reunida, 1975-2005". Su obra poética ha sido traducida al inglés, francés, italiano y hebreo, a la vez que ha sido recogida en varios estudios literarios.
Menos conocida es su faceta como dibujante reflejada en muestras como las celebradas en Barcelona, Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife.
 Durante los 80 y los 90 varios artistas, entre los que se encuentran Yamandú Canosa, María Helguera o Jordi Cano, colaboraron con xilografías y grabados en sus obras literarias.

9 ago 2019

El cebiche universal............................ Ignacio Medina

Siempre ha sido un plato coral, común en cocinas que comparten despensa y querencias.

Un plato de cebiche.
Un plato de cebiche. Getty Images

Cuentan que el primer cebiche moderno lo preparó Pedro Solari en su local de Jesús María, en Lima. 
Una leyenda culinaria en un local con una sola mesa y un comedor abigarrado y ostentoso como lo eran las casas burguesas de la primera mitad del siglo XX.
 Nadie le pone fecha exacta, pero debió ser a finales de los ochenta o principios de los noventa. 
Toshiro Konishi dirigía ya el itamae del Matsuei en sustitución de Nobu, emigrado a Argentina para montar su propio restaurante, y de cuando en cuando se acercaba al local de Jesús María para ejercer de aprendiz improvisado

Solía contar que fue allí, sentado en un taburete junto a la cocina del hueco de Pedro Solari para observar los gestos, los movimientos y las maneras del cocinero limeño, donde vio preparar lo que algunos llamaron cebiche al momento.

 Nadie lo sabía entonces, pero aquella fórmula que muchos veían como una invención bizarra marcaría el principio de un proceso que, casi 20 años después, cambiaría la cara de la cocina peruana y la proyectaría hacia el mundo. 

Pedro troceaba el pescado y lo bañaba con la leche de tigre cuando el cliente ya estaba sentado en la mesa y concretaba el pedido. 

Se iba a la cocina, preparaba el plato y volvía al comedor para dar conversación al cliente y aliviar los 20 minutos de espera. Era el tiempo que tardaba en sacar su cebiche a la mesa.

 No era tan al momento, aunque se le acercaba.

 El pescado había cambiado de color, pero todavía se mostraba fresco y jugoso, casi natural.

 Una inmediatez impensable en una época en la que los cebiches se preparaban a primera hora de la mañana, cuando no la noche anterior, y se dejaban macerando en el jugo del limón y los otros ingredientes de la leche de tigre hasta la hora del almuerzo. 

El efecto del limón era una cocción en frío que acababa trastocando la naturaleza del pescado.

 Algunos lo vinculaban a preparaciones llegadas del norte del país.

 Lo he visto igual en el Mochoco de Huanchaco, a pocos kilómetros de Trujillo, pero a estas alturas nadie sabe donde nació uno y donde empezó el otro.

Hoy, vemos la fórmula de Pedro Solari como una preparación tirando a clásica, una especie de herencia del pasado cuando los cebiches viven instalados en la inmediatez absoluta.

 El limón o la leche de tigre se añaden en el momento del servicio, cuando no directamente en la mesa, para poner en valor el frescor del pescado y preservar la textura y el sabor. Los nuevos cebiches coexisten con fórmulas populares, como la del cebiche carretillero, que todavía se vende por las calles.

 El pescado se pica fino y se deja algunas horas en un baño de limón antes de salir a venderlo. 

Lo preparan casi igual en Ciudad de Panamá, donde se vende por cubos en los puestos del Mercado del Marisco, junto al Casco Viejo. 

 Me falta el picante del ají y las formas de la leche de tigre, pero en esencia viene a ser una versión más de un plato que multiplica sus alternativas mientras recorre la costa del Pacífico.

 Solo en Perú se cuentan por docenas, aunque hay muchísimas más. 

En el sur de Chile llaman raspadito a un plato preparado con los restos del pescado que quedan pegados a la espina central después de sacar los filetes. Se desmenuza, se prensa y se baña en limón toda la noche. 

En México, donde cuentan con una tradición cebichera tan secular como la peruana, van cambiando las versiones según estés en Acapulco, Jalisco, Veracruz, Sonora o cualquier otro Estado del Pacífico. 

Ecuador conserva la tradición del macerado en naranja para sus cebiches de camarón hervido, mientras en Loja tienen un cebiche de hígado de vaca, cocido y picado, y en Jipijapa bañan el pescado en un jugo preparado a base de maní licuado con naranja.

 La lista es larga y también recorre las cocinas centroamericanas, compartiendo las mismas raíces básicas, llegadas a nuestras cocinas con los españoles: cebolla, el jugo de uno o varios cítricos y cilantro o perejil. 

Siempre fue un plato coral, común en cocinas que comparten despensa y querencias; un plato universal.

8 ago 2019

Lo que hace Isabel Preysler entre tratamiento y gym

¿Juega con sus nietos? ¿Qué admira de Mario Vargas Llosa? Isabel Preysler se sincera.

En un programa en el que también participó su hija Tamara Falcó, Isabel contó la estupenda etapa que atraviesa.

La última entrega del programa de televisión Lazos de sangre ha tenido como protagonista a Isabel Preysler que, desde su casa de Puerta de Hierro en Madrid, repasó algunos de los momentos de su vida, habló de su relación actual con el Nobel, Mario Vargas Llosa, y también de su papel como abuela
“Vivir con Mario no es vivir con un premio Nobel, él no va de premio Nobel. 
 Mario es una persona de una gran humildad, que además hace la vida muy agradable y fácil, a mí me la hace, pero también a mis hijos, mi madre, mis amigos” explicó. 
Entre las cualidades que admira del literato está precisamente esa sencillez y naturalidad que demuestra. “Admiro la gran humildad que tiene y la generosidad también.
 Él no tendría que ser tan adorable como es con todos mis hijos, todos mis hijos le quieren, pero de verdad que le quieren ya, todos ya” añadió.


“He tenido la gran suerte de que Mario es adorable, que se ha amoldado mucho a mi vida y me hace muy feliz”.
 Una alegría que siente además cuando pasa tiempo con sus nietos. “No me molesta en absoluto que me llamen abuela (...). Tengo a Miguel, el pequeño, que cuando vienen Ana y Fernando viven en casa conmigo.
 Los otros es cuando yo voy a Miami, hago vida familiar y les disfruto al máximo. 
Y me encanta disfrutar de mis nietos, los nietos te dan mucha energía y juventud, les chupo toda la juventud que puedo porque disfruto de ello.
 Juego con ellos muchísimo” asegura Isabel con simpatía. Sus hijos, su madre, su familia en definitiva es fundamental. 
“Son lo más importante de mi vida” apunta.

En el espacio participó su hija, Tamara Falcó, que también echó la vista atrás para recuperar los recuerdos que tiene de su infancia y hablar sobre su madre, a la que define como una mujer luchadora y "que es fundamental en su vida". 
"Mami tiene un aura especial sobre ella, es discreta, elegante, es belleza, pero tiene algo que no se pierde con la edad que es el encanto" explicó, con la naturalidad y espontaneidad que la caracteriza. 
Sobre Julio Iglesias contó: “Tío Julio es alucinante.
 Siempre mi sensación era que cuando hablaba contigo te hacía sentir la persona más importante del cuarto, es como cuando canta que sientes que te está cantando a ti. 
Tiene una luz especial, tío Julio”. Destaca de su padre, Carlos Falcó, que es “cariñoso y cercano”, “una persona con una actitud regia ante la vida”, y de Miguel Boyer, que siempre fue muy bueno con ella. 
“Ha sido una figura paterna para mí, además de mi padre, me acuerdo que el día del padre le preparaba en el colegio un este de plastilina para mi padre y otro para él”.

De Mario Vargas Llosa, destaca su cercanía. “Puede hablar un poco de todo, desde la moda, qué tal está yendo su camiseta (que hice con un título de su libro), y es muy fácil hablar con él
Lo que yo conocía de él era su faceta de escritor que evidentemente es maravillosa, pero como persona Mario es excepcional”. 
 Con sus hermanos, los hijos de su padre, y Chábeli, Julio y Enrique tiene una “unión especial”, como ella misma dice, igual que con Ana, a la que ve más a menudo cuando viene a España. “Cuando vienen a Madrid se quedan en casa. 
Me hace gracia porque la estoy viendo ser madre, y tiene preocupaciones de madre.
 A mi sobrinito le considero muy mío…” dice sobre el pequeño Miguel. 
 Habló además de la reciente paternidad de Enrique Iglesias y cómo la llegada de sus mellizos le ha cambiado.
 “Ver a mi hermano con sus niños, cómo se desvive por ellos, que está deseando terminar un concierto para volver a casa. Eso es fundamental”. 

Tamara recalcó que está pasando un buen momento y contó los detalles de su colección de moda, un proyecto que la tiene muy ilusionada, aunque no ha sido sencillo. 
“Ahora tengo mi marca propia. Sacar una colección es complicado, me he concentrado en piezas básicas, combinables entre sí, y me solucionan.
 Ahora los vestidos… los he sacado”. Además será una de las concursantes de la próxima edición de MasterChef Celebrity.
 “Lo que dice la promo es que es el talent más exigente de la televisión y no conozco nada más exigente que la hostelería, tengo mucho respeto por ellos” aseguró.