Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

9 jun 2019

Congreso o guardería...................................Javier Marías..

La sesión de acatamiento de la Constitución resultó tan ridícula que sin duda sus señorías toman el Parlamento por un kindergarten.

HABLÉ HACE ya años de la fragilidad actual —de la pusilanimidad, de hecho— de muchos estudiantes universitarios estadounidenses.
 Algunos lectores quizá recuerden que exigen que sus centros sean “espacios seguros”, es decir, en los que las opiniones contrarias a sus creencias y convicciones no los “perturben” ni “desasosieguen” y sean acalladas. 
 Han cercenado la libertad de expresión —no digamos de debate— hasta límites dictatoriales. 
A veces se impide que un invitado dé una conferencia si su persona les es ingrata o prevén que sus ideas los van a “alterar”.
 Hay jóvenes que se salen de un seminario, lloriqueando, si un compañero manifiesta una postura que los “ofende” y “trastorna”. A menudo deciden qué libros y qué temas se pueden abordar en un curso y cuáles no, y, dado que los alumnos se comportan como “clientes” por los altísimos precios que sus familias pagan, a los profesores no les queda otra que tragar y plegarse.
 Lo que solía llamarse “libertad de cátedra” está muy seriamente amenazado.
Los claustros ceden cada vez más a los caprichos y a la intolerancia de estos estudiantes mimados, débiles, que se descomponen y quiebran por cualquier cosa. 
Están hechos de porcelana y no deberían ir a la Universidad, por tanto, que siempre ha sido lugar para la confrontación de ideas: en los regímenes autoritarios, incluso, con un grado de libertad del que el resto de la sociedad carecía, la prensa no digamos. 
 Si los claustros complacen a los jóvenes déspotas es en parte por amilanamiento y cobardía y en parte porque también están formados por profesores y burócratas que son igual de hipersensibles e histéricos. 
Todo esto indica una infantilización impropia. 
Estos universitarios —¡universitarios!— no han salido ni están dispuestos a salir de su niñez sobreprotegida. 
Y se sabe que los niños, si se les da pie y se les permite, tienen una tendencia natural a ser tiránicos; a que se haga su voluntad sin excepciones. 
Lo último que he leído al respecto es que algunos colleges han creado, a petición de estos clientes de guarderías, “cry rooms” y “pet rooms”, esto es, cuartos a los que retirarse a llorar y cuartos con mascotas, para que los alumnos se acerquen a acariciar conejos, perros, gatos y no sé si   cerdos y se calmen en su compañía.
 Ignoro si son alquilados o si son los de los estudiantes, que se los llevan a clase o a los aledaños. 
Es seguro, en todo caso, que de ellos no saldrán opiniones indeseadas.
 Curioso que estos universitarios busquen conversación con seres irracionales.
 Creerán que pensar es abyecto, una contrariedad y una anomalía. Dada la aceptación creciente y mundial de puerilidades, me parece que esta iniciativa debería ser adoptada por nuestros Congreso y Senado, y que sus señorías gocen de la oportunidad de irse a echar unas lágrimas o a abrazar a unos hámsteres, y de paso a unos peluches. 
La sesión de acatamiento de la Constitución resultó tan ridícula que sin duda sus señorías toman el Parlamento por un kindergarten. Lejos de los dramatismos de Casado y Rivera, que en las variopintas fórmulas de juramento o promesa vieron “ultrajes” y “humillaciones” sin cuento, lo que se contempló fue un espectáculo digno de impúberes.
 Me sorprendió que los nuevos Presidentes, Batet y Cruz, no puntualizaran a la primera: “No se les pregunta por sus fobias, filias y aspiraciones.
 Sólo si prometen o juran acatar y defender la Constitución. Por favor, limítense a eso.
 Por qué o por quién lo hacen, es superfluo”.
 Hubo fórmulas contradictorias, como “Con lealtad al mandato del 1 de octubre”, fecha de un referéndum-farsa ilegal que se utilizó para atentar contra la Constitución.
 ¿Cuál de esas dos cosas iban a defender, si son incompatibles? Otro individuo improvisó: “Por los nuevos tiempos republicanos, prometo”.
 Es dueño de sus deseos, pero, según la Constitución, que yo sepa, España es de momento una monarquía parlamentaria, que a la vez prometió defender e intentar minar o derrocar.
 Es lo de menos.
 La sarta de infantilismos y bravatas fue de opereta. “Por España”, como si hubiera cabido jurar por Francia o Alemania. “Por la democracia”, como si sus señorías no estuvieran en sus escaños gracias a ella y a un sufragio transparente y limpio, no impugnado por nadie, y no fuera el enésimo desde hace más de cuarenta años. 
  1. Hubo diputados franquistas que se dedicaron a golpear violentamente sus pupitres (sí, pupitres) como si fueran reventadores en un estreno teatral decimonónico.
  2.  Otros vestían camisetas con lemas, por fuerza simplezas (“Por la salvación del planeta”). 
  3. Todo muy ameno y pintoresco, no me quejo.  
  4. A un hermano mío lo decepcionó tan sólo que los políticos presos no se presentaran a la sesión disfrazados con trajes y gorritos a rayas blancas y negras y con un pie encadenado a una bola, como los presidiarios de los antiguos tebeos y de las películas sureñas.
  5.  En fin, no se puede tener todo. 
  6. Pero insisto en serio: vista la mentalidad infantiloide de bastantes señorías, solicito urgentemente que el Congreso habilite una habitación para soltar lágrimas y otra bien provista de animalillos, para que los diputados se desahoguen a gusto, refieran sus anhelos y cuitas a los conejos y a los cochinillos, y cumplan después con sus obligaciones.
  7.  Sobriamente y al grano, si es posible.  


8 jun 2019

Nueve inquietantes cosas que ya estaban en ‘1984’ de Orwell

Nueve inquietantes cosas que ya estaban en ‘1984’ de Orwell y ahora tienes en tu casa.

El clásico del escritor británico sobre un Gobierno obsesivo con el control se escribió hace 70 años. Hoy, muchos de los artefactos que utilizamos a diario se parecen a los que se describe en el texto-

Un momento de la película sobre la obra de George Orwell. Se llamó como la novela, '1984', la dirigió Michael Radford y se estrenó en el mismo 1984. En vídeo, el tráiler.
Ha despachado más de 30 millones de ejemplares y sufre repuntes de ventas con regularidad: los últimos en 2013 tras las filtraciones de Snowden y en 2017 con la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE UU. 
La distopía imaginada por George Orwell (India, 1903- Reino Unido, 1950) en su libro 1984 es el ejemplo más recurrente cuando se quiere explicar cómo sería una sociedad dictatorial del futuro.
 En ella se describe un Estado que es gobernado por el Gran Hermano a través de una serie de mecanismos y dispositivos que, lejos de ser algo de ciencia ficción, conviven con nosotros en la actualidad. Orwell lo publicó el 8 de junio de 1949, hace ahora 70 años.
Un momento de la película sobre la obra de George Orwell. Se llamó como la novela, '1984', la dirigió Michael Radford y se estrenó en el mismo 1984. En vídeo, el tráiler.
Ha despachado más de 30 millones de ejemplares y sufre repuntes de ventas con regularidad: los últimos en 2013 tras las filtraciones de Snowden y en 2017 con la llegada de Donald Trump a la presidencia de EE UU. La distopía imaginada por George Orwell (India, 1903- Reino Unido, 1950) en su libro 1984 es el ejemplo más recurrente cuando se quiere explicar cómo sería una sociedad dictatorial del futuro. En ella se describe un Estado que es gobernado por el Gran Hermano a través de una serie de mecanismos y dispositivos que, lejos de ser algo de ciencia ficción, conviven con nosotros en la actualidad. Orwell lo publicó el 8 de junio de 1949, hace ahora 70 años.
A continuación, repasamos algunas de las cosas que Orwell imaginó y ya están en casi cualquier casa.

- Micrófonos que te graban para controlarte

¿Qué es en '1984'? Todos los rincones urbanos de 1984 están llenos de cámaras y micrófonos. 
Incluso en las zonas rurales de las afueras, donde se supone que ya no llega el control del Hermano Mayor, también hay algún que otro micrófono para controlar a los ciudadanos. 
La cantidad de información recopilada es tal que esos receptores poseen un sistema de reconocimiento de voz para facilitar la identificación de disidentes y disolventes.

¿Cuál es su equivalente actual? En 1984 el encargado de la vigilancia mediante grabaciones de voz era el Estado; hoy en día esas grabaciones son realizadas por empresas privadas. 
Google, por ejemplo, ha estado espiando a los usuarios de su buscador, empleando para ello el micrófono del ordenador. Por lo que se ve, no basta con poner un trozo de papel en la cámara del ordenador; también hay que tapar el micrófono con un corcho.

- El 'hablaescribe'

¿Qué es en '1984'? En el futuro imaginado por George Orwell las personas apenas escriben. 
“La pluma era un instrumento arcaico, que rara vez se utilizaba siquiera para firmar”, explica el escritor en la novela, que describe a Winston Smith, el personaje protagonista, como un hombre que “no estaba habituado a escribir a mano” porque, “aparte de notas muy breves, lo normal era dictarlo todo en el hablaescribe”. 
Este dispositivo, presente en oficinas y domicilios, registraba la voz humana y la convertía en texto o la archivaba.
¿Cuál es su equivalente actual? El hablaescribe parece un pariente remoto de los mensajes de voz de WhatsApp, aunque un poco más aparatoso porque el dispositivo no se podía llevar en un bolsillo como un móvil.
 En todo caso, desde que los desarrolladores incorporaron esos mensajes de voz a la aplicación, lo que es un hecho es que son muchos los que ya se han olvidado de escribir.

- Los dos minutos de odio

¿Qué es en '1984'? El Hermano Mayor y su estructura opresiva organizan diariamente lo que llaman 
“Los dos minutos de odio”. Durante ese tiempo, las telepantallas emiten información sobre enemigos del sistema hacia los que los miembros del partido deben expresar su ira.
 Para aquellos a los que les parecen pocos estos 120 segundos de linchamiento, una vez al año, se celebra “La semana del odio”.
¿Cuál es su equivalente actual? "Los dos minutos de odio" de 1984 se parecen mucho a las redes sociales (en especial a Twitter), para qué nos vamos a engañar.
 A través de sus pantallas y dispositivos móviles, los usuarios arrojan hiel contra los enemigos del Estado, contra sus vecinos, contra ese artista al que detestan, contra ese delantero que falló en la última jornada deportiva… 
La diferencia con 1984 es que en Twitter se puede hacer anónimamente y de manera voluntaria. 
El odio no como obligación, sino como vocación.

- La telepantalla

¿Qué es en '1984'? Colocada en el interior de los domicilios o de los recintos públicos, las telepantallas transmiten mensajes institucionales y recopilaban información del entorno. Según se explica en el libro, “era capaz de captar cualquier sonido que hiciera Winston por encima de un susurro muy bajo, es más, mientras estuviera en el campo de visión dominado por la placa metálica podían verle y oírle”.
¿Cuál es su equivalente actual? La telepantalla es lo más parecido a Alexa de Amazon, a Google Home, a su evolución, el Nest Hub Max, a Portal de Facebook e incluso a esos televisores inteligentes conectados a Internet que, sin que los usuarios lo sepan, les graban en casa. 
Dispositivos que lo mismo te ponen música, que te hacen la compra online, te apagan las luces del salón o te graban un audio mientras cantas en la ducha y un vídeo cuando sales de ella.

 

 

‘Apocalypse Now’.................................... Boris Izaguirre

Nunca resulta agradable tanta ostentación en un invitado, es ruda. 

Y poco elegante. Además hacer ruido está muy mal visto en Inglaterra.

Melania Trump, en el palacio de Buckingham a su llegada a Londres.
Melania Trump, en el palacio de Buckingham a su llegada a Londres. Getty Images

 

Atento a la llegada de Donald Trump a Buckingham Palace, no pude dejar de recordar esa mítica escena de Apocalypse Now, de Coppola, en la que una flota de helicópteros estadounidenses destruye una población en Vietnam con Wagner como banda sonora.
 En su llegada a los jardines de Buckingham Palace, el presidente Trump empleó cuatro helicópteros de su fuerza aérea en una demostración de ruido, ventolera y aparatoso poderío del que más le divierte al presidente.
Aunque el gobierno norteamericano aclaró que tal exhibicionismo se debió a que era más inseguro que Trump, esposa, hijos y comitiva desfilaran en coche hasta el palacio. ¿Londres es tan inseguro?
 Ese desembarco aerotransportado mostró lo exagerado que puede ser un nuevo rico de Estados Unidos, de Arabia Saudí o de cualquier lugar. Nunca resulta agradable tanta ostentación en un invitado, es ruda. 
Y poco elegante. Además, hacer ruido está muy mal visto en Inglaterra. Pero hay que tener paciencia y salud para sobrellevarla.
Sin duda a esa misma escala militar se planificó el vestuario de Melania Trump para esta visita.
 Una sucesión de atuendos tan aparatosos como los helicópteros y casi igual de costosos. Hace un par de años, la bella Melania parecía una persona atrapada o desorientada, pero en este tour por Reino Unido creo haber comprobado que ella está mucho más contenta con su rol de esposa trofeo.
 Protagoniza actividades de primera dama de antes del MeToo. Como almorzar con otras primeras damas más modestas o visitar guarderías públicas que su marido parece querer privatizar. ¡Museos no, gracias! 
Su vestuario en esta performance quería transmitir un mensaje poderoso y se consiguió, aunque sonó a hueco.
 Ese vestido My Fair Lady, como lo calificó la prensa inglesa, con pamela engrapada, recordaba a una copia sosa de los que se ponía Joan Collins en Dinastía.
 El que empleó para el desembarco en Reino Unido, con estampado que homenajeaba al Big Ben, destilaba humor chusco.
 Igual que ese bolso de cocodrilo de 40.000 dólares.
 Y el vestido largo blanco que llevó para asistir al banquete en palacio, aunque literalmente perfecto para su silueta, era una réplica del que empleó Jackie Kennedy en esa misma situación hace casi sesenta años. 
Todo pretendía ser un homenaje, refrito por el equipo de estilistas de la Casa Blanca. 
El mensaje se percibió de otra manera, como si los Trump entendieran que para estar ante una reina hay que exhibir mucha riqueza, parecer los más ricos del pueblo. 

El periodista mexicano Jorge Ramos, en los premios 'Vanity Fair', en mayo. 
El periodista mexicano Jorge Ramos, en los premios 'Vanity Fair', en mayo. EFE
Me gustó el sombrero tipo ovni que usó para el aniversario del Día D (D de Diana, D de Dinastía, D de desembarco).
 Aunque descubrimos que era un remedo de otro que vistió Meghan Markle el año pasado.
 Como en esto, a Melania muchos la entendimos compungidos cuando empleaba su lenguaje corporal para hacernos saber que no estaba a gusto con su marido y sus formas. 
Estos días en Londres la hemos visto menos emocional, más mecánica
. Además, si hay algo más hueco y sin espíritu que un atuendo de Melania es ver a Ivanka Trump vestida de princesa Disney en Buckingham.
 ¿Qué puede pasar por su cabeza para aparecer como princesa de cuento en una cena rodeada de princesas auténticas?

Más al sur, una auténtica princesa, Carlota Casiraghi, influye en la moda nupcial con sus dos trajes de boda, uno para el día, otro para la noche.
 Además, aporta una nueva idea para el calzado: la sandalia-botín. Sobresaliente.
 Quizás no se trata tanto de la ropa, se trata de cómo la persona se siente y se conecta con lo que viste.
 Melania está desconectada de lo que lleva, podría vestir eso o cualquier otra cosa. 
Se le ven las costuras como modelo: no interpreta bien.
En otro jardín, Vanity Fair otorgó su premio de Hombre del Año al periodista Jorge Ramos, uno de los pocos nombres en español que Donald Trump reconoce.
 Lo expulsó de una rueda de prensa durante su campaña. No hay mirada más penetrante que la de Jorge Ramos y en su entrevista a Nicolás Maduro uno se da cuenta de que dos tipos de gobernante tan aparentemente opuestos como Trump y Maduro, tienen algo que los une.
 Y no es la moda, es el modo displicente y autoritario con que tratan a Ramos, y a la prensa. 
Asumo que eso es parte del talento del periodista, hacerte ver las estrategias y trampas del poderoso.
Meterse en su jardín, ver cuántos helicópteros hay y contarlo.

6 jun 2019

Las empresas europeas más innovadoras pierden 56.000 millones al año por las falsificaciones

En España, el impacto económico de las copias falsas y el contenido pirata asciende a 6.766 millones, según la oficina europea para la propiedad intelelectual.

 

 
Puestos de manteros en Sitges. En vídeo, seis detenidos en una macrooperación policial contra las falsificaciones.
Las falsificaciones de productos y el pirateo de contenidos audiovisuales cuesta casi 56.000 millones de euros al año a las empresas europeas que hacen un uso más intensivo de los derechos de la propiedad intelectual.
 La cifra equivale a una media del 7,4% de sus ventas.
 En España, el impacto es aún mayor, del 10,6%, 6.766 millones de euros, según concluye un informe de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea.
Y pone el foco en once sectores que hacen un uso intensivo de los derechos de propiedad intelectual (DPI), como son los relativos a patentes, diseños o marcas.
 Esos sectores (ropa, calzado y accesorios; smartphones; productos químicos agrarios; farmacéuticas; vino y espirituosos; música; joyería y relojes; bolsos y equipajes; juguetes y juegos; material deportivo y cosméticos y productos de cuidado personal) representan un 42% del PIB europeo, 5,7 billones de euros y el 28% del empleo. 
Además, producen un superávit exterior de 96.000 millones y sus empleados ganan un 46% más que los de sectores no tan dependientes del uso de DPI.
Sin embargo, la salud económica de las empresas de estos sectores se ve perjudicada por las falsificaciones. 
Según los últimos datos de la oficina, el comercio global de productos falsificados ascendió a 452.900 millones de euros en 2016, un 3,3% del comercio mundial.
La EUIPO asume que la venta de un producto falso no equivale a la pérdida de su equivalente verdadero, por lo que atiende a otros indicadores (indicadores de gobernanza y percepción de la corrupción, estudios sobre compra de productos falsos y contenidos pirata, etc) para calcular el daño a los mencionados sectores: pérdida de ventas, de empleo, de impuestos… 
Así, concluye que el impacto directo de las violaciones de la propiedad intelectual suman 55.982 millones de euros al año a los sectores mencionados, un 7,4% de sus ventas.

En el informe, al que ha tenido acceso EL PAÍS, la EUIPO combina y actualiza varios de los estudios que realiza periódicamente sobre el impacto de las falsificaciones. 

La EUIPO asume que la venta de un producto falso no equivale a la pérdida de su equivalente verdadero, por lo que atiende a otros indicadores (indicadores de gobernanza y percepción de la corrupción, estudios sobre compra de productos falsos y contenidos pirata, etc) para calcular el daño a los mencionados sectores: pérdida de ventas, de empleo, de impuestos… 
Así, concluye que el impacto directo de las violaciones de la propiedad intelectual suman 55.982 millones de euros al año a los sectores mencionados, un 7,4% de sus ventas.
El sector que más sufre por las falsificaciones es el de ropa y complementos, cuyas pérdidas ascienden a 28.419 millones, un 9,4% de la facturación.
 Por detrás se sitúan los medicamentos, con 9.577 millones (3,9%), y los cosméticos (7.053 millones, 10,6%). 
La falsificación de vinos y espirituosos resta un 5,9% del negocio, 2.398 millones, a las empresas legítimas.

En España, el impacto sobre los legítimos dueños de esas patentes, marcas o diseños asciende a 6.766 millones anuales, un 10,6% de las ventas de las empresas de esos sectores.
 Los porcentajes de impacto en las ventas son mayores en España que en la media de la UE en los sectores de ropa (14,9%, 3.808 millones), medicamentos (4,5%), cosméticos (14,1%), vinos y espirituosos (8,3%) y smartphones (10% frente a 8,3%).
Los productos falsos se traducen también en 468.000 empleos menos, con sus correspondientes cotizaciones, con lo que los Estados también pierden, un total de 16.000 millones al año.
 De hecho, la EUIPO calcula que el impacto indirecto total de estas falsificaciones asciende a 92.000 millones.