Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

22 may 2019

La vida no tan de color de rosa de Sara Carbonero e Iker Casillas

La pareja, calificada como "perfecta" en las encuestas de popularidad, ha tenido que solventar en el pasado importantes problemas. 

Ahora se enfrentan al cáncer de la periodista y a los problemas cardíacos del portero.

Sara Carbonero e Iker Casillas
Iker Casillas y Sara Carbonero, en diciembre de 2018 en Madrid. CORDON PRESS

 "Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste.

 Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa si es segura. Cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esta tormenta".

 Estas palabras del escritor Haruki Murakami recordadas por Sara Carbonero en su Instagram son la manera de afrontar su particular batalla.

El matemático que dejó de estudiar galaxias para intentar curar el cáncer




El nuevo presidente del mayor organismo financiador de la ciencia europea cambió las matemáticas por la medicina tras la trágica muerte de su joven mujer.

Mauro Ferrari con su primera mujer, Marialuisa, en Berkeley en 1987, cuando tenían 28 y 25 años.
Mauro Ferrari con su primera mujer, Marialuisa, en Berkeley en 1987, cuando tenían 28 y 25 años.
Ese chaval melenudo y barbudo de la foto, Mauro Ferrari, va a manejar un presupuesto mayor que el de muchos países: 
16.600 millones de euros para el periodo 2021-2027.
 La Comisión Europea acaba de anunciar que ese chico, hoy un señor de 60 años, será el próximo presidente del Consejo Europeo de Investigación, el mayor organismo dedicado a financiar la ciencia en el continente. 
Esta es la triste historia de aquella foto de 1987.
Ferrari, nacido en Padua (Italia) en 1959, suele empezar sus charlas mostrando un retrato de una chica veinteañera. 
“Esta es Marialuisa”, proclama ante su audiencia.
 La vio por primera vez, según explica, cuando ella tenía 20 años y él, 23. “Me enamoré de ella hasta tal punto que, unas horas después de conocerla, literalmente, le propuse que nos casáramos”, continúa. 
La siguiente diapositiva muestra a Marialuisa en la playa unos meses después.
 “Esta es una foto de nuestra luna de miel”, prosigue Ferrari, que por entonces era un jovencísimo matemático becado por la Universidad de California, en Berkeley.
 Las imágenes se suceden en la pantalla: la boda, el primer niño, el segundo embarazo de dos niñas gemelas.
 Y una foto de toda la familia en 1995.
 “Esta es la última foto de Marialuisa viva”.
La mujer de Ferrari murió pocos días después por un cáncer galopante, entre terribles dolores, cuando apenas tenía 32 años.
 El matemático, que en aquella época se dedicaba a hacer cálculos sobre el movimiento de las galaxias, se sintió incapaz de seguir investigando asuntos que no tuvieran que ver con la medicina. 
“Fue muy trágico. Sentí que tenía que hacer algo contra el cáncer. Si vas a una guerra y tienes un cuchillo, vas con el cuchillo. 
Y si tienes una piedra, vas con una piedra. Yo tenía las matemáticas y la física”, recuerda.

El italiano Mauro Ferrari, próximo presidente del Consejo Europeo de Investigación.
El italiano Mauro Ferrari, próximo presidente del Consejo Europeo de Investigación.
Ferrari, la primera persona de su familia que fue a la universidad, se convirtió muy pronto en un pionero de la nanomedicina.
 Su laboratorio diseña partículas, de un tamaño de millonésimas de milímetro, que inyectadas en la sangre actúan como taxis que transportan fármacos directamente hasta los tumores.
 De momento, ha tenido éxito en ratones. Ferrari, que corre ultramaratones, sabe que la ciencia también es una carrera de larga distancia.

El investigador italiano, católico practicante, cree que “el sentido de la vida, seas religioso o no, es transformar el dolor en algo útil para otras personas”.

  En su caso, la muerte de Marialuisa hizo que Ferrari consagrara su vida a aprender sobre el cáncer para poder derrotarlo. 

En 2002, la Universidad Estatal de Ohio le fichó como profesor de medicina interna y el científico se dio cuenta de que sabía mucho sobre lo diminuto y muy poco sobre lo demás. 

Así que, a sus 43 años, se matriculó en el primer curso de Medicina como un alumno más. 

“Los otros estudiantes podían ser mis hijos”, recuerda entre risas.

Sin embargo, Ferrari no tuvo tiempo para acabar la carrera en la que era alumno y profesor a la vez. 
En 2003, el Instituto Nacional del Cáncer de EE UU le puso al frente de la Alianza para la Nanotecnología contra el Cáncer, un programa nacional que financió a miles de científicos en todo el país.
 Y, desde 2010, Ferrari presidía el Instituto de Investigación del Hospital Metodista, un centro en Houston con más de 1.000 investigadores y cientos de ensayos clínicos de nuevos fármacos en marcha.
Mauro Ferrari con su mujer, Paola, y sus cinco hijos, Giacomo, Kim, Chiara, Ilaria y Federica.
Mauro Ferrari con su mujer, Paola, y sus cinco hijos, Giacomo, Kim, Chiara, Ilaria y Federica.
Ferrari compara su estrategia contra el cáncer con la exploración espacial. 
Los ingenieros de la NASA, subraya, se percataron de que no podían llegar a la Luna con “una sola bola de cañón”. 
En su lugar, inventaron un cohete con diferentes módulos para poder salir de la órbita terrestre, alcanzar el satélite, alunizar y regresar a casa. 
El equipo de Ferrari intenta hacer lo mismo con el cáncer, diseñando nanopartículas con múltiples etapas: la primera aterriza en el vaso sanguíneo que alimenta al cáncer, la segunda penetra en el tumor, la tercera entra en la célula maligna.

“Matar células cancerosas es muy fácil.
 Puedes hacerlo con agua. Puedes ahogar las células cancerosas. El problema no es qué fármaco utilizar, lo difícil es asegurarte de que no mate a todo lo demás”, repite Ferrari en sus conferencias.
Las charlas del italiano tienen un final feliz.
 Tras la “increíble tragedia” de la muerte de Marialuisa, Ferrari comenzó una relación con Paola Del Zotto, que había sido su amor platónico en el instituto.
 Al poco de empezar, su nueva pareja se quedó embarazada de gemelas. “Paola no tenía hijos y en unos pocos meses tenía cinco. La llamaban la señora De cero a cinco”, bromea el investigador.
Ahora, Mauro, Paola y sus cinco hijos —Giacomo, las gemelas Kim y Chiara y las gemelas Ilaria y Federica— suelen acudir juntos al evento anual itinerante que, desde 1999, homenajea a Marialuisa e intenta concienciar al personal sanitario sobre la necesidad de estar atentos a los primeros síntomas del cáncer y al dolor de los pacientes. 
Al matemático le gusta mencionar a Simón de Cirene, el campesino que, según el relato bíblico, se encontró por casualidad con la comitiva que llevaba a Jesucristo a la crucifixión.
 El labrador regresaba a su casa del trabajo y, sin comerlo ni beberlo, acabó cargando con la cruz de Jesús. Así se siente Mauro Ferrari.

 

Naufragio del muy esperado Tarantino................... Carlos Boyero

La trama de 'Érase una vez en... Hollywood' no se sabe bien adónde pretende conducir, con diálogos insustanciales y carentes de ingenio.

El cineasta Quentin Tarantino posa para los medios delante de los actores estadounidenses Brad Pitt y Leonardo DiCaprio, en Cannes. En vídeo, el tráiler de la película. EFE
Hay directores tan legendarios como escasos cuya nueva entrega se espera como agua de mayo, que convierten lo que hayan decidido parir en algo ansiado por los espectadores, la industria (tan necesitada del éxito de los más dotados en estos tiempos agónicos), los informadores y los críticos. 
La obra de Quentin Tarantino justifica esas expectativas. 
En Cannes su cine tuvo un bautizo esplendoroso hace 27 años con la revolucionaria Reservoir Dogs y en 1994 dejó flipado a todo el personal con la inclasificable Pulp Fiction, que logró la Palma de Oro y se ha convertido en un clásico. 
Por ello, la película que marcaba esta edición de Cannes, en la que estaban depositadas las esperanzas colectivas, era Érase una vez en... Hollywood. 
 Tarantino aceleró hasta límites febriles su montaje para que se celebrara aquí el estreno mundial, la han exhibido en dos sesiones casi paralelas intentando algo tan democrático como que todos los asistentes a Cannes la vean al mismo tiempo. 
Antes ha salido un señor al escenario hablando en nombre de Tarantino y rogando que nadie cuente su argumento.
 En fin, un montaje a la altura de lo que se espera de las sorpresas confirmadas.

Y, efectivamente, es sorprendente.
 Pero no por la exhibición de talento que tantas veces ha acreditado su creador, sino por su lamentable falta de gracia, por una trama que no se sabe bien adónde pretende conducir, por diálogos insustanciales y carentes de ingenio (algo inaudito en el mejor y más original dialoguista del cine moderno), por situaciones alargadas hasta el aburrimiento, por actores excelentes como Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Al Pacino, que parecen tan perdidos como su director.
Contaba la rumorología, siempre tan estratega ella, que suponía un tributo de amor por parte de Tarantino al cine y el mundo de finales de los sesenta en Hollywood, a sus personajes más pintorescos y también un retrato de aquel suceso pavoroso en el que la actriz Sharon Tate y sus amigos fueron masacrados por la banda satánica de aquel demente excesivamente siniestro llamado Charles Manson.
Sabemos que la cultura cinematográfica de Tarantino se educó tragándose con inmenso placer toda la subcultura del cine más casposo de los videoclubes, que lo sabe todo no ya del spaguetti wéstern y de la serie Z, sino también del cine de kárate, Kung-fu y yudo.
 Igualmente es experto en las series televisivas de esa época.
 Ha jugado eternamente con esas referencias que tanto ama pero dándoles la vuelta con su espectacular talento.
 Aquí, los protagonistas son un famoso actor de wésterns en esas series y el hombre que además de doblarle en las escenas de riesgo le soluciona todo tipo de problemas en su disparatada estructura cotidiana.
 Pero su buen momento ha pasado y tendrá que aceptar rodar spaguetti wéstern en Italia y en Almería. 
La situación de ambos se complica aún más cuando toman accidental contacto con un grupo de hippies muy inquietantes y puestos hasta arriba de LSD. 
Y ahí se produce para mí la única secuencia desasosegante en esta película tan fallida.
 Es la visita cargada de señales y amenazas que hace el doble al campamento de esa gente tan peligrosa.
 El resto (y dura casi tres horas) es un cansino modelo del quiero y no puedo, un híbrido en el que no me engancha ni el argumento ni los personajes, ni lo que hacen ni lo que dicen.
 
No es el primer fiasco de Tarantino, antes había hecho una cosa gamberra y horrenda de corredores de coches y pandilleras que se titulaba Death Proof. 
Pero es triste que no aprendiera de aquel fracaso.
 Se han oído algunos tibios aplausos al terminar la proyección. Me temo que eran de algún fan voluntariamente ciego y de la gente que hace la promoción de esa desventurada película.
 El desenlace, hablando de hechos reales, pretende ser insólito y gracioso. 
Da igual.
Quentin Tarantino y su equipo revolucionan el festival de Cannes. ATLAS
 

 

Muere Eduard Punset a los 82 años............................ Tomàs Delclós....

El divulgador científico, director y presentador del programa 'Redes' durante 18 años, ha fallecido a los 82 años en Barcelona.

Eduard Punset en una foto de 2012. En vídeo, el homenaje que su familia ha colgado en sus redes sociales. En vídeo, perfil de Punset.
Eduard Punset afirmaba con humor que no estaba demostrado que fuera a morirse. 
“¿Qué es la muerte? ¿Qué se muere cuando te mueres? Somos átomos en un 90%.
 Y los átomos son eternos. O sea, que yo probablemente no muera”, dijo en un programa de TV3 inspirándose en Lucrecio, el mismo autor clásico que reñía a aquellos que se indignaban con el hecho de tener que morir cuando vivieron casi muertos, desaprovechando la vida. 
Algo que no hizo Punset, a quien le preocupaba más la vida antes de la muerte que no si hay vida después de ella. 
Hoy, Eduard Punset ha fallecido tres una larga enfermedad, según ha comunicado su família.
El relato biográfico de Punset está lleno de giros impensables. 
Un licenciado en Derecho que termina siendo reconocido como un gran divulgador de la ciencia. 
Militante del PCE que debe exiliarse en 1958 y que en 1980 entra en el Gobierno de Adolfo Suárez como ministro de Relaciones con las Comunidades Europeas.
 Un cargo que ejerció tras haber participado en el Gobierno catalán de Josep Tarradellas con la cartera de Economía y Finanzas.
 Una carrera política basada, entre otros méritos, en algo tan difícil, como explicaba hoy mismo Federico Mayor Zaragoza, como el despertar confianza, ser fiable, ver en él una persona incapaz de una traición y que estaba convencido de la necesidad de consenso porque hasta las bacterias funcionan en base al mismo.
Punset también fue un reconocido economista.
 Máster en Ciencias Económicas por la Universidad de Londres, fue redactor económico de la BBC, dirigió la edición para América Latina del semanario The Economist y trabajó para el Fondo Monetario Internacional.
 Al margen de su sólida formación en distintas disciplinas, algo que le abrió muchas puertas fue el conocimiento del inglés cuando en España la lengua extranjera que más se trataba en el bachillerato era el francés.

Profesor de Ciencia y Tecnología del Instituto Químico de Sarrià (Barcelona), es básicamente conocido por haber dirigido el programa de divulgación científica de TVE Redes
Y lo hizo popular el que siempre pusiera por delante la curiosidad a la exhibición de conocimiento.
 En su programa no se excluía ningún asunto del acercamiento científico.
 Sin desdeñar la belleza del lirismo, Punset hablaba, un caso, de la química del amor, de sus factores biológicos. 
Más polémica suscitaron sus textos de autoayuda. 

En el interminable repertorio de frases brillantes y ciertas con que Punset ilustraba cualquier pensamiento, hoy se recordaba, por ejemplo, su convicción de que la felicidad se basaba en la ausencia de miedo. Punset fue una persona que no tuvo miedo a la vida, a sus retos, a los que se enfrentó con pasión y socarronería.