Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

15 may 2019

Alex Lequio explica el último susto por el que ha estado ingresado

Ana Obregón y su hijo cuentan que un exceso de medicación le hizo pasar por el hospital, pero que su enfermedad ya está en remisión.

Álex Lequio, en abril de 2019 en un evento en Madrid.
Álex Lequio, en abril de 2019 en un evento en Madrid. CORDON PRESS

 


Tras pasar más de siete meses ingresado en Estados Unidos y una temporada en aislamiento en la clínica de Navarra, Álex Lequio se ha visto obligado a ser ingresado de nuevo en el hospital aunque, esta vez, ha sido algo menor. 
El hijo de Ana Obregón y Alessandro Lecquio, que lleva casi un año de tratamiento contra el cáncer, fue ingresado durante 24 horas, pero él mismo ha querido explicar ahora que se ha tratado de algo menor.
Su madre, Ana García Obregón, ha hablado del asunto con otra publicación, en este caso con Lecturas.
 La próxima participante de MasterChef Celebrity 4 ha contado que ha sido "un tema de efectos de tanta quimio y radioterapia". 
 "Nos llevamos un susto todos", ha explicado. 
"Vaya semanita, porque fueron 24 horas en el hospital. 
Ya no va a haber más sustos, y si los hay, para adelante", asegura la protagonista de Ana y los siete, que en cambio señala las buenas noticias sobre su hijo:
 "Hace un mes que se acabó la preocupación porque nos dijeron que todo va bien.
 El alta es a los diez años.
 Ahora seguiremos con revisiones en la clínica de Navarra". En marzo, la actriz ya explicó que "la pesadilla" de su hijo había terminado.
"Fue un pequeño contratiempo", ha explicado el joven, de 26 años, en una entrevista con ¡Hola!, sin dar más detalles sobre el motivo que le llevó a estar ingresado de nuevo y quitándole hierro al asunto.
 "Como tengo muchos amigos en el hospital, cuando voy, me siento con ellos, intercambiamos información sobre los nuevos avances médicos y me lo paso muy bien.
 Hay que aprender a pasárselo bien en todas partes. 
El hospital es uno de esos sitios". 
Ana Obregón, el pasado 7 de mayo. 
Ana Obregón, el pasado 7 de mayo. Europa Press
El propio Álex, que cumplirá 27 años el próximo mes de junio, también confirma que a partir de ahora tiene que "pasar la ITV cada tres meses". 
Reconoce que está en "un momento de mucha expectación" 
 Ahora está pasando un período en el que ya no toma medicación: "Es cuando hay que ver cómo ha ido el tratamiento, teniendo en cuenta otros casos de otros pacientes que han tenido lo mismo que yo". 
Asegura que espera poder "pasar capítulo" pronto y que por ahora se siente "con todo el pensamiento positivo".
 De hecho, físicamente se le ve mejor y ha recuperado incluso su barba, que ahora le ha salido con matices pelirrojos.
 Desde hace unos meses, el joven está saliendo con una joven empresaria llamada Carolina Monje y tiene un nuevo proyecto laboral, una red para influencers y marcas que ha llamado Celebrize.
 Esta experiencia ha enseñado al joven a vivir el momento y a que hay que hacer "las cosas que de verdad nos gustan".
 "Si puedo mandar un mensaje es que la gente sea feliz y haga lo que le gusta, ni lo que tiene ni lo que debe, lo que le gusta". 
"He querido aprovechar mi herencia mediática para dar visibilidad a un proyecto solidario sin igual", anuncia, explicando que va a lanzar una fragancia solidaria y va a crear un "canal interactivo" para que enfermos de cáncer, familiares y profesionales compartan información y experiencias.

Canarias: El volcán de las discordias...................... Juan Cruz

El pleito entre las islas remitió hace tiempo; persiste, en época electoral, la riña política entre CC y PSOE.

Gran Telescopio Canarias (GTC), situado en El Roque de Los Muchachos (La Palma)
Gran Telescopio Canarias (GTC), situado en El Roque de Los Muchachos (La Palma) GETTY
Rafael Robayna nació hace medio siglo en Gran Canaria.
 Estudió Biología en la Universidad de La Laguna, la única de entonces.
 Hace treinta años, cuando se fundó la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, era de los que creían (sobre todo en Tenerife) que esa universidad era innecesaria.
 Pensaba que los colegios universitarios podían satisfacer el deseo grancanario de su propia universidad.
 La algarada tinerfeña contra la ULPGC concentró a políticos en una manifestación que fue el punto álgido del pleito que ahora persiste, casi en solitario, en la discordia política, un volcán que se incendia en elecciones.
 Las islas no se enfrentan, los políticos están sobre el volcán de la discordia.

 

Ahora Robayna, catedrático de Fisiología Vegetal, es el rector de la ULPGC y uno de sus amigos es el rector de La Laguna, Antonio Martinón (1950), catedrático de Matemáticas. 
No hay pleito, hay cooperación.
 Los dos coinciden por separado que es esencial potenciar ambas universidades para luchar contra la lacra del desempleo de los jóvenes. 
Robayna ha visto en las aulas “la sensación de que no se ve porvenir ni en el estudio”.
Educación y paro. Dos problemas que se dan la mano en la agenda canaria. 
Robayna no ve “el consenso adecuado” para que los políticos los aborden ahora sin tener en cuenta “sus respectivos partidismos”. No hay “un proyecto de Archipiélago; ya nos desune bastante la fragmentación como para que la política no llegue a acuerdos que permitan de veras la existencia de un gobierno regional”.
 ¿Será posible un consenso? Entre pueblos no hay problema, “la cuestión es entre políticos”.
 Que “los dueños de nuestros destinos” sean incapaces de rebajar “discordias” indica lo difícil que es bajar “el fuego de este volcán”.
Él sugiere que en el gobierno haya personas de relieve que no estén en la arena partidaria. 
Su colega será sustituido estos días por una catedrática (solo se han presentado mujeres).
 A Martinón le resulta “francamente difícil” vislumbrar un gobierno como el que sugiere Robayna.
 Pero en las prioridades mantiene por encima de la sanidad, de las pensiones”, la educación. 
Al principio de la autonomía “se hizo un esfuerzo extraordinario”, habida cuenta el retraso con respecto al resto de España.
 “Aquel impulso se quedó en el camino.
 Y ahora es el momento de hacer algo similar: se necesitan más maestros y más profesores, más recursos. 
Es un asunto de cultura: que todos entendamos que es preferible que un joven estudie a que no lo haga”. 

Ahora Canarias está en el 20% de desempleo; si, como señala Martinón, “se debe ir a economía basada en el conocimiento debe dedicarse el 5% del PIB a Educación, en unos años. 
 Estamos en el 0,5%. La media española es más del doble”. 
¿Y ve usted a gobierno y partidos inclinados a esa prioridad? “Creo que no. 
Y en las campañas veo difícil que se atrevan a decir con claridad cuáles son las prioridades”.
Una tierra orgullosa de su cielo.
 Canarias ha conseguido que el Astrofísico, organismo de gestión de ese bien que preside el azul de las islas, sea “señalado como centro de referencia en el mundo”, como dice su director, Rafael Rebolo.
 Pero, como sus colegas, él no está complacido: las instituciones canarias están “muy por debajo de las españolas y España está muy por debajo de las del resto de nuestro entorno” en cuanto a financiación de organismos así.
 “Y seguimos mal aún después de haber empezado a remontar la crisis”.
 Enfatiza: “Pedimos de manera rotunda que esto cambie de una vez. Llevamos doce años con cambios mínimos, no hemos recuperado todavía el nivel de 2007. 
No podemos continuar así. Ahí tengo que ser muy tajante”.
Eterna primavera, problemas eternos, viene a decir el catedrático de Economía lagunero José Luis Rivero. 
“En el ránking español tenemos tres muy malos resultados: dependencia y servicios sociales, educación y sanidad. 
Son malos en relación con el resto de España.
 Seguimos con una tasa de paro mucho mayor que la media española, siempre muy cerca de Extremadura y Andalucía”.
 Y lo que ha hecho “la clase política canaria” es insuficiente, “pues los indicadores son malos desde hace cincuenta años, y nadie ha puesto el suficiente interés para mejorarlos... 
La incomodidad social está más que justificada”.
Hay quejas perennes contra el Estado. ¿Todo es culpa suya? 
“Es obvio que una parte de responsabilidad es nuestra. 
Todas las economías insulares de las 76.000 islas del mundo tienen problemas de crecimiento y de PIB per cápita.
 Pero, en nuestro caso, además de ese déficit por las condiciones naturales, es evidente que hay una incapacidad social para resolver algunos problemas y eso es una responsabilidad nuestra. 
Desde que tenemos autonomía, la educación, la sanidad y la dependencia están transferidas”.
El cielo, descuidado.
 ¿Y la tierra? ¿Es tanto el amor a la tierra que pregonan todos los políticos? Wolfredo Wildpret, catedrático de Botánica, ya jubilado, es el más prestigioso ambientalista de Canarias.
 Él dice: “No, no creo que sea hipocresía. Es un sentimiento.
 La isla aísla, y te hace creer que este es el paraíso del mundo y que como esto no hay nada fuera.
 Creo que es una visión cada vez menos presente”. Él conoce la obra de César Manrique (cuyo centenario se celebra), que convirtió Lanzarote en un ejemplo de respeto a la naturaleza. 
“En su isla queda poco, a pesar de los esfuerzos de su fundación, de lo que él quiso que se preservara.
 Su espíritu no ha desaparecido pero sí ha languidecido”. 
Y esa falta de respeto por lo que hizo se puede trasladar ahora “al desarrollo económico poco controlado del turismo en las islas”.
No todo es oro, pero hay oro. 
Elsa Guerra, arquitecta basada en Gran Canaria: “Se nos considera un lugar idílico, con un clima magnífico; parece que vivimos en el paraíso, y de hecho hay muchas cualidades en las islas que podrían responder a eso, pero también hay otras que resaltan en los índices de pobreza y de paro”. 
¿Culpa de quién? “Seguro que las culpas están muy repartidas. Quizá por una parte no se explican bien las demandas o hay procedimientos que no se controlan adecuadamente. 
También es difícil la articulación entre las propias islas. 
No creo que sea una disculpa, pero tenemos que mejorarlo”.
 “La relación personal es cordial. 
Y nos estamos jugando el futuro de una generación. Cuando necesitan nuestros votos vienen, pero ahora se miran en el independentismo y en el PNV…
 No somos amigos, pero desde el momento en que accede a La Moncloa decide ningunear a los canarios.
 Y yo no pienso ser sumiso. 
Me debo a los canarios, él no es mi jefe. 
Sí lo es de Ángel Víctor Torres”.
Pues fuimos, por la misma vía telefónica a Torres, que aspira a suceder, como líder socialista, a Clavijo. 
¿Por qué existe esa riña entre Clavijo y ustedes? “Es una cuestión de Clavijo. Nunca he oído a Sánchez hablar mal de él ni decir nada contra el presidente de Canarias.
 Antes de que Sánchez fuera presidente ya decía Clavijo que Sánchez iba a ser un cataclismo para Canarias.
 Es una situación que obedece a una coyuntura política: ellos mantenían al gobierno del PP y a la inversa. 
Ese es el origen de los desencuentros”. 
Pero él dice que el Estado le debe a Canarias casi mil millones y que usted es uno de los de los culpables. 
“Es justo al contrario. Desde que Sánchez llega a la presidencia es cuando se aprueba el mayor número de convenios para Canarias… Quien realmente le dio la espalda a Canarias fue el PP desde 2012 a 2016.
 Yo lo que he hecho es echar una mano; incluso le he dicho a Clavijo cómo había que hacer, justo lo contrario de lo que afirma”.
Es la actualidad volcánica de la discordia en Canarias.

El cuadro con el que Monet rompió el arte y el mercado

Cuando el pintor finalizó en 1891 su serie de 25 almiares, en las laderas de Giverny, la historia del impresionismo entraba en su fase más madura y exitosa.

Dos operarios de Sotheby's con 'Meules', de Claude Monet. En vídeo, el vicepresidente de Sotheby's analiza la obra.

Nevaba, llovía, unos días soplaba el viento y otros apretaba el calor. 

Pero no se movió de aquella ladera a lo largo de aquel año. Monet llegó tras la cosecha de 1890, donde se encontró con esas montoneras de trigo esparcidas por la campiña recién segada y el impacto sobre sus inquietudes urbanitas fue sobresaliente:

 su obsesión por detener el efecto del tiempo en aquellos almiares no cesó hasta la versión número 25.

 El pasado lunes, en la casa Sotheby’s de Nueva York, se vendió una de ellas por 110 millones de dólares (98 millones de euros) –un precio 44 veces más alto del esperado–, la cifra más elevada pagada por una impresión de los pintores que a finales del XIX sacaron sus caballetes al aire libre.

Monet había madrugado para crear el impresionismo 18 años antes. Fue en la mañana del 13 de noviembre.
 Se levantó a las 7:35 para capturar el amanecer en el puerto de Le Havre, desde una habitación del Hotel de l’Amirauté”.
 Lo tituló Impresión, sol naciente y fundó el impresionismo. 
Y en él se mantuvo –de muy diversas formas– hasta el año de su muerte (1926)
. Repitió que su único objetivo era “pintar directamente a la naturaleza, esforzándome por reproducir mis impresiones frente a los efectos más fugitivos”. 
Fue fiel a lo volátil el resto de su vida, lejos de las habitaciones de hoteles, en pleno campo.
Sin embargo, desde aquel sol naciente hasta la economía potable pasa mucho tiempo.
 Con cincuenta años empieza a ver la luz a fin de mes. 
“Los primeros éxitos de Monet los cosechó a partir de 1889, cuando compartió exposición con Rodin. 
En los años noventa comenzó a disfrutar de ingresos suficientes, y para 1895 su reputación en EEUU era ya mayor que la de los demás impresionistas”, cuenta la historiadora Phoebe Pool, una de las investigadoras más populares del movimiento.
 Hace 130 años Monet, con los almiares de Giverny, iniciaba el camino hacia el estrellato del impresionismo, que ha culminado esta noche, en Nueva York.
 
Reproducción fotográfica cedida por Sotheby's de 'Meules'.
Reproducción fotográfica cedida por Sotheby's de 'Meules'. EFE

 

La madrina del impresionismo

En 1891 su marchante, Durand-Ruel, monta una exposición en su galería con 15 de los almiares.
 Entre ellos está el subastado esta semana, que “cautiva” a la coleccionista estadounidense Bertha Honoré Palmer, mujer del millonario de Chicago, Potter Palmer.
 El cuadro y otros ocho más de la misma serie regresaron con ella a su residencia norteamericana. 
Bertha llegó a acumular 29 pinturas de Monet y 11 de Renoir, y cambió la tendencia del mercado del arte de su país, que se mantenía fiel a la realista escuela de los pintores Barbizon mientras ella apostaba por la vanguardia impresionista.
Monet escribe mientras pinta los almiares que hace falta un trabajo muy detallado para reproducir lo que quiere: la instantaneidad

El récord de venta deja constancia de la importancia de los almiares en el devenir del mercado del arte (de la serie completa, una docena se conservan y exponen en museos norteamericanos).
 ¿Fueron tan decisivos para la historia del arte? Sin lugar a dudas. Monet inicia un recurso esencial con estas vistas: las series. 
Phoebe Pool dice que las series de Monet “son la esencia misma del impresionismo”. 
Y el pintor lo constata en octubre de 1890, en una carta dirigida a su amigo y periodista Gustave Geffroy:
 “Estoy empezando a trabajar tan despacio que me siento desesperado, pero cuanto más sigo, tanto más veo que hace falta un trabajo muy detallado para reproducir lo que quiero: la instantaneidad y, sobre todo, el envoltorio, la misma luz esparciéndose por doquier, y más que nunca me siento descontento con las cosas fáciles que llegan a la primera pincelada”.

El inicio del cambio

Hacia un par de años que Monet había radicalizado su pincelada. Las vistas de la localidad de Antibes eran bravas en su ejecución improvisada, brillantes en su cotidianidad y destructivas con el realismo comedido y exacto. 
La textura emborronada y desagradable de aquellas vistas molestaba a los críticos más puros. 
Guy de Moupassant acompañaba a Monet en sus encuentros con el trigo y comparó la vida de su compañero con la de un cazador de pieles. 
“Se había vuelto casi tan irritable y taciturno como Cézanne, que con frecuencia se sentía frustrado por los rápidos cambios de luz y también a menudo destruía sus lienzos”, cuenta la historiadora Phoebe Pool.
La clave de estos alminares que absorben luz y emanan colores que se chillan entre sí, la planteó Kandinsky, tras ver en 1895 uno de los cuadros de la serie, en Moscú:
 “La pintura asumió una fabulosa fuerza, un fabuloso esplendor, y al mismo tiempo el objeto se desacreditaba a sí mismo inconscientemente como elemento esencial del cuadro”, escribe. Era así, Monet había dado el primer paso para destruir el objeto de su mirada y quedarse sólo con la pintura.
 La culminación de su genial “atentado” sucederá tres décadas después, con su serie de los nenúfares, pintando una y otra vez las manchas de su jardín de Giverny, a pocos metros de las laderas donde admiraba las diferencias de los mismos alminares de cada día.

La mancha de Monet

Para el último Monet, la pintura fue una experiencia visual y emocional total.
 Es el Monet que se aísla en Giverny, una naturaleza hecha a su medida, que tampoco respetaría en sus cuadros. 
El origen de esta visión radical está en los almiares, 30 años antes. Hay un color, el azul, en todas sus variantes. 
Lo enfrenta a verdes imposibles, naranjas estridentes, rosas que gritan y blancos que se retuercen.
 Es exigente y detallista, hace crecer los empastes y las capas el lienzo, sin evitar las pinceladas amontonadas unas encimas de otras.
 A veces aplica directamente desde el tubo. 
Pura mancha, sin pudor.

Paseantes incómodas.................................. Edurne Portela..

Las 'flâneuses' quisieron reivindicar los mismos derechos que el hombre, que tiene derecho a la ciudad sin ser molestado, a tomar la palabra en público.

La pintora rusa Marie Bashkirtseff. 
La pintora rusa Marie Bashkirtseff.  Rue des Archives/ RDA/ Cordon Press
Leo el ensayo de Anna Maria Iglesia La revolución de las flâneuses mientras viajo por Italia. 
En Italia no hace falta buscar mucho para encontrar rincones hermosos: la belleza en este país es una constante. 
 Cada paseo por una ciudad regala momentos conmovedores en los que la realidad se suspende por unos segundos y nada me perturba, como si un foco iluminara el objeto de belleza y todo lo demás desapareciera.
 Leo el ensayo de Iglesia de trayecto en trayecto y contrasto mi realidad con lo que ella cuenta magistralmente en sus páginas. 
En ellas me encuentro con mujeres que quieren viajar y a las que no se lo permiten, que quieren pasear solas por la ciudad sin compañía masculina o sin deberes y tampoco pueden, mujeres que al ocupar la calle son tratadas como prostitutas,
 algunas lo son porque no tienen más remedio, me encuentro también con mujeres que quieren ocupar la tribuna pública, política, pero que acaban disfrazándose de hombres para poder hacerlo, mujeres que se atreven y pagan un alto precio por ello.
 Son Marie Bashkirtseff, Emilia Pardo Bazán, Flora Tristán, Luisa Carnés, Clara Campoamor, Las Sinsombrero y un largo etcétera.
Ellas quisieron reivindicar los mismos derechos que el flâneur: el hombre que tiene derecho a la ciudad, a transitar por ella sin ser molestado, a observar sin ser visto ni cuestionado, y también, a tomar la palabra en público. La flâneuse es la mujer que lucha por todo ello y no siempre lo consigue.

Yo he viajado y viajo sola, y sola paseo a veces por la ciudad, tomo la palabra en público e incomodo con ella, no tengo necesidad de esconderme detrás de un disfraz masculino para ocupar el espacio que me corresponde.
 Soy una flâneuse
Y lo soy gracias a esas mujeres que comenzaron hace más de cien años a reivindicarse como sujetos críticos dentro de la esfera pública y empezaron a entender la escritura fuera del ámbito de lo íntimo, “como una forma de intervención social, de puesta en escena del yo y, por qué no, como una forma de transgresión”, señala Iglesia. 
Ellas fueron insumisas e incómodas, y desde esa rebeldía contribuyeron al reforzamiento de la sociedad civil con una postura feminista: la mujer tenía el mismo derecho que el hombre al espacio público, también a la palabra pública
 Con una conciencia moderna de lo que significaba escribir, transformaron eso que llamaban literatura íntima en testimonio, porque, señala Iglesia, 
“dar testimonio es un ejercicio ético que no tiene que ver con la narración verídica ni detallada de la propia biografía, ni tampoco con el gesto paternalista que busca dar voz a una comunidad teóricamente sin voz. 
Por el contrario [...], es una manera de romper el silencio vinculado a una experiencia compartida y, por tanto, una forma de iluminarse no tanto a sí mismas como sujetos, sino a la experiencia transmitida”.
  Me reconozco en la descripción de la flâneuse porque sé que la batalla que ellas iniciaron hace cien años no está todavía ganada. Quedan muchas experiencias compartidas por narrar, muchas formas de insubordinarnos contra el poder patriarcal, todavía debemos reivindicar el derecho a vivir libres y sin miedo en nuestras ciudades, a defender la libertad de hacer con nuestro cuerpo lo que nos dé la santa gana, desde correr por un parque sin que nos agredan hasta tener el control de nuestra capacidad reproductiva.
 “Debemos ser y seguir siendo paseantes incómodas”, propone Anna Maria Iglesia. 
Yo, ni quiero ni puedo ser otra cosa.