Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

12 may 2019

Defenderse del asedio.......................................Javier Marías

Las elecciones municipales carecen de importancia, al menos en Madrid. 
Las autonómicas importan aún menos. 
Pero en las europeas nos va la vida.

ESCRIBO ESTO el 28 de abril. No he tenido suerte con la “ardua tarea” de la que hablé aquí hace tres domingos.
 Es decir, cuando he llegado al colegio electoral, aún no había decidido mi voto.
 Pero he votado, como anuncié.
 Con preocupación, asco y arrepentimiento anticipado. Lo último irá en aumento, supongo, según vayan pasando las fechas y descubra a qué horror he contribuido. 
 Me parece por el estilo de tenebroso que entren en el Gobierno Vox o Podemos, de lo que se nos avisó anteayer (anteayer para mí). Sólo me cabe el indecente consuelo de saber que, si hubiera optado por la otra posibilidad (en mi caso sólo disponía de dos), sentiría la misma preocupación, el mismo asco y el mismo arrepentimiento.
Pero ustedes ya están hoy en otra cosa, a catorce días de votar de nuevo, ahora municipales, autonómicas y europeas
 Las primeras carecen de importancia, al menos donde estoy empadronado, Madrid. 
Soy lo bastante veterano para haber comprendido que todos los alcaldes y alcaldesas sufren de megalomanía y de fobia a los madrileños, pertenezcan a partidos de derecha o de supuesta izquierda.
 Todos albergan ideas peregrinas y se las copian entre sí, por mucho que los unos clamen estar en las antípodas de los otros.
 La delirante peatonalización de la Gran Vía ya fue un proyecto de Gallardón.
 La fiebre por los carriles-bici, que han convertido tantas vías en intransitables, la padeció Ana Botella con la misma intensidad que Carmena.
 Ésta es quizá más autoritaria (aquélla no se atrevió a prohibir la circulación de viandantes en ciertas calles en Navidad), pero se parecen enormemente en su gusto por la suciedad del centro. 
Nunca entenderé por qué un puñado de ciclistas impone sus exigencias al conjunto de la capital.
 Tampoco por qué diez mil corredores (los inscritos para la maratón de ayer, ayer para mí) tienen derecho a fastidiar al resto cortándolo todo durante horas cada vez que se les antoja. 
¿Es que votan doce veces, a diferencia de los demás? 

Los domingos Madrid es secuestrado por las minorías “lúdicas” y recreativas en perjuicio de las mayorías mansas, y esto sucede con Manzano, Gallardón, Botella y Carmena, tanto da.
 Esta última es por añadidura la candidata del PSOE, además de la de su formación que ya no sé cómo nombrar. 
El PSOE le propuso que compitiera bajo sus siglas, y, como no pudo ser, le ha puesto de contrincante a un ex-seleccionador de baloncesto al que no veo por qué nadie iba a votar.
 Es indiferente quién salga elegido: el que sea enloquecerá y seguirá siendo rehén de las minorías despóticas. 
Así que quizá me incline por quien (por ahora) veo menos demente, Begoña Villacís.
 Sin apenas esperanza: en Madrid como en Barcelona (véase la inenarrable Colau) todos caen víctimas de los delirios de grandeza y de destrucción.
Las autonómicas importan aún menos en Madrid. 
Desde que dos absentistas ignominiosos le regalaron (¿vendieron?) la Presidencia a Esperanza Aguirre, el cargo no sólo está desprestigiado, sino maldito. 
Aquí el más sensato parece Gabilondo, que por lo menos no vocea mamarrachadas.
Así que las más transcendentales son las europeas, esas a las que en España no se hace ni caso. 
La Unión Europea está asediada por incontables enemigos.
 Quieren destrozarla los personajes más siniestros y sin escrúpulos del globo: desde Putin a Trump, que la detestan, hasta una pléyade de europeos que, desde dentro, pretenden acabar con ella: los brexiteros a la cabeza, pero también Orbán en Hungría, Le Pen y Mélenchon en Francia, Salvini y Di Maio en Italia, ­Kaczynski en Polonia, Wilders en Holanda, Alternativa por Alemania en este país, los Auténticos Finlandeses, Aurora Dorada en Grecia, Podemos y Vox y Bildu y Torra y compañía en España, checos, eslovacos, eslovenos, austriacos, todos orquestados por Steve Bannon, que aupó a Trump al poder.
 Los votantes de esta gente irán en masa a las urnas, razón suficiente para que los imitemos quienes consideramos la Unión Europea, pese a sus muchos defectos, el mejor invento de nuestra historia común.
 El que, por no decir más, ha logrado que en este continente no nos matemos desde 1945, tras siglos y siglos de guerras y escabechinas.
A ellas parecen querer volver todas esas formaciones nacionalistas y antieuropeas.
 Anhelan que cada país se aísle con sus banderas y se crea superior a los demás; que el continente se debilite y no se pueda defender de los ataques brutales de Putin y Trump. 
El primero maniobra sin cesar a favor de esos antieuropeístas, lo mismo que Bannon.
 Después de la mayor matanza de la historia, la Segunda Guerra Mundial, todos estos sujetos ansían propiciar un clima de recelo y enfrentamiento entre nuestros países; y sabemos cómo suelen acabar esos climas en nuestro suelo, desde la Edad Media hasta el siglo XX, que ya son centurias de asesinarse unos a otros.
 Se prevé que el 60% de la población europea desdeñe estas elecciones y les dé la espalda.
 En el 40% restante figurarán los partidarios de esos políticos y partidos enumerados, suicidas o más bien criminales, si pensamos en lo que nos pueden traer.
 No las desdeñen ustedes, por favor. Absténganse en las municipales y autonómicas si quieren.
 En las europeas no. En ellas sí que nos va la vida.  

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11 may 2019

Ali MacGraw y el calvario que pasó por las drogas y Steve McQueen - Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2019-04-02/ali-macgraw-y-el-calvario-que-paso-por-las-drogas-y-steve-mcqueen

Ali MacGraw acaba de cumplir 80 años. Tras de sí deja una carrera de estrella y una vida personal tempestuosa.

- Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2019-04-02/ali-macgraw-y-el-calvario-que-paso-por-las-drogas-y-steve-mcqueen-1276635887Esta semana Ali MacGraw ha cumplido 80 años. 

Nació en los alrededores de Nueva York el 1 de abril de 1939. Primero destacó como modelo. 

En el cine logró triunfar con una película romántica, el melodrama Love Story, que aún recuerdan muchos espectadores. 

Hasta los Rolling Stones incluyeron el nombre de la actriz en una de sus canciones, "Star Star".

 En los Estados Unidos se la considera todavía una especie de mito desde entonces, año 1970. 

Hoy, ya retirada de la pantalla se dedica a otros menesteres relacionados con la moda.

 En su modesto hogar, siendo niña, padeció las desavenencias de sus padres, sobre todo del progenitor, adicto a las drogas. 

Es algo que, con el tiempo, volvió a hacer mella en ella, por culpa de su tercer y último marido, e incluso porque ella misma sucumbió unos años a ese drama, hasta lograr vencerlo. - Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2019-04-02/ali-macgraw-y-el-calvario-que-paso-por-las-drogas-y-steve-mcqueen-1276635887/

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 Dos importantes publicaciones desde las que saltó a su faceta como modelo en "spots" televisivos y en campañas publicitarias de las mejores marcas, en prensa y en carteles callejeros. 

Ello la catapultó al mundo cinematográfico, tras probar asimismo como estilista y decoradora.

 Complicidad sexual fue el título de su debut ante la gran pantalla, sin consecuencias aparentes de la crítica, pero un año después ganó un Globo de Oro por su papel en Good by, Columbus. 

 Y en ese 1970 fue cuando surgió el estallido de Love Story, donde personificaba a una dulce muchachita, Jenny, estudiante de Historia, procedente de una humilde familia, que se enamora de un guapo compañero universitario de la Facultad de Derecho.

 Celebran pronto su boda, y ella muere al poco tiempo víctima de una enfermedad incurable.

 Auténtico folletín que la crítica más rigurosa calificó con ostensibles reticencias, en tanto que el gran público lo convirtió en un éxito incontestable de taquilla.

 La gente salía de los cines a lágrima viva, como yo mismo pude 

comprobar cuando se estrenó en España. ali-macgraw.jpg - Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2019-04-02/ali-macgraw-y-el-calvario-que-paso-por-las-drogas-y-steve-

 

 A Madrid llegaría la estrella hace justamente cuarenta años y tuve la suerte de departir con ella, durante una hora de conversación a solas, en la "suite" que ocupó en un lujoso hotel del paseo de la Castellana. 

Me fascinó por su altura física: estilizada, de piel morena, ojos azules brillantes, cabellos color azabache. 

Su naturalidad ante el fotógrafo que me acompañaba era sin duda reflejo de sus años como modelo.

 Cintura cimbreante, sonrisa pícara, con un gracioso mohín cuando movía los labios.

 Lo único que me disgustó algo fueron sus uñas postizas, larguísimas, que sólo había visto en una artista española, la cantante de cuplés asturiana Lilián de Celis.

 Ali MacGraw respondió así a mi pregunta sobre si era verdad que le había disgustado Love Story:

 "Se ha distorsionado lo que dije por la gran cantidad de entrevistas a las que me he sometido.

 Recordarás que Love Story se lanzó publicitariamente con el eslogan "Amar significa no decir nunca lo siento". 

Pues lo que creo haber dicho siempre y que mantengo es que tal frase no me parece acertada. 

Es posible que haya gente que piense que la historia que se contaba en la película no era profunda. Bien. Pero para mí no era un relato falso". 

Ali MacGraw me resultó encantadora, accesible en el trato.

 Se esforzó en decirme algunas frases en español, para agradar sin duda, comentándome que ya conocía nuestro país aunque sólo en una breve estancia, de carácter privado, que hizo a San Sebastián, años atrás, ciudad que le resultó maravillosa.

Espontánea, de buen humor, de exquisita educación, salí de la estancia medio obnubilado. De aquella entrevista recuerdo otros trazos referidos a su vida matrimonial. Intensa, variada, puesto que se casó tres veces. La primera con un compañero de estudios llamado Robin Hoen, que luego se convertiría en un rico banquero, aunque su convivencia sólo duró un año, a partir de 1961: "Era yo muy joven, con bastante inexperiencia en la vida", me confesó Ali. El segundo hombre de su vida resultó ser un importante productor cinematográfico, Robert Evans, su marido engtre 1969 y 1973. Tuvieron un hijo, Joshua. Evans produjo varias cintas en las que intervino su mujer y sucedería que en una de ellas, La huída, fechada en 1972, que por cierto parece que al principio no le apetecía mucho rodar a Ali, ésta se emparejó con su protagonista, Steve McQueen, primero sólo en el entramado de acción argumental y después, encamándose en la vida real, cuando todavía la estrella seguía casada con Robert. Al que puso, sencillamente, los cuernos. Lo que nunca fue obstáculo para que, tras el divorcio, continuaran siendo buenos amigos y él siguiera como productor de otros filmes de la MacGraw. - Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2019-04-02/ali-macgraw-y-el-calvario-que-paso-por-las-drogas-y-steve-mcqueen-1276635887/Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2019-04-02/ali-macgraw-y-el-calvario-que-paso-por-las-drogas-y-steve-mcqueen-1276635887/

Espontánea, de buen humor, de exquisita educación, salí de la estancia medio obnubilado. De aquella entrevista recuerdo otros trazos referidos a su vida matrimonial. Intensa, variada, puesto que se casó tres veces. La primera con un compañero de estudios llamado Robin Hoen, que luego se convertiría en un rico banquero, aunque su convivencia sólo duró un año, a partir de 1961: "Era yo muy joven, con bastante inexperiencia en la vida", me confesó Ali. El segundo hombre de su vida resultó ser un importante productor cinematográfico, Robert Evans, su marido engtre 1969 y 1973. Tuvieron un hijo, Joshua. Evans produjo varias cintas en las que intervino su mujer y sucedería que en una de ellas, La huída, fechada en 1972, que por cierto parece que al principio no le apetecía mucho rodar a Ali, ésta se emparejó con su protagonista, Steve McQueen, primero sólo en el entramado de acción argumental y después, encamándose en la vida real, cuando todavía la estrella seguía casada con Robert. Al que puso, sencillamente, los cuernos. Lo que nunca fue obstáculo para que, tras el divorcio, continuaran siendo buenos amigos y él siguiera como productor de otros filmes de la MacGraw. - Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2019-04-02/ali-macgraw-y-el-calvario-que-paso-por-las-drogas-y-steve-mcqueen-Espontánea, de buen humor, de exquisita educación, salí de la estancia medio obnubilado. De aquella entrevista recuerdo otros trazos referidos a su vida matrimonial. Intensa, variada, puesto que se casó tres veces. La primera con un compañero de estudios llamado Robin Hoen, que luego se convertiría en un rico banquero, aunque su convivencia sólo duró un año, a partir de 1961: "Era yo muy joven, con bastante inexperiencia en la vida", me confesó Ali. El segundo hombre de su vida resultó ser un importante productor cinematográfico, Robert Evans, su marido engtre 1969 y 1973. Tuvieron un hijo, Joshua. Evans produjo varias cintas en las que intervino su mujer y sucedería que en una de ellas, La huída, fechada en 1972, que por cierto parece que al principio no le apetecía mucho rodar a Ali, ésta se emparejó con su protagonista, Steve McQueen, primero sólo en el entramado de acción argumental y después, encamándose en la vida real, cuando todavía la estrella seguía casada con Robert. Al que puso, sencillamente, los cuernos. Lo que nunca fue obstáculo para que, tras el divorcio, continuaran siendo buenos amigos y él siguiera como productor de otros filmes de la MacGraw. - Seguir leyendo: https://www.libertaddigital.com/chic/corazon/2019-04-02/ali-macgraw-y-el-calvario-que-paso-por-las-drogas-y-steve-mcqueen-1276635887/1276635887/mcqueen-1276635887/

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Master Archie............................................ Boris Izaguirre..

Meghan y Enrique hay que rebautizarlos los duques 'cool'. Humanizan a Isabel II.

 

Los duques presentan a Archie a la reina y al duque de Edimburgo, junto a Dorian Rangland.
Los duques presentan a Archie a la reina y al duque de Edimburgo, junto a Dorian Rangland. @SUSSEXROYAL

“Soy Madrid porque nací en Cádiz”: Lee íntegro el pregón de Elvira Lindo en las fiestas de San Isidro 2019

La escritora gaditana anunciará este año al público el comienzo de los festejos por el patrón de Madrid.

Ambiente en la pradera de San Isidro, en las fiestas de 2018.
Ambiente en la pradera de San Isidro, en las fiestas de 2018.
La escritora gaditana Elvira Lindo, de 57 años, es la persona elegida por el Ayuntamiento de Madrid para leer el pregón de las fiestas de San Isidro de 2019. 
Lindo se afincó en Madrid junto a su familia cuando tenía 12 años. Desde entonces, ha desarrollado en la capital la mayor parte de su trabajo, donde estudió Periodismo en la Universidad Complutense. Se pateó las calles madrileñas en 1981, momento en el que empezó a trabajar en Radio Nacional de España (RNE). 
En 1998 ingresó como redactora en la plantilla de EL PAÍS, en la sección de local.
 Es autora de más de 15 libros, entre ellos, Manolito gafotas, que le catapultó en 1994.


Ambiente en la pradera de San Isidro, en las fiestas de 2018.
Ambiente en la pradera de San Isidro, en las fiestas de 2018.
La escritora gaditana Elvira Lindo, de 57 años, es la persona elegida por el Ayuntamiento de Madrid para leer el pregón de las fiestas de San Isidro de 2019.

Lea a continuación el discurso:
No busco Madrid porque Madrid va siempre conmigo. Soy su esencia, soy Madrid. 
Soy Madrid porque, como decía Galdós, el madrileño, la madrileña, es fruto de andaluz y aragonesa, o viceversa, y con eso quería decir que Madrid asume sin trauma que sus ciudadanos hayamos nacido en cualquier lugar de España o del mundo.
 Soy Madrid porque nací en Cádiz.
Soy Madrid porque jamás vi a mis padres perdidos o desarraigados, jamás acomplejados por llegar de fuera. Ellos, de inmediato, fueron madrileños.
 Lo eran porque la mayoría de nuestros vecinos venían de Extremadura, de Andalucía, de Castilla, de Aragón, ¿quién habría entonces de sentirse pueblerino o provinciano? 
Los abuelos y las abuelas de mi barrio atestiguaban con su presencia que casi todo el mundo tenía un pueblo esperando para los días de verano, y eso de tener un pueblo te daba una categoría, pero tras un año de vivir en esta ciudad, Madrid te había puesto el sello y ya no había forma de eludir su influjo.
Y no es que te hubieras hecho de Madrid, es que ya eras Madrid, y te movías por los descampados y jugabas en los parques pelados de árboles con el mismo orgullo que si se tratara de un territorio histórico, adoptabas el acento del barrio imitando a los otros niños y cuando volvías al pueblo por vacaciones te dabas cuenta de que eras madrileña porque así te nombraban: “la de Madrid”.
Soy Madrid desde que llegara en 1973 a un piso del barrio de Moratalaz.
 Al piso que compraron mis padres con el dinero que les tocó en la lotería del Niño justo cuando yo nací.
 Desde la terraza de ese piso pagado con un dinero caído del cielo se contemplaba la ciudad como desde una atalaya.
 Mi padre enseñaba aquel tesoro nuestro a las visitas. Era, decía, como si nos hubiera tocado de nuevo la lotería.
Salía a la terraza y
Una mujer sostiene un parasol vestida de chulapa junto a otras compañeras.
Una mujer sostiene un parasol vestida de chulapa junto a otras compañeras.
alzaba los dos brazos señalando aquella vista espléndida, que debía con toda justicia añadirse a nuestra enciclopedia de las Siete Maravillas del Mundo:
 ¡Madrid, Madrid! Y sí, ahí estaba, más allá de los descampados que recorrían la carretera de Valencia se intuía tras la bruma una vida urbana incesante, que poco tenía que ver con la monotonía de nuestro barrio solo alterada por los juegos de los niños.

Pero yo, en aquellos años de niñez, nunca echaba de menos aquel Madrid histórico y central. 
Me gustaba que me pasearan por allí como a la niña a la que llevan al parque de atracciones, pero luego disfrutaba de un placer muy íntimo al volver a la seguridad de mi barrio, que yo sentía como un pueblo en el que podía perderme sin sentirme perdida.
 Un barrio es, para un niño, el centro del mundo.
Para mí lo era: yo tenía mi colegio, al cual los chiquillos como una bandada de pájaros; la panadería, a la que nos lanzábamos en tromba a la salida; la biblioteca pública, que hizo tantos niños lectores y el mítico cine Moratalaz, al que acudíamos los niños del barrio en aluvión los viernes por la tarde, a la sesión doble infantil, sin madres que nos protegieran ni maestras que nos pastorearan.
Y, por supuesto, el polideportivo, donde pasábamos gran parte del verano, torrándonos, porque no había ni un árbol, y sorteando dignamente a los macarras que celebraban con escándalo y burricie el paso de las chicas camino del agua.
Unos niños vestidos de chulapos juegan en la pradera de San Isidro el 15 de mayo de 1997.
Unos niños vestidos de chulapos juegan en la pradera de San Isidro el 15 de mayo de 1997.
Tuvimos la suerte de gozar de una libertad que ahora parece de otro siglo. 
Es de otro siglo. Hablo de mi infancia y de mi barrio porque ese fue mi bautismo como madrileña, y la mirada que tengo sobre esta ciudad estuvo y estará siempre condicionada por ese inicio periférico. 
Incluso en la concepción que tengo de la belleza aún persiste hoy aquella visión mía infantil del barrio, en la que no cabía distinguir entre lo bonito y lo feo, porque por encima estaba lo habitable, lo reconocible como territorio propio, lo familiar, lo seguro.
 Y este cielo de Madrid que todo lo iluminaba y lo embellecía.

Ambiente en la pradera de San Isidro, en 2018. 
Ambiente en la pradera de San Isidro, en 2018.

Madrid, el Madrid que paseamos cada uno por las aceras, tiene una manera de ir por la calle.

 Los madrileños somos dueños del asfalto, como si estuviéramos demostrando en nuestro andar decidido y soberano aquellos versos de Gloria, la de Lavapiés, Gloria Fuertes, cuando decían, “Madrid es mi asfalto”, que es como otros hablan de su tierra, pero de manera más canallesca y cimarrona.

 Madrid, los muchos Madriles que cada uno representa, sabe ir por la calle con mucho arte y no ha perdido esa capacidad mundana, popular y callejera con la que brujuleaban de un lugar a otro los personajes de Galdós o los de Valle Inclán. “Cada cual lleva consigo su novela”, decía Galdós. “Cada uno, diría yo, lleva consigo su Madrid”. 

Conocí a Tierno Galván y luego cubrí su entierro con palabras de enorme sentimentalidad y mala poesía. 
Salí a captar el sonido de la calle la noche de la primera victoria socialista del 82 y también participé con alegre determinación sindicalista en la huelga general del 88.
 Entrevisté a esos personajes de la Movida que tocaron la gloria que luego en su mayoría se quedarían en nada. 
Pero yo no era una moderna, yo era la chica de un barrio de Madrid con el pelo teñido de rojo o de negro chinesco, con los
labios pintados casi de morado, que después de zascandilear por el centro, tomaba el autobús y me volvía a casa. 
El autobús o un taxi, porque en los tiempos de tantas seductoras y peligrosas dependencias, mi vicio se centraba en el taxi y el vermú.
Los camareros del bar Murillo, situado frente a la radio, en la calle Huertas, me ponían el vermut en la barra según me veían salir de trabajar.
 Eso no lo puede decir mucha gente con 21 años. Yo era alguien en esta ciudad antes de que el público me conociera.
 Y me afanaba para llegar a ser la chica más zascandila y sabelotodo de la Villa.
A mí me venía bien todo.
 Mi estilo consistía en no tener un estilo definido, como así es Madrid, en no entender de generaciones.
 Detesto las separaciones generacionales. A Madrid se la conoce frecuentando a viejos y a niños. ¿Os podéis imaginar lo que yo he aprendido de Madrid escuchando a Fernán Gómez, a Haro Tecglen, a Paco Valladares, a María Dolores Pradera, Mingote, Carmen Martín Gaite, María Asquerino, Jaime de Armiñán, Elena Santonja, Josefina Aldecoa o Gila? 

Andaba mucho. A veces me volvía a mi barrio andando para concentrarme en alguna fantasía, en algún amor no correspondido o en la idea de ser escritora que, finalmente, se quedaba en eso, en un proyecto, porque tenía demasiada ansiedad vital para concentrarme delante de una página en blanco.
 Pero mientras andaba, ay, todo me parecía posible. 
Se me quedó la costumbre infantil, bastante temeraria, de cruzar descampados para acortar el camino, porque en aquel entonces yo no concebía el peligro, era inocente, poco dada a pensar en las consecuencias, por eso entiendo tanto a las chicas que quieren andar solas.
Soy Madrid porque nací en Cádiz, porque mis padres me trajeron aquí a los 12 años, soy Madrid porque soy una Isidra, porque soy de barrio, porque llevo en mí el acento de la calle y me sale cuando estoy alegre o cuando me indigno. 
Soy Madrid porque soy callejera, chula, respondona, reivindicativa, quedona, zascandila, soy Madrid porque Madrid es así y ojalá que jamás deje de serlo.