Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

9 may 2019

Rubalcaba, en estado de “extrema gravedad” tras sufrir el ictus, según el último parte médico

El exvicepresidente del Gobierno fue ingresado este miércoles en un hospital de Madrid en estado grave.

  • Alfredo Pérez Rubalcaba en una imagen de 2015.
    Alfredo Pérez Rubalcaba (Solares, Cantabria, 67 años), exvicepresidente del Gobierno y exsecretario general del PSOE, se encuentra en estado de extrema gravedad según el último parte médico del hospital Puerta del Hierro en Majadahonda (Madrid). 
    Horas antes se había informado de que el dirigente socialista había pasado la noche "tranquilo" y se le estaba aplicando el protocolo habitual tras un ictus, según fuentes cercanas a la familia.
    El que fue número dos del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero sufrió este miércoles un ictus y fue ingresado alrededor de las 19.15 en el hospital Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid) en estado grave. 
    Se encuentra en la UCI del centro hospitalario después de que se le practicara un cateterismo.
     Desde el centro médico se hizo público un comunicado por la noche en el que se explicaba que se le había aplicado "el protocolo diagnóstico y terapéutico habitual".
    El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, el expresidente Mariano Rajoy y la presidenta del Congreso, Ana Pastor hablaron anoche con la esposa de Rubalcaba, Pilar Goya, para interesarse por su estado de salud.
     Felipe VI también ha telefoneado a la esposa del exdirigente socialista para preguntar por su evolución y desearle una pronta recuperación. 
    Rubalcaba presentó en mayo de 2014 su renuncia como secretario general del PSOE después del mal resultado de los socialistas en las elecciones europeas y se reincorporó a su puesto de profesor en la facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense de Madrid. 
    En su despedida de la política Rubalcaba afirmó que para él no existía un puesto "más importante, relevante y gratificante" que el de diputado.

 

8 may 2019

La fotografía que no gustó a García Márquez pero acabó en la carátula de ‘Cien años de soledad’

El mexicano Rodrigo Moya revive una icónica sesión fotográfica que expone una de las facetas más íntimas del Nobel colombiano.

Hoja de contactos de la sesión fotográfica de García Márquez en 1966.
Hoja de contactos de la sesión fotográfica de García Márquez en 1966.

 

García Márquez llegó sobre las once de la mañana al apartamento de Moya en los edificios Condesa, en el centro de Ciudad de México. 
Estaba serio, la cámara lo ponía nervioso, cuenta Moya. "¿Cómo quieres la fotografía?", preguntó.
 El fotógrafo conoció a Gabo en casa de Alicia, su madre, una guapa inmigrante antioqueña que mató el hambre de García Márquez, así como de otros artistas y exiliados sudamericanos, a golpe de sobrebarriga, sopa de patacones y otras delicias de la gastronomía colombiana.
 "Hazme un retrato a tu manera", le contestó el escritor.
Moya sacó su cámara, una Mamiya de doble lente, y sin iluminación artificial empezó a disparar hasta agotar dos rollos de 12 imágenes cada uno tras una hora y media de trabajo. "Me costó mucho trabajo moverlo, se quedó sentado todo el tiempo", cuenta el fotógrafo entre risas.
 Gabo ya era reconocido, pero era austero.
 Traía el saco de pata de gallo que casi siempre usaba, prendía un cigarrillo y bebía un café tras otro, mientras platicaba con Guillermo Angulo, un amigo colombiano en común y el maestro que enseñó a Moya el arte de la fotografía. 
Angulo, de hecho, tomó la cámara y disparó en un par de ocasiones, pero como no sabía usar muy bien ese modelo, la cara de García Márquez salió cortada. 
Las imágenes no hubieran sobrevivido en la guillotina de las cámaras digitales, pero era otro mundo: sin el botón de borrar, ni pantalla para las previsualizaciones ni Photoshop.
Rodrigo Moya sostiene un negativo de García Márquez.
Rodrigo Moya sostiene un negativo de García Márquez.
Gabo tomó la hoja de contactos y empezó a elegir. 
Una foto en la que sale con los ojos cerrados mientras exhalaba el humo del tabaco quedó sentenciada para siempre con un "NO", en mayúsculas.
 "Hablaba poco, pero era preciso", dice Moya, mientras pasa el dedo índice sobre la impresión de plata sobre gelatina. 
Dos fotos fueron las preferidas de García Márquez y en las dos sale con una mirada icónica, casi cómplice, como la de un niño de 39 años que acababa de cometer una travesura. 
"Cuatro copias", apuntó con el bolígrafo.
 
La imagen de García Márquez elegida por Penguin
La imagen de García Márquez elegida por Penguin
La última palabra, sin embargo, era la del editor, el pintor hispanomexicano Vicente Rojo, que descartó todas las fotos. 
"Yo veía a Rojo como un enemigo de la fotografía", dice Moya, en un reclamo sin rencores. 
"Te cambiaba el encuadre, ponía pintura sobre las fotos, las ponía de cabeza, era una locura", recuerda el fotógrafo.
 Al final, Penguin eligió una de las imágenes, que había pasado desapercibida por Gabo, por Rojo y por Moya, para la carátula de la edición en inglés.
 "Nunca supe por qué, supongo que son cosas de editores, a la fecha esta foto no me gusta", reconoce Moya encogido de hombros. 
La garabateada hoja de contactos volverá a salir este 9 de mayo a la luz en un evento de la casa de subastas Morton en el que se espera que se paguen entre 5.000 y 8.000 dólares.
"El fotógrafo tiene que captar la esencia de una persona y para eso es imprescindible que el fotógrafo tenga carácter", explica Moya sobre su visión de la fotografía, que ha reflejado en decenas de ensayos y en un archivo fotográfico al que su esposa Susan y él han dedicado los últimos 21 años.
 En un mundo en el que los fotógrafos eran "entes de segunda categoría", el joven Moya de 23 años retaba a sus retratados, los miraba a los ojos y no dudaba en castigarlos con una mala foto. 
"Si detestaba al personaje buscaba joderlo un poco, no podía tomar una foto neutra que dejara de lado mis convicciones",
 resume sin empacho.
Moya, que nació en Colombia por un capricho del destino, ha marcado una época en la fotografía mexicana, pero rechaza la etiqueta de artista.
 Su mirada se curtió en una cruzada contra la indiferencia, desde el ángulo de un hombre de izquierdas, influido como el hijo de un reconocido fotógrafo y con la obsesión de un apasionado coleccionista de riquezas marinas.
 Por su lente pasaron los tripulantes del Granma; un encuentro inédito entre los acérrimos David Alfaro Siqueiros y Diego Rivera; John F. Kennedy, Lázaro Cárdenas, Carlos Fuentes y María Félix; borrachos anónimos hundidos en una cantina, matones de ojos penetrantes y niñas que sueñan afuera de una juguetería.
 Miles y miles de historias, como la de su amigo: un novel escritor colombiano que se mordía los labios y sonreía tímidamente en vísperas de publicar su obra maestra.

El ojo morado de Gabo

Rodrigo Moya, en su casa en Cuernavaca.
Rodrigo Moya, en su casa en Cuernavaca.
Diez años después de la foto para Cien años de soledad, Gabriel García Márquez volvería a tocar la puerta de la casa de Rodrigo Moya. 
 Mario Vargas Llosa le había reventado el ojo izquierdo durante el estreno de Supervivientes de los Andes, la película de 1976,y quería que lo retrataran así.
 “Le dije: ‘Oye te dieron un chingadazo de poca madre’, solo así pude sacarle una sonrisa, estaba muy deprimido”, cuenta Moya.
Elena Poniatowska, relata el fotógrafo, salió de la premier a conseguirle un corte de carne para bajar la inflamación, pero no tuvo éxito. 
Ninguno de los dos premios Nobel involucrados quiso dar detalles sobre el pleito. Ni en ese momento ni más de 40 años después. “Meche, la esposa de Gabo, nos dijo que él se había acercado a abrazarlo, pero que Vargas Llosa había sido un celoso imbécil, pero no supimos más”, cuenta Moya. 
Ocho fotos sirvieron de testimonio y aún guardan el secreto.

La estudiante española desaparecida en París llevaba varios días ingresada en un hospital

Natalia Sánchez Uribe, que se encontraba en paradero desconocido desde el 1 de mayo, fue hallada desorientada en una calle de la capital francesa y trasladada al centro sanitario.

  • La estudiante Natalia Sánchez Uribe, en una imagen difundida por la familia.
    La misteriosa desaparición en París de la joven española Natalia Sánchez Uribe, una estudiante de Erasmus de 22 años de la que no se sabía nada desde el 1 de mayo, ha llegado a su fin.
     El Ministerio de Exteriores de España ha confirmado que la joven ha sido encontrada con vida y presenta buen estado.
     La policía francesa encontró desorientada en la calle a una mujer que respondía a las características de la universitaria, y la trasladó al hospital, adonde se han acercado los padres, según fuentes de la Guardia Civil, que ha colaborado estrechamente con la policía francesa.
     Los agentes españoles también confirman que la muchacha llevaba "varios días" en dicho hospital, el Henri Ey, cercano a la universidad.
    La Fundación Europea para las Personas Desaparecidas ha hablado con la familia de la estudiante, que de momento no quiere compartir más detalles del caso, según ha podido confirmar este diario.
     Los padres, granadinos afincados en Baleares, también han pedido privacidad.
    Sánchez Uribe, estudiante de Economía y Empresa en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), se encuentra en la capital francesa desde septiembre cursando un Erasmus en la Escuela de Economía de la Sorbona, que concluye en dos semanas.
     Su mochila fue hallada este lunes con su teléfono móvil y su ordenador portátil dentro, según informó la UAB. 
    Amigas suyas explicaron que los objetos personales de la joven se encontraron en un parque cercano a la universidad seis días después de la última vez que fue vista.
    La noticia de su aparición llega cuando se cumple justo una semana desde que se perdiera su rastro y sus amigos y familiares alertaran a la policía.
     La joven desapareció el 1 de mayo, cuando se estaba mudando del apartamento en el distrito XIV, en el sur de París, donde había vivido alquilada hasta entonces hasta el domicilio de una amiga, a pesar de que solo le quedaban dos semanas para terminar sus estudios en la capital francesa. 
    Las amigas dijeron en los primeros momentos que ella había manifestado que se sentía vigilada, perseguida.
    Ayer martes, la fiscalía explicó que había abierto una investigación por “desaparición inquietante”, un procedimiento que pueden solicitar los familiares cuando consideran que la desaparición no es voluntaria. 
    El caso fue puesto en manos de la brigada de represión de la delincuencia contra personas, una unidad especial de la policía judicial.
    Por la noche, efectivos de la policía criminal efectuaron un registro del apartamento de la joven, donde según su casero esta se había dejado cosas, y se llevaron varias bolsas con material. El dueño del apartamento, que había explicado a este diario que la joven nunca acudió a la cita que tenían el 2 de mayo para hacer la devolución del piso, también se marchó con los agentes para prestar declaración.
     Fuentes judiciales confirmaron esta mañana sin embargo que no se había efectuado hasta ese momento ningún arresto en torno a este caso, del que siguen por conocerse muchos detalles.
     La Fiscalía francesa por el momento se ha limitado a confirmar el hallazgo de Natalia Sánchez, pero no ha adelantado ninguna información sobre la evolución de un caso en el que aún quedan muchos claroscuros.
    Poco antes de que se hallara a la joven, su padre, que está en París siguiendo de cerca el caso, había enviado un mensaje de audio a través de la Fundación QSD agradeciendo la “solidaridad” de la sociedad española, aunque también pedía que se respetara la “intimidad” de la joven —un llamamiento que ha reiterado tras su hallazgo— y pedía que se evitaran “hipótesis o especulaciones gratuitas”.

     

 

La hija de Monica Bellucci y Vincent Cassel, una nueva estrella en la familia

Deva Cassel se incorpora al mediático mundo de sus padres y se convierte en imagen de la firma Dolce & Gabbana con solo 14 años.

Deva Cassel, hija de los actores Mónica Bellucci y Vicent Cassel.   

Deva Cassel, hija de los actores Mónica Bellucci y Vicent Cassel.
Monica Bellucci y Vincent Cassel han sido durante dos décadas una de las parejas más poderosas del cine europeo y del star system global. 
Tan glamurosos como discretos, salieron juntos desde mediados de los años noventa, se casaron en 1999 y su separación sorprendió a todos en 2013.
 Sin embargo, la familia que formaron no ha dejado de acaparar la atención mediática y parece que ha encontrado repuesto generacional. 
Su hija mayor, de solo 14 años, ya apunta maneras como modelo. 
Deva Cassel nació en el año 2004, cuando sus padres llevaban cinco años casados.
 Cumplirá los 15 el próximo septiembre, pero para entonces ya habrá dado sus primeros pasos como modelo.
 Aunque todavía no se ha subido a las pasarelas (muchas de ellas no admiten menores de 16 o 18 años), ya ha grabado un anuncio nada menos que para la firma italiana Dolce&Gabbana.
 Unas imágenes suyas se filtraron a primeros de abril y en ellas se la veía en la ciudad italiana de Ravello, con un vestido blanco y zapatillas de deporte, mientras rodaba el spot.
 Según quienes allí estaban presentes, su madre, Monica Belluci, estuvo acompañando y muy atenta a cada paso que daba la pequeña.
Poco después la propia marca confirmó que Deva sería la imagen de sus perfumes en la próxima temporada primavera-verano 2020. Algo que la sitúa al nivel de Scarlett Johansson, Laetitia Casta, Gisele Bündchen o la actual representante de las fragancias de la casa, la actriz Emilia Clarke, Daenerys en Juego de Tronos.
Deva tiene una hermana menor, Leonie, seis años menor que ella. Desde que llegaron al mundo ambas han sido personajes privados, sin apenas exposición.
 Aunque sus padres no han escondido sus nacimientos —de hecho, Bellucci posó embarazada de la pequeña en una icónica portada de Vanity Fair— ni a las pequeñas, tampoco han estado expuestas al público, de ahí que llame la atención el salto mediático de Deva cuando todavía es casi una niña.
Su padre también colgó una foto junto a ella en sus redes en septiembre de 2017, cuando cumplió 13 años, pero cuando era un bebé.
 "Eres el regalo más bonito que me ha dado el universo", escribía el actor en la imagen.
 Cassel pronto recibirá otro regalo, puesto que su nueva esposa, la modelo francesa de 22 años Tina Kunakey, está esperando el que será su primer hijo en común.
 La pareja contrajo matrimonio a finales de agosto en la localidad vasco francesa de Bidart en una ceremonia pequeña con un centenar de invitados, entre ellos actores como Elie Semoun, Gilles Lellouche y Adèle Exarchopoulos.
Sus padres, Monica Belluci, de 54 años, y Vincent Cassel, de 52, han aparecido con ella en paseos, aeropuertos y vacaciones, e incluso ha acompañado a su madre en alguna fiesta. 
Alta, morena y de pelo ondulado, la joven guarda un evidente parecido con su madre.
 Algo que se ha podido ver en las únicas tres imágenes que tiene en su perfil público de Instagram, donde tiene unos 3.200 seguidores.


Su padre también colgó una foto junto a ella en sus redes en septiembre de 2017, cuando cumplió 13 años, pero cuando era un bebé. 
"Eres el regalo más bonito que me ha dado el universo", escribía el actor en la imagen.
 Cassel pronto recibirá otro regalo, puesto que su nueva esposa, la modelo francesa de 22 años Tina Kunakey, está esperando el que será su primer hijo en común.
 La pareja contrajo matrimonio a finales de agosto en la localidad vasco francesa de Bidart en una ceremonia pequeña con un centenar de invitados, entre ellos actores como Elie Semoun, Gilles Lellouche y Adèle Exarchopoulos.
Tras su separación hace ya un lustro, Bellucci también tiene nueva pareja, aunque por ahora y hasta donde se sabe no han pasado por el altar. La diva italiana sale con un escultor francés de 36 años llamado Nicolas Lefebvre.
 "El hombre con el que comparto mi vida no se dedica a lo mismo que yo, pero viaja mucho", declaraba sobre él a Paris Match el pasado noviembre
"Su ritmo de vida le permite entender la mía", aseguraba acerca del artista.
 Poco después de separarse la actriz afirmaba en Vanity Fair que durante la mayor parte de su vida había tenido una pareja al lado y que ahora estaba "muy bien, muy conectada" consigo misma.
 De hecho, ahora se ha convertido en imagen de marcas como Nivea, ha protagonizado portadas y editoriales para revistas como Elle, Grazia, Paris Match, Esquire o Madame Figaro y volvió a desfilar para Dolce&Gabbana hace un año, algo que no hacía desde 1992.
"Me gustaría trasmitir este mismo mensaje a mis hijas para que sean conscientes de que no es obligatorio tener un marido o un compañero.
 La soledad no debe asustarnos", explicaba entonces la ganadora del premio Donostia.
 El gusto por la soledad no parece haberle ha durado demasiado a la actriz, pero el amor que siente por la moda sí que ha sabido hacérselo llegar a sus retoños.