Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

16 ene 2019

Antonio David Flores afirma vivir un continuo acoso a causa de Rocío Carrasco

La Audiencia Provincial ha archivado definitivamente la querella por maltrato que interpuso contra él la hija de Rocío Jurado, de quien está separado desde 1999.

Antonio David Flores
Antonio David, con sus dos hijos. GTRES
Atacado, injuriado y calumniado, así confiesa Antonio David Flores que se ha sentido durante los años en los que considera que su exmujer, Rocío Carrasco, hija de Rocío Jurado, ha manchado irremediablemente su imagen acusándole de maltratador y utilizando los poderosos contactos que tiene en televisión por la amistad que la une a colaboradores de distintos programas del corazón. 
 Un hecho que durante los dos últimos años incluso ha significado perder el trabajo que ejercía como colaborador en televisión.
El exguardia civil y colaborador televisivo ha abandonado su silencio de los últimos 18 meses para contar cómo se ha sentido durante este tiempo en el que afirma, en una entrevista exclusiva concedida a la revista Lecturas, “han intentado tirar mi nombre por el suelo” y se ha sentido prejuzgado y condenado antes incluso de celebrarse el juicio por la demanda presentada por Rocío Carrasco. “Ella es poderosa”, explica refiriéndose a su exmujer, “y ese poder con gente de todos los ámbitos junto a que recibió una importante fortuna de su madre y que tiene mucho tiempo porque no trabaja y un odio contra mí extremadamente fuerte, es una combinación muy complicada”.
Las declaraciones llegan después de que la Audiencia Provincial de Madrid haya archivado definitivamente la querella por malos tratos que interpuso Rocío Carrasco contra Flores, quien afirma que aunque personas del entorno de la hija de Rocío Jurado aseguran que ella recurrirá al Tribunal de Estrasburgo, esa supuesta demanda se dirige contra los Estados y no contra particulares y por tanto no puede tener un efecto que signifique que se le pueda volver a juzgar por esta causa.
“Antes del juicio ya me habían metido en la cárcel.
 Decían que la he maltratado psicológicamente”, explica Flores. 
Él mismo contó que Carrasco le acusaba de haberla intentado tirar por una terraza cuando estaba embarazada de tres meses, y que ese detalle lo han tapado todos los que han hablado y escrito sobre este tema porque 
“si lo hubieran contado en el minuto uno, nadie se lo habría creído”.
Rocío Carrasco, con su actual marido Fidel Albiac.
Rocío Carrasco, con su actual marido Fidel Albiac. GTRESONLINE
Antonio David Flores no se anda con rodeos respecto a cómo ha vivido estos últimos años en los que su situación le ha hecho perder su casa y tener que mantener a sus tres hijos –los dos que tuvo con Carrasco y la niña que tiene con su actual esposa– gracias a la ayuda de sus padres y el trabajo de Olga, su mujer.
 “Me ha podido denunciar en 15 o 18 ocasiones. 
Siento que me acosa legalmente.
 Esto de jugar con las emociones de tu familia es muy duro. Estamos en un continuo acoso”. 
Flores califica de calvario lo que ha vivido en estos años en los que ha tenido incluso que recibir ayuda psicológica y farmacológica para sobrellevar la situación. “Ahora siento alivio no solo porque se haya acabado el tema judicial si no porque también, a pesar de lo que creo pretenden, también se ha acabado la condena social, en mi caso en televisión. 
Llevo dos años sin ingresar dinero”, afirma en la entrevista en Lecturas.
También es conocido que todo este interminable enfrentamiento judicial que empezó desde el mismo momento en el que la pareja se separó en julio de 1999 ha afectado a los dos hijos que tuvieron juntos, Rocío y David.
 Ninguno de ellos mantiene ahora relación alguna con su madre y hacen piña en torno a su padre y Olga, su actual esposa, con quienes viven desde hace años.
 La querella por malos tratos ha sido el último gran escollo para que su relación se normalice: “Esta mentira ha provocado en mis hijos un dolor bestial y el miedo a que me metieran en prisión”, dice Flores al respecto.
 “Yo no les hablo de su madre, pero supongo que para poder perdonar a alguien la otra persona debe tener un mínimo interés en ser perdonado y sobre todo no seguir haciendo daño ni a ellos ni a su familia”, explica sobre los sentimientos de sus hijos respecto a Rocío Carrasco





 

Kiko Rivera confiesa su adicción a las drogas

El hijo de Isabel Pantoja admite que la depresión que sufrió estaba relacionada con un proceso para desengañarse: "Consumía hachís y marihuana todos los días, y también cocaína".

Kiko Rivera
Francisco Rivera Pantoja e Irene Rosales en Madrid, antes de entrar en el concurso. GTRES

 

Kiko Rivera ha decidido hablar de su adicción a las drogas.
  Lo ha hecho dentro del programa a Gran Hermano Dúo, en el que participa junto a su esposa Irene Rosales. 
"En determinado momento de mi vida, y de ahí viene en gran parte mi depresión, tuve adicción a las drogas", explicó el hijo de Isabel Pantoja. 
"Consumía hachís y marihuana todos los días, y también cocaína. Para mi ir a trabajar era pegarme una fiesta, no rendía en mi trabajo, no daba lo que tenía que dar".
Un proceso que cortó Irene Rosales:
 "Ella se puso firme y me enderezó, me costó lo más grande pero hace un año y medio ya soy un hombre limpio".
 Y añadió: "Lo pasé muy mal, todos los bajones que tuve en mi vida pensaba que podrían solucionarse con las drogas.
 Gracias a mi mujer, a mi madre y a mis amigos de verdad he conseguido salir de ese mundo.
 No me quería ir sin decirle a la gente que se puede salir, que es muy malo, solo trae problemas".
 En los últimos días Rivera ya había adelantado que cuando vio lo sucedido con Avicci el DJ sueco que se suicidó la pasada primavera a los 28 años, tras una vida marcada por la noche.
Kiko Rivera también desveló que el tratamiento continúa: "Ya hace un año y medio que estoy limpio.
 Me costó muchísimo. Gracias a Dios lo he conseguido, aún sigo con el tratamiento y haciéndome mis pruebas, donde todos los que me quieren pueden ver que sigo bien".
Francisco Rivera Pantoja, rodeado de fans.
Francisco Rivera Pantoja, rodeado de fans. GTRES
Irene Rosales también habló de esta situación. 
Explicó que lo que más le costó a Kiko fue "contárselo a su madre fue lo más duro, no quería por nada del mundo que su familia se enterara, pero era la única opción que me quedaba".
Pasados los malos momentos, el DJ tiene claro que "seguramente mi madre hoy se sentirá orgullosa, gracias a ella y a mi mujer soy una persona nueva y una persona feliz, y se lo agradeceré a las dos eternamente hasta el día que me muera".
Este proceso estuvo directamente relacionado con el parón profesional que se tomó el DJ hace unos meses que según la primera versión oficial se debió a una depresión relacionada con su radical pérdida de peso. 
Rivera Pantoja se sometió a una operación en la que se le implantó un balón gástrico.
Todo indica que Kiko Rivera ha entrado en la casa del Gran Hermano Dúo con el compromiso de revelar detalles de su vida ya que también ha hablado de la muerte de su padre y de sus relaciones complicadas relaciones familiares.


El último drama de Concha Velasco por sus problemas con Hacienda

"He llorado mucho, pero se sale", confiesa la actriz que, a sus 79 años, ha tenido que vender su casa para pagar sus deudas.

Concha Velasco, en Madrid, el pasado octubre.
Concha Velasco, en Madrid, el pasado octubre.

 Concha Velasco ya puede respirar tranquila.

 La actriz, de 79 años, ha tenido que plantar cara a Hacienda vendiendo su casa de Madrid para saldar sus deudas.

 “A los 79 años empiezo de cero, pero ya no tengo ninguna deuda. Puedo dormir tranquila”, cuenta la intérprete vallisoletana en exclusiva a la revista Semana.

 Velasco, que el pasado septiembre estuvo ingresada en el hospital por una neumonía, asegura que estos últimos meses ha vivido un auténtico drama, pero ahora se encuentra optimista porque sus problemas se han solucionado. 

 “He llorado mucho, pero de todo se sale”, reconoce.

 

La actriz, que actualmente se encuentra en el teatro La Latina protagonizando la obra El Funeral que dirige su hijo Manuel Marsó, vive de alquiler después de vender su piso de la calle de Princesa de Éboli de Madrid.
 Una venta que, según dice, le ha costado especialmente. 
 Pero esta no es la primera vez que la que fue la chica yeyé se ve obligada a deshacerse de algunas de sus propiedades por sus problemas económicos.
 Hace unos años las deudas también le obligaron a desprenderse del espléndido chalé en el que vivía en La Moraleja y se mudó a un piso en Sanchinarro, un barrio al norte de Madrid donde viven su hermano Manuel y su hijo Paco.
A lo largo de su dilatada carrera de artista, Velasco se ha arruinado en varias ocasiones.
 Los problemas económicos comenzaron a raíz de su relación con el que fue su marido durante más de 25 años, el productor de teatro Paco Marsó.
 Cuando se casaron, en 1977, él se dedicó en exclusiva a la producción escénica, fundamentalmente en aquellos proyectos en los que era protagonista Concha Velasco. 
“Nos metíamos en producciones carísimas, como Hello Dolly (2001), que no recuperábamos ni llenando, pero eran bonitos espectáculos. 
Y porque me lo he gastado malamente y un día vas y lo pierdes todo”, confesaba la actriz a EL PAÍS en 2012.
De Marsó, que falleció en Málaga a consecuencia de un derrame cerebral en 2010, eran conocidos sus problemas con el juego y sus escandalosas infidelidades, algo que llevó a la actriz “por la calle de la amargura” —en sus propias palabras a este diario— y la obligó a superarse a sí misma. 
“Al divorciarme he ganado que cuando suena el timbre de casa no piense que es una citación judicial”, llegó a decir Velasco en otra entrevista sobre su separación definitiva en 2005.

¿Qué puedes aprender de un astronauta?

Chris Hadfield

Astronauta

 

 Hadfield es uno de los astronautas más experimentados del mundo, ha pasado casi 4.000 horas en el espacio y ha sido comandante de la Estación Espacial Internacional, donde dirigió un número récord de experimentos científicos.

 Con tan sólo nueve años su vida cambió cuando el hombre pisó la Luna, y decidió que él también sería astronauta algún día. Chris Hadfield se ha convertido en uno de los astronautas más populares de la historia gracias también a sus extraordinarias fotografías y vídeos educativos sobre la vida en el espacio. 

“La educación te permite alejar la ignorancia y ver más allá de los límites”, apunta. 

Su versión “sin gravedad” de la canción Space Oddity de David Bowie se considera el primer videoclip de la historia en el espacio. 

De entre las lecciones que un astronauta puede compartirnos, Hadfield, destaca la importancia de entender la diferencia entre el peligro y el miedo:

 “Debemos evaluar en nuestra vida ¿qué nos asusta y cómo está cambiando nuestra vida por las decisiones que tomamos?”. Hadfield ha trabajado como director de operaciones de la NASA, jefe de robótica del Centro Espacial Johnson y responsable de comunicación de la cápsula espacial en 25 lanzamientos.

 Además, ha recibido diferentes galardones como el Premio a la Promoción de la Ciencia del Consejo de Investigación de Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá, un premio que reconoce su divulgación de la ciencia y su habilidad comunicativa con el público general, y en especial con los más pequeños. 

“Involúcrate en crear quién eres. 

 No seas pasivo en tu propia vida. 

Solo tienes una. Intenta mejorar quién eres, y puede que en el futuro te conviertas en ese alguien con el que siempre habías soñado”, concluye el astronauta. 

Chris Hadfield.
 La nave espacial es una locura, pasan muchas cosas a la vez. Tienes que mantener la nave a punto, los experimentos, el trabajo, hablar con la gente de la Tierra… 
Pero mientras, estás dando vueltas alrededor del mundo cada 92 minutos, y el mundo gira debajo de ti, así que cada vez que das una vuelta lo haces por un nuevo lugar. 
Pasado un tiempo, si tienes el sol en un punto, la mitad del tiempo estás en la oscuridad: noche, día, noche, día… El sol sale y se pone cada 46 minutos y el mundo cambia constantemente por el tiempo. Era como si se lavara y enjuagara cada vez que dábamos una vuelta.
 La primera vez que ves la Tierra es algo increíblemente bello, quieres mirar a tantos sitios que no puedes concentrarte. 
Todo lo que puedes ver es aquello que estás preparado para ver, las cosas que puedes reconocer.

Cuando miras Europa, todos lo que puedes decir es: “Ah, mira, ahí está Londres, vale. Londres, y ahí está París.
 Eso es Madrid, puedo ver donde está Madrid y en la costa puedo ver Barcelona, ¡qué bonita!”. 
 Pero cuando vuelves a pasar por encima ya sabes donde están Londres y París y dices: “Eso debe ser el estuario del Támesis”, la vez siguiente ves el río Severn y en la siguiente descubres donde está Stonehenge. 

Entonces empiezas a buscar todas las vías romanas y de pronto empiezas a ver el mundo con una claridad que nunca antes habías tenido.
 Y todo eso pasa en 90 minutos.
 Así que no pasa solo con el lugar que conoces sino con todos los sitios: los siete mil quinientos millones de personas y los cuatro mil quinientos millones de años de historia que tiene la Tierra están justo debajo de ti, como un regalo interminable.

Los astronautas tenemos mucho trabajo en la nave, pero no puedes evitar acercarte a la ventana constantemente para ver lo que hay debajo de ti.
 Es irremediablemente bello y extremadamente sugerente ver el mundo de esa manera. 

Chris Hadfield. ¿Dormirías bien la primera vez que vas a dejar la Tierra? Esa noche te vas a la cama pensando que el día siguiente va a ser bastante especial. Pero me han preparado para ello.
 Yo decidí ser astronauta cuando tenía diez años, he estado entrenando, aprendí a volar en la adolescencia, estuve en las fuerzas aéreas, me convertí en ingeniero, fui piloto de pruebas y, finalmente, recibí entrenamiento para ser astronauta durante varios años.
 Así que fue un gran día, pero era un día para el que estaba preparado.

Por eso, aquella noche dormí bien.
 La mañana del lanzamiento me levanté, recibí todas las instrucciones, me puse al día con todos los cambios de última hora y esas cosas.
 Entonces, comienzan a construir el traje alrededor de tu cuerpo, tienes que llevar un traje presurizado por si se produce alguna fuga en la nave, ya sabes, cuando se sale el aire y todo el mundo muere. Entonces te ponen un traje revestido de goma para que si hay una fuga en la nave, el traje se hinche como un globo y te mantenga a salvo. 
Te ponen el traje y comprueban que todo está correcto, es grande, pesado y da calor. No es nada cómodo. 

Y es como si pudieras oír el tiempo pasar porque sabes que están a punto de ocurrir grandes cosas, sientes que se dan muchos pasos pero que esos pasos llevan a algún sitio.
 Los trajes son naranja brillante porque así si tienes que saltar desde el transbordador pueden localizarte en el océano.
 Así que llevas este traje de calabaza, como nosotros le llamamos, es del mismo color que esta silla, naranja brillante.

Así que vas por el pasillo, subes al ascensor, sales y hay miles de personas, flashes que te ciegan y todo este montaje. 
Nos subimos a la furgoneta y comienza a llevarte hacia la lanzadera, que está en Florida, en el centro espacial Kennedy. 
Está a varios kilómetros, así que hay tiempo para hablar y reír mientras esperamos.
 Lo mejor sucede al girar una esquina y, desde la distancia, al otro lado de la carretera puedes ver tu nave por primera vez, esperando en la lanzadera.
 No es una nave cualquiera, es la tuya.


Avanzas esos últimos metros, nos dejan bajo la nave, y no hay nadie alrededor porque la explosión es tan grande que la gente debe estar al menos a cinco kilómetros de distancia.
 Entras en el ascensor y este va subiendo, y uno a uno tenemos que ir gateando hasta la nave, llegas a tu asiento, estás de espaldas, alguien te pone todos los cinturones, el oxígeno y los accesorios para realizar todas las comunicaciones y conexiones.
 Entonces te dan un beso en la frente, quizá una nota de tu esposa, por último cierran la compuerta y, de repente, estás solo en la nave.

 

Se hacen comprobaciones de presión, de comunicación, el reloj corre, todo el mundo que hay por allí va desapareciendo estás un par de horas ahí tirado de espaldas.
 Pero el reloj cada vez está más cerca de la hora
. Puedes pensar que estás asustado, pero no lo estás, estás preparado. 
El único miedo real es no poder salir ese mismo día porque hay mal tiempo o porque en el lugar concreto del océano donde van a caer los propulsores, puede que haya un barco y no podamos despegar hasta que se vaya.
Ese es tu mayor miedo, porque estás preparado para enfrentarte a lo que va a suceder. 
Pero también lo niegas porque has estado soñando con ese día desde que tenías nueve años, y aquí estoy 26 años después, y nunca creí que este día iba a llegar.
 Nunca me permití pensar ni un momento que iba a ir al espacio. Pero en ese momento estás tan cerca y al reloj solo le faltan diez minutos y después cinco, y empiezas a pensar: 
“Quizá sí que vamos a ir al espacio hoy, ¡cómo mola!”.
 Y ves que tras treinta segundos el vehículo se ha separado de la tierra y funciona por su cuenta, cuando está a seis segundos se empiezan a encender los motores y todo el mundo se centra en que los instrumentos funcionen correctamente y cuando llega a cero, los enormes cohetes se encienden y sientes una gran fuerza producida por la energía del vehículo.

Y sientes como te haces pequeño debido a la gran explosión que ha ocurrido a tu alrededor. 
Pero estás a salvo en el centro de tu cápsula. 
Es como si de pronto un tornado te hubiera envuelto y empezara a sacarte del camino muy rápido. Sientes una fuerza increíble en la espalda, una gran vibración, la torre se cae… En el momento de abandonar la torre vamos a 160.000 kilómetros por hora y subiendo, vamos a la velocidad del sonido en 45 segundos.
 Vas más rápido que el Concorde en un minuto y medio.

Es muy violento, te tambaleas y vibras, ni siquiera puedes concentrarte en los instrumentos. 
En dos minutos has atravesado el cielo y los grandes cohetes que te impulsan por encima de la atmósfera se quedan sin combustible y explotan dejando al vehículo envuelto en llamas, y ahora es muy suave porque solo usas los motores de hidrógeno.
 Pero cada vez te sientes más pesado mientras vas acelerando más y más. 
 Ves que vas a la velocidad del sonido, cada mach implica ir al doble de la velocidad del sonido.

Poco a poco, el vehículo ha ido haciendo su trabajo, está a una correcta velocidad y altitud, perfectamente situado en la dirección correcta, el motor se apaga y ya no hay gravedad. 
Sientes que ya se ha acabado, que has hecho lo más difícil, pero a la vez está empezando. 
En ese momento tienes el permiso para hacer todo aquello por lo que estás ahí.
 Es un viaje de nueve minutos increíble. 
Lleva tu vida desde un lugar que solo habías soñado hasta un reino de oportunidades, hacia una nueva realidad.
Solo como resultado del ingenio, de la capacidad y del poder de las cosas que podemos inventar. 
Depende del vehículo, de si es un cohete Apolo o una lanzadera.
 Yo volé en un cohete ruso, el Soyuz, en mi tercer vuelo.
 Pero todos tardan sobre los nueve minutos. 
Es lo que tardan en subir por el aire y acelerar, suelen ser nueve minutos. 
Yo nací en 1959, por lo que en 1969, el año del primer alunizaje, iba a cumplir diez años. 
Era el verano del 69, un mes antes de mi cumpleaños. 
Era un niño de nueve años inquieto, como todos los niños de nueve años, pero en mi cabeza toda la ciencia ficción de Star Trek, de 2001: Una odisea del espacio y de todos los libros que había leído se estaban volviendo realidad.

La gente estaba viajando al espacio: Yuri Gagarin ya había viajado, Alan Sephard, John Glenn… 
Y ahora la gente se estaba esforzando en andar por la Luna. Para mí fue como… Imagínate que hubieras estado leyendo sobre los X-Men y, de repente, pasaran los X-Men de carne y hueso. 
Te darías cuenta de que ya no es una ficción, es real. 
No es solo posible para ellos, sino que a lo mejor puedo hacerlo yo también. Fue cautivador.
¿Qué quiero hacer con mi vida?”.
 En esa noche, la del 20 de julio de 1969, mucha gente se reunió en nuestro salón porque estábamos en una cabaña pasando el verano y no todo el mundo tenía televisión. 
Estábamos todos en el salón: un montón de adultos, mi hermano y yo.
 La gente se amontonaba para ver la pequeña televisión en blanco y negro. 
En esa pequeña televisión estaba Walter Cronkite narrándolo todo.
Vimos a Neil Armstrong y Buzz Aldrin alunizar, bajaron y Armstrong dio unos pasos y dijo lo de: “Es un pequeño paso para el hombre…”. Ya no volví a mirar a la Luna de la misma manera.
 La Luna ya no era solo una luz en el cielo, era un sitio donde había estado la gente y al que iban a continuar yendo. 
Eso cambia tu relación con tu propio futuro.
Pensar: “Es algo que podemos hacer”. Esto me ayudó a tomar muchas decisiones en mi vida.
 Esa gente asumió riesgos para abrir una puerta que nadie había abierto antes. 

La Tierra se convierte en un planeta que ves a lo lejos, como la Luna o Marte, ya no estás allí. Entonces, hay una separación psicológica que te aleja del mundo.
 Así que te sientes cómodo, te acostumbras y te sientes productivo allí.
 Pero el calendario sigue su curso y llega el día en el que tienes que volver a casa. 
Sentí muchas emociones diferentes, claro. 
Sentí una gran sensación de realización porque habíamos logrado muchos hitos para la ciencia en la estación espacial.
Tuvimos un gran problema mecánico en la estación espacial y tuvimos que realizar un bloqueo espacial de emergencia, cuatro días antes de volver a casa.
 Pero lo resolvimos, triunfamos, arreglamos esa parte de la estación espacial, así que todos esos años de entrenamiento valieron la pena. Compartimos la experiencia con millones de personas usando nuestra nueva capacidad para unir internet con la vida en una nave espacial.
Fue muy satisfactorio.
 Estaba muy contento de poder volver y ver a mi familia, porque podría volver y ver a mi mujer y a mis hijos.
 Podía volver a mi vida.
 Pero también es el final de algo, y diez minutos antes de meterme en el Soyuz me acerqué a la ventana y floté en ingravidez una última vez, solo para fijar en mi memoria lo que se sentía. 

Y juegas con la ingravidez, le das la vuelta a las cosas que hay delante de ti hasta el último segundo, porque es magia. 
Es como si pudieras hacer un truco, hacer que las cosas vuelen y floten, incluso a ti mismo.
 Pero después me puse el traje, me metí en el Soyuz, y mi cabeza solo pensaba en volar con el Soyuz hasta la Tierra.
 Es bastante peligroso porque no has volado en seis meses y tienes que concentrarte. 
Además, los instrumentos están en ruso, que no es mi lengua materna. 
 Tienes que hacerlo todo otra vez mientras desciendes y estás aplastado contra el asiento, y tienes que hacer un montón de cosas mientras te precipitas hacia la atmósfera, al final se abre el paracaídas y de repente eres ligero como una pluma. 
Entonces cae en el suelo y da un par de vueltas, es un regreso muy violento, muy abrupto.
El equipo de rescate ruso abre la compuerta y ya sabes, los rusos te saludan y ayudan muy amablemente, te sacan de allí.
 Los médicos quieren hacer un seguimiento de cómo se readapta tu cuerpo, así que te tratan muy amablemente, cargan contigo durante un rato. 
Quieren que tu cuerpo se readapte despacio, no es instantáneo.
Pero es abrumador. 
Estás agotado porque llevas 24 horas trabajando, estás sintiendo la gravedad otra vez, y es bastante…
Injusto.
 Tienes que esforzarte por levantar el brazo y tu corazón tiene que levantar tu sangre por primera vez en seis meses. 
Tu sangre pesa por primera vez en seis meses.
 Te cuesta mantener el equilibrio, te dan náuseas y es bastante agotador volver a la Tierra, pero también es encantador.
 Alguien me dejó un móvil para que llamara a mi mujer y empezara la siguiente fase de mi vida.

Es un día muy importante. Es un día necesario en el proceso.
 Es uno de esos días donde recuerdas muchos pequeños detalles, porque es un día bastante inusual de tu vida.
creo que el vértigo o el miedo a las alturas produce unos espasmos de piernas involuntarios, se te encoge el estómago por el miedo a las alturas… 
No sé cómo te sientes tú, pero cuando salgo a un balcón y la barandilla está muy baja o si estoy cerca de un precipicio, mi cuerpo me manda todas las señales que puede para que me aleje y me marche de allí. 
Porque, en realidad, por un pequeño fallo, un golpe de viento, o que alguien me golpeé puede acabar en tu muerte.

Así que no creo que sea un miedo irracional, creo que es un miedo natural y sano.
 La verdadera pregunta que hay que hacerse es: “¿Qué haces con tu miedo?”. Porque puedes tenerle miedo a las alturas y no subir nunca a un sitio elevado, pero ¿dónde está el límite? ¿Vas a subir a un edificio de diez plantas? ¿Vas a subirte en ascensor? ¿A una escalera? ¿Vas a pasarte toda la vida tumbado en el suelo?

Lo que decidí, obviamente, como hace la mayoría de personas, es que está bien subir a un sitio elevado siempre que sepas que no vas a caerte.
 Si estás dentro de un edificio de diez plantas, estas a una altura de diez pisos, pero no te vas a caer diez pisos porque tienes un suelo debajo.
 Si estás en un avión, puede que estés a diez kilómetros del suelo, pero tiene alas y no vas a caerte de repente.
En una nave estás en la ingravidez, puedes dejarte llevar y no te caerás.
 No puedes caerte, es imposible caerte de la nave.
 Así que mientras sepas que no vas a caerte, no hay de qué preocuparse.
 Esa es la gran diferencia: ¿cómo te tomas las cosas a las que temes con un miedo primitivo, animal? 
Y pensar en ello para reconocer que tienes miedo, pero, aunque estés al borde de un precipicio, si llevas un arnés superfuerte que está unido a una pared detrás de mí, no puedo caerme, no importa y no necesito estar preocupado. 
No soy un animal imprudente, soy un humano racional.
 Así es como le hice frente a mi versión particular de vértigo.
 Por eso he podido llegar tan increíblemente alto en mi vida.

 Creo que el primer paso, y el más importante, es tener un sueño. ¿Qué imaginas ser cuando eres honesto contigo mismo?
 Si piensas: “Para que mi vida fuera perfecta, ¿qué podría ser de mayor?”. Mantenlo siempre cerca de tu corazón y úsalo en cada decisión que tomes. 
“¿Qué libros debería leer?”, “¿Qué película debería ver?”, “¿Qué comida debería comer?”,
 “¿Qué cosas debería aprender para ser lo que sueño ser?”.
Y si sueñas con ser un astronauta, si sueñas con ser astronauta puedes hacer tres cosas muy importantes. 
La primera, necesitas un cuerpo sano, piensa en hacer un poco de ejercicio.
 Si quieres ser astronauta, lo primero es cuidar tu cuerpo.
 Lo segundo es que las naves espaciales son complicadas.
 Y las que vuelan lo son todavía más, así que vas a necesitar entender cosas complicadas.
 Así que intenta estudiar cosas complicadas, como hiciste tú. Intenta estudiar algo muy complejo a un nivel muy avanzado. Plantéate obtener un título universitario avanzado, no algo que te resulte fácil, sino algo que de verdad te haga pensar.
 Así que, lo segundo es plantearte tener una educación técnica avanzada en algo que te resulte interesante.
Lo tercero, aprende a tomar decisiones y mantenerlas.
 Es fácil decir: “No me pagan lo bastante para esto, ya lo decidirá otra persona”.
 O moverte sin rumbo por la vida. Es muy importante tomar decisiones, pequeñas, y mantenerlas. La toma de decisiones es una cualidad.
 Puedes mejorarla. “Voy a tomar una decisión: durante el próximo mes voy a hacer esto”.
 “El año que viene hará esto”. “Los próximos diez minutos haré aquello”.
 Lo que sea, aprende a tomar decisiones y a mantenerlas.
 Si tienes un cuerpo fuerte y sano, si has entrenado tu mente de forma avanzada y técnica, y tienes la habilidad de tomar decisiones y mantenerlas, estarás forjando tu camino para andar sobre Marte. O para hacer cualquier cosa que desees.