Algunos
vuelos muy demandados son hasta un 43% más económicos que hace tres años
y en Copenhague los hoteles presentan descuentos de hasta el 80% con
respecto a 2018.
Ciclistas en Copenhague, con el edificio de la Bolsa al fondo.Leonardo PatriziGettyimages
La cura del llamado estrés postvacacional
para muchos se encuentra en la planificación de nuevos viajes. Según
Skyscanner, buscador de vuelos, hoteles y coches de alquiler, el volumen
de consultas en su portal durante el mes de enero, justo después de las
fiestas de Navidades, se multiplica por 13 con respecto a la media del
año anterior. Con la vista ya puesta en Semana Santa, nueve de cada 10
españoles expresan además el propósito de viajar más este año, según un
informe del mismo buscador.
Vuelo hacia la bahía de San Francisco
La Place du Capitole, en Toulouse.
Al analizar el precio medio de los billetes de avión de los destinos
cuya demanda ha aumentado más en los últimos tres años, desde el
buscador destacan los que más han bajado. De esta manera, si la idea es
desconectar por completo e irse a otro continente, Oakland
(Estados Unidos) parece ser uno de los lugares ideales, sobre todo si
no se quiere vaciar el bolsillo por completo antes de llegar. Según
Skyscanner, el precio medio del billete para volar a esta ciudad
californiana, situada en la parte oriental de la bahía de San Francisco,
es de 473 euros, es decir, un 23% menos que hace tres años. Oakland es
también el destino de larga distancia que en los últimos tres años ha
experimentado el mayor aumento de la demanda, un 600% de búsquedas más
con respecto a 2016. Si la preocupación mayor fuera el alojamiento, sin embargo, Nueva York
es la ciudad en la que los hoteles más se han abaratado para esta
Semana Santa con respecto al año pasado, hasta un 40%, según la agencia online Expedia. Le siguen San Francisco (20%), Lake Powell (Arizona, EE UU; 20%) y Hakone
(Japón; 15%). La Gran Manzana es también el destino intercontinental
que experimenta el descenso más vistoso del precio medio de los
paquetes, por lo que reservar juntos vuelo y hotel en esta ciudad
supondrá un ahorro de hasta un 30% con respecto a la misma opción hace
un año. Otros destinos top son Toulouse (Francia), con un precio medio de 86 euros y un descuento del 28% con respecto a hace tres años; Verona (Italia), con un precio medio de 126 euros y una rebaja del 23%; y Burdeos, cuyo billete de avión ahora vale 106 euros, un 21% menos. Pero la verdadera sorpresa de esta Semana Santa es el ahorro que se
puede realizar al alojarse en algún hotel de Copenhague, ya que el
precio medio ha descendido hasta un 80% con respecto al año pasado,
señalan desde Expedia. Descuentos inferiores, pero muy interesantes,
registran Dublín y Florencia (65%), la región portuguesa del Algarve y la capital de Irlanda del Norte, Belfast (55%), Edimburgo (50%), y Ámsterdam (35%). Los paquetes de vuelo más hotel a Colonia (Alemania) son hasta un 75% más convenientes este año que en 2018. En Budapest han descendido un 50%; en Copenhague, un 45%; en Roma, un 40%; en Berlín, un 35%; en Viena y en Londres, un 15%.
Avión más hotel en Navarra
Una playa en Tenerife.
Si lo que se tiene planeado es, más bien, una escapada sin salir de
España, el destino doméstico que destacan desde Skyscanner es Santander.
Con un aumento de la demanda del 125%, y unos billetes de 100 euros de
media, viajar a la capital cántabra en avión es ahora un 26% más
económico que en 2016.
Hotel en Copenhague, por un 80% menos
Quedarse en Europa es otra posibilidad para Semana Santa. Un billete de avión para Luxemburgo
vale ahora de media 116 euros, un 43% menos que en 2016, mientras que
su demanda se ha multiplicado por tres, según Skyscanner. Otros destinos
top son Toulouse (Francia), con un precio medio de 86 euros y un descuento del 28% con respecto a hace tres años; Verona (Italia), con un precio medio de 126 euros y una rebaja del 23%; y Burdeos, cuyo billete de avión ahora vale 106 euros, un 21% menos.
Si el 28% de los encuestados afirma que el interés turístico del
destino es la principal motivación detrás de sus elecciones, el 51%
indica que el precio es el criterio fundamental que le guía a la hora de
escoger el lugar de su descanso. Si tú también estás soñando con tus
próximas vacaciones, tal vez te estés preguntando adónde te resultaría
más conveniente viajar alrededor de la semana entre el 14 y el 21 de
abril. Estos son los consejos de los expertos.
Pero para disfrutar de las bajadas de precio más importantes en los hoteles, habrá que preferir Navarra y Córdoba, con descuentos de hasta el 55%.
Como muchas de las grandes creaciones de la humanidad (la penicilina,
por ejemplo), los Manolitos nacieron por un error. Sí, a los creadores
se les fue la mano con un ingrediente y salió esta adictiva especie de minicroissant de mantequilla, con la opción de tenerlos bañados en chocolate, ya sea negro o blanco. Pero hay más enigmas que resolver de este dulce de moda...
Gracias a un cupón de la ONCE
La peculiar crónica de los Manolitos arrancó hace casi tres décadas,
en 1989. Manolo Manzano, nieto e hijo de pasteleros, pidió a su abuela
un préstamo para abrir su primer local, de tan solo 60 metros cuadrados,
en Colmenar Viejo (Madrid). Y así, Manolo pasó de ayudar a su padre a
hornear tartas por encargo a poner a su progenitor literalmente a sus
órdenes. Pronto llegó la segunda pastelería, y la tercera -que se abrió
gracias a un cupón de la ONCE… premiado, claro -, y… hasta una fábrica. Y
pronto también se sumaron al negocio Remedios y Noelia, hermanas de
Manolo.
Surgió por un error en la receta
Y todo fue por un error: echaron mantequilla de más y acabó saliendo
este sabrosísimo dulce. Eso sí, no desvelan la receta completa. “El
cambio de milenio fue definitivo para Pastelerías Manolo”, recuerda
Remedios Manzano, uno de los tres hermanos propietarios. Pocos meses
después de que, en 1999, abrieran su “buque insignia" -en Corazón de
María, 10, en Colmenar Viejo- estos bollos con vocación de minicroissants
se convirtieron en objeto de deseo para los habitantes de la sierra
noroeste de Madrid. Su fama llegó hasta la capital, gracias, eso sí, al
boca a oreja. "La mejor campaña de comunicación, lenta pero muy
efectiva”, nos dice Isabel Aires, experta en comunicación gastronómica y
CEO de Aires News. Ningún experto de imagen estuvo detrás, ninguna
agencia de comunicación. La historia del nombre nos la cuenta Remedios
Manzano: “Unos clientes asiduos nos llamaban por teléfono para hacernos
encargos y los llamaban así, Manolitos [recuerden: Manolo Manzano es el
que lo empezó todo]. Nos gustó tanto el nombre que en 2012 decidimos
registrarlo como marca comercial”, recuerda Remedios Manzano. Al menos, eso sí, contaban con un -curioso- departamento de control
de calidad: el propio Manolo, que todavía sigue comiendo "unos diez manolitos
al día". “Es nuestro I+D”, ironiza su hermana. Ya más en serio: Manolo
dice tener los niveles de azúcar en orden y practica deporte a diario (y
se nota).o
Los
Manolitos nacieron por una casualidad. Sí, a los creadores se le fue la
mano con un ingrediente y salió esta adictiva especie de
'minicroissants' de mantequilla.Instagram
Qué no son 'croissants', oiga
Sí, tienen forma más que parecida a los kiflis austriacos o a los famosos croissants franceses,
aunque en tamaño mini, claro. Pero, como afirma Iván Sáez, chef del
restaurante Desencaja (Paseo de La Habana, 84, Madrid) y de El Zorzal
(Santa Clara, 10, Madrid), y buen conocedor de la gastronomía francesa, “si estás pensando en un croissant francés, con sus capas, su
crujiente, con el sabor y aroma a mantequilla, no puedes comerte un
Manolito, porque es otra cosa, y viceversa”. Así que no intentes buscar
parecido alguno. Pese a que surgieran con intención de croissant,
y hasta a los propios inventores se les escape el término, este es “un
bollo único, y prueba de su éxito es que tiene imitaciones”, prosigue
Sáez.
Surgió por un error en la receta
Y todo fue por un error: echaron mantequilla de más y acabó saliendo
este sabrosísimo dulce. Eso sí, no desvelan la receta completa. “El
cambio de milenio fue definitivo para Pastelerías Manolo”, recuerda
Remedios Manzano, uno de los tres hermanos propietarios. Pocos meses
después de que, en 1999, abrieran su “buque insignia" -en Corazón de
María, 10, en Colmenar Viejo- estos bollos con vocación de minicroissants
se convirtieron en objeto de deseo para los habitantes de la sierra
noroeste de Madrid. Su fama llegó hasta la capital, gracias, eso sí, al
boca a oreja. "La mejor campaña de comunicación, lenta pero muy
efectiva”, nos dice Isabel Aires, experta en comunicación gastronómica y
CEO de Aires News. Ningún experto de imagen estuvo detrás, ninguna
agencia de comunicación. La historia del nombre nos la cuenta Remedios
Manzano: “Unos clientes asiduos nos llamaban por teléfono para hacernos
encargos y los llamaban así, Manolitos [recuerden: Manolo Manzano es el
que lo empezó todo]. Nos gustó tanto el nombre que en 2012 decidimos
registrarlo como marca comercial”, recuerda Remedios Manzano. Al menos,
eso sí, contaban con un -curioso- departamento de control de calidad: el
propio Manolo, que todavía sigue comiendo "unos diez manolitos
al día". “Es nuestro I+D”, ironiza su hermana. Ya más en serio: Manolo
dice tener los niveles de azúcar en orden y practica deporte a diario (y
se nota).
Los
Manolitos nacieron por una casualidad. Sí, a los creadores se le fue la
mano con un ingrediente y salió esta adictiva especie de
'minicroissants' de mantequilla.Instagram
Qué no son 'croissants', oiga
Sí, tienen forma más que parecida a los kiflis austriacos o a los famosos croissants franceses,
aunque en tamaño mini, claro. Pero, como afirma Iván Sáez, chef del
restaurante Desencaja (Paseo de La Habana, 84, Madrid) y de El Zorzal
(Santa Clara, 10, Madrid), y buen conocedor de la gastronomía francesa,
“si estás pensando en un croissant francés, con sus capas, su
crujiente, con el sabor y aroma a mantequilla, no puedes comerte un
Manolito, porque es otra cosa, y viceversa”. Así que no intentes buscar
parecido alguno. Pese a que surgieran con intención de croissant,
y hasta a los propios inventores se les escape el término, este es “un
bollo único, y prueba de su éxito es que tiene imitaciones”, prosigue
Sáez.
Cuánto engordan, que no me quiero pasar
Reconozcámoslo: tienen el tamaño perfecto. Seguramente si fueran más
grandes, como la mayoría de bollería al uso, sonaría enseguida la señal
de alarma de nuestra dieta y más de uno evitaría la tentación. Y es que,
como señala Isabel Aires, es “un bocado delicado, sutil, y, al ser más
chicos, da la sensación de que se peca poco”. Pero oigamos la
voz del especialista, que igual nos baja la euforia. El nutricionista
Guillermo V. Rodríguez alerta: “El hecho de que vengan en un formato más
pequeño puede hacer que nos comamos más de uno, porque lo vemos como
algo más inofensivo”. Sin ser determinantes sí que podemos sacar algunas conclusiones. Por ejemplo, un minicroissant
tiene unas 90 calorías. Conclusión: un Manolito tiene más calorías
porque contiene más mantequilla (¡se pasaron con este ingrediente en la
receta!) y algunos llevan chocolate. Por poner otros ejemplos: un
polvorón puede llegar a las 180 calorías y una manzana tiene 70 calorías
(eso sí, este último es azúcar natural de los alimentos, no añadido,
que es el de los dulces). Álvaro
Morata intentó crear su propia versión del Manolito, el 'crosantino'.
Pero finalmente optó por una solución más práctica y segura: convencer a
los Manzano para asociarse. En la imagen, el futbolista con una caja de
'crosantinos'.Instagram
La víctima
había viajado junto a una hermanastra para encontrarse con el agresor,
que se dedicaba al tráfico de drogas en la capital austriaca y que había
perdido el contacto con su familia.
Imagen de archivo de la Estación Central de Viena.Omar MarquesGetty Images
Una ciudadana española de 25 años murió este lunes por la noche en
Viena tras ser acuchillada supuestamente por su propio hermano,
confirmaron este martes a Efe fuentes policiales. El presunto agresor,
de 21 años, atacó a su hermana con un cuchillo de cocina en la estación
central de la ciudad. Los agentes que acudieron al lugar de la agresión y
el personal de emergencias trataron de reanimar a la víctima, que
falleció en la estación.
El agresor fue retenido por el personal de seguridad de la empresa
estatal de ferrocarriles hasta la llegada de los agentes que lo
arrestaron. Una hermana adoptiva del presunto agresor, que fue testigo
del ataque, declaró a la Policía que había venido a Viena junto a la
víctima para hablar con su hermano. La policía ha informado de que el
agresor confesó la autoría del crimen en el primer interrogatorio al que
ha sido sometido. Según el diario sensacionalista Kronen Zeitung,
el hombre llevaba un tiempo viviendo en la ciudad, donde había
trabajado como cocinero antes de quedar desempleado y comenzar a
dedicarse al tráfico de droga. Según ese medio, que no especifica sus
fuentes, su familia no había tenido noticias suyas desde hacía tiempo,
lo que llevó a sus hermanas a desplazarse a Viena en su búsqueda.
La locura palmeril ha
tomado un pequeño pueblo madrileño, con seis pastelerías compitiendo y
más de 100.000 ejemplares despachados en dos días de feria. ¿Qué tienen
las palmeritas de Morata de Tajuña?.
De la mano a tu boca. RODRIGO CASTELEIRO
Mientras ustedes leen esto, alguien en Nueva York le está dando un
mordisco a uno de los dulces más típicos de Morata de Tajuña. Un pequeño
pueblo de 7.548 habitantes, situado al sureste de Madrid, que en los
últimos años ha puesto en el mapa sus celebradas palmeritas. Una versión
minimalista –y jugosísima– de la tradicional palmera de toda la vida,
que ha llegado, incluso, hasta Japón. Y que ha colapsado ferias, aquí,
mientras algunos seguíamos buscando a ciegas la palmera perfecta. Que no es exactamente como recordábamos: lo primero que sorprende de
esas otras palmeras es que caben en la mano. Una versión a escala de
nuestra infancia, que, sin embargo, maravilla al primer bocado. Todo un
descubrimiento, y eso que su existencia era uno de los secretos peor
guardados: en el último evento celebrado en esa localidad, a mediados de
diciembre, se vendieron cerca de 116.000 de esas palmeras más pequeñas y
gorditas (esto, solo en las dos mañanas que duró la segunda Feria de la Palmerita de Morata). Unos 5.400 kilos, en total, despacharon las seis pastelerías de ese municipio. Y, aún así, se quedaron cortas de género. Es decir, que no hablamos únicamente de la posibilidad de facturar la
merienda: allí está pasando algo. Porque palmeras hay muchas –y una
fiebre, también, por ellas–, pero que en un pueblo, con perdón, de esas
dimensiones y sin tanto tirón turístico, a priori, se formen esos
atascos a las puertas de sus obradores, los domingos, o colas de hasta
dos horas en esos días de feria es, como mínimo, para coger el desvío de
la A-3 y salir de dudas. ¿Estamos ante un calco de La Roda? ¿Son las
palmeritas de Morata una suerte de miguelitos o de nicanores? Su alcalde, Ángel Sánchez,
cree que, como mínimo, tienen un nombre propio. Así que fuimos a
comprobarlo visitando tres de sus pastelerías más famosas. El resultado,
ya se lo adelanto, les va a hacer salivar. El secreto está en su almíbar Asumámoslo: las palmeras de nuestra infancia eran, en su gran
mayoría, secas. De ahí que sea tan difícil, acaso, encontrar buenas
palmeras tostadas. Pero si aparcan en Morata de Tajuña y se dejan guiar
por su olor lo que se encontrarán serán unas palmeras de un tamaño
inferior, sí, pero más amalgamadas y jugosas por el almíbar en el que
está bañado su hojaldre, mucho más blandito. Cada establecimiento,
además, utiliza una cobertura diferente: las hay de chocolate normal, fondant, blanco, rellenas de nata... Un orgasmo en la palma de la mano.
Luis de la Torre y su hija Loli, en el obrador donde crearon las palmeritas. RODRIGO CASTELEIRO
Casi les diría que son más un bollo, que una palmera al uso. Porque
también su forma varía: al estar cortadas de forma artesanal, cada una
es diferente. Pero todas ellas son igual de peligrosas: te puedes comer
más de una y más de tres sin ser especialmente goloso. Y eso que durante
décadas Morata fue conocida, sobre todo, por su huerta. Si vienen por
aquí a desayunar o merendar no pueden irse sin llevarse algunos de sus
ajos o tomates. Pero tampoco sin conocer el obrador que cambió el gusto
de toda una comarca; y esto me lleva a hablarles de la familia De la Torre, mi primera parada de este viaje.
Pastelería De la Torre: los creadores de las palmeritas Es 2 de enero y en el obrador de la pastelería De la Torre
se respira un olor a roscón y mazapanes que tapa, provisionalmente y
por las fechas señaladas, el verdadero aroma de esta familia. Loli de la
Torre y José Rhodes –nada que ver con el pianista–
trabajan a destajo junto a sus hijos para cumplir con la demanda de
esos días. Lo hacen en el mismo obrador que el padre de Loli levantó
hace setenta años en lo que entonces era un chamizo y una montaña de
ladrillos refractarios, sacados de la cementera local, con los que Luis
de la Torre, el abuelo de la familia, construyó aquel horno de leña que
habría de cambiar la vida de sus paisanos. En aquel espacio, que luego fue ocupado por un horno más profesional –a
razón de 50.000 pesetas de la época–, y donde su nieto José apura en
esos momentos una crema pastelera, fue donde se crearon las famosas
palmeritas. Lo cuenta el propio creador: "Yo era agricultor y mi vida
era el campo, pero tenía un amigo que trabajaba en una fábrica de
magdalenas y empecé a repartir sus productos y, entremedias, pues me
quedaba muchas veces mirando cómo los hacía. Con el tiempo empecé
también a repartir otros productos de otros obradores y a fijarme más. Y
fue cuando decidí construir ese horno, en el año cincuenta, para hacer
yo mismo magdalenas y también tortas; hasta que otro de esos obradores
que frecuentaba me vendió su horno, mucho más moderno. Como también
había repartido palmeras y eran todas muy duras, me puse a hacer ensayos
para ver si conseguía que salieran más jugosas".
A su lado, su hija Loli asiente y pone en valor el tesón de su padre,
de 83 años. "No salía del obrador en todo el día, siempre haciendo
pruebas y más pruebas, tirando muchas masas, y con mi madre enfadada",
evoca, "pero un día la casa se empezó a inundar del olor del chocolate
con el hojaldre mojadito. Y, mira, cuando probé esa primera palmera con
almíbar fue una maravilla". A finales de los ochenta, esta familia de
Morata tenía ante sí la receta que iba a revolucionar la gastronomía y
el turismo local, aunque las otras panaderías y pastelerías no tardarían
en versionarla. ¿Traición o visión de futuro? Y los datos le dan la razón: según fuentes municipales, en Morata de
Tajuña se venden unos 60.000 kilos de palmeritas al año. En un pueblo,
recordemos, que no llega a ocho mil habitantes. Toda una locura que se
explica, acaso, por ese hojaldre que se deshace en la boca y deja un
sabor a mantequilla con ese ligero toque a almíbar marca de la casa. Y
con el contraste de una cobertura de chocolate un pelín más amarga que
consigue que las palmeritas de la familia De la Torre no empalaguen lo
más mínimo. Aunque en su horno hay sitio también para palmeras
glaseadas, de chocolate blanco, de caramelo o de Oreo. A 15 euros el
kilo, en el caso de las de chocolate, y a 16 el resto. Las auténticas de Morata. RODRIGO CASTELEIROAsí nació el pueblo de las palmeritas Resuelve Loli de la Torre, la heredera legítima de esa textura: "Creo
que hay negocio para todos. Nosotros somos los precursores y antes solo
teníamos nosotros las palmeritas, pero viendo su auge la gente empezó a
hacerlas a su imagen y semejanza. Yo no te digo que las nuestras sean
las mejores, solo que aquí fue el sitio donde se empezaron a hacer y por
eso en nuestra caja pone que son las auténticas palmeritas de Morata. Luego te puede gustar más la cobertura de unas o de otras. Pero cada uno
lo hace como buenamente puede y quiere. Todas son parecidas y todas son
pequeñas y blandas, pero cada una tiene su toque".