Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

6 ene 2019

El momento de Sherezade...........................Rosa Montero

En Las mil y una noches, la joven consigue apaciguar el instinto de Sahriyar, un monarca lleno de rencor contra las mujeres que todos los días degüella a una.
TURANDOT, la protagonista de la ópera de Puccini del mismo nombre, es una princesa china que vive en un Pekín imaginario y que obliga a todos los aspirantes a su mano a contestar tres adivinanzas;
 si fallan, los pretendientes son ejecutados. 
Los enigmas son imposibles de resolver, pero la princesa es bellísima y los jóvenes presuntuosos, de manera que la flor y nata de los príncipes del mundo va cayendo bajo el hacha del verdugo. ¿Y por qué es así de cruel la hermosa dama?
 Pues porque una antepasada suya fue violada y asesinada por un príncipe tártaro, y Turandot ha decidido castigar a los varones.
 El libreto es de 1920 y está escrito por dos hombres: resulta interesante que hicieran esta fábula sobre una princesa decidida a vengar las eternas atrocidades cometidas contra las mujeres.

En realidad la ópera Turandot es la cara opuesta del cuento-marco de Las mil y una noches
 Sahriyar es un monarca sasánida que, tras descubrir que su esposa le engaña con un esclavo, ordena ejecutar a ambos.
 Lleno de rencor contra las mujeres, decide desflorar cada noche a una doncella y degollarla al amanecer.
 En tan espantoso quehacer pasa tres años; los padres, desesperados, abandonan el reino con sus hijas.
 Llega un día en el que el visir es incapaz de encontrar una virgen, y teme por su propio cuello.
 Entonces la bella y muy inteligente hija del visir, Sherezade, se ofrece a pasar la noche con el feroz carnicero: 
“Si vivo, todo irá bien, y si muero, serviré de rescate a las hijas de los musulmanes y seré la causa de su liberación”. 
Ya saben lo que ocurre: Sherezade le va contando cuentos al monarca, dejando la narración cada amanecer en un punto tan interesante que el rey pospone el asesinato una y otra vez. 

A veces, cuando me abruma el peso de la inacabable e incomprensible brutalidad contra las mujeres, recuerdo a Sherezade.
 A veces me hago agudamente consciente de la bárbara irregularidad en la que vivimos, del feminicidio en marcha.
 De los tres millones de niñas a las que rebanan el clítoris cada año; de las muchachas quemadas vivas por no querer casarse con un viejo.
 De las niñas y mujeres violadas, apaleadas, mutiladas, rociadas con ácido, vendidas como ganado, usadas como esclavas sexuales, torturadas, empaladas, con los dientes arrancados y los huesos rotos.
 De todas esas hembras cubiertas por espesos velos, encerradas en sus casas, privadas de educación y de los más básicos derechos.
 A veces todo ese inconcebible horror y ese dolor caen sobre mí desde el principio de los tiempos, millones y millones de víctimas aullando por las que nadie ha hecho nada.
 La comunidad internacional ha presionado e impuesto sanciones económicas a regímenes nefastos, como, por ejemplo, cuando el apartheid de Sudáfrica.
 Pero ante el constante genocidio de media humanidad nunca ha actuado.
 Antes al contrario, la mujer siempre ha sido un comodín de intercambio si hay que firmar un acuerdo con los talibanes, por ejemplo, ya no se vuelve a mencionar la cuestión femenina.
 ¿Cómo es posible que estemos consintiendo esta situación? ¿Cómo no protestamos? 
Un asesinato tan atroz e insensato como el de Laura Luelmo vuelve a dejarnos tiritando y preguntándonos, una vez más, qué rincón de tinieblas tiene el corazón de algunos hombres para actuar así.
 La demencial crueldad del rey Sahriyar describe un impulso feminicida tan viejo como el mundo. 
“Los mitos y los cuentos nos hablan en el lenguaje de los símbolos y representan el contenido inconsciente”, dice el ­psiquiatra Bruno Bettelheim.
 Lo que pretende Sherezade es salvarnos a todas, y no sólo de la degollina ordenada por el rey, sino de la incomprensión de los hombres, de la brutalidad y la violencia. 
Al cabo de las mil y una noches de conversación, Sahriyar ha tenido tres hijos con la joven, se ha enamorado de ella y ha superado su horrible instinto asesino (ha “curado su depresión”, dice Bettelheim). 
Por fortuna, se diría que estamos empezando a abrir los ojos ante el horror, y no sólo las mujeres, sino también los muchísimos hombres de corazón blanco que en los últimos años se han incorporado al movimiento antisexista (también a Turandot la salva el amor). Puede que esté llegando el momento de Sherezade.

Rodeados de Yagos............................................Javier Marías.

Como el personaje de Otelo, muchos políticos actuales saben que basta con deslizar una duda en la mente de alguien para que aquélla la invada entera.

EN LAS VIDAS de las personas y de las sociedades siempre hay problemas, discrepancias, angustias, dificultades.
 Surgen por sí solos y son parte ineludible de esas vidas, en las que casi nadie está plenamente satisfecho.
 Por eso son tanto más intolerables y condenables los individuos y los políticos que, lejos de ponerse manos a la obra e intentar remediarlos, se dedican a añadir, crear o inventar más problemas, discrepancias, angustias y dificultades.
 Vivimos una época en la que proliferan tales políticos.
 Son los que, sin apenas motivo ni base, “vierten su pestilencia en los oídos”, por parafrasear las palabras de Yago. 
Estamos rodeados de Yagos.
Quizá no tengan muy presente el Otelo de Shakespeare. 
Puede que muchos jóvenes ni siquiera lo hayan leído ni visto representado. 
Recordémoslo un poco, por si acaso.
  Otelo, moro y general de Venecia, se ha casado a escondidas con Desdémona, hija de un senador al que poca gracia hace esa unión, por cuestiones de origen y raza.
 Pero no le queda más remedio que aceptar los hechos consumados, y al fin y al cabo Otelo goza de reputación por sus victorias.
 El conflicto “natural” es por tanto menor, y pronto se ve neutralizado.
 Claro está que si no hubiera más no habría tragedia, las cuales son emotivas en la ficción, pero en la realidad una desdicha. 
 Yago está resentido porque su superior Otelo ha nombrado lugarteniente a Cassio y no a él, al que ha relegado al cargo de abanderado.
 Poca cosa en el fondo (hablé hace semanas de que cualquiera puede estar resentido, hasta los más poderosos y afortunados: véase Trump, sin ir más lejos), pero suficiente si el despecho se convierte en el motor de nuestras acciones.
 Yago ha pasado a la historia como la encarnación de la astucia, de la intriga, de la frialdad, de la calumnia y, sobre todo, de la insidia. Para él, toda pasión es controlable, para caer en ellas se precisa “un consentimiento de la voluntad”. 
Si la voluntad no consiente, no hay amor ni lascivia ni ambición que valgan, todo eso es reprimible, desviable, encauzable, descartable. 
 Pero sabe que pocos humanos niegan su “consentimiento”, y cuán fácil le resulta al individuo taimado, como él, inducirlos, engañarlos, instigarlos y manipularlos.
 Sabe que basta con deslizar una duda o una creencia en la mente de alguien para que aquéllas la invadan entera, sobre todo si son bien alimentadas. 
El veneno va penetrando. Nada hay reprobable en el comportamiento de Desdémona, que de hecho ama cabalmente a su marido;
 y sin embargo entre los dos cónyuges se abre un abismo sin el menor fundamento, excavado en la nada.
 Se pueden inventar sospechas y desconfianzas, se puede persuadir a cualquiera de que lo que no es, es; y de que lo que es, no es. 
Dice Yago al hablar de Desdémona: “Yo convertiré su virtud en brea”, es decir, “la haré aparecer como una sustancia negra y viscosa”.
Hoy la pestilencia no se vierte con susurros al oído, sino que se proclama a los cuatro vientos en las pantallas y en las redes sociales. 
 Los Yagos no actúan furtivamente, sino bajo los focos, como Putin. 
Pero no por eso son menos Yagos: gente que crea y fomenta disensiones y odios donde no los hay, o sólo en escaso grado hasta que los magnifican ellos. 
Si uno bien mira, no había ninguna razón objetiva y de peso para que un analfabeto tiránico como Trump triunfara
 ¿Acaso estaban las cosas fatal con Obama? Hasta la economía era boyante.
 ¿Estaba mal Gran Bretaña en la Unión Europea? Es obvio que va a estar peor y a ser más pobre fuera de ella.
 ¿Estaba Cataluña oprimida hace seis años, cuando se inició el procés, o lo está ahora? 
Es un país tan libre como el que más en Europa. ¿No se le permitía votar, como claman los Yagos independentistas? 
No ha cesado de votar todo lo votable durante los últimos cuarenta años. 
¿Son los inmigrantes una verdadera amenaza para Europa o los Estados Unidos, como braman Salvini y Casado? 
No de momento, más bien son necesarios.
 La nación más agresiva con ellos, Hungría, alberga tan sólo un 4% o 5% de extranjeros, pero allí hay un Yago notable llamado Orbán, 
¿Nuestra democracia parlamentaria es abyecta y franquista, como sostienen Pablo Iglesias y sus acólitos, esa cofradía de Yagos? 
¿Hay que acabar con ella, que ha permitido a España las mejores décadas de su larga historia? ¿A santo de qué? 
¿Por resentimientos particulares? Siempre hay defectos, injusticias, desigualdades.
 Cierto que la brutal recesión económica los gobernantes la han cargado sobre las espaldas de las clases medias y bajas, empobreciéndolas. 
Pero ¿es eso suficiente para derribar el edificio entero, sobre todo cuando no está listo —qué digo, ni concebido— el que habría de sustituirlo? Cuando Otelo asume que va a matar a Desdémona, se despide de su vida anterior con amargura: 
“Desde ahora, y para siempre, adiós a la mente tranquila, adiós al contento… La ocupación de Otelo ha terminado”.
 ¿Desea la gente entonar esta despedida, aquí, en Italia, en América o en Gran Bretaña, en Polonia, en Brasil o Hungría, en Francia? ¿“A partir de ahora, y para siempre…”? Yago lo confiesa al principio:
 “Yo no soy lo que soy”. Ninguno de estos políticos son lo que son o dicen ser, aunque se exhiban y vociferen.
 También en la exhibición y en la vociferación se esconde uno, y engaña, difama 
y emponzoña. 


De%20Salvini%20y%20de%20Saviano

5 ene 2019

El origen de la leyenda de los Reyes Magos





El origen de la leyenda de los Reyes Magos

 Una breve noticia del evangelista Mateo es el origen de una tradición que ha inspirado magníficas obras de arte.
 Los llamados Magos de Oriente no recibieron nombres ni fueron coronados reyes hasta el siglo VI.
 Año tras año, sabios y doctores de la Iglesia fueron completando después la historia que cada 5 de enero desvela a millones de niños.
ERAN MAGOS Y venían de Oriente, siguiendo el rumbo de una misteriosa estrella.
 Llegaron a Belén y ofrecieron al Niño tres regalos: oro, incienso y mirra, y se volvieron muy contentos a su país lejano.
 (Al llegar a Jerusalén se habían entrevistado con el rey Herodes, pero a la vuelta lo evitaron.
 Y Herodes, receloso y enfurecido, mandó a sus soldados que mataran en Belén a todos los niños menores de dos años.
 Pero de allí ya se habían ido Jesús y sus padres, advertidos a tiempo por un ángel, camino de Egipto).
Eso es todo lo que cuenta de ellos el evangelista Mateo.
 Lucas ni siquiera los menciona y relata solo la adoración de los pastores. 
A partir de esas primeras noticias se fue ampliando la leyenda y en la tradición popular pervivió aumentada con un halo mítico añadiendo novedosos detalles a la escueta escena de la adoración de los Magos
. El evangelista no dice ni cuántos eran, ni cómo se llamaban, ni cuál era su magia, ni de qué misterioso Oriente venían. (¿Eran persas, caldeos o árabes?).
 Más sabio y preciso, en el siglo III, Orígenes escribe que eran tres, y Tertuliano afirma que los tres eran reyes, y algo después ya se divulgan sus nombres: Gaspar, Melchor y Baltasar.
 No tardó mucho en quedar fijado el día de la Epifanía en Belén: un 6 de enero, solsticio de invierno en Egipto. (A 12 días de la Natividad, el 25 de diciembre.
 Parece que ellos viajaron deprisa, acaso sobre presurosos camellos, del misterioso Oriente hasta Judea).
Illi Magi tres reges dicuntur. “Aquellos tres magos son llamados reyes”, escribe Cesáreo de Arlés en el siglo VI. 
Por entonces los vemos en un brillante mosaico de San Apolinar Nuevo en Rávena: van los tres con atuendos de magos iraníes (llevan gorro frigio y típicas calzas orientales), están escritos los nombres ya sobre sus figuras y avanzan uno tras otro llevando alegres sus tres regalos al Niño Dios. 
No tardan luego en reaparecer definitivamente como reyes, con suntuosos vestidos y sendas coronas de oro.
 Por esa época, el nombre de “mago” suscitaba recelos, y la magia, blanca o negra, era una práctica sospechosa; así que, con el apoyo de una bíblica profecía de Isaías, los magos fueron ascendidos a reyes.
 La Epifanía acentúa así su simbolismo: los ricos monarcas se humillan ante el Divino Niño y sus padres en el humilde pesebre.

Tríptico de La adoración de los Magos, de El Bosco.
Tríptico de La adoración de los Magos, de El Bosco. Album
 La leyenda, amplificada por interpretaciones doctas de sabios clérigos, tiene su mejor compendio en la Legenda aurea, de Jacobo de la Vorágine, en pleno siglo XIII. 
Allí se recoge y ordena un aluvión de comentarios que explica sus aspectos simbólicos.
 Los tres regalos vienen a expresar la triple naturaleza del recién nacido: el oro era para el rey, la mirra para el hombre, el incienso para el dios. 
Y los tres reyes representan las tres tribus bíblicas de Sem, Cam y Jafet (es decir, Asia, Europa y África). Las glosas alegóricas se reflejan en miles de pinturas e imágenes, pues la iconografía cristiana hace de la escena uno de sus motivos predilectos. 
 Hay nuevos detalles significativos: los reyes son de edades diversas.
 El primero es un viejo de barba blanca, el segundo es de edad madura y barba negra, y el tercero, un joven barbilampiño.
 Y otro nuevo que se hace perdurable: de los tres, uno resulta ser negro (tal vez por su estirpe etíope).
A los Magos aún les quedaba un segundo viaje peregrino después de muertos.
 Se cuenta que tras volver de Belén a sus países, murieron allí y fueron enterrados en la lejana y fabulosa ciudad de Saba.
 Pasados unos siglos, vino a desenterrar sus huesos una piadosa dama y acreditada descubridora de reliquias, santa Elena, madre del emperador Constantino, y con el apoyo imperial se los llevó a Constantinopla.
 De allí logró rescatarlos Eustorgio, obispo de Milán, que trasladó a los tres en un sarcófago hasta su diócesis.
 Algunos siglos más tarde, aprovechándose del saqueo de la ciudad por el emperador alemán Federico Barbarroja hacia 1164, el arzobispo de Colonia Reinaldo de Dassel logró hábilmente apoderarse de los venerables restos regios y los trasladó, en un viaje arriesgado, a su ciudad. 
A orillas del Rin descansarían al fin, como refulgentes reliquias, adoradas como gran tesoro en un áureo arcón. 
Y a su mayor gloria comenzó a construirse la gran catedral de Colonia. 


Al albergar las entonces famosas reliquias, la iglesia cobró enorme prestigio y se convirtió en centro de múltiples peregrinaciones. Acudían a adorar allí a los antiguos adoradores miles de peregrinos de Italia, Francia, Germania y Escandinavia, fascinados por la magia de sus reliquias santas, albergadas en el corazón de la cristiana Europa.
 Los viajeros Magos se vieron ensalzados como protectores de viandantes y peregrinos. 
Y aunque no santificados de modo oficial, con sus nombres se bautizaron muchos.
 Sus imágenes y fiestas se multiplicaron en incontables ciudades, iglesias y santuarios hasta los últimos confines de Europa. (Incluso en un convento del Monte Athos se veneraban granos de la mirra que ofrecieron al niño en Belén).
 La adoración de los Reyes que fuera un motivo pictórico predilecto del medievo alcanzó magnífico esplendor y difusión en manos de los grandes pintores de época renacentista:
 Masaccio, Fra Angelico, Gozzoli, Botticelli, en Italia; Van der Weyden, Memling, El Bosco y Rubens, en Flandes, y El Greco, Velázquez y otros, en España.
 Una gran estampa mitológica cristiana: tres reyes de áureos trajes y exóticos séquitos vienen a arrodillarse ante el pintoresco y humilde establo de Belén.
Como se ve, los Magos han tenido una fabulosa pervivencia.

 A partir de la breve noticia evangélica, fueron cobrando figura y nombre y se hicieron reyes fulgurantes.
 Hoy perduran sus imágenes más gracias al arte que al culto religioso. 
Perviven como amables fantasmas en las ilusiones y sueños infantiles de la noche de Reyes.
 De modo pintoresco, en cabalgatas y disfraces de la fiesta carnavalesca y popular del 5 de enero. 

Repicar el mal deseo.............................................. Juan Cruz

El repiqueteo innoble ha de tener su fin. 

Lo que ocurre es serio porque el juguete maldito del mal lenguaje lleva dentro la palabra muerte como un deseo.

Captura del vídeo difundido por el PP en Twitter.
Captura del vídeo difundido por el PP en Twitter.
El que repica el regocijo es un humorista andaluz. Reclama de su hijo un papel; se supone que ahí hay una carta que es una ristra de deseos. En realidad, cuando el humorista lee lo que había en el folio se encuentra con un repique de regocijos. 
Ha oído campanas, en toda España, y ha rebuscado en la desgracia de las numerosas gracias un modo de ensuciar el día y hasta el sentido infantil de la fiesta.

Esa carta nefanda a los Reyes Magos incluye, de cierto, solo malos deseos.
 Murieron ya los famosos que el niño quiso, transmite el padre, y le hace falta uno más para completar ese maldito y risueño deseo de las malas muertes.
Como el repiqueteo nacional señala al presidente del Gobierno, como el mal de los males, lo que el niño quiere, en el nefasto repiqueteo del desgraciado humor del padre humorista, es que el Señor se lleve, con sus mayúsculas, a Pedro Sánchez.
 Nada menos, que un ser humano vivo al que le duelen las mismas cosas que les duelen a los vivos, en la pancarta de “¡Muérete!” que se pone en la boca de un niño.

A lo largo del día debía haber tal regocijo malsano que hasta el partido de la oposición, que hasta hace nada fue de Gobierno, ve saludable unirlo al coro tuitero que ahora hace fortuna: levantar el deseo de desgracia del otro como una de las gracias nacionales. Una mano seguramente benéfica borró luego ese retuit, un repique, que era un disparo en el alma razonable del Partido Popular.
 El repiqueteo innoble ha de tener su fin porque lo que ocurre es serio, más que serio es horriblemente serio, porque el juguete maldito del mal lenguaje lleva dentro, qué desgracia, la palabra muerte como un deseo.
 
video del pp
Captura del tuit del PP, ya borrado.
La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, ha contactado con la ministra de Justicia, Dolores Delgado, para que traslade a la Fiscalía General del Estado el tuit publicado esta mañana en la cuenta oficial del Partido Popular en el que se deseaba, en un tono pretendidamente humorístico, la muerte del presidente Pedro Sánchez. La fiscalía deberá analizar si ese mensaje es constitutivo de delito y, en su caso, proceder penalmente contra los autores y los que le han dado difusión pública. El PP ya ha retirado el mensaje y ha pedido disculpas por su publicación.