Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

25 oct 2018

Una sonrisa de Estado......................... José María Lassalle

Sería bueno que revisitáramos hoy ejemplos políticos como el de Carmen Alborch.

Carmen Alborch. En vídeo, Carmen Alborch, referente social y símbolo de la lucha por la igualdad de género. ATLAS

Carmen Alborch siempre te saludaba con una sonrisa.
 No importaba el contexto ni el momento.
 Su sonrisa era siempre providencial. Con ella, la cordialidad resonaba con un colorido luminoso, que anticipaba la compañía posterior de un flujo inteligente de palabras que sabía atrapar la atención del interlocutor.
 Era fácil hablar con ella, sin duda, también de política. 
Entre otras cosas, porque no ocultaba nunca que lo que tenía que decir quien estaba delante le interesaba.
 En este sentido, sabía salvar lo personal y no levantaba muros de indiferencia ni trincheras de confrontación frente a sus adversarios políticos. 
Tenía claras sus ideas, pero no las convertía en algo arrojadizo. 
Escuchaba y respetaba al otro, apreciando lo que decía, aunque no estuviera de acuerdo. Su capacidad conciliadora era evidente. También su visión de Estado y su compromiso con una visión deliberativa de la democracia, que entendía que se basaba en la palabra y no en el griterío.
Lo demostró especialmente en los difíciles momentos que tuvo que gestionar como ministra de Cultura en la última legislatura de Felipe González. 
Su aterrizaje en la Casa de las Siete Chimeneas no fue fácil, pero fue enderezándolo con la experiencia de quien no era nueva en la gestión cultural, después de los años pasados en el Gobierno valenciano y en el IVAM.
 De 1993 a 1996 llevó adelante un intenso quehacer ministerial, que fraguó en varias iniciativas que abordaron cuestiones tan complicadas como la propiedad intelectual o la financiación del cine.
De todas ellas, la que mejor define su visión política fue el pacto de Estado que alcanzó, en 1995, con los partidos de la oposición para desactivar cualquier batalla partidista alrededor de los museos del Prado y del Reina Sofía.
 Pacto, por cierto, que fundó las bases para el desarrollo con los años de las leyes de autonomía que han permitido fortalecer el prestigio de sendas instituciones.
 En este sentido, me consta que su capacidad de diálogo fue fundamental en un contexto crispado por una política demasiado visceral, como era la que se vivía en aquellos momentos.
 Sería bueno que revisitáramos hoy ejemplos políticos como el suyo y que encontráramos en su compromiso apasionado por la cultura, el feminismo y la tolerancia, las mejores muestras de que se puede hacer buena política con una sonrisa y tendiendo la mano al otro. 

José María Lassalle fue secretario de Estado de Cultura con el Gobierno del PP.
 

 

La voz de Iñaki............................. Por IÑAKI GABILONDO

Te lloraremos con nuestra mejor sonrisa.

La calidad de los pensamientos de Carmen Alborch era máxima.

 

 

Agua muy clara.......................................... Maruja Torres

Culta, socialista sin caspa, llena de savia y fecundidad, frutal. Carmen Alborch fue exactamente lo que necesita este país.

Carmen Alborch, retratada durante una entrevista en noviembre de 2017.

Quiero despedir a Carmen Alborch citando, adaptado al personaje, al gran poeta valenciano Vicent Andrés Estellés
 “No hi havia a València una llum com la teua, car de llums com la teua, a tot arreu i ara, en son parides ben poques” (No había en Valencia una luz como la tuya, porque luces como la tuya, en todas partes y ahora, son paridas muy pocas).
 Carmen Alborch era una verbena, pero una verbena muy seria. Llegaba, estallaba, iluminaba, escuchaba, decidía, animaba.
 Y era profunda. Luminosa y profunda.

 De sus tiempos como ministra de Cultura recuerdo, sobre todo, el profundo contraste establecido con su sucesora en el cargo, Esperanza Aguirre, ética y estéticamente, pero sobre todo éticamente.
 Era, para qué os lo voy a decir, todo lo contrario.
 Culta, socialista sin caspa, llena de savia y fecundidad, frutal. Pienso en ella y solo se me ocurren imágenes relacionadas con la madre tierra y con el mar.
 La tierra que ahora la acoge y que será mejor porque ella la abona. Carmen Alborch fue exactamente lo que necesita este país: lo contrario de Bernarda Alba (que sería Aznar, si también me lo permiten). Era agua muy clara.

 

24 oct 2018

Carmen Alborch: “La alegría es saber resistir”............... Luz Sánchez-Mellado

La exministra de Cultura y escritora celebra sus 70 años y recoge la cosecha de una vida de acción y compromiso socialista y feminista.

Sale de un taxi al tráfico de la Gran Vía y es una explosión de color en la grisura del otoño. 
Pelo en ascuas, ojos negros, labios rojos, chaqueta con todas las flores de la pasión y el paraíso juntas, y pendientes como serpentinas estallándole en los lóbulos.
 Anda “malita” del mal de tantos sin taparlo ni pregonarlo. 
Pero ni la cojera, ni el bastón, ni los 70 años que estrena restan carisma a esta mujer de “causas más que banderas” cuya irrupción en el Congreso como ministra de Cultura en 1993 provocó torsión general de cuellos entre sus señorías varones. 
Está recogiendo la cosecha de una vida de acción y compromiso. Flamante medalla de la Universidad de Valencia como icono del feminismo, la primera pregunta es de libro.
¿'Usted también', Carmen?
No, yo no. Nunca me han acosado. He sentido miradas machistas, pero independientemente de que te moleste y de que sea una falta de respeto, en el acoso sexual hay una relación de poder y en mi caso no la había.
Ha sido de las primeras mujeres 'jefas' en muchos foros. Decana, directora de museo, ministra. ¿El acosador acosa a quien quiere o a quien cree que puede?
El acosador sabe que se aprovecha de alguien más débil. Es la base de su repugnante chantaje.
Hay quien llama 'moda' a la eclosión de denuncias al respecto.
Una frivolización impresentable.
 Me produce horror y esperanza. Es como la violencia de género: estaba oculta y emerge porque las mujeres se arriesgan a contarlo. Si no se destapa, no se acaba
Su sonrisa es legendaria. Las procesiones van por dentro?

Claro. Yo lloro mucho.
 Por no haberle dado más besos a mi madre. Por haber hecho no sé qué, o por no haberlo hecho. 
Emocionarse es sano, yo ya no me reprimo. Pero el secreto de la alegría es la resistencia.
 Saber encajar y adaptarse a las circunstancias.
Lo digo porque, frente a esa imagen sonriente, hay feministas cuya estrategia es evidenciar gráficametne el eterno enojo frente el heteropatriarcado.
No hemos aprendido a decir patriarcado, y ahora es heteropatriarcado [ríe]. Es broma. Las respeto muchísimo, porque si fuera joven, no sé cómo estaría.


Estaría cabreada?
No sé, pero igual sería más agresiva y pensaría que ese es el camino.
 Todo debate enriquece, siempre que no sea ir contra nosotras mismas. 
Hay quien quiere que nos tiremos del moño, pero no lo vamos a consentir.
 El feminismo no es un catecismo y cada una lo vive a su modo. Las causas evolucionan, pero siempre hay que tener al menos una.
¿Y cuáles son hoy esas causas?
El feminismo. Y el socialismo.
Pues ahí también hay tajo.
Lo estamos repensando, que es una palabra muy de ahora.
 Pero el socialismo es necesario.
Ahí sí que se tiran del moño.
Bueno, no tanto. 
Hay ententes, no siempre cordiales, cierto,pero al final somos los mejores.
Es una mujer muy bella. Cómo vive el deterioro físico?
Aceptándolo.
 No puedes luchar contra el tiempo, y la capacidad de adaptación es fundamental.
 Estoy viva, tengo recursos, estoy aquí con vosotros, vengo de recoger un premio y me voy a dar una charla. 
De qué me quejo?
Hablando de juventud, algunos no tan niños dicen que los políticos 'del 78' están muertos.
Es injusto. 
Hicimos muchas cosas que ellos disfrutan y dan por hechas. A veces les diría: 'A ver quién está más vivo, tú o yo'.

¿Nostalgia de aquellos años?
No, recuerdos.
 Yo me lo he pasado bomba. He trabajado muchísimo, pero era una labor útil y divertida. 
Veo lo que han de luchar los jóvenes de ahora y no querría volver a los 20 años.
Haga balance, dígame los grandes placeres de la vida. ¿El amor, el sexo, la amistad, los hidratos?
Depende de la etapa, pero todas las épocas tienen sus placeres.
 El amor, en todas sus facetas. 
La amistad, siempre. Y el sexo dicen que también...
¿Dicen? ¿Habla de oídas?
Ahora mismo, sí. 
Pero no lo echo de menos porque tampoco es una renuncia. Ya vendrá ¿no? No hay que cerrar puertas.