En la nave, que ha sufrido un fallo en el propulsor, viajaban dos astronautas, uno ruso y otro estadounidense.
FOTO: El cohete 'Soyuz', en el momento del lanzamiento este jueves desde el cosmódromo de Baikonur. VÍDEO: El despegue.FOTO: AP | VÍDEO: REUTERS, QUALITY
El cohete ruso Soyuz ha realizado este jueves un aterrizaje
de emergencia después de un fallo durante el lanzamiento. En la nave
viajaban dos astronautas, el estadounidense Nick Hague y el ruso Alexey
Ovchinin, con destino a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus
siglas en inglés). El cohete despegó a las 8.40 (hora GMT) desde el
cosmódromo de Baikonur, la mayor y más antigua instalación de
lanzamiento espacial del mundo. Después, la nave ha tenido que regresar y
aterrizar en territorio de Kazajistán, cerca de Dzhezkazgan, por un
fallo en el propulsor, según han informado las agencias de noticias
rusas. Los servicios de rescate llegaron rápidamente a la zona de aterrizaje y
ambos astronautas han salido de la nave y se encuentran "en buenas
condiciones", informa la NASA. Roscosmos, la agencia espacial rusa, ha
formado una comisión de investigación sobre el accidente.
Los servicios de rescate llegaron rápidamente a la zona de
aterrizaje y ambos astronautas han salido de la nave y se encuentran "en
buenas condiciones", informa la NASA. Roscosmos, la agencia espacial
rusa, ha formado una comisión de investigación sobre el accidente.
El astronauta estadounidense Nick Hague y el cosmonauta ruso Alexey Ovchinin, en una imagen tomada después de su rescate.NASA
Hague y Ovchinin "se encuentran bien después del despegue abortado de
hoy. Me alegro de que estén a salvo. Habrá una cuidadosa investigación
sobre el incidente", ha dicho Jim Bridenstine, administrador de la NASA,
en un tuit.
Pocos minutos después del despegue ha habido un problema con el
lanzador. La nave activó la bajada de emergencia y descendió en un
ángulo más inclinado de lo normal, por lo que los astronautas han estado
expuestos a mayor fuerza de gravedad. Sin embargo, ninguno de ellos
está herido. "Están en buenas condiciones, teniendo en cuenta las
fuerzas gravitatorias que han tenido que soportar", han informado medios
militares rusos.
The Soyuz capsule is returning to Earth via a
ballistic descent, which is a sharper angle of landing compared to
normal. Search and rescue teams are heading towards the expected
touchdown location of the spacecraft and crew. Live updates: https://t.co/mzKW5uDsTipic.twitter.com/PH5t96RAfB
Hague y Ovchinin se encuentran "vivos y deben aterrizar en
Kazajistán", ha informado la cadena de televisión rusa Rossiya 24 antes
de que tomaran tierra. Todos los lanzamientos de misiones tripuladas
previstos por la Agencia Espacial rusa han sido cancelados. Estaba previsto que el cohete Soyuz diese
cuatro vueltas a la Tierra para acoplarse seis horas después a la ISS. Dos horas más tarde, se debían abrir las compuertas y unirse a los tres
astronautas que ya se encuentran en la estación. La tripulación de la
ISS tiene provisiones suficientes y el fallo de hoy no alterará sus
operaciones normales, informa la agencia TASS.
En 1983 sucedió otro incidente similar al de hoy. El cohete de
lanzamiento se incendió instantes antes del despegue. El sistema de
emergencia de la Soyuz se activó y la cápsula en la que viajaban
Vladimir Titov y Gennady Strekalov salió propulsada para escapar de las
llamas. Ambos aterrizaron una media hora después sanos y salvos.
El actor de 'The Good Doctor', Freddie Highmore, el pasado domingo en Vancouver, Canadá. En vídeo, trailer de la serie.Foto: Jeff Weddell (EFE)
Freddie Highmore es el hijo que todas las madres querrían tener. Su
pinta de bueno precede a este intérprete británico que a sus 26 años de
vida, y casi de carrera por lo pronto que comenzó a trabajar como actor,
solo ha cosechado éxitos y amigos. En su currículo no hay un solo
escándalo. El protagonista de la serie The Good Doctor
ni tan siquiera se considera un niño prodigio a pesar de que lleva
trabajando en cine y televisión desde los siete años. “Quizá si me
hubiera criado en Hollywood”, aventura en una conversación con este
periódico. “Pero siempre he mantenido una distancia saludable. Además,
sé que soy joven, pero en muchas cosas soy un alma vieja”, añade. Highmore tiene razón en lo que dice: es un alma vieja en muchas cosas. Por ejemplo, no tiene presencia en las redes sociales y lo que es
todavía más sorprendente, su vida apenas levanta curiosidad. Se le ha
asociado con actrices como Dakota Fanning, Sarah Bolgen o Abigail Breslin,
pero si alguna de ellas fue su pareja es un misterio que no piensa
revelar y a nadie parece importarle. Incluso sus trabajos más conocidos,
el de Norman Bates de la serie Bates Motel o ahora el cirujano con autismo y síndrome de Savant que interpreta en The Good Doctor,
le presentan como otro tipo de hombre. “No son hombres alpha que van
por ahí salvando el mundo. Quizá tengan algo de atractivo, espero, pero
no responden al estereotipo masculino de televisión”, explica contento
con sus elecciones. El público también está contento de sus trabajos. Bates Motel duró cinco temporadas en antena y en Estados Unidos The Good Doctor cuenta con una solida audiencia. Highmore lleva años cosechando amigos entre quienes trabajan con él. El primero y principal, Daniel Radcliffe. Se conocen desde críos, cuando la madre de Highmore, la agente
cinematográfica Sue Latimer, le consiguió a Radcliffe el trabajo de su
vida como Harry Potter. Highmore también conserva una estrecha amistad con Johnny Depp, junto a quien interpretó los dos papeles que le dieron la fama como niño prodigio, Descubriendo Nunca Jamás (2004) y Charlie y la fábrica de chocolate (2005). Con Vera Farmiga su amistad tras trabajar juntos en Bates Motel hizo de Highmore el padrino del primer hijo de la actriz, Fynn. Y también se hizo amigo de Rafael Nadal y Paz Vega tras colaborar con ellos en un proyecto benéfico de Aldeas Infantiles.
Freddie Highmore en una escena de la serie 'The Good Doctor'.
Y mientras al actor le rodean todas estas amistades famosas, Highmore
pasó por España fingiendo tener una abuela gallega. Este hincha de
fútbol y seguidor del Arsenal lo hizo por una buena causa: para pasar
desapercibido y que le dejaran ver los partidos en el bar de la esquina
de la plaza de Olavide, en Madrid, ciudad en la que vivió cerca de un
año. “Es lo que más echo de menos, el pan con tomate y aceite que me
tomaba para desayunar. O los churros con café con leche”, paladea
recordándolo.
Prácticas en Madrid
Estuvo en Madrid haciendo prácticas de español mientras se graduaba
de filología española y árabe en la universidad de Cambridge. Lo hizo
porque desde niño se le dieron bien los idiomas, no porque tuviera nada
que ver con su carrera artística. De hecho, hubo un momento en el que
Highmore dejó de ser actor. Quería que el cine fuera “lo que quiero
hacer y no lo que he acabado haciendo”.
A este británico pálido y taimado le quedan más cosas por hacer.
Entre ellas esas en las que va despuntando primero como director de un
episodio de Bates Motel y ahora como guionista de otro de los episodios deThe Good Doctor. Perfectas ocupaciones para enterrarse en el trabajo y pasar los largos
inviernos de Vancouver donde ya lleva cerca de ocho años viviendo entre
el rodaje de una y otra serie. “Me puedo ver regresando a Londres en
algún momento y probablemente comprando una casa en la campiña, pero
¿quién sabe? Todavía soy un poco joven para eso”, sostiene. En la misma conversación se destila que donde realmente le gustaría
regresar a Highmore es a ese verano de 2012 que vivió en España. “Quizá
para interpretar a un extranjero en una película española. Porque me
falta un poco de conocimiento para poderlo hacer bien en español, pero
me puedo preparar”, sentencia dejándose llevar por sus futuros planes de
niño bueno.
Fotograma
de 'El primer hombre'. En el vídeo, documental del Museo Lunar de
Fresnedillas (Madrid) con los trabajadores que participaron en el
aterrizaje del hombre en la luna.UNIVERSAL PICTURES / MUSEO LUNAR DE FRESNEDILLAS
Cuando el Apolo 11 alunizó el 20 de julio de 1969, la NASA dijo a los astronautas Neil Armstrong
y Buzz Aldrin que tenían que dormir.
“Llevo años preparándome para
esto, 400.000 kilómetros recorridos, he bajado a la Luna con ciertas
dificultades y ¿ahora me dices que tengo que dormir?”.
Esta fue entonces
la reacción de Armstrong, según recuerda Carlos González, uno de los
pocos técnicos españoles contratado por la NASA para participar en la
misión.
Estados Unidos pretendía que, cuando Armstrong pusiera el pie en la
Luna, todo el territorio americano estuviera siguiendo este hito
histórico.
Para ello debería hacerlo a una hora conveniente para todos
los ciudadanos del país.
Ambos astronautas renunciaron a dormir y
comenzaron a tomar fotos del paisaje lunar.
Tras unas seis horas de
espera, la NASA les dio permiso para abandonar la nave y pisar, por
primera vez, la Luna.
González controló las comunicaciones del Apolo 11 desde la
estación de seguimiento de Fresnedillas de la Oliva (Madrid) junto al
ingeniero español José Manuel Grandela, que tenía solo 23 años cuando la
NASA le contrató para participar en la misión.
Este martes ambos han
rememorado la llegada del hombre a la Luna en un acto celebrado en el
Centro de Astrobiología con motivo del estreno este jueves de la película First man-El primer hombre, que narra la historia de Neil Armstrong.
“Teníamos una posición de privilegio
porque escuchábamos las transmisiones entre Houston y el Apollo 11 antes
que nadie”, ha recordado González.
Estos españoles fueron los primeros
en escuchar las palabras con las que Armstrong confirmó que habían
aterrizado en la Luna: “The eagle has landed” (El águila ha aterrizado).
“Aquel día Armstrong quería bajar a la
Luna pasara lo que pasara”, ha contado González.
Hubo varias
situaciones críticas en las que la misión estuvo en riesgo.
A la hora de
aterrizar, Armstrong se dio cuenta de que estaban sobrevolando puntos
de superficie cuatro segundos antes de lo previsto y que eso le
obligaría a aterrizar unos ocho kilómetros más lejos de lo calculado.
“Houston le propuso abortar la misión pero Armstrong tomó el control
semiautomático y con Buzz Aldrin dándole datos de altitud y velocidad,
alunizó con combustible para menos de treinta segundos”, ha subrayado
González.
José Manuel Grandela, a la izquierda, y Carlos González.
“Cuando la NASA les permitió abandonar
la nave, Armstrong se puso su traje, que en la tierra pesaba 80 kilos, y
su mochila de supervivencia.
Después, despresurizó el módulo lunar,
abrió la escotilla y, al intentar salir, se tropezó en dos ocasiones.
Entonces se preguntó: ¿Cómo es posible que haya hecho esto 300 veces en
el simulador y ahora tropiece?”, cuenta González.
Este español también tenía acceso a
las constantes vitales de los astronautas.
A Armstrong, según recuerda,
“le empezaron a subir las pulsaciones” al ver que no conseguía abandonar
el módulo lunar. Pero finalmente lo consiguió.
“Es un pequeño paso para
el hombre, un salto gigante para la humanidad”, dijo entonces el
astronauta.
Hasta que Aldrin pisó la Luna pasaron
17 minutos, según afirma Grandela.
El astronauta, sostiene el ingeniero,
se dio cuenta de algo que aparentemente se les había pasado por alto a
los ingenieros que construyeron la nave:
“La escotilla no tenía manillar
por fuera y pese a que allí no hay corrientes se quedó buscando algo
por si acaso para poner en la puerta y evitar que se cerrara”.
La carrera espacial
Esta misión fue un hito importante
para EE UU en la carrera espacial con los soviéticos.
José Manuel
Grandela afirma que “la NASA tenía un programa ambicioso”: “Quería
enviar 20 misiones a la Luna y luego crear allí un lugar habitable”.
Pero en diciembre de 1972 el proyecto de la NASA quedó paralizado.
Los
astronautas del Apolo 17, Eugene Cernan y Harrison Schmitt, fueron los últimos en pisar la superficie lunar el 11 de diciembre de 1972.
Ya han pasado 45 años desde que un
humano aterrizó en la Luna por última vez.
“Pero gracias a las misiones
Apolo y a las muestras que trajeron de la Luna, hoy tenemos una idea de
cómo se formó y del origen del sistema solar, una información que ha
sido la base de toda la ciencia posterior”, ha asegurado el director del
Centro de Astrobiología, Miguel Hesse.
Además, según ha explicado
Grandela, ese hito sirvió para generar toda una “avalancha de inventos
en ingeniería, informática, materiales o combustibles de los que hoy se
beneficia toda la humanidad”
Andreas Schleicher, ayer en el Espacio Telefónica. ANDREA COMAS
Hace 23 años, ante representantes de 28 países, el físico alemán
Andreas Schleicher (Hamburgo, 1964) propuso aplicar el rigor científico a
la política educativa en las polémicas pruebas PISA que, en la
actualidad, condicionan la actuación de los Gobiernos de la OCDE. Ayer
Schleicher comió con la ministra Isabel Celaá, dispuesta a cambiar la
ley de educación, y presentó su último libro Primera clase (Fundación Santillana), sobre las aulas del siglo XXI. Pregunta. ¿Las pruebas PISA matan la creatividad en el aula? Respuesta. Es curioso, porque PISA criticaría a España por centrarse en la reproducción del conocimiento. Los españoles son los mejores en recordar hechos, cifras… pero flojean en el pensamiento creativo, en resolver problemas o en aplicar conocimientos a situaciones nuevas. P. ¿Apoya que se cambie la ley de educación? R. Si miro al pasado, España ha hecho grandes esfuerzos por cambiar las leyes,
pero en la práctica no cambia nada. Cuantos menos políticos se
impliquen en temas educativos, mayor la oportunidad de que participen
alumnos, padres y profesores. Si se integra a la sociedad, la ley
educativa durará más. P. Usted no distingue entre la titularidad de los colegios. R. Si analizo PISA y elimino el contexto social, en
España no hay diferencia en la calidad entre pública, concertada y
privada. No veo una ventaja específica. La privada en España
se ha convertido en una forma de segregar a los alumnos por su contexto
social, pero no parece muy efectiva a la hora de elevar la educación,
al menos de acuerdo con los resultados de PISA. P. El consultor británico Ken Robinson afirmaba el otro día en este diario que en Hong Kong hay agencias que preparan a los niños de tres años para entrar en la guardería. ¿No es excesivo? R. Creo que puede haber una obsesión con el
conocimiento cognitivo, pero en Hong Kong hay más entornos educativos
innovadores que en España. No hay que caer en estereotipos. Por
supuesto, la guardería tiene que estar conectada con el desarrollo
social y emocional de los niños.
P. En España se accede a Magisterio con un cinco. ¿Debería subirse la nota de corte? R. Sí, pero una buena enseñanza no se consigue solo
elevando la nota, porque podríamos perder a gente que quiere ser
maestro. La cuestión es cómo hacemos para que la enseñanza sea atractiva
intelectualmente. En Finlandia, todos quieren porque hay mucha
autonomía, se aprende todos los días y se puede contribuir al sistema
educativo. En España los salarios están bien, pero los docentes no
reciben suficiente apoyo. P. Pero en los últimos años laborables el sueldo es más bajo que la media europea. R. Esto es lo que quiero decir. Hay una falta de atractivo. En Singapur el director le pregunta
al profesor: "¿Qué quieres hacer? ¿Ser mentor de profesores? ¿Mejorar
el plan de estudios?" Además, pueden invertir 100 horas al año en
formación. En España, un profesor está solo.
R. Es un mito. Si uno no cambia las prácticas de
docencia, da igual que tengas 20 estudiantes o 30. Obviamente las clases
pequeñas son una ventaja, pero la cuestión es: si tenemos un euro de
más de presupuesto, ¿lo gastamos en menor ratio, en un mejor salario
para el profesor o en una carrera profesional? La solución es gastar
dinero en que los profesores tengan tiempo de hablar con los padres o
atender individualmente. P. En España apenas tienen tiempo. R. Es cierto, pasan de una clase a otra. En
Shanghái, por ejemplo, los docentes imparten de 11 a 16 horas a la
semana, la mitad que los españoles, pero pasan más tiempo en otras
cosas… Se divierten. Aquí hay una estructura de trabajo muy industrial. P. ¿Cómo es esa estructura? R. Los profesores enseñan planes de estudios, pero
no son dueños de su práctica, no tienen tiempo de estar con los
compañeros, no pueden participar en las decisiones del centro… Es como
si trabajasen en una fábrica, en una cadena de producción. Lo que tienen
que ser es trabajadores que conozcan su trabajo, que sean dueños de su
carrera. Hablamos mucho de la educación permanente, pero los alumnos no
van a estar siempre formándose si ven que sus profesores no lo hacen.
P. En las últimas oposiciones de profesores de
secundaria en España quedaron desiertas el 9,6% de las plazas. ¿Hay que
cambiar el sistema de acceso? R. Le voy a dar el ejemplo contrario. En Finlandia
es bastante fácil aprobar el examen de acceso a Magisterio, pero el
segundo año se pasan la mayor parte del curso en los colegios y solo 1
de cada 10 consigue quedarse. Un examen académico es un aspecto a tener
en cuenta al elegir a los docentes, pero también la voluntad de
aprender, adaptarse o de trabajar en equipo. Uno no se convierte
necesariamente en un buen profesor por pasar un examen. P.¿Deberes sí o no? En España hay un gran debate. R. Son una gran oportunidad de que los alumnos se
hagan responsables de su propio aprendizaje, pero nunca deberían ser un
sustituto del colegio. No habría que pedir que hagan lo que no ha dado
tiempo en el colegio y además que colaboren los padres. P. Usted insiste mucho en la implicación de los padres. R. Subestimamos el papel tan importante que juegan
las familias.
En los sistemas que tienen éxito están muy implicados.
Hace dos años estuve en una de las zonas más pobres de China y pregunté a
una profesora cómo hacía para que participasen en la escuela unos
padres sin formación.
Ella me dijo que les llamaba dos veces a la
semana. “¿Y no es una gran carga para ti?”, le pregunté. La profesora se
sorprendió y contestó:
“Nunca lo había pensado. Si no tuviese su ayuda
sería imposible que hiciese mi trabajo”.P. Sorprende cuando afirma que la ratio de alumnos por clase no influye en el rendimiento. P. En España resultaría inconcebible. R. Normalmente, en todos los países se llama a los
padres cuando el alumno causa un problema y siempre el padre defiende al
hijo y no se soluciona nada. Falta comunicación. En Suecia, al final
del curso, los profesores se reúnen con cada uno de sus alumnos y sus
padres. La norma que hay que cumplir es que nadie puede quejarse del
otro.