Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

25 sept 2018

Concha Velasco, ingresada por una neumonía

La actriz se encontraba en A Coruña representando 'El funeral', una obra escrita por su hijo Manuel, cuando se sintió indispuesta.

 Ahora ha sido trasladada a Madrid.

Concha Velasco
La actriz Concha Velasco. GTRES

 

La actriz Concha Velasco, de 78 años, fue ingresada el pasado domingo en un hospital de A Coruña al sufrir una indisposición que le obligó a suspender en el teatro Rosalía de Castro. 
Este martes ha sido trasladada a otro centro médico de Madrid. Velasco estaba en la ciudad gallega representando la obra El funeral,una comedia escrita y dirigida por su hijo, Manuel Velasco. Según Antonio Durán, manager de la actriz, esta sufre una neumonía.
 "Ha sido un susto, pero todo evoluciona de forma normal", ha explicado.
La pieza se había representado ya el viernes y el sábado en el Rosalía de Castro y suponía la primera colaboración artística de madre e hijo.
 Además de Concha Velasco, en la obra intervienen Jordi Rebellón, Clara Alvarado, Cristina Abad y Emmanuel Medina.
Concha Velasco, el pasado mes de julio.
Concha Velasco, el pasado mes de julio. GTRESONLINE
Tras su último trabajo dramático, Reina Juana, agotador monólogo por el que recibió su segundo Premio Nacional de Teatro, Velasco había manifestado su intención de hacer mutis con una obra divertida, como la que ahora va a representar: 
"Va a ser la última si Dios quiere y tiene éxito. Quiero retirarme con una función blanca para todos los públicos", precisó,
 "y hacerlo con Manuel, mi cómplice y amigo desde que nació", añadió.
 "Es una bestia, una todoterreno cargada de energía", respondió el director de El funeral, su hijo Manuel sobre su madre.
En 2014, la actriz tuvo graves problemas de salud. Sufrió un linfoma que la tuvo apartada de los escenarios una buena temporada.
 Regresó con 11 kilos menos y con la advertencia de los médicos de que debía cuidarse.
 Pero como ella misma reconoció necesitaba volver por vocación y por necesidades económicas.

Rosa María Mateo niega purgas en RTVE y defiende el periodismo independiente

La periodista comparece en la Comisión Mixta de Control Parlamentario de la corporación.

Rosa Maria Mateo
Rosa María Mateo, durante su comparecencia.

La periodista Rosa María Mateo, administradora única de RTVE, ha rechazado este martes que se hayan producido purgas en RTVE y ha explicado que los cambios efectuados en la corporación desde que fue nombrada hace dos meses se justifican exclusivamente por criterios profesionales.
 Mateo ha comparecido ante la Comisión Mixta (Congreso-Senado) de Control Parlamentario de la Corporación RTVE y sus Sociedades, para explicar su política de nombramientos y contestar a las preguntas parlamentarias registradas por los distintos grupos.
En tono firme y enérgico, ante los insistentes murmullos de los parlamentarios del PP, Mateo ha afirmado que no está dispuesta a tolerar “que se le ponga la cruz a alguien por su raza, ideología o creencia” y ha remarcado que su objetivo es ejercer sus funciones con independencia, pluralidad y profesionalidad. En una sesión bronca en la que Mateo no ha ocultado su enfado por las constantes críticas e interrupciones del PP, Mateo ha identificado las “purgas” esgrimidas por el PP, con estalinismo, fascismos, nazismo, campos de concentración y dictadura y ha rechazado de manera contundente que los ceses y nombramientos efectuados en la corporación, y especialmente en los informativos, se ajusten a esa definición.

Por el contrario, ha defendido que cree profundamente en la libertad y ha sostenido que lo que es dañino es una televisión manipulada y al servicio del poder y del Gobierno de turno, como ha ocurrido en la etapa de gestión del PP.
 En este sentido, ha recordado que el equipo liderado por el exdirector de los Servicios Informativos, José Antonio Álvarez Gundín, acumuló más de 600 denuncias de manipulación efectuadas por el Consejo de Informativos de TVE.
La administradora única de RTVE ha confesado que espera que su cargo dure “lo menos posible”.
 “Yo antes era muy feliz”, ha dicho tras exponer que tiene la sensación de que la empresa pública no le importa a nadie e insistir en que su compromiso es ejercer su trabajo con respeto a la pluralidad y a la independencia y con la vista puesta en la defensa del interés general y los valores universales. 
“Los trabajadores defienden el periodismo independiente”, ha enfatizado Mateo, que ha insistido en que no ha recibido órdenes de tratar al Gobierno de una determinada manera.
 “No ha ocurrido ni va a ocurrir nunca. Soy independiente y nadie me va a dar órdenes. No lo consiento”.
Al comparar los cambios efectuados durante sus dos meses de mandato, ha asegurado que en la etapa de Gundín cesaron 47 de 49 cargos en el área de informativos y muchos de los nombramientos fueron incorporaciones externas. 
“Aquello fue conocido como redacción paralela y ustedes no lo calificaron de purga”, ha dicho dirigiéndose al Grupo Popular, especialmente duro durante el inicio de la sesión.
 Su portavoz, Ramón Moreno, ha arremetido contra lo que ha calificado de “purga brutal, feroz e ilimitada” y ha tildado los cambios de “revancha” y “venganza colectiva” y ha dicho que se ha sometido a maltrato y humillación colectiva a los purgados con “recolocaciones absurdas y comentarios despóticos” extremos que ha negado Mateo rotundamente.
Mateo ha admitido estar “de paso” en la corporación y ha confiado que el concurso público que está en curso contribuya a hacer de RTVE la televisión pública que merece el país y los ciudadanos.
 Ha negado que su nombramiento sea fruto del “dedazo” sino de los 180 votos obtenidos en el pleno del Congreso. 
“Dedazo fue el nombramiento de José Antonio Sánchez, que solo le votaron ustedes”, ha dicho refiriéndose al PP.
 “A mí me solicitaron si quería aceptar el puesto. Pensé que sería un problema, pero enfrentarme a ustedes es otro problema.
 No es agradable estar aquí y ustedes no me lo ponen nada fácil”, ha dicho Mateo, que fue designada para el cargo el pasado mes de julio.

 

 

 


¿Para quién es ‘cool’ Lavapiés?........................... Pablo León

El distrito de Embajadores tiene dos velocidades: la de los alquileres por las nubes y las terrazas caras; y la de poseer la menor renta por hogar de todo el centro.

Lavapies
Grafitis en la calle de Embajadores.

Hoteles, restaurantes, bares, salas de teatro, huertos urbanos, efervescentes centros culturales… Esta es una de las caras de Lavapiés (en el barrio de Embajadores, distrito Centro).

 Y es poderosa: la zona acaba de ser escogida como el barrio más cool del mundo. Cool entendido como molón, guay. Lo ha dicho la publicación Time Out, especializada en ocio urbano. Para sacar esa conclusión, ha realizado una encuesta (con más de 15.000 entrevistados). 

Pero esa faceta tan molona y brillante convive con otras imágenes del barrio más complejas: gentrificación, botellón, empobrecimiento, plagas de chinches o un draconiano mercado de la vivienda.

 Dos cifras ejemplifican la disparidad de Embajadores: es una de las zonas donde más ha subido el precio de la vivienda (más del 21% interanual en todo el distrito Centro) y a la vez es el barrio con menor renta por hogar de toda la almendra central (poco más de 23.800 euros anuales, según datos del Ayuntamiento).

Lavapiés tiene dos velocidades.
 La de calle Argumosa, donde se concentran terrazas con precios desorbitados y tapas alternativas, pero cuquis.
 Y la de la calle del Oso, donde el pasado mes de marzo falleció un mantero senegalés a causa de un paro cardiaco.
 Gran parte de los manteros de la ciudad viven allí por lo que la muerte de Mame Mbaye, de 35 años, desató una oleada de protestas –se prendió fuego a contenedores y vehículos- y un gran despliegue policial para apaciguar el barrio.
“Cuando llegué a Lavapiés como estudiante, a finales de los años setenta, todos veníamos de provincias”, contaba la fotógrafa Mariví Ibarrola con motivo de su exposición De Lavapiés a la Cabeza.
 En esta selección de imágenes, Ibarrola, que sigue siendo vecina de la zona, retrataba el barrio en los años ochenta, cuando la droga campaba a sus anchas por sus callejas.
 En los noventa, el barrio se tornó en un enorme bazar chino, con tiendas al por mayor que expulsaron a gran parte del comercio de cercanía. 
Y en los dosmiles, sus bajos precios y su buena ubicación, lo convirtieron en el puerto de Madrid, en el epítome de lo multicultural: entonces la población extranjera representaba el 35%.
 Actualmente, uno de cada cuatro vecinos es de fuera, originarios de Bangladesh, Marruecos o Senegal, pero también de Italia, Francia o Estados Unidos.
 Ibarrola explicaba con sus imágenes que en Lavapiés “convivían las costumbres más conservadoras con las vanguardias”.
  Actualmente, uno de cada cuatro vecinos es de fuera, originarios de Bangladesh, Marruecos o Senegal, pero también de Italia, Francia o Estados Unidos.
 Ibarrola explicaba con sus imágenes que en Lavapiés “convivían las costumbres más conservadoras con las vanguardias”. Ese crisol -de nacionalidades, de expresiones culturales, de inquietudes…– y los alquileres asequibles (debido a los problemas derivados del mercado de la droga, de la delincuencia y a la alta presencia de población migrante) también atrajeron a actores, directores de cine, periodistas, o agentes sociales (ONG, movimientos políticos alternativos, las primeras casas okupas...). 
Todos ellos dejaron su huella en el barrio. Lo dotaron de un halo de modernidad
 
Entrada de uno de los bares de Lavapiés. 
Entrada de uno de los bares de Lavapiés.
“En Embajadores, y especialmente en Lavapiés, se están produciendo varios procesos a la vez: burbuja inmobiliaria, turistificación y gentrificación”, relata Javier Gil, sociólogo especializado en temas de vivienda (para su doctorado estudia el fenómeno de AirBnB) y perteneciente al Sindicato de Inquilinos de Madrid. 
“La crisis detuvo un poco el proceso de gentrificación de Lavapiés, pero desde 2013, se ha vuelto a acelerar.
 Las consecuencias directas son la transformación de la zona; la expulsión de parte de la población original y la revalorización del suelo y de los inmuebles”, explica.
Ana B., de 35 años, tuvo que dejar su casa hace poco más de un año, en el verano de 2017:
 “Pagaba 750 euros al mes y me tocaba renovar el contrato, pero mi casero me dijo que me fuera.
 Él es el dueño de todo el edificio.
 Algunos meses antes, los vecinos de al lado se fueron, el dueño remodeló la casa -mucho más pequeña que la mía- y la comenzó alquilar por 1.100 euros al mes”, recuerda. 
Buscó piso en el barrio y le fue imposible por lo que acabó alejándose un poco de una zona en la que llevaba viviendo casi una década.
 
La policia avanza por la Calle Meson de Paredes con la calle Tribulete, durante los disturbios del pasado marzo en Lavapiés.
La policia avanza por la Calle Meson de Paredes con la calle Tribulete, durante los disturbios del pasado marzo en Lavapiés.
Justamente, el sociólogo Gil advierte de los procesos de rehabilitación de edificios y las ayudas para ello: 
“Si das dinero para rehabilitar y no pones una cláusula para que no se pueda vender en 20 años, fomentas la especulación”. 
El Consistorio acaba de excluir la zona de Embajadores como “área preferente de impulso a la regeneración urbana”, es decir, de las ayudas para la renovación de edificios.
 Las asociaciones vecinales vivieron con estupefacción esta decisión porque, aunque consideran que el barrio ha mejorado, destacan que mantiene “unas condiciones socioeconómicas complicadas” y gran presencia de “vivienda antigua e infravivienda”.
“Cuando se pone la etiqueta de cool a una zona de una ciudad, el barrio se convierte en una marca”, continúa el sociólogo Gil, “es una construcción simbólica, que no está relacionada con elementos objetivos de calidad de vida, pero que acaba generando un discurso legitimador de las expulsiones urbanas”. 
Con estas ideas, permean otras: 
 “Como el sitio es tan molón, parece normal que la gente tenga que irse", agrega Gil, "parece que no todo el mundo tenga derecho a vivir en esa zona”.



 

“Una adopción fallida es lo más parecido a que se te muera un hijo”

Un 2% de los 70.560 procesos realizados en España desde 1996 ha terminado mal.

 

Una mujer y una niña, este lunes en un banco en Sevilla.
Una mujer y una niña, este lunes en un banco en Sevilla.
Sucedió en España. Después de un largo proceso, una pareja cumplió su sueño de tener una hija.
 La adoptaron en Ucrania cuando ella tenía dos años.
 Desde el principio su madre vio que la niña no se conseguía adaptar ni a un nuevo país ni a una nueva familia. 
Sentía cada día el sufrimiento de la niña, que creció rebelándose contra todo y contra ella misma. 
Su madre decía de ella que era como una mariposa encerrada en su crisálida, que solo se podía ver e intuir porque permanecía aún encerrada sin poder volar.
 Durante años, la mujer trató de que su hija la quisiese y de que viese que aquella casa era un hogar y aquella familia la suya. 
Fue en vano; a los 16 años la chica se suicidó.
 Lo hizo “harta de no encontrarse”, según le contó su madre a la escritora Yolanda Guerrero.
 La mujer nunca dice que su hija murió: su hija “se fue”, y lo hizo para dejar de ser crisálida y convertirse por fin en una mariposa libre.
 La que lleva su madre desde entonces tatuada en el tobillo.
La niña contaba 12 años cuando se le diagnosticó trastorno del apego, habitual entre niños abandonados. 
Tenía dificultades graves para dar y recibir afecto, a causa de experiencias emocionales traumáticas durante el primer año y medio de vida.
 Fue tarde para ella y para sus padres. Guerrero publicó el año pasado El huracán y la mariposa (Catedral). 
 La autora, periodista de EL PAÍS durante más de 20 años, ficcionó una adopción fallida, algo que ella vivió personalmente.
 Prefiere no hablar de su caso (“hubo dos personas en esa historia, dos ya adultas, yo soy solo una de ellas”), pero sí refiere a este periódico varias adopciones con las que trazó su historia tras documentarse. 
En su novela, por ejemplo, cuenta la historia de una madre que adopta a una niña de siete años que desenvuelve, con el tiempo, un odio enfermizo hacia ella, a la que empieza a atacar y golpear cuando crece.
 Está basada en una historia real, la de la desesperación de una mujer que, rendida, prefiere que algún día su hija la mate antes de abandonarla de nuevo.
 Hasta que su psicólogo le hace ver que el crimen también arruinaría para siempre la vida de su hija. 
Con esta historia Guerrero rompió un silencio y un estigma: el de las adopciones que salen mal, un porcentaje ínfimo en el total de los procesos que se llevan a cabo en España.
 Según el Observatorio de la Infancia, 70.560 menores fueron adoptados en España (54.000 en el extranjero) entre 1996 y 2016; de esas adopciones, explica Jesús Palacios, catedrático de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla, alrededor de 1.440 fueron fallidas.
 Un porcentaje de un 2% en España, cuando en Europa asciende al 4% y en Estados Unidos llega a ser del 10%. 
 Los menores regresan entonces a los centros a la espera de una nueva adopción, cada vez más complicada.
Llamada por el título, El huracán y la mariposa, la madre con una mariposa tatuada en su tobillo contactó con Guerrero. 
No fue la única. El año pasado, en la librería Teseo de Fuengirola, un hombre de unos 60 años cogió el micrófono en la presentación del libro y contó su experiencia: su mujer y él adoptaron a dos hermanos que también padecían, sin saberlo sus padres adoptivos, el trastorno del apego. 
La familia vivía en un pequeño pueblo. De puertas afuera, era la familia ideal; de puertas adentro, un infierno que finalmente desbordó la puerta de casa.
 Los episodios violentos de los ya adolescentes hicieron que el pueblo, y su propia familia, diesen la espalda a los padres “por no saber educarlos”. 
El hombre terminó su intervención llorando: “Los culpables sois vosotros, nos repetían”.
 Su mujer cayó en el alcoholismo y él en la depresión. Se acabaron marchando del pueblo.

“La adopción”, advierte Jesús Palacios, “es uno de los mejores y más potentes recursos de protección infantil.
 Lo bien que ha cambiado la vida para los padres y para los niños es indescriptible”. 
A raíz de la fallida adopción de la niña india, entregada a la Administración por sus padres tras comprobar que tenía 13 años y no siete como les habían dicho, los medios han puesto el foco (también este) en las adopciones que no funcionan. 
Pero estos casos, repite Palacios, representan el 2% del total.
 Eso no quiere decir que los procesos de adopción sean historias siempre “maravillosas”: son “historias de educación, de crecimiento”.

Una idea ingenua

Ana Fernández Manchón, psicóloga clínica que lleva más de 20 años atendiendo a familias que han adoptado hijos, dice que cuando un proceso de adopción se interrumpe, con lo que más se ha encontrado “ha sido con familias poco preparadas y poco sostenidas”.
 “Familias que no conocían realmente lo que era una adopción, que tenían una idea ingenua y ligera del proceso.
 Se encontraban con una realidad que no podían asumir. 
Y tampoco encontraron a tiempo apoyos de profesionales o de la propia red familiar”.
Yolanda Guerrero señala algo en lo que mucha gente cae: ni adoptar es un acto de caridad, ni los niños tienen que estar agradecidos. 
“A veces te encuentras con noticias referidas a hijos adoptados y escuchas, muy habitualmente, comentarios del estilo 'fíjate, con lo que hicieron sus padres sacándole de este y otro sitio. 
Eso no es así”. La psicóloga clínica Montse Lapastora, una profesional con años de experiencia en adopciones a sus espaldas, advierte de las expectativas, que suelen ser desmesuradas.
 “Y las expectativas de las familias no se suelen cumplir, porque no todo es feliz.
 Muchos padres piensan que con cariño se arregla. 
El cariño no basta. Es imprescindible, pero no basta.
 Se requieren más cosas”.
 Lapastora coincide en esto con Guerrero, que suele decir que “con amor no se consigue todo”.
 “Es una frase bonita pero no es verdad.
 Conozco experiencias suficientes como para saberlo: no todo se soluciona con amor”.
 Montse Lapastora ha tratado familias con hijos adoptados a los pocos meses que nunca han consentido que sus padres les den un beso porque, simplemente, no soportan que nadie les toque. 
“Y los padres siguen luchando día a día, les llevan a terapia y hacen lo que sea”, refiere. 
Porque se habla, matiza, de padres que no pueden más y ceden la tutela, pero hay otro tipo de fracasos, encubiertos: 
“Como no pueden hacerse con ellos, los mandan a estudiar fuera”.
No hay adopción sin adversidad, explica Palacios desde Sevilla. “No hay adopción sin experiencias complejas para el niño.
 Niños que han sufrido maltrato, abandono, negligencia, experiencias institucionales prolongadas no siempre en buenas condiciones.
 Vienen con heridas emocionales. 
Y con un enorme potencial para crecer y adaptarse, y para salir adelante: son niños increíblemente fuertes. 
Tienen una enorme fragilidad por sus experiencias acumuladas, pero también una enorme capacidad de adaptación y para salir adelante.
 Para intentar hacer feliz a alguien, para desear que alguien les haga felices.
 Son niños fantásticos, en general”. Ocurre que estos niños han aprendido a desconfiar. 
“Ya no ven al adulto como fuente de protección sino como un peligro, porque los adultos para ellos han sido peligrosos antes”, dice Palacios. 
“Les han hecho daño, les han abandonado, les dijeron cuánto los querían y les daban palizas, les dijeron cuánto los querían a condición de que no dijesen a nadie lo que estaba ocurriendo entre ellos”.

“Yo lloraba y no sabía por qué”, empezó a hablar un chico en unas jornadas sobre adopción y apego organizadas por Afamundi en Santander en octubre el pasado año.
 “Lloraba y creía que no se acabaría nunca. No sabía de dónde venía ese llanto, pero aprendí a vivir con él”.
 Hasta que tuvo la ayuda profesional de su psicólogo, Alberto Rodríguez, presente en esas jornadas.
 Él le enseñó, dijo, que sí se podía acabar alguna vez con aquello.

El promedio de las adopciones que terminan mal es de cinco o seis años de convivencia. “Las familias no tiran la toalla a la primera dificultad, no es una decisión caprichosa”, dice Palacios.
 Si la adopción es problemática, la mayor parte de las familias luchan durante años para sacarla adelante.
 Si no, llega el luto.
 Lo cuenta Ana Fernández Manchón: “Una adopción fallida es lo más parecido a que se te muera un hijo
. El duelo que tienen que hacer los padres por un hijo adoptivo que no pueden criar es un desgarro.
 A veces se piensa que es una frivolidad, y que los padres devuelven algo que no les gusta. 
No, no es un objeto, es un hijo.
 La fractura y el dolor que se produce en los adultos que adoptan y tienen que renunciar, después de tantos años de ilusión y espera, es tremendo. 
Y en cuanto al menor, la herida es casi irreparable. 
Un menor viene de un abandono, ya se cuestiona a sí mismo ('no debo de ser bueno, no debo de tener condiciones, porque me han abandonado'); imagina que ese niño llega a una familia en la que espera tener los padres que le faltaron y se encuentra con un nuevo rechazo”.

Porque un hijo adoptivo “es un hijo a todos los efectos”, sentencia Montse Lapastora. 
Y no hay más abandonos de padres adoptivos que de padres biológicos.
 Ocurre que en padres adoptivos es más llamativo. 
“El caso Asunta, por ejemplo. Unos padres mataron a su hija, punto. 
A su hija. Era su hija, sin apellido.
 No su 'hija adoptiva'. 
Y cuando se insiste en que la hija es adoptiva puede ocurrir lo que me pasó a mí en el centro, donde hubo niños que me preguntaron antes de ser adoptados: '¿A mí me va a pasar lo mismo que a Asunta?'”.


Entonces se dirige a la Administración y pide que se hagan cargo de ella.