Un documental de HBO profundiza en la personalidad de una actriz, mito sexual, activista política y feminista enconada.
Con 80 años la actriz Jan Fonda se encuentra en un gran momento en su carrera.
Puede que la película más arriesgada de Jane Fonda haya sido La juventud
y no por la envergadura del papel, sino porque la alegoría de la
decadencia que estrenó Paolo Sorrentino en 2015 expone a la actriz en
una despiadada faceta crepuscular. Se aviene Fonda a mirar al otro lado
del retrato de Dorian Gray y acepta mostrar una coqueta decreptitud, no
tan extrema como la de Gloria Swanson (El crespúsculo de los dioses) o la de Bette Davis (Que fue de Baby Jane), pero ilustrativa de un ejercicio de sinceridad en el umbral de los 80 años. Los cumplió el pasado mes de diciembre con todos los síntomas de un pacto mefistofélico y conservan la actualidad en el documental que estrena HBO
el 25 de septiembre en España con la implicación absoluta de la diva.
No representa los 80 años y se ha esmerado el maquillaje y la
ilum inación para edulcorar los atisbos de ancianidad, pero la biografía
accidental permite a la propia Jane Fonda rescatarse de su propia
confusión: “He llegado a no sentirme real”, confiesa en un pasaje
introspectivo de la entrevista. Y reconoce que la única manera de
afrontar el último acto de su vida consiste en saber quién ha sido ella
en los anteriores porque no está segura
Jane Fonda junto a Roger Vadim en su boda en 1965.HBO
La estructura teatral, mixtificación de la vida y de la obra, se
describe en el enunciado del documental con esfuerzo cartesiano: Jane
Fonda en cinco actos, aunque la pentalogía alude en realidad a todas las
existencias reales, imaginarias, ajenas y propias que ha explorado la
hija de Henry Fonda. Una actriz carismática y pluricondecorada —dos
Oscar, cuatro Globos de Oro—, un mito sexual transgeneracional, una
activista política, una feminista enconada, una mujer emancipada y
superviviente, incluso una madrina del aerobic en la estética ochentera
de los calentadores.
Sus clases y vídeos de aerobic son mundialmente conocidos.HBO
Puede entenderse así que el arcano de Jane Fonda necesite no tanto
una radiografía de sí misma ni una hagiografía como una biopsia, de tal
manera que el documental de HBO aspira a encontrar el camino que lleva
de Barbarella a Klute, como si fuera Fonda un personaje inasible al que hemos visto reír (Cómo eliminar a su jefe) o alcoholizarse (A la mañana siguiente) desde una credibilidad que se ha impuesto a las convenciones del tiempo o de las modas. No le servía su propia versión de los hechos. La tiene recogida en un best seller que repercutió en su talento como escritora —(My life so far,
2005)— y que atribuía a la devoción de Cristo el mérito de haberla
transformado. Fonda se describía orgullosa de cómo ha sido y arrepentida
de sus errores, pero no le concedía la iniciativa del retrato a una voz
exterior con cualidades inquisitivas.
Es el interés que reviste el documental de HBO, sustraerla a su
espacio de confort, confrontarla con el criterio de otros protagonistas —Robert Redford, entre ellos— y someterla a una mirada retrospectiva en la que se le aparecen sus tres maridos: Roger Vadim, Tom Hayden y Ted Turner. “Ninguno de mis matrimonios fue democrático porque se esperaba de mí
que fuera de una cierta manera. Tenía que comportarme no tanto como Jane
Fonda, sino con la idea que ellos tenían de cómo debía ser Jane Fonda. Tenía que ser perfecta para ser amada”, evoca en el documental, sin
miedo a “reconocer” el perfeccionismo de las operaciones quirúgicas.
Guerra de Vietnam
Era Hanoi Jane el apodo que le atribuyeron cuando se opuso a la guerra de Vietnam. Volvió a expresarlo en la guerra de Irak
y se ha multiplicado en el inventario de las causas justas, no solo
desde la militancia y el idealismo, sino como remedio al solipsismo de
la vida interior.
La
actriz destacó también en el activismo político, principalmente durante
la guerra de Vietnam y nuevamente en la guerra de Irak.HBO
Le resultaba repugnante a su padre que los hijos manifestaran sus
emociones, ni siquiera cuando la madre de la diva, Frances Seymour, se
valió de una cuchilla para rebanarse la garganta en la institución
psiquiátrica donde estaba recluida. Jane Fonda tenía 12 años y tuvo que
esperar casi otros tantos para desmentir la teoría del ataque al corazón
que le había contado el patriarca. Es el acto oscuro, igual que la crisis de bulimia. O que la violación de la que fue víctima siendo niña. O que su batalla contra el cáncer de mama. No habría llegado a la
plenitud sin haber tocado fondo. Y se observa a los 80 años Jane Fonda
en la posición de loto, mascullando una conclusión hermética de la
propia existencia: “Soy quien soy”.
La
presentadora regresa al trabajo y habla por primera vez en antena de la
detención de Juan Muñoz por su presunta relación con el comisario
Villarejo.
Ana Rosa Quintana y Juan Muñoz, en la Feria de Abril, en Sevilla.GTRESAna Rosa Quintana ha regresado este lunes al frente de su programa en Telecinco -El programa de Ana Rosa-
después de las vacaciones de un verano que, según ha asegurado ella
misma, ha sido uno de los más difíciles de su vida debido a la situación
de su marido, el empresario sevillano Juan Muñoz. “Uno de los temas de este mes de agosto ha sido la detención de mi
marido. Cuando volvió a casa sin medidas cautelares fue para mí un
mensaje tranquilizador. Viví momentos de incertidumbre. No ha sido el
mejor verano de mi vida, pero tampoco el peor”, ha dicho Quintana
mirando a cámara al inicio del programa. El empresario fue detenido (y después puesto en libertad) junto a su hermano Fernando y dos abogados el pasado 31 de julio en el marco del caso Pintor, una de las causas en la que está implicado el excomisario José Manuel Villarejo. Presuntamente, Fernando y Juan Muñoz estaban implicados en la
contratación del antiguo comisario para un presunto chantaje. El marido
de la presentadora pasó dos días bajo detención policial para,
finalmente, ser puesto en libertad sin medidas. “Hace 10 años un hermano de Juan tuvo un pleito con Hacienda. Su familia
ha intentado ayudarle en todo momento. Las cosas se van solucionando y
quien tenía que hablar ya ha dicho ante el juez que no hubo ningún tipo
de extorsión”, ha explicado. “Mi marido está colaborando con la
justicia. Dejemos que los jueces y abogados hagan su labor”, ha añadido
para después dejar claro que aunque sea un tema que le afecte
directamente a ella, su programa informará de ello. “Yo no soy la
persona más adecuada para hablar de un tema que afecta a mi familia. No
soy capaz de informar de ello. Este programa les informará de toda la
actualidad que ocurra”, ha dicho.
Ana Rosa Quintana, con Joaquín Prats.GTRESONLIN Después, la presentadora ha dado las gracias por el apoyo recibido en
estos difíciles. "Quiero dar las gracias a mis compañeros de profesión,
a esta cadena, a este maravilloso equipo... porque me he sentido muy
arropada. Y ahora, a trabajar como siempre", ha finalizado para seguir
con el programa. No es la primera vez que Quintana da explicaciones sobre lo ocurrido. Cuando Muñoz salió en libertad la periodista escribió solo un breve tuit: "Queridos amigos: Gracias a todos". Al día siguiente, mandaba un escrito a su programa,
que en verano conduce el presentador Joaquín Prat. "Ayer mi marido fue
puesto en libertad sin medidas cautelares. Han sido dos días de
incertidumbre, pero ya estoy más tranquila, aun así, hay que ser
prudente, y hay que dejar a la justicia trabajar. Como periodista, soy
consciente del interés que ha suscitado esta noticia y llegado el
momento estaremos ahí para contarlo”, ya decía entonces y volvía a dar
las gracias a todo su equipo. Ana Rosa Quintana y Juan Muñoz
se conocieron hace más de dos décadas, durante la Feria de Abril de
Sevilla —a la que ambos son aficionados— de 1997. Salieron juntos
durante siete años y se casaron en 2004 en Bollullos de la Mitación,
pueblo sevillano en el que la presentadora tiene raíces familiares. Su
amor por la ciudad del Guadalquivir, en la que pertenecen a varias
hermandades, ha hecho que Quintana fuera reconocida como hija adoptiva
de la ciudad el pasado mes de mayo. En Triana también fueron bautizados
sus hijos en común, Jaime y Juan, que nacieron en noviembre de 2004, cuando la periodista tenía 48 años. Estos días se les ha visto juntos de vacaciones en las islas Baleares. Antes de su relación con Juan Muñoz, Quintana estuvo casada con el
también periodista Alfonso Rojo, con quien tiene un hijo, Álvaro, que se casó en julio de 2016 con la psicóloga Ana Villarubia en Jarandilla de la Vera.
Un nuevo
libro profundiza en la relación entre la exitosa novela de Nabokov y la
historia real de Sally Horner, de 11 años, secuestrada y maltratada por
un pederasta en 1948.
Sally Horner habla con su familia por teléfono horas después de su rescate.
Sally Horner desapareció pocos días después de su undécimo
cumpleaños, en junio de 1948, secuestrada por un pederasta llamado Frank
La Salle. La niña pasaría casi dos años en paradero desconocido, hasta
que logró escapar y regresar a casa. Puede que alguno de los numerosos
titulares que dieron cuenta de su suplicio llegara a las manos de Vladimir Nabokov. En algún punto entre 1950 y 1952, el gran literato ruso tomó
conocimiento de su caso. Nabokov se encontraba, por aquel entonces, en
una profunda crisis creativa. Llevaba varios años peleándose con un
manuscrito, todavía llamado El reino junto al mar, que estuvo a
punto de tirar a la hoguera en dos ocasiones al sentirse incapaz de
terminarlo. La historia de Sally le ayudó a encontrar el camino para
concluir una novela que, retitulada como Lolita, catapultó su popularidad y dejó una marca imborrable en la historia de la literatura.
Esa es la tesis desarrollada por la escritora Sarah Weinman en The Real Lolita: the kidnapping of Sally Horner
(Ecco), un nuevo libro que recoge su investigación de cuatro años sobre
la identidad de esta doble de carne y hueso del personaje ideado por
Nabokov. El volumen, que llega mañana a las librerías estadounidenses y
británicas, profundiza en un caso ya conocido pero mal documentado. En
2005, el universitario ruso Alexander Dolinin, gran experto en la obra
de Nabokov, reveló los increíbles parecidos entre Sally Horner y el
personaje de Dolores Haze. Las dos eran morenas, hijas de madres viudas,
secuestradas casi a la misma edad y retenidas con métodos idénticos. Pero una se convirtió en mito literario y la otra cayó en el olvido.
Weinman escribió el libro para reparar esa injusticia. “La vida de
Sally, que fue breve y trágica, augura otros calvarios sufridos por
mujeres y niñas. Con este libro quise convertir a Sally en inmortal,
porque su vida importó y sigue importando”, sostiene la autora.
Portada del libro de Sarah Weinman.
Su relato empieza en Camden, la ciudad de Nueva Jersey donde residía. Allí fue retada por un grupo de niñas del que se moría por formar parte
a robar un cuaderno de cinco céntimos en la tienda de la esquina. Nunca
había hecho nada parecido, pero se armó de valor y escondió la libreta
en su mochila. Hasta que un hombre la interceptó al salir: “Soy un
agente del FBI. Estás detenida”. Ese desconocido le anunció que tendría
que pasar una temporada en el reformatorio. Ante los llantos de la niña
dejó que se marchara, pero a condición de mantenerse en contacto con él y
obedecer sus órdenes en el futuro.
La Salle tenía 50 años y no era agente de la oficina federal, sino un
simple mecánico con un historial de abusos sexuales a niñas menores. No
tardó en comunicar a Sally su primera misión: debería acompañarle a
Atlantic City, la ciudad de los casinos en la Costa Este. Para convencer
a su madre, bastaba con hacerle creer que iba a pasar unas semanas con
una amiga. El propio La Salle la llamó haciéndose pasar por el padre de
esa hipotética chica. Su madre dudó, pero terminó accediendo: iban a ser
las vacaciones que no podía pagarle de su bolsillo. Acompañó a su hija
al autobús y la perdió de vista. No la volvió a ver hasta 21 meses más
tarde, cuando Sally consiguió llamar a su familia desde California
gracias a la ayuda de una vecina. Suplicó que mandaran a alguien para
salvarla. Y pudo volver a casa, pero el destino se ensañó con ella:
moriría dos años después en un accidente de tráfico. El caso influyó a Nabokov. Para empezar, el escritor decidió incluir
una breve pero explícita referencia en las últimas páginas del libro: “¿Quizá había hecho con Dolly lo mismo que Frank La Salle, un mecánico
de 50 años, había hecho en 1948 con Sally Horner, de once?”. En 1952,
Nabokov también copió un teletipo sobre la muerte de la niña en una de
las fichas que utilizó para escribir Lolita, que hoy conserva
la Biblioteca del Congreso en Washington. Pocos meses más tarde, en
diciembre de 1953, lograba terminar la novela. “La historia de Sally
contaba para Nabokov, porque no hubiera podido acabar Lolita
sin haber leído sobre su secuestro”, suscribe Weinman, que está
convencida de que estuvo al corriente del caso desde 1950, en la fase de
concepción de la novela. No ha encontrado pruebas directas, pero
numerosos indicios apuntan a ello. El protagonista de Lolita,
Humbert Humbert, también amenaza con mandar a Dolores Haze a un
correccional. Y, en el capítulo final, teme ser “condenado a 35 años por
violación” de una menor, pero confía en quedar “absuelto del resto de
cargos”. Esa fue la sentencia que recibió La Salle.
Sally Horner ve a su madre, Ella Horner, por primera vez en 21 meses.AP
Aun así, Nabokov siempre negó rotundamente que Sally Horner hubiera
inspirado la historia o el personaje. “Lolita nunca tuvo un original.
Nació en mi propia mente. Nunca existió”, afirmó a la BBC en 1962.
“Mientras escribía el libro, aparecían en los periódicos todo tipo de
relatos sobre caballeros entrados en años que perseguían a niñas
pequeñas.
Fue una coincidencia interesante, pero nada más”, puntualizó.
Pese a considerarla deshonesta, a Weinman no le sorprende esa reacción.
“Los Nabokov apreciaban el arte por el arte.
Cualquier cosa que
sugiriese una influencia de la vida real podría haber eliminado la magia
de la creatividad”, responde.
Cuando, en 1963, la revista masculina Nugget
insinuó que Nabokov no se había inventado nada, sino copiado al pie de
la letra el caso de Sally Horner, el escritor respondió a través de una
carta firmada por su esposa, Véra.
“Mi marido se pregunta qué
importancia puede tener eso”, decía la misiva, añadiendo que el escritor
estudió “una cantidad considerable de casos prácticos (o historias
reales)”.
En ese caso, cabe preguntarse, como hace Weinman, por qué solo
se refirió, tanto en su libro como en sus archivos, a la que
protagonizó esta niña perdida.
Historia de una obsesión
Lolita no fue el primer libro en el que Nabokov escribió sobre
menores corrompidas. “De sus 19 ficciones, por lo menos seis se
refieren a la sexualidad de niñas prepúberes”, señaló el escritor Martin
Amis en un artículo publicado en el Times Literary Supplement en 2011, donde aludía a “una infestación de ninfas” en la producción nabokoviana. Por ejemplo, en el cuento Un cuento de hadas
(1926) aparece una niña de 14 años con un pronunciado escote que
satisface “un veloz deseo secreto” de un narrador bastante mayor. En Risa en la oscuridad,
el respetable crítico de arte Albert Albinus, primer esbozo para el
personaje de Humbert Humbert, deja a su esposa y su hija para fugarse
con Margot, que tenía 18 años en la primera edición del libro, pero 16
en la segunda. Además, en la novela breve El hechicero, su última
ficción en ruso, ya aparece un joyero que se siente atraído por niñas
menores. “Tal vez era una idea tan repugnante moralmente que no lograba
desprenderse de ella”, sostiene Weinman. Aunque la autora también apunta
a un capítulo traumático en la infancia de Nabokov: su “perturbadora
interacción” con su tío Ruka, que a los 9 le hizo sentarse sobre él para
hacerle tocamientos. Un episodio traumático que habría inspirado, según
algunos expertos, el conocido pasaje en el que Humbert alcanza el
orgasmo con Lolita sentada en su regazo.
Es una
estrella de pop español desde hace más de 20 años. Su éxito es indudable
al igual que sus episodios desconcertantes. Estos son los más
llamativos...
Cada
acto de Amaia Montero desencadena la polémica. Aquí, la estrella del
pop durante su gira mexicana a finales del pasado mes de julio.Cordon
Amaia Montero (Irún, 1976) es una estrella del pop español. Desde que irrumpió a mediados de los noventa como cantante de La Oreja de Van Gogh
su impronta en conciertos y discos ha formado parte fundamental del pop
comercial español. Este protagonismo tiene sus cosas buenas, y también
menos buenas, como tener el foco constantemente en tu persona. La que fue líder durante diez años de La Oreja de Van Gogh, la banda
vasca llamada a ser los nuevos Mecano, ha encadenado tantos éxitos como
episodios desconcertantes, como unos enigmáticos tuits en los
que sugiere su retirada esta misma semana. Lo que nadie le puede negar a
Amaia es una potente personalidad y un interés mediático que pocos
tienen. Lo dicho: es una estrella del pop. Repasamos algunos de sus extraños comportamientos...
El día que se encerró en un baño en plena sesión de fotos y dejó tirados a sus compañeros de La Oreja y a una revista
Pongámonos en situación.
Después de unas semanas negociando, una
revista musical de mucho alcance en los quioscos llega a un acuerdo con
La Oreja de Van Gogh para hacer la portada del nuevo número.
El medio
accede a ir a Barcelona para hacer la sesión de fotos y la entrevista
porque es más cómodo para el grupo, que tiene actuaciones cerca de la
capital catalana.
Esto qué supone: que el medio, con sede en Madrid,
tiene que desplazar a todo el equipo vía avión (dos fotógrafos, equipo,
director de arte y entrevistador) con el consiguiente gasto.
La sesión
es en un hotel. Debe ser algo divertido: todos los miembros en la cama,
con pijamas, revueltos, emulando una mítica foto de Fleetwood Mac de los
setenta.
Llega el momento de hacer las fotografías.
Los cuatro chicos
de La Oreja se han puesto sus pijamas y están de bromas con el fotógrafo
y el redactor, esperando a Amaia.
Ella se cambia en una habitación.
Pasan los minutos: 15, 30... una hora.
Al final sale el mánager con la
cara de alguien que se debe enfrentar a un mal trago. Muy malo. "Amaia
está encerrada en el baño y no va a salir", suelta, ante la cara de
estupor de sus compañeros y los responsables de la revista.
"Está triste
y agobiada", argumenta el representante.
Y así fue.
Y así fue. El medio perdió el tiempo y el dinero, los chicos de La
Oreja se quedaron sin la portada (y con cara de "qué rayos pasa aquí"...
y en pijama) y el mánager pedía disculpas a todo el mundo.
¿Especulaciones sobre su comportamiento? Varias. Una de ellas señalaba
que la cantante estaba hundida después de haber roto con su pareja de
aquel momento, que parece ser que era Dani Martín, líder de El Canto del
Loco. Pero esta fue solo una de las hipótesis...
El día que aprovechó la promoción de su último disco para renovar el armario
Estamos en 2006.
La banda acaba de publicar su cuarto álbum, Guapa, y en plena promoción, EL PAÍS decide pasar un día con ellos
en Madrid.
Un encuentro del que se pueden extraer dos cosas.
Una, que
tras diez años de carrera, ese será su último disco juntos. Dos, que a
Amaia no se le puede dejar sola ("lo menos inteligente que he hecho en
mi vida ha sido irme a vivir sola", confesará la artista), aunque en
todo momento va por libre.
El grupo llega al mercado de Fuencarral,
donde van a realizar la sesión de fotos en una furgoneta con cierto olor
a marihuana y la canción Roxanne sonando en la radio.
Un tema
de Police “mítico”, en palabras de la cantante, que añade lo guapísimo
que estaba Sting cuando tocó en Bilbao.
Nada más bajarse del coche, y
mientras el resto de la banda posa para las fotos, Amaia decide irse de
compras.
Cuatro bolsos, tres pares de calcetines, un vestido, un chaleco y una
camiseta después, la cantante ya está preparada para empezar la sesión y
para hacer el cambio de armario.
Sus gustos, así como los roces entre
los miembros de la banda también quedan registrados en el reportaje,
cuando le pide a Pablo Venegas (guitarrista) que le sujete el bolso.
El día que recogió 'perjudicada' el premio 40 Principales a Mejor Álbum
Recién separada de La Oreja de Van Gogh, la carrera en solitario de
Amaia va como la espuma. Su primer disco, de título homónimo, está
nominado a Mejor Álbum Nacional en los premios 40 Principales de 2009. De entre los candidatos -Macaco por Cuerpo presente, La Quinta Estación por Sin frenos, Pereza por Aviones y Pignoise por Cuestión de viento-
la de Irún resulta ganadora. Amaia emerge de entre el público,
enfundada en un vestido de cuero y unos tacones de infarto, iniciando
así su propio descenso a los infiernos. Consigue solventar con éxito los
escalones, pero no duda en agarrarse a la barandilla en cuanto tiene la
oportunidad. Cuando recoge el premio asegura que no se lo esperaba y, a
juzgar por su estado, no hay duda de ello. Le cuesta hablar, las eses
se alargan hasta el infinito, la mirada le pesa y las pausas son
demasiado largas para unos agradecimientos tan familiares. La duda se
cierne sobre los presentes: ¿Se ha pasado Amaia con la barra libre de la
gala? El tema fue tan comentado que incluso Risto Mejide le pidió
explicaciones cuando pasó por su programa, Al rincón de pensar,
en 2015. “Me había tomado mi medicación para la ansiedad y un
ansiolítico”, zanjó la cantante. “Puedo entender que se pensara esto,
pero eso es porque no me han visto piripi… Esa noche no bebí nada”.
El día que cuestionó el significado de un "no", y ardieron las redes
Muchas veces, Amaia Montero se ha considerado una víctima del
machismo que hay en la industria musical, al ser juzgada por su aspecto
en lugar de su música. Otras, ella misma se ha echado a los leones con
sus desafortunados comentarios. Ocurrió en 2012, cuando puso en
manifiesto el valor de una negativa. “A veces cuando las mujeres dicen
‘no’, solo quieren saber de lo que serías capaz de hacer por ellas”,
escribía en Twitter la artista. Las respuestas no se hicieron de
esperar. “Ese pensamiento es el que tienen los que acaban ante los
Juzgados de Violencia de Género. Ole tú”, sentenciaba una tuitera.
El día que se peleó con su ya exgrupo, La Oreja de Van Gogh
En 2010 La Oreja de Van Gogh ganó el Tambor de Oro, un premio del
ayuntamiento de San Sebastian por difundir la cultura de la ciudad por
el mundo. La cantante ya había sido sustituida por Leire Martínez, pero
el grupo se acordó de ella en el discurso: “Nos hubiera encantado que
Amaia hubiera estado aquí junto a nosotros. Gran parte de la historia de
La Oreja de Van Gogh se ha escrito con ella, de ahí que fuera la
primera persona a quien llamamos nada más regresar del concierto de
Buenos Aires, donde recibimos la noticia. Por supuestísimo, también va
por ti, Amaia”. Pero las palabras no le sirvieron de consuelo a la de
Irún. “Hubiese ido encantada porque me considero parte de la historia
del grupo. No estuve en la entrega del Tambor a La Oreja porque nadie me
invitó, ni mis excompañeros, ni el alcalde Elorza, ni el Ayuntamiento”,
explicó en El Diario Vasco.
El día que publicó su nuevo disco, 'Nacidos para creer', y muchos cuestionaron su cambio de imagen
Tras dos años de silencio, Amaia volvió en primavera de 2018 con Nacidos para creer,
su cuarto álbum en solitario. Pero lo hizo con una imagen tan renovada
que dejó incrédulos a sus fans. Cuando adelantó la portada de su nuevo
sencillo en Instagram -una foto suya de perfil, con medias de rejilla,
un jersey rosa y la intención de callar bocas-, el jurado fue tajante. La palabra “photoshop" fue la más utilizada en los comentarios. Ella,
acostumbrada a ser el centro de críticas, se podría decir que ya
ajustaba cuentas en una de sus nuevas canciones: "Quién te dio vela
en este entierro / No busco un clavo ardiendo/ Y si miro atrás tu no
estás ahí / Con los que pondrán la mano en el fuego por mí".
El día que se dedicó a discutir con su banda en lugar de tocar. Y no le quedó más remedio que disculparse con sus fans
“This is a disaster, guys. This is an absolute disaster. I don’t know
where I am. No, no, guys, no!”. O lo que es lo mismo: “Esto es un
desastre, chicos. Esto es un desastre absoluto. No sé donde estoy. No,
no, tíos, no”. Estas palabras, con las que Amaia Montero abroncó a su
banda durante el polémico concierto de Renedo (Cantabria) de junio de
2018, sirven también para resumir el año de la cantante. Amaia empezó
así la gira de su último disco, Nacidos para creer. Tuvo que
pedir disculpas, claro. Así lo exigían sus fans, que sufrieron en sus
propias carnes ese "recital de gallos" (como apuntaban algunos
asistentes), marcado por los fallos técnicos y el poco entendimiento del
grupo. “Están tocando en otro tono sí o no? ¿Sí o no? Sí, ¿no?”,
preguntaba la artista, desquiciada, buscando consuelo en el público. No
lo encontró.
El día que anunció su retira de la música, o eso pensó todo el mundo
¿Qué le está pasando a Amaia Montero? Nadie puede asegurarlo con
certeza.
Esta semana la cantante volvía a ser noticia a raíz de unos
desconcertantes tuits.
El primero, en inglés, apuntaba que el
juego había terminado: “The game is over”.
Un mensaje al que siguió la
imagen del disco Dile al sol, el primero con La Oreja de Van Gogh.
El siguiente comentario tampoco aclaró
mucho.
Al contrario: “Empezando a despedirme y empezando por el
principio”. ¿Se retiraba la cantante de la música?
Ante las
especulaciones, la representante de la cantante tuvo que intervenir para
asegurar que todo iba bien y la gira seguía en marcha. ¿Sobre los
mensajes?