Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

10 jul 2018

Los mitos que empiezan a desplomarse................ Xavier Vidal-Folch


El president de la Generalitat, Quim Torra, comparece tras su reunión con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Las formas condicionan el fondo. El modo modula el nodo.

Cuando Quim Torra abandonaba en Moncloa el formato del desplante que gastó ante el Rey, en Washington y en su inaceptable desprecio antiguo a los catalanes castellanohablantes, no solo revirtió errores
. Empezó a resetear su posición política, tiempo habrá de ver con qué alcance.
De momento ese señor y su corte da una impresión de sudor y de llevar cada dia la misma ropa,al lado la imágen de Sánchez con sus camisas blancas su pelo bien cortado es como aire acondicionado para agantar esas chorradas ya del independentismo, ocurre igual con las mujeres....y eso ayuda mas a no entenderlos ni querer un segundo de charla. Contra se deben cambiar de ropa y bañarse, igual que aquel señor......de fina estampa, Puigdemont parece que el frio hacia menos insufrible todo aquello.Pero llevaba las greñas sucias.


Si aquel a quien el nacionalismo indepe presentaba como rival, cuando no incluso como representante del Estado “hostil”, resulta que emplea su mismo idioma, en un contexto general de pulso generalizado, todo se apresta al cambio.
 Empieza suavemente a derrumbarse el mito presecesionista de la nación sin Estado, una infeliz patraña porque este Estado también es de los nacionalistas. 
 Desde luego, al menos desde que sus antecesores contribuyeron a reconfigurarlo en la Transición.
El segundo mito en rápido declive es el recentísimamente forjado por Carles Puigdemont el año pasado en Harvard: el de que España es como la Turquía de Erdogan porque autoriza a “disparar contra sus propios ciudadanos”.
Esa versión actualizada del país atrasado y cateto sin remedio quebró el día en que Sánchez eligió un Gobierno con dos tercios de mujeres, de prestigio profesional, ninguna de cuota. 
Y es que atraso y poder de la mujer son incompatibles.
Además esas señoras procuran cada una en su estilo estar presentables y de forma agradable además de tener una buena reputación política, cierto que echo de menos a Carmen Alborch, no sé  por qué no tiene algun cargo. Una Mujer siempre sonriente , preparada y con un gran bagaje político. Naturalmente que extraño la ausencia de otra ministra que se llamaba Carma y cuidaba su aspecto aunque se jugaba la vida y trae al recuerdo a Pilar Miró  a ella le toco mala época política y su fragilidad de salud, parecido a lo que le sucedió a Carmen Chacon.....Gary Cooper que estás en los cielos, rezad rezad malditos independentistas ,que encima son unos machistas y que si existe Dios, Pedro Sánchez, que te ayude a sobrellevar todo lo que te
hizo tu propio Partido. no oigo a  Susanita,,,no sé que dirá ni me interesa.

9 jul 2018

Todo más o menos normal.............................Juan José Millás

Juan José Millás
TARDA UNO EN VER lo que ocurre dentro de esta foto como tarda uno en percatarse de qué va la vida. 
Hablaremos de la vida en otra ocasión; detengámonos un poco ahora en la imagen, en la que vemos a algunas personas extrañamente coronadas y donde predomina el blanco. 
De blanco van las dos señoras del primer plano, blanco es esa especie de fular del señor de detrás, y blanca es incluso la mascarilla de su compañera de asiento. 
De la compostura general —cabezas agachadas y ojos cerrados en actitud de recogimiento— podríamos deducir que se trata de una suerte de congregación reunida en un local ad hoc para practicar sus ritos. Y en efecto, estamos frente a una ceremonia religiosa que discurre en una localidad de Pensilvania.
Hasta ahí todo normal o más o menos normal, depende del lugar en el que uno se coloque en la línea que va de la cordura al delirio. Pero hay algo que llama la atención sin que uno sepa al principio de qué se trata.
 Nos referimos a ese objeto fálico, de color oscuro, que sostiene, enhiesto, la mujer de la derecha. ¡Pero si es un arma! Un fusil AR-15 para ser exactos como el utilizado en el tiroteo que el pasado febrero produjo 17 muertos en una escuela de Florida.
 ¡Qué contraste entre el ademán devoto de la mujer y la firmeza con la que enarbola el trasto de matar!
 No sabe uno a qué tener más miedo, si a su religiosidad o a su equipo.
 Nos preguntamos si puede darse la una sin el otro y nos respondemos que quizá no. 
De hecho, y según indicaba el pie de foto, el servicio se había convocado para manifestarse a favor del uso de las armas. 
Dios nos ampare.Todo más o menos normal  

Hacia Bizancio....................................Javier Marias


Hacia Bizancio



Hoy las personas pueden atravesar la tierra ‘ignorándolo todo’, desde lo ocurrido antes de su llegada hasta lo pensado por filósofos y escritores.
EL PASADO 1 de junio, a los ochenta y ocho años, murió John Julius Norwich, con quien había tenido leve contacto a raíz de la publicación de su libro Los Papas
Una historia en mi diminuta editorial Reino de Redonda. Como era uno de los poquísimos autores vivos de la colección, y mi admiración por él venía de antiguo, en seguida le ofrecí la posibilidad de convertirse en Duke del Reino fantasmal. 
Aunque ya poseía un verdadero título, el de Vizconde Norwich, heredado de su muy singular padre Duff Cooper, mi propuesta le hizo aparente ilusión, sobre todo porque le sugerí ser Duke of Bizancio, a cuyo imperio había dedicado tres gruesos volúmenes entre 1988 y 1995.
 También es enorme su Historia de Venecia en dos tomos, y son varias sus obras sobre un asunto que, cuando él lo abordó por primera vez en 1967, se había estudiado poco o nada, a saber, la larga dominación de Sicilia por los normandos, que ha dejado en esa isla varias maravillas arquitectónicas y un extraño bagaje cultural que se mezcla con el de tantos otros dominadores, incluidos los españoles. 
Pero, además de sus numerosos libros (el más reciente, sobre Francia, apareció poco antes de su muerte), durante años dirigió y condujo programas de radio y televisión en la BBC, sobre cuestiones tan variadas como la caída de Constantinopla, Napoleón, Cortés y Moctezuma, Maximiliano de México, los Caballeros de Malta, la Guerra Zulú, Turquía y Toussaint l’Ouverture.
 Fue un hombre modesto, que reconoció no haber “descubierto” un solo hecho histórico en su vida, y haberse limitado a contarlos de forma clara, ordenada, amena y también ingeniosa —pero en todo caso rigurosa—. Tituló sus memorias Trying to Please, o Intentando agradar, haciendo suya la frase que le dedicó su niñera: “Este bebé trata de agradar”. 
Según me cuentan ahora su hija y su yerno, los distinguidos escritores Artemis Cooper y Antony Beevor, se ha despedido procurando no molestar:
 “Ha sido lo bastante listo”, decían, “para cesar justo antes de entrar en el mundo de las sillas de ruedas y los cuidadores permanentes”. 

Siempre que se muere alguien con inmensos saberes, me pregunto por la extraña cesación de esos saberes, que, por mucho que hayan quedado plasmados en tinta, desaparecen con la persona que los fue acumulando a lo largo de toda una vida.
 La idea me causa tanta desazón como la de la desaparición de los recuerdos de cada individuo, que, sean anodinos o llamativos, espectaculares o vulgares, son los suyos, y como tales únicos y queridos. 
Haberlos contado en memorias o en diarios o en una autobiografía no sirve de mucho desde mi punto de vista, porque los recuerdos ajenos, por sobresalientes que sean, suelen dejar indiferentes a los demás.
 Nadie es capaz de apreciar nuestros recuerdos como nosotros mismos: lo que para nosotros tiene un sentido o es relevante, o nos conmueve de manera poco explicable, suele dejar frío al resto de la humanidad, que, en el mejor de los casos, lo escucha o lo lee con una combinación de impaciencia e intermitente curiosidad.
Esa desaparición final de los saberes —la difusa conciencia de que eso sucederá tarde o temprano— creo que es lo que lleva a muchos miembros de la sociedad actual a no intentar ni siquiera adquirirlos. Para qué tanto esfuerzo, debe de pensar hoy la mayoría de la gente, cuando los “datos” están ahí, al alcance de unos pocos clics, en caso de necesidad.
 Para qué asumir o asimilar, como hicieron Norwich y tantos otros, la complicadísima y entera historia de Bizancio, o de Venecia, o del Papado. 
Ya se ve que las personas pueden atravesar tranquilamente la tierra ignorándolo todo, desde lo ocurrido en el mundo antes de su llegada hasta lo pensado por los filósofos y los escritores; desde quién fue Newton hasta qué fue Lo que el viento se llevó; qué enseñó Platón y cómo cantó Elvis Presley, hoy se borra todo con suma facilidad.
 A los gobernantes no parece importarles un planeta lleno de analfa­betos virtuales y de ignorantes profundos.
 Al contrario, lo propician por todos los medios, con unos planes de educación cada vez más “lúdicos” y más lelos, en los que se prima lo estrictamente contemporáneo, es decir, lo efímero y fugaz, lo obligatoriamente sin peso ni poso, lo forzosamente necio y superficial.
  Hace ya décadas que se crean sujetos para los que el mundo empieza con su nacimiento, a los que les trae sin cuidado saber por qué somos como somos y qué nos ha traído hasta aquí; qué hicieron nuestros antepasados y qué pensaron las mejores mentes que nos precedieron.
 Para colmo, se ha convencido a estos cerebros de conejo de que son “la generación mejor preparada de la historia”, cuando probablemente constituyan la peor, con frecuencia primitivos atiborrados de información superflua y sólo práctica. 
Pero ochenta y ocho años son muchos, y no todos pueden pasarse en la inopia, la autocomplacencia y el desconocimiento, si queremos abrirnos paso y enterarnos de algo.
 Pensar que total para qué, si un día todo desaparecerá, es tan absurdo como no afanarse en ganar dinero (y bien que se afana la gente en eso), dado que tampoco nos lo podremos llevar a la tumba, o que tan sólo necesitaremos una moneda para remunerar al barquero, cuando tal vez zarpemos hacia Bizancio en la travesía final.
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Una muerte horrible.........................................J.aime Rubio Hancock

Estoy seguro de que los protagonistas de 'Cazatesoros' sufrirán un accidente espantoso.

Mike Wolfe y Frank Fritz en 'Cazatesoros'.
Mike Wolfe y Frank Fritz en 'Cazatesoros'.
Veo Cazatesoros porque estoy convencido de que Mike Wolfe y Frank Fritz morirán en uno de esos almacenes en los que buscan supuestas joyas.
 Para quienes no lo conozcan, el reality trata de dos tipos que recorren Estados Unidos en busca de objetos viejos, aunque ellos dicen que son “antiguos” y tienen “historia”. 
El objetivo es revender esos trastos en su tienda a precios absurdos. De hecho, suelen ir comentando cosas como: “He comprado este faro de furgoneta por 200 dólares y lo pienso vender por el doble”. Y, ojo, yo lo pagaría encantado si pudiera. 
Un faro abollado. Ahora quiero tres.

Los propietarios de estos cacharros son por lo general ancianos que poseen enormes almacenes llenos hasta el techo de cajas, carteles desvencijados y juguetes de metal que provocaron epidemias de tétanos en los años 30. 
Parecen agradables, pero todos tienen pinta de poseer varias escopetas.
Con estos ingredientes, es evidente que algún día les pasará algo horrible a Mike y a Frank.
 Que nadie me malinterprete, me caen muy bien, pero está claro que levantarán una caja de tornillos y les atacará media docena de tejones que vivía debajo.
 O puede que el almacén se desmorone porque han arrancado un trozo de cinta adhesiva que soportaba toda la estructura.
 O quizás el vendedor olvide quiénes son esos tipos que están registrando sus cosas, coja una escopeta y les dispare.
 También puede que metan la cabeza en un armario y se la arranque un cepo para cazar cocodrilos
. O que abran una lata y liberen una cepa de la viruela.
 O que intenten arrancar un viejo Cadillac y explote. 
Tampoco me extrañaría que se les cayera encima una máquina expendedora.
 O que ese mono que toca el tambor no fuera un juguete de antes de la guerra, sino un mono de verdad que al fin ve la oportunidad de escapar de sus captores y que no dudará en llevarse por delante a quien intente detenerlo.

 Como se puede ver, hay muchas y muy variadas posibilidades. Yo apuesto por el mono.