Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

31 mar 2018

¿De quién es el millón y medio de euros bajo la Fontana di Trevi?

El Ayuntamiento de Roma estudia qué hacer con las monedas que los turistas lanzan a la fuente, hasta ahora destinadas a Caritas.

La Fontana di Trevi en Roma, el 4 de enero de 2016.
La Fontana di Trevi en Roma, el 4 de enero de 2016. EFE

 Todos los días, prácticamente a cualquier hora hay un viajero en Roma lanzando una moneda a la Fontana di Trevi. 

 La mayoría lo hace como manda la tradición: de espaldas al monumento, con los ojos cerrados y formulando un deseo. Algunos piden volver a la Ciudad Eterna, otros encontrar el amor y muchos simplemente confían algún anhelo fortuito. Entre todos, sin pretenderlo, dejan bajo las aguas de la fuente una pequeña fortuna colectiva.

 El tesoro es asignado a la Caritas, que desde 2001 lo invierte en obras de beneficencia.

 Lo seguirá haciendo al menos hasta el final de este año, pero el Ayuntamiento de Roma se plantea destinar la recaudación a otros fines a partir de ese momento.

Cuando pasa la marea de turistas y curiosos, de madrugada, mientras el imponente Neptuno y sus hipocampos se desperezan en soledad, un grupo de operarios del Ayuntamiento recoge el botín con un aspirador.

 En 2016, según el último informe de Caritas, se recaudó casi un millón y medio de euros.

 El uso que se dará a las próximas colectas es incierto.

 Desde el pasado octubre, el Ayuntamiento y el ente benéfico de la Conferencia episcopal italiana andan a vueltas con este asunto.

 Entonces, la junta municipal decidió que este 1 de abril terminaría el histórico convenio y el dinero lo utilizaría directamente el consistorio, para “financiar proyectos de asistencia y solidaridad”.

 El pasado miércoles, a apenas tres días del vencimiento del plazo, la alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, dio un paso atrás y prorrogó in extremis el acuerdo con la organización hasta el final de este año.

 Mientras tanto, un grupo de trabajo estudiará qué hacer y cómo repartir el tesoro de la fuente. 

 Estos días, Caritas y el consistorio están manteniendo encuentros para buscar una solución.

 Ambos han rechazado realizar declaraciones hasta que la decisión sea definitiva 

El particular botín que cada año sale de las aguas de la Fontana di Trevi hasta ahora se ha traducido en camas en albergues para las personas sin hogar; comidas y cenas en comedores sociales; mantas para quien duerme en la calle o ropa y productos de primera necesidad para indigentes.

 Caritas sustenta en la capital una amplia red de estructuras para ayudar a personas en riesgo de exclusión social.

 Entre ellas destacan los llamados ‘supermercados de la solidaridad’, repartidos por la capital en los que las personas sin recursos pueden hacer la compra de forma gratuita; centros de orientación y formación para desempleados; espacios de atención y compañía para personas mayores o asistencia sanitaria a domicilio para enfermos de sida.

Un empleado del Ayuntamiento de Roma recoge algunas de las monedas arrojadas a la Fontana di Trevi, el 2 de mayo de 2011. 
Un empleado del Ayuntamiento de Roma recoge algunas de las monedas arrojadas a la Fontana di Trevi, el 2 de mayo de 2011. EFE
 
Especialmente estos días de Semana Santa, en los que miles de visitantes colman las calles de Roma, el rendimiento de la famosa fuente sigue en aumento.
 Entre todos los atractivos de la ciudad, la Fontana es uno de los más populares.
 Recibe unas 450.000 visitas al mes de media y 1.200 personas se detienen cada hora frente a ella en los momentos de máxima afluencia, según el portal de Turismo del ayuntamiento.
Como Laura Galeano y Sergio Teodoro, que han venido de Madrid a pasar sus vacaciones. 
Acaban de tirar su moneda al agua en medio de un avispero de turistas que hace lo mismo ajeno a la lluvia. 
 “Si la gente da desinteresadamente ese dinero de su ilusión, con la esperanza de que se cumpla un deseo y además sirve para ayudar a gente que lo necesita, mejor.
 El Ayuntamiento ya tiene suficiente con los impuestos como para subsanar sus gastos”, dice Galeano. 
“Yo al principio he pensado lo contrario. He visto algunas calles que están que dan pena, si lo invierten en limpieza, tampoco estaría mal.
 Un poco para cada cosa”, replica Teodoro. A pocos metros, Alba Elena se hace la foto de rigor con su grupo de amigas de Salamanca después de llevar a cabo el ritual de la moneda.
 Juntas comentan: “El problema sería si el dinero que el Ayuntamiento recoge va a parar a la ciudad o a otros menesteres. Si ahora se sabe que va a Caritas, está bien 
 

 

Sara Montiel, el pan y los hombres.................... Pablo de Llano

“Era una mujer ardiente, una mujer sexual que podía estar con el que quisiera”, recuerda Marianela Andino, quien fue su gran amiga al cumplirse cinco años de su muerte.

sara montiel Sara Montiel, en 1974. GETT

 Marianela Andino (Camagüey, Cuba, 1942) sostiene que Sara Montiel tuvo dos grandes pasiones en la vida: “La comida y los hombres”.

 Habla con el conocimiento de la cupletista que le dan los 45 años de íntima amistad que mantuvieron desde que la conoció en Miami en 1968 hasta su muerte, de la que se cumplen cinco años el próximo día 8 de abril.

  Andino se acercó a ella como fan y terminaron siendo “como hermanas”. 

 Viajaba siempre con Sara. Era su ayudante, su familia, su confidente. 

“Pasábamos mucho tiempo solas y me contó todos sus secretos”, dice, y añade con misterio:

 “Hay uno, el más grande, que ella me pidió que contara después de su muerte y con el que aún no he decidido qué hacer. 

Tiene que ver con Sara y un señor, español, ya fallecido. Si lo oyeras, no lo creerías”. 

En su casa de Miami tiene una habitación dedicada a los recuerdos de “Antonia”, como la llama por su nombre de pila. La señala, tan joven, “bella como un rostro de nácar”, riéndose con James Dean, fumando un puro con Marlon Brando, y se detiene en un retrato del actor italiano Giancarlo Viola.

 Si bien Saritísima decía a este diario en su última entrevista, en 2012, que el gran amor de su vida fue Severo Ochoa y que lo de ellos no fue posible porque no se veía “tomando el té con las esposas de los otros científicos”, Andino afirma que fue Viola. “Me decía que nunca había visto una cabeza tan bella, que acariciarle la cabeza a Gianca era algo formidable”.

Sara Montiel, en 2011.
Sara Montiel, en 2011. GTRESONLINE

 “Era una mujer ardiente, una mujer sexual a la que le gustaban mucho los hombres y que podía estar con el que quisiera”, dice Andino.

 “Pero el que más la quiso y más la cuidó fue Pepe Tous”, el empresario mallorquín con el que estuvo casada hasta que falleció en 1992 por un fulminante cáncer de colon.

 “Sara se desmoronó después de su muerte y me fui a Palma con ella un año.

 Eran días enteros de llanto. 

Yo dormía con ella en su cama. Una madrugada me desperté y se había levantado. 

Hacía frío y me la encontré en la terraza gimiendo envuelta en una manta”. 

Andino cuenta que Sara Montiel no soportaba la soledad. “No quería dormir sola, ni viajar sola ni tan siquiera comer sola”, recuerda. “Un día en Nueva York se partió una muela comiendo pollo y cuando el dentista se la iba a arreglar dijo: “Ven, Nelita, dame la mano”.

 También tenía “pánico a la oscuridad”. 

Por las noches, dice su amiga, la protagonista de El último cuplé y La violetera requería que quedasen encendidas las lámparas de las mesillas de noche y hasta la luz del baño.

 Era una mujer de carácter, pero vulnerable. “Pepe siempre me decía: 'Nunca dejes sola a Antonia”. 

Y antes de que enfermase ya se preocupaba de qué pasaría si él se moría, si ella despilfarraría todo en dos o tres días o si vendría alguien a engañarla”. 

Tous era, además, el guardián de la figura de la actriz. Procuraba mantenerla siempre a distancia del pan, el otro gran amor de Sara Montiel. 

“Comer para ella era la vida”, cuenta Marianela. “Mi madre no se podía olvidar de guisarle una ropa vieja con frijoles cuando venía a Miami”.

Marianela Andino, en su casa de Miami.
Marianela Andino, en su casa de Miami.
“Cuánto la echo de menos”, suspira su amiga. 
Sonríe cuando recuerda la confianza con la que se intercambiaban insultos; o lo que le gustaba a Sarita el jabón de Estados Unidos para lavarse la cara; o cómo utilizaba simplemente aceite de oliva para sacarse el maquillaje; o aquella vez en Palma en que se presentó con los pechos al aire ante la cuadrilla de albañiles que estaba reformando su cocina. “Pepe le hizo señas para que se tapase, y ella solo se puso una mano en cada teta”.
Marianela Andino dice que Sara Montiel, nacida en una familia humilde de un pueblo manchego, era una mujer orgullosa de sus raíces.
 “Me preguntaba si yo la consideraba una mujer de pueblo. Yo le decía que sí y ella me lo volvía a repetir: '¿Verdad que yo soy una mujer de pueblo?”.
 Una faceta que convivía con la de los lujos de estrella. “Tenía un collar de brillantes y esmeraldas tan grande que le llamábamos el babero”, comenta Andino.
 Un cuadro de la actriz medio desnuda y abrazada a una guitarra española preside el descansillo de las escaleras de su casa. 
Ella lo mira y repite una frase de su amiga: “Nelita, yo no soy buena actriz, pero mi belleza rompe esquemas”. 

 

El drama de los ancianos abandonados por sus familias en un hospital

La falta de espacio o el exceso de trabajo son algunas de las excusas que ponen quienes no quieren recoger a sus mayores una vez dados de alta.

ancianos abandonados
Ancianos, en un centro hospitalario.

Algunos alegan que la casa en la que viven es pequeña.
 Otros, que tienen mucho trabajo y nada de tiempo. 
Y algunos ni siquiera se molestan en poner una excusa: directamente no responden a las llamadas. 
La sala de Urgencias del Hospital General de La Palma se ha convertido en un lugar utilizado por familiares que abandonan a sus mayores cuando les resultan un estorbo en casa. 
Allí los dejan para no volver a por ellos. 
En el centro hay ahora cuatro ancianos en esa situación, aunque la media habitual oscila entre los 10 y 20.
El modus operandi se repite la mayoría de las veces.
 Un día aparecen por el hospital con el anciano por alguna patología aguda que este ha sufrido, desde un ictus a una insuficiencia cardíaca.
 Durante el proceso de curación, el personal del centro se da cuenta de que los familiares no vienen a visitarlo, o que lo hacen muy poco. 
La confirmación de las sospechas de que ha sido abandonado se produce cuando días o semanas después le dan el alta médica y administrativa al paciente y nadie viene a recogerlo.


“Hay gente que no puede hacerse cargo de ellos porque también son dependientes, pero otros casos son sangrantes”, se queja el gerente del centro y de los Servicios Sanitarios de La Palma, José Izquierdo, quien ha visto cómo el hospital que dirige ha sido noticia en varios medios de comunicación por esta situación, aunque aclara “que no solo se da aquí sino en todos los hospitales de Canarias y de España, porque la población de nuestro país es cada vez más mayor”.
 Explica que ha denunciado ante la Fiscalía algunos de los casos para su tramitación como delito de abandono.
Sin embargo, el éxito ha sido escaso, “tanto porque esa figura penal no está muy bien regulada como porque tampoco se puede hablar propiamente de que se dé en estos supuestos, al estar el mayor siendo atendido en un centro hospitalario”, apunta.
Comienza entonces el proceso de búsqueda de una plaza en un centro sociosanitario, labor en la que el Gobierno de Canarias, el Cabildo insular y los ayuntamientos palmeros trabajan en conjunto. Con una población cada vez más envejecida en la isla y un número de plazas limitadas a unas 300, el proceso puede prolongarse desde unos meses hasta casi un año. 
En no pocas ocasiones, además, las familias que los han abandonado, al haber obtenido previamente la declaración de incapacidad de los ancianos, se quedan disfrutando de su pensión y sus propiedades, mientras las entidades públicas afrontan el coste de la plaza sociosanitaria de estos, que asciende a unos 3.000 euros mensuales cada una.
 Por eso, Izquierdo reclama una mejor regulación que obligue a devolver al mayor aquello que le pertenecía en caso de que sus familiares no se comprometan a atenderlo.
En lo que se prolonga ese periodo hasta su reubicación, el funcionamiento normal del hospital se ve alterado.
 Operaciones que han de ser pospuestas por falta de camas —ocupadas por los ancianos— y aumento de las listas de espera son las principales consecuencias. 
“Tenemos que hacer equilibrios constantes”, añade el gerente.
Pese a todo, esta semana es “de bonanza” en el centro, indica Izquierdo.
 Solo cuatro ancianos frente a los 12 que atendían hace solo unos días atrás, cifra bastante más cercana a la habitual durante todo el año, que ronda el 10 por ciento de las 200 camas con las que cuenta el Hospital General de La Palma.
 Los mayores abandonados aquí suelen tener entre 70 y 85 años. Uno de ellos, de 87, lleva internado desde mayo de 2017, cuando entró por Urgencias por un problema de salud puntual ya resuelto. Es una persona con autonomía que solo necesita de alguien que le recuerde tomar la medicación a su hora y le ayude a preparar la comida. 
Se sincera con una empleada del centro (que prefiere guardar el anonimato) a la que cuenta que no entiende por qué sus hijos no lo vienen a buscar.
 “Dice que no entiende lo que pasa. Que trabajó toda la vida y que tiene su casa.
 Llora mucho. 
Y lo que pide es que le saquen del hospital porque es un ‘sitio feo’ en el que ve mucha gente ‘que se va, que se muere’ ”.

 

Robert Royal, fotoperiodista de la Transición

El estadounidense mostró a los medios de EE UU y Reino Unido el final del franquismo y el comienzo de la democracia española.

El fotoperiodista estadounidense Robert Royal expone medio centenar de fotografías tomadas, sobre todo, al final del franquismo y comienzo de la Transición. Las imágenes pueden verse en el Centro Internacional de Prensa, en Madrid. En la foto, el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, en 1981.El fotoperiodista estadounidense Robert Royal expone medio centenar de fotografías tomadas, sobre todo, al final del franquismo y comienzo de la Transición. 

Las imágenes pueden verse en el Centro Internacional de Prensa, en Madrid.

 En la foto, el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, en 1981.

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    El fotoperiodista estadounidense Robert Royal expone medio centenar de fotografías tomadas, sobre todo, al final del franquismo y comienzo de la Transición. Las imágenes pueden verse en el Centro Internacional de Prensa, en Madrid. En la foto, el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, en 1981.
  • Tras la muerte de Franco, llegaron a la política española nuevos líderes, como el secretario general del PSOE, Felipe González, retratado aquí por Royal en 1977.Tras la muerte de Franco, llegaron a la política española nuevos líderes, como el secretario general del PSOE, Felipe González, retratado aquí por Royal en 1977.

  • El fotoperiodista estadounidense Robert Royal expone medio centenar de fotografías tomadas, sobre todo, al final del franquismo y comienzo de la Transición. Las imágenes pueden verse en el Centro Internacional de Prensa, en Madrid. En la foto, el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, en 1981. 
    El fotoperiodista estadounidense Robert Royal expone medio centenar de fotografías tomadas, sobre todo, al final del franquismo y comienzo de la Transición. Las imágenes pueden verse en el Centro Internacional de Prensa, en Madrid. En la foto, el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván, en 1981.
  • Tras la muerte de Franco, llegaron a la política española nuevos líderes, como el secretario general del PSOE, Felipe González, retratado aquí por Royal en 1977. 
    Tras la muerte de Franco, llegaron a la política española nuevos líderes, como el secretario general del PSOE, Felipe González, retratado aquí por Royal en 1977.
  • Royal siguió como corresponsal gráfico hasta que hace unos años decidió abrir un estudio publicitario. En la imagen, Manuel Fraga Iribarne, en 1981.
    • Retrato del modista Manuel Pertegaz.
      Retrato del modista Manuel Pertegaz.
    Royal siguió como corresponsal gráfico hasta que hace unos años decidió abrir un estudio publicitario. En la imagen, Manuel Fraga Iribarne, en 1981.
  • Josep Tarradellas, cuando fue proclamado presidente de Cataluña, en 1977, acompañado por el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez y el ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa.Josep Tarradellas, cuando fue proclamado presidente de Cataluña, en 1977, acompañado por el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez y el ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa.