Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

29 dic 2017

Jane Birkin, el mito erótico se hizo actriz.................... Álex Vicente....

La Cinemateca Francesa reivindica su trayectoria como intérprete a través de una retrospectiva integral de sus películas.

Retrato de Jane Birkin en los sesenta.
Retrato de Jane Birkin en los sesenta. Getty
La voz tenue y conmovedora de Jane Birkin, esa mujer inmersa en una emoción casi siempre rayana con las lágrimas, ha logrado eclipsar una destacada trayectoria en el cine, donde fue un icono erótico y pop antes de convertirse en una interesantísima actriz e incluso en directora ocasional.
 Para rendirle justicia, la Cinemateca Francesa le dedica una retrospectiva integral de sus películas hasta el 11 de febrero.
 El conjunto dibuja algo muy parecido a una emancipación. 
A lo largo de las décadas, Birkin dejó de colocarse a la sombra de los hombres con los que compartió su vida.
 El principal fue Serge Gainsbourg, a quien conoció rodando la semiolvidada Slogan, y que la dejó reclusa durante años en la incómoda categoría que ocupan siempre las musas. 
Pero Birkin terminó abrazando papeles de una gran complejidad dramática, que revelaron un potencial como intérprete en el que no parecía creer ni ella misma.
La actriz y cantante británica, que acaba de cumplir 70 años, abrió la semana pasada el ciclo con un emotivo discurso en un francés todavía imperfecto, pese a llevar cinco décadas en París. 
"Gracias a los directores que se sirvieron de mí y me hicieron un lugar entre personas a las que no creía poder tener acceso”, dijo con su voz titubeante, vestida con ropa de hombre y un par de tallas demasiado grande.
 Birkin tuvo un recuerdo especial para “los dos Jacques”, Rivette y Doillon.
 Especialmente el segundo, quien sería su compañero durante los ochenta. 
“Gracias a él, me tomaron en serio por primera vez”, afirmó.

 

Jane Birkin en 1975.
Jane Birkin en 1975. Cordon Press
Su carrera en el cine habrá estado ligada a distintas metamorfosis. “Nos apetecía volver a analizar su recorrido y juntar sus películas para que sobresaliera la singularidad de una trayectoria que no se parece a ninguna otra”, explica el director de la Cinemateca Francesa, Frédéric Bonnaud.
 Hija de un comandante de la Royal Navy y de la actriz Judy Campbell, Birkin se instaló en Francia tras separarse del compositor John Barry en 1968. 
Al principio, sus papeles en el cine no tenían ni nombre.
 Fue “la chica de la motocicleta” en El knack, de Richard Lester.
 Y encarnó a “la rubia” en Blow up, de Michelangelo Antonioni, que le valió la fama en pleno Swinging London.
 “Provocó un miniescándalo, porque aparecía desnuda durante veinte segundos…”, protestó ante Agnès Varda en el documental Jane B. por Agnès V.
 Le seguirían la sensual La piscina, de Jacques Deray, y la sulfurosa Cannabis, de Pierre Koralnik, recordada por sus escenas de orgía.
En los albores del Mayo del 68, aquellos papeles fijaron su imagen pública, convirtiéndose en “un cuerpo erotizado”, como apunta el programador del ciclo, Bernard Payen.
 Pese a todo, Birkin fue un peculiarísimo sex symbol, “de silueta totalmente andrógina y el pelo muy corto, confundida por un chico por Joe Dallessandro”, en Je t’aime moi non plus, dirigida por Gainsbourg (e inspirada en la tórrida canción que compuso, originalmente, para Brigitte Bardot). 
A partir de los setenta, Birkin tomó una dirección inesperada: la del cine comercial.
 Directores como Claude Zidi o Patrice Leconte, que supieron sacar partido a su supuesta ingenuidad en distintas comedias. 
“Cuando Zidi me entregó el guion, le dije que era para alguien como Bardot, para una estrella de verdad. Él me respondió: “Al final de esta película, tú también serás una estrella”.
 Y tenía razón, porque me convertí en alguien popular.
 Ya no era solo la chica sexy que aparecía desnuda en la portada de Lui —Dios sabe cuántas veces aparecí en ella…—, sino también un personaje conocido”, recordó la semana pasada.
Retiro y regreso
Birkin supo encarnar más de un único papel.
 Georges Franju, figura central del cine fantástico francés, solía decir que ningún otro rostro lograba “expresar tan intensamente el pánico” como el suyo. 
La parte más interesante de su carrera en el cine llegó a partir de los ochenta, junto a Doillon y Rivette.
 Este último le regaló el que tal vez sea su mejor personaje: Liz, la compañera del gran pintor que protagonizaba La bella mentirosa, sustituida por una modelo más joven y voluptuosa, a quien encarnó Emmanuelle Béart.

En los últimos años, su presencia en el cine se ha vuelto más discreta. 
En 2007 dirigió Boxes, su primer filme como realizadora, que relataba la historia de una mujer con tres hijas de tres hombres distinto, igual que la propia Birkin en la vida real.
 Le siguió su última colaboración con Rivette en 36 vues du Pic Saint-Loup y una más con otro de sus viejos aliados, Bertrand Tavernier, en Crónicas diplomáticas - Quai d’Orsay
El suicidio de su hija Kate, en 2013, la partió en dos y provocó un retiro temporal.
 Su regreso por la puerta grande tendrá lugar a finales de marzo, cuando publicará su nuevo álbum, Birkin/Gainsbourg (Warner), donde reinterpretará con una orquesta sinfónica las grandes canciones compuestas por el padre de su hija Charlotte.

Charlotte Gainsbourg: “No tengo el talento de mi padre ni la belleza de mi madre”

Charlotte Gainsbourg: “No tengo el talento de mi padre ni la belleza de mi madre”
Charlotte (la más pequeña) de vacaciones en Normandía con su hermanastra, Kate, y sus padres, Serge Gainsbourg y Jane Birkin.
Charlotte (la más pequeña) de vacaciones en Normandía con su hermanastra, Kate, y sus padres, Serge Gainsbourg y Jane Birkin.
No hay que ser bilingüe para entender que este es un disco sobre la muerte
. “Pero también sobre la vida, porque yo sigo aquí. Es un álbum sobre el dolor que provoca la muerte y sobre el arrebato vital que viene después”, resume Gainsbourg. 
“Al llegar a Nueva York, logré recuperar el apetito por la vida.
 Seguía obsesionada con la muerte de mi hermana, pero existía una distancia que la convertía en algo menos real y concreto”.
 Pese a todo, no le gusta ver su disco como una terapia.
 “Es un proyecto artístico y no un proceso de curación.
La actriz y cantante Charlotte Gainsbourg, durante una actuación en Londres en 2010.
La actriz y cantante Charlotte Gainsbourg, durante una actuación en Londres en 2010.
Sus complejos se pronuncian, precisamente, en lo físico. Tal vez porque, en su casa, la hermosura interior era solo una milonga a la que los feos del mundo recurrían para consolarse.
 “Fui educada con la idea de que la belleza física tenía una gran importancia.
 Es algo que les recrimino a mis padres. 
Era lo único que contaba, sobre todo para las mujeres.
 Tal vez había algo misógino en ello: lo primero era ser guapa y después venía el resto”, recuerda. 
A los 12 años, pidió a sus padres que la metieran en un internado.
 “Necesitaba un marco más sólido. Mi casa era demasiado caótica”, recuerda. 
Con el tiempo ha entendido que no todo fue malo.
 Su padre le enseñó lo que era “la exigencia, hasta llegar a extremos un poco maniacos”,
 mientras que su madre, hija de un militar británico, que popularizó el destape en Francia antes de consolidarse como una de las intérpretes más fascinantes de su generación, le terminó legando su modestia.
 La frase que más veces le repitió de pequeña fue: “No te lo tengas creído”.
 Especialmente, después de que se convirtiera en una adorada estrella juvenil gracias a su primer gran éxito, L’effrontée, de Claude Miller, en 1985.
 “Hoy sigue siendo la característica que más me irrita en los demás: la petulancia de quienes alcanzan el éxito.
 No me parece un rasgo de carácter bonito”, suscribe Gainsbourg.

Su padre le enseñó lo que era “la exigencia, hasta llegar a extremos un poco maniacos”
Durante su juventud, la joven Charlotte se buscó sin encontrarse.
 A los 13 años, tras regresar de su internado, se apasionó por la religión de sus ancestros paternos, askenazíes rusos emigrados a Francia a comienzos del siglo pasado.
 Decidió convertirse entonces en “una judía secreta”. 
“Iba sola a una sinagoga liberal de París y celebraba Yom Kipur conmigo misma. 
Me compré un libro de plegaria con transcripción fonética para poder rezar en hebreo, aunque no entendiera nada de lo que decía”, dice poniendo los ojos en blanco.
 “Me sentía ofendida cuando me recordaban que nunca sería judía porque mi madre no lo era.
 Gran parte de mi familia era profundamente antirreligiosa, pero yo necesitaba formar parte de algo”, recuerda.
 Ese brote de religiosidad coincidió con la muerte de su abuela, una de las pocas supervivientes de una familia donde había muchos más muertos de los que creía. 
“En mi casa se hablaba mucho de la guerra, pero sus relatos eran felices.
 Me costó mucho tiempo entender que, si se ponían así de alegres, era solo porque eran los únicos que habían logrado permanecer con vida”, explica.
 Por otra parte, su padre también tenía insospechadas aristas trágicas. 
Su nombre real era Lucien Ginsburg y ocultó, casi hasta el final de su vida, que un director de orquesta le salvó la vida al esconderlo en la Francia profunda para escapar del asedio de los nazis. 

Para su padre, Charlotte fue la niña de sus ojos.
 Para algunos, su relación fue incluso limítrofe con la pasión.
 Con su cáustico sentido del humor, que hoy le costaría alguna que otra condena judicial, Gainsbourg le escribió y le hizo cantar Lemon Incest, donde aludía con ambigüedad al amor imposible entre un padre y una hija. 
La Francia de los ochenta se estremeció ante la mayor provocación de Gainsbarre, la última encarnación del compositor: una especie de doble bronquista que deambulaba por los platós televisivos quemando billetes de 500 francos y proponiendo sexo en directo a una incrédula Whitney Houston.
 Su hija entiende la reacción, pero la considera desproporcionada.
 “Nunca ha habido ninguna duda sobre lo que dice la letra de esa canción.
 Mi padre habla de un amor no consumado.
 Me parece una pena que no se pueda hablar de ciertos temas, incluso cuando son graves.
 Creo que hoy sería imposible grabar una canción como esa”, lamenta.
 ¿Vivimos en un tiempo más puritano que hace tres décadas? “Sí, más puritano y más aséptico. 
Hoy todo debe ser biempensante y políticamente correcto”, denuncia con una mueca de hastío.
 Pero luego añade una apostilla inesperada viniendo de la hija de los dos adalides de la revolución sexual en Francia: “A la vez, de este clima ha surgido la posibilidad de que las mujeres se expresen y digan que hay cosas que no son normales.
 Si los escándalos sexuales de los últimos meses se hubieran destapado hace 30 años, ¿nos los habríamos tomado tan en serio como ahora?”.

En la película que la convirtió en una estrella juvenil, L’effrontée (1985).
En la película que la convirtió en una estrella juvenil, L’effrontée (1985).
Gainsbourg se dice preocupada por el alcance de los abusos y vejaciones en la industria para la que trabaja, aunque asegura que no los ha sufrido en primera persona. “No lo he vivido, pese a haber trabajado con Harvey Weinstein y con Brett Ratner. 
Y sé que Lars von Trier también ha sido atacado. 
Solo puedo decir que a mí nunca me hizo nada. Jamás”, afirma sobre el director danés, al que sigue agradeciendo que le diera los papeles protagonistas de Anticristo, Melancolía y Nymphomaniac.
 Sin embargo, tras sus respectivos rodajes, no dudó en señalar lo duro que es enfrentarse a Von Trier. 
“La escena final de Melancolía fue insoportable. Lars me torturó, pero fui yo quien se lo pidió”.
 Hoy reivindica esos papeles como su mejor experiencia en una carrera que también la ha llevado a trabajar con Todd Haynes, James Ivory, los hermanos Taviani, Patrice Chéreau, Michel Gondry, Alejandro González Iñárritu y Roland Emmerich.
 “Siento empatía hacia esas mujeres, es un asunto grave, aunque yo no haya tenido esa experiencia”. 
Afirma, pese a todo, que la seducción no desa­parecerá en la relación que un cineasta mantiene con sus intérpretes. Tampoco le parece intrínsecamente mala. 
 “Un director que te escoge para un papel siente un deseo. Y todo intérprete, sea hombre o mujer, utiliza todos sus encantos para entrar en ese juego.
 Lo inaceptable y lo terrible es que eso se convierta en una lucha de poder y en una voluntad de sumisión.
 Podemos trabajar en condiciones que no sean sucias”, concluirá antes de llevar su mar de fondo, inesperadamente agitado, hacia otro lugar. 

Muere Carmen Franco, la única hija del dictador, a los 91 años

Madre de siete hijos, anunció este verano que padecía cáncer en fase terminal.

Carmen Franco, en una imagen de noviembre de 2015.

 

Carmen Franco, la única hija del dictador Francisco Franco (1926-1975), ha muerto este viernes de madrugada en Madrid a los 91 años, según ha informado su nieto Luis Alfonso de Borbón y su biógrafa oficial, la periodista Nieves Herrero. 
"Dios se ha llevado a Man (d.e.p.), pero ella no se ha ido: la tendré siempre en mi corazón", ha anunciado quien era su nieto favorito (vivieron muchos años juntos) en su perfil de Instagram utilizando el nombre con el que la llamaban algunos familiares y difundiendo una fotografía con ella de cuando ambos acudieron a la boda de Felipe de Borbón y doña Letizia, en mayo de 2004.
 "Siempre serás mi súper abuela, mi segunda madre, uno de mis pilares y mi ejemplo a seguir",
 añadía su mensaje. 
Herrero ha destacado en una entrevista en Onda Madrid que ha muerto tal y como quería, "en su casa y en su cama".
Carmen Franco padecía un cáncer terminal que le fue detectado este verano y, horas antes de su fallecimiento, su hija Carmen Martínez Bordiú confirmó el agravamiento de su estado de salud. Desde este jueves por la mañana, se habían acercado al domicilio de la duquesa de Franco, ubicado en la calle de los Hermanos Bécquer, en el distrito de Salamanca, diversos familiares y amigos, entre ellos dos de sus hijas, Mariola y Carmen, y su nieta Cynthia Rossi.

Carmen Franco, en una imagen de noviembre de 2015.

Carmen Franco
Imagen del dictador Francisco Franco junto a su hija, Carmencita, y su esposa, Carmen Polo.
Bautizada como María del Carmen Ramona Felipa de la Cruz, conocida como Nenuca o Carmencita, nació en Oviedo el 18 de septiembre de 1926 y estudió el bachillerato con una profesora teresiana, pero nunca llegó a examinarse oficialmente. 
Vivió en varios lugares debido a la carrera militar de su padre, hasta que en 1935 Franco fue nombrado jefe del Estado Mayor Central y se trasladó a Madrid.
 A los pocos meses se fueron a Canarias, donde por miedo a posibles atentados llevó una vida reservada que nunca abandonó del todo.
 En julio de 1936, al comienzo del golpe de Estado, su padre ordenó su embarque junto a su madre en el vapor de bandera alemana Waldi, que las trasladó a Francia. 
Allí vivió bajo el nombre de María Teresa Martínez-Valdés.



Carmen Franco padecía un cáncer terminal que le fue detectado este verano y, horas antes de su fallecimiento, su hija Carmen Martínez Bordiú confirmó el agravamiento de su estado de salud. Desde este jueves por la mañana, se habían acercado al domicilio de la duquesa de Franco, ubicado en la calle de los Hermanos Bécquer, en el distrito de Salamanca, diversos familiares y amigos, entre ellos dos de sus hijas, Mariola y Carmen, y su nieta Cynthia Rossi.


A su regreso a España, y tras vivir por poco tiempo en dos palacios, en Salamanca y después en Burgos, la familia Franco se instaló en octubre de 1939 en Madrid; primero en el castillo de Viñuelas y después en El Pardo, su residencia desde marzo de 1940 hasta la muerte del dictador en 1975.
Carmen Franco
Carmen Martínez-Bordiú y su madre, Carmen Franco, en octubre de 2014.
 Madre de siete hijos junto a Cristóbal Martínez-Bordiú (con quien se casó en abril de 1950), la hija de Franco anunció este verano que padecía cáncer en fase terminal. 
Seguía siendo la presidenta de honor de la fundación nacional Francisco Franco, creada para ensalzar la figura del "Generalísimo, Caudillo por la gracia de Dios", quien llegó al poder en 1936 tras la Guerra Civil y se mantuvo en él hasta su muerte en 1975.
 En las largas conversaciones mantenidas con Herrero para una biografía autorizada, (Carmen. El testimonio novelado de la hija de Franco. Una mujer testigo de la Historia, presentada el pasado mes de noviembre), Carmencita, como era también conocida, se negaba a juzgar a su padre, eso se lo dejaba a la Historia.
 "Cuando me dicen que fue un dictador no lo niego pero tampoco me gusta porque me lo suelen decir como un insulto.
 Sin embargo, a mí no me suena tan mal", dijo.
 Hasta el año pasado, cuando ella salía de una misa en recuerdo de su padre, los asistentes hacían el saludo fascista en el exterior de la iglesia, en pleno Madrid.
Alejada del foco mediático en los últimos años, en noviembre de 2015, con motivo del 40º aniversario de la muerte de Francisco Franco, rememoró su imagen. 
"Creo que a los muertos hay que dejarlos en paz, en su sitio" manifestó a raíz de la polémica por el traslado de los restos del general Franco del Valle de los Caídos.
Carmen Franco
Carmen Franco y Cristobal Martínez-Bordiú con sus hijos.
Durante sus últimos meses, Carmen Franco se ha rodeado de sus nietos y bisnietos, que no la han dejado sola en ningún momento. Un día más, Luis Alfonso de Borbón, acompañado de su mujer Margarita, acudía este jueves al domicilio de su abuela para estar con ella en un día en el que recibió la extremaunción.
 Allí se encontró con su hermana Cynthia Rossi que ha viajado estos días a España para estar con su familia en estos delicados momentos.
 Así como también con su madre, Carmen Martínez-Bordiú, la hija mayor de Carmen Polo y la más mediática de la familia Franco. Francis Franco, otro de sus hijos, fue de los últimos en abandonar el domicilio de Carmen. 
También acudía a su casa en el madrileño barrio de Salamanca Marisa de Borbón, gran amiga de Carmen Martínez-Bordiú, que quiso acompañarla en estos difíciles momentos
La pregunta tras la muerte de María del Carmen Franco Polo, duquesa de Franco (título que le dio el rey Juan Carlos), marquesa viuda de Villaverde y Grande de España, es qué pasará con los negocios y propiedades de la familia (la mayor parte de los que ella era la titular como única heredera del dictador que fue).
 Hay quienes le calculan a los Franco una fortuna superior a los 500 millones de euros. 
Además, habrá que ver qué sucede con los títulos nobiliarios que ostenta.

Carmen Franco
Carmen Franco el pasado 23 de noviembre, en la última foto que hay de ella.
Su deceso se produce un día después de que el Juzgado de Primera Instancia número 41 de Madrid hubiese admitido a trámite la demanda civil presentada por el Ayuntamiento de Santiago de Compostela para recuperar las estatuas del Isaac y Abraham, obras del Mestre Mateo.
 Tras la noticia de su muerte, y según han confirmado a Europa Press fuentes del Consistorio gallego, los servicios jurídicos abren ahora dos posibilidades: si la fallecida hubiese recibido ya la notificación del Juzgado de Primera Instancia número 41 de Madrid, la demanda pasa automáticamente a sus herederos; si no tuviese la notificación todavía, habría que realizar un trámite jurídico para trasladarla a sus herederos.
Además, esta no es la única situación polémica de los Franco en Galicia, ya que este verano volvió a la palestra el Pazo de Meirás, en donde la familia sigue disfrutando estancias de verano en un inmueble declarado bien de interés cultural desde 2011 y que tiene que ser abierto al público.
 Un objeto de polémica porque la Fundación Nacional Francisco Franco afirmó que utilizaría las visitas guiadas para ensalzar la figura del dictador.

Detenido el principal sospechoso de la desaparición de Diana Quer por otro intento de secuestro

La Guardia Civil lo ha arrestado en la comarca en la que se perdió la pista de la joven madrileña en agosto de 2016.

 

Diana López-Pinel, la madre de Diana Quer, en una imagen de archivo.
El que fue principal sospechoso de la desaparición de la joven madrileña Diana Quer en A Pobra do Caramiñal (A Coruña), un caso cerrado judicialmente el pasado abril por falta de avances, ha sido detenido este viernes en Boiro, un municipio de la comarca donde se perdió la pista de la muchacha el 22 de agosto de 2016. 
La Guardia Civil lo ha arrestado a él y a una mujer de la que es pareja en relación con el intento de robo y secuestro a una chica el pasado lunes por la noche. 
La descripción física que dio la víctima, a la que intentó meter en el maletero de un coche, ha propiciado su captura, según fuentes policiales. 
El extraño suceso en la zona donde se perdió la pista de la joven madrileña ha hecho saltar las alarmas en la Guardia Civil. 
 El hombre está acusado de intentar robarle el móvil a la joven el pasado lunes amenazándola con un cuchillo.
 Según el testimonio de la víctima, el agresor le ordenó que se metiera en el maletero de su propio coche, pero ante los gritos de ella, que fueron escuchados por una pareja que pasaba por allí, salió huyendo.
 La Delegación del Gobierno en Galicia ha confirmado que agentes de la UCO procedentes de Madrid se han desplazado a A Coruña para “profundizar en líneas de investigación ya abiertas”.

El hombre ha sido detenido junto a su pareja, de quien la Guardia Civil sospecha que podría tener información sobre lo ocurrido. 
 Él fue uno de los principales señalados por los agentes tras la desaparición de Diana Quer el 22 de agosto de 2016, según han confirmado fuentes policiales, durante unas pesquisas que dieron pie a decenas de interrogatorios.
 Las investigaciones se centraron en parte en personas con antecedentes en el trapicheo de droga en la comarca de O Barbanza.
Tras la detención, los agentes se han desplazado hasta la casa del hombre, ubicada en la parroquia de Taragoña (Rianxo) y han procedido a su registro.
 La Guardia Civil ha confirmado que el arrestado será trasladado a la Comandancia de A Coruña para su interrogatorio.
El pasado julio los investigadores lograron desbloquear el teléfono de Diana Quer, que fue hallado por un mariscador en la ría tras ser arrojado desde un puente la noche de la desaparición.
 Los agentes lograron acceder a la información del terminal gracias a una empresa privada pero no obtuvieron datos de relevancia.