Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

11 dic 2017

El día que Picasso regresó a la playa de Málaga....... Esperanza Codina

Antonio Banderas se estrena en el rodaje de la serie ‘Genius’, en la que interpreta al pintor, con una escena ambientada en 1939.

Antonio Banderas caracterizado como Pablo Picasso en la serie 'Genius'.
Antonio Banderas caracterizado como Pablo Picasso en la serie 'Genius'.
Picasso se ríe con cierto desdén. 
Está leyendo la prensa y Dora Maar, tumbada junto a él sobre una toalla en la playa de Antibes, en la Costa Azul francesa, le pregunta qué es tan divertido. 
“Mi buen amigo, el Caudillo, Generalísimo Francisco Franco, ha ilegalizado el divorcio en España”, replica el artista.
 Es 1939, poco después del final de la Guerra Civil. La pareja de amantes inicia un diálogo sobre la conveniencia o no del matrimonio que evidencia su complicidad y se besa. 
 Él le pide entonces a la fotógrafa regresar al hotel porque quiere pintarla.
No se trata, en realidad, de la playa de Antibes.
 Es La Misericordia, en Málaga, a primera hora de la mañana del pasado 1 de noviembre. 
La escena está incluida en la segunda temporada de la antología Genius, de National Geographic y Fox, dedicada a Pablo Picasso y en pleno rodaje.
 El estreno de la serie de televisión está previsto para el otoño de 2018.
 Y quien se pone por primera vez en la piel del pintor es Antonio Banderas.
 De malagueño a malagueño. “Por fin”, piensa caracterizado como el artista con camisa de lino beige, bañador con listas y pelo canoso con raya muy marcada por encima de la oreja derecha.
 La secuencia dura poco más de dos minutos y es la actriz Samantha Colley quien da vida a Dora Maar.
Banderas anhelaba interpretar a Picasso y era importante hacerlo en Málaga para lograr, de cierta forma, que el genio pudiera regresar a su ciudad natal. 
Se fue siendo un crío y no volvió más.
 Pero “las imágenes de un niño durante 10 años son muy poderosas y se quedan grabadas”, cuenta el actor a EL PAÍS. 
Este fue el argumento que utilizó para convencer al productor Ron Howard, y al creador de la serie y director, Ken Biller, de que había que rodar en la capital malagueña, que no estaba incluida inicialmente en la agenda de trabajo.
 “A mí me pasa. No puedo olvidarme de determinadas luces, formas, colores, sensaciones con mi familia.
 Con mi mamá, con mi padre. Agarrado de la mano de mi madre en la Semana Santa de aquí”, añade. 
Apenas tres días después de grabar la escena de Picasso con EL PAÍS como testigo, Banderas perdió a su madre, de 84 años.

La ciudad, protagonista

Banderas convenció a Biller. 
Visitó con él las localizaciones relacionadas con el pintor en la ciudad andaluza y el equipo estuvo tres días recreando la infancia del protagonista antes de trasladarse a Barcelona.
 La primera parada fue París y la última, Budapest, donde se graban ahora los interiores. 
Las imágenes de Málaga se centran en la casa natal, reconvertida en museo; la iglesia de Santiago, donde Picasso fue bautizado; la plaza de toros de La Malagueta, donde con siete años pintó su primer cuadro, un picador. 
Y la escena de la playa, un auténtico “regalo” para Banderas, de 57 años, uno menos de los que tiene su personaje en la secuencia.
 La transformación se produjo tras una sesión de dos horas de maquillaje.

El actor habla con pasión del complicado genio.
 De la persona y del artista.
 Conoce bien su obra y ha leído mucho sobre él.
 Cita varias veces Mi vida con Picasso, de Françoise Gilot, la mujer que sustituyó a Maar en el corazón del artista y madre de sus hijos Paloma y Claude.
 “Hay que saber leer entre líneas para tratar de encontrar a Picasso de la forma más justa posible con su vida”, argumenta.
 Y el mismo entusiasmo pone Banderas para relacionar al personaje con la ciudad de nacimiento de ambos. “¿Recuerdas Ciudadano Kane? ¿Te acuerdas de lo que era Rosebud, el trineo?”, pregunta. “Yo creo que Málaga es Rosebud para Picasso”, afirma.

 

Un formato nuevo que gusta al actor

Antonio Banderas como Pablo Picasso en 'Genius'.
Antonio Banderas como Pablo Picasso en 'Genius'.
Antonio Banderas interpreta a Picasso en Genius a partir de los 40 años.
 Era su personaje deseado y la oportunidad ha llegado para la televisión tras no lograrlo en el cine.
“Algunos factores cambian, pero a mí me favorecen, me gusta rodar rápido”, explica.
 Es su primera serie y destaca la “enorme” calidad de la producción.
 El equipo es el mismo de los 10 primeros capítulos de Genius, que narraron la historia de Albert Einstein
Banderas decidió bajar el ritmo de trabajo tras sufrir un ataque al corazón a principios de año y después de interpretar a Picasso, su mirada se dirige con ganas hacia el proyecto escénico, otro reto pendiente, que desarrollará en el Teatro Alameda de Málaga.
 Ha ideado un plan ambicioso, el edificio será rehabilitado y el actor espera abrir temporada en septiembre de 2019.
 “Me he metido en este lío maravilloso. 
 Lo mismo vengo aquí a arruinarme, pero no me importa”.

10 dic 2017

Risto Mejide: “Soy especialista en caer mal”......Luz Sánchez-Mellado

El presentador, que tiene en antena la nueva temporada de 'Chester', se define como un intruso en su trabajo.

Risto Mejide, en Madrid.
Risto Mejide, en Madrid.
Precedido por su reputación de altivo, soberbio y perdonavidas ajenas, Mejide sorprende en persona por su exquisita, impecable, incluso solícita cortesía. 
Llega a la hora, se pone a las órdenes, cero pamplinas, todo facilidades.
 Le acompañan, eso sí, dos asistentes más o menos personales y su esposa, la modelo Laura Escanes, de 21 años, a la que presenta como “mi pareja”, y a la que no puede dejar de mirar cuando se cruzan.
 Cierto que está en plena promoción de la nueva temporada de Chester (Cuatro, los domingos  las 21.30) y que, como buen publicista, sabe que la amabilidad con los medios le va en el sueldo. 
Pero su interés por el otro parece genuino y su talante, amabilísimo. Si se lo hace, el interesado y el amable, lo disimula fantásticamente. 
Pero no sería la primera vez que da gato por liebre al respetable.
Hola, colega, ¿cómo está?
Feliz, fenomenal, como nunca.
Cuánto me alegro. Pero lo de colega iba con segundas.
Ya. Ya me gustaría ser colega, pero no lo soy. Soy un intruso donde voy. 
Un publicitario que no estudió publicidad y un entrevistador que no estudió periodismo.
¿Un intruso o un impostor?
También, pero eso implica mentira y yo no miento.
 Lo que no soy es falso. En el 97 me pagaban 3.000 euros en un banco para trabajar como financiero y me fui a trabajar gratis a una agencia
.
O sea, le mueve solo la pasión.
¿Qué, si no? ¿Por qué te ríes?


O sea, le mueve solo la pasión.
¿Qué, si no? ¿Por qué te ríes?
Porque eso choca con los prejuicios que circulan sobre usted.
¿Qué prejuicios? Dispara.
Que es un chulo. Desmiéntalo.

No, eso no puedo desmentirlo. 
Me perseguirá toda la vida. Uno no puede decir que es humilde. En cuanto lo dice, deja de serlo. 
Además, soy especialista en caer mal a todo el mundo, lo sé. Algo habré hecho para ello, lo asumo.
¿Se le caen los prejuicios con sus invitados en sus entrevistas?
Yo también los tengo, ¿quién no? Pero un prejuicio es una oportunidad de actualización.
 Y al tener a alguien cara a cara dos horas, cambia mi opinión sobre él siempre, para bien o para mal.
¿Usa cuestionario previo?
Jamás. Si estás pensando en la siguiente pregunta, no escuchas.
 Me cuesta muchísimo escuchar, pero ese es mi único secreto, lo único que realmente hago ahí.
¿Necesitamos ser escuchados?
Siempre. Y tenemos los mismos problemas
. Queremos enamorarnos, ser felices. Trascendernos y transformarnos. 
Transformarnos en el sentido de evolucionar, realizarnos, sentir que haces algo por ti o por alguien. Y trascendernos, que lo que hagamos resuene en alguien, quien sea.
¿Una entrevista es de quien pregunta o de quien responde?
Una entrevista es un pacto, un deporte de equipo.
 Si el otro no decide ser generoso, te vas a ir de vacío, y tú lo sabes mejor que yo
. Pamela Anderson, por ejemplo, puso el foso y se me fue cruda.
¿Hay formas de vadear fosos, un gesto, una mirada un silencio?
Absolutamente.
 Un silencio puede ser una pregunta porque invita al otro a rellenarlo. Y una cara de póker: esa cara es la pregunta.
 Pero ahí sí que ha habido una evolución mía. He pasado de usar el bate de beisbol a la acupuntura.
 Esa es mi evolución como... no sé cómo llamarme, ya he dicho que soy un intruso: ni periodista, ni entrevistador, ni sparring...

 

Autodefínase, pues. Deme un titular de cinco palabras.
No, no voy a hacerte tu trabajo, colega, pero casi. Digamos que soy el tipo que está ahí sentado.
Pero ese tipo sentado es también una celebridad que ha sido noticia por su boda, por ejemplo.
Todos tenemos un escaparate que mostramos, y decidimos qué poner en él. 
Yo he decidido tener un escaparate pequeño, porque me dedico a esto y entiendo el interés, pero también tengo tienda y trastienda, y esas son solo mías.
En el escaparate, y usted lo sabe, se pone lo más vistoso.
Sí, y lo que más vende, puede ser, pero no siempre lo mejor.
Es sabido que una pregunta íntima suya, más allá del escaparate que ella decide mostrar, le costó un disgusto con Vanessa Martín. ¿Vale todo por un titular?
No. Hice mal. 
Traspasar esa línea roja me costó caro. No hay titular que merezca una amistad.

El sacerdote la confesó, la mató y 57 años después ha sido detenido

Durante años, la Iglesia bloqueó la investigación al padre John Feit por miedo a manchar su imagen en EE UU.

 
John Feit, el excura que asesinó y violó a una joven de 25 años en 1960.
Tenía 25 años, pelo negro y tez blanca. 
Irene Garza era de ascendencia latina, la primera en su familia en acudir a la universidad y condecorada con un premio de belleza en Texas, donde trabajaba como profesora para niños desfavorecidos. Católica devota, en la primavera de 1960, Irene acudió a la Iglesia del Sagrado Corazón en McAllen (Texas). 
Entró a confesarse. Nunca más se la volvió a ver. 
Dentro del templo había solo un joven cura, el padre John Feit. Este jueves, 57 años después, las autoridades le arrestaron por el asesinato de Irene.

Faltaban pocos días para la Pascua de 1960. 
Primero aparecieron sus zapatos. Luego su cuerpo, flotando en el agua de un canal de riego
. La autopsia halló que Irene había sido golpeada, asfixiada y violada, cuando ya estaba inconsciente. 
La policía no encontró suficientes pistas y no logró reconstruir la muerte de la joven. 
El único sospechoso, el padre Feit, ahora de 85 años de edad, afirmó que había dado confesión a la mujer antes de su muerte pero negó saber nada más de lo que había acontecido. 
El caso conmocionó al país.
Durante años, las autoridades presionaron a Feit, sospecharon de él y le interrogaron década tras década sin ningún resultado. Algunas pruebas eran claras.
 Los agentes descubrieron una nota escrita por Feit en el canal donde se localizó el cadáver. 
Un grupo de comulgantes afirmó que las manos del cura presentaban rasguños y heridas.
 Supuestamente, el padre también había tratado de atacar a otra joven en un iglesia distinta semanas antes.
 Se sometió a un detector de mentiras y suspendió. Pero nada de ello fue suficiente para arrestarle. ¿Por qué?
Una carta y el testimonio de otro cura, que salieron a la luz durante la vista oral, apuntan a la interferencia de la Iglesia.
 En 1960, el senador católico, John F. Kennedy, se postulaba a la presidencia del país.
 El sheriff local también buscaba la reelección de su puesto. Thomas Doyle, otro padre, leyó ante el tribunal una carta en la que varios líderes de la diócesis a la que pertenecía Feist señalaban el daño que podría hacer para la imagen de la iglesia y el candidato presidencial Kennedy si se culpabilizara a un cura de un crimen. Según el diario local The Monitor, la fiscalía del caso presentó estas pruebas como evidencia de la colusión entre las autoridades y la Iglesia para tapar el caso y estancar la investigación.

Tapado el caso, el misterio continuó hasta 2002. 
 Fue entonces cuando la policía de San Antonio recibió una llamada del excura Dale Tacheny.
 Durante su etapa en 1963 en un monasterio Trapista, otro padre le confesó que algunos años atrás había atacado y asesinado a una joven en Pascua.
 Identificó al cura: John Feit. Después de la confesión, le había agredido y ahogado.
 Tacheny dijo que no contó nada durante tantos años por respeto a la obligación religiosa.

Las complicaciones por el paso del tiempo, la muerte de testigos clave y la caducidad de las pruebas de ADN, retrasaron la reactivación de la investigación. 
Pero en febrero, Feit, ya retirado de su actividad espiritual, fue arrestado por el asesinato de Irene.
 La familia de la víctima no tenía esperanzas de que el juicio, por las citadas complicaciones, pudiera prosperar.
 Sin embargo, años después, un juzgado del pequeño condado Texano puso fin al misterio.
 Feist, descrito por la fiscalía como “un lobo disfrazado de cura”, escuchó el veredicto. 
El anciano que evitó la justicia durante décadas puede ser condenado hasta 99 años en prisión.

 

 

“No te vayas sin decirme adiós”........................ Elvira Lindo

La escritora Lea Vélez revindica la figura de su padre Carlos Vélez en 'La Olivetti, la espía y el loro'.

Carlos Vélez y Lea Vélez.
Carlos Vélez y Lea Vélez. EL PAÍS

 Viniendo yo de ese tipo de clase media de los 60 que revestía las estanterías del salón con las enciclopedias de las 7 maravillas del mundo y las novelas que iban marcando el Círculo de Lectores o la asequible editorial Reno, no puedo ni imaginar cómo hubiera sido mi infancia de haber crecido abrigada por paredes atestadas de libros, de haber tenido por casi familia a muchos de los intelectuales de esa época o de haber oído hablar en la cocina sobre Umbral, Semprún, Onetti, Múgica, Aranguren, Montserrat Roig o Borges como si fueran tíos lejanos.

 No sé cómo hubiera sido yo si hasta mi cama hubiera llegado el rumor de las reuniones de los amigos de unos padres que entendían la cultura como una causa común y como un medio de vida.

 Así fue la infancia de la escritora Lea Vélez. 

Y con mi extrañeza de niña de barrio, de clase media, de biblioteca rala y padres ajenos a la literatura pero hambrientos, eso sí, de una cultura que el franquismo les había negado, leo esta peculiar memoria, La Olivetti, la espía y el loro, que la autora empieza a concebir al encontrar en una mudanza cientos de cintas magnetofónicas que contienen las grabaciones en bruto del gran programa que fue Encuentros con las letras, dirigido por su padre, Carlos Vélez, de 1976 a 1982.

Construido este libro como una primorosa composición de patchwork en el que se intercalan transcripciones de entrevistas a Cortázar, Borges, Onetti, Cela, Roig, Sontag, Duras o Italo Calvino, entre muchos otros, reflexiones biográficas de la autora sobre el nacimiento de su vocación y conversaciones golosas con su madre, María Luisa Martín, es milagroso que el lector no se pierda; pero no, tiene Lea Vélez la disciplina de quien ha sido guionista y mantiene la tensión hasta el final, un final que coincide con las rastreras maniobras de baja política que arrebataron el programa a un señor que habiendo salido de familia y cultura falangistas creó el primer espacio de verdadera pluralidad cultural en la televisión pública.
Lea Vélez reivindica a su padre
. Cuenta con detalle las malas artes con las que fue apartado de un espacio televisivo que sin duda certificó el renacido interés por la cultura en España.
 "Encuentros con las letras" se veía mucho.
 Cierto es que no había más que dos cadenas, pero también que se vivía por aquel tiempo, y así yo lo observaba en mis padres, una necesidad activa por escuchar a aquellos protagonistas de la cultura que se expresaban en un idioma que no parecía el mismo, por cuanto rezumaba libertad de pensamiento, y una veneración hacia el poeta, el pensador o el político regresado del exilio. 
  Pero más allá de una relación nutrida de personajes que son entrevistados y se expresan con una hondura que ha sido desterrada del espacio público, encontramos lo que para mí es más curioso, por lo ajeno, ya digo, a mi propia biografía:
 el testimonio de quien ha crecido en una familia de intelectuales. La niña Lea se sentaba bajo la mesa de la cocina mientras su madre transcribía a máquina las entrevistas para luego hacer notas de prensa que enviar a los periódicos. 
Y ahora, en este libro, es la hija quien pone la grabadora delante de la madre para convertirla al fin en protagonista y que cuente cómo lo vivió todo. 
 María Luisa, una mujer con una fuerza narradora desbordante, describe con exactitud y mucha gracia cómo su marido y ella formaban equipo, cómo eran matrimonio y compañeros, colegas, leales y cómplices.
 La madre cocinaba, la madre conducía a los niños al colegio y al padre al trabajo, la madre escribía en la Olivetti, la madre emitía partes de prensa; la madre, ahora, es la memoria de la casa y retrata con finura aquella época tan rica en contradicciones como para que un hombre, considerado de izquierdas por la derecha y de derechas por la izquierda, tuviera la osadía de crear un espacio de libre debate a la vista de cualquiera.
 No fueron pocos los problemas con la censura, de eso podrían hablar Savater, Dragó o Arrabal, que protagonizaron algunos de aquellos capítulos, pero todos participaban del convencimiento de que cuanto más abiertamente se hablara, de política, de sexo, de comunismo o del proceso creativo, mejor.