Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

25 oct 2017

Por qué las mujeres son cada vez más infieles a sus parejas



Hablamos con Esther Perel, autora del libro 'State of Affairs: Rethinking Infidelity', que lleva años investigando qué lleva a las mujeres a ser infieles a sus parejas.

infidelidad
Perel apunta en su libro que la infidelidad por parte de mujeres ha aumentado. Foto: Getty
 
Dos libros de reciente y próxima publicación abordan y revisan este otoño el tema de la infidelidad. State of Affairs: Rethinking Infidelity, de la psicoterapeuta belga, Esther Perel y The Secret Life of the Cheating Wife: Power, Pragmatism and Pleasure in Women’s Infidelity, firmado por la socióloga estadounidense Alicia Walker, y que saldrá a la luz en noviembre, en EEUU. 
De momento, ninguno de los dos tiene todavía fecha de edición en España.
La infidelidad es un concepto cambiante, que se actualiza y renueva periódicamente como un catálogo de Ikea. 
Una de las prácticas que más partido ha sacado de la era digital. 
Si como dice Perel en su charla Ted sobre el tema, engañar a la pareja es el único pecado que, según la Biblia, se puede cometer dos veces (de obra y de pensamiento); ahora puede conjugarse en numerosos tiempos y modos, que van desde apuntarse secretamente a una web de contactos y mantener charlas calientes con desconocidos hasta darse un simple masaje con final feliz.

Lo cierto es que, como apunta Perel en su libro –que ha escrito tras pasarse 10 años viajando por el mundo y hablando con hombres y mujeres infieles–, desde 1990 la tasa de féminas que han engañado a sus maridos ha aumentado un 40%, mientras que la de los varones parece mantenerse al mismo nivel. 
Algo que, según esta escritora explica a S Moda, “no tiene fácil respuesta, aparte del auge de los anticonceptivos, la mayor autonomía económica de la mujer y el fin del miedo al divorcio, con leyes que obligan a los maridos a contribuir al mantenimiento de los hijos.
 Pero, para saber los motivos reales de este incremento, las mujeres tendrían que estar al mismo nivel que los hombres y eso no ha ocurrido todavía.
 La sociedad sigue penando más el adulterio femenino que el masculino.
 De hecho, todavía hay nueve países en el mundo en los que a la mujer infiel se la castiga con la pena de muerte, mientras que para justificar el engaño del hombre hay toda una serie de teorías evolutivas y biológicas que lo explican”.
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La autora Esther Perel.

Las viejas ideas que sostenían que ellos buscan la aventura, el vértigo y un paréntesis a la aburrida vida conyugal en una cana al aire; mientras que ellas persiguen el amor, no son ya esgrimidas por casi nadie. 
Menos por Alicia Walker, que tras hablar con 40 mujeres que habían engañado a sus parejas, ha llegado a la conclusión de que la mayoría de ellas lo hace por razones meramente sexuales. “Casi todas mis entrevistadas provenían de matrimonios sin sexo o de relaciones sexuales pobres, sin orgasmos”, comenta Walker a S Moda.
 “En otras palabras, no obtenían la frecuencia ni la calidad sexual que deseaban”.
 Los medios de comunicación en EEUU han relacionado la creciente infidelidad femenina con el hecho de que las mujeres trabajan más en casa que los hombres, todavía no hay un reparto equitativo de las tareas y lograr la igualdad en este asunto podría ser, en cierta manera, un intento por equilibrar la balanza en otros aspectos.
 Pero Walker parece escéptica con esta teoría y con las estadísticas y se pregunta, “a lo mejor, más que haber aumentado los casos de infidelidad en mujeres, lo que ocurre es que muchas que antes no se atrevían a admitirlo empiezan ahora a reconocerlo, en parte amparadas en el anonimato de las encuesta que se hacen en la red.
 La mayoría de los sujetos de mi muestra reconocían que amaban a sus maridos y querían permanecer en pareja, pero estaban cansadas de no obtener lo que buscaban en el terreno erótico.
 Tener un affaire era una manera de satisfacer sus deseos, pero también de salvar su matrimonio porque si permanecían insatisfechas, tal vez acabarían abandonando a su pareja por otra más competente sexualmente”.


 


9 bolsos de lujo que marcan tendencia esta temporada


9 bolsos de lujo que marcan tendencia esta temporada, según El País Semanal

¿Por qué Jack Reed escribió la mejor crónica de la Revolución Rusa?

El periodista John Reed estaba allí en 1917 cuando la revolución bolchevique le dio una forma nueva al mundo.
 Este norteamericano contó, en el libro 'Diez días que conmovieron al mundo', un relato inolvidable sobre lo acaecido. 
Tanto le impactó que se quedó en Moscú, donde falleció tres años después.
HABLAN DE LA CRÓNICA, insisten en la crónica, dan la tabarra con la crónica. 
Y lo dicen como si hubiera empezado antes de ayer, cuando empezó mucho antes de ayer.
 Herodoto, César, Ibn Battuta, Álvar Núñez, Sterne o Stendhal —por ejemplo— son cronistas bastante extraordinarios.
 Pero a ninguno le tocó contar algo tan decisivo como a John Silas Reed. 

Lo llamaron John pero lo llamaban Jack; había nacido el 22 de octubre de 1887 en una mansión de Portland, Oregón, rodeado de sirvientes chinos y niñeras inglesas, el hijo de la hija de un empresario millonario. 
Le pagaron los gustos: cuando cumplió 18 años lo mandaron a Harvard y allí —alto, guapo, simpático— entró en todos los clubes, practicó todos los deportes, escribió en todas las revistas.
 Pero también fue a reuniones del pequeño grupo socialista, y ese detalle le cambió la vida.

Por eso, cuando se graduó, en lugar de irse a Europa como un ­dandi, se fue empleado en un barco ganadero; por eso, cuando volvió, se instaló en el Village de Nueva York y reporteó para revistas iracundas y escribió poemas.
 Y se mezcló con huelgas de trabajadores y lo arrestaron cuatro o cinco veces y viajó a contar la revolución mexicana y se casó con Louise Bryant, una escritora feminista, y mantuvieron una pareja casi abierta y él volvió a ­Europa a ver la guerra y escribió que era una pelea de capitalistas donde morían obreros y cuando su país entró en ella se opuso con vehemencia y lo pagó en repudios y maltratos. 
 Pero nada de eso sería memorable si no hubiera tenido la astucia de entender dónde valía la pena estar:
 allí suele estar la diferencia.
(Jack Reed era un hombre en busca de un destino; a mí me cuesta no pensarle la cara bonita de Warren Beatty, que, a principios de los ochentas, dirigió y protagonizó una película sobre su vida, Reds, que ganó tres Oscar, que se rodó en España —y en la que trabajé como extra, un campesino ruso que cantaba a los gritos La Internacional).
En agosto de 1917 Reed y Bryant viajaron a San Petersburgo —que entonces ya se llamaba Petrogrado— para ver de cerca el movimiento que había tumbado al zar seis meses antes
 Todo era confusión, todo esperanza —y pretendían contarlo.
 Reed estaba allí en octubre de 1917, cuando la revolución bolchevique le dio una forma nueva al mundo.
 Allí vio los hechos, habló con los protagonistas, entendió los mecanismos, escribió un libro inolvidable.
Lo tituló Ten Days that Shook the World —“Diez días que conmovieron al mundo”— y sigue siendo un modelo, y sigue siendo el mejor relato sobre ese intento tan exitoso que después falló con tal estruendo.
 No era, por supuesto, neutral: el periodismo nunca lo es, no puede serlo.
 Fue hace justo un siglo —y ni el tiempo ni las revoluciones nos han convencido todavía de que cien años son sólo una convención, que da lo mismo. 
Fue hace justo un siglo, y ese dato menor sirve para volver a la pregunta del millón: que cómo fue que tan buenas intenciones dieron tan malos resultados.
Jack Reed nunca llegó a preguntárselo. 
Había cumplido 30 años en medio del triunfo bolchevique, pero no llegó a cumplir 33:
 cinco días antes, el 17 de octubre de 1920, se murió en un hospital de Moscú y lo enterraron —honor de los honores— en el Kremlin.
 Dejó su reportaje para mostrarnos, entre otras cosas, que ni en periodismo ni en política hacemos nada nuevo.
 En política ni siquiera lo creemos; en periodismo a veces sí, y lo llamamos crónica
Herodoto se ríe como loco en un mesón de Halicarnaso.

24 oct 2017

Eugenia Martínez de Irujo, en contra del posado de su hija con su exmarido

La hija de la duquesa de Alba ha desvelado que se sorprendió al ver las portadas de las revistas.

 "Me lo comentaron y yo dije que no estaba de acuerdo", ha explicado.

La Duquesita miniatura nunca está de acuerdo con su ex.....eso si , ella se ha relacionado con todos los que le ha dado la gana, que no se ponga de ejemplo, que su hija sabrá ya que opinar de sus padres... 

Eugenia Martínez de Irujo, con su hija Cayetana.
Eugenia Martínez de Irujo, con su hija Cayetana. GTRES
 
"Es ridículo hacer un posado pensando que así no se la va a seguir". 
Así de contundente se ha mostrado Eugenia Martínez de Irujo cuando se le ha preguntado qué le parecieron las fotos que se distribuyeron a los medios de comunicación en las que aparecía su hija Cayetana y su exmarido, Francisco Rivera Ordóñez, con motivo de su mayoría de edad de la joven. 
En declaraciones a Europa Press, la hija de la duquesa de Alba ha desvelado su sorpresa por el reportaje y su disconformidad: 
"Desde que me lo comentaron yo dije que no estaba de acuerdo, a partir de ahí me lo encontré así (haciendo un gesto con la mano a la cara) y pensé que no se iba a hacer porque yo no estaba de acuerdo y tal. 
Y mira por donde me levanté con la sorpresa.
 Punto, eso ha sido todo.
 Entonces creo que ya lo he aclarado y ella la pobre no tiene ni idea de este mundo ni es culpable ni nada. Entonces, lo único que os pido [a la prensa] es que me la cuidéis un poquito porque se pone la pobre muy nerviosa". 
 
Francisco Rivera Ordóñez con su hija Cayetana.
Francisco Rivera Ordóñez con su hija Cayetana.
El pasado día 17, Cayetana Rivera cumplió 18 años y fue portada de las revistas ¡Hola! y Semana, que la salida de sus números a los quisocos. 
Nadie duda de que ha nacido una nueva estrella para la prensa del corazón por la fama que atesora su familia y porque ella misma quiere disfrutar de ella.
La portada de Tana, abrazada a su padre, fue toda una declaración de intenciones.
 "Me encanta verte feliz, ver cómo te pareces cada día más a tu abuela Carmen", decía el torero, ya retirado, de su hija. Rivera Ordóñez brindó el último toro de su carrera a su hija en la plaza de toros de Ronda.
En sus declaraciones, Eugenia Martínez de Irujo declara su disconformidad pero no quiere más enfrentamientos con Francisco Rivera.
La lucha por la custodia de Tana supuso un cisma entre la familia Rivera Ordóñez y los Alba.
 La duquesa siempre declaró que Francisco Rivera era su yerno favorito e hizo todo lo posible por la reconciliación del matrimonio, roto en 2002, tras tres años y medio.
 Pero todo se truncó cuando Rivera acudió a los tribunales porque deseaba pasar más tiempo con su hija.
 Pasados los años, la relación se ha normalizado pero la duquesa murió sin dirigir la palabra a su yerno.
 Eugenia Martínez de Irujo también ha rehecho su vida con Narcís Rebollo, presidente de la compañía discográfica Universal..